12 September 2019

El 12 de setiembre Lectura Bíblica Diaria

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Mensaje de la Cruz de Cristo Jesús-Capítulo-1


El 12 de setiembre Lectura Bíblica Diaria:


Job 15 a 17:
Esta es la respuesta de Elifaz el temanita: «¿Responde el sabio con palabras huecas? ¿O exhala de su vientre aire caliente? ¿Acaso disputa con palabras sin sustento, o con discursos sin sentido? En cambio, tú reniegas del temor de Dios; tienes en poco la devoción en su presencia. Pero tu misma maldad te condena al hablar, pues hablas como cualquier hombre astuto. Tus propias palabras te condenan, no las mías; ¡son tus  labios los que hablan contra ti! »¿Acaso naciste antes que Adán? ¿Fuiste formado antes que las montañas? ¿Participas en el concilio de Dios? ¿Eres acaso el único sabio? ¿Qué sabes tú, que nosotros no sepamos? ¿Qué entiendes tú, que nosotros ignoremos? ¡Entre nosotros hay gente de gran experiencia, con más canas y años de vida que tu padre! ¿Tan poco te parece que Dios mismo te consuele, y que te hablemos con palabras llenas de ternura? ¿Por qué permites que el enojo te domine, y te haga echar chispas por los ojos? ¿Por qué te vuelves furioso contra Dios, y no les pones freno a tus labios? ¿Qué vale el hombre, nacido de mujer, para creerse limpio y alegar ser inocente? Si Dios ni en sus ángeles confía, y a sus ojos ni los cielos están limpios, ¡mucho menos confía en un ser vil y repugnante, que apaga su sed cometiendo maldad! »Ponme atención, que te voy a contar las cosas que me ha tocado ver; cosas del pasado que los sabios nos enseñan, que aprendieron de sus padres y no las esconden. A ellos solos Dios les dio la tierra, sin la intervención de ningún extraño. El violento vive lleno de tormentos y dolor, sin que sepa ese malvado cuánto tiempo vivirá. En sus oídos resuenan ruidos espantosos; cuando goza de paz, viene el ladrón y lo asalta. Sin esperanza, se hunde en las tinieblas, y sólo espera el puñal que le quitará la vida. Hambriento vaga, preguntando dónde hay pan, sabiendo que la muerte muy pronto llegará. Vive abrumado y en angustia constante, como un rey al que están por atacar. Esto le sucede por rebelarse contra Dios, por desafiar osadamente al Todopoderoso. Se lanzó contra Dios en abierto desafío, con la sola protección de un pesado escudo. Su cara es una bola de grasa; su cintura está sobrada de carnes; habita en ciudades desoladas, en casas que nadie puede habitar porque han quedado en ruinas. Sus riquezas pronto se acabarán, y no podrá extender sus posesiones. Nada lo librará de caer en la tumba; Será como rama consumida por el fuego, ¡como flores arrancadas por el viento! »¡Que no confíe ingenuamente en el engaño, porque acabará siendo engañado. La muerte le llegará antes de tiempo, mucho antes de llegar a tener descendientes. Será como una viña sin racimos de uvas, ¡como un olivo que no llega a florecer! Los malvados desaparecerán de la tierra; la casa del que soborna será pasto de las llamas, pues concibe hacer el mal y da a luz iniquidad; ¡en sus entrañas se gesta el engaño!» Y Job le respondió: «¡Ya he escuchado esto muchas veces! ¡Valiente consuelo me resultan sus palabras! ¿No tienen fin sus palabras huecas? ¿Qué los lleva a no dejar de hablar? Si ustedes estuvieran en mi lugar, ¡también yo les hablaría del mismo modo! Les lanzaría fuertes acusaciones, y me burlaría de ustedes y les haría muecas. Pero si yo estuviera en su lugar, les daría ánimo y con palabras de consuelo mitigaría su dolor. »Si hablo, mi sufrimiento aumenta; si guardo silencio, el dolor no me abandona. Tú, Dios mío, has acabado con mis fuerzas; ¡me has dejado completamente abandonado! Testigo de ello es mi piel reseca; mi rostro lleno de arrugas delata mi dolor. Tú, Dios mío, me persigues con encono; como fiera, rechinas los dientes contra mí. ¡Me clavas la mirada, como un enemigo! »Mis enemigos se ponen de acuerdo, y hablan contra mí y me dan de bofetadas; todos a una me humillan y me golpean. Tú, Dios mío, me has abandonado; ¡me has dejado caer en manos de gente malvada! Yo era un hombre de bien, y me arruinaste; me tomaste por el cuello y me sacudiste; ¡me pusiste como blanco de tus ataques! Tus arqueros me rodearon, y sin compasión me horadaron los riñones, y la hiel se derramó por el suelo. Tú, Dios mío, me heriste una y otra vez; me atacaste con  la saña de un guerrero. Cubrí con ropa áspera mi cuerpo, y humillado me postré hasta el suelo. Tengo la cara hinchada de tanto llorar, y en mis ojos pueden verse grandes ojeras, aun cuando no he cometido actos violentos y a Dios dirijo oraciones sinceras. »¡Tierra, no te bebas mi sangre! ¡No dejes impune mi dolor! Pongo por testigo al que habita en los cielos; el que está en las alturas es mi defensor. Si mis amigos disputan contra mí, yo espero que Dios escuche mi llanto. ¡Cómo quisiera yo discutir con Dios, como lo hacemos con nuestros semejantes! Pero tengo contados los días, y voy camino al sepulcro, del cual no volveré. »La vida se me escapa. Mis días se acortan. El sepulcro me está esperando. Estoy rodeado de gente burlona, y tengo que verlos derramar su amargura. »Dios mío, ¡ten la bondad de ser mi fiador! Si tú no respondes por mí, ¿quién más podría hacerlo? Has ofuscado la inteligencia de éstos, y no permitirás que salgan triunfantes. El que traiciona a su amigo por ganancia, verá desfallecer de hambre a sus hijos. »Tú me has puesto en la boca de todos, y los que me ven se burlan de mí. El dolor me va nublando la vista, y mis pensamientos se van ofuscando. Ante esto, los hombres buenos se asombran y los inocentes se rebelan contra los malvados; los hombres buenos mantienen su postura, y los hombres honrados se revisten de fuerza. ¡Vengan acá, todos ustedes, vengan! ¡Ya sé que ninguno de ustedes es sabio!



Salmo 123:

Hacia ti, Señor, levanto mis ojos; hacia ti, que habitas en los cielos. Nuestros ojos están puestos en ti, Señor y Dios nuestro, como los ojos de los siervos y las siervas que miran atentos a sus amos y sus amas; ¡esperamos que nos muestres tu bondad! Muéstranos tu bondad, Señor; ¡muéstranos tu bondad! ¡Ya estamos cansados de que nos desprecien! ¡Ya estamos cansados de tantas burlas por parte de quienes todo lo tienen! ¡Cansados de que los soberbios nos menosprecien!



Proverbios 23:
Cuando te sientes a la mesa de un gran señor, piensa bien en presencia de quién estás. Ponte un cuchillo en la garganta y refrena en lo posible tu apetito. No quieras llenarte con sus deliciosos platillos, porque son un pan engañoso. No te entusiasmes por hacerte rico; usa tu buen juicio, y desiste de esa idea. ¡Apenas logras poner los ojos en las riquezas, cuando éstas ya han desaparecido! ¡Es como si les salieran alas, alas de águila, y desaparecen volando por el cielo! No compartas la mesa con el avaro; no quieras llenarte con sus deliciosos platillos, porque en su interior sigue siendo avaro. Te invitará a comer y beber, pero no te invitará de corazón. Después vomitarás lo que hayas comido, y habrás desperdiciado tus halagos. No trates de hacerte oír por un necio, porque éste no apreciará tus sabias razones. No traspases los linderos de antaño ni invadas la propiedad de los huérfanos; ellos cuentan con un poderoso defensor, que saldrá en su defensa y contra ti. Abre tu corazón a la enseñanza, y tus oídos a las palabras del saber. No dejes de corregir al joven, que no va a morirse si lo castigas con vara. Al contrario, castígalo con vara y lo librarás de caer en el sepulcro. Hijo mío, si en tu corazón eres sabio, eso alegrará también mi corazón. En mi interior sentiré gran alegría cuando con tus labios digas lo que es justo. No abrigues en ti envidia por los pecadores, sino manténte siempre en el temor del Señor. Lo cierto es que hay un futuro, y tu esperanza no se verá frustrada. Hijo mío, escúchame y adquiere sabiduría. Deja que tu corazón enderece el rumbo. No te juntes con los que se hartan de vino ni con los que se atiborran de carne, porque unos y otros se quedarán pobres, y por indolentes acabarán cubiertos de harapos. Escucha al padre que te dio la vida, y no menosprecies a tu anciana madre. La verdad y la sabiduría, la enseñanza y la inteligencia, son algo que debes comprar y nunca vender. El padre del justo siente gran alegría; el que engendra un hijo sabio se regocija. ¡Haz que tu padre y tu madre se alegren! ¡Haz que se regocije la madre que te dio a luz! Hijo mío, entrégame tu corazón, y no apartes la mirada de mis caminos. Porque la ramera es un abismo profundo; la mujer ajena es un pozo estrecho. Siempre está al acecho, como los ladrones, y hace que el pecado aumente entre los hombres. ¿Quién se queja? ¿Quién se duele? ¿Quién se ve envuelto en pleitos? ¿Quién sufre? ¿Quién es herido sin razón? ¿Quién anda con los ojos morados? ¡El que se pasa el tiempo tomando vino! ¡El que anda en busca de bebidas mezcladas! No dejes que te atraiga lo rojo del vino; ¡que no te deslumbre su brillo en la copa! Suavemente se desliza por la garganta, pero al final muerde como serpiente; ¡causa más dolor que una víbora! Hará que tus ojos vean cosas extrañas, y que tu corazón diga cosas perversas. Creerás estar dormido en medio del mar, o acostado en la punta del palo mayor, y dirás: «Estoy herido, pero no me duele; estoy molido, pero no lo siento. ¿Cuándo voy a despertar, para ir por más?»





El Libro de Marcos Capítulo 7 el Nuevo Testamento del Expositor por Jimmy Swaggart:




EL SANTO EVANGELIO SEGÚN

SAN MARCOS




CAPÍTULO 7
(32 d.C.)
JESÚS REPRENDE A LOS
ESCRIBAS Y A LOS FARISEOS





Y SE juntaron a Él los Fariseos, y algunos de los Escribas, que habían
venido de Jerusalén (los líderes religiosos estaban alarmados cada vez más con la popularidad enorme de Jesús).
2 Los cuales viendo (significa que buscaban seriamente alguna falta, por la cual podrían acusarlo) a algunos de Sus Discípulos comer pan con manos comunes, es a saber, no lavadas, los condenaban (no tuvo nada que ver con la limpieza sanitaria; los Fariseos enseñaron que los demonios, invisibles, podrían sentarse en las manos de alguien, y por consiguiente, si las manos no fueran lavadas, los demonios podrían ser ingeridos).
3 Porque los Fariseos y todos los Judíos, si muchas veces no se lavan las manos, no comen (la religión ceremonial), teniendo la tradición de los Ancianos (esta tradición era del hombre, y no tenía nada que ver con Dios, como son muchas tradiciones en la Iglesia moderna).
4 Y volviendo de la plaza, si no se lavaren, no comen (desperdiciaban una cantidad excesiva de tiempo en participar en esta tontería). Y otras muchas cosas hay, que tomaron para guardar, como el lavado de los vasos de beber, y de los jarros, y de los vasos de metal, y de las mesas (tenían un cierto modo religioso de lavar estas cosas, que no tenía valor alguno).
5 Y Le preguntaron los Fariseos y los Escribas (significa que ellos siguieron preguntándole; Le exigían una respuesta), ¿Por qué Tus Discípulos no andan conforme a la tradición de los Ancianos, sino que comen pan con manos comunes? (Todo fue pura exhibición externa, y puso a Cristo en conflicto directo con estos líderes religiosos.)
6 Y respondiendo Él les dijo (sigue hasta el final del Versículo trece, y constituye una respuesta alarmante, que no tiene pelos en la lengua ni anda con rodeos), Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías (echó esto en sus caras. "Hipócritas" realmente dice en el Griego, "Ustedes, los hipócritas," lo cual significa los excepcionales hipócritas de todos los tiempos), como está escrito, Este pueblo con los labios Me honra, mas su corazón lejos está de Mí (iba directamente a lo que la verdadera Salvación es y no es [Isa. 29:13]).
7 Y en vano (quiere decir que son ceros vacíos a la izquierda, ni siquiera es de provecho alguno) Me honra, enseñando como doctrinas los mandamientos de hombres (el estado [Herodes] dio muerte al Predicador de Justicia [Mat. 14:10], y la Iglesia [los Escribas], corrompió la Palabra de Justicia).
8 Porque dejando el Mandamiento de Dios, tenéis la tradición de los hombres; el lavado de los jarros y de los vasos de beber: y hacéis otras muchas cosas semejantes (fue dicho con sarcasmo; lavaron tazas y ollas, pero no sus corazones; el lavado ceremonial de sus manos no podía quitar la culpa que los manchó).
9 Les decía también, Bien invalidáis el Mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición (era un rechazo calculado y deliberado).
10 Porque Moisés dijo (se volvió su atención a la Palabra de Dios), Honra a tu padre y a  tu madre; y, el que maldijera al padre o a la madre, morirá la muerte (es merecedor de la muerte):
11 Y vosotros decís (en contraste absoluto con la Palabra de Dios), Basta si dijere un hombre al padre o a la madre, Es Corbán, quiere decir, ofrenda mía a Dios, todo aquello con que pudiera valerte; será libre (los Fariseos tenían la costumbre de afirmar que estaban dando sus posesiones materiales al Templo, lo cual los exoneraba de la responsabilidad hacia sus padres, con un Sacerdote corrupto que después se lo devolvía por un pequeño porcentaje).
12 Y no le dejáis hacer más por su padre o por su madre (a tales extremos hicieron estos codiciosos Escribas y Fariseos que desesperaban a sus víctimas, que eran sus padres ancianos, sin dejarlos una manera de cuidarse por sí mismos);
13 Invalidando la Palabra de Dios con vuestra tradición (Jesús acababa de clavarlos con el Quinto Mandamiento) que disteis (significa que sus glosas de la Palabra habían venido de hombres y no de Dios): y muchas cosas hacéis semejantes a éstas (lo que Cristo dio como ejemplo, era sólo la punta del témpano proverbial).
JESÚS EXPLICA LO QUE CONTAMINA
14 Y Él llamando a toda la multitud (Él llamó a la gente más cercana para que pudieran oír bien lo que Él decía), les dijo, Oídme todos, y entended (la gente tiene una alternativa, pueden escuchar a Él o a estos Fariseos y Escribas hipócritas; sucede lo mismo en la actualidad):
15 Nada hay fuera del hombre, que entre en él, que le pueda contaminar (se refiere al alimento, no bebidas alcohólicas, narcóticos, venenos o tabaco, etc.): mas lo que sale de él, aquello es lo que contamina al hombre (es evidente que lo que sale del corazón es lo que existe en el corazón).
16 Si alguno tiene oídos para oír, oiga (el Señor le dice a la gente que tienen una alternativa; ¡ellos pueden escuchar a Él o a los Fariseos, pero no a ambos!).
17 Y apartado de la multitud (después de enseñar a la gente), habiendo entrado en casa (probablemente la casa de Pedro), Le preguntaron Sus Discípulos sobre la Parábola (en cuanto a lo que le entra a un hombre, y lo que sale de su corazón).
18 Y Él les dijo, ¿También vosotros estáis así sin entendimiento? (Demuestra un poco de desilusión de parte de Cristo con respecto a Sus Discípulos.) ¿No entendéis, que todo lo de fuera que entra en el hombre, no le puede contaminar (presenta lo contrario de lo que los Fariseos y los Escribas enseñaban);
19 Porque no entra en su corazón (el alimento no es espiritual), sino en el vientre, y después se elimina? Esto decía, haciendo limpios todos los alimentos (se refiere al sistema digestivo y el sistema de eliminación del cuerpo humano).
20 Mas decía, que lo que del hombre sale, aquello contamina al hombre (un corazón malo produce acciones malas).
21 Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios (la necesidad de la creación de un nuevo corazón, esto es, "un nuevo hombre," aquí se declaró),
22 Los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, las sensualidades, el ojo maligno, las injurias, la soberbia, la insensatez (esta declaración de Cristo, destruye la creencia de que el corazón natural es bueno, y hace que los esfuerzos modernos resultan como tonterías para mejorar la naturaleza humana):
23 Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre (expresa el resultado de la Caída y la necesidad absoluta del Nuevo Nacimiento).
LA SANIDAD, EL PAN
DE LOS NIÑOS
24 Y Él levantándose de allí, se fue a los términos de Tiro y de Sidón (tiene la idea del Texto Griego que Él no solamente se cruzó la frontera al territorio Gentil, sino que se adentró en lo más profundo del corazón de aquel país), y entrando en casa, quiso que nadie lo supiese; mas Él no pudo esconderse.
25 Porque una mujer (esta es la razón porque Él vino), cuya hija tenía un espíritu inmundo, luego que oyó de Él, vino y se echó a Sus Pies.
26 Y la mujer era Griega, Sirofenicia de nación (una Gentil); y Le rogaba que echase fuera de su hija al demonio (espíritu demoníaco).
27 Mas Jesús le dijo (¡comienza la odisea que representará una de las mayores demostraciones de Fe que jamás haya sucedido!), Deja primero hartarse los hijos (tiene referencia a Israel): porque no está bien (apropiado) tomar el pan de los hijos, y   echarlo a los perrillos (Jesús usó la palabra que se refería a "pequeños perros favoritos").
28 Y respondió ella y Le dijo (demuestra un nivel de Fe que debería ser una lección para todos los Creyentes), Sí, Señor (la palabra, "Señor," en el Texto Griego, como la que usa la mujer, no se refiere a la Deidad o de que Jesús es el Mesías Judío; ella tenía escaso conocimiento de esto; ella, en cambio, usa la palabra, "Señor," en el sentido de que Jesús es una Persona importante, etc.): pero aún los perrillos debajo de la mesa comen de las migajas de los hijos (la coloca ya en la posición de Fe, una posición que le permite recibir).
29 Entonces le dice, Por esta palabra (porque usted ha adoptado una actitud humilde) ve; el demonio (espíritu demoníaco) ha salido de tu hija (significa que está fuera, y se quedará fuera; es una curación permanente).
30 Y cuando fue a su casa, halló que el demonio había salido, y a la hija echada sobre la cama (se refiere a un reposo tranquilo, que indicaba que antes no había sido fácil refrenarla).
JESÚS SANA A UN
TARTAMUDO
31 Y volviendo a salir de los términos (las fronteras) de Tiro y Sidón, Él vino al Mar de Galilea, por medio de los términos (las fronteras) de Decápolis (Él estaba ya en el lado oriental del Mar de Galilea).
32 Y Le traen un sordo, y tartamudo (indica las dificultades normales del sordo); y ellos (los amigos del hombre sordo) Le ruegan que Le ponga la Mano encima.
33 Y tomándole aparte de la multitud (había un motivo por hacer esto), metió Sus Dedos en las orejas de él, y escupiendo, tocó su lengua (Él probablemente escupió en Su Dedo primero, tocó la lengua del hombre, y luego puso ambos índices en los oídos del hombre; "la saliva" representó Su Vida Perfecta);
34 Y mirando al Cielo (toda ayuda viene desde arriba), Él gimió (habla del dilema terrible, debido a la Caída, en la cual el hombre ya se encuentra), y le dijo, Efata, que es decir, Sé abierto (expresa una orden).
35 Y luego (inmediatamente) fueron abiertos sus oídos, y fue desatada la ligadura de su lengua, y hablaba bien (simboliza en lo físico lo que transcurre en lo espiritual, en cuanto a la Salvación del Alma).
36 Y les mandó (ordenó) que no lo dijesen a nadie: pero cuanto más Él les mandaba, tanto más y más lo publicaban;
37 Y en gran manera se maravillaban (lo que Jesús había hecho, estaba más allá de su comprensión), diciendo, Bien lo ha hecho todo (significa en el Griego que dijeron esto, y siguieron diciéndolo, repetidas veces): hace a los sordos oír, y a los mudos hablar (Su Vida entera en la Tierra era una manifestación de bondad continua y conectada).




Primera Corintios Capítulo 13:
Si yo hablara lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal resonante, o címbalo retumbante. Y si tuviera el don de profecía, y entendiera todos los misterios, y tuviera todo el conocimiento, y si tuviera toda la fe, de tal manera que trasladara los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiera todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y entregara mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve. El amor es paciente y bondadoso; no es envidioso ni jactancioso, no se envanece; no hace nada impropio; no es egoísta ni se irrita; no es rencoroso; no se alegra de la injusticia, sino que se une a la alegría de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor jamás dejará de existir. En cambio, las profecías se acabarán, las lenguas dejarán de hablarse, y el conocimiento llegará a su fin. Y es que sólo conocemos y profetizamos de manera imperfecta, pero cuando venga lo perfecto, lo que es imperfecto se acabará. Cuando yo era niño, mi manera de hablar y de pensar y razonar era la de un niño; pero cuando llegué a ser hombre, dejé atrás las cuestiones típicas de un niño. Ahora vemos con opacidad, como a través de un espejo, pero en aquel día veremos cara a cara; ahora conozco en parte, pero en aquel día conoceré tal y como soy conocido. Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor. Pero el más importante de todos es el amor.




Hebreos 10:35-12:4
Así que no pierdan la confianza, porque ésta será grandemente recompensada. Ustedes necesitan perseverar para que, después de haber cumplido la voluntad de Dios, reciban lo que él ha prometido. Pues dentro de muy poco tiempo, "el que ha de venir vendrá, y no tardará. Pero mi justo vivirá por la fe. Y si se vuelve atrás, no será de mi agrado." Pero nosotros no somos de los que se vuelven atrás y acaban por perderse, sino de los que tienen fe y preservan su vida. Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve. Gracias a ella fueron aprobados los antiguos. Por la fe entendemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo visible no provino de lo que se ve. Por la fe Abel ofreció a Dios un sacrificio más aceptable que el de Caín, por lo cual recibió testimonio de ser justo, pues Dios aceptó su ofrenda. Y por la fe Abel, a pesar de estar muerto, habla todavía. Por la fe Enoc fue sacado de este mundo sin experimentar la muerte; no fue hallado porque Dios se lo llevó, pero antes de ser llevado recibió testimonio de haber agradado a Dios. En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan. Por la fe Noé, advertido sobre cosas que aún no se veían, con temor reverente construyó un arca para salvar a su familia. Por esa fe condenó al mundo y llegó a ser heredero de la justicia que viene por la fe. Por la fe Abraham, cuando fue llamado para ir a un lugar que más tarde recibiría como herencia, obedeció y salió sin saber a dónde iba. Por la fe se radicó como extranjero en la tierra prometida, y habitó en tiendas de campaña con Isaac y Jacob, herederos también de la misma promesa, porque esperaba la ciudad de cimientos sólidos, de la cual Dios es arquitecto y constructor. Por la fe Abraham, a pesar de su avanzada edad y de que Sara misma era estéril, recibió fuerza para tener hijos, porque consideró fiel al que le había hecho la promesa. Así que de este solo hombre, ya en decadencia, nacieron descendientes numerosos como las estrellas del cielo e incontables como la arena a la orilla del mar. Todos ellos vivieron por la fe, y murieron sin haber recibido las cosas prometidas; más bien, las reconocieron a lo lejos, y confesaron que eran extranjeros y peregrinos en la tierra. Al expresarse así, claramente dieron a entender que andaban en busca de una patria. Si hubieran estado pensando en aquella patria de donde habían emigrado, habrían tenido oportunidad de regresar a ella. Antes bien, anhelaban una patria mejor, es decir, la celestial. Por lo tanto, Dios no se avergonzó de ser llamado su Dios, y les preparó una ciudad. Por la fe Abraham, que había recibido las promesas, fue puesto a prueba y ofreció a Isaac, su hijo único, a pesar de que Dios le había dicho: "Tu descendencia se establecerá por medio de Isaac." Consideraba Abraham que Dios tiene poder hasta para resucitar a los muertos, y así, en sentido figurado, recobró a Isaac de entre los muertos. Por la fe Isaac bendijo a Jacob y a Esaú, previendo lo que les esperaba en el futuro. Por la fe Jacob, cuando estaba a punto de morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyándose en la punta de su bastón. Por la fe José, al fin de su vida, se refirió a la salida de los israelitas de Egipto y dio instrucciones acerca de sus restos mortales. Por la fe Moisés, recién nacido, fue escondido por sus padres durante tres meses, porque vieron que era un niño precioso, y no tuvieron miedo del edicto del rey. Por la fe Moisés, ya adulto, renunció a ser llamado hijo de la hija del faraón. Prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar de los efímeros placeres del pecado. Consideró que el oprobio por causa del Mesías era una mayor riqueza que los tesoros de Egipto, porque tenía la mirada puesta en la recompensa. Por la fe salió de Egipto sin tenerle miedo a la ira del rey, pues se mantuvo firme como si estuviera viendo al Invisible. Por la fe celebró la Pascua y el rociamiento de la sangre, para que el exterminador de los primogénitos no tocara a los de Israel. Por la fe el pueblo cruzó el Mar Rojo como por tierra seca; pero cuando los egipcios intentaron cruzarlo, se ahogaron. Por la fe cayeron las murallas de Jericó, después de haber marchado el pueblo siete días a su alrededor. Por la fe la prostituta Rahab no murió junto con los desobedientes, pues había recibido en paz a los espías. ¿Qué más voy a decir? Me faltaría tiempo para hablar de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté,  David, Samuel y los profetas, los cuales por la fe conquistaron reinos, hicieron justicia y alcanzaron lo prometido; cerraron bocas de leones, apagaron la furia de las llamas y escaparon del filo de la espada; sacaron fuerzas de flaqueza; se mostraron valientes en la guerra y pusieron en fuga a ejércitos extranjeros. Hubo mujeres que por la resurrección recobraron a sus muertos. Otros, en cambio, fueron muertos a golpes, pues para alcanzar una mejor resurrección no aceptaron que los pusieran en libertad. Otros sufrieron la prueba de burlas y azotes, e incluso de cadenas y cárceles. Fueron apedreados, aserrados por la mitad, asesinados a filo de espada. Anduvieron fugitivos de aquí para allá, cubiertos de pieles de oveja y de cabra, pasando necesidades, afligidos y maltratados. ¡El mundo no merecía gente así! Anduvieron sin rumbo por desiertos y montañas, por cuevas y cavernas. Aunque todos obtuvieron un testimonio favorable mediante la fe, ninguno de ellos vio el cumplimiento de la promesa. Esto sucedió para que ellos no llegaran a la meta sin nosotros, pues Dios nos había preparado algo mejor. Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo. En la lucha que ustedes libran contra el pecado, todavía no han tenido que resistir hasta derramar su sangre.


