30 April 2026

El 30 de abril Lectura Bíblica Diaria

Mensaje de la Cruz de Cristo Jesús-Capítulo-1

Sonidos del aire libre


Arizona

El 30 de abril Lectura Bíblica Diaria:

Cantar de Cantares 7 a 8 e Isaías 1:
7 ¡Cuán hermosos son tus pies en las sandalias,Oh hija del príncipe!Los contornos de tus muslos son como joyas,Obra de manos de excelente artista. Tu ombligo, como una copa redondaQue no le falta bebida.Tu vientre, como montón de trigo,Cercado de lirios. Tus dos pechos, como crías gemelas de gacela. Tu cuello, como torre de marfil;Tus ojos, como los estanques de Hesbón junto a la puerta de Bat-rabim;Tu nariz, como la torre del Líbano,Que mira hacia Damasco. Tu cabeza encima de ti, como el Carmelo;Y el cabello de tu cabeza, como la púrpura.¡Un rey en esas trenzas está preso! ¡Qué hermosa eres, y cuán suave,Oh amor deleitoso! Tu talle es semejante a la palmera,Y tus pechos, a los racimos. Yo me dije: Subiré a la palmera,Recogeré sus frutos.¡Que tus pechos sean como racimos de uvas,Y el perfume de tu aliento como de manzanas, Y tu paladar como el buen vino,Que se entra a mi amado suavemente,Y hace hablar los labios de los adormecidos. Yo soy de mi amado,Y conmigo tiene su contentamiento. Ven, oh amado mío, salgamos al campo,Pasemos la noche en las aldeas. Levantémonos de mañana a las viñas;Veamos si brotan las vides, si están en cierne,Si han florecido los granados;Allí te daré mis amores. Las mandrágoras exhalan su fragancia,Y a nuestras puertas hay toda suerte de dulces frutas,Nuevas y añejas, que para ti, oh amado mío, he guardado.
8  ¡Oh, si tú fueras como un hermano mío,Amamantado a los pechos de mi madre!Entonces, hallándote fuera, te besaría,Y no me menospreciarían. Yo te llevaría, te introduciría en la casa de mi madre;Tú me enseñarías,Y yo te daría a beber vinoAdobado del mosto de mis granadas. Su izquierda esté debajo de mi cabeza,Y su derecha me abrace. Os conjuro, oh doncellas de Jerusalén,Que no despertéis ni hagáis velar al amor,Hasta que quiera. ¿Quién es ésta que sube del desierto,Recostada sobre su amado?Debajo de un manzano te desperté;Allí donde tu madre te concibió;Donde te concibió la que te dio a luz. Ponme como un sello sobre tu corazón, como una marca sobre tu brazo;Porque fuerte es como la muerte el amor;Obstinados como el Seol los celos;Sus saetas, saetas de fuego; sus llamas, llamas de JAH. Las muchas aguas no podrán apagar el amor,Ni lo ahogarán los ríos.Si diese el hombre todos los bienes de su casa por este amor,De cierto lo menospreciarían. Tenemos una pequeña hermana,Que no tiene pechos todavía;¿Qué haremos a nuestra hermanaCuando de ella se hable? Si ella es un muro,Edificaremos sobre él almenas de plata;Si es una puerta,La guarneceremos con planchas de cedro. Yo soy un muro, y mis pechos como torres,Desde que fui a sus ojos como quien ha encontrado la paz. Salomón tenía una viña en Baalhamón,Y la encomendó a los guardas,Cada uno de los cuales debía traer mil monedas de plata por su fruto. Mi viña, la que es mía, está delante de mí;Las mil monedas serán tuyas, oh Salomón,Y doscientas para los que guardan su fruto. Oh, tú que habitas en los huertos,Los compañeros prestan oído a tu voz;Házmela oír. Apresúrate, amado mío,Y sé semejante al corzo, o al cervatillo,Por las lomas de las balsameras.
Isaías 1:
1 Visión de Isaías hijo de Amoz, la cual vio acerca de Judá y Jerusalén en días de Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías, reyes de Judá. Oíd, cielos, y escucha tú, tierra; porque habla Jehová: Crié hijos, y los engrandecí, y ellos se rebelaron contra mí. El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su señor; pero Israel no conoce, mi pueblo no tiene discernimiento. ¡Oh gente pecadora, pueblo cargado de maldad, raza de perversos, hijos depravados! Dejaron a Jehová, despreciaron al Santo de Israel, le volvieron la espalda. ¿Por qué querréis ser castigados aún? ¿Todavía os rebelaréis? Toda cabeza está enferma, y todo corazón doliente. Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga; no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite. Vuestra tierra está desolada, vuestras ciudades puestas a fuego, vuestra tierra comida por extranjeros delante de vosotros, y asolada como asolamiento de extraños. Y queda la hija de Sión como enramada en viña, y como cabaña en melonar, como ciudad sitiada. Si Jehová de los ejércitos no nos hubiese dejado un resto pequeño, habríamos llegado a ser como Sodoma, y semejantes a Gomorra. Gobernantes de Sodoma, oíd la palabra de Jehová; escuchad la instrucción de nuestro Dios, pueblo de Gomorra. ¿Para qué me sirve, dice Jehová, la multitud de vuestros sacrificios? Hastiado estoy de holocaustos de carneros y de sebo de animales gordos; no quiero sangre de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos. ¿Quién demanda esto de vuestras manos, cuando venís a presentaros delante de mí para hollar mis atrios? No me traigáis más vana ofrenda; el incienso me es abominación; novilunios y sábados, el convocar asamblea, no lo puedo sufrir; son iniquidad vuestras fiestas solemnes. Vuestras lunas nuevas y vuestras fiestas solemnes las tiene aborrecidas mi alma; me son gravosas; cansado estoy de soportarlas. Cuando extendáis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos; asimismo cuando multipliquéis la oración, yo no oiré; llenas están de sangre vuestras manos. Lavaos, limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; aprended a hacer el bien; buscad la justicia, reprimid al opresor, defended la causa del huérfano, amparad a la viuda. Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; aunque sean rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana. Si queréis y obedecéis, comeréis el bien de la tierra; si rehusáis y sois rebeldes, seréis consumidos a espada; porque la boca de Jehová lo ha dicho. ¡Cómo se ha convertido en ramera la ciudad fiel! Llena estaba de justicia, en ella habitaba la equidad; pero ahora, los homicidas. Tu plata se ha convertido en escorias, tu vino está mezclado con agua. Tus príncipes, rebeldes y compañeros de ladrones; todos aman el soborno, y van tras las recompensas; no hacen justicia al huérfano, ni llega a ellos la causa de la viuda. Por tanto, dice el Señor, Jehová de los ejércitos, el Fuerte de Israel: Ea, tomaré satisfacción de mis adversarios, me vengaré de mis enemigos; y volveré mi mano contra ti, y limpiaré hasta lo más puro tus escorias, y quitaré todas tus impurezas. Restauraré tus jueces como al principio, y tus consejeros como eran antes; entonces te llamarán Ciudad de justicia, Ciudad fiel. Sión será rescatada con justicia, y los convertidos de ella con rectitud. Pero los rebeldes y pecadores a una serán quebrantados, y los que dejan a Jehová serán consumidos. Porque se avergonzarán de las encinas que amasteis, y os afrentarán los huertos que escogisteis. Porque seréis como encina a la que se le cae la hoja, y como huerto al que le faltan las aguas. Y el hombre fuerte será como estopa, y su trabajo, como centella; y ambos serán encendidos juntamente, y no habrá quien apague.

Salmo 137:
Junto a los ríos de Babilonia nos sentábamos, y llorábamos al acordarnos de Sión. En los álamos que había en la ciudad colgábamos nuestras arpas. Allí, los que nos tenían cautivos nos pedían que entonáramos canciones; nuestros opresores nos pedían estar alegres; nos decían: "¡Cántennos un cántico de Sión!" ¿Cómo cantar las canciones del Señor en una tierra extraña? Ah, Jerusalén, Jerusalén, si llegara yo a olvidarte, ¡que la mano derecha se me seque! Si de ti no me acordara, ni te pusiera por encima de mi propia alegría, ¡que la lengua se me pegue al paladar! Señor, acuérdate de los edomitas el día en que cayó Jerusalén. "¡Arrásenla gritaban, arrásenla hasta sus cimientos!" Hija de Babilonia, que has de ser destruida, *¡dichoso el que te haga pagar  por todo lo que nos has hecho! ¡Dichoso el que agarre a tus pequeños y los estrelle contra las rocas!

Proverbios 6:
Hijo mío, si has salido fiador de tu vecino, si has hecho tratos para responder por otro, si verbalmente te has comprometido, enredándote con tus propias palabras, entonces has caído en manos de tu prójimo. Si quieres librarte, hijo mío, éste es el camino: Ve corriendo y humíllate ante él; procura deshacer tu compromiso. No permitas que se duerman tus ojos; no dejes que tus párpados se cierren. Líbrate, como se libra del cazador la gacela, como se libra de la trampa el ave. ¡Anda, perezoso, fíjate en la hormiga! ¡Fíjate en lo que hace, y adquiere sabiduría! No tiene quien la mande, ni quien la vigile ni gobierne; con todo, en el verano almacena provisiones y durante la cosecha recoge alimentos. Perezoso, ¿cuánto tiempo más seguirás acostado? ¿Cuándo despertarás de tu sueño? Un corto sueño, una breve siesta, un pequeño descanso, cruzado de brazos... ¡y te asaltará la pobreza como un bandido, y la escasez como un hombre armado! El bribón y sinvergüenza, el vagabundo de boca corrupta, hace guiños con los ojos, y señas con los pies y con los dedos. El malvado trama el mal en su  mente, y siempre anda provocando disensiones. Por eso le sobrevendrá la ruina; ¡de repente será destruido, y no podrá evitarlo! Hay seis cosas que el Señor aborrece, y siete que le son detestables: los ojos que se enaltecen, la lengua que miente, las manos que derraman sangre inocente, el corazón que hace planes perversos, los pies que corren a hacer lo malo, el falso testigo que esparce mentiras, y el que siembra discordia entre hermanos. Hijo mío, obedece el mandamiento de tu padre y no abandones la enseñanza de tu madre. Grábatelos en el corazón; cuélgatelos al cuello. Cuando camines, te servirán de guía; cuando duermas, vigilarán tu sueño; cuando despiertes, hablarán contigo. El mandamiento es una lámpara, la enseñanza es una luz y la disciplina es el camino a la vida. Te protegerán de la mujer malvada, de la mujer ajena y de su lengua seductora. No abrigues en tu corazón deseos por su belleza, ni te dejes cautivar por sus ojos, pues la ramera va tras un pedazo de pan, pero la adúltera va tras el hombre que vale. [4] ¿Puede alguien echarse brasas en el pecho sin quemarse la ropa? ¿Puede alguien caminar sobre las brasas sin quemarse los pies? Pues tampoco quien se acuesta con la mujer ajena puede tocarla y quedar impune. No se desprecia al ladrón que roba para mitigar su hambre; pero si lo atrapan, deberá devolver siete tantos lo robado, aun cuando eso le cueste todas sus posesiones. Pero al que comete adulterio le faltan sesos; el que así actúa se destruye a sí mismo. No sacará más que golpes y vergüenzas, y no podrá borrar su oprobio. Porque los celos desatan la furia del esposo, y éste no perdonará en el día de la venganza. No aceptará nada en desagravio, ni se contentará con muchos regalos.



