30 September 2026

El 30 de setiembre Lectura Bíblica Diaria

Sonidos del aire libre

Mensaje de la Cruz de Cristo Jesús-Capítulo-1


El 30 de setiembre Lectura Bíblica Diaria:

John 8:
8 y Jesús se fue al monte de los Olivos. Y por la mañana volvió al templo, y todo el pueblo vino a él; y sentado él, les enseñaba. Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices? Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo. Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra. Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio. Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más. Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. Entonces los fariseos le dijeron: Tú das testimonio acerca de ti mismo; tu testimonio no es verdadero. Respondió Jesús y les dijo: Aunque yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque sé de dónde he venido y a dónde voy; pero vosotros no sabéis de dónde vengo, ni a dónde voy. Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie. Y si yo juzgo, mi juicio es verdadero; porque no soy yo solo, sino yo y el que me envió, el Padre. Y en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos hombres es verdadero. Yo soy el que doy testimonio de mí mismo, y el Padre que me envió da testimonio de mí. Ellos le dijeron: ¿Dónde está tu Padre? Respondió Jesús: Ni a mí me conocéis, ni a mi Padre; si a mí me conocieseis, también a mi Padre conoceríais. Estas palabras habló Jesús en el lugar de las ofrendas, enseñando en el templo; y nadie le prendió, porque aún no había llegado su hora. Otra vez les dijo Jesús: Yo me voy, y me buscaréis, pero en vuestro pecado moriréis; a donde yo voy, vosotros no podéis venir. Decían entonces los judíos: ¿Acaso se matará a sí mismo, que dice: A donde yo voy, vosotros no podéis venir? Y les dijo: Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis. Entonces le dijeron: ¿Tú quién eres? Entonces Jesús les dijo: Lo que desde el principio os he dicho. Muchas cosas tengo que decir y juzgar de vosotros; pero el que me envió es verdadero; y yo, lo que he oído de él, esto hablo al mundo. Pero no entendieron que les hablaba del Padre. Les dijo, pues, Jesús: Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces conoceréis que yo soy, y que nada hago por mí mismo, sino que según me enseñó el Padre, así hablo. Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada. Hablando él estas cosas, muchos creyeron en él. Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Le respondieron: Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis libres? Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado. Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre. Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres. Sé que sois descendientes de Abraham; pero procuráis matarme, porque mi palabra no halla cabida en vosotros. Yo hablo lo que he visto cerca del Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído cerca de vuestro padre. Respondieron y le dijeron: Nuestro padre es Abraham. Jesús les dijo: Si fueseis hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais. Pero ahora procuráis matarme a mí, hombre que os he hablado la verdad, la cual he oído de Dios; no hizo esto Abraham. Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. Entonces le dijeron: Nosotros no somos nacidos de fornicación; un padre tenemos, que es Dios. Jesús entonces les dijo: Si vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaríais; porque yo de Dios he salido, y he venido; pues no he venido de mí mismo, sino que él me envió. ¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra. Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira. Y a mí, porque digo la verdad, no me creéis. ¿Quién de vosotros me redarguye de pecado? Pues si digo la verdad, ¿por qué vosotros no me creéis? El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios. Respondieron entonces los judíos, y le dijeron: ¿No decimos bien nosotros, que tú eres samaritano, y que tienes demonio? Respondió Jesús: Yo no tengo demonio, antes honro a mi Padre; y vosotros me deshonráis. Pero yo no busco mi gloria; hay quien la busca, y juzga. De cierto, de cierto os digo, que el que guarda mi palabra, nunca verá muerte. Entonces los judíos le dijeron: Ahora conocemos que tienes demonio. Abraham murió, y los profetas; y tú dices: El que guarda mi palabra, nunca sufrirá muerte. ¿Eres tú acaso mayor que nuestro padre Abraham, el cual murió? ¡Y los profetas murieron! ¿Quién te haces a ti mismo? Respondió Jesús: Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria nada es; mi Padre es el que me glorifica, el que vosotros decís que es vuestro Dios. Pero vosotros no le conocéis; mas yo le conozco, y si dijere que no le conozco, sería mentiroso como vosotros; pero le conozco, y guardo su palabra. Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó. Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham? Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy. Tomaron entonces piedras para arrojárselas; pero Jesús se escondió y salió del templo; y atravesando por en medio de ellos, se fue.

Salmo 43: 
¡Hazme justicia, oh Dios! Defiende mi causa frente a esta nación impía; líbrame de gente mentirosa y perversa. Tú eres mi Dios y mi fortaleza: ¿Por qué me has rechazado? ¿Por qué debo andar de luto y oprimido por el enemigo? Envía tu luz y tu verdad; que ellas me guíen a tu monte santo, que me lleven al lugar donde tú habitas. Llegaré entonces al altar de Dios, del Dios de mi alegría y mi deleite, y allí, oh Dios, mi Dios, te alabaré al son del arpa. ¿Por qué voy a inquietarme? ¿Por qué me voy a angustiar? En Dios pondré mi esperanza, y todavía lo alabaré. ¡Él es mi Salvador y mi Dios!


Proverbios 6: 
Hijo mío, si has salido fiador de tu vecino, si has hecho tratos para responder por otro, si verbalmente te has comprometido, enredándote con tus propias palabras, entonces has caído en manos de tu prójimo. Si quieres librarte, hijo mío, éste es el camino: Ve corriendo y humíllate ante él; procura deshacer tu compromiso. No permitas que se duerman tus ojos; no dejes que tus párpados se cierren. Líbrate, como se libra del cazador la gacela, como se libra de la trampa el ave. ¡Anda, perezoso, fíjate en la hormiga! ¡Fíjate en lo que hace, y adquiere sabiduría! No tiene quien la mande, ni quien la vigile ni gobierne; con todo, en el verano almacena provisiones y durante la cosecha recoge alimentos. Perezoso, ¿cuánto tiempo más seguirás acostado? ¿Cuándo despertarás de tu sueño? Un corto sueño, una breve siesta, un pequeño descanso, cruzado de brazos... ¡y te asaltará la pobreza como un bandido, y la escasez como un hombre armado! El bribón y sinvergüenza, el vagabundo de boca corrupta, hace guiños con los ojos, y señas con los pies y con los dedos. El malvado trama el mal en su mente, y siempre anda provocando disensiones. Por eso le sobrevendrá la ruina; ¡de repente será destruido, y no podrá evitarlo! Hay seis cosas que el Señor aborrece, y siete que le son detestables: los ojos que se enaltecen, la lengua que miente, las manos que derraman sangre inocente, el corazón que hace planes perversos, los pies que corren a hacer lo malo, el falso testigo que esparce mentiras, y el que siembra discordia entre hermanos. Hijo mío, obedece el mandamiento de tu padre y no abandones la enseñanza de tu madre. Grábatelos en el corazón; cuélgatelos al cuello. Cuando camines, te servirán de guía; cuando duermas, vigilarán tu sueño; cuando despiertes, hablarán contigo. El mandamiento es una lámpara, la enseñanza es una luz y la disciplina es el camino a la vida. Te protegerán de la mujer malvada, de la mujer ajena y de su lengua seductora. No abrigues en tu corazón deseos por su belleza, ni te dejes cautivar por sus ojos, pues la ramera va tras un pedazo de pan, pero la adúltera va tras el hombre que vale. ¿Puede alguien echarse brasas en el pecho sin quemarse la ropa? ¿Puede alguien caminar sobre las brasas sin quemarse los pies? Pues tampoco quien se acuesta con la mujer ajena puede tocarla y quedar impune. No se desprecia al ladrón que roba para mitigar su hambre; pero si lo atrapan, deberá devolver siete tantos lo robado, aun cuando eso le cueste todas sus posesiones. Pero al que comete adulterio le faltan sesos; el que así actúa se destruye a sí mismo. No sacará más que golpes y vergüenzas, y no podrá borrar su oprobio. Porque los celos desatan la furia del esposo, y éste no perdonará en el día de la venganza. No aceptará nada en desagravio, ni se contentará con muchos regalos.



El Libro de HEBREOS Capítulo 13 del Nuevo Testamento del Expositor por Jimmy Swaggart:


LA EPÍSTOLA DEL APÓSTOL PABLO A LOS
HEBREOS

CAPÍTULO 13
(64 d.C.)
INSTRUCCIÓN



PERMANEZCA el amor fraternal. (Este tipo del amor se refiere a nuestras acciones sociales, en otras palabras, hacia nuestros Hermanos y Hermanas en el Señor.)
2 No olvidéis la hospitalidad (ser hospitalarios): porque por ésta algunos, sin saberlo, hospedaron Ángeles (definitivamente resultaría en una tendencia de proporcionar un incentivo positivo).
3 Acordaos de los presos (se refiere a los Cristianos quienes incluso ya comenzaban a encarcelarlos por su Fe), como presos juntamente con ellos (conviértase en uno de ellos, no olvidando de orar por ellos); y de los afligidos, como que también vosotros mismos sois del Cuerpo. (Se refiere al Cuerpo de Cristo, en que si uno sufre, en cierto modo, todos sufren.)
4 Honroso es en todo el matrimonio, y el lecho sin mancilla (el sexo legal entre el marido y la esposa no profana): mas a los fornicarios y a los adúlteros juzgará Dios. (Toda conducta sexual fuera del matrimonio es absolutamente profanada.)
5 Sean las costumbres (estilo de vida) vuestras sin avaricia (en cierto modo, la codicia es idolatría [Col. 3:5]); y contentos de lo presente (dependientes en Cristo): porque Él dijo, No te desampararé, ni te dejaré. (El Griego realmente dice, "Él Mismo ha dicho," significa que el Señor Jesús Mismo ha hecho Personalmente esta Promesa [Jos. 1:5; I Crón. 28:20].)
6 De tal manera que digamos confiadamente, El Señor es mi ayudador (no hay autoridad ni poder más alto [Sal. 118:6]), no temeré lo que me pueda hacer el hombre. (El hombre no me puede hacer más de lo que el Señor le permita.)
MINISTROS
7 Acordaos de vuestros pastores (debiera traducirse, "Acuérdense de ellos porque son sus líderes"), que os hablaron la Palabra de Dios (se refiere a la predicación y la enseñanza): la Fe de los cuales imitad (con tal que su Fe siempre haga la Cruz su Objeto), considerando cuál haya sido el éxito de su conducta (estilo de vida; la Fe apropiada siempre producirá un estilo de vida apropiado).
JESUCRISTO
8 Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos. (Él nunca cambiará, y esto cubre la extensión entera del tiempo.)
9 No seáis llevados de acá para allá por doctrinas diversas y extrañas. (Se refiere a cualquiera cosa que cambie el Objeto de la Fe de la Cruz a otra cosa.) Porque buena cosa es afirmar el corazón en la Gracia (en efecto, quiere decir que esta es la única manera en que el corazón pueda afirmarse correctamente); no en viandas (tiene el propósito de referirse a todo tipo de ceremonias religiosas), que nunca aprovecharon a los que anduvieron en ellas. (Explica que todo lo que no sea la Fe simple en Cristo y Su Obra Terminada no tiene ningún valor.)
ALTARES
10 Tenemos un Altar (Pablo lo usa en este sentido para describir todo lo que Cristo ha hecho en la Cruz en favor a la humanidad perdida), del cual no tienen facultad de comer los que sirven al Tabernáculo. (Sin rodeos y claramente dice que no puede servir a Cristo y al Orden Levítico al mismo tiempo. ¡Incluso, no puede obrar al mismo tiempo en la Ley y en la Gracia!)
11 Porque los cuerpos de aquellos animales (se refiere a los Sacrificios de animales de varias clases), la sangre de los cuales es llevada en el Santuario por el Sumo Sacerdote por el pecado (este hombre en particular que llevaba la sangre de estos animales Sacrificados al Lugar Santísimo durante el Gran Día de la Expiación, y la untaba en el Propiciatorio y en los Cuernos del Altar de Incienso), son quemados fuera del campamento. (La res muerta era quemada afuera del campamento, así simbolizaba la Ira de Dios contra el pecado.)
12 Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo por Su Propia Sangre (indica el precio que fue pagado para que el hombre pudiera ser "Santificado," es decir, "puesto en libertad del pecado"), padeció fuera de la puerta. (El Sacrificio Expiatorio fue quemado "afuera de la puerta." Jesús, Quien en todos los otros casos cumplió la Ley de Expiación, la cumplió en este caso también [Mat. 27:32; Jn. 19:20].)
13 Salgamos pues a Él fuera del campamento (presenta a Cristo como el único que lleva la Salvación), llevando su vituperio (se refiere a compartir en el rechazo que Él había sufrido).
14 Porque no tenemos aquí ciudad permanente (demuestra a la Jerusalén terrenal como habiendo terminado su curso, al menos en aquel tiempo particular y con referencia a la Ley), mas buscamos la por venir. (Las esperanzas de la humanidad no están vinculadas con el Santuario terrenal perdurable, sino más bien buscamos la Jerusalén Celestial.)
15 Así que, ofrezcamos por medio de Él a Dios siempre Sacrificio de Alabanza (debemos entender que podemos alabar a Dios y Él puede aceptar nuestras alabanzas debido a la Cruz, de ahí "alabar" está ligado a "Sacrificar"; también, la palabra "siempre" indica el hecho de que nunca cambiará, significa que la Cruz permanecerá siempre como el fundamento de todas las cosas que corresponden a Dios), es a saber, fruto de labios que confiesen a Su Nombre. (Su Nombre es "Jesús," lo que significa "Salvador," y se refiere a Su Ofrenda Misma de Sacrificio en la Cruz.)
16 Y de hacer bien y de la comunicación no os olvidéis (Pablo dice aquí que nuestras obligaciones al Señor no son agotadas con la Alabanza; las buenas acciones también deben ser incluidas): porque de tales Sacrificios se agrada Dios. (Tal acción y actitud simbolizan la Cruz.)
17 Obedeced a vuestros pastores (tiene referencia a los Pastores; sin embargo, la importancia no está en el Pastor, sino más bien en el Evangelio que él Predica), y sujetaos a ellos (se refiere a someterse al Evangelio Verdadero que es Predicado por los Verdaderos Pastores): porque ellos velan por vuestras almas (se refiere a los Predicadores que realmente tengan el bienestar espiritual de la gente en el corazón), como aquéllos que han de dar cuenta, para que lo hagan con alegría, y no con tristeza (cada Predicador dará cuenta a Dios por Su Ministerio): porque esto no os es útil. (Si la gente no prestara atención al Verdadero Evangelio Predicado, el Evangelio no será de provecho alguno a estos individuos, quienesquiera que sean, no importa qué provechoso es para los demás. El Verdadero Predicador se lamenta con "tristeza" por tales individuos.)
LA ORACIÓN
18 Orad por nosotros (una petición común de parte de Pablo [Rom. 15:30; Ef. 6:18; Col. 4:3; I Tes. 5:25; II Tes. 3:1]): porque confiamos que tenemos buena conciencia (con respecto a todo; sin embargo, personalmente pienso que el Apóstol se refiere a la manera en que él ha tratado la Ley de Moisés en cuanto a esta Epístola a los Hebreos), deseando conversar bien en todo. (Se refiere a su vivir diario para el Señor.)
19 Y mas os ruego que lo hagáis así (se refiere al pasado a Su petición para que oraran para él), para que yo os sea devuelta lo más pronto posible. (Apoya la idea de que Pablo podía haber estado en la prisión cuando esta Epístola a los Hebreos fue escrita.)
BENDICIÓN FINAL
20 Y el Dios de Paz (explica que Dios y el hombre caído hicieron las paces, y fue así por lo que Jesús hizo en la Cruz en favor del hombre) que sacó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo (la única mención de la Resurrección de Cristo en esta Epístola a los Hebreos), el Gran Pastor de las ovejas (presenta Al Único Quien murió por nosotros, y a Quien Dios levantó de entre los muertos), por la Sangre del Testamento Eterno (señala hacia la Cruz y declara el hecho de que este Convenio, que es perfecto, es Eterno),
21 Os haga aptos en toda obra buena para que hagáis Su Voluntad (se refiere al propósito por el cual el Espíritu Santo ha sido enviado a desempeñar, y Quien lo hará a través de Cristo), haciendo en vosotros lo que es agradable delante de Él, por Jesucristo (los hombres pueden hacer lo que es aceptable a Dios sólo por medio de Jesucristo); Al Cual sea Gloria por los siglos de los siglos. Amén. (Es debido a lo que Él hizo en la Cruz.)
22 Empero os ruego, Hermanos, que soportéis la palabra de exhortación (se refiere a los argumentos y consejos de esta Epístola entera): porque os he escrito en breve. (Al considerar el contenido, la Epístola es corta.)
23 Sabed que nuestro Hermano Timoteo ya ha salido de la cárcel (presenta otra prueba sólida de que Pablo escribió esta Epístola); con el cual, si viniere pronto, os iré a ver. (Esta frase no nos da ninguna pista en absoluto si es que realmente ocurrió.)
24 Saludad (acoged) a todos vuestros pastores (lo más probable es que se refiera a sus Pastores y otros Santos en una Iglesia o Iglesias en particular), y a todos los Santos. Los de Italia os saludan. (Demuestra que esta Epístola fue escrita desde Italia, y lo más probable en Roma. Además, la manera de esta Bendición es del estilo de Pablo. Incluso, quien fuera que escribió la Epístola a los Hebreos tuvo que saber dos cosas extensamente, y me refiero a la Ley de Moisés y la Cruz de Cristo. Sólo Pablo responde a esta descripción.)
25 La Gracia sea con todos vosotros. Amén.

Primera Corintios Capítulo 13:
Si hablo en lenguas humanas y angelicales, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido. Si tengo el don de profecía y entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento, y si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no soy nada. Si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y si entrego mi cuerpo para que lo consuman las llamas, pero no tengo amor, nada gano con eso. El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor jamás se extingue, mientras que el don de profecía cesará, el de lenguas será silenciado y el de conocimiento desaparecerá. Porque conocemos y profetizamos de manera imperfecta; pero cuando llegue lo perfecto, lo imperfecto desaparecerá. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; cuando llegué a ser adulto, dejé atrás las cosas de niño. Ahora vemos de manera indirecta y velada, como en un espejo; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de manera imperfecta, pero entonces conoceré tal y como soy conocido. Ahora, pues, permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más excelente de ellas es el amor.