Romanos 8:
Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte. En efecto, la ley no pudo liberarnos porque la naturaleza pecaminosa anuló su poder; por eso Dios envió a su propio Hijo en condición semejante a nuestra condición de pecadores, para que se ofreciera en sacrificio por el pecado. Así condenó Dios al pecado en la naturaleza humana, a fin de que las justas demandas de la ley se cumplieran en nosotros, que no vivimos según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu. Los que viven conforme a la naturaleza pecaminosa fijan la mente en los deseos de tal naturaleza; en cambio, los que viven conforme al Espíritu fijan la mente en los deseos del Espíritu. La mentalidad pecaminosa es muerte, mientras que la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz. La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo. Los que viven según la naturaleza pecaminosa no pueden agradar a Dios. Sin embargo, ustedes no viven según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios vive en ustedes. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo. Pero si Cristo está en ustedes, el cuerpo está muerto a causa del pecado, pero el Espíritu que está en ustedes es vida a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en ustedes. Por tanto, hermanos, tenemos una obligación, pero no es la de vivir conforme a la naturaleza pecaminosa. Porque si ustedes viven conforme a ella, morirán; pero si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: "¡Abba! ¡Padre!" El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos herederos;   herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria. De hecho, considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros. La creación aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de Dios, porque fue sometida a la frustración. Esto no sucedió por su propia voluntad, sino por la del que así lo dispuso. Pero queda la firme esperanza de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera dolores de parto. Y no sólo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esa esperanza fuimos salvados. Pero la esperanza que se ve, ya no es esperanza. ¿Quién espera lo que ya tiene? Pero si esperamos lo que todavía no tenemos, en la espera mostramos nuestra constancia. Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios. Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito. Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. A los que predestinó, también los llamó; a los que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó. ¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas? ¿Quién acusará a los que Dios ha escogido? Dios es el que justifica. ¿Quién condenará? Cristo Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros. ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia? Así está escrito: "Por tu causa nos vemos amenazados de muerte todo el día; nos tratan como a ovejas destinadas al matadero." Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.

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23 August 2019

El 23 de agosto Lectura Bíblica Diaria

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Mensaje de la Cruz de Cristo Jesús-Capítulo-1


El 23 de agosto Lectura Bíblica Diaria:

2 Crónicas 24 a 26:
Joás tenía siete años cuando ascendió al trono, y reinó en Jerusalén cuarenta años. Su madre era Sibia, oriunda de Berseba. Mientras el sacerdote Joyadá vivió, Joás hizo lo que agradaba al Señor. Joyadá eligió dos esposas para Joás, y con ellas Joás tuvo hijos e hijas. Algún tiempo después, Joás decidió reparar el templo del Señor. Reunió a los sacerdotes y a los levitas, y les dijo: "Vayan por las ciudades de Judá y recojan dinero de todos los israelitas, para reparar cada año el templo de su Dios. Háganlo inmediatamente." Sin embargo, los levitas fueron negligentes. Entonces el rey llamó al sumo sacerdote Joyadá y le dijo: "¿Por qué no has presionado a los levitas para que vayan y recojan en Judá y en Jerusalén la contribución que Moisés, siervo del Señor, y la asamblea de Israel impusieron para la Tienda del pacto?" Resulta que la malvada de Atalía y sus hijos habían destrozado el templo de Dios, y hasta habían ofrecido a los baales los objetos sagrados del templo del Señor. Por eso el rey ordenó que se hiciera un cofre y se colocara afuera, junto a la puerta del templo del Señor. Luego mandó que se pregonara por Judá y Jerusalén que trajeran al Señor la contribución que Moisés, siervo del Señor, había ordenado a Israel en el desierto. Todos los jefes y todo el pueblo llevaron alegremente sus contribuciones, y las depositaron en el cofre hasta llenarlo. Los levitas llevaban el cofre a los funcionarios del rey, para que lo examinaran. Cuando veían que había mucho dinero, se presentaban el secretario real y un oficial nombrado por el sumo sacerdote y, luego de vaciar el cofre, volvían a colocarlo en su lugar. Esto lo hacían todos los días, y así recogieron mucho dinero. El rey y Joyadá entregaban el dinero a los que supervisaban la restauración del templo del Señor, y éstos contrataban canteros, carpinteros, y expertos en el manejo del hierro y del bronce, para repararlo. Los supervisores de la restauración trabajaron diligentemente hasta terminar la obra. Repararon el templo del Señor y lo dejaron en buen estado y conforme al diseño original. Cuando terminaron, le llevaron al rey y a Joyadá el dinero que sobró, y éstos lo utilizaron para hacer utensilios para el templo del Señor: utensilios para el culto y para los holocaustos, y cucharones y vasos de oro y de plata. Todos los días, mientras Joyadá vivió, se ofrecieron holocaustos en el templo del Señor. Pero Joyadá envejeció, y murió muy anciano. Cuando murió, tenía ciento treinta años. Fue sepultado junto con los reyes en la Ciudad de David, porque había servido bien a Israel y a Dios y su templo. Después de que Joyadá murió, los jefes de Judá se presentaron ante el rey para rendirle homenaje, y él escuchó sus consejos. Abandonaron el templo del Señor, Dios de sus antepasados, y adoraron las imágenes de Aserá y de los ídolos. Debido a este pecado, la ira de Dios cayó sobre Judá y Jerusalén. El Señor les envió profetas para que los exhortaran a volver a él, pero no les hicieron caso. El Espíritu de Dios vino sobre Zacarías, hijo del sacerdote Joyadá, y éste, presentándose ante el pueblo, declaró: "Así dice Dios el Señor: ¿Por qué desobedecen mis mandamientos? De ese modo no prosperarán. Como me han abandonado, yo también los abandonaré." Pero ellos conspiraron contra Zacarías hijo de Joyadá y, por orden del rey, lo mataron a pedradas en el atrio del templo del Señor. Así fue como el rey Joás, no tomando en cuenta la bondad de Joyadá, mató a su hijo Zacarías, quien al morir dijo: "¡Que el Señor vea esto y te juzgue!" Al cabo de un año, las tropas sirias marcharon contra Joás, invadieron Judá y Jerusalén y, después de matar a los jefes del pueblo, enviaron todo el botín al rey de Damasco. Aunque el ejército sirio era pequeño, el Señor permitió que derrotara a un ejército muy numeroso, porque los habitantes de Judá habían abandonado al Señor, Dios de sus antepasados. De esta manera Joás recibió el castigo que merecía. Cuando los sirios se retiraron, dejando a Joás gravemente herido, sus servidores conspiraron contra él y lo   mataron en su propia cama, vengando así la muerte del hijo del sacerdote Joyadá. Luego lo sepultaron en la Ciudad de David, pero no en el panteón de los reyes. Los que conspiraron contra Joás fueron Zabad hijo de Simat el amonita, y Jozabad hijo de Simrit el moabita. Todo lo relacionado con los hijos de Joás, con las muchas profecías en su contra y con la restauración del templo de Dios, está escrito en el comentario sobre el libro de los reyes. Su hijo Amasías lo sucedió en el trono. Amasías tenía veinticinco años cuando ascendió al trono, y reinó en Jerusalén veintinueve años. Su madre era Joadán, oriunda de Jerusalén. Amasías hizo lo que agrada al Señor, aunque no de todo corazón. Después de afianzarse en el poder, Amasías mató a los ministros que habían asesinado a su padre el rey. Sin embargo, según lo que ordenó el Señor, no mató a los hijos de los asesinos, pues está escrito en el libro de la ley de Moisés: "A los padres no se les dará muerte por la culpa de sus hijos, ni a los hijos se les dará muerte  por la culpa de sus padres, sino que cada uno morirá por su propio pecado." Amasías reunió a los de Judá, y puso al frente de todo Judá y Benjamín jefes de mil y de cien soldados, agrupados según sus familias patriarcales. Censó a los hombres mayores de veinte años, y resultó que había trescientos mil hombres aptos para ir a la guerra y capaces de manejar la lanza y el escudo. Además, por la suma de tres mil trescientos kilos de plata contrató a cien mil guerreros valientes de Israel. Pero un hombre de Dios fue a verlo y le dijo: Su Majestad, no permita que el ejército de Israel vaya con usted, porque el Señor no está con esos efraimitas. Si usted va con ellos, Dios lo derribará en la cara misma de sus enemigos aunque luche valerosamente, porque Dios tiene poder para ayudar y poder para derribar. Amasías le preguntó al hombre de Dios: ¿Qué va a pasar con los tres mil trescientos kilos de plata que pagué al ejército de Israel? El Señor puede darle a usted mucho más que eso respondió. Entonces Amasías dio de baja a las tropas israelitas que habían llegado de Efraín, y las hizo regresar a su país. A raíz de eso, las tropas se enojaron mucho con Judá y regresaron furiosas a sus casas. Armándose de valor, Amasías guió al ejército hasta el valle de la Sal, donde mató a diez mil hombres de Seír. El ejército de Judá capturó vivos a otros diez mil. A éstos los hicieron subir a la cima de una roca, y desde allí los despeñaron. Todos murieron destrozados. Mientras esto sucedía, las tropas que Amasías había dado de baja se lanzaron contra las ciudades de Judá, y desde Samaria hasta Bet Jorón mataron a tres mil personas y se llevaron un enorme botín. Cuando Amasías regresó de derrotar a los edomitas, se llevó consigo los dioses de los habitantes de Seír y los adoptó como sus dioses, adorándolos y quemándoles incienso. Por eso el Señor se encendió en ira contra Amasías y le envió un profeta con este mensaje: ¿Por qué sigues a unos dioses que no pudieron librar de tus manos a su propio pueblo? El rey interrumpió al profeta y le replicó: ¿Y quién te ha nombrado consejero del rey? Si no quieres que te maten, ¡no sigas fastidiándome! El profeta se limitó a añadir: Sólo sé que, por haber hecho esto y por no seguir mi consejo, Dios ha resuelto destruirte. Sin embargo, Amasías, rey de Judá, siguiendo el consejo de otros, envió mensajeros a Joás, hijo de Joacaz y nieto de Jehú, rey de Israel, con este reto: "¡Ven acá, para que nos enfrentemos!" Pero Joás, rey de Israel, le respondió a Amasías, rey de Judá: "El cardo del Líbano le mandó este mensaje al cedro: ¡Entrega a tu hija como esposa a mi hijo! Pero luego pasaron por allí las fieras del Líbano, y aplastaron al cardo. Tú te jactas de haber derrotado a los edomitas; ¡el éxito se te ha subido a la cabeza! Está bien, jáctate si quieres, pero quédate en casa. ¿Para qué provocas una desgracia que significará tu perdición y la de Judá?" Como estaba en los planes de Dios entregar a Amasías en poder del enemigo por haber seguido a los dioses de Edom, Amasías no le hizo caso a Joás. Entonces Joás, rey de Israel, marchó a Bet Semes, que está en Judá, para enfrentarse con él. Los israelitas batieron a los de Judá, y éstos huyeron a sus hogares. En Bet Semes, Joás, rey de Israel, capturó a Amasías, rey de Judá, hijo de Joás y nieto de Joacaz. Luego fue a Jerusalén y derribó ciento ochenta metros de la muralla, desde la puerta de Efraín hasta la puerta de la Esquina. Además, se apoderó de todo el oro, la plata y los utensilios que estaban en el templo de Dios bajo el cuidado de Obed Edom. También se llevó los tesoros del palacio real, tomó rehenes y regresó a Samaria. Amasías hijo de Joás, rey de Judá, sobrevivió quince años a Joás hijo de Joacaz, rey de Israel. Los demás acontecimientos del reinado de Amasías, desde el primero hasta el último, están escritos en el libro de los reyes de Judá y de Israel. Desde el momento en que Amasías abandonó al Señor, se tramó una conspiración contra él en Jerusalén. Entonces Amasías huyó a Laquis, pero lo persiguieron y allí lo mataron. Luego lo llevaron a caballo hasta la capital de Judá, donde fue sepultado con sus antepasados. Todo el pueblo de Judá tomó entonces a Uzías, que tenía dieciséis años, y lo proclamó rey en lugar de su padre Amasías. Y fue Uzías quien, después de la muerte del rey Amasías, reconstruyó la ciudad de Elat y la reintegró a Judá. Uzías tenía dieciséis años cuando ascendió al trono, y reinó en Jerusalén cincuenta y dos años. Su madre era Jecolías, oriunda de Jerusalén. Uzías hizo lo que agrada al Señor, pues en todo siguió el buen ejemplo de su padre Amasías y, mientras vivió Zacarías, quien lo instruyó en el temor de Dios, se empeñó en buscar al Señor. Mientras Uzías buscó a Dios, Dios le dio prosperidad. Uzías marchó contra los filisteos, y destruyó los muros de Gat, Jabnia y Asdod. Además, construyó ciudades en la región de Asdod, entre los filisteos. Dios lo ayudó en su guerra contra los filisteos, contra los árabes que vivían en Gur Baal, y contra los meunitas. Los amonitas fueron tributarios de Uzías, y éste llegó a tener tanto poder que su fama se difundió hasta la frontera de Egipto. Uzías también construyó y fortificó torres en Jerusalén, sobre las puertas de la Esquina y del Valle, y en el ángulo del muro. Así mismo, construyó torres en el desierto y cavó un gran número de pozos, pues tenía mucho ganado en la llanura y en la meseta. Tenía también labradores y viñadores que trabajaban en las montañas y en los valles, pues era un amante de la agricultura. Uzías contaba con un ejército que salía a la guerra por escuadrones, de acuerdo con el censo hecho por el cronista Jeyel y por el oficial Maseías, bajo la dirección de Jananías, funcionario del rey. El total de los jefes de familia era de dos mil seiscientos, todos ellos guerreros valientes. Bajo el mando de éstos había un ejército bien entrenado, compuesto por trescientos siete mil quinientos soldados, que combatían con mucho valor para apoyar al rey en su lucha contra los enemigos. A ese ejército Uzías lo dotó de escudos, lanzas, cascos, corazas, arcos y hondas. Construyó en Jerusalén unas máquinas diseñadas por hombres ingeniosos, y las colocó en las torres y en las esquinas de la ciudad para disparar flechas y piedras de gran tamaño. Con la poderosa ayuda de Dios, Uzías llegó a ser muy poderoso y su fama se extendió hasta muy lejos. Sin embargo, cuando aumentó su poder, Uzías se volvió arrogante, lo cual lo llevó a la desgracia. Se rebeló contra el Señor, Dios de sus antepasados, y se atrevió a entrar en el templo del Señor para quemar incienso en el altar. Detrás de él entró el sumo sacerdote Azarías, junto con ochenta sacerdotes del Señor, todos ellos hombres valientes, quienes se le enfrentaron y le dijeron: "No corresponde a Su Majestad quemar el incienso al Señor. Ésta es función de los sacerdotes descendientes de Aarón, pues son ellos los que están consagrados para quemar el incienso. Salga usted ahora mismo del santuario, pues ha pecado, y así Dios el Señor no va a honrarlo." Esto enfureció a Uzías, quien tenía en la mano un incensario listo para ofrecer el incienso. Pero en ese mismo instante, allí en el templo del Señor, junto al altar del incienso y delante de los sacerdotes, la frente se le cubrió de lepra. Al ver que Uzías estaba leproso, el sumo sacerdote Azarías y los demás sacerdotes lo expulsaron de allí a toda prisa. Es más, él mismo se apresuró a salir, pues el Señor lo había castigado. El rey Uzías se quedó leproso hasta el día de su muerte. Tuvo que vivir aislado en su casa, y le prohibieron entrar en el templo del Señor. Su hijo Jotán quedó a cargo del palacio y del gobierno del país. Los demás acontecimientos del reinado de Uzías, desde el primero hasta el último, los escribió el    profeta Isaías hijo de Amoz. Cuando Uzías murió, fue sepultado con sus antepasados en un campo cercano al panteón de los reyes, pues padecía de lepra. Y su hijo Jotán lo sucedió en el trono.Salmo 103: Alaba, alma mía, al Señor; alabe todo mi ser su santo nombre. Alaba, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios. Él perdona todos tus pecados y sana todas tus dolencias; él rescata tu vida del sepulcro y te cubre de amor y compasión; él colma de bienes tu vida y te rejuvenece como a las águilas. El Señor hace justicia y defiende a todos los oprimidos. Dio a conocer sus caminos a Moisés; reveló sus obras al pueblo de Israel. El Señor es clemente y compasivo, lento para la ira y grande en amor. No sostiene para siempre su querella ni guarda rencor eternamente. No nos trata conforme a nuestros pecados ni nos paga según nuestras maldades. Tan grande es su amor por los que le temen como alto es el cielo sobre la tierra. Tan lejos de nosotros echó nuestras transgresiones como lejos del oriente está el occidente. Tan compasivo es el Señor con los que le temen como lo es un padre con sus hijos. Él conoce nuestra condición; sabe que somos de barro. El hombre es como la  hierba, sus días florecen como la flor del campo: sacudida por el viento, desaparece sin dejar rastro alguno. Pero el amor del Señor es eterno y siempre está con los que le temen; su justicia está con los hijos de sus hijos, con los que cumplen su pacto y se acuerdan de sus preceptos para ponerlos por obra. El Señor ha establecido su trono en el cielo; su reinado domina sobre todos. Alaben al Señor, ustedes sus ángeles, paladines que ejecutan su palabra y obedecen su mandato. Alaben al Señor, todos sus ejércitos, siervos suyos que cumplen su voluntad. Alaben al Señor, todas sus obras en todos los ámbitos de su dominio. ¡Alaba, alma mía, al Señor!Proverbios 3: Hijo mío, no te olvides de mis enseñanzas; más bien, guarda en tu corazón mis mandamientos. Porque prolongarán tu vida muchos años y te traerán prosperidad. Que nunca te abandonen el amor y la verdad: llévalos siempre alrededor de tu cuello y escríbelos en el libro de tu corazón. Contarás con el favor de Dios y tendrás buena fama entre la gente. Confía en el Señor de todo corazón, y no en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él allanará tus sendas. No seas sabio en tu propia opinión; más bien, teme al Señor y huye del mal. Esto infundirá salud a tu cuerpo y fortalecerá tu ser. Honra al Señor con tus riquezas y con los primeros frutos de tus cosechas. Así tus graneros se llenarán a reventar y tus bodegas rebosarán de vino nuevo. Hijo mío, no desprecies la disciplina del Señor, ni te ofendas por sus reprensiones. Porque el Señor disciplina a los que ama, como corrige un padre a su hijo querido. Dichoso el que halla sabiduría, el que adquiere inteligencia. Porque ella es de más provecho que la plata y rinde más ganancias que el oro. Es más valiosa que las piedras preciosas: ¡ni lo más deseable se le puede comparar! Con la mano derecha ofrece larga vida; con la izquierda, honor y riquezas. Sus caminos son placenteros y en sus senderos hay paz. Ella es árbol de vida para quienes la abrazan; ¡dichosos los que la retienen! Con sabiduría afirmó el Señor la tierra, con inteligencia estableció los cielos. Por su conocimiento se separaron las aguas, y las nubes dejaron caer su rocío. Hijo mío, conserva el buen juicio; no pierdas de vista la discreción. Te serán fuente de vida, te adornarán como un collar. Podrás recorrer tranquilo tu camino, y tus pies no tropezarán. Al acostarte, no tendrás temor alguno; te acostarás y dormirás tranquilo. No temerás ningún desastre repentino, ni la desgracia que sobreviene a los impíos. Porque el Señor estará siempre a tu lado y te librará de caer en la trampa. No niegues un favor a quien te lo pida, si en tu mano está el otorgarlo. Nunca digas a tu prójimo: "Vuelve más tarde; te ayudaré mañana", si hoy tienes con qué ayudarlo. No urdas el mal contra tu prójimo, contra el que ha puesto en ti su confianza. No entres en pleito con nadie que no te haya hecho ningún daño. No envidies a los violentos, ni optes por andar en sus caminos. Porque el Señor aborrece al perverso, pero al íntegro le brinda su amistad. La maldición del Señor cae sobre la casa del malvado; su bendición, sobre el hogar de los justos. El Señor se burla de los burlones, pero muestra su favor a los humildes. Los sabios son dignos de honra, pero los necios sólo merecen deshonra.