El Libro de Lucas Capítulo 6 del Nuevo Testamento del Expositor por Jimmy Swaggart:




EL SANTO EVANGELIO SEGÚN
SAN LUCAS



CAPÍTULO 6
(31 d.C.)
EL SÁBADO




Y ACONTECIÓ que pasando Él por los sembrados en un Sábado segundo después del primero (se refiere al Sábado regular del Sábado Judío después del Sábado especial, lo cual dio inicio a la Fiesta no importa cuál día de la semana caía esta fecha), Sus Discípulos arrancaban espigas (cebada o trigo), y comían, restregándolas con las manos   (hacían esto para quitar las cáscaras, después comían el grano crudo, lo que era muy común en esa época).
2 Y algunos de los Fariseos les dijeron, ¿Por qué hacéis lo que no es lícito hacer en los Sábados? (Significa en el Texto Griego que los Fariseos siguieron empujando a Jesús y a los Discípulos preguntándoles varias veces, hasta que Jesús finalmente les respondió; de hecho, no había nada en la Ley de Moisés que restringía esto, la restricción era de su propia fabricación.)
3 Y respondiendo Jesús les dijo, ¿Ni aun esto habéis leído, qué hizo David, cuando tuvo hambre, él, y los que con él estaban (Él los llevó a I Samuel 21:3-6);
4 Cómo entró en la Casa de Dios (se refiere al Tabernáculo en Nob, que estaba a una corta distancia de Jerusalén), y tomó los panes de la proposición y comió, y dio también a los que estaban con él (corresponde al pan consagrado lo cual, puesto que era evidente que acababan de cocerlo, quiere decir que era el Sábado); los cuales no era lícito comer sino sólo los Sacerdotes? (El Señor expresa el hecho de que la necesidad anula las reglas, aunque eran parte de la Ley legítima de Moisés; sin embargo, lo que los Discípulos hacían, lo que los Fariseos condenaban, no era de la Ley de Moisés, todo lo contrario era una ley inventada por los Fariseos.)
5 Y les decía, El Hijo del Hombre es Señor aun del Sábado (esta declaración por Cristo,   en efecto, Lo declara que es Dios y, además, los Fariseos entendían bien Su significado).
LA SANIDAD EN EL SÁBADO
6 Y aconteció también en otro Sábado, que Él entró en la Sinagoga y enseñaba: y estaba allí un hombre que tenía la mano derecha seca.
7 Y Le acechaban los Escribas y los Fariseos (quiere decir que seguían espiándolo, para poder encontrar algo de qué acusarlo, ¡así es la religión!), si sanaría en Sábado; por hallar de qué Le acusasen (es imprescindible observar, que Jesús no le prestó atención en lo más mínimo a las reglas necias hechas por los hombres).
8 Mas Él sabía los pensamientos de ellos (el Espíritu Santo Le dijo lo que estaban pensando), y dijo al hombre que tenía la mano seca, Levántate, y ponte en medio (quiere decir que lo que se efectuó se llevó a cabo para que todos pudieran presenciarlo). Y él levantándose, se puso en pie (se dice que la petición exacta de este hombre a Cristo fue preservado en la Iglesia Primitiva; y es como sigue, cuando estaba delante de Jesús: "Yo sólo soy un albañil que me gano la vida con mis propias manos; y Te ruego, Jesús, que me restaures la salud, para que no tenga que avergonzarme al tener que mendigar por el pan").
9 Entonces Jesús les dice, Os preguntaré una cosa: ¿Es lícito en Sábados hacer bien, o hacer mal? ¿Salvar la vida, o quitarla? (Tener el poder para "hacer el bien," y no hacerlo, es por lo tanto "hacer el mal.")
10 Y mirándolos a todos alrededor (con una mirada astuta; Marcos dijo, "con indignación, entristecido por la dureza de sus corazones" [Marc. 3:5]), dice al hombre, Extiende tu mano (la mano seca). Y él lo hizo así: y su mano fue restaurada como la otra (delante de sus propios ojos, ocurrió una sanidad milagrosa).
11 Y ellos (los Escribas y los Fariseos) se llenaron de rabia (constituye su reacción ante este gran milagro; no tenían compasión alguna por la condición de este pobre hombre, sólo les importaban sus reglas insignificantes; "rabia" habla de "insensatez"); y hablaban los unos a los otros qué harían a Jesús (manifiesta que sus corazones estaban llenos de asesinato; ellos matarían a Jesús simplemente porque Él había sanado a un hombre en el Sábado; así es la religión).
LOS DOCE DISCÍPULOS
12 Y aconteció en aquellos días, que fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios (el relato demuestra que Jesús oraba constantemente; entre otras cosas, Él buscaba la Voluntad de Su Padre, con respecto a la selección de los Doce Discípulos; muchos Le seguían durante ese período).
13 Y cuando fue de día, llamó a Sus Discípulos (probablemente eran como unos cien o más): y escogió Doce de ellos (es el número para el Gobierno de Dios), a los cuales también llamó Apóstoles (alguien enviado con un Mensaje especial, que siempre será de acuerdo a la Palabra de Dios, y será el estándar para la Iglesia);
14 A Simón, (al cual también llamó Pedro,) (su nombre significa, "un fragmento de piedra," que tipifica cómo Cristo llevaría a este hombre que en sí era débil, y lo convertiría en una columna de Fe; lo cual caracterizaría a todos Sus Discípulos de una manera u otra y, de hecho, a todos los Creyentes) y a Andrés su hermano, Santiago y Juan, Felipe y Bartolomé,
15 Mateo y Tomás, Santiago hijo de Alfeo, y Simón el que se llama Celador (el Zelote),
16 Judas hermano de Santiago (también se llamaba "Lebeo" y "Tadeo"), y Judas Iscariote, que también fue el traidor (este hombre queda en la historia Evangélica como "un hombre condenado y maldito" porque así lo decidió y Dios lo confirmó en esa decisión espantosa).
LAS SANIDADES
17 Y descendió (Jesús) con ellos, y se paró en un lugar llano (ya Él había entregado el Sermón del Monte, en seguida Él va a entregar el Sermón en la Llanura), y la compañía de Sus Discípulos (mientras Jesús viajaba de un lugar a otro, sin duda, habían unas cincuenta a cien personas que viajaban con Él la mayoría del tiempo), una grande multitud del pueblo de toda Judea y de Jerusalén, y de la costa de Tiro y de Sidón, que habían venido a oírle, y para ser sanados de sus enfermedades;
18 Y los que habían sido atormentados de espíritus inmundos ("atormentados" quiere decir "acosar"; estas cosas causaron ciertos tipos de enfermedades entre la gente y, sin lugar a dudas, es lo mismo en la actualidad): y estaban curados.
19 Y toda la gente procuraba tocarle: porque salía de Él Virtud (Poder), y sanaba a todos (fue un espectáculo y una escena que el mundo jamás había experimentado en toda su historia).
EL SERMÓN EN LA LLANURA
20 Y alzando Él los Ojos a Sus Discípulos, decía (pudiera ser el relato de Lucas del Sermón del Monte, o pudiera ser otro Mensaje del todo; Jesús, sin duda, muchas veces  repitió el mismo Mensaje, a fin de que el Mensaje no se perdiera), Bienaventurados vosotros los pobres (pobres en espíritu, que indica humildad): porque vuestro es el Reino de Dios (el Reino de Dios y el Reino del Cielo son básicamente lo mismo).
21 Bienaventurados los que ahora tenéis hambre (hambre y sed de Justicia): porque seréis saciados (el Señor siempre recompensará el hambre espiritual). Bienaventurados los que ahora lloráis (lamentar, a raíz de la debilidad espiritual): porque reiréis (la derrota se convertirá en Victoria).
22 Bienaventurados seréis (felices son), cuando los hombres os aborrecieren, y cuando os apartaren de sí, y os insulten, y desecharen vuestro nombre como malo, por el Hijo del Hombre (los que acuden a la Cruz serán tratados como corresponde).
23 Gozaos en aquel día, y alegraos (el rechazo por el mundo religioso es una gran señal de que está en el camino correcto, lo cual es ocasión de gran gozo): porque, he aquí, vuestro galardón es grande en los Cielos (quiere decir que una mayor recompensa le espera cuando llegue allá): porque así hacían sus padres a los Profetas (si el establecimiento religioso le hacía eso a los Profetas, y definitivamente los hacía, entonces nosotros podemos esperar nada menos; la Cruz es la línea divisoria de la Iglesia y, de hecho, siempre fue así; al aceptar la Cruz como la única respuesta es rechazar los caminos de los hombres, que no le cae bien a la religión [Gál. 6:14]).
CUATRO AYES
24 ¡Mas ay de vosotros, ricos! (Ricos y abundantes en bienes, y afirman que no tienen necesidad de nada [Apoc. 3:17].) porque tenéis vuestro consuelo (han intercambiado el Espíritu de Dios por "cosas," y eso es lo que tendrán).
25 ¡Ay de vosotros, los que estáis hartos! (Las cosas materiales del mundo.) porque tendréis hambre (no puedan satisfacer). ¡Ay de vosotros, los que ahora reís! (No pueden ver su fracaso espiritual.) porque lamentaréis y lloraréis (la alternativa es lamentar por la debilidad espiritual, la cual todos experimentan, o lamentar después por las oportunidades perdidas).
26 ¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres dijeren bien de vosotros! porque así hacían sus padres a los falsos profetas (tales siempre tenían a los hombres que cantaban sus alabanzas, y no es de menos hoy en día; sin embargo, es porque ellos le dicen a los hombres lo que los hombres quieren oír en lugar de lo que Dios quiere que ellos oigan).
AMOR POR LOS ENEMIGOS
27 Mas a vosotros los que oís digo (se refiere al hecho de que muchos rehúsan oír), Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen (comienza el estilo de vida más revolucionario que jamás haya conocido en la historia del hombre; ninguna religión en el mundo puede comparar remotamente con esto; por ejemplo, compare esto con la religión Islámica),
28 Bendecid a los que os maldicen (hablen bien de ellos), y orad por los que os calumnian (oren para que ellos vean el Camino de Dios).
29 Y al que te hiriere en la mejilla, dale también la otra (precisamente tiene la intención de servir como un principio y no de tomarse literalmente; por ejemplo: El Señor, Él Mismo, no se ofreció para ser golpeado otra vez [Jn. 18:22-23], pero firmemente, aunque con cortesía, reprochó al que Lo golpeó; el principio se trata que no busque vengarse); y al que te quitare la capa, ni aun la túnica le defiendas (si alguien exige sus derechos en voz muy alta, podría sufrir una pérdida mayor que de la capa y la túnica).
30 Y a cualquiera que te pidiere, da (se refiere a los que verdaderamente tienen necesidades; no tiene la intención de premiar a los que son perezosos); y al que tomare lo que es tuyo, no vuelvas a pedir (demuestra desinterés, lo cual debe caracterizar a todo Creyente).
LA REGLA DE ORO
31 Y como queréis que os hagan los hombres, así hacedles también vosotros (éste es el  Versículo que se refiere como la "Regla de Oro"; también es lo que enseña la Ley [Lev. 19:18]).
32 Porque si amáis a los que os aman, ¿qué gracias tendréis? (La idea es que Jesús nos amó cuando éramos antipáticos [Rom. 5:8], y debemos hacer lo mismo para los que son antipáticos.) porque también los pecadores aman a los que los aman (amar a los que no nos aman demuestra la Piedad).
33 Y si hiciereis bien a los que os hacen bien, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores hacen lo mismo (la regla del hombre es devolver bien por bien y mal por mal; por lo tanto, es indigno devolver mal por bien, lo cual es diabólico; mientras que es digno devolver bien por mal, lo cual es Divino – precisamente es el mandato para los seguidores de Cristo).
34 Y si prestareis a aquéllos de quienes esperáis recibir, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores prestan a los pecadores, para recibir otro tanto.
35 Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada (¿Cómo podemos llamarlo "préstamo," si nada de ello será devuelto? Salomón da la respuesta: El Señor presta al que da al pobre, y Él le dará su paga [Prov. 19:17]); y será vuestro galardón grande (la idea es que el Señor le pagará, y Él lo hace abundantemente), y seréis hijos del Altísimo (quiere decir que seremos semejantes a nuestro Padre Celestial): porque Él es benigno para con los ingratos y malos (lo que nosotros debemos hacer también).
36 Sed pues misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso (así como Él ha sido misericordioso para con nosotros, también nosotros debemos ser misericordioso para con los demás; todo lo que hacemos está basado en lo que Él hizo por nosotros).
JUZGANDO A LOS DEMÁS
37 No juzguéis (no juzgue los motivos de nadie), y no seréis juzgados (indica que será juzgado por el Señor, si no obedece a esta amonestación): no condenéis (no condene), y no seréis condenados (quiere decir a la inversa, que si condena a otros, el Señor acabará por condenarlo): perdonad, y seréis perdonados (enseña que si no perdona, Dios tampoco le perdonará, lo cual coloca a la persona en un terrible dilema).
38 Dad, y se os dará (la economía de Dios; se refiere no solamente a dar dinero, sino también misericordia, gracia, amor, ayuda, etc.); medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro seno (constituye una Promesa notable). Porque con la misma medida que midiereis, os será vuelto a medir (es la Ley de Dios que todos deben tomar con seriedad, porque Cristo quiere decir exactamente lo que Él dice).
39 Y Él les decía una Parábola, ¿Puede el ciego guiar al ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo? (Éstos son los falsos maestros religiosos.)
40 El discípulo no es más que su maestro (los que escuchan a los falsos maestros se engañan tanto como sus maestros, porque claramente el alumno no puede ver más que sus maestros; por lo tanto, los discípulos del Romanismo, del Mormonismo, etc., llegan a ser tan engañados como sus maestros): mas cualquiera que fuere como el maestro será perfecto (debiera traducirse, "pero cada uno que ha sido perfeccionado," es decir, "adopta esta doctrina falsa," será como su maestro).
41 ¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano (no busca fallas en los demás), y la viga que está en tu propio ojo no consideras? (Si quiere inspeccionar, inspecciónese a sí mismo. Hay mucho que inspeccionar en su propia vida, la cual desesperadamente se necesita para mejorar.)
42 ¿O cómo puedes decir a tu hermano, Hermano, deja, echaré fuera la paja que está en tu ojo, no mirando tú la viga que está en tu ojo? (No pertenece a la doctrina, la cual debe de juzgarse constantemente [Mat. 7:15-20], en lugar de juzgar a la persona misma y su carácter. De nuevo, hay mucho en nosotros que necesita mejorar, en vez de condenar a otros.) Hipócrita, echa primero fuera de tu ojo la viga, y entonces verás bien para sacar la paja que está en el ojo de tu hermano (si tratamos con nosotros mismos como debiéramos, luego podremos "ver claramente," que significa que ya no tendremos ganas de criticar a los demás).
EL FRUTO
43 Porque no es buen árbol el que da malos frutos (es el método delineado por Jesús para separar el bien del mal); ni árbol malo el que da buen fruto (la manera por la cual debemos juzgar la falsa doctrina).
44 Porque cada árbol por su fruto es conocido (por ejemplo, mire el fruto de Islam, o aun la parte del Cristianismo que es corrupto). Que no cogen higos de los espinos, ni vendimian uvas de las zarzas (es imposible obtener buena fruta de un árbol corrupto).
45 El buen hombre del buen tesoro de su corazón saca bien (se refiere al hecho de que todo esto, bueno o malo, se comienza en el corazón); y el mal hombre del mal tesoro de su corazón saca mal (no importa las afirmaciones, lo que está en el corazón va a salir al descubierto): porque de la abundancia del corazón habla su boca (puede haber una imitación del fruto del Espíritu, como una rosa de papel puede parecer tan real que no se distingue de la que es natural; ¡pero una abeja no se equivocará!).
46 ¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que digo? (Tanto el Verdadero Profeta como el falso profeta usarán libremente el título "Señor," pero Cristo es "El Señor" sólo a aquéllos que obedecen Su Palabra.)
DOS FUNDAMENTOS
47 Todo aquel que viene a Mí (sinceramente acepta a Cristo), y oye Mis Palabras (la Palabra de Dios), y las hace (el oír debe culminar en el actuar), os enseñaré a quien es semejante (el resultado final):
48 Semejante es al hombre que edifica una casa (hemos de crecer en la gracia y el conocimiento), el cual cavó y ahondó (profundamente en la Palabra), y puso el fundamento sobre la roca (aquella "Roca" es "Cristo y Él Crucificado" [I Cor. 1:23]): y cuando vino una inundación (surgirán los problemas), el río dio con ímpetu en aquella casa (Satanás intentará destruir la casa), más no se movió: porque estaba fundada sobre la roca (de nuevo, "aquella Roca" es "Jesucristo y Él Crucificado," que debe ser siempre el Objeto de nuestra Fe).
49 Mas el que oyó, y no hizo (no obedece la Palabra), semejante es al hombre que edificó su casa sobre tierra (el objeto de su fe no es la Cruz de Cristo) sin fundamento (en lo exterior aparenta ser idéntico al que edificó sobre la roca); en la cual el río dio con ímpetu, y luego cayó; y fue grande la ruina de aquella casa (si nuestra Fe no está en la Cruz de Cristo, las cosas pueden andar bien por un rato, pero tarde o temprano vendrá la tormenta, y Satanás triunfará).