Hebreos 10:35-12:4Así que no pierdan la confianza, porque ésta será grandemente recompensada. Ustedes necesitan perseverar para que, después de haber cumplido la voluntad de Dios, reciban lo que él ha prometido. Pues dentro de muy poco tiempo, "el que ha de venir vendrá, y no tardará. Pero mi justo vivirá por la fe. Y si se vuelve atrás, no será de mi agrado." Pero nosotros no somos de los que se vuelven atrás y acaban por perderse, sino de los que tienen fe y preservan su vida. Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve. Gracias a ella fueron aprobados los antiguos. Por la fe entendemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo visible no provino de lo que se ve. Por la fe Abel ofreció a Dios un sacrificio más aceptable que el de Caín, por lo cual recibió testimonio de ser justo, pues Dios aceptó su ofrenda. Y por la fe Abel, a pesar de estar muerto, habla todavía. Por la fe Enoc fue sacado de este mundo sin experimentar la muerte; no fue hallado porque Dios se lo llevó, pero antes de ser llevado recibió testimonio de haber agradado a Dios. En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan. Por la fe Noé, advertido sobre cosas que aún no se veían, con temor reverente construyó un arca para salvar a su familia. Por esa fe condenó al mundo y llegó a ser heredero de la justicia que viene por la fe. Por la fe Abraham, cuando fue llamado para ir a un lugar que más tarde recibiría como herencia, obedeció y salió sin saber a dónde iba. Por la fe se radicó como extranjero en la tierra prometida, y habitó en tiendas de campaña con Isaac y Jacob, herederos también de la misma promesa, porque esperaba la ciudad de cimientos sólidos, de la cual Dios es arquitecto y constructor. Por la fe Abraham, a pesar de su avanzada edad y de que Sara misma era estéril, recibió fuerza para tener hijos, porque consideró fiel al que le había hecho la promesa. Así que de este solo hombre, ya en decadencia, nacieron descendientes numerosos como las estrellas del cielo e incontables como la arena a la orilla del mar. Todos ellos vivieron por la fe, y murieron sin haber recibido las cosas prometidas; más bien, las reconocieron a lo lejos, y confesaron que eran extranjeros y peregrinos en la tierra. Al expresarse así, claramente dieron a entender que andaban en busca de una patria. Si hubieran estado pensando en aquella patria de donde habían emigrado, habrían tenido oportunidad de regresar a ella. Antes bien, anhelaban una patria mejor, es decir, la celestial. Por lo tanto, Dios no se avergonzó de ser llamado su Dios, y les preparó una ciudad. Por la fe Abraham, que había recibido las promesas, fue puesto a prueba y ofreció a Isaac, su hijo único, a pesar de que Dios le había dicho: "Tu descendencia se establecerá por medio de Isaac." Consideraba Abraham que Dios tiene poder hasta para resucitar a los muertos, y así, en sentido figurado, recobró a Isaac de entre los muertos. Por la fe Isaac bendijo a Jacob y a Esaú, previendo lo que les esperaba en el futuro. Por la fe Jacob, cuando estaba a punto de morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyándose en la punta de su bastón. Por la fe José, al fin de su vida, se refirió a la salida de los israelitas de Egipto y dio instrucciones acerca de sus restos mortales. Por la fe Moisés, recién nacido, fue escondido por sus padres durante tres meses, porque vieron que era un niño precioso, y no tuvieron miedo del edicto del rey. Por la fe Moisés, ya adulto, renunció a ser llamado hijo de la hija del faraón. Prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar de los efímeros placeres del pecado. Consideró que el oprobio por causa del Mesías era una mayor riqueza que los tesoros de Egipto, porque tenía la mirada puesta en la recompensa. Por la fe salió de Egipto sin tenerle miedo a la ira del rey, pues se mantuvo firme como si estuviera viendo al Invisible. Por la fe celebró la Pascua y el rociamiento de la sangre, para que el exterminador de los primogénitos no tocara a los de Israel. Por la fe el pueblo cruzó el Mar Rojo como por tierra seca; pero cuando los egipcios intentaron cruzarlo, se ahogaron. Por la fe cayeron las murallas de Jericó, después de haber marchado el pueblo siete días a su alrededor. Por la fe la prostituta Rahab no murió junto con los desobedientes, pues había recibido en paz a los espías. ¿Qué más voy a decir? Me faltaría tiempo para hablar de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas, los cuales por la fe conquistaron reinos, hicieron justicia y alcanzaron lo prometido; cerraron bocas de leones, apagaron la furia de las llamas y escaparon del filo de la espada; sacaron fuerzas de flaqueza; se mostraron valientes en la guerra y pusieron en fuga a ejércitos extranjeros. Hubo mujeres que por la resurrección recobraron a sus muertos. Otros, en cambio, fueron muertos a golpes, pues para alcanzar una mejor resurrección no aceptaron que los pusieran en libertad. Otros sufrieron la prueba de burlas y azotes, e  incluso de cadenas y cárceles. Fueron apedreados, aserrados por la mitad, asesinados a filo de espada. Anduvieron fugitivos de aquí para allá, cubiertos de pieles de oveja y de cabra, pasando necesidades, afligidos y maltratados. ¡El mundo no merecía gente así! Anduvieron sin rumbo por desiertos y montañas, por cuevas y cavernas. Aunque todos obtuvieron un testimonio favorable mediante la fe, ninguno de ellos vio el cumplimiento de la promesa. Esto sucedió para que ellos no llegaran a la meta sin nosotros, pues Dios nos había preparado algo mejor. Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo. En la lucha que ustedes libran contra el pecado, todavía no han tenido que resistir hasta derramar su sangre.


Romanos 8:Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte. En efecto, la ley no pudo liberarnos porque la naturaleza pecaminosa anuló su poder; por eso Dios envió a su propio Hijo en condición semejante a nuestra condición de pecadores, para que se ofreciera en sacrificio por el pecado. Así condenó Dios al pecado en la naturaleza humana, a fin de que las justas demandas de la ley se cumplieran en nosotros, que no vivimos según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu. Los que viven conforme a la naturaleza pecaminosa fijan la mente en los deseos de tal naturaleza; en cambio, los que viven conforme al Espíritu fijan la mente en los deseos del Espíritu. La mentalidad pecaminosa es muerte, mientras que la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz. La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo. Los que viven según la naturaleza pecaminosa no pueden agradar a Dios. Sin embargo, ustedes no viven según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios vive en ustedes. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo. Pero si Cristo está en ustedes, el cuerpo está muerto a causa del pecado, pero el Espíritu que está en ustedes es vida a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en ustedes. Por tanto, hermanos, tenemos una obligación, pero no es la de vivir conforme a la naturaleza pecaminosa. Porque si ustedes viven conforme a ella, morirán; pero si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: "¡Abba! ¡Padre!" El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria. De hecho, considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros. La creación aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de Dios, porque fue sometida a la frustración. Esto no sucedió por su propia voluntad, sino por la del que así lo dispuso. Pero queda la firme esperanza de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera dolores de parto. Y no sólo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esa esperanza fuimos salvados. Pero la esperanza que se ve, ya no es esperanza. ¿Quién espera lo que ya tiene? Pero si esperamos lo que todavía no tenemos, en la espera mostramos nuestra constancia. Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios. Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito. Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. A los que predestinó, también los llamó; a los que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó. ¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas? ¿Quién acusará a los que Dios ha escogido? Dios es el que justifica. ¿Quién condenará? Cristo Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros. ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia? Así está escrito: "Por tu causa nos vemos amenazados de muerte todo el día; nos tratan como a ovejas destinadas al matadero." Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.

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29 September 2026

El 29 de setiembre Lectura Bíblica Diaria

Sonidos del aire libre

Mensaje de la Cruz de Cristo Jesús-Capítulo-1


El 29 de setiembre Lectura Bíblica Diaria:


John 7:
7 Después de estas cosas, andaba Jesús en Galilea; pues no quería andar en Judea, porque los judíos procuraban matarle. Estaba cerca la fiesta de los judíos, la de los tabernáculos; y le dijeron sus hermanos: Sal de aquí, y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces. Porque ninguno que procura darse a conocer hace algo en secreto. Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo. Porque ni aun sus hermanos creían en él. Entonces Jesús les dijo: Mi tiempo aún no ha llegado, mas vuestro tiempo siempre está presto. No puede el mundo aborreceros a vosotros; mas a mí me aborrece, porque yo testifico de él, que sus obras son malas. Subid vosotros a la fiesta; yo no subo todavía a esa fiesta, porque mi tiempo aún no se ha cumplido. Y habiéndoles dicho esto, se quedó en Galilea. Pero después que sus hermanos habían subido, entonces él también subió a la fiesta, no abiertamente, sino como en secreto. Y le buscaban los judíos en la fiesta, y decían: ¿Dónde está aquél? Y había gran murmullo acerca de él entre la multitud, pues unos decían: Es bueno; pero otros decían: No, sino que engaña al pueblo. Pero ninguno hablaba abiertamente de él, por miedo a los judíos. Mas a la mitad de la fiesta subió Jesús al templo, y enseñaba. Y se maravillaban los judíos, diciendo: ¿Cómo sabe éste letras, sin haber estudiado? Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió. El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta. El que habla por su propia cuenta, su propia gloria busca; pero el que busca la gloria del que le envió, éste es verdadero, y no hay en él injusticia. ¿No os dio Moisés la ley, y ninguno de vosotros cumple la ley? ¿Por qué procuráis matarme? Respondió la multitud y dijo: Demonio tienes; ¿quién procura matarte? Jesús respondió y les dijo: Una obra hice, y todos os maravilláis. Por cierto, Moisés os dio la circuncisión (no porque sea de Moisés, sino de los padres); y en el día de reposo circuncidáis al hombre. Si recibe el hombre la circuncisión en el día de reposo, para que la ley de Moisés no sea quebrantada, ¿os enojáis conmigo porque en el día de reposo sané completamente a un hombre? No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio. Decían entonces unos de Jerusalén: ¿No es éste a quien buscan para matarle? Pues mirad, habla públicamente, y no le dicen nada. ¿Habrán reconocido en verdad los gobernantes que éste es el Cristo? Pero éste, sabemos de dónde es; mas cuando venga el Cristo, nadie sabrá de dónde sea. Jesús entonces, enseñando en el templo, alzó la voz y dijo: A mí me conocéis, y sabéis de dónde soy; y no he venido de mí mismo, pero el que me envió es verdadero, a quien vosotros no conocéis. Pero yo le conozco, porque de él procedo, y él me envió. Entonces procuraban prenderle; pero ninguno le echó mano, porque aún no había llegado su hora. Y muchos de la multitud creyeron en él, y decían: El Cristo, cuando venga, ¿hará más señales que las que éste hace? Los fariseos oyeron a la gente que murmuraba de él estas cosas; y los principales sacerdotes y los fariseos enviaron alguaciles para que le prendiesen. Entonces Jesús dijo: Todavía un poco de tiempo estaré con vosotros, e iré al que me envió. Me buscaréis, y no me hallaréis; y a donde yo estaré, vosotros no podréis venir. Entonces los judíos dijeron entre sí: ¿Adónde se irá éste, que no le hallemos? ¿Se irá a los dispersos entre los griegos, y enseñará a los griegos? ¿Qué significa esto que dijo: Me buscaréis, y no me hallaréis; y a donde yo estaré, vosotros no podréis venir? En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado. Entonces algunos de la multitud, oyendo estas palabras, decían: Verdaderamente éste es el profeta. Otros decían: Este es el Cristo. Pero algunos decían: ¿De Galilea ha de venir el Cristo? ¿No dice la Escritura que del linaje de David, y de la aldea de Belén, de donde era David, ha de venir el Cristo? Hubo entonces disensión entre la gente a causa de él. Y algunos de ellos querían prenderle; pero ninguno le echó mano. Los alguaciles vinieron a los principales sacerdotes y a los fariseos; y éstos les dijeron: ¿Por qué no le habéis traído? Los alguaciles respondieron: ¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre! Entonces los fariseos les respondieron: ¿También vosotros habéis sido engañados? ¿Acaso ha creído en él alguno de los gobernantes, o de los fariseos? Mas esta gente que no sabe la ley, maldita es. Les dijo Nicodemo, el que vino a él de noche, el cual era uno de ellos: ¿Juzga acaso nuestra ley a un hombre si primero no le oye, y sabe lo que ha hecho? Respondieron y le dijeron: ¿Eres tú también galileo? Escudriña y ve que de Galilea nunca se ha levantado profeta. Cada uno se fue a su casa;

Salmo 42:
Cual ciervo jadeante en busca del agua, así te busca, oh Dios, todo mi ser. Tengo sed de Dios, del Dios de la vida. ¿Cuándo podré presentarme ante Dios? Mis lágrimas son mi pan de día y de noche, mientras me echan en cara a todas horas: "¿Dónde está tu Dios?" Recuerdo esto y me deshago en llanto: yo solía ir con la multitud, y la conducía a la casa de Dios. Entre voces de alegría y acciones de gracias hacíamos gran celebración. ¿Por qué voy a inquietarme? ¿Por qué me voy a angustiar? y todavía lo alabaré. ¡Él es mi Salvador y mi Dios! Me siento sumamente angustiado; por eso, mi Dios, pienso en ti desde la tierra del Jordán, desde las alturas del Hermón, desde el monte Mizar. Un abismo llama a otro abismo en el rugir de tus cascadas; todas tus ondas y tus olas se han precipitado sobre mí. Ésta es la oración al Dios de mi vida: que de día el Señor mande su amor, y de noche su canto me acompañe. Y le digo a Dios, a mi Roca: "¿Por qué me has olvidado? ¿Por qué debo andar de luto y oprimido por el enemigo?" Mortal agonía me penetra hasta los huesos ante la burla de mis adversarios, mientras me echan en cara a todas horas: "¿Dónde está tu Dios?" ¿Por qué voy a inquietarme? ¿Por qué me voy a angustiar? En Dios pondré mi esperanza, y todavía lo alabaré. ¡Él es mi Salvador y mi Dios!


