El 11 de setiembre Lectura Bíblica Diaria
Mensaje de la Cruz de Cristo Jesús-Capítulo-1
Lukus 13:
13 En este mismo tiempo estaban allí algunos que le contaban acerca de los galileos cuya sangre Pilato había mezclado con los sacrificios de ellos. Respondiendo Jesús, les dijo: ¿Pensáis que estos galileos, porque padecieron tales cosas, eran más pecadores que todos los galileos? Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente. O aquellos dieciocho sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que todos los hombres que habitan en Jerusalén? Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente. Dijo también esta parábola: Tenía un hombre una higuera plantada en su viña, y vino a buscar fruto en ella, y no lo halló. Y dijo al viñador: He aquí, hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo; córtala; ¿para qué inutiliza también la tierra? El entonces, respondiendo, le dijo: Señor, déjala todavía este año, hasta que yo cave alrededor de ella, y la abone. Y si diere fruto, bien; y si no, la cortarás después. Enseñaba Jesús en una sinagoga en el día de reposo; y había allí una mujer que desde hacía dieciocho años tenía espíritu de enfermedad, y andaba encorvada, y en ninguna manera se podía enderezar. Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, eres libre de tu enfermedad. Y puso las manos sobre ella; y ella se enderezó luego, y glorificaba a Dios. Pero el principal de la sinagoga, enojado de que Jesús hubiese sanado en el día de reposo, dijo a la gente: Seis días hay en que se debe trabajar; en éstos, pues, venid y sed sanados, y no en día de reposo. Entonces el Señor le respondió y dijo: Hipócrita, cada uno de vosotros ¿no desata en el día de reposo su buey o su asno del pesebre y lo lleva a beber? Y a esta hija de Abraham, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no se le debía desatar de esta ligadura en el día de reposo? Al decir él estas cosas, se avergonzaban todos sus adversarios; pero todo el pueblo se regocijaba por todas las cosas gloriosas hechas por él. Y dijo: ¿A qué es semejante el reino de Dios, y con qué lo compararé? Es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su huerto; y creció, y se hizo árbol grande, y las aves del cielo anidaron en sus ramas. Y volvió a decir: ¿A qué compararé el reino de Dios? Es semejante a la levadura, que una mujer tomó y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo hubo fermentado. Pasaba Jesús por ciudades y aldeas, enseñando, y encaminándose a Jerusalén. Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo: Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán. Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, y estando fuera empecéis a llamar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos, él respondiendo os dirá: No sé de dónde sois. Entonces comenzaréis a decir: Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste. Pero os dirá: Os digo que no sé de dónde sois; apartaos de mí todos vosotros, hacedores de maldad. Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos. Porque vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. Y he aquí, hay postreros que serán primeros, y primeros que serán postreros. Aquel mismo día llegaron unos fariseos, diciéndole: Sal, y vete de aquí, porque Herodes te quiere matar. Y les dijo: Id, y decid a aquella zorra: He aquí, echo fuera demonios y hago curaciones hoy y mañana, y al tercer día termino mi obra. Sin embargo, es necesario que hoy y mañana y pasado mañana siga mi camino; porque no es posible que un profeta muera fuera de Jerusalén. ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste! He aquí, vuestra casa os es dejada desierta; y os digo que no me veréis, hasta que llegue el tiempo en que digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor.
Salmo 23: Salmo de David.
El 11 de setiembre Lectura Bíblica Diaria:
Lukus 13:
13 En este mismo tiempo estaban allí algunos que le contaban acerca de los galileos cuya sangre Pilato había mezclado con los sacrificios de ellos. Respondiendo Jesús, les dijo: ¿Pensáis que estos galileos, porque padecieron tales cosas, eran más pecadores que todos los galileos? Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente. O aquellos dieciocho sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que todos los hombres que habitan en Jerusalén? Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente. Dijo también esta parábola: Tenía un hombre una higuera plantada en su viña, y vino a buscar fruto en ella, y no lo halló. Y dijo al viñador: He aquí, hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo; córtala; ¿para qué inutiliza también la tierra? El entonces, respondiendo, le dijo: Señor, déjala todavía este año, hasta que yo cave alrededor de ella, y la abone. Y si diere fruto, bien; y si no, la cortarás después. Enseñaba Jesús en una sinagoga en el día de reposo; y había allí una mujer que desde hacía dieciocho años tenía espíritu de enfermedad, y andaba encorvada, y en ninguna manera se podía enderezar. Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, eres libre de tu enfermedad. Y puso las manos sobre ella; y ella se enderezó luego, y glorificaba a Dios. Pero el principal de la sinagoga, enojado de que Jesús hubiese sanado en el día de reposo, dijo a la gente: Seis días hay en que se debe trabajar; en éstos, pues, venid y sed sanados, y no en día de reposo. Entonces el Señor le respondió y dijo: Hipócrita, cada uno de vosotros ¿no desata en el día de reposo su buey o su asno del pesebre y lo lleva a beber? Y a esta hija de Abraham, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no se le debía desatar de esta ligadura en el día de reposo? Al decir él estas cosas, se avergonzaban todos sus adversarios; pero todo el pueblo se regocijaba por todas las cosas gloriosas hechas por él. Y dijo: ¿A qué es semejante el reino de Dios, y con qué lo compararé? Es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su huerto; y creció, y se hizo árbol grande, y las aves del cielo anidaron en sus ramas. Y volvió a decir: ¿A qué compararé el reino de Dios? Es semejante a la levadura, que una mujer tomó y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo hubo fermentado. Pasaba Jesús por ciudades y aldeas, enseñando, y encaminándose a Jerusalén. Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo: Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán. Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, y estando fuera empecéis a llamar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos, él respondiendo os dirá: No sé de dónde sois. Entonces comenzaréis a decir: Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste. Pero os dirá: Os digo que no sé de dónde sois; apartaos de mí todos vosotros, hacedores de maldad. Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos. Porque vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. Y he aquí, hay postreros que serán primeros, y primeros que serán postreros. Aquel mismo día llegaron unos fariseos, diciéndole: Sal, y vete de aquí, porque Herodes te quiere matar. Y les dijo: Id, y decid a aquella zorra: He aquí, echo fuera demonios y hago curaciones hoy y mañana, y al tercer día termino mi obra. Sin embargo, es necesario que hoy y mañana y pasado mañana siga mi camino; porque no es posible que un profeta muera fuera de Jerusalén. ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste! He aquí, vuestra casa os es dejada desierta; y os digo que no me veréis, hasta que llegue el tiempo en que digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor.
Salmo 23: Salmo de David.
Jehová
es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará
descansar; Junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; Me
guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. Aunque ande en
valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque tú estarás
conmigo; Tu vara y tu cayado me infundirán aliento. Aderezas mesa
delante de mí en presencia de mis angustiadores; Unges mi cabeza con
aceite; mi copa está rebosando. Ciertamente el bien y la misericordia me
seguirán todos los días de mi vida, Y en la casa de Jehová moraré por
largos días.
Proverbios 17:
Mejor es un bocado seco, y en paz, Que casa de contiendas llena de provisiones. El siervo prudente se enseñoreará del hijo que deshonra,
Y con los hermanos compartirá la herencia. El crisol para la plata, y la hornaza para el oro; Pero Jehová prueba los corazones. El malo está atento al labio inicuo; Y el mentiroso escucha la lengua detractora. El que escarnece al pobre afrenta a su Hacedor; Y el que se alegra de la calamidad no quedará sin castigo. Corona de los viejos son los nietos, Y la honra de los hijos, sus padres. No conviene al necio la altilocuencia; ¡Cuánto menos al príncipe el labio mentiroso! Piedra preciosa es el soborno para el que lo practica; Adondequiera que se vuelve, halla prosperidad. El que cubre la falta busca amistad; Mas el que la divulga, aparta al amigo. La reprensión aprovecha al entendido, Más que cien azotes al necio. El rebelde no busca sino el mal, Y mensajero cruel será enviado contra él. Mejor es encontrarse con una osa a la cual han robado sus cachorros, Que con un fatuo en su necedad. El que da mal por bien, No se apartará el mal de su casa. El que comienza la discordia es como quien suelta las aguas; Deja, pues, la contienda, antes que se enrede. El que justifica al impío, y el que condena al justo, Ambos son igualmente abominación a Jehová. ¿De qué sirve el precio en la mano del necio para comprar sabiduría, No teniendo entendimiento? En todo tiempo ama el amigo, Y es como un hermano en tiempo de angustia. El hombre falto de entendimiento presta fianzas,
Y sale por fiador en presencia de su amigo. El que ama la disputa, ama la transgresión; Y el que abre demasiado la puerta busca su ruina. El perverso de corazón nunca hallará el bien, Y el que revuelve con su lengua caerá en el mal. El que engendra al insensato, para su tristeza lo engendra;
Y el padre del necio no se alegrará. El corazón alegre constituye buen remedio; Mas el espíritu triste seca los huesos. El impío toma soborno del seno Para pervertir las sendas de la justicia. En el rostro del entendido aparece la sabiduría; Mas los ojos del necio vagan hasta el extremo de la tierra. El hijo necio es pesadumbre de su padre, Y amargura a la que lo dio a luz. Ciertamente no es bueno condenar al justo, Ni herir a los nobles que hacen lo recto. El que ahorra sus palabras tiene sabiduría; De espíritu prudente es el hombre entendido. Aun el necio, cuando calla, es contado por sabio; El que cierra sus labios es entendido.
El Libro de II Timoteo Capítulo 2 del Nuevo Testamento del Expositor por Jimmy Swaggart:
LA SEGUNDA EPÍSTOLA DEL APÓSTOL PABLO A
TIMOTEO
CAPÍTULO 2
(66 d.C.)