Primera Corintios Capítulo 13:




Si hablo en lenguas humanas y angelicales, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido. Si tengo el don de profecía y entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento, y si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no soy nada. Si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y si entrego mi cuerpo para que lo consuman las llamas, pero no tengo amor, nada gano con eso. El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor jamás se extingue, mientras que el don de profecía cesará, el de lenguas será silenciado y el de conocimiento desaparecerá. Porque conocemos y profetizamos de manera imperfecta; pero cuando llegue lo perfecto, lo imperfecto desaparecerá. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; cuando llegué a ser adulto, dejé atrás las cosas de niño. Ahora vemos de manera indirecta y velada, como en un espejo; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de manera imperfecta, pero entonces conoceré tal y como soy conocido. Ahora, pues, permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más excelente de ellas es el amor.


Hebreos 10:35-12:4




Así que no pierdan la confianza, porque ésta será grandemente recompensada. Ustedes necesitan perseverar para que, después de haber cumplido la voluntad de Dios, reciban lo que él ha prometido. Pues dentro de muy poco tiempo, "el que ha de venir vendrá, y no tardará. Pero mi justo vivirá por la fe. Y si se vuelve atrás, no será de mi agrado." Pero nosotros no somos de los que se vuelven atrás y acaban por perderse, sino de los que tienen fe y preservan su vida. Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve. Gracias a ella fueron aprobados los antiguos. Por la fe entendemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo visible no provino de lo que se ve. Por la fe Abel ofreció a Dios un sacrificio más aceptable que el de Caín, por lo cual recibió testimonio de ser justo, pues Dios aceptó su ofrenda. Y por la fe Abel, a pesar de estar muerto, habla todavía. Por la fe Enoc fue sacado de este mundo sin experimentar la muerte; no fue hallado porque Dios se lo llevó, pero antes de ser llevado recibió testimonio de haber agradado a Dios. En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan. Por la fe Noé, advertido sobre cosas que aún no se veían, con temor reverente construyó un arca para salvar a su familia. Por esa fe condenó al mundo y llegó a ser heredero de la justicia que viene por la fe. Por la fe Abraham, cuando fue llamado para ir a un lugar que más tarde recibiría como herencia, obedeció y salió sin saber a dónde iba. Por la fe se radicó como extranjero en la tierra prometida, y habitó en tiendas de campaña con Isaac y Jacob, herederos también de la misma promesa, porque esperaba la ciudad de cimientos sólidos, de la cual Dios es arquitecto y constructor. Por la fe Abraham, a pesar de su avanzada edad y de que Sara misma era estéril, recibió fuerza para tener hijos, porque consideró fiel al que le había hecho la promesa. Así que de este solo hombre, ya en decadencia, nacieron descendientes numerosos como las estrellas del cielo e incontables como la arena a la orilla del mar. Todos ellos vivieron por la fe, y murieron sin haber recibido las cosas prometidas; más bien, las reconocieron a lo lejos, y confesaron que eran extranjeros y peregrinos en la tierra. Al expresarse así, claramente dieron a entender que andaban en busca de una patria. Si hubieran estado pensando en aquella patria de donde habían emigrado, habrían tenido oportunidad de regresar a ella. Antes bien, anhelaban una patria mejor, es decir, la celestial. Por lo tanto, Dios no se avergonzó de ser llamado su Dios, y les preparó una ciudad. Por la fe Abraham, que había recibido las promesas, fue puesto a prueba y ofreció a Isaac, su hijo único, a pesar de que Dios le había dicho: "Tu descendencia se establecerá por medio de Isaac." Consideraba Abraham que Dios tiene poder hasta para resucitar a los muertos, y así, en sentido figurado, recobró a Isaac de entre los muertos. Por la fe Isaac bendijo a Jacob y a Esaú, previendo lo que les esperaba en el futuro. Por la fe Jacob, cuando estaba a punto de morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyándose en la punta de su bastón. Por la fe José, al fin de su vida, se refirió a la salida de los israelitas de Egipto y dio instrucciones acerca de sus restos mortales. Por la fe Moisés, recién nacido, fue escondido por sus padres durante tres meses, porque vieron que era un niño precioso, y no tuvieron miedo del edicto del rey. Por la fe Moisés, ya adulto, renunció a ser llamado hijo de la hija del faraón. Prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar de los efímeros placeres del pecado. Consideró que el oprobio por causa del Mesías era una mayor riqueza que los tesoros de Egipto, porque tenía la mirada puesta  en la recompensa. Por la fe salió de Egipto sin tenerle miedo a la ira del rey, pues se mantuvo firme como si estuviera viendo al Invisible. Por la fe celebró la Pascua y el rociamiento de la sangre, para que el exterminador de los primogénitos no tocara a los de Israel. Por la fe el pueblo cruzó el Mar Rojo como por tierra seca; pero cuando los egipcios intentaron cruzarlo, se ahogaron. Por la fe cayeron las murallas de Jericó, después de haber marchado el pueblo siete días a su alrededor. Por la fe la prostituta Rahab no murió junto con los desobedientes, pues había recibido en paz a los espías. ¿Qué más voy a decir? Me faltaría tiempo para hablar de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté,  David, Samuel y los profetas, los cuales por la fe conquistaron reinos, hicieron justicia y alcanzaron lo prometido; cerraron bocas de leones, apagaron la furia de las llamas y escaparon del filo de la espada; sacaron fuerzas de flaqueza; se mostraron valientes en la guerra y pusieron en fuga a ejércitos extranjeros. Hubo mujeres que por la resurrección recobraron a sus muertos. Otros, en cambio, fueron muertos a golpes, pues para alcanzar una mejor resurrección no aceptaron que los pusieran en libertad. Otros sufrieron la prueba de burlas y azotes, e incluso de cadenas y cárceles. Fueron apedreados, aserrados por la mitad, asesinados a filo de espada. Anduvieron fugitivos de aquí para allá, cubiertos de pieles de oveja y de cabra, pasando necesidades, afligidos y maltratados. ¡El mundo no merecía gente así! Anduvieron sin rumbo por desiertos y montañas, por cuevas y cavernas. Aunque todos obtuvieron un testimonio favorable mediante la fe, ninguno de ellos vio el cumplimiento de la promesa. Esto sucedió para que ellos no llegaran a la meta sin nosotros, pues Dios nos había preparado algo mejor. Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo. En la lucha que ustedes libran contra el pecado, todavía no han tenido que resistir hasta derramar su sangre.





Romanos 8:


Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte. En efecto, la ley no pudo liberarnos porque la naturaleza pecaminosa anuló su poder; por eso Dios envió a su propio Hijo en condición semejante a nuestra condición de pecadores, para que se ofreciera en sacrificio por el pecado. Así condenó Dios al pecado en la naturaleza humana, a fin de que las justas demandas de la ley se cumplieran en nosotros, que no vivimos según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu. Los que viven conforme a la naturaleza pecaminosa fijan la mente en los deseos de tal naturaleza; en cambio, los que viven conforme al Espíritu fijan la mente en los deseos del Espíritu. La mentalidad pecaminosa es muerte, mientras que la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz. La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo. Los que viven según la naturaleza pecaminosa no pueden agradar a Dios. Sin embargo, ustedes no viven según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios vive en ustedes. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo. Pero si Cristo está en ustedes, el cuerpo está muerto a causa del pecado, pero el Espíritu que está en ustedes es vida a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los   muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en ustedes. Por tanto, hermanos, tenemos una obligación, pero no es la de vivir conforme a la naturaleza pecaminosa. Porque si ustedes viven conforme a ella, morirán; pero si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: "¡Abba! ¡Padre!" El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria. De hecho, considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros. La creación aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de Dios, porque fue sometida a la frustración. Esto no sucedió por su propia voluntad, sino por la del que así lo dispuso. Pero queda la firme esperanza de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera dolores de parto. Y no sólo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esa esperanza fuimos salvados. Pero la esperanza que se ve, ya no es esperanza. ¿Quién espera lo que ya tiene? Pero si esperamos lo que todavía no tenemos, en la espera mostramos nuestra constancia. Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios. Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito. Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. A los que predestinó, también los llamó; a los que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó. ¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas? ¿Quién acusará a los que Dios ha escogido? Dios es el que justifica. ¿Quién condenará? Cristo Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros. ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia? Así está escrito: "Por tu causa nos vemos amenazados de muerte todo el día; nos tratan como a ovejas destinadas al matadero." Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.