Proverbios 5:
Hijo mío, pon atención a mi sabiduría y presta oído a mi buen juicio, para que al hablar mantengas la discreción y retengas el conocimiento. De los labios de la adúltera  fluye miel; su lengua es más suave que el aceite. Pero al fin resulta más amarga que la hiel y más cortante que una espada de dos filos. Sus pies descienden hasta la muerte; sus pasos van derecho al sepulcro. No toma ella en cuenta el camino de la vida; sus sendas son torcidas, y ella no lo reconoce. Pues bien, hijo mío, préstame atención y no te apartes de mis palabras. Aléjate de la adúltera; no te acerques a la puerta de su casa, para que no entregues a otros tu vigor, ni tus años a gente cruel; para que no sacies con tu fuerza a gente extraña, ni vayan a dar en casa ajena tus esfuerzos. Porque al final acabarás por llorar, cuando todo tu ser se haya consumido. Y dirás: "¡Cómo pude aborrecer la corrección! ¡Cómo pudo mi corazón despreciar la disciplina! No atendí a la voz de mis maestros, ni presté oído a mis instructores. Ahora estoy al borde de la ruina, en medio de toda la comunidad." Bebe el agua de tu propio pozo, el agua que fluye de tu propio manantial. ¿Habrán de derramarse tus fuentes por las calles y tus corrientes de aguas por las plazas públicas? Son tuyas, solamente tuyas, y no para que las compartas con extraños. ¡Bendita sea tu fuente! ¡Goza con la esposa de tu juventud! Es una gacela amorosa, es una cervatilla encantadora. ¡Que sus pechos te satisfagan siempre! ¡Que su amor te cautive todo el tiempo! ¿Por qué, hijo mío, dejarte cautivar por una adúltera? ¿Por qué abrazarte al pecho de la mujer ajena? Nuestros caminos están a la vista del Señor; él examina todas nuestras sendas. Al malvado lo atrapan sus malas obras; las cuerdas de su pecado lo aprisionan. Morirá por su falta de disciplina; perecerá por su gran insensatez.


El Libro de HEBREOS Capítulo 12 del Nuevo Testamento del Expositor por Jimmy Swaggart:


LA EPÍSTOLA DEL APÓSTOL PABLO A LOS
HEBREOS

CAPÍTULO 12
(64 d.C.)
JESÚS

POR tanto nosotros también, teniendo en derredor nuestro una tan grande nube de testigos (los Santos del Antiguo Testamento quienes esperaban con ansias la Promesa venidera, Quien es el Señor Jesucristo y lo que Él haría en la Cruz para Redimir la humanidad), dejando todo el peso, y el pecado que nos rodea (lo podemos hacer sólo cuando entendemos que todo tiene que pasar por la Cruz, y la Cruz debe ser siempre el Objeto de nuestra Fe, lo cual entonces le da libertad de acción al Espíritu Santo para obrar dentro de nuestras vidas), corramos con paciencia la carrera que tenemos propuesta (el único "peso" que Dios nos permitirá en el curso de esta carrera es tomar y cargar la Cruz, y hacerlo fielmente [Luc. 9:23-24]),
2 Puestos los ojos en el Autor y Consumador de la Fe, en Jesús (Jesús nos ayudará hasta el final, ya que eso es lo que la palabra "Consumador" significa, con tal que mantengamos nuestra mirada en Él y lo que Él hizo en la Cruz; Él es la Fuente, en tanto la Cruz es el medio); El Cual por el gozo que Le esperaba, sufrió la Cruz, menospreciando la vergüenza (pero la Cruz era indispensable, si el hombre tenía que ser redimido), y se sentó a la Diestra del Trono de Dios. (Él "se sentó," se refiere a Su Obra en la Cruz que es "una Obra Terminada," y el hecho de que Él se sentó en el "Trono de Dios" significa que Dios ha aceptado totalmente Su Sacrificio.)
3 Enfocad pues a vuestro pensamiento a Aquél Que sufrió tal contradicción de pecadores contra Sí Mismo (significa considerar a modo de comparación; se refiere principalmente a los líderes religiosos de Israel que se opusieron amargamente a Él), para que no os fatiguéis en vuestros ánimos desmayando. (¡"Considérelo a Él" en vez de a sí mismo, y habrá victoria!)
4 Que aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado. (El Señor no les pide a los Creyentes que vaya a la Cruz y derramen su sangre para resistir el pecado. Jesús ya lo hizo por nosotros.)
CASTIGO
5 Y estáis ya olvidados de la exhortación que como a hijos habla con vosotros (el propósito del Apóstol en la introducción es mostrar que las aflicciones son concebidas por Dios para producir efectos positivos en las vidas de Su Pueblo), diciendo, Hijo Mío, no menosprecies el castigo del Señor, ni desmayes cuando eres de Él reprendido (todo lo que le sucede al Creyente es causado o permitido por el Señor; por consiguiente, debiéramos aprender lo que la lección desea impartir):
6 Porque el Señor al que ama castiga (Dios disciplina a aquéllos que Él ama, no a aquéllos por los cuales Él es indiferente), y azota a cualquiera que recibe por hijo. (Se refiere a todos quienes sinceramente Le pertenecen.)
7 Si sufrís el castigo, Dios se os presenta como a hijos (el castigo del Señor garantiza el  hecho de que es un Hijo de Dios); porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no castiga? (Si un padre terrenal realmente tiene amor por su hijo, él tomará la medida necesaria para que el niño sea controlado. Si un padre terrenal hará esto, ¿cuánto más hará lo mismo nuestro Padre Celestial?)
8 Mas si estáis fuera del castigo, del cual todos (todos los Verdaderos Creyentes) han sido hechos participantes, luego sois bastardos, y no hijos. (Muchos afirman ser Creyentes aunque siguen en el pecado, pero el Señor nunca los castiga. Esto demuestra que son hijos ilegítimos, quiere decir que quieren la fe basándose en algo además de la Cruz. El verdadero hijo, sin duda, será castigado de vez en cuando.)
9 Por otra parte, a pesar del castigo que nos imponen nuestros padres de la carne, los reverenciábamos (padres terrenales): ¿por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? (El "Padre de los espíritus" hace contraste con "los padres de la carne." Concierne a nuestros padres terrenales. La relación de nuestros padres con nosotros es limitada. La Suya es universal y eterna.)
10 Y aquéllos, a la verdad, por pocos días nos castigaban como a ellos les parecía (el empleo de la palabra "parecía" indica que el castigo puede o no puede haber sido apropiado, con respecto a nuestros padres terrenales); mas Éste para lo que nos es provechoso (explica la diferencia entre la desventaja del error humano y el conocimiento perfecto de nuestro Padre Celestial; Él busca nuestro provecho, y no puede equivocarse en el empleo del medio), para que recibamos Su Santificación. (Indica el propósito del castigo y la corrección de Dios.)
11 Es verdad que ningún castigo al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza (explica el hecho de que a veces las dificultades a las cuales estamos expuestos no nos dan gozo en ese momento, y a menudo es difícil de soportar): mas después da fruto apacible de Justicia a los que en Él son ejercitados. (El Espíritu Santo lleva todo esto a cabo para un propósito específico [Jn. 15:1-9].)
DESOBEDIENCIA
12 Por lo cual alzad las manos caídas (no esté desalentado) y las rodillas paralizadas (las rodillas, que se refieren a nuestro andar y dirección, son débiles debido al desaliento);
13 Y haced derechos pasos a vuestros pies (se refiere al "camino recto," lo que el castigo creado por el Señor desea causar), para que lo que es cojo no salga fuera del camino (ser cojo espiritualmente, lo cual se refiere a nuestra Fe que está puesta en otra cosa que no es la Cruz); antes sea sanado (lo que obrará cuando la Fe del Creyente esté nuevamente afianzada en la Cruz).
14 Seguid la paz con todos, y la Santidad (se debe esforzar para vivir pacíficamente con todos los hombres, pero no a costa de la Santidad, es decir, "comprometer la Palabra"), sin la cual nadie verá al Señor (la Ley no puede causar la Santidad; sólo la Gracia puede causarla, lo cual fue hecho posible por la Cruz):
15 Mirando bien que ninguno se aparte de la Gracia de Dios (frustramos la Gracia de Dios, y podemos caer de la Gracia, si obramos fuera de los límites de la Cruz [Gál. 2:21; 5:4]); que ninguna raíz de amargura brotando os impida (tratar de vivir para Dios fuera de Su orden prescrito, lo cual es la Cruz, solamente conducirá al fracaso, por eso, proporciona tierra fértil para "raíces de amargura"), y por ella muchos sean contaminados (se refiere a las obras de la carne [Gál. 5:19-21]);
16 Que ninguno sea fornicario, o profano, como Esaú (él era "impío" porque rechazó el Camino de Dios, es decir, la Cruz, y los resultados son inevitables), que por una vianda  vendió su primogenitura. (Él estaba dentro de la Familia de Dios, pero no era parte de la Familia de Dios, lo que caracteriza a millones de personas en la actualidad.)
17 Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la Bendición, fue reprobado (indica a Esaú, así como a millones de personas que desean la Bendición sin desear Al Que Bendice): que no halló lugar de arrepentimiento, aunque la procuró (la Bendición) con lágrimas. (Él quiso la Bendición, pero no quiso arrepentirse de poner su fe en algo ajeno de Cristo.)
18 Porque no os habéis llegado al Monte que se podía tocar (en efecto, le dice a estos Cristianos Judíos, "ustedes debieran considerar con cuidado la Ley que están proponiendo para volver a adoptarla"), y al fuego abrasador, y al turbión, y a la oscuridad, y a la tempestad (la idea es que podemos estar orientado hacia Dios con respeto a Su Ley según los símbolos dados, o podemos estar orientado a Él por medio de la Sangre de Su Hijo y nuestro Salvador, el Señor Jesucristo),
19 Y al sonido de la trompeta, y a la voz de las palabras (aquello que acompañaba la entrega de la Ley en el Monte Sinaí [Éx. 20:19]); la cual los que la oyeron rogaron que no se les hablase más (relaciona el hecho de que la Voz de Dios sonaba con tal poder que la gente no podía aguantarlo [Éx. 20:19; Deut. 5:22-27]):
20 (Porque no podían tolerar lo que se mandaba (temieron que iban a morir), Si bestia tocare al monte, será apedreada, o pasada con dardo (todo esto representa la Santidad de Dios):
21 Y tan terrible cosa era lo que se veía, que Moisés dijo, Estoy asombrado y temblando:) (Demuestra en la voz más fuerte posible de que la Ley no puede ofrecer bendición duradera al hombre caído.)
22 Mas os habéis llegado al Monte de Sión, y a la ciudad del Dios Vivo, Jerusalén la Celestial (jamás ha alcanzado alguien esta ciudad por la Ley, sino sólo por la Gracia), y a la compañía de muchos millares de Ángeles (se refiere a números incontables),
23 Y a la Congregación de los Primogénitos, cuyos nombres están inscritos en los Cielos (corresponde a todo Creyente Nacido de Nuevo a partir del tiempo de Abel hasta la Segunda Venida; ¡el precio era la Cruz!), y a Dios el Juez de todos (Dios ha juzgado a todos quienes están en "la Congregación de los Primogénitos" como perfectamente justificado a Su vista), y a los espíritus de los justos hechos perfectos (Justificación por Fe),
24 Y a Jesús el Mediador del Nuevo Testamento (lo cual fue posible por la Cruz), y a la sangre del rociamiento (Cristo es el Mediador del Nuevo Convenio, por el derramamiento de Su Sangre; fue tipificado por la Sangre del Antiguo Convenio del cual Moisés rociaba a todo el pueblo [Éx. 24:4-8; Heb. 9:19]) que habla mejor que la de Abel. (Se refiere al Sacrificio animal de Abel como está registrado en Génesis, Capítulo 4.)
25 Mirad que no desechéis Al Que habla. (Se refiere a Cristo implícitamente y lo que Él hizo en la Cruz.) Porque si aquéllos no escaparon que desecharon Al Que hablaba en la Tierra (se refiere a Dios que dio la Ley en el Monte Sinaí), mucho menos nosotros, si desecháremos Al Que habla de los Cielos (si rechazamos a Cristo y la Cruz, ¡el Juicio es seguro!):
26 La Voz Del Cual entonces conmovió la Tierra (la Voz de Dios en el Monte Sinaí tenía el propósito de impresionarle a Israel la solemnidad del momento): mas ahora ha denunciado, diciendo, Aún la próxima vez Yo conmoveré no solamente la Tierra, mas aun el Cielo. (Esta frase se refiere al Primer Advenimiento de Cristo, Cuya Muerte en la Cruz sacudió el Cielo y la Tierra. Su Muerte, porque ésta expió todo el pecado, quebrantó el reclamo de Satanás por la humanidad.)
27 Y esta Palabra (se refiere a la "Palabra de la Cruz" [I Cor. 1:18]), Aún la próxima vez, declara la mudanza de las cosas movibles, como de cosas creadas (se refiere al Hecho de Dios transfiriendo este Universo que está bajo la maldición del pecado de Adán a una nueva base; esa nueva base que es un Universo nuevo y perfecto, que vendrá al final), para que quedan las que son firmes. (Se refiere a todo lo que Jesús pagó en la Cruz. Sólo la Fe en Cristo y en la Cruz nunca será sacudida. ¡Siempre permanecerán!)
28 Así que, tomando el Reino inmóvil (se refiere a nuestra entrada en este Reino, todo posible por la Cruz), vamos a Dios agradándole con temor y reverencia (se puede servir a Dios solamente por medio de la Gracia, cuya Fuente es Cristo y cuyo medio es la Cruz):
29 Porque nuestro Dios es fuego consumidor. (El fuego de Dios consumirá todo lo que no tiene que ver con la Fe en Cristo y la Cruz [I Cor. 3:10-17].)