El Libro de Mateo Capítulo 15 del Nuevo Testamento del Expositor por Jimmy Swaggart:

EL SANTO EVANGELIO SEGÚN
SAN MATEO

CAPÍTULO 15
(32 d.C.)
CRISTO REPRENDE A LOS
ESCRIBAS Y A LOS FARISEOS

ENTONCES llegaron a Jesús ciertos Escribas y Fariseos, de Jerusalén, diciendo (casi toda la oposición a Cristo vino de los líderes religiosos),
2 ¿Por qué Tus Discípulos traspasan la tradición de los ancianos? (Su confianza estaba en las reglas hechas por los hombres en lugar de la Palabra de Dios.) porque no se lavan las manos cuando comen pan (no tenía ningún sentido sanitario; esta tradición enseñaba que un espíritu malo podía sentarse en las manos de la gente, y cuando las manos se lavaban, el espíritu malo se quitaba).
3 Y Él respondiendo, les dijo (declara a Cristo que los atrajo de nuevo a la Palabra de Dios), ¿Por qué también vosotros traspasáis el Mandamiento de Dios por vuestra tradición? (Él no hizo caso de su tradición porque no era según Las Escrituras. Él entonces les dice que sus tradiciones estaban causándoles quebrantar el Mandamiento de Dios.)
4 Porque Dios mandó, diciendo, Honra a tu padre y a tu madre: y, el que maldijere al padre o a la madre, que muera irremisiblemente (Éx. 20:12; 21:17).
5 Mas vosotros decís (en contradicción directa a lo que Dios ha mandado), Cualquiera que dijere al padre o a la madre: Es ofrenda mía a Dios (dedica su propiedad al Templo de modo que no tuvieran que cuidar a sus padres envejecidos, y entonces un sacerdote deshonesto se lo daría de nuevo a ellos, después de tomar un porcentaje), todo aquello con que pudiera valerte (que hace ganancia ilegal de las cosas de Dios, cual aumentaba su pecado);
6 No deberá honrar a su padre o a su madre con socorro, será absuelto (libre de cualquier responsabilidad). Así habéis invalidado el Mandamiento de Dios por vuestra tradición.
7 Hipócritas (fue dicho echándolo en sus caras), bien profetizó de vosotros Isaías, diciendo,
8 Este pueblo con su boca se acerca a Mí, y de labios Me honra; mas su corazón está lejos de Mí (esto define bien a un hipócrita).
9 Mas en vano Me honran (¡la adoración que no fue aceptada por Dios indicativa también de mucha de la Iglesia moderna!), enseñando por doctrinas los mandamientos de hombres (cualquier cosa que se agrega o se quita de la Palabra de Dios).
LAS COSAS QUE PROFANEN
10 Y llamando a sí las gentes, les dijo (lo hizo delante de los Escribas y de los Fariseos), Oíd, y entended (lo que luego Él dirá, será lo contrario de lo que fue dicho por los Escribas y los Fariseos):
11 No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre (Cristo destacaba la atención de las mentes de la gente de las cosas externas a la condición verdadera del corazón).
12 Entonces llegándose Sus Discípulos, Le dijeron (tiene que ver con un tiempo de contemplación privada con respecto a las cosas dichas por Cristo), ¿Sabes que los Fariseos oyendo esta palabra se ofendieron (se escandalizaron)? (Como lo dijo un piadoso de antaño, "si la ofensa se presenta a raíz de la declaración de la Verdad, es más oportuno que la ofensa le esté permitida presentarse en lugar de que la Verdad fuera abandonada.")
13 Mas respondiendo Él, dijo (Él no permaneció en silencio, sino declaró más Su posición), Toda planta que no plantó mi Padre Celestial, será desarraigada (quiere decir que la doctrina de los Fariseos no era de origen divino, sino de origen terrenal; el día se aproxima cuando la cizaña será quitada de entre el trigo).
14 Dejadlos (no significa que no va a enfrentar su error, sino significa que sólo porque son ofendidos no debe ser un estorbo para predicar la Verdad): son ciegos guías de ciegos (una designación aplicada a todos los que no estaban siguiendo la Palabra de Dios). Y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo (una absoluta conclusión garantizada).
15 Y respondiendo Pedro le dijo, Decláranos esta Parábola (dénos más explicación).
16 Y Jesús dijo, ¿Aún también vosotros sois sin entendimiento? (El gran motivo de la necesidad de que sea lleno del Espíritu, y guiado por el Espíritu [Rom. 8:14].)
17 ¿No entendéis aún, que todo lo que entra en la boca, va al vientre, y es echado en la letrina? (Explica el hecho de que el comer alimentos no tiene nada que ver con el lado espiritual del hombre.)
18 Mas lo que sale de la boca del corazón sale; y esto contamina al hombre (no todo lo que sale de la boca de un hombre es profano, sino solamente lo que procede de un corazón malvado).
19 Porque del corazón salen los malos pensamientos, homicidios, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias (indica la depravación del corazón humano no convertido, la cual era la condición en que se encontraban los Fariseos, a pesar de su religiosidad):
20 Estas cosas son las que contaminan al hombre: mas comer con las manos sin lavar no contamina al hombre (Satanás es un maestro que pone énfasis en lo insignificante, en vez del problema verdadero).
LA SANIDAD DE LA HIJA
DE LA CANANEA
21 Y saliendo Jesús de allí (se fue de Capernaum), se fue a las riberas (las fronteras) de Tiro y de Sidón.
22 Y, he aquí, una mujer Cananea (una Gentil) que había salido de aquellos términos (las fronteras), clamaba (la mujer estaba desesperada), diciéndole, Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí; mi hija es malamente atormentada del demonio (un espíritu maligno).
23 Mas Él no le respondió palabra alguna (ser un Gentil, su petición era incorrecta, dirigiéndose a Él como "Hijo de David"; solamente en aquel entonces los Judíos disfrutaban del privilegio de utilizar ese término). Entonces llegándose Sus Discípulos Le rogaron, diciendo, Despáchala; pues da voces tras nosotros (una traducción mejor sería, "haz algo por ella").
24 Y Él respondiendo, dijo, No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel (Su Misión, por lo menos en Su Primera Venida, fue exclusivamente para los Judíos).
25 Entonces ella vino y Le adoró, diciendo, Señor, socórreme (estaba cambiando su posición).
26 Y respondiendo Él dijo, No está bien (correcto) tomar el pan de los hijos (lo que perteneció a los Judíos), y echarlo a los perrillos (los Gentiles fueron visto como "perros," entonces en efecto, Él ponía en prueba su Fe).
27 Y ella dijo, Sí, Señor: mas los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus señores (cuando ella tomó el lugar de un "perro," así que admitía que ella no tenía reclamo alguno, echándose sobre Su Gracia como Señor, Él inmediatamente respondió, tal como Él lo hará actualmente).
28 Entonces respondiéndola Jesús dijo, Oh mujer, grande es tu Fe: sea hecho contigo como quieres. Y fue sanada su hija desde aquella hora (siempre el Señor responde a la Fe; solamente dos personas fueron descritas como personas con "gran Fe"; el primero fue el Centurión Gentil [Mat. 8:5-10], y ahora esta mujer Gentil).
JESÚS SANA A LOS ENFERMOS
29 Y partido Jesús de allí, vino junto al Mar de Galilea; y subiendo al monte, se sentó allí (probablemente en el lado noreste del Mar de Galilea).
30 Y llegaron a Él grandes multitudes (pudiera haber sido varios millares de gente), que tenían consigo cojos, ciegos, mudos, mancos y otros muchos enfermos, y los echaron a los Pies de Jesús; y los sanó (Él los sanó a todos):
31 De manera que se maravillaban las gentes, viendo hablar los mudos, los mancos sanos, andar los cojos y ver los ciegos: y glorificaron al Dios de Israel.
JESÚS ALIMENTA
A CUATRO MIL
32 Y Jesús llamando a Sus Discípulos, dijo, Tengo compasión de la gente, que ya hace tres días que perseveran conmigo, y no tienen qué comer: y enviarlos sin comer no quiero, para que no desmayen en el camino (probablemente diez mil o más, habían tenido muy poco de comer durante los tres días y noches pasados).
33 Entonces Sus Discípulos Le dicen, ¿Dónde tenemos nosotros tantos panes en el desierto, para saciar a tan gran compañía? (¿No recordaron el gran Milagro que Él llevó a cabo hace poco tiempo antes de esta misma naturaleza? ¡Tan rápido olvidamos nosotros también!)
34 Y Jesús les dice, ¿Cuántos panes tenéis? Y ellos dijeron, Siete, y unos pocos pececillos.
35 Y mandó a las multitudes que se recostasen sobre la tierra.
36 Y tomando los siete panes y los peces, dando gracias, partió y dio a Sus Discípulos, y los Discípulos a la multitud (los Discípulos tenían que seguir recurriendo a Jesús por nuevas provisiones para la necesidad de la multitud; no tenían sus propios recursos; ellos dependían totalmente de Él; es lo que Él nos está enseñando).
37 Y comieron todos, y se saciaron (quedaron satisfechos): y recogieron lo que sobró de los pedazos siete canastas llenas.
38 Y eran los que habían comido cuatro mil hombres, sin las mujeres y los niños (probablemente cerca de diez mil personas).
39 Entonces, despedida la multitud (pero los despidió satisfechos física y espiritualmente), subió en el barco, y vino a las riberas de Magdala (una ciudad pequeña situada a unos quince kilómetros [diez millas] al sur de Capernaum).