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29 April 2026

El 29 de abril Lectura Bíblica Diaria

Mensaje de la Cruz de Cristo Jesús-Capítulo-1

Sonidos del aire libre



El 29 de abril Lectura Bíblica Diaria:

Cantar de Cantares 4 a 6: 
4 He aquí que tú eres hermosa, amiga mía; he aquí que tú eres hermosa;
Tus ojos entre tus guedejas como de paloma;
Tus cabellos como manada de cabras
Que se recuestan en las laderas de Galaad. Tus dientes como manadas de ovejas trasquiladas,
Que suben del lavadero,
Todas con crías gemelas,
Y ninguna entre ellas estéril. Tus labios como hilo de grana,
Y tu habla hermosa;
Tus mejillas, como cachos de granada detrás de tu velo. Tu cuello, como la torre de David, edificada para armería;
Mil escudos están colgados en ella,
Todos escudos de valientes. Tus dos pechos, como gemelos de gacela,
Que se apacientan entre lirios. Hasta que apunte el día y huyan las sombras,
Me iré al monte de la mirra,
Y al collado del incienso. Toda tú eres hermosa, amiga mía,
Y en ti no hay mancha. Ven conmigo desde el Líbano, oh esposa mía;
Ven conmigo desde el Líbano.
Mira desde la cumbre de Amana,
Desde la cumbre de Senir y de Hermón,
Desde las guaridas de los leones,
Desde los montes de los leopardos. Prendiste mi corazón, hermana, esposa mía;
Has apresado mi corazón con uno de tus ojos,
Con una gargantilla de tu cuello. ¡Cuán hermosos son tus amores, hermana, esposa mía!
¡Cuánto mejores que el vino tus amores,
Y el olor de tus ungüentos que todas las especias aromáticas! Como panal de miel destilan tus labios, oh esposa;
Miel y leche hay debajo de tu lengua;
Y el olor de tus vestidos como el olor del Líbano. Huerto cerrado eres, hermana mía, esposa mía;
Fuente cerrada, fuente sellada. Tus renuevos son paraíso de granados, con frutos suaves,
De flores de alheña y nardos; Nardo y azafrán, caña aromática y canela,
Con todos los árboles de incienso;
Mirra y áloes, con todas las principales especias aromáticas. Fuente de huertos,
Pozo de aguas vivas,
Que corren del Líbano. Levántate, Aquilón, y ven, Austro;
Soplad en mi huerto, despréndanse sus aromas.
Venga mi amado a su huerto,
Y coma de su dulce fruta.
5 Yo vine a mi huerto, oh hermana, esposa mía;
He recogido mi mirra y mis aromas;
He comido mi panal y mi miel,
Mi vino y mi leche he bebido.
Comed, amigos; bebed en abundancia, oh amados. Yo dormía, pero mi corazón velaba.
Es la voz de mi amado que llama:
Abreme, hermana mía, amiga mía, paloma mía, perfecta mía,
Porque mi cabeza está llena de rocío,
Mis cabellos de las gotas de la noche. Me he desnudado de mi ropa; ¿cómo me he de vestir?
He lavado mis pies; ¿cómo los he de ensuciar? Mi amado metió su mano por la ventanilla,
Y mi corazón se conmovió dentro de mí. Yo me levanté para abrir a mi amado,
Y mis manos gotearon mirra,
Y mis dedos mirra, que corría
Sobre la manecilla del cerrojo. Abrí yo a mi amado;
Pero mi amado se había ido, había ya pasado;
Y tras su hablar salió mi alma.
Lo busqué, y no lo hallé;
Lo llamé, y no me respondió. Me hallaron los guardas que rondan la ciudad;
Me golpearon, me hirieron;
Me quitaron mi manto de encima los guardas de los muros. Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalén, si halláis a mi amado,
Que le hagáis saber que estoy enferma de amor. ¿Qué es tu amado más que otro amado,
Oh la más hermosa de todas las mujeres?
¿Qué es tu amado más que otro amado,
Que así nos conjuras? Mi amado es blanco y rubio,
Señalado entre diez mil. Su cabeza como oro finísimo;
Sus cabellos crespos, negros como el cuervo. Sus ojos, como palomas junto a los arroyos de las aguas,
Que se lavan con leche, y a la perfección colocados. Sus mejillas, como una era de especias aromáticas, como fragantes flores;
Sus labios, como lirios que destilan mirra fragante. Sus manos, como anillos de oro engastados de jacintos;
Su cuerpo, como claro marfil cubierto de zafiros. Sus piernas, como columnas de mármol fundadas sobre basas de oro fino;
Su aspecto como el Líbano, escogido como los cedros. Su paladar, dulcísimo, y todo él codiciable.
Tal es mi amado, tal es mi amigo,
Oh doncellas de Jerusalén.
6 ¿A dónde se ha ido tu amado, oh la más hermosa de todas las mujeres?
¿A dónde se apartó tu amado,
Y lo buscaremos contigo? Mi amado descendió a su huerto, a las eras de las especias,
Para apacentar en los huertos, y para recoger los lirios. Yo soy de mi amado, y mi amado es mío;
El apacienta entre los lirios. Hermosa eres tú, oh amiga mía, como Tirsa;
De desear, como Jerusalén;
Imponente como ejércitos en orden. Aparta tus ojos de delante de mí,
Porque ellos me vencieron.
Tu cabello es como manada de cabras
Que se recuestan en las laderas de Galaad. Tus dientes, como manadas de ovejas que suben del lavadero,
Todas con crías gemelas,
Y estéril no hay entre ellas. Como cachos de granada son tus mejillas
Detrás de tu velo. Sesenta son las reinas, y ochenta las concubinas,
Y las doncellas sin número; Mas una es la paloma mía, la perfecta mía;
Es la única de su madre,
La escogida de la que la dio a luz.
La vieron las doncellas, y la llamaron bienaventurada;
Las reinas y las concubinas, y la alabaron. ¿Quién es ésta que se muestra como el alba,
Hermosa como la luna,
Esclarecida como el sol,
Imponente como ejércitos en orden? Al huerto de los nogales descendí
A ver los frutos del valle,
Y para ver si brotaban las vides,
Si florecían los granados. Antes que lo supiera, mi alma me puso
Entre los carros de Aminadab. Vuélvete, vuélvete, oh sulamita;
Vuélvete, vuélvete, y te miraremos.
¿Qué veréis en la sulamita?
Algo como la reunión de dos campamentos.


Salmo 136:
Den gracias al Señor, porque él es bueno; su gran amor perdura para siempre. Den gracias al Dios de dioses; su gran amor perdura para siempre. Den gracias al Señor omnipotente; su gran amor perdura para siempre. Al único que hace grandes maravillas; su gran amor perdura para   siempre. Al que con inteligencia hizo los cielos; su gran amor perdura para siempre. Al que expandió la tierra sobre las aguas; su gran amor perdura para siempre. Al que hizo las grandes luminarias; su gran amor perdura para siempre. El sol, para iluminar el día; su gran amor perdura para siempre. La luna y las estrellas, para iluminar la noche; su gran amor perdura para siempre. Al que hirió a los primogénitos de Egipto; su gran amor perdura para siempre. Al que sacó de Egipto a Israel; su gran amor perdura para siempre. Con mano poderosa y con brazo  extendido; su gran amor perdura para siempre. Al que partió en dos el Mar Rojo; su gran amor perdura para siempre. Y por en medio hizo cruzar a Israel; su gran amor perdura para siempre. Pero hundió en el Mar Rojo al faraón y a su ejército; su gran amor perdura para siempre. Al que guió a su pueblo por el desierto; su gran amor perdura para siempre. Al que hirió de muerte a grandes reyes; su gran amor perdura para siempre. Al que a reyes poderosos les quitó la vida; su gran amor perdura para siempre. A Sijón, el rey amorreo; su gran amor perdura para siempre. A Og, el rey de Basán; su gran amor perdura para siempre. Cuyas tierras entregó como herencia; su gran amor perdura para siempre. Como herencia para su siervo Israel; su gran amor perdura para siempre. Al que nunca nos olvida, aunque estemos humillados; su gran amor perdura para siempre. Al que nos libra de nuestros adversarios; su gran amor perdura para siempre. Al que alimenta a todo ser viviente; su gran amor perdura para siempre. ¡Den gracias al Dios de los cielos! ¡Su gran amor perdura para siempre!

Proverbios 5:
Hijo mío, pon atención a mi sabiduría y presta oído a mi buen juicio, para que al hablar mantengas la discreción y retengas el conocimiento. De los labios de la adúltera fluye miel; su lengua es más suave que el aceite. Pero al fin resulta más amarga que la hiel y más cortante que  una espada de dos filos. Sus pies descienden hasta la muerte; sus pasos van derecho al sepulcro. No toma ella en cuenta el camino de la vida; sus sendas son torcidas, y ella no lo reconoce. Pues bien, hijo mío, préstame atención y no te apartes de mis palabras. Aléjate de la adúltera; no te acerques a la puerta de su casa, para que no entregues a otros tu vigor, ni tus años a gente cruel; para que no sacies con tu fuerza a gente extraña, ni vayan a dar en casa ajena tus esfuerzos. Porque al final acabarás por llorar, cuando todo tu ser se haya consumido. Y dirás: "¡Cómo pude aborrecer la corrección! ¡Cómo pudo mi corazón despreciar la disciplina! No atendí a la voz de mis maestros, ni presté oído a mis instructores. Ahora estoy al borde de la ruina, en medio de toda la comunidad." Bebe el agua de tu propio pozo, el agua que fluye de tu propio manantial. ¿Habrán de derramarse tus fuentes por las calles y tus corrientes de aguas por las plazas públicas? Son tuyas, solamente tuyas, y no para que las compartas con extraños. ¡Bendita sea tu fuente! ¡Goza con la esposa de tu juventud! Es una gacela amorosa, es una cervatilla encantadora. ¡Que sus pechos te satisfagan siempre! ¡Que su amor te cautive todo el tiempo! ¿Por qué, hijo mío, dejarte cautivar por una adúltera? ¿Por qué abrazarte al pecho de la mujer ajena? Nuestros caminos están a la vista del Señor; él examina todas nuestras sendas. Al malvado lo atrapan sus malas obras; las cuerdas de su pecado lo aprisionan. Morirá por su falta de disciplina; perecerá por su gran insensatez.


El Libro de Lucas Capítulo 5 del Nuevo Testamento del Expositor por Jimmy Swaggart:



EL SANTO EVANGELIO SEGÚN
SAN LUCAS



CAPÍTULO 5
(31 d.C.)
UN BARCO PRESTADO


Y ACONTECIÓ, que, estando Él junto al lago de Genezaret (el Mar de Galilea), las gentes se agolpaban sobre Él para oír la Palabra de Dios,
2 Y vio dos barcos que estaban cerca de la orilla del lago (dos entre muchos): y los pescadores habiendo descendido de ellos, lavaban sus redes (Pedro, Andrés, Santiago y Juan habían pescado toda la noche y no pescaron nada).
3 Y entrado en uno de estos barcos, el cual era de Simón (demuestra que Él ya pidió prestado este barco para servir como plataforma o púlpito), le rogó que lo desviase de tierra un poco. Y sentándose (la costumbre de aquel entonces), enseñaba desde el barco a las gentes.
EL MILAGRO
4 Y cuando cesó de hablar (acababa de Predicar y enseñar), dijo a Simón, Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar (fue una sorpresa para estos pescadores; ellos habían pescado toda la noche y no pescaron nada, entonces debieron de haberse  preguntado qué estaba haciendo Él ahora, en efecto, Él iba a pagar por el uso del barco; Dios nunca le debe nada a nadie).
5 Y respondiendo Simón, Le dijo, Maestro, habiendo trabajado toda la noche, nada hemos tomado: más en Tu Palabra echaré la red (la idea es que Pedro jamás se hubiera molestado de tirar la red por orden de otra persona que no fuera Jesús).
6 Y habiéndolo hecho, encerraron gran multitud de pescado: más su red se rompía (tantos peces que la red comenzaba a romper).
7 E hicieron señas a los compañeros (Pedro y Andrés llamaron a Santiago y a Juan), que estaban en el otro barco, que viniesen a ayudarles. Y vinieron, y llenaron ambos barcos, de tal manera que se anegaban (Cristo tenía el mismo poder sobre los peces del mar como Él tenía sobre las ranas, las pulgas y las langostas de Egipto).
8 Lo cual viendo Simón Pedro (demuestra que la intención de esta lección no es para que Simón   tuviera una estimación alta de sí mismo, sino una estimación baja; es la intención de toda manifestación del Poder Divino y de la Gracia en la conciencia del hombre caído), se derribó de rodillas ante Jesús, diciendo, Apártate de mí, Señor; porque soy hombre pecador (declara el milagro revelador de la incredulidad oculta en el corazón de Simón, sin lugar a dudas, cuando él echaba las redes se dijo: "no pescaremos nada").
9 Porque temor le había rodeado, y a todos los que estaban con él, de la presa de los peces que habían tomado:
10 Y asimismo a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Y Jesús dijo a Simón, No temas; desde ahora pescarás hombres (es el primer instante registrado en que Jesús usaba las palabras, "no temas," con Sus Discípulos; Su declaración los elevaba a ser pescadores de hombres, y constituía su llamado al Discipulado, y como Apóstoles).
11 Y cuando llegaron a tierra los barcos, dejándolo todo, Le siguieron (quiere decir que ellos respondieron inmediatamente).
JESÚS SANA A UN LEPROSO
12 Y aconteció que estando en una cierta ciudad, he aquí, un hombre lleno de lepra (el hombre estaba en la última etapa de la lepra, en realidad estaba a punto de morir): el cual viendo a Jesús, postrándose sobre el rostro, Le rogó, diciendo, Señor, si Quieres, puedes limpiarme (él expresó duda en cuanto a la buena Voluntad de Jesús, en vez de confiar en Su Poder; además muchos Judíos que sabían que la lepra era un tipo del pecado, no creyeron que hasta un leproso pudiera ser salvo; de ahí, la declaración de este leproso acerca de la buena Voluntad de Cristo para que lo sanara).
13 Entonces, extendiendo la Mano, le tocó diciendo, Quiero: sé limpio (Su respuesta y acción resolvió para siempre la pregunta en cuanto a la Voluntad de Dios con respecto a la sanidad de los enfermos). Y luego la lepra se fue de él (la estructura de esta frase en el Griego expresa que fue la Palabra de Jesús la que sanó al hombre, por eso cuando Él lo tocó, ya había ocurrido la sanidad).
14 Y Él le mandó que no lo dijese a nadie: mas ve, muéstrate al Sacerdote, y ofrece por tu limpieza, como mandó Moisés, para testimonio a ellos (corresponde a la Ley de la Limpieza del Leproso [Lev., cap. 14]).
15 Empero tanto más se extendía Su fama: y se juntaban muchas gentes a oír, y ser sanadas de sus enfermedades.
16 Más Él se apartaba a los desiertos, y oraba (¡si Jesús tenía que orar, ¿qué de nosotros?!).
LA SANIDAD Y EL PERDÓN
17 Y aconteció un día, que Él estaba enseñando, y los Fariseos y Doctores de la Ley estaban sentados, los cuales habían venido de todas las aldeas de Galilea, y de Judea y Jerusalén (ya la gran oposición iba a comenzar): y la Virtud del Señor estaba allí para sanarlos (la implicación es que los enfermos se sanaban sin que Jesús tuviera que tratar con sus enfermedades o aflicciones; el Espíritu de Dios que emanaba de Él aplastaba las enfermedades y aflicciones; en otras palabras, Su mera Presencia trajo la sanidad).
18 Y, he aquí, unos hombres, que traían sobre un lecho a un hombre que estaba paralítico (cuatro hombres cuando Marcos testificaba; el hombre tenía cierto tipo de "parálisis"): y buscaban meterle, y ponerle delante de Él (el lugar estaba atestado de gente que no podían entrar en la casa).
19 Y no hallando por donde meterle a causa de la multitud, subieron encima de la casa (las casas normalmente tenían techos planos en aquella región del mundo), y por el tejado le bajaron con el lecho en medio, delante de Jesús (es probable que ampliaron una trampilla que había en el techo).
20 El cual, viendo la Fe de ellos (en la Fe verdadera siempre hay acción), le dice, Hombre, tus pecados te son perdonados (indica que la desgraciada condición física del enfermo fue debido a su vida pecadora; no obstante, Jesús lo trató con suma bondad).
21 Entonces los Escribas y los Fariseos comenzaron a pensar, diciendo, ¿Quién es éste que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino Sólo Dios? (Hubo una atmósfera hostil en la sala, y nuestro Señor lo sintió. Lo que pensaron en sus corazones lo expresaron en sus rostros, y en sus acciones, y hasta en sus mismas personalidades.)
22 Jesús entonces, conociendo los pensamientos de ellos (el Espíritu Santo Le reveló lo que ellos estaban pensando), respondiendo les dijo, ¿Qué pensáis en vuestros corazones? (Él no sólo perdonaba los pecados, sino que Él leía las mentes cuando el Espíritu Santo se Lo revelaba, que además demostraba que Él era Dios.)
23 ¿Qué es más fácil, decir, Tus pecados te son perdonados; o decir, Levántate y anda? (La idea de la pregunta planteada por Cristo es que Dios Solo podía "perdonar y sanar.")
24 Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la Tierra de perdonar pecados (para demostrar ese poder), (dice al paralítico,) A ti digo, Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa.
25 Y luego, levantándose en presencia de ellos (implica que antes él no podía hacer eso), y tomando aquél en que estaba echado (llevaba su propia cama), se fue a su casa, Glorificando a Dios (había venido enfermo, sin poder caminar, y salió sano y fuerte; con razón, Glorificaba a Dios).
26 Y tomó espanto a todos (la Verdad era indiscutible), y Glorificaban a Dios (que insinúa que hasta los Escribas y los Fariseos hicieron lo mismo), y fueron llenos de temor, diciendo, Hemos visto maravillas hoy (de hecho, habían visto lo que ningún ser humano jamás había visto antes).
JESÚS LLAMA A MATEO
27 Y después de estas cosas salió, y vio a un Publicano (un recaudador de impuestos), llamado Leví (Mateo), sentado al banco de los tributos públicos (era una ocupación lucrativa, pero un empleo despreciado por los Judíos; en otras palabras, ellos odiaban a los recaudadores de impuestos porque representaban a Roma; la tarea era tan detestable que la mayoría de los Publicanos contrataban a otros para que físicamente fueran a colectar los impuestos; pero al parecer Mateo poco se preocupaba de lo que la gente pensaba de él): y le (Mateo) dijo (Jesús), Sígueme (no en fila india, uno detrás del otro, sino caminaban juntos, hombro a hombro por la misma senda).
28 Y dejadas todas las cosas, levantándose, Le siguió (él dejó su posición de recaudador de impuestos, y lo hizo inmediatamente).
29 Y Le (a Jesús) hizo Leví gran banquete en su casa (indica el hecho de que Mateo era una persona de consecuencia y posición): y había mucha compañía de Publicanos y de otros, los cuales estaban a la mesa con ellos (señala a un grupo de las personas a quienes no permitieron probablemente ni dentro de las Sinagogas).
LOS FARISEOS
30 Y los Escribas (que supuestamente eran expertos en la Ley de Moisés) y los Fariseos (el partido religioso fundamentalista en Israel) murmuraban contra Sus Discípulos, diciendo, ¿Por qué coméis y bebéis con los Publicanos y pecadores? (Ni siquiera se les ocurría a ellos compartir  una comida con esa clase de gente, mucho menos tratarlos con amabilidad.)
31 Y respondiendo Jesús les dijo, Los que están sanos no necesitan médico, sino los que están enfermos (asociarse con "los Publicanos y los pecadores" no era el problema de los Fariseos, sino más bien era debido a sus corazones oscurecidos, que era más perverso en los Ojos de Dios que las personas que ellos condenaban).
32 No he venido a llamar justos, sino pecadores al arrepentimiento (en otras palabras, la misma razón por la cual Yo he venido es precisamente por esta gente que ustedes condenan).
EL AYUNO
33 Entonces ellos Le dijeron, ¿Por qué los discípulos de Juan ayunan muchas veces y hacen oraciones, y asimismo los de los Fariseos (es probable que hicieron esta pregunta por los discípulos de Juan el Bautista); y Tus Discípulos comen y beben? (Se refiere a los Discípulos de Jesús en comparación con los discípulos de Juan.)
34 Y Él les dijo, ¿Podéis hacer que los que están de bodas ayunen, entre tanto que el esposo está con ellos? (El objeto de todo lo que hace el Creyente, ya sea ayunar o comer, es Jesús. Él Solo es el punto focal de todo. El ayuno que anteriormente bajo el Antiguo Convenio, fue en relación con Su Venida, la cual se refiere a Su Primer Advenimiento porque, como es obvio, Él todavía no estaba con ellos. Ahora Él está con ellos, por eso no hay necesidad de ayunar, por lo menos durante ese tiempo en particular.)
35 Empero vendrán días cuando el esposo (Cristo) les será quitado de ellos (los Creyentes), entonces ayunarán en aquellos días (se refiere a la época de la Edad de la Iglesia, que ha existido ya por unos 2.000 años; aunque los motivos del ayuno son variados y muchos, la razón principal está relacionada al hecho de que Él no está aquí, que indica muchas cosas; cuando Él regrese, el gozo, la prosperidad y la celebración serán entonces el orden en el mundo entero).
36 Y les decía también una Parábola: Nadie mete remiendo de paño nuevo en vestido viejo; de otra manera el nuevo rompe, y el viejo no conviene remiendo nuevo (el Nuevo Convenio tiene que estar completo en sí, y no parte del Antiguo Convenio; en otras palabras, el Nuevo Convenio no puede remendarse en el Antiguo Convenio).
37 Y nadie echa vino nuevo en cueros viejos (los odres); de otra manera el vino nuevo  romperá los cueros, y el vino se derramará, y los cueros se perderán (tratar de juntar el Nuevo Convenio al Antiguo Convenio destruiría los dos Convenios).
38 Mas el vino nuevo (Nuevo Convenio) en cueros nuevos (odres nuevos) se ha de echar; y lo uno y lo otro se conservan (el "vino nuevo" es el Nuevo Convenio, "los nuevos odres" constituyen la Iglesia; quiere decir que el Judaísmo no tendrá parte alguna en el Cristianismo, aunque las raíces del Cristianismo están claramente en el Judaísmo).
39 Y ninguno que bebiere del añejo en seguida (de inmediato), quiere luego el nuevo: porque dice, El añejo es mejor (el Antiguo Convenio tenía que ser abolido completamente, o de lo contrario el Nuevo no iba a ser aceptado; ¿por qué? "Las obras" siempre son más atractivas a los hombres que "la Fe"; ¿por qué? "Las obras" atraen el orgullo, mientras que "la Fe" atrae la Cruz).


Primera Corintios Capítulo 13:




Si hablo en lenguas humanas y angelicales, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido. Si tengo el don de profecía y entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento, y si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no soy nada. Si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y si entrego mi cuerpo para que lo consuman las llamas, pero no tengo amor, nada gano con eso. El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor jamás se extingue, mientras que el don de profecía cesará, el de lenguas será silenciado y el de conocimiento desaparecerá. Porque conocemos y profetizamos de manera imperfecta; pero cuando llegue lo perfecto, lo imperfecto desaparecerá. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; cuando llegué a ser adulto, dejé atrás las cosas de niño. Ahora vemos de manera indirecta y velada, como en un espejo; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de manera imperfecta, pero entonces conoceré tal y como soy conocido. Ahora, pues, permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más excelente de ellas es el amor.