Primera Corintios Capítulo 13:
Si hablo en lenguas humanas y angelicales, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido. Si tengo el don de profecía y entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento, y si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no soy nada. Si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y si entrego mi cuerpo para que lo consuman las llamas, pero no tengo amor, nada gano con eso. El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor jamás se extingue, mientras que el don de profecía cesará, el de lenguas será silenciado y el de conocimiento desaparecerá. Porque conocemos y profetizamos de manera imperfecta; pero cuando llegue lo perfecto, lo imperfecto desaparecerá. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; cuando llegué a ser adulto, dejé atrás las cosas de niño. Ahora vemos de manera indirecta y velada, como en un espejo; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de manera imperfecta, pero entonces conoceré tal y como soy conocido. Ahora, pues, permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más excelente de ellas es el amor.


Hebreos 10:35-12:4
Así que no pierdan la confianza, porque ésta será grandemente recompensada. Ustedes necesitan perseverar para que, después de haber cumplido la voluntad de Dios, reciban lo que él ha prometido. Pues dentro de muy poco tiempo, "el que ha de venir vendrá, y no tardará. Pero mi justo vivirá por la fe. Y si se vuelve atrás, no será de mi agrado." Pero nosotros no somos de los que se vuelven atrás y acaban por perderse, sino de los que tienen fe y preservan su vida. Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve. Gracias a ella fueron aprobados los antiguos. Por la fe entendemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo visible no provino de lo que se ve. Por la fe Abel ofreció a Dios un sacrificio más aceptable que el de Caín, por lo cual recibió testimonio de ser justo, pues Dios aceptó su ofrenda. Y por la fe Abel, a pesar de estar muerto, habla todavía. Por la fe Enoc fue sacado de este mundo sin experimentar la muerte; no fue hallado porque Dios se lo llevó, pero antes de ser llevado recibió testimonio de haber agradado a Dios. En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan. Por la fe Noé, advertido sobre cosas que aún no se veían, con temor reverente construyó un arca para salvar a su familia. Por esa fe condenó al mundo y llegó a ser heredero de la justicia que viene por la fe. Por la fe Abraham, cuando fue llamado para ir a un lugar que más tarde recibiría como herencia, obedeció y salió sin saber a dónde iba. Por la fe se radicó como extranjero en la tierra prometida, y habitó en tiendas de campaña con Isaac y Jacob, herederos también de la misma promesa, porque esperaba la ciudad de cimientos sólidos, de la cual Dios es arquitecto y constructor. Por la fe Abraham, a pesar de su avanzada edad y de que Sara misma era estéril, recibió fuerza para tener hijos, porque consideró fiel al que le había hecho la promesa. Así que de este solo hombre, ya en decadencia, nacieron descendientes numerosos como las estrellas del cielo e incontables como la arena a la orilla del mar. Todos ellos vivieron por la fe, y murieron sin haber recibido las cosas prometidas; más bien, las reconocieron a lo lejos, y confesaron que eran extranjeros y peregrinos en la tierra. Al expresarse así, claramente dieron a entender que andaban en busca de una patria. Si hubieran estado pensando en aquella patria de donde habían emigrado, habrían tenido oportunidad de regresar a ella. Antes bien, anhelaban una patria mejor, es decir, la celestial. Por lo tanto, Dios no se avergonzó de ser llamado su Dios, y les preparó una ciudad. Por la fe Abraham, que había recibido las promesas, fue puesto a prueba y ofreció a Isaac, su hijo único, a pesar de que Dios le había dicho: "Tu descendencia se establecerá por medio de Isaac." Consideraba Abraham que Dios tiene poder hasta para resucitar a los muertos, y así, en sentido figurado, recobró a Isaac de entre los muertos. Por la fe Isaac bendijo a Jacob y a Esaú, previendo lo que les esperaba en el futuro. Por la fe Jacob, cuando estaba a punto de morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyándose en la punta de su bastón. Por la fe José, al fin de su vida, se refirió a la salida de los israelitas de Egipto y dio instrucciones acerca de sus restos mortales. Por la fe Moisés, recién nacido, fue escondido por sus padres durante tres meses, porque vieron que era un niño precioso, y no tuvieron miedo del edicto del rey. Por la fe Moisés, ya adulto, renunció a ser llamado hijo de la hija del faraón. Prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar de los efímeros placeres del pecado. Consideró que el oprobio por causa del Mesías era una mayor riqueza que los tesoros de Egipto, porque tenía la mirada puesta en la recompensa. Por la fe salió de Egipto sin tenerle miedo a la ira del rey, pues se mantuvo firme como si estuviera viendo al Invisible. Por la fe celebró la Pascua y el rociamiento de la sangre, para que el exterminador de los primogénitos no tocara a los de Israel. Por la fe el pueblo cruzó el Mar Rojo como por tierra seca; pero cuando los egipcios intentaron cruzarlo, se ahogaron. Por la fe cayeron las murallas de Jericó, después de haber marchado el pueblo siete días a su alrededor. Por la fe la prostituta Rahab no murió junto con los desobedientes, pues había recibido en paz a los espías. ¿Qué más voy a decir? Me faltaría tiempo para hablar de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté,  David, Samuel y los profetas, los cuales por la fe conquistaron reinos, hicieron justicia y alcanzaron lo prometido; cerraron bocas de leones, apagaron la furia de las llamas y escaparon del filo de la espada; sacaron fuerzas de flaqueza; se mostraron valientes en la guerra y pusieron en fuga a ejércitos extranjeros. Hubo mujeres que por la resurrección recobraron a sus muertos. Otros, en cambio, fueron muertos a golpes, pues para alcanzar una mejor resurrección no aceptaron que los pusieran en libertad. Otros sufrieron la prueba de burlas y azotes, e incluso de cadenas y cárceles. Fueron apedreados, aserrados por la mitad, asesinados a filo de espada. Anduvieron fugitivos de aquí para allá, cubiertos de pieles de oveja y de cabra, pasando necesidades, afligidos y maltratados. ¡El mundo no merecía gente así! Anduvieron sin rumbo por desiertos y montañas, por cuevas y cavernas. Aunque todos obtuvieron un testimonio favorable mediante la fe, ninguno de ellos vio el cumplimiento de la promesa. Esto sucedió para que ellos no llegaran a la meta sin nosotros, pues Dios nos había preparado algo mejor. Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo. En la lucha que ustedes libran contra el pecado, todavía no han tenido que resistir hasta derramar su sangre.