Primera Corintios Capítulo 13:
Si hablo en lenguas humanas y angelicales, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido. Si tengo el don de profecía y entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento, y si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no soy nada. Si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y si entrego mi cuerpo para que lo consuman las llamas, pero no tengo amor, nada gano con eso. El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor jamás se extingue, mientras que el don de profecía cesará, el de lenguas será silenciado y el de conocimiento desaparecerá. Porque conocemos y profetizamos de manera imperfecta; pero cuando llegue lo perfecto, lo imperfecto desaparecerá. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; cuando llegué a ser adulto, dejé atrás las cosas de niño. Ahora vemos de manera indirecta y velada, como en un espejo; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de manera imperfecta, pero entonces conoceré tal y como soy conocido. Ahora, pues, permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más excelente de ellas es el amor.


Hebreos 10:35-12:4
Así que no pierdan la confianza, porque ésta será grandemente recompensada. Ustedes necesitan perseverar para que, después de haber cumplido la voluntad de Dios, reciban lo que él ha prometido. Pues dentro de muy poco tiempo, "el que ha de venir vendrá, y no tardará. Pero mi justo vivirá por la fe. Y si se vuelve atrás, no será de mi agrado." Pero nosotros no somos de los que se vuelven atrás y acaban por perderse, sino de los que tienen fe y preservan su vida. Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve. Gracias a ella fueron aprobados los antiguos. Por la fe entendemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo visible no provino de lo que se ve. Por la fe Abel ofreció a Dios un sacrificio más aceptable que el de Caín, por lo cual recibió testimonio de ser justo, pues Dios aceptó su ofrenda. Y por la fe Abel, a pesar de estar muerto, habla todavía. Por la fe Enoc fue sacado de este mundo sin experimentar la muerte; no fue hallado porque Dios se lo llevó, pero antes de ser llevado recibió testimonio de haber agradado a Dios. En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan. Por la fe Noé, advertido sobre cosas que aún no se veían, con temor reverente construyó un arca para salvar a su familia. Por esa fe condenó al mundo y llegó a ser heredero de la justicia que viene por la fe. Por la fe Abraham, cuando fue llamado para ir a un lugar que más tarde recibiría como herencia, obedeció y salió sin saber a dónde iba. Por la fe se radicó como extranjero en la tierra prometida, y habitó en tiendas de campaña con Isaac y Jacob, herederos también de la misma promesa, porque esperaba la ciudad de cimientos sólidos, de la cual Dios es arquitecto y constructor. Por la fe Abraham, a pesar de su avanzada edad y de que Sara misma era estéril, recibió fuerza para tener hijos, porque consideró fiel al que le había hecho la promesa. Así que de este solo hombre, ya en decadencia, nacieron descendientes numerosos como las estrellas del cielo e incontables como la arena a la orilla del mar. Todos ellos vivieron por la fe, y murieron sin haber recibido las cosas prometidas; más bien, las reconocieron a lo lejos, y confesaron que eran extranjeros y peregrinos en la tierra. Al expresarse así, claramente dieron a entender que andaban en busca de una patria. Si hubieran estado pensando en aquella patria de donde habían emigrado, habrían tenido oportunidad de regresar a ella. Antes bien, anhelaban una patria mejor, es decir, la celestial. Por lo tanto, Dios no se avergonzó de ser llamado su Dios, y les preparó una ciudad. Por la fe Abraham, que había recibido las promesas, fue puesto a prueba y ofreció a Isaac, su hijo único, a pesar de que Dios le había dicho: "Tu descendencia se establecerá por medio de Isaac." Consideraba Abraham que Dios tiene poder hasta para resucitar a los muertos, y así, en sentido figurado, recobró a Isaac de entre los muertos. Por la fe Isaac bendijo a Jacob y a Esaú, previendo lo que les esperaba en el futuro. Por la fe Jacob, cuando estaba a punto de morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyándose en la punta de su bastón. Por la fe José, al fin de su vida, se refirió a la salida de los israelitas de Egipto y dio instrucciones acerca de sus restos mortales. Por la fe Moisés, recién nacido, fue escondido por sus padres durante tres meses, porque vieron que era un niño precioso, y no tuvieron miedo del edicto del rey. Por la fe Moisés, ya adulto, renunció a ser llamado hijo de la hija del faraón. Prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar de los efímeros placeres del pecado. Consideró que el oprobio por causa del Mesías era una mayor riqueza que los tesoros de Egipto, porque tenía la mirada puesta  en la recompensa. Por la fe salió de Egipto sin tenerle miedo a la ira del rey, pues se mantuvo firme como si estuviera viendo al Invisible. Por la fe celebró la Pascua y el rociamiento de la sangre, para que el exterminador de los primogénitos no tocara a los de Israel. Por la fe el pueblo cruzó el Mar Rojo como por tierra seca; pero cuando los egipcios intentaron cruzarlo, se ahogaron. Por la fe cayeron las murallas de Jericó, después de haber marchado el pueblo siete días a su alrededor. Por la fe la prostituta Rahab no murió junto con los desobedientes, pues había recibido en paz a los espías. ¿Qué más voy a decir? Me faltaría tiempo para hablar de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté,  David, Samuel y los profetas, los cuales por la fe conquistaron reinos, hicieron justicia y alcanzaron lo prometido; cerraron bocas de leones, apagaron la furia de las llamas y escaparon del filo de la espada; sacaron fuerzas de flaqueza; se mostraron valientes en la guerra y pusieron en fuga a ejércitos extranjeros. Hubo mujeres que por la resurrección recobraron a sus muertos. Otros, en cambio, fueron muertos a golpes, pues para alcanzar una mejor resurrección no aceptaron que los pusieran en libertad. Otros sufrieron la prueba de burlas y azotes, e incluso de cadenas y cárceles. Fueron apedreados, aserrados por la mitad, asesinados a filo de espada. Anduvieron fugitivos de aquí para allá, cubiertos de pieles de oveja y de cabra, pasando necesidades, afligidos y maltratados. ¡El mundo no merecía gente así! Anduvieron sin rumbo por desiertos y montañas, por cuevas y cavernas. Aunque todos obtuvieron un testimonio favorable mediante la fe, ninguno de ellos vio el cumplimiento de la promesa. Esto sucedió para que ellos no llegaran a la meta sin nosotros, pues Dios nos había preparado algo mejor. Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo. En la lucha que ustedes libran contra el pecado, todavía no han tenido que resistir hasta derramar su sangre.


Romanos 8:
Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte. En efecto, la ley no pudo liberarnos porque la naturaleza pecaminosa anuló su poder; por eso Dios envió a su propio Hijo en condición semejante a nuestra condición de pecadores, para que se ofreciera en sacrificio por el pecado. Así condenó Dios al pecado en la naturaleza humana, a fin de que las justas demandas de la ley se cumplieran en nosotros, que no vivimos según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu. Los que viven conforme a la naturaleza pecaminosa fijan la mente en los deseos de tal naturaleza; en cambio, los que viven conforme al Espíritu fijan la mente en los deseos del Espíritu. La mentalidad pecaminosa es muerte, mientras que la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz. La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo. Los que viven según la naturaleza pecaminosa no pueden agradar a Dios. Sin embargo, ustedes no viven según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios vive en ustedes. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo. Pero si Cristo está en ustedes, el cuerpo está muerto a causa del pecado, pero el Espíritu que está en ustedes es vida a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en ustedes. Por tanto, hermanos, tenemos una obligación, pero no es la de vivir conforme a la naturaleza pecaminosa. Porque si ustedes viven conforme a ella, morirán; pero si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: "¡Abba! ¡Padre!" El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos herederos;  herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria. De hecho, considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros. La creación aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de Dios, porque fue sometida a la frustración. Esto no sucedió por su propia voluntad, sino por la del que así lo dispuso. Pero queda la firme esperanza de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera dolores de parto. Y no sólo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esa esperanza fuimos salvados. Pero la esperanza que se ve, ya no es esperanza. ¿Quién espera lo que ya tiene? Pero si esperamos lo que todavía no tenemos, en la espera mostramos nuestra constancia. Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios. Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito. Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. A los que predestinó, también los llamó; a los que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó. ¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas? ¿Quién acusará a los que Dios ha escogido? Dios es el que justifica. ¿Quién condenará? Cristo Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros. ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia? Así está escrito: "Por tu causa nos vemos amenazados de muerte todo el día; nos tratan como a ovejas destinadas al matadero." Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.

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30 July 2019

El 30 de julio Lectura Bíblica Diaria

Sonidos del aire libre
SonLifeTV.com/español
Mensaje de la Cruz de Cristo Jesús-Capítulo-1

 
El 30 de julio Lectura Bíblica Diaria:

2 Reyes 6 a 8: 

Un día, los miembros de la comunidad de los profetas le dijeron a Eliseo: Como puede ver, el lugar donde ahora vivimos con usted nos resulta pequeño. Es mejor que vayamos al Jordán. Allí podremos conseguir madera y construir un albergue. Bien, vayan respondió Eliseo. Pero uno de ellos le pidió: Acompañe usted, por favor, a sus servidores. Eliseo consintió en acompañarlos, y cuando llegaron al Jordán empezaron a cortar árboles. De pronto, al cortar un tronco, a uno de los profetas se le zafó el hacha y se le cayó al río. ¡Ay, maestro! gritó. ¡Esa hacha no era mía! ¿Dónde cayó? preguntó el hombre de Dios. Cuando se le indicó el lugar, Eliseo cortó un palo y, echándolo allí, hizo que el hacha saliera a flote. Sácala ordenó Eliseo. Así que el hombre extendió el brazo y la sacó. El rey de Siria, que estaba en guerra con Israel, deliberó con sus ministros y les dijo: "Vamos a acampar en tal lugar." Pero el hombre de Dios le envió este mensaje al rey de Israel: "Procura no pasar por este sitio, pues los sirios te han tendido allí una emboscada." Así que el rey de Israel envió a reconocer el lugar que el hombre de Dios le había indicado. Y en varias otras ocasiones Eliseo le avisó al rey, de modo que éste tomó precauciones. El rey de Siria, enfurecido por lo que estaba pasando, llamó a sus ministros y les reclamó: ¿Quieren decirme quién está informando al rey de Israel? Nadie, mi señor y rey respondió uno de ellos. El responsable es Eliseo, el profeta que está en Israel. Es él quien le comunica todo al rey de Israel, aun lo que Su Majestad dice en su alcoba. Pues entonces averigüen dónde está ordenó el rey, para que mande a capturarlo. Cuando le informaron que Eliseo estaba en Dotán, el rey envió allá un destacamento grande, con  caballos y carros de combate. Llegaron de noche y cercaron la ciudad. Por la mañana, cuando el criado del hombre de Dios se levantó para salir, vio que un ejército con caballos y carros de combate rodeaba la ciudad. ¡Ay, mi señor! exclamó el criado. ¿Qué vamos a hacer? No tengas miedo respondió Eliseo. Los que están con nosotros son más que ellos. Entonces Eliseo oró: "Señor, ábrele a Guiezi los ojos para que vea." El Señor así lo hizo, y el criado vio que la colina estaba llena de caballos y de carros de fuego alrededor de Eliseo. Como ya los sirios se acercaban a él, Eliseo volvió a orar:  "Señor, castiga a esta gente con ceguera." Y el Señor hizo lo que le pidió Eliseo. Luego Eliseo les dijo: "Ésta no es la ciudad adonde iban; han tomado un camino equivocado. Síganme, que yo los llevaré adonde está el hombre que buscan." Pero los llevó a Samaria. Después de entrar en la ciudad, Eliseo dijo: "Señor, ábreles los ojos, para que vean." El Señor así lo hizo, y ellos se dieron cuenta de que estaban dentro de Samaria.  Cuando el rey de Israel los vio, le preguntó a Eliseo: ¿Los mato, mi señor? ¿Los mato? No, no los mates contestó Eliseo. ¿Acaso los has capturado con tu espada y tu arco, para que los mates? Mejor sírveles comida y agua para que coman y beban, y que luego vuelvan a su rey. Así que el rey de Israel les dio un tremendo banquete. Cuando terminaron de comer, los despidió, y ellos regresaron a su rey. Y las bandas de sirios no volvieron a invadir el territorio israelita. Algún tiempo después, Ben Adad, rey de Siria, movilizó todo su ejército para ir a Samaria y sitiarla. El sitio duró tanto tiempo que provocó un hambre terrible en la ciudad, a tal grado que una cabeza de asno llegó a costar ochenta monedas de plata, y un poco de algarroba, cinco. Un día, mientras el rey recorría la muralla, una mujer le gritó: ¡Sálvenos, Su Majestad! Si el Señor no te salva respondió el rey, ¿de dónde voy a sacar yo comida para salvarte? ¿Del granero? ¿Del lagar? ¿Qué te pasa? Ella se quejó: Esta mujer me propuso que le entregara mi hijo para que nos lo comiéramos hoy, y que mañana nos comeríamos el de ella. Pues bien, cocinamos a mi hijo y nos lo comimos, pero al día siguiente, cuando le pedí que entregara su hijo para que nos lo comiéramos, resulta que ya lo había escondido. Al oír la queja de la mujer, el rey se rasgó las vestiduras. Luego reanudó su recorrido por la muralla, y la gente pudo ver que bajo su túnica real iba vestido de luto. "¡Que el Señor me castigue sin piedad exclamó el rey si hoy mismo no le corto la cabeza a Eliseo hijo de Safat!" Mientras Eliseo se encontraba en su casa, sentado con los ancianos, el rey le envió un mensajero. Antes de que éste llegara, Eliseo les dijo a los ancianos: Ahora van a ver cómo ese asesino envía a alguien a cortarme la cabeza. Pues bien, cuando llegue el mensajero, atranquen la puerta para que no entre. ¡Ya oigo detrás de él los pasos de su señor! No había terminado de hablar cuando el mensajero llegó y dijo: Esta desgracia viene del Señor; ¿qué más se puede esperar de él? Eliseo contestó: Oigan la palabra del Señor, que dice así: Mañana a estas horas, a la entrada de Samaria, podrá comprarse una medida de flor de harina con una sola moneda de plata, y hasta una doble medida de cebada por el mismo precio. El ayudante personal del rey replicó: ¡No me digas! Aun si el Señor abriera las ventanas del cielo, ¡no podría  suceder tal cosa! Pues lo verás con tus propios ojos le advirtió Eliseo, pero no llegarás a comerlo. Ese día, cuatro hombres que padecían de lepra se hallaban a la entrada de la ciudad. ¿Qué ganamos con quedarnos aquí sentados, esperando la muerte? se dijeron unos a otros. No ganamos nada con entrar en la ciudad. Allí nos moriremos de hambre con todos los demás, pero si nos quedamos aquí, nos sucederá lo mismo. Vayamos, pues, al campamento de los sirios, para rendirnos. Si nos perdonan la vida, viviremos; y si nos matan, de todos modos moriremos. Al anochecer se pusieron en camino, pero cuando llegaron a las afueras del campamento sirio, ¡ya no había nadie allí! Y era que el Señor había confundido a los sirios haciéndoles oír el ruido de carros de combate y de caballería, como si fuera un gran ejército. Entonces se dijeron unos a  otros: "¡Seguro que el rey de Israel ha contratado a los reyes hititas y egipcios para atacarnos!" Por lo tanto, emprendieron la fuga al anochecer abandonando tiendas de campaña, caballos y asnos. Dejaron el campamento tal como estaba, para escapar y salvarse. Cuando los leprosos llegaron a las afueras del campamento, entraron en una de las tiendas de campaña. Después de comer y beber, se llevaron de allí plata, oro y ropa, y fueron a esconderlo todo. Luego regresaron, entraron en otra tienda, y también de allí tomaron varios objetos y los escondieron. Entonces se dijeron unos a otros: Esto no está bien. Hoy es un día de buenas noticias, y no las estamos dando a conocer. Si esperamos hasta que amanezca, resultaremos culpables. Vayamos ahora mismo al palacio, y demos aviso. Así que fueron a la ciudad y llamaron a los centinelas. Les dijeron: "Fuimos al campamento de los sirios y ya no había nadie allí. Sólo se oía a los caballos y asnos, que estaban atados. Y las tiendas las dejaron tal como estaban." Los centinelas, a voz en cuello, hicieron llegar la noticia hasta el interior del palacio. Aunque era de noche, el rey se levantó y les dijo a sus ministros: Déjenme decirles lo que esos sirios están tramando contra nosotros. Como saben que estamos pasando hambre, han abandonado el campamento y se han escondido en el campo. Lo que quieren es que salgamos, para atraparnos vivos y entrar en la ciudad. Uno de sus ministros propuso: Que salgan algunos hombres con cinco de los caballos que aún quedan aquí. Si mueren, no les irá peor que a la multitud de israelitas que está por perecer. ¡Enviémoslos a ver qué pasa! De inmediato los hombres tomaron dos carros con caballos, y el rey los mandó al campamento del ejército sirio, con instrucciones de que investigaran. Llegaron hasta el Jordán, y vieron que todo el camino estaba lleno de ropa y de objetos que los sirios habían arrojado al huir precipitadamente. De modo que regresaron los mensajeros e informaron al rey, y el pueblo salió a saquear el campamento sirio. Y tal como la palabra del Señor lo había dado a conocer, se pudo comprar una medida de flor de harina con una sola moneda de plata, y hasta una doble medida de cebada por el mismo precio. El rey le había ordenado a su ayudante personal que vigilara la entrada de la ciudad, pero el pueblo lo atropelló ahí mismo, y así se cumplió lo que había dicho el hombre de Dios cuando el rey fue a verlo. De hecho, cuando el hombre de Dios le dijo al rey: "Mañana a estas horas, a la entrada de Samaria, podrá comprarse una doble medida de cebada con una sola moneda de plata, y una medida de flor de harina por el mismo precio", ese oficial había replicado: "¡No me digas! Aun si el Señor abriera las ventanas del cielo, ¡no podría suceder tal cosa!" De modo que el hombre de Dios respondió: "Pues lo verás con tus propios ojos, pero no llegarás a comerlo." En efecto, así ocurrió: el pueblo lo atropelló a la entrada de la ciudad, y allí murió. Ahora bien, Eliseo le había dicho a la mujer a cuyo hijo él había revivido: "Anda, vete con tu familia a vivir donde puedas, porque el Señor ha ordenado que haya una gran hambre en el país, y que ésta dure siete años." La mujer se dispuso a seguir las instrucciones del hombre de Dios y se fue con su familia al país de los filisteos, donde se quedó siete años. Al cabo de los siete años, cuando regresó del país de los filisteos, la mujer fue a rogarle al rey que le devolviera su casa y sus tierras. En esos momentos el rey estaba hablando con Guiezi, el criado del hombre de Dios, y le había dicho: "Cuéntame todas las maravillas que ha hecho Eliseo." Y precisamente cuando Guiezi le contaba al rey que Eliseo había revivido al niño muerto, la madre llegó para rogarle al rey que le devolviera su casa y sus tierras. Así que Guiezi dijo: Mi señor y rey, ésta es la mujer, y éste es el hijo que Eliseo revivió. El rey le hizo preguntas a la mujer, y ella se lo contó todo. Entonces el rey le ordenó a un funcionario que se encargara de ella y le dijo: Devuélvele todo lo que le pertenecía, incluso todas las ganancias que hayan producido sus tierras, desde el día en que salió del país hasta hoy. Jazael, rey de Siria Luego Eliseo se fue a Damasco. Ben Adad, rey de *Siria, estaba enfermo, y cuando le avisaron que el hombre de Dios había llegado, le ordenó a Jazael: "Llévale un regalo al hombre de Dios. Cuando lo veas, consulta al Señor por medio de él para saber si me voy a recuperar de esta enfermedad." Jazael fue a ver a Eliseo, y como regalo le llevó de las  mejores mercancías de Damasco, cargadas en cuarenta camellos. Cuando llegó, se presentó ante él y le dijo: Ben Adad, rey de Siria, su servidor, me ha enviado para preguntarle si él se va a recuperar de su enfermedad. Eliseo respondió: Ve y dile que sobrevivirá a esa enfermedad, aunque el Señor me ha revelado que de todos modos va a morir. Luego Eliseo se quedó mirándolo fijamente, hasta que Jazael se sintió incómodo. Entonces el hombre de Dios se echó a llorar. ¿Por qué llora mi señor? le preguntó Jazael. Porque yo sé bien que vas a causarles mucho daño a los israelitas respondió. Vas a incendiar sus fortalezas, y a matar a sus jóvenes a filo de espada; despedazarás a los niños y les abrirás el vientre a las mujeres embarazadas. Jazael exclamó: ¡Qué es este servidor de usted sino un pobre perro! ¿Cómo es posible que haga tal cosa? Entonces Eliseo le declaró: El Señor me ha revelado que vas a ser rey de Siria. Jazael se despidió de Eliseo y regresó para presentarse ante su rey. Cuando Ben Adad le preguntó qué le había dicho Eliseo, Jazael le respondió: Me dijo que usted sobrevivirá a su enfermedad. Pero al día siguiente tomó una colcha y, empapándola en  agua, le tapó la cara al rey hasta asfixiarlo. Así fue como Jazael usurpó el trono. Jorán, rey de Judá En el quinto año del reinado de Jorán hijo de Acab, rey de Israel y contemporáneo de Josafat, rey de Judá, Jorán hijo de Josafat ascendió al trono de Judá. Tenía treinta y dos años cuando comenzó a reinar, y reinó en Jerusalén ocho años. Jorán hizo lo que ofende al Señor, pues siguió el mal ejemplo de los reyes de Israel, como lo había hecho la familia de Acab, y llegó incluso a casarse con la hija de Acab. Pero el Señor no quiso destruir a Judá por consideración a su siervo David, pues le había prometido mantener encendida para siempre una lámpara para él y sus descendientes. En tiempos de Jorán, los edomitas se sublevaron contra Judá y se nombraron su propio rey. Por lo tanto, Jorán marchó sobre Zaír con todos sus carros de combate. Los edomitas cercaron a Jorán y a los capitanes de los carros, pero durante la noche Jorán logró abrirse paso; sin embargo, su ejército se dispersó. Desde  entonces Edom ha estado en rebelión contra Judá, al igual que la ciudad de Libná, que en ese mismo tiempo se sublevó. Los demás acontecimientos del reinado de Jorán, y todo lo que hizo, están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá. Cuando murió, fue sepultado con sus antepasados en la Ciudad de David. Y su hijo Ocozías lo sucedió en el trono. Ocozías, rey de Judá En el año duodécimo de Jorán hijo de Acab, rey de Israel, Ocozías hijo de Jorán ascendió al trono de Judá. Tenía veintidós años cuando ascendió al trono, y reinó en Jerusalén un año. Su madre era Atalía, nieta de Omrí, rey de Israel. Ocozías hizo lo que ofende al Señor, pues siguió el mal ejemplo de la familia de Acab, con la que estaba emparentado. Ocozías, junto con Jorán hijo de Acab, marchó hacia Ramot de Galaad para hacerle guerra a Jazael, rey de *Siria, pero en la batalla los sirios hirieron a Jorán. Por eso el rey Jorán tuvo que regresar a Jezrel, para reponerse de las heridas que había recibido de los sirios en Ramot, cuando luchó contra Jazael, rey de Siria. Como Jorán hijo de Acab convalecía en Jezrel, Ocozías hijo de Jorán, rey de Judá, fue a visitarlo.