Hebreos 10:35-12:4




Así que no pierdan la confianza, porque ésta será grandemente recompensada. Ustedes necesitan perseverar para que, después de haber cumplido la voluntad de Dios, reciban lo que él ha prometido. Pues dentro de muy poco tiempo, "el que ha de venir vendrá, y no tardará. Pero mi justo vivirá por la fe. Y si se vuelve atrás, no será de mi agrado." Pero nosotros no somos de los que se vuelven atrás y acaban por perderse, sino de los que tienen fe y preservan su vida. Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve. Gracias a ella fueron aprobados los antiguos. Por la fe entendemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo visible no provino de lo que se ve. Por la fe Abel ofreció a Dios un sacrificio más aceptable que el de Caín, por lo cual recibió testimonio de ser justo, pues Dios aceptó su ofrenda. Y por la fe Abel, a pesar de estar muerto, habla todavía. Por la fe Enoc fue sacado de este mundo sin experimentar la muerte; no fue hallado porque Dios se lo llevó, pero antes de ser llevado recibió testimonio de haber agradado a Dios. En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan. Por la fe Noé, advertido sobre cosas que aún no se veían, con temor reverente construyó un arca para salvar a su familia. Por esa fe condenó al mundo y llegó a ser heredero de la justicia que viene por la fe. Por la fe Abraham, cuando fue llamado para ir a un lugar que más tarde recibiría como herencia, obedeció y salió sin saber a dónde iba. Por la fe se radicó como extranjero en la tierra prometida, y habitó en tiendas de campaña con Isaac y Jacob, herederos también de la misma promesa, porque esperaba la ciudad de cimientos sólidos, de la cual Dios es arquitecto y constructor. Por la fe Abraham, a pesar de su avanzada edad y de que Sara misma era estéril, recibió fuerza para tener hijos, porque consideró fiel al que le había hecho la promesa. Así que de este solo hombre, ya en decadencia, nacieron descendientes numerosos como las estrellas del cielo e incontables como la arena a la orilla del mar. Todos ellos vivieron por la fe, y murieron sin haber recibido las cosas prometidas; más bien, las reconocieron a lo lejos, y confesaron que eran extranjeros y peregrinos en la tierra. Al expresarse así, claramente dieron a entender que andaban en busca de una patria. Si hubieran estado pensando en aquella patria de donde habían emigrado, habrían tenido oportunidad de regresar a ella. Antes bien, anhelaban una patria mejor, es decir, la celestial. Por lo tanto, Dios no se avergonzó de ser llamado su Dios, y les preparó una ciudad. Por la fe Abraham, que había recibido las promesas, fue puesto a prueba y ofreció a Isaac, su hijo único, a pesar de que Dios le había dicho: "Tu descendencia se establecerá por medio de Isaac." Consideraba Abraham que Dios tiene poder hasta para resucitar a los muertos, y así, en sentido figurado, recobró a Isaac de entre los muertos. Por la fe Isaac bendijo a Jacob y a Esaú, previendo lo que les esperaba en el futuro. Por la fe Jacob, cuando estaba a punto de morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyándose en la punta de su bastón. Por la fe José, al fin de su vida, se refirió a la salida de los israelitas de Egipto y dio instrucciones acerca de sus restos mortales. Por la fe Moisés, recién nacido, fue escondido por sus padres durante tres meses, porque vieron que era un niño precioso, y no tuvieron miedo del edicto del rey. Por la fe Moisés, ya adulto, renunció a ser llamado hijo de la hija del faraón. Prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar de los efímeros placeres del pecado. Consideró que el oprobio por causa del Mesías era una mayor riqueza que los tesoros de Egipto, porque tenía la mirada puesta en la recompensa. Por la fe salió de Egipto sin tenerle miedo a la ira del rey, pues se mantuvo firme como si estuviera viendo al Invisible. Por la fe celebró la Pascua y el rociamiento de la sangre, para que el exterminador de los primogénitos no tocara a los de Israel. Por la fe el pueblo cruzó el Mar Rojo como por tierra seca; pero cuando los egipcios intentaron cruzarlo, se ahogaron. Por la fe cayeron las murallas de Jericó, después de haber marchado el pueblo siete días a su alrededor. Por la fe la prostituta Rahab no murió junto con los desobedientes, pues había recibido en paz a los espías. ¿Qué más voy a decir? Me faltaría tiempo para hablar de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté,  David, Samuel y los profetas, los cuales por la fe conquistaron reinos, hicieron justicia y alcanzaron lo prometido; cerraron bocas de leones, apagaron la furia de las llamas y escaparon del filo de la espada; sacaron fuerzas de flaqueza; se mostraron valientes en la guerra y pusieron en fuga a ejércitos extranjeros. Hubo mujeres que por la resurrección recobraron a sus muertos. Otros, en cambio, fueron muertos a golpes, pues para alcanzar una mejor resurrección no aceptaron que los pusieran en libertad. Otros sufrieron la prueba de burlas y azotes, e incluso de cadenas y cárceles. Fueron apedreados, aserrados por la mitad, asesinados a filo de espada. Anduvieron fugitivos de aquí para allá, cubiertos de pieles de oveja y de cabra, pasando necesidades, afligidos y maltratados. ¡El mundo no merecía gente así! Anduvieron sin rumbo por desiertos y montañas, por cuevas y cavernas. Aunque todos obtuvieron un testimonio favorable mediante la fe, ninguno de ellos vio el cumplimiento de la promesa. Esto sucedió para que ellos no llegaran a la meta sin nosotros, pues Dios nos había preparado algo mejor. Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo. En la lucha que ustedes libran contra el pecado, todavía no han tenido que resistir hasta derramar su sangre.

Romanos 8:




Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte. En efecto, la ley no pudo liberarnos porque la naturaleza pecaminosa anuló su poder; por eso Dios envió a su propio Hijo en condición semejante a nuestra condición de pecadores, para que se ofreciera en sacrificio por el pecado. Así condenó Dios al pecado en la naturaleza humana, a fin de que las justas demandas de la ley se cumplieran en nosotros, que no vivimos según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu. Los que viven conforme a la naturaleza pecaminosa fijan la mente en los deseos de tal naturaleza; en cambio, los que viven conforme al Espíritu fijan la mente en los deseos del Espíritu. La mentalidad pecaminosa es muerte, mientras que la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz. La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo. Los que viven según la naturaleza pecaminosa no pueden agradar a Dios. Sin embargo, ustedes no viven según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios vive en ustedes. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo. Pero si Cristo está en ustedes, el cuerpo está muerto a causa del pecado, pero el Espíritu que está en ustedes es vida a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los  muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en ustedes. Por tanto, hermanos, tenemos una obligación, pero no es la de vivir conforme a la naturaleza pecaminosa. Porque si ustedes viven conforme a ella, morirán; pero si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: "¡Abba! ¡Padre!" El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria. De hecho, considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros. La creación aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de Dios, porque fue sometida a la frustración. Esto no sucedió por su propia voluntad, sino por la del que así lo dispuso. Pero queda la firme esperanza de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera dolores de parto. Y no sólo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esa esperanza fuimos salvados. Pero la esperanza que se ve, ya no es esperanza. ¿Quién espera lo que ya tiene? Pero si esperamos lo que todavía no tenemos, en la espera mostramos nuestra constancia. Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios. Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito. Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. A los que predestinó, también los llamó; a los que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó. ¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas? ¿Quién acusará a los que Dios ha escogido? Dios es el que justifica. ¿Quién condenará? Cristo Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros. ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia? Así está escrito: "Por tu causa nos vemos amenazados de muerte todo el día; nos tratan como a ovejas destinadas al matadero." Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.

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28 April 2026

El 28 de abril Lectura Bíblica Diaria

Mensaje de la Cruz de Cristo Jesús-Capítulo-1

Sonidos del aire libre


El 28 de abril Lectura Bíblica Diaria:

Cantar de Cantares 1 a 3:
1 Cantar de los cantares, el cual es de Salomón. ¡Oh, si él me besara con besos de su boca!
Porque mejores son tus amores que el vino. A más del olor de tus suaves ungüentos,
Tu nombre es como ungüento derramado;
Por eso las doncellas te aman. Atráeme; en pos de ti correremos.
El rey me ha metido en sus cámaras;
Nos gozaremos y alegraremos en ti;
Nos acordaremos de tus amores más que del vino;
Con razón te aman. Morena soy, oh hijas de Jerusalén, pero codiciable
Como las tiendas de Cedar,
Como las cortinas de Salomón. No reparéis en que soy morena,
Porque el sol me miró.
Los hijos de mi madre se airaron contra mí;
Me pusieron a guardar las viñas;
Y mi viña, que era mía, no guardé. Hazme saber, oh tú a quien ama mi alma,
Dónde apacientas, dónde sesteas al mediodía;
Pues ¿por qué había de estar yo como errante
Junto a los rebaños de tus compañeros? Si tú no lo sabes, oh hermosa entre las mujeres,
Vé, sigue las huellas del rebaño,
Y apacienta tus cabritas junto a las cabañas de los pastores. A yegua de los carros de Faraón
Te he comparado, amiga mía. Hermosas son tus mejillas entre los pendientes,
Tu cuello entre los collares. Zarcillos de oro te haremos,
Tachonados de plata. Mientras el rey estaba en su reclinatorio,
Mi nardo dio su olor. Mi amado es para mí un manojito de mirra,
Que reposa entre mis pechos. Racimo de flores de alheña en las viñas de En-gadi
Es para mí mi amado. He aquí que tú eres hermosa, amiga mía;
He aquí eres bella; tus ojos son como palomas. He aquí que tú eres hermoso, amado mío, y dulce;
Nuestro lecho es de flores. Las vigas de nuestra casa son de cedro,
Y de ciprés los artesonados.
2 Yo soy la rosa de Sarón,
Y el lirio de los valles. Como el lirio entre los espinos,
Así es mi amiga entre las doncellas. Como el manzano entre los árboles silvestres,
Así es mi amado entre los jóvenes;
Bajo la sombra del deseado me senté,
Y su fruto fue dulce a mi paladar. Me llevó a la casa del banquete,
Y su bandera sobre mí fue amor. Sustentadme con pasas, confortadme con manzanas;
Porque estoy enferma de amor. Su izquierda esté debajo de mi cabeza,
Y su derecha me abrace. Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalén,
Por los corzos y por las ciervas del campo,
Que no despertéis ni hagáis velar al amor,
Hasta que quiera. ¡La voz de mi amado! He aquí él viene
Saltando sobre los montes,
Brincando sobre los collados. Mi amado es semejante al corzo,
O al cervatillo.
Helo aquí, está tras nuestra pared,
Mirando por las ventanas,
Atisbando por las celosías. Mi amado habló, y me dijo:
Levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven. Porque he aquí ha pasado el invierno,
Se ha mudado, la lluvia se fue; Se han mostrado las flores en la tierra,
El tiempo de la canción ha venido,
Y en nuestro país se ha oído la voz de la tórtola. La higuera ha echado sus higos,
Y las vides en cierne dieron olor;
Levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven. Paloma mía, que estás en los agujeros de la peña, en lo escondido de escarpados parajes,
Muéstrame tu rostro, hazme oír tu voz;
Porque dulce es la voz tuya, y hermoso tu aspecto. Cazadnos las zorras, las zorras pequeñas, que echan a perder las viñas;
Porque nuestras viñas están en cierne. Mi amado es mío, y yo suya;
El apacienta entre lirios. Hasta que apunte el día, y huyan las sombras,
Vuélvete, amado mío; sé semejante al corzo, o como el cervatillo
Sobre los montes de Beter.
3 Por las noches busqué en mi lecho al que ama mi alma;
Lo busqué, y no lo hallé. Y dije: Me levantaré ahora, y rodearé por la ciudad;
Por las calles y por las plazas
Buscaré al que ama mi alma;
Lo busqué, y no lo hallé. Me hallaron los guardas que rondan la ciudad,
Y les dije: ¿Habéis visto al que ama mi alma? Apenas hube pasado de ellos un poco,
Hallé luego al que ama mi alma;
Lo así, y no lo dejé,
Hasta que lo metí en casa de mi madre,
Y en la cámara de la que me dio a luz. Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalén,
Por los corzos y por las ciervas del campo,
Que no despertéis ni hagáis velar al amor,
Hasta que quiera. ¿Quién es ésta que sube del desierto como columna de humo,
Sahumada de mirra y de incienso
Y de todo polvo aromático? He aquí es la litera de Salomón;
Sesenta valientes la rodean,
De los fuertes de Israel. Todos ellos tienen espadas, diestros en la guerra;
Cada uno su espada sobre su muslo,
Por los temores de la noche. El rey Salomón se hizo una carroza
De madera del Líbano. Hizo sus columnas de plata,
Su respaldo de oro,
Su asiento de grana,
Su interior recamado de amor
Por las doncellas de Jerusalén. Salid, oh doncellas de Sion, y ved al rey Salomón
Con la corona con que le coronó su madre en el día de su desposorio,
Y el día del gozo de su corazón.

Salmo 135:
¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor! ¡Alaben el nombre del Señor! ¡Siervos del Señor, alábenlo! Ustedes, que permanecen en la casa del Señor, en los atrios de la casa del Dios nuestro. Alaben al Señor, porque el Señor es bueno; canten salmos a su nombre, porque eso es agradable. El Señor escogió a Jacob como su propiedad, a Israel como su posesión. Yo sé que el Señor, nuestro Soberano, es más grande que todos los dioses. El   Señor hace todo lo que quiere en los cielos y en la tierra, en los mares y en todos sus abismos. Levanta las nubes desde los confines de la tierra; envía relámpagos con la lluvia y saca de sus depósitos a los vientos. A los primogénitos de Egipto hirió de muerte, tanto a hombres como a animales. En tu corazón mismo, oh Egipto, contra el faraón y todos sus siervos. A muchas naciones las hirió de muerte; a reyes poderosos les quitó la vida: a Sijón, el rey amorreo; a Og, el rey de Basán, y a todos los reyes de Canaán. Entregó sus tierras como herencia, ¡como herencia para su pueblo Israel! Tu nombre, Señor, es eterno; tu renombre, por todas las generaciones. Ciertamente el Señor juzgará a su pueblo, y de sus siervos tendrá compasión. Los ídolos de los paganos son de oro y plata, producto de manos humanas. Tienen boca, pero no pueden hablar; ojos, pero no pueden ver; tienen oídos, pero no pueden oír; ¡ni siquiera hay aliento en su boca! Semejantes a ellos son sus hacedores y todos los que confían en ellos. Pueblo de Israel, bendice al Señor; descendientes de Aarón, bendigan al Señor; descendientes de Leví, bendigan al Señor; los que temen al Señor, bendíganlo. Desde Sión sea bendito el Señor, el que habita en Jerusalén. ¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor!