Romanos 8:
Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte. En efecto, la ley no pudo liberarnos porque la naturaleza pecaminosa anuló su poder; por eso Dios envió a su propio Hijo en condición semejante a nuestra condición de pecadores, para que se ofreciera en sacrificio por el pecado. Así condenó Dios al pecado en la naturaleza humana, a fin de que las justas demandas de la ley se cumplieran en nosotros, que no vivimos según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu. Los que viven conforme a la naturaleza pecaminosa fijan la mente en los deseos de tal naturaleza; en cambio, los que viven conforme al Espíritu fijan la mente en los deseos del Espíritu. La mentalidad pecaminosa es muerte, mientras que la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz. La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo. Los que viven según la naturaleza pecaminosa no pueden agradar a Dios. Sin embargo, ustedes no viven según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios vive en ustedes. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo. Pero si Cristo está en ustedes, el cuerpo está muerto a causa del pecado, pero el Espíritu que está en ustedes es vida a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en ustedes. Por tanto, hermanos, tenemos una obligación, pero no es la de vivir conforme a la naturaleza pecaminosa. Porque si ustedes viven conforme a ella, morirán; pero si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: "¡Abba! ¡Padre!" El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos herederos;  herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria. De hecho, considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros. La creación aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de Dios, porque fue sometida a la frustración. Esto no sucedió por su propia voluntad, sino por la del que así lo dispuso. Pero queda la firme esperanza de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera dolores de parto. Y no sólo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esa esperanza fuimos salvados. Pero la esperanza que se ve, ya no es esperanza. ¿Quién espera lo que ya tiene? Pero si esperamos lo que todavía no tenemos, en la espera mostramos nuestra constancia. Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios. Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito. Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. A los que predestinó, también los llamó; a los que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó. ¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas? ¿Quién acusará a los que Dios ha escogido? Dios es el que justifica. ¿Quién condenará? Cristo Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros. ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia? Así está escrito: "Por tu causa nos vemos amenazados de muerte todo el día; nos tratan como a ovejas destinadas al matadero." Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.

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28 September 2026

El 28 de setiembre Lectura Bíblica Diaria

Sonidos del aire libre

Mensaje de la Cruz de Cristo Jesús-Capítulo-1


El 28 de setiembre Lectura Bíblica Diaria:


John 6:
6 Después de esto, Jesús fue al otro lado del mar de Galilea, el de Tiberias. Y le seguía gran multitud, porque veían las señales que hacía en los enfermos. Entonces subió Jesús a un monte, y se sentó allí con sus discípulos. Y estaba cerca la pascua, la fiesta de los judíos. Cuando alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a él gran multitud, dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos? Pero esto decía para probarle; porque él sabía lo que había de hacer. Felipe le respondió: Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomase un poco. Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo: Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos? Entonces Jesús dijo: Haced recostar la gente. Y había mucha hierba en aquel lugar; y se recostaron como en número de cinco mil varones. Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados; asimismo de los peces, cuanto querían. Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos: Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada. Recogieron, pues, y llenaron doce cestas de pedazos, que de los cinco panes de cebada sobraron a los que habían comido. Aquellos hombres entonces, viendo la señal que Jesús había hecho, dijeron: Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo. Pero entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él y hacerle rey, volvió a retirarse al monte él solo. Al anochecer, descendieron sus discípulos al mar, y entrando en una barca, iban cruzando el mar hacia Capernaum. Estaba ya oscuro, y Jesús no había venido a ellos. Y se levantaba el mar con un gran viento que soplaba. Cuando habían remado como veinticinco o treinta estadios, vieron a Jesús que andaba sobre el mar y se acercaba a la barca; y tuvieron miedo. Mas él les dijo: Yo soy; no temáis. Ellos entonces con gusto le recibieron en la barca, la cual llegó en seguida a la tierra adonde iban. El día siguiente, la gente que estaba al otro lado del mar vio que no había habido allí más que una sola barca, y que Jesús no había entrado en ella con sus discípulos, sino que éstos se habían ido solos. Pero otras barcas habían arribado de Tiberias junto al lugar donde habían comido el pan después de haber dado gracias el Señor. Cuando vio, pues, la gente que Jesús no estaba allí, ni sus discípulos, entraron en las barcas y fueron a Capernaum, buscando a Jesús. Y hallándole al otro lado del mar, le dijeron: Rabí, ¿cuándo llegaste acá? Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis. Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre. Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado. Le dijeron entonces: ¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obra haces? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer. Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo. Le dijeron: Señor, danos siempre este pan. Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. Mas os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis. Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera. Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Murmuraban entonces de él los judíos, porque había dicho: Yo soy el pan que descendió del cielo. Y decían: ¿No es éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo, pues, dice éste: Del cielo he descendido? Jesús respondió y les dijo: No murmuréis entre vosotros. Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí. No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios; éste ha visto al Padre. De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron. Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera. Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo. Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí. Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente. Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Capernaum. Al oírlas, muchos de sus discípulos dijeron: Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír? Sabiendo Jesús en sí mismo que sus discípulos murmuraban de esto, les dijo: ¿Esto os ofende? ¿Pues qué, si viereis al Hijo del Hombre subir adonde estaba primero? El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida. Pero hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar. Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre. Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él. Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros? Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Jesús les respondió: ¿No os he escogido yo a vosotros los doce, y uno de vosotros es diablo? Hablaba de Judas Iscariote, hijo de Simón; porque éste era el que le iba a entregar, y era uno de los doce. "trebuchet ms"; font-size: 16px; font-weight: bold;">

Salmo 41:
Dichoso el que piensa en el débil; el Señor lo librará en el día de la desgracia. El Señor lo protegerá y lo mantendrá con vida; lo hará dichoso en la tierra y no lo entregará al capricho de sus adversarios. El Señor lo confortará cuando esté enfermo; lo alentará en el lecho del dolor. Yo he dicho: "Señor, compadécete de mí; sáname, pues contra ti he pecado." Con saña dicen de mí mis enemigos: "¿Cuándo se morirá? ¿Cuándo pasará al olvido?" Si vienen a verme, no son sinceros; recogen calumnias y salen a contarlas. Mis enemigos se juntan y cuchichean contra mí; me hacen responsable de mi mal. Dicen: "Lo que le ha sobrevenido es cosa del demonio; de esa cama no volverá a levantarse." Hasta mi mejor amigo, en quien yo confiaba y que compartía el pan conmigo, me ha puesto la zancadilla. Pero tú, Señor, compadécete de mí; haz que vuelva a levantarme para darles su merecido. En esto sabré que te he agradado: en que mi enemigo no triunfe sobre mí. Por mi integridad habrás de sostenerme, y en tu presencia me mantendrás para siempre. Bendito sea el Señor, el Dios de Israel, por los siglos de los siglos. Amén y amén.


Proverbios 4:
Escuchen, hijos, la corrección de un padre; dispónganse a adquirir inteligencia. Yo les brindo buenas enseñanzas, así que no abandonen mi instrucción. Cuando yo era pequeño y vivía con mi padre, cuando era el niño consentido de mi madre, mi padre me instruyó de esta manera: "Aférrate de corazón a mis palabras; obedece mis mandamientos, y vivirás. Adquiere sabiduría, adquiere inteligencia; no olvides mis palabras ni te apartes de ellas. No abandones nunca a la sabiduría, y ella te protegerá;  ámala, y ella te cuidará. La sabiduría es lo primero. ¡Adquiere sabiduría! Por sobre todas las cosas, adquiere discernimiento. Estima a la sabiduría, y ella te exaltará; abrázala, y ella te honrará; te pondrá en la cabeza una hermosa diadema; te obsequiará una bella corona." Escucha, hijo mío; acoge mis palabras, y los años de tu vida aumentarán. Yo te guío por el camino de la sabiduría, te dirijo por sendas de rectitud. Cuando camines, no encontrarás obstáculos; cuando corras, no tropezarás. Aférrate a la instrucción, no la dejes escapar; cuídala bien, que ella es tu vida. No sigas la senda de los perversos ni vayas por el camino de los malvados. ¡Evita ese camino! ¡No pases por él! ¡Aléjate de allí, y sigue de largo! Los malvados no duermen si no hacen lo malo; pierden el sueño si no hacen que alguien caiga. Su pan es la maldad; su vino, la violencia. La senda de los justos se asemeja a los primeros albores de la aurora: su esplendor va en aumento hasta que el día alcanza su plenitud. Pero el camino de los malvados es como la más densa oscuridad; ¡ni siquiera saben con qué tropiezan! Hijo mío, atiende a mis consejos; escucha atentamente lo que digo. No pierdas de vista mis palabras; guárdalas muy dentro de tu corazón. Ellas dan vida a quienes las hallan; son la salud del cuerpo. Por sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque de él mana la vida. Aleja de tu boca la perversidad; aparta de tus labios las palabras corruptas. Pon la mirada en lo que tienes delante; fija la vista en lo que está frente a ti. Endereza las sendas por donde andas; allana todos tus caminos. No te desvíes ni a diestra ni a siniestra; apártate de la maldad.