Salmo 78:
Pueblo mío, atiende a mi enseñanza; presta oído a las palabras de mi boca. Mis labios pronunciarán parábolas y evocarán misterios de antaño, cosas que hemos oído y conocido, y que nuestros padres nos han contado. No las esconderemos de sus descendientes; hablaremos a la generación venidera del poder del Señor, de sus proezas, y de las maravillas que ha realizado. Él promulgó un decreto para Jacob, dictó una ley para Israel; ordenó a nuestros antepasados enseñarlos a sus descendientes, para que los conocieran las generaciones venideras y los hijos que habrían de nacer, que a su vez los enseñarían a sus hijos. Así ellos pondrían su confianza en Dios y no se olvidarían de sus proezas, sino que cumplirían sus mandamientos. Así no serían como sus antepasados: generación obstinada y rebelde, gente de corazón fluctuante, cuyo espíritu no se mantuvo fiel a Dios. La tribu de Efraín, con sus diestros arqueros, se puso en fuga el día de la batalla. No cumplieron con el pacto de Dios, sino que se negaron a seguir sus enseñanzas. Echaron al olvido sus proezas, las maravillas que les había mostrado, los milagros que hizo a la vista de sus padres en la tierra de Egipto, en la región de Zoán. Partió el mar en dos para que ellos lo cruzaran, mientras mantenía las aguas firmes como un muro. De día los guió con una nube, y toda la noche con luz de fuego. En el desierto partió en dos las rocas, y les dio a beber torrentes de aguas; hizo que brotaran arroyos de la peña y que las aguas fluyeran como ríos. Pero ellos volvieron a pecar contra él; en el desierto se rebelaron contra el Altísimo. Con toda intención pusieron a Dios a prueba, y le exigieron comida a su antojo. Murmuraron contra Dios, y aun dijeron: "¿Podrá Dios tendernos una mesa en el desierto? Cuando golpeó la roca, el agua brotó en torrentes; pero ¿podrá también darnos de comer?, ¿podrá proveerle carne a su pueblo?" Cuando el Señor oyó esto, se puso muy furioso; su enojo se encendió contra Jacob, su ira ardió contra Israel. Porque no confiaron en Dios, ni creyeron que él los salvaría. Desde lo alto dio una orden a las nubes, y se abrieron las puertas de los cielos. Hizo que les lloviera maná, para que comieran; pan del cielo les dio a comer. Todos ellos comieron pan de ángeles; Dios les envió comida hasta saciarlos. Desató desde el cielo el viento solano, y con su poder levantó el viento del sur. Cual lluvia de polvo, hizo que les lloviera carne; ¡nubes de pájaros, como la arena del mar! Los hizo caer en medio de su campamento y en los alrededores de sus tiendas. Comieron y se hartaron, pues Dios  les cumplió su capricho. Pero el capricho no les duró mucho: aún tenían la comida en la boca cuando el enojo de Dios vino sobre ellos: dio muerte a sus hombres más robustos; abatió a la flor y nata de Israel. A pesar de todo, siguieron pecando y no creyeron en sus maravillas. Por tanto, Dios hizo que sus días se esfumaran como un suspiro, que sus años acabaran en medio del terror. Si Dios los castigaba, entonces lo buscaban, y con ansias se volvían de nuevo a él. Se acordaban de que Dios era su roca, de que el Dios Altísimo era su redentor. Pero entonces lo halagaban con la boca, y le mentían con la lengua. No fue su corazón sincero para con Dios; no fueron fieles a su pacto. Sin embargo, él les tuvo compasión; les perdonó su maldad y no los destruyó. Una y otra vez contuvo su enojo, y no se dejó llevar del todo por la ira. Se acordó de que eran simples mortales, un efímero suspiro que jamás regresa. ¡Cuántas veces se rebelaron contra él en el desierto, y lo entristecieron en los páramos! Una y otra vez ponían a Dios a prueba; provocaban al Santo de Israel. Jamás se acordaron de su poder, de cuando los rescató del opresor, ni de sus señales milagrosas en Egipto, ni de sus portentos en la región de Zoán, cuando convirtió en sangre los ríos egipcios y no pudieron ellos beber de sus arroyos; cuando les envió tábanos que se los devoraban, y ranas que los destruían; cuando entregó sus cosechas a los saltamontes, y sus sembrados a la langosta; cuando con granizo destruyó sus viñas, y con escarcha sus higueras; cuando entregó su ganado al granizo, y sus rebaños a las centellas; cuando lanzó contra ellos el ardor de su ira, de su furor, indignación y hostilidad: ¡todo un ejército de ángeles destructores! Dio rienda suelta a su enojo y no los libró de la muerte, sino que los entregó a la plaga. Dio muerte a todos los primogénitos de Egipto, a las primicias de su raza en los campamentos de Cam. A su pueblo lo guió como a un rebaño; los llevó por el desierto, como a ovejas, infundiéndoles confianza para que no temieran. Pero a sus enemigos se los tragó el mar. Trajo a su pueblo a esta su tierra santa, a estas montañas que su diestra conquistó. Al paso de los israelitas expulsó naciones, cuyas tierras dio a su pueblo en heredad; ¡así estableció en sus tiendas a las tribus de Israel! Pero ellos pusieron a prueba a Dios: se rebelaron contra el Altísimo y desobedecieron sus estatutos. Fueron desleales y traidores, como sus padres; ¡tan falsos como un arco defectuoso! Lo irritaron con sus santuarios paganos; con sus ídolos despertaron sus celos. Dios lo supo y se puso muy furioso, por lo que rechazó completamente a Israel. Abandonó el tabernáculo de Siló, que era su santuario aquí en la tierra, y dejó que el símbolo de su poder y gloria cayera cautivo en manos enemigas. Tan furioso estaba contra su pueblo que dejó que los mataran a filo de espada. A sus jóvenes los consumió el fuego, y no hubo cantos nupciales para sus doncellas; a filo de espada cayeron sus sacerdotes, y sus viudas no pudieron hacerles duelo. Despertó entonces el Señor, como quien despierta de un sueño, como un guerrero que, por causa del vino, lanza gritos desaforados. Hizo retroceder a sus enemigos, y los puso en vergüenza para siempre. Rechazó a los descendientes de José, y no escogió a la tribu de Efraín; más bien, escogió a la tribu de Judá y al monte Sión, al cual ama. Construyó su santuario, alto como los cielos, como la tierra, que él afirmó para siempre. Escogió a su siervo David, al que sacó de los apriscos de las ovejas, y lo quitó de andar arreando los rebaños para que fuera el pastor de Jacob, su pueblo; el pastor de Israel, su herencia. Y David los pastoreó con corazón sincero; con mano experta los dirigió.



Proverbios 10:
Proverbios de Salomón: El hijo sabio es la alegría de su padre; el hijo necio es el pesar de su madre. Las riquezas mal habidas no sirven de nada, pero la justicia libra de la muerte. El Señor no deja sin comer al justo, pero frustra la avidez de los malvados. Las manos ociosas conducen a la pobreza; las manos hábiles atraen riquezas. El hijo prevenido se abastece en el verano, pero el sinvergüenza duerme en tiempo de cosecha. El justo se ve coronado de bendiciones, pero la boca del malvado encubre violencia. La memoria de los justos es una bendición, pero la fama de los malvados será pasto de los gusanos. El de sabio corazón acata las órdenes, pero el necio y rezongón va camino al desastre. Quien se conduce con integridad, anda seguro; quien anda en malos pasos será descubierto. Quien guiña el ojo con malicia provoca pesar; el necio y rezongón va camino al desastre. Fuente de vida es la boca del justo, pero la boca del malvado encubre violencia. El odio es motivo de disensiones, pero el amor cubre todas las faltas. En los labios del prudente hay sabiduría; en la espalda del falto de juicio, sólo garrotazos. El que es sabio atesora el conocimiento, pero la boca del necio es un peligro inminente. La riqueza del rico es su baluarte; la pobreza del pobre es su ruina. El salario del justo es la vida; la ganancia del malvado es el pecado. El que atiende a la corrección va camino a la vida; el que la rechaza se pierde. El de labios mentirosos disimula su odio, y el que propaga calumnias es un necio. El que mucho habla, mucho yerra; el que es sabio refrena su lengua. Plata refinada es la lengua del justo; el corazón del malvado no vale nada. Los labios del justo orientan a muchos; los necios mueren por falta de juicio. La bendición del Señor trae riquezas, y nada se gana con preocuparse. El necio se divierte con su mala conducta, pero el sabio se recrea con la sabiduría. Lo que el malvado teme, eso le ocurre; lo que el justo desea, eso recibe. Pasa la tormenta y desaparece el malvado, pero el justo permanece firme para siempre. Como vinagre a los dientes y humo a los ojos es el perezoso para quienes lo emplean. El temor del Señor prolonga la vida, pero los años del malvado se acortan. El futuro de los justos es halagüeño; la esperanza de los malvados se desvanece. El camino del Señor es refugio de los justos y ruina de los malhechores. Los justos no tropezarán jamás; los malvados no habitarán la tierra. La boca del justo profiere sabiduría, pero la lengua perversa será cercenada. Los labios del justo destilan bondad; de la boca del malvado brota perversidad.




El Libro de Apocalipsis Capítulo 14 del Nuevo Testamento del Expositor por Jimmy Swaggart:


EL APOCALIPSIS
DE SAN JUAN




CAPÍTULO 14
(96 d.C.)
EL CORDERO




Y MIRÉ y he aquí, el Cordero estaba sobre el Monte de Sión (es la misma representación que Apoc. 5:6; la referencia de Cristo como "Cordero" proclama el hecho de que nuestra Redención fue llevada a cabo en la Cruz; de hecho, el título "Cordero" cuando se refiere a Cristo es empleado unas 28 veces en el Libro del Apocalipsis, denotando la Obra Expiatoria de Cristo en la Cruz; a propósito, es el "Monte Sión" Celestial), y con Él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían el Nombre de Su Padre escrito en sus frentes. (Es el número de Judíos que vinieron a Cristo en la primera mitad de la Gran Tribulación. Algunos de los primeros Manuscritos, los cuales probablemente están correctos, leen, "Tenían Su Nombre [el Nombre del Cordero] y el Nombre del Padre en sus frentes." Al considerar que fue inspirado por el Espíritu Santo, tenemos la Doctrina de la Trinidad en este Versículo.)
2 Y oí una voz del Cielo como ruido de muchas aguas, y como sonido de un gran trueno  (indica el tipo de alabanza y adoración ofrecida; suena como una cascada mezclada con truenos; ¿es típico de la Iglesia moderna? ¡Debiera ser así!): y oí una voz de tañedores de arpas que tañían con sus arpas (representa el acompañamiento musical):
3 Y cantaban como un cántico nuevo delante del Trono, y delante de las cuatro Criaturas (esta canción es sólo para los 144.000; podría ser el Salmo 149; también, "el cántico nuevo" que se menciona aquí no es que el cántico en sí sea nuevo, sino es lo que dice que sólo puede ser realizado por aquéllos representados por los 144.000, que es Israel Redimido), y de los Ancianos: y ninguno podía aprender el cántico sino aquellos ciento cuarenta y cuatro mil, los cuales fueron comprados de entre los de la Tierra. (Fueron Redimidos confiando en Cristo y lo que Él hizo en la Cruz, que es el único modo para ser Redimido.)
4 Estos son los que con mujeres no fueron contaminados; porque son vírgenes. (Se refiere a los 144.000 quienes no se corrompieron por la idolatría. La fe en algo además de Cristo y la Cruz constituye el adulterio espiritual, que es idolatría. En realidad, millones en la Iglesia moderna son culpables de este pecado, debido a que no  entienden la Cruz.) Estos, los que siguen al Cordero por dondequiera que fuere. (Por el empleo de la palabra "Cordero," tomaron su Cruz tal como Jesús demanda de todos [Luc. 9:23-24].) Estos fueron comprados de entre los hombres por Primicias para Dios y para el Cordero. (Por el empleo de la palabra "Primicias," nos dice que la Nación entera de Israel viene a Cristo, es más ocurrirá en la Segunda Venida.)
5 Y en sus bocas no ha sido hallado engaño (ninguna hipocresía): porque ellos son sin mancha delante del Trono de Dios. (Corresponde a la "Justificación por la Fe," que la confianza en Cristo Solo puede efectuar.)
LOS ÁNGELES
6 Y vi otro Ángel volar por en medio del Cielo (es un Ángel diferente de aquel descrito en Apoc. 18:3), que tenía el Evangelio eterno para predicarlo a los que moran en la Tierra, y a toda nación, y tribu, y lengua, y pueblo (se refiere al mismo Evangelio de la Gracia predicado por Pablo y los Apóstoles [Heb. 13:20]; además, la sugerencia es que este Ángel será observado por los habitantes en la Tierra, quienes también oirán lo que él Predicará; es el primer caso que se registra la predicación de un Ángel; no cabe  duda que las cámaras de Televisión registrarán su aspecto y su Ministerio, destacándolo a él y su Mensaje en todo el mundo),
7 Diciendo en alta voz (denota la importancia y la urgencia; de hecho, es un Mandato a todas las naciones del mundo), Temed a Dios, y dadle Honra (es por contraste con el mensaje predicado por el falso profeta); porque la hora de Su Juicio es venida (toma en cuenta a los siete Ángeles con las siete copas de plagas que están por derramarlas en la Tierra): y adorad a Aquél que ha hecho el Cielo, y la Tierra, y el Mar, y las fuentes de las aguas. (Claramente el Anticristo está reclamando el poder de la creación. El Ángel contesta anunciando al mundo entero exactamente Quién es realmente el Creador.)
8 Y otro Ángel le siguió, diciendo (este Ángel sustituye al que había estado predicando el Evangelio Eterno, y hace otro anuncio), Ha caído, ha caído Babilonia, aquella grande ciudad (Babilonia, como se considera aquí, será reconstruida; ella caerá al final de la Gran Tribulación), porque ella ha dado a beber a todas las naciones del vino del furor de su fornicación. (Puesto que Babilonia fue el sitio de la primera rebelión organizada de la Tierra contra Dios [Gén. 11:1-9], también será el sitio de la última gran rebelión organizada. Tal como empezó, así también acabará.)
9 Y el tercer Ángel los siguió, diciendo en alta voz (lo último de este trío Celestial), Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y toma la señal en su frente, o en su mano (una   advertencia de proporción inaudita; es una declaración de que cada persona es responsable),
10 Éste también beberá del vino de la Ira de Dios, el cual está echado puro (no habrá Misericordia en este Juicio) en el cáliz de Su ira (cuando esté llena la copa, comenzará el Juicio de Dios; esta "copa" no sólo está llena, sino rebosando con la maldad); y será atormentado con fuego y azufre (todos aquellos que reciben la señal de la bestia y se refiere al Infierno Eterno) delante de los Santos Ángeles, y delante del Cordero (el Juicio del Gran Trono Blanco [20:11-15]):
11 Y el humo del tormento de ellos sube para siempre jamás (se refiere al hecho de que será para siempre una existencia consciente): y los que adoran a la bestia y a su imagen, no tienen reposo día ni noche (continuo tormento sin interrumpir), ni cualquiera que tomare la señal de su nombre. (Todos quienes toman la señal de la bestia en la Gran Tribulación venidera, en esencia, estarán blasfemando al Espíritu Santo, por lo cual no hay perdón [Marc. 3:29].)
12 Aquí está la paciencia de los Santos (un Mensaje a aquéllos en la Tierra que han venido a Cristo durante la Gran Tribulación; por el empleo de la palabra "paciencia," nos dicen que esta persecución ha de llegar pronto a su fin): aquí están los que guardan los Mandamientos de Dios, y la Fe de Jesús. (La única manera en que el Creyente puede guardar los Mandamientos de Dios es poner Su Fe en Cristo y la Cruz. El Espíritu Santo ayudará en gran manera a dicha persona.)
13 Y oí una Voz del Cielo que me decía, Escribe (según el resto de este Versículo, es el Espíritu Santo Quien le habla a Juan), Bienaventurados los muertos que de ahora en adelante mueren en el Señor (se refiere al período de la Gran Tribulación, donde muchos preferirán morir por su Testimonio que servir al Anticristo): Sí, dice el Espíritu, que descansarán de sus trabajos (es exactamente lo opuesto a los adoradores  de la bestia que no tienen ningún descanso); porque sus obras con ellos siguen. (La traducción debiera leerse, "Sus obras les siguen.")
ARMAGEDÓN
14 Y miré, y he aquí, una nube blanca, y sobre la nube Uno sentado semejante al Hijo del Hombre (presenta, como es obvio, al Señor Jesucristo; "blanca" denota la pureza; "nube" denota la gloria; el "Hijo del Hombre" tiene referencia a la Humanidad de Cristo, el cual siempre señala a la Cruz), que tenía en Su Cabeza una corona de oro (Corona del Vencedor), y en Su Mano una hoz aguda (representa la cosecha que se va a llevar a cabo en la Batalla de Armagedón, como lo describe el resto de este Capítulo).
15 Y otro Ángel salió del Templo, clamando en alta voz al que estaba sentado sobre la nube (el primer Ángel predicó el "Evangelio Eterno"; el segundo predijo la caída de Babilonia; el tercero proclama una advertencia acerca de aceptar la señal de la bestia; el cuarto anuncia la Batalla de Armagedón, aunque acontecerá dentro de unos tres años), Mete Tu hoz, y siega: porque la hora de segar te ha llegado; porque la mies de la Tierra está madura. (La Batalla de Armagedón que está por acontecer y representa el hecho de que la maldad del Anticristo habrá alcanzado un clímax.)
16 Y El Que estaba sentado sobre la nube echó Su hoz sobre la Tierra (Cristo orquestará este acontecimiento de gran importancia), y la Tierra fue segada (lo que ocurre en la Tierra, al menos en cuanto a los acontecimientos trascendentales, son orquestados primero en el Cielo).
17 Y salió otro Ángel del Templo que está en el Cielo (presenta al quinto Ángel de este Capítulo), teniendo también una hoz aguda (describe el hecho de que los Ángeles desempeñarán un papel importante en la Batalla venidera del Armagedón).
18 Y otro Ángel salió del Altar (es el Altar modelo del cual fue hecho el Altar de Bronce en la Tierra), el cual tenía poder sobre el fuego (se refiere al fuego en el Altar); y clamó con gran voz al que tenía la hoz aguda, diciendo, Mete tu hoz aguda, y vendimia los racimos de la Tierra; porque están maduras sus uvas. (Lo reiterativo de estas declaraciones proclama la importancia absoluta de lo que está a punto de acontecer y el resultado de ello afectará enormemente la Tierra.)
19 Y el Ángel echó su hoz aguda en la Tierra, y vendimió la viña de la Tierra (él recoge "la vid de la Tierra" en un lugar llamado en el lenguaje Hebreo, "Armagedón"), y echó la uva en el gran lagar de la ira de Dios (se refiere a las naciones convocadas que se reunirán en el Valle de Josafat).
20 Y el lagar fue hollado fuera de la ciudad (se refiere a la Batalla misma que presiona a Jerusalén, con fines de destruir completamente la ciudad y exterminar a los Judíos), y del lagar salió sangre hasta los frenos de los caballos por mil y seiscientos estadios (1.600 estadios es una distancia de unos 280 kilómetros [unas 175 millas]; sin duda alguna, la sangre se mezclará con el agua y en algunos sitios llegará hasta unos 1.8 metros [seis pies] de profundidad; es posible que se sacrificarán a millones en esta Batalla).




Primera Corintios Capítulo 13:
Si hablo en lenguas humanas y angelicales, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido. Si tengo el don de profecía y entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento, y si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no soy nada. Si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y si entrego mi cuerpo para que lo consuman las llamas, pero no tengo amor, nada gano con eso. El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor jamás se extingue, mientras que el don de profecía cesará, el de lenguas será silenciado y el de conocimiento desaparecerá. Porque conocemos y profetizamos de manera imperfecta; pero cuando llegue lo perfecto, lo imperfecto desaparecerá. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; cuando llegué a ser adulto, dejé atrás las cosas de niño. Ahora vemos de manera indirecta y velada, como en un espejo; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de manera imperfecta, pero entonces conoceré tal y como soy conocido. Ahora, pues, permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más excelente de ellas es el amor.


Hebreos 10:35-12:4
Así que no pierdan la confianza, porque ésta será grandemente recompensada. Ustedes necesitan perseverar para que, después de haber cumplido la voluntad de Dios, reciban lo que él ha prometido. Pues dentro de muy poco tiempo, "el que ha de venir vendrá, y no tardará. Pero mi justo vivirá por la fe. Y si se vuelve atrás, no será de mi agrado." Pero nosotros no somos de los que se vuelven atrás y acaban por perderse, sino de los que tienen fe y preservan su vida. Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve. Gracias a ella fueron aprobados los antiguos. Por la fe entendemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo visible no provino de lo que se ve. Por la fe Abel ofreció a Dios un sacrificio más aceptable que el de Caín, por lo cual recibió testimonio de ser justo, pues Dios aceptó su ofrenda. Y por la fe Abel, a pesar de estar muerto, habla todavía. Por la fe Enoc fue sacado de este mundo sin experimentar la muerte; no fue hallado porque Dios se lo llevó, pero antes de ser llevado recibió testimonio de haber agradado a Dios. En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan. Por la fe Noé, advertido sobre cosas que aún no se veían, con temor reverente construyó un arca para salvar a su familia. Por esa fe condenó al mundo y llegó a ser heredero de la justicia que viene por la fe. Por la fe Abraham, cuando fue llamado para ir a un lugar que más tarde recibiría como herencia, obedeció y salió sin saber a dónde iba. Por la fe se radicó como extranjero en la tierra prometida, y habitó en tiendas de campaña con Isaac y Jacob, herederos también de la misma promesa, porque esperaba la ciudad de cimientos sólidos, de la cual Dios es arquitecto y constructor. Por la fe Abraham, a pesar de su avanzada edad y de que Sara misma era estéril, recibió fuerza para tener hijos, porque consideró fiel al que le había hecho la promesa. Así que de este solo hombre, ya en decadencia, nacieron descendientes numerosos como las estrellas del cielo e incontables como la arena a la orilla del mar. Todos ellos vivieron por la fe, y murieron sin haber recibido las cosas prometidas; más bien, las reconocieron a lo lejos, y confesaron que eran extranjeros y peregrinos en la tierra. Al expresarse así, claramente dieron a entender que andaban en busca de una patria. Si hubieran estado pensando en aquella patria de donde habían emigrado, habrían tenido oportunidad de regresar a ella. Antes bien, anhelaban una patria mejor, es decir, la celestial. Por lo tanto, Dios no se avergonzó de ser llamado su Dios, y les preparó una ciudad. Por la fe Abraham, que había recibido las promesas, fue puesto a prueba y ofreció a Isaac, su hijo único, a pesar de que Dios le había dicho: "Tu descendencia se establecerá por medio de Isaac." Consideraba Abraham que Dios tiene poder hasta para resucitar a los muertos, y así, en sentido figurado, recobró a Isaac de entre los muertos. Por la fe Isaac bendijo a Jacob y a Esaú, previendo lo que les esperaba en el futuro. Por la fe Jacob, cuando estaba a punto de morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyándose en la punta de su bastón. Por la fe José, al fin de su vida, se refirió a la salida de los israelitas de Egipto y dio instrucciones acerca de sus restos mortales. Por la fe Moisés, recién nacido, fue escondido por sus padres durante tres meses, porque vieron que era un niño precioso, y no tuvieron miedo del edicto del rey. Por la fe Moisés, ya adulto, renunció a ser llamado hijo de la hija del faraón. Prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar de los efímeros placeres del pecado. Consideró que el oprobio por causa del Mesías era una mayor riqueza que los tesoros de Egipto, porque tenía la mirada puesta  en la recompensa. Por la fe salió de Egipto sin tenerle miedo a la ira del rey, pues se mantuvo firme como si estuviera viendo al Invisible. Por la fe celebró la Pascua y el rociamiento de la sangre, para que el exterminador de los primogénitos no tocara a los de Israel. Por la fe el pueblo cruzó el Mar Rojo como por tierra seca; pero cuando los egipcios intentaron cruzarlo, se ahogaron. Por la fe cayeron las murallas de Jericó, después de haber marchado el pueblo siete días a su alrededor. Por la fe la prostituta Rahab no murió junto con los desobedientes, pues había recibido en paz a los espías. ¿Qué más voy a decir? Me faltaría tiempo para hablar de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté,  David, Samuel y los profetas, los cuales por la fe conquistaron reinos, hicieron justicia y alcanzaron lo prometido; cerraron bocas de leones, apagaron la furia de las llamas y escaparon del filo de la espada; sacaron fuerzas de flaqueza; se mostraron valientes en la guerra y pusieron en fuga a ejércitos extranjeros. Hubo mujeres que por la resurrección recobraron a sus muertos. Otros, en cambio, fueron muertos a golpes, pues para alcanzar una mejor resurrección no aceptaron que los pusieran en libertad. Otros sufrieron la prueba de burlas y azotes, e incluso de cadenas y cárceles. Fueron apedreados, aserrados por la mitad, asesinados a filo de espada. Anduvieron fugitivos de aquí para allá, cubiertos de pieles de oveja y de cabra, pasando necesidades, afligidos y maltratados. ¡El mundo no merecía gente así! Anduvieron sin rumbo por desiertos y montañas, por cuevas y cavernas. Aunque todos obtuvieron un testimonio favorable mediante la fe, ninguno de ellos vio el cumplimiento de la promesa. Esto sucedió para que ellos no llegaran a la meta sin nosotros, pues Dios nos había preparado algo mejor. Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo. En la lucha que ustedes libran contra el pecado, todavía no han tenido que resistir hasta derramar su sangre.


Romanos 8:
Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte. En efecto, la ley no pudo liberarnos porque la naturaleza pecaminosa anuló su poder; por eso Dios envió a su propio Hijo en condición semejante a nuestra condición de pecadores, para que se ofreciera en sacrificio por el pecado. Así condenó Dios al pecado en la naturaleza humana, a fin de que las justas demandas de la ley se cumplieran en nosotros, que no vivimos según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu. Los que viven conforme a la naturaleza pecaminosa fijan la mente en los deseos de tal naturaleza; en cambio, los que viven conforme al Espíritu fijan la mente en los deseos del Espíritu. La mentalidad pecaminosa es muerte, mientras que la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz. La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo. Los que viven según la naturaleza pecaminosa no pueden agradar a Dios. Sin embargo, ustedes no viven según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios vive en ustedes. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo. Pero si Cristo está en ustedes, el cuerpo está muerto a causa del pecado, pero el Espíritu que está en ustedes es vida a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en ustedes. Por tanto, hermanos, tenemos una obligación, pero no es la de vivir conforme a la naturaleza pecaminosa. Porque si ustedes viven conforme a ella, morirán; pero si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: "¡Abba! ¡Padre!" El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos herederos;   herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria. De hecho, considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros. La creación aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de Dios, porque fue sometida a la frustración. Esto no sucedió por su propia voluntad, sino por la del que así lo dispuso. Pero queda la firme esperanza de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera dolores de parto. Y no sólo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esa esperanza fuimos salvados. Pero la esperanza que se ve, ya no es esperanza. ¿Quién espera lo que ya tiene? Pero si esperamos lo que todavía no tenemos, en la espera mostramos nuestra constancia. Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios. Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito. Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. A los que predestinó, también los llamó; a los que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó. ¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas? ¿Quién acusará a los que Dios ha escogido? Dios es el que justifica. ¿Quién condenará? Cristo Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros. ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia? Así está escrito: "Por tu causa nos vemos amenazados de muerte todo el día; nos tratan como a ovejas destinadas al matadero." Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.

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