Proverbios 4:
Escuchen, hijos, la corrección de un padre; dispónganse a adquirir inteligencia. Yo les brindo buenas enseñanzas, así que no abandonen mi instrucción. Cuando yo era pequeño y vivía con mi padre, cuando era el niño consentido de mi madre, mi padre me instruyó de esta manera: "Aférrate de corazón a mis palabras; obedece mis mandamientos, y vivirás. Adquiere sabiduría, adquiere inteligencia; no olvides mis palabras ni te apartes de ellas. No abandones nunca a la sabiduría, y ella te protegerá;  ámala, y ella te cuidará. La sabiduría es lo primero. ¡Adquiere sabiduría! Por sobre todas las cosas, adquiere discernimiento. Estima a la sabiduría, y ella te exaltará; abrázala, y ella te honrará; te pondrá en la cabeza una hermosa diadema; te obsequiará una bella corona." Escucha, hijo mío; acoge mis palabras, y los años de tu vida aumentarán. Yo te guío por el camino de la sabiduría, te dirijo por sendas de rectitud. Cuando camines, no encontrarás obstáculos; cuando corras, no tropezarás. Aférrate a la instrucción, no la dejes escapar; cuídala bien, que ella es tu vida. No sigas la senda de los perversos ni vayas por el camino de los malvados. ¡Evita ese camino! ¡No pases por él! ¡Aléjate de allí, y sigue de largo! Los malvados no duermen si no hacen lo malo; pierden el sueño si no hacen que alguien caiga. Su pan es la maldad; su vino, la violencia. La senda de los justos se asemeja a los primeros albores de la aurora: su esplendor va en aumento hasta que el día alcanza su plenitud. Pero el camino de los malvados es como la más densa oscuridad; ¡ni siquiera saben con qué tropiezan! Hijo mío, atiende a mis consejos; escucha atentamente lo que digo. No pierdas de vista mis palabras; guárdalas muy dentro de tu corazón. Ellas dan vida a quienes las hallan; son la salud del cuerpo. Por sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque de él mana la vida. Aleja de tu boca la perversidad; aparta de tus labios las palabras corruptas. Pon la mirada en lo que tienes delante; fija la vista en lo que está frente a ti. Endereza las sendas por donde andas; allana todos tus caminos. No te desvíes ni a diestra ni a siniestra; apártate de la maldad.


El Libro de Lucas Capítulo 4 del Nuevo Testamento del Expositor por Jimmy Swaggart:




EL SANTO EVANGELIO SEGÚN
SAN LUCAS



CAPÍTULO 4
(27 d.C.)
LA TENTACIÓN DE JESÚS




Y JESÚS, lleno del Espíritu Santo (en el caso de Cristo, Él recibió el Espíritu sin medida [Jn. 3:34; Hch. 10:38]) volvió del Jordán (Su Bautismo en Agua), y fue llevado por el Espíritu al desierto (se refiere a la gran urgencia por el Espíritu),
2 Por cuarenta días y era tentado del Diablo (se refiere a ser tentado durante todo el transcurso de estos días en cuestión; "cuarenta" es el número de Dios para el período de prueba). Y no comió (señala que Él estuvo en ayunos durante cuarenta días y noches) cosa alguna en aquellos días: los cuales pasados, tuvo hambre (algunos afirman que Dios Le suprimió el hambre durante estos cuarenta días y noches a Cristo, pero no fue así; Jesús sufrió hambre exactamente como nosotros).
3 Entonces el Diablo Le dijo (Satanás es un Ángel caído, que condujo una revolución contra Dios en la eternidad pasada; él es uno de los Ángeles más poderosos que jamás fueron creados por Dios, y sirvió a Dios en justicia y santidad durante un período indeterminado de tiempo antes de su Caída [Isa., cap. 14; Ezeq., cap. 28]), Si eres Hijo de Dios (debiera traducirse, "ya que Tú eres el Hijo de Dios"), di a esta piedra que se haga pan (la tentación se trataba de que Jesús usara Su Poder para su satisfacción personal, lo cual estaba fuera de la Voluntad de Dios).
4 Y Jesús respondiéndole dijo, Escrito está, Que no con pan solo vivirá el hombre, mas con toda Palabra de Dios ([Deut. 8:3], Jesús respondió a la tentación de Satanás con la Palabra; simplemente al citarlo no dará los mismos resultados; Jesús también dijo, "conoceréis la verdad, y la verdad os libertará" [Jn. 8:32]).
5 Y Le llevó el Diablo, a un alto monte (constituye que fue literalmente hecho, al menos en cuanto a lo que concierne al monte), y Le mostró en un momento de tiempo todos los Reinos de la Tierra (no fue en el sentido literal, sino más bien por sugerencia).
6 Y Le dijo el Diablo, A Ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos (manifiesta como Satanás obra; ha capturado a muchos ofreciéndoles una parte de la gloria del dominio terrenal): porque a mí es entregada (se refiere al Jardín de Edén en dónde Satanás ganó esta autoridad por la caída de Adán y Eva); y a quien quiero la doy (hace de Satanás el supuesto gobernador de este mundo [Jn. 12:31; II Cor. 4:4; Ef. 2:1-3; Apoc. 13:2, 7]; sin embargo, aun su autoridad está limitado con el Señor que, en efecto, tiene la palabra final en todo):
7 Pues, si Tú adorares delante de mí, serán todos Tuyos (era una mentira; pero aún, el  mundo ha caído en esta mentira desde el principio del tiempo; Satanás intentaba hacer que Cristo ganara al mundo sin pasar por la Cruz; él todavía propone lo mismo, y mayormente usa la Iglesia para hacer esto; cada Creyente es un "heredero del mundo," pero solamente por medio de la Cruz [Rom. 4:13]).
8 Y respondiendo Jesús le dijo, Vete de Mí, Satanás: porque escrito está, A tu Señor Dios adorarás, y a Él sólo servirás ([Deut. 6:13; 10:20] la respuesta de Cristo se refiere a la adoración, como la primera se refirió al deseo; los hombres desean lo equivocado, lo opuesto de la Palabra de Dios, y adoran lo equivocado, lo que propone Satanás).
9 Y Le (Satanás) llevó a Jerusalén, y Le puso (Jesús) sobre el pináculo del Templo (parece que se hizo literalmente, significa que no era una visión), y Le dijo, Si eres Hijo de Dios (puesto que Tú eres el Hijo de Dios), échate de aquí abajo:
10 Porque escrito está, Que a Sus Ángeles mandará de Ti, que te guarden (una cita incorrecta de Salmo 91:11-12; la cita correcta es, "que te guarden en todos Tus caminos," lo cual se refiere a "los Caminos de Dios"; se garantiza la protección bajo todas las circunstancias, pero no según lo que Satanás dijo):
11 Y en las Manos Te llevarán, Para que en cualquier momento no dañes Tu Pie en piedra (otra vez Satanás dio una cita incorrecta del texto al agregar las palabras "en cualquier momento," que cambia totalmente el significado; nos dice que Satanás conoce bien la Palabra de Dios, y para su propia ventaja la cambia sutilmente para que diga algo que no estaba originalmente; además, si observa, Satanás no cita el Versículo  13 del Salmo 91, porque predice su destrucción por el Señor Jesucristo).
12 Y respondiendo Jesús le dijo, Dicho está, No tentarás al Señor tu Dios (expresa el pecado de la presunción; la presunción es una actitud o creencia dictada por la probabilidad; en otras palabras, la Palabra de Dios no es una probabilidad, sino cierta).
13 Y acabada toda tentación, el Diablo se fue de Él por un tiempo (quiere decir que él volvería, lo cual, sin duda, hizo varias veces; la implicación es que Jesús fue tentado por Satanás durante todo Su Ministerio).
14 Y Jesús volvió en Virtud del Espíritu a Galilea (no hay poder alguno sin el Espíritu Santo): y salió la fama de Él por toda la tierra de alrededor (tiene que ver con todos los milagros que fueron realizados que, en efecto, se comenzaron con el milagro de convertir el agua en vino en Caná [Jn. 2:1-11]).
NAZARET
15 Y enseñaba en las Sinagogas de ellos, y era glorificado de todos (fue el comienzo; pronto cambiaría).
16 Y vino a Nazaret, donde había sido criado (hace vívido el hecho de que Jesús era el Mismísimo Hombre, como Él era el Mismísimo Dios): y entró, conforme a Su costumbre (en nuestro lenguaje de hoy Él era fiel a la Iglesia), el Día del Sábado en la Sinagoga, y se levantó para leer (era de costumbre pedir a los visitantes que expusieran la Palabra).
17 Y Le fue dado el Libro (el Rollo) del Profeta Isaías. Y cuando abrió el Libro, halló el lugar donde estaba escrito (Isa. 61:1),
18 El Espíritu del Señor está sobre Mí (aprendemos la necesidad absoluta de la Persona y la Obra del Espíritu Santo dentro de nuestras vidas), por cuanto Me ha ungido (Jesús es el Ungido Absoluto; en consecuencia, la Unción del Espíritu Santo, en efecto, Le pertenece a Cristo, y la Unción que actualmente disfrutamos es por medio de Su Autoridad [Jn. 16:14]) para Predicar las Buenas Nuevas a los pobres (los pobres en espíritu); Me ha enviado para sanar a los quebrantados de corazón (el pecado quebranta el corazón, u otra cosa es responsable de quebrantarlo; sólo Jesús puede sanar esa enfermedad), para Predicar libertad a los cautivos (si es de notarse, no dice para "liberar a los cautivos," sino más bien "Predicar libertad," lo cual se refiere a la Cruz [Jn. 8:32]), y a los ciegos vista (el Evangelio abre los ojos de los que están espiritualmente ciegos), para poner en libertad a los quebrantados (las vicisitudes de la vida a veces pone a la persona en una prisión mental o espiritual; el Señor Solo, y por lo que Él hizo en la Cruz, puede abrir la puerta de esta prisión),
19 Para Predicar el Año agradable del Señor (se cree que el día, en que Jesús entregó este mensaje fue el primer día del año del Jubileo).
20 Y enrollando el Libro, lo dio al Ministro, y se sentó (describe la costumbre de esa época). Y los ojos de todos en la Sinagoga estaban fijos en Él (aunque la mayoría de los  presentes no pudieron verlo, representó un momento que excedía cualquier cosa que estas personas habían conocido).
21 Y comenzó a decirles, Hoy se ha cumplido esta Escritura en vuestros oídos (en efecto, Él está diciendo, "Yo Soy el Mesías," el cumplimiento de Las Sagradas Escrituras).
22 Y todos Le daban testimonio (todos entendían exactamente lo que Él dijo, pero no todos creyeron en Él), y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de Su Boca (quiere decir que nos revela solamente una pequeña porción de lo que, en efecto, Él dijo). Y decían, ¿No es Éste el hijo de José? (Se refiere al hecho de que ellos no podían comparar estas "palabras de gracia" con el carpintero que habían conocido por 30 años.)
23 Y les dijo, Sin duda Me diréis este Refrán, Médico, cúrate a Ti Mismo (¿como podía este carpintero ser el Mesías?): de tantas cosas que hemos oído haber sido hechas en Capernaum, haz también aquí en tu tierra (que obrara los mismos milagros; pero ellos no Le daban la oportunidad de hacerlo).
24 Y dijo, De cierto os digo, Que ningún Profeta es acepto en Su tierra (Él predice su incredulidad).
25 Mas en verdad os digo (declarará a ciencia cierta que el problema de Israel es la pretensión de superioridad moral que es resultado del orgullo), que muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el Cielo fue cerrado por tres años y seis meses, que hubo una grande hambre en toda la tierra (se refiere a la época de Acab, y del gran maligno en cuanto al reino norte de Israel);
26 Pero a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a Sarepta de Sidón, a una mujer viuda (también ella era una Gentil).
27 Y muchos leprosos había en Israel en tiempo del Profeta Eliseo; más ninguno de ellos fue limpio, sino Naamán el Sirio (otro Gentil).
28 Entonces todos en la Sinagoga, oyendo estas cosas, fueron llenos de ira (indignados porque Él daba como ejemplo a dos Gentiles que recibieron del Señor, mientras que los Judíos fueron rechazados; Él, en efecto, decía que esto le sucedería a Israel; los Gentiles Lo recibirían a Él pero Israel Lo rechazaría; "ira" por lo general es causada por la incredulidad),
29 Y levantándose, Le echaron fuera de la ciudad (quiere decir que ellos Lo agarraron físicamente, a la fuerza Lo sacaron de la Sinagoga y de la ciudad; fue la reacción de ellos a su Mesías, el Unigénito Hijo del Dios, y su único Salvador), y Le llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual la ciudad de ellos estaba edificada, para despeñarle (presenta a Nazaret, Su Propia aldea, como la primera ciudad con ganas de matarle).
30 Mas Él pasando por medio de ellos se fue (lo hizo por el Poder de Dios, y nunca más regresó),
LAS SANIDADES Y LAS
LIBERACIONES
31 Y descendió a Capernaum, ciudad de Galilea (sería el Hogar y la Sede de Su Ministerio entero de unos tres años y medio), y los enseñaba en los Sábados (en sus Sinagogas).
32 Y se maravillaban de Su Doctrina (tenía que ver con la manera cómo Él explicaba Las Sagradas Escrituras): porque Su Palabra era con potestad (concierne la Unción del Espíritu Santo, lo que ellos nunca habían experimentado antes).
33 Y estaba en la Sinagoga un hombre que tenía un espíritu de un demonio inmundo (espíritu demoníaco), el cual exclamó a gran voz (la voz de este espíritu demoníaco que utilizaba las cuerdas vocales de este hombre),
34 Diciendo, Déjanos (se refiere al hecho que Jesús Solo tiene poder sobre los espíritus de tinieblas); ¿qué tenemos contigo Jesús Nazareno? (Describe la separación total entre el mundo espiritual de la Luz y el mundo espiritual de las tinieblas.) ¿Has venido a destruirnos? Yo Te conozco Quién eres; el Santo de Dios (conocían Quién era Él, también conocían que Él había venido para destruir su reino de tinieblas).
35 Y Jesús le increpó (Jesús reprendió al espíritu inmundo en el hombre), diciendo, Enmudece (Cállate), y sal de él (un Mandato que tenía que obedecerse). Entonces el demonio, derribándole en medio (le tiró al suelo), salió de él, y no le hizo daño alguno   (quiere decir que él fue ordenado por el Señor para que al salir no hiciese ningún daño).
36 Y hubo espanto en todos, y hablaban unos a otros, diciendo, ¿Qué palabra es ésta (manifiesta lo que ellos nunca habían visto), que con autoridad y potencia manda a los espíritus inmundos, y salen? (Ellos reconocieron Su "Autoridad" y "Poder.")
37 Y la fama de Él se divulgaba por todos los lugares de aquella región.
LA SUEGRA DE PEDRO
38 Y levantándose Jesús de la Sinagoga, entró en casa de Simón (era Su Sede por tres años y medio de Ministerio público). Y la suegra de Simón estaba con una grande fiebre (amenazaba su vida); y Le rogaron por ella (Le pidió que la sanara).
39 E inclinándose hacia ella, reprendió a la fiebre (indica que era un espíritu maligno que causaba la fiebre); y la fiebre la dejó (el espíritu salió junto con la enfermedad): y ella levantándose luego les servía (demuestra la recuperación instantánea, probablemente fue ella que preparó la cena de esa noche).
ECHANDO FUERA A
LOS DEMONIOS
40 Y poniéndose el sol (quiere decir que el Sábado estaba por terminar; cada nuevo día para los Judíos de esa época comenzaba con la puesta del sol, en cambio el nuestro comienza con la medianoche), todos los que tenían enfermos de diversas enfermedades, los traían a Él; y Él poniendo las Manos sobre cada uno de ellos, los sanaba.
41 Y salían también demonios (espíritus inmundos) de muchos, dando voces (expresa liberaciones además de sanidades), y diciendo, Tú eres el Hijo de Dios (se refiere a los espíritus que tenían personalidades e inteligencia; ellos sabían quién era Él, aunque los líderes religiosos de Israel no lo sabían). Más reprendiéndolos no les dejaba hablar: porque sabían que Él era el Cristo (Él no quería testimonio de ellos).
42 Y siendo ya de día, (insinúa que Ministraba toda la noche) salió y se fue a un lugar desierto (Él deseaba un lugar solitario para tener privacidad): y las gentes Le buscaban, y vinieron hasta Él, y Le detenían, para que no se apartase de ellos (querían que Él pasara todo Su Tiempo en Capernaum y que no fuera a ningún otro lado).
43 Más Él les dijo, Que también a otras ciudades es necesario que Anuncie el Evangelio del Reino de Dios: porque para esto Soy Yo enviado (el pensamiento moderno da poca importancia a la Predicación y exalta la ceremonia; el Hijo Eterno de Dios era totalmente un Predicador; este hecho, y la oposición de Satanás a la Predicación, demuestra su importancia).
44 Y Él Predicaba en las Sinagogas de Galilea.