El Libro de HEBREOS Capítulo 11 del Nuevo Testamento del Expositor por Jimmy Swaggart:


LA EPÍSTOLA DEL APÓSTOL PABLO A LOS
HEBREOS
CAPÍTULO 11
(64 d.C.)
LA DEFINICIÓN DE LA FE



ES pues la Fe la sustancia (la escritura de propiedad) de las cosas que se esperan (una declaración de la acción de Fe), la demostración de las cosas que no se ven. (La Fe no está basada en los sentidos, lo cual causan incertidumbre, sino más bien en la Palabra de Dios.)
2 Porque por ella (por la Fe, y como veremos, esta es la Fe en la Cruz) alcanzaron testimonio los Antiguos (la aprobación del Señor).
3 Por la Fe entendemos haber sido constituidos los mundos por la Palabra de Dios (se refiere a la Creación, junto con todo lo relacionado con la Creación), siendo hecho lo que se ve, de lo que no se veía. (Dios comenzó de la nada, por ello, con sólo pronunciar palabras empieza a existir lo indispensable para la creación del Universo.)
LOS PATRIARCAS
4 Por Fe Abel ofreció a Dios mayor Sacrificio que Caín (inmediatamente declara el hecho de que el Objeto de nuestra Fe debe ser "Jesucristo y Él Crucificado" [I Cor. 2:2]), por la cual alcanzó testimonio de que era Justo (expresa el hecho de que la Justicia viene exclusivamente de Cristo, y es obtenida por la Cruz que es el Objeto de nuestra Fe), dando Dios testimonio a sus ofrendas (se refiere al hecho de que el Sacrificio del Cordero que representó a Cristo fue aceptado por Dios; en los albores de las épocas era "la Cruz," y es todavía "la Cruz"): y difunto, aún habla por ella (habla de aquella sola que Dios aceptará).
5 Por Fe Enoc fue trasladado para no ver muerte (Dios transfirió a Enoc al Cielo en su cuerpo físico mientras aún estaba vivo); y no fue hallado, porque lo trasladó Dios (se refiere a su traslado que era un hecho muy conocido en aquella época): y antes que fuese trasladado, tuvo testimonio de haber agradado a Dios. (Él agradó a Dios porque puso su Fe exclusivamente en Cristo y la Cruz.)
6 Empero sin Fe (en Cristo y la Cruz; en cualquier momento cuando se menciona la Fe, siempre y sin excepción, la raíz de su significado es que su Objeto es Cristo y la Cruz; de lo contrario, es la fe que Dios no aceptará) es imposible agradar a Dios (la fe en algo además de Cristo y la Cruz disgusta mucho al Señor): porque es necesario que el que a Dios se allega, crea que Le hay (pone la Fe como el fundamento y el principio de la manera por la cual Dios trata con la raza humana), y que Él (Dios) es galardonador de los que Le buscan (búsquelo sobre la premisa de Cristo y Él Crucificado).
7 Por Fe Noé, habiendo recibido respuesta de cosas que aún no se veía (el Señor dijo a Noé que Él iba a enviar un diluvio a la Tierra), con temor (tener reverencia), preparó el arca en que su casa se salvase (él hizo exactamente lo que Dios le dijo que hiciera); por la cual Fe condenó al mundo (la Justicia de Cristo siempre está en desacuerdo con la auto-justicia), y fue hecho heredero de la Justicia que es por la Fe (Fe en Cristo y la Cruz).
ABRAHAM
8 Por Fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir por herencia (su posteridad recibiría la herencia); y salió sin saber adónde iba. (Aunque él sabía adónde ir [Canaán], no sabía nada acerca del lugar.)
9 Por Fe habitó en la Tierra Prometida (el Griego dice "la Tierra de la Promesa," al hablar de cierta Promesa) como en tierra ajena (vivió en esta tierra no como dueño, sino como residente extranjero), morando en Tiendas de campaña con Isaac y Jacob, coherederos de la misma Promesa (lo que Dios le prometió a Abraham, Él se lo prometió también a aquéllos que lo seguirían, incluso a nosotros en la actualidad):
10 Porque esperaba una ciudad con fundamentos (Abraham sabía que todo esto conduciría a un lugar Celestial), el Arquitecto y Constructor de la cual es Dios. (En efecto, se refiere a Cristo como el gran Arquitecto, Diseñador y Fabricador de todas las creaciones materiales [Jn. 1:3; Ef. 3:9] y además de todas las creaciones morales [Col. 1:15-18].)
11 Por Fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir simiente (se refiere a Isaac), y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad (ella dio luz a este hijo que tuvo que ver con el Redentor venidero, el Señor Jesucristo, Quien moriría en la Cruz a fin de Redimir a la humanidad perdida), porque creyó ser Fiel El Que (Dios) lo había prometido. (Aunque no siempre somos fieles, Dios siempre es Fiel.)
12 Por lo cual también de uno, y éste ya casi muerto (se refiere a la desesperación de la situación de Abraham, lo cual produjo la multitud; ¡Dios hizo exactamente lo que Él dijo que haría!), salieron como las estrellas del Cielo en multitud, y como la arena innumerable que está a la orilla del mar. (La Fe Verdadera es inconmensurable y, por ello, produce resultados inconmensurables.)
13 Conforme a la Fe murieron todos éstos (creer que Cristo vendría y pagaría el precio a fin de que la humanidad pudiera ser redimida) sin haber recibido las Promesas (Cristo no vino cuando ellos estaban vivos), sino mirándolas de lejos (seguían creyendo, a pesar de que las Promesas estaban "lejanas"), y creyéndolas (intercambiaron lo que podían ver por lo que no podían ver), y saludándolas (reclamaban esas Promesas como propias, aunque estaban "lejanas"), y confesando que eran peregrinos y extranjeros sobre la Tierra. (Es lo mismo con los Creyentes modernos.)
14 Porque los que esto dicen claramente dan a entender que buscan una patria. (Se refiere a lo que no está aquí, y no tiene ninguna referencia a lo que está aquí.)
15 Que si se acordaran de aquella de donde salieron (nunca se volvieron atrás), cierto tenían tiempo para volverse. (Nunca se les ocurrió volver a la antigua vida. Habían recibido una visión de Jesús y las cosas del mundo habían perdido su brillo.)
16 Empero (desde la visión) deseaban la mejor, es a saber, la Celestial (todo esto es alcanzable sólo por medio de lo que Jesús hizo en la Cruz, y nuestra Fe en aquella Obra Terminada): por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos (porque se han encomendado a Dios por su Fe): porque les había preparado una ciudad (no que Él lo hará, sino que Él ya lo ha hecho).
17 Por Fe ofreció Abraham a Isaac cuando fue probado (aunque Dios detuvo el acontecimiento, en la mente de Abraham ya fue hecho): y ofrecía al unigénito el que había recibido las Promesas (el Señor ya le había dicho a Abraham que Él enviaría al Redentor a este mundo a fin de redimir la humanidad, entonces Él le muestra al Patriarca "cómo" iba a ocurrir; era por muerte, es decir, un "Sacrificio"),
18 Habiéndole sido dicho, En Isaac te será llamada simiente (se refiere al hecho de que la posteridad de Abraham iba a ser nombrada por Isaac, no Ismael [Gén. 21:12]):
19 Pensando que aun de los muertos, es Dios poderoso para levantar (el Señor le había dicho a Abraham que ofreciera a Isaac como Sacrificio; el Patriarca procedió a obedecer, y Dios lo detuvo en el último momento; pero en su mente, él ya había ofrecido a Isaac, pensando que Dios lo resucitaría de la muerte, porque era a través de Isaac que el Redentor vendría); de donde también le volvió a recibir por figura. (El Griego en efecto dice, "y en el sentido figurado, él realmente recibió a Isaac devuelto de la muerte.")
20 Por Fe bendijo Isaac a Jacob y a Esaú respecto a cosas que habían de ser. (Isaac bendijo a sus dos hijos porque su Fe miró más allá de la muerte.)
21 Por Fe Jacob, muriéndose, bendijo a cada uno de los hijos de José (corresponde a Manasés y Efraín, engendrados por José en Egipto); y adoró (y por muchos motivos, pero principalmente debido al Redentor Quien iba a venir a través de su posteridad) apoyando sobre la punta de su bordón. (Se esculpieron en este bordón todos los grandes acontecimientos de los años pasados, que, en efecto, era "la Palabra de Dios." De este modo, él se apoyaba en "la Palabra de Dios.")
22 Por Fe José, muriéndose, se acordó de la partida de los hijos de Israel (él sabía lo que Dios tenía en reserva para Israel); y dio Mandamiento acerca de sus huesos. (Él estaba en Egipto cuando murió, pero su corazón estaba en Canaán. Cuando los Hijos de Israel fueran liberados de Egipto en el futuro, que así fue, ellos se llevarían los huesos de José a la Tierra Prometida. Su Fe sabía que así sería.)
23 Por Fe Moisés, nacido, fue escondido de sus padres por tres meses, porque le vieron hermoso niño (el Griego dice, "él era hermoso con respecto a Dios"); y no temieron el mandamiento del rey. (Faraón había mandado a matar a todos los hijos varones de los Israelitas al nacer. ¡A ellos les pareció que Dios protegería a sus hijos, y Él cumplió!)
MOISÉS
24 Por Fe Moisés, hecho ya grande (cuando alcanzó la edad de 40 años [Éx. 2:11]), rehusó ser llamado hijo de la hija de Faraón (en efecto, rechazó la posición del Faraón de Egipto, a la cual lo habían capacitado porque era adoptado de la hija del Faraón);
25 Escogiendo antes ser afligido con el pueblo de Dios (indica la alternativa que Moisés escogió; Él intercambió lo temporal por lo Eterno), que gozar de los placeres pasajeros del pecado (hubo que elegir, la aflicción o los placeres del pecado);
26 Teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los Egipcios (él calculó que el oprobio iba a producir mayor ganancia que el trono de Egipto): porque puso su mirada a lo lejos en la recompensa. (Por costumbre, Moisés "apartaba la mirada" de los tesoros en Egipto, y fijaba intencionadamente su mirada en la Recompensa Divina.)
27 Por Fe dejó a Egipto (lo que, en sentido espiritual, todo Creyente debe hacer), no temiendo la ira del rey (Faraón trató de matarlo en aquel momento [Éx. 2:15]): porque se sostuvo, como viendo al Invisible. (Se refiere a Cristo, Quien Moisés vio por Fe.)
28 Por Fe celebró la Pascua (quiere decir que él "instituyó la Pascua" según la Palabra del Señor) y el derramamiento de la Sangre (se refiere a la Sangre del Cordero Pascual en los dinteles y postes de las puertas de las casas [Éx. 12:22]), para que El Que mataba a los primogénitos no los tocase. (La casa de todo Israelita estaba a salva esa noche porque se había untado la sangre a los postes de la puerta, un Tipo de la Sangre de Cristo untado a nuestros corazones, lo cual detiene el Juicio de Dios.)
RAHAB
29 Por Fe ellos (los Hijos de Israel) pasaron el Mar Rojo como por tierra seca (el cuerpo de agua que se convierte en un templo para Israel, pero fue una tumba para Egipto; la Fe que salpicó la sangre y la incredulidad que rechazó su refugio determinó este gran golfo entre ellos): lo cual probando los Egipcios, fueron sumergidos. (Dios, Quien abrió el Mar Rojo a los Israelitas, lo cerró para ahogar a los Egipcios, por ello destruyendo por completo su ejército.)
30 Por Fe cayeron los muros de Jericó después de rodearlos siete días (expresa obediencia).
31 Por Fe Rahab la ramera no pereció juntamente con los incrédulos (aunque Jericó fue totalmente destruido, Rahab fue salvada debido a su Fe en el Dios de Israel), habiendo recibido a los espías con paz. (Ella indagó quiénes eran ellos, y en vez de entregarlos al Rey de Jericó, procuró conocer al Dios de Israel.)
EJEMPLOS
32 ¿Y qué más digo? (Quiere decir que ya se ha dicho bastante como para invitar a todos que quieran examinar por sí mismos Las Escrituras.) Porque el tiempo me faltará  contando de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté; de David también, y de Samuel, y de los Profetas:
33 Que por Fe ganaron Reinos, obraron Justicia, alcanzaron Promesas, taparon las bocas de leones,
34 Apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de cuchillo, convalecieron de enfermedades, fueron hechos fuertes en batallas, trastornaron campos de extraños.
35 Las mujeres recibieron sus muertos por Resurrección otra vez: unos fueron estirados, no aceptando el rescate; para ganar mejor Resurrección (la Resurrección proporcionada por Cristo):
36 Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles:
37 Fueron apedreados, aserrados, tentados, muertos a cuchillo: anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras; pobres, angustiados, maltratados (la Fe en Cristo y la Cruz garantiza Milagros de Liberación, o Milagros de Resistencia si es, de hecho, lo que el Señor desea; ¡no se puede hacer de ninguna otra manera!);
38 (De los cuales el mundo no era digno:) (Se refiere al hecho de que unos cuantos Cristianos Verdaderos en este mundo son de mucho mayor valor que todo el resto del mundo junto, y en todo sentido.) errantes por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la Tierra. (Se refiere al destino de algunos Creyentes; no todo el tiempo, sino parte del tiempo.)
39 Y todos estos (los Santos del Antiguo Testamento), aprobados por testimonio de la Fe (Juzgados de acuerdo al Espíritu Santo), no recibieron la Promesa (¡el Mesías no vino durante su época, pero ellos tenían Fe en que al final Él vendría, y así fue lo que pasó!):
40 Proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros (Dios se lo había prometido a Abraham al principio [Gén. 22:14]), para que ellos (los Santos del Antiguo Testamento) no fuesen perfeccionados (hace hincapié en Cristo Quien lo hizo todo posible para los Santos del Antiguo Testamento y además para los Santos del Nuevo Testamento) sin nosotros (la Iglesia).