Primera Corintios Capítulo 13:
Si hablo en lenguas humanas y angelicales, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido. Si tengo el don de profecía y entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento, y si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no soy nada. Si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y si entrego mi cuerpo para que lo consuman las llamas, pero no tengo amor, nada gano con eso. El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor jamás se extingue, mientras que el don de profecía cesará, el de lenguas será silenciado y el de conocimiento desaparecerá. Porque conocemos y profetizamos de manera imperfecta; pero cuando llegue lo perfecto, lo imperfecto desaparecerá. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; cuando llegué a ser adulto, dejé atrás las cosas de niño. Ahora vemos de manera indirecta y velada, como en un espejo; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de manera imperfecta, pero entonces conoceré tal y como soy conocido. Ahora, pues, permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más excelente de ellas es el amor.


Hebreos 10:35-12:4
Así que no pierdan la confianza, porque ésta será grandemente recompensada. Ustedes necesitan perseverar para que, después de haber cumplido la voluntad de Dios, reciban lo que él ha prometido. Pues dentro de muy poco tiempo, "el que ha de venir vendrá, y no tardará. Pero mi justo vivirá por la fe. Y si se vuelve atrás, no será de mi agrado." Pero nosotros no somos de los que se vuelven atrás y acaban por perderse, sino de los que tienen fe y preservan su vida. Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve. Gracias a ella fueron aprobados los antiguos. Por la fe entendemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo visible no provino de lo que se ve. Por la fe Abel ofreció a Dios un sacrificio más aceptable que el de Caín, por lo cual recibió testimonio de ser justo, pues Dios aceptó su ofrenda. Y por la fe Abel, a pesar de estar muerto, habla todavía. Por la fe Enoc fue sacado de este mundo sin experimentar la muerte; no fue hallado porque Dios se lo llevó, pero antes de ser llevado recibió testimonio de haber agradado a Dios. En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan. Por la fe Noé, advertido sobre cosas que aún no se veían, con temor reverente construyó un arca para salvar a su familia. Por esa fe condenó al mundo y llegó a ser heredero de la justicia que viene por la fe. Por la fe Abraham, cuando fue llamado para ir a un lugar que más tarde recibiría como herencia, obedeció y salió sin saber a dónde iba. Por la fe se radicó como extranjero en la tierra prometida, y habitó en tiendas de campaña con Isaac y Jacob, herederos también de la misma promesa, porque esperaba la ciudad de cimientos sólidos, de la cual Dios es arquitecto y constructor. Por la fe Abraham, a pesar de su avanzada edad y de que Sara misma era estéril, recibió fuerza para tener hijos, porque consideró fiel al que le había hecho la promesa. Así que de este solo hombre, ya en decadencia, nacieron descendientes numerosos como las estrellas del cielo e incontables como la arena a la orilla del mar. Todos ellos vivieron por la fe, y murieron sin haber recibido las cosas prometidas; más bien, las reconocieron a lo lejos, y confesaron que eran extranjeros y peregrinos en la tierra. Al expresarse así, claramente dieron a entender que andaban en busca de una patria. Si hubieran estado pensando en aquella patria de donde habían emigrado, habrían tenido oportunidad de regresar a ella. Antes bien, anhelaban una patria mejor, es decir, la celestial. Por lo tanto, Dios no se avergonzó de ser llamado su Dios, y les preparó una ciudad. Por la fe Abraham, que había recibido las promesas, fue puesto a prueba y ofreció a Isaac, su hijo único, a pesar de que Dios le había dicho: "Tu descendencia se establecerá por medio de Isaac." Consideraba Abraham que Dios tiene poder hasta para resucitar a los muertos, y así, en sentido figurado, recobró a Isaac de entre los muertos. Por la fe Isaac bendijo a Jacob y a Esaú, previendo lo que les esperaba en el futuro. Por la fe Jacob, cuando estaba a punto de morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyándose en la punta de su bastón. Por la fe José, al fin de su vida, se refirió a la salida de los israelitas de Egipto y dio instrucciones acerca de sus restos mortales. Por la fe Moisés, recién nacido, fue escondido por sus padres durante tres meses, porque vieron que era un niño precioso, y no tuvieron miedo del edicto del rey. Por la fe Moisés, ya adulto, renunció a ser llamado hijo de la hija del faraón. Prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar de los efímeros placeres del pecado. Consideró que el oprobio por causa del Mesías era una mayor riqueza que los tesoros de Egipto, porque tenía la mirada puesta  en la recompensa. Por la fe salió de Egipto sin tenerle miedo a la ira del rey, pues se mantuvo firme como si estuviera viendo al Invisible. Por la fe celebró la Pascua y el rociamiento de la sangre, para que el exterminador de los primogénitos no tocara a los de Israel. Por la fe el pueblo cruzó el Mar Rojo como por tierra seca; pero cuando los egipcios intentaron cruzarlo, se ahogaron. Por la fe cayeron las murallas de Jericó, después de haber marchado el pueblo siete días a su alrededor. Por la fe la prostituta Rahab no murió junto con los desobedientes, pues había recibido en paz a los espías. ¿Qué más voy a decir? Me faltaría tiempo para hablar de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté,  David, Samuel y los profetas, los cuales por la fe conquistaron reinos, hicieron justicia y alcanzaron lo prometido; cerraron bocas de leones, apagaron la furia de las llamas y escaparon del filo de la espada; sacaron fuerzas de flaqueza; se mostraron valientes en la guerra y pusieron en fuga a ejércitos extranjeros. Hubo mujeres que por la resurrección recobraron a sus muertos. Otros, en cambio, fueron muertos a golpes, pues para alcanzar una mejor resurrección no aceptaron que los pusieran en libertad. Otros sufrieron la prueba de burlas y azotes, e incluso de cadenas y cárceles. Fueron apedreados, aserrados por la mitad, asesinados a filo de espada. Anduvieron fugitivos de aquí para allá, cubiertos de pieles de oveja y de cabra, pasando necesidades, afligidos y maltratados. ¡El mundo no merecía gente así! Anduvieron sin rumbo por desiertos y montañas, por cuevas y cavernas. Aunque todos obtuvieron un testimonio favorable mediante la fe, ninguno de ellos vio el cumplimiento de la promesa. Esto sucedió para que ellos no llegaran a la meta sin nosotros, pues Dios nos había preparado algo mejor. Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo. En la lucha que ustedes libran contra el pecado, todavía no han tenido que resistir hasta derramar su sangre.

Romanos 8:
Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte. En efecto, la ley no pudo liberarnos porque la naturaleza pecaminosa anuló su poder; por eso Dios envió a su propio Hijo en condición semejante a nuestra condición de pecadores, para que se ofreciera en sacrificio por el pecado. Así condenó Dios al pecado en la naturaleza humana, a fin de que las justas demandas de la ley se cumplieran en nosotros, que no vivimos según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu. Los que viven conforme a la naturaleza pecaminosa fijan la mente en los deseos de tal naturaleza; en cambio, los que viven conforme al Espíritu fijan la mente en los deseos del Espíritu. La mentalidad pecaminosa es muerte, mientras que la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz. La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo. Los que viven según la naturaleza pecaminosa no pueden agradar a Dios. Sin embargo, ustedes no viven según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios vive en ustedes. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo. Pero si Cristo está en ustedes, el cuerpo está muerto a causa del pecado, pero el Espíritu que está en ustedes es vida a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en ustedes. Por tanto, hermanos, tenemos una obligación, pero no es la de vivir conforme a la naturaleza pecaminosa. Porque si ustedes viven conforme a ella, morirán; pero si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: "¡Abba! ¡Padre!" El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos herederos;   herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria. De hecho, considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros. La creación aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de Dios, porque fue sometida a la frustración. Esto no sucedió por su propia voluntad, sino por la del que así lo dispuso. Pero queda la firme esperanza de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera dolores de parto. Y no sólo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esa esperanza fuimos salvados. Pero la esperanza que se ve, ya no es esperanza. ¿Quién espera lo que ya tiene? Pero si esperamos lo que todavía no tenemos, en la espera mostramos nuestra constancia. Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios. Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito. Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. A los que predestinó, también los llamó; a los que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó. ¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas? ¿Quién acusará a los que Dios ha escogido? Dios es el que justifica. ¿Quién condenará? Cristo Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros. ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia? Así está escrito: "Por tu causa nos vemos amenazados de muerte todo el día; nos tratan como a ovejas destinadas al matadero." Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.

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