Primera Corintios Capítulo 13:
Si hablo en lenguas humanas y angelicales, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido. Si tengo el don de profecía y entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento, y si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no soy nada. Si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y si entrego mi cuerpo para que lo consuman las llamas, pero no tengo amor, nada gano con eso. El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor jamás se extingue, mientras que el don de profecía cesará, el de lenguas será silenciado y el de conocimiento desaparecerá. Porque conocemos y profetizamos de manera imperfecta; pero cuando llegue lo perfecto, lo imperfecto desaparecerá. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; cuando llegué a ser adulto, dejé atrás las cosas de niño. Ahora vemos de manera indirecta y velada, como en un espejo; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de manera imperfecta, pero entonces conoceré tal y como soy conocido. Ahora, pues, permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más excelente de ellas es el amor.


Hebreos 10:35-12:4
Así que no pierdan la confianza, porque ésta será grandemente recompensada. Ustedes necesitan perseverar para que, después de haber cumplido la voluntad de Dios, reciban lo que él ha prometido. Pues dentro de muy poco tiempo, "el que ha de venir vendrá, y no tardará. Pero mi justo vivirá por la fe. Y si se vuelve atrás, no será de mi agrado." Pero nosotros no somos de los que se vuelven atrás y acaban por perderse, sino de los que tienen fe y preservan su vida. Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve. Gracias a ella fueron aprobados los antiguos. Por la fe entendemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo visible no provino de lo que se ve. Por la fe Abel ofreció a Dios un sacrificio más aceptable que el de Caín, por lo cual recibió testimonio de ser justo, pues Dios aceptó su ofrenda. Y por la fe Abel, a pesar de estar muerto, habla todavía. Por la fe Enoc fue sacado de este mundo sin experimentar la muerte; no fue hallado porque Dios se lo llevó, pero antes de ser llevado recibió testimonio de haber agradado a Dios. En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan. Por la fe Noé, advertido sobre cosas que aún no se veían, con temor reverente construyó un arca para salvar a su familia. Por esa fe condenó al mundo y llegó a ser heredero de la justicia que viene por la fe. Por la fe Abraham, cuando fue llamado para ir a un lugar que más tarde recibiría como herencia, obedeció y salió sin saber a dónde iba. Por la fe se radicó como extranjero en la tierra prometida, y habitó en tiendas de campaña con Isaac y Jacob, herederos también de la misma promesa, porque esperaba la ciudad de cimientos sólidos, de la cual Dios es arquitecto y constructor. Por la fe Abraham, a pesar de su avanzada edad y de que Sara misma era estéril, recibió fuerza para tener hijos, porque consideró fiel al que le había hecho la promesa. Así que de este solo hombre, ya en decadencia, nacieron descendientes numerosos como las estrellas del cielo e incontables como la arena a la orilla del mar. Todos ellos vivieron por la fe, y murieron sin haber recibido las cosas prometidas; más bien, las reconocieron a lo lejos, y confesaron que eran extranjeros y peregrinos en la tierra. Al expresarse así, claramente dieron a entender que andaban en busca de una patria. Si hubieran estado pensando en aquella patria de donde habían emigrado, habrían tenido oportunidad de regresar a ella. Antes bien, anhelaban una patria mejor, es decir, la celestial. Por lo tanto, Dios no se avergonzó de ser llamado su Dios, y les preparó una ciudad. Por la fe Abraham, que había recibido las promesas, fue puesto a prueba y ofreció a Isaac, su hijo único, a pesar de que Dios le había dicho: "Tu descendencia se establecerá por medio de Isaac." Consideraba Abraham que Dios tiene poder hasta para resucitar a los muertos, y así, en sentido figurado, recobró a Isaac de entre los muertos. Por la fe Isaac bendijo a Jacob y a Esaú, previendo lo que les esperaba en el futuro. Por la fe Jacob, cuando estaba a punto de morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyándose en la punta de su bastón. Por la fe José, al fin de su vida, se refirió a la salida de los israelitas de Egipto y dio instrucciones acerca de sus restos mortales. Por la fe Moisés, recién nacido, fue escondido por sus padres durante tres meses, porque vieron que era un niño precioso, y no tuvieron miedo del edicto del rey. Por la fe Moisés, ya adulto, renunció a ser llamado hijo de la hija del faraón. Prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar de los efímeros placeres del pecado. Consideró que el oprobio por causa del Mesías era una mayor riqueza que los tesoros de Egipto, porque tenía la mirada puesta en la recompensa. Por la fe salió de Egipto sin tenerle miedo a la ira del rey, pues se mantuvo firme como si estuviera viendo al Invisible. Por la fe celebró la Pascua y el rociamiento de la sangre, para que el exterminador de los primogénitos no tocara a los de Israel. Por la fe el pueblo cruzó el Mar Rojo como por tierra seca; pero cuando los egipcios intentaron cruzarlo, se ahogaron. Por la fe cayeron las murallas de Jericó, después de haber marchado el pueblo siete días a su alrededor. Por la fe la prostituta Rahab no murió junto con los desobedientes, pues había recibido en paz a los espías. ¿Qué más voy a decir? Me faltaría tiempo para hablar de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté,  David, Samuel y los profetas, los cuales por la fe conquistaron reinos, hicieron justicia y alcanzaron lo prometido; cerraron bocas de leones, apagaron la furia de las llamas y escaparon del filo de la espada; sacaron fuerzas de flaqueza; se mostraron valientes en la guerra y pusieron en fuga a ejércitos extranjeros. Hubo mujeres que por la resurrección recobraron a sus muertos. Otros, en cambio, fueron muertos a golpes, pues para alcanzar una mejor resurrección no aceptaron que los pusieran en libertad. Otros sufrieron la prueba de burlas y azotes, e incluso de cadenas y cárceles. Fueron apedreados, aserrados por la mitad, asesinados a filo de espada. Anduvieron fugitivos de aquí para allá, cubiertos de pieles de oveja y de cabra, pasando necesidades, afligidos y maltratados. ¡El mundo no merecía gente así! Anduvieron sin rumbo por desiertos y montañas, por cuevas y cavernas. Aunque todos obtuvieron un testimonio favorable mediante la fe, ninguno de ellos vio el cumplimiento de la promesa. Esto sucedió para que ellos no llegaran a la meta sin nosotros, pues Dios nos había preparado algo mejor. Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo. En la lucha que ustedes libran contra el pecado, todavía no han tenido que resistir hasta derramar su sangre.


Romanos 8:
Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte. En efecto, la ley no pudo liberarnos porque la naturaleza pecaminosa anuló su poder; por eso Dios envió a su propio Hijo en condición semejante a nuestra condición de pecadores, para que se ofreciera en sacrificio por el pecado. Así condenó Dios al pecado en la naturaleza humana, a fin de que las justas demandas de la ley se cumplieran en nosotros, que no vivimos según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu. Los que viven conforme a la naturaleza pecaminosa fijan la mente en los deseos de tal naturaleza; en cambio, los que viven conforme al Espíritu fijan la mente en los deseos del Espíritu. La mentalidad pecaminosa es muerte, mientras que la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz. La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo. Los que viven según la naturaleza pecaminosa no pueden agradar a Dios. Sin embargo, ustedes no viven según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios vive en ustedes. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo. Pero si Cristo está en ustedes, el cuerpo está muerto a causa del pecado, pero el Espíritu que está en ustedes es vida a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en ustedes. Por tanto, hermanos, tenemos una obligación, pero no es la de vivir conforme a la naturaleza pecaminosa. Porque si ustedes viven conforme a ella, morirán; pero si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: "¡Abba! ¡Padre!" El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos herederos;  herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria. De hecho, considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros. La creación aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de Dios, porque fue sometida a la frustración. Esto no sucedió por su propia voluntad, sino por la del que así lo dispuso. Pero queda la firme esperanza de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera dolores de parto. Y no sólo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esa esperanza fuimos salvados. Pero la esperanza que se ve, ya no es esperanza. ¿Quién espera lo que ya tiene? Pero si esperamos lo que todavía no tenemos, en la espera mostramos nuestra constancia. Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios. Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito. Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. A los que predestinó, también los llamó; a los que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó. ¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas? ¿Quién acusará a los que Dios ha escogido? Dios es el que justifica. ¿Quién condenará? Cristo Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros. ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia? Así está escrito: "Por tu causa nos vemos amenazados de muerte todo el día; nos tratan como a ovejas destinadas al matadero." Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.

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