UN FIEL SOLDADO
PUES tú, hijo mío, esfuérzate (se logra solamente cuando hacemos siempre la Cruz el Objeto de Fe) en la Gracia que es en Cristo Jesús. (La Fuente de Gracia es el Señor, pero el medio es la Cruz.)
2 Y lo que has oído de mí entre muchos testigos (la integridad de la enorme reserva de la Verdad), esto encarga a los hombres Fieles (se refiere a otros llamados de Dios, quienes Predicarán este gran Evangelio) que serán idóneos para enseñar también a otros. (Aunque muchos abandonaron a Pablo, la evidencia que se presenta aquí es que algunos no hicieron así; fueron Fieles.)
3 Tú pues, soporta durísimas privaciones (espere su turno en el sufrimiento si se le llamara a hacerlo), como fiel soldado de Jesucristo. (Los Legionarios Romanos pasaron muchas dificultades en el servicio al Emperador. ¿Por qué no ha de sufrir el Cristiano en el servicio al Rey de reyes?)
4 Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida (el soldado tiene sólo una cosa en mente, y es llevar a cabo su deber; el Cristiano ha de tener el mismo motivo, el mismo espíritu y la misma consagración; de ahí, el Apóstol usa la palabra "soldado"); a fin de agradar a Aquél Quien lo tomó por soldado. (Debemos agradar a Cristo, no a los hombres.)
5 Y aun también el que compite como atleta (ahora describe la manera cómo se esfuerza el Creyente), no es coronado si no compite legítimamente. (Es la preparación para la competición que está en juego, no la competición misma. ¿Qué está diciendo el Apóstol?)
6 El labrador, para recibir los frutos (la siembra de las semillas para que al final se pueda recoger la cosecha), es necesario que trabaje primero. (Si él no "compite legítimamente," lo que quiere decir andar conforme al Espíritu lo cual lo guía a la Cruz, no va a haber "fruto.")
7 Considera lo que digo (lo que Pablo está diciendo es efectivamente "la Palabra del Señor"); y el Señor te dé entendimiento en todo. (El Espíritu Santo siempre ayudará al buscador sincero a entender lo que significa la Palabra de Dios.)
8 Acuérdate que Jesucristo, el cual fue de la simiente de David (la Encarnación), resucitó de los muertos (de entre los muertos) conforme a mi Evangelio (que le fue dado por el Señor [Gál. 1:11-12]):
SUFRIMIENTO
9 En el cual padezco, hasta las prisiones a modo de malhechor (manifiesta el hecho de que esto sucedió debido a su Predicación del Evangelio por el cual Pablo había sufrido problemas severos); mas la Palabra de Dios no está presa. (Demuestra el hecho de que el Evangelio, como se le había dado a Pablo, se había conservado por aquel Apóstol de manera que él podía entregarlo sin ser diluido ni comprometido.)
10 Por tanto, todo lo sufro por amor de los escogidos (se refiere a todos quienes han aceptado a Cristo, ya sean Judíos o Gentiles), para que ellos también consigan la Salvación que es en Cristo Jesús con Gloria Eterna. (Si el Mensaje de la Cruz fuera diluido de algún modo, no hubiera Gloria Eterna. Debemos recordar esto vívidamente.)
11 Es palabra Fiel: Que si somos muertos con Él (se refiere a Cristo como nuestro Sustituto muriendo en la Cruz, con nuestra Fe colocándonos en la posición de morir "juntamente con Él" [Rom. 6:3-8]), también viviremos con Él (el Griego dice, "viviremos por medio de Él"; nuestro "vivir con Él," lo cual se refiere a la Vida de Resurrección y por eso se trata de la victoria perpetua, se alcanza sólo al entender que hemos sido "plantados juntamente con [Cristo y el Creyente] en la semejanza de Su Muerte"; en otras palabras, ¡todo fue hecho en la Cruz!):
12 Si sufrimos, también reinaremos con Él (el "sufrimiento" tiene que ver con "pelear la buena batalla de la Fe"; "¡reinar" quiere decir "reinar como rey," por lo tanto, los riesgos son muy altos!): si Le negáremos, Él también nos negará (se refiere a negar lo que Él hizo por nosotros en la Cruz):
13 Si fuéremos infieles (crea en lo que Él hizo en la Cruz), Él permanece Fiel (a pesar de la incredulidad de muchos, Él será Fiel para Redimir a todos quienes se allegan a Él en Fe): no se puede negar a Sí Mismo. (El Cielo nunca cambiará el Plan de Redención y Victoria, que es la Cruz.)
INSTRUCCIONES
14 Recuérdales esto (tiene referencia especial a las cuestiones de vida y muerte expuestas en los tres Versículos anteriores), exhórtalos delante del Señor que no contiendan en palabras, lo cual para nada aprovecha (si abandona la Cruz, "Cristo de nada les aprovechará" [Gál. 5:2]), antes trastorna a los oyentes (se refiere a echar abajo la Fe suya).
15 Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado (se refiere a un trabajador que ha sido puesto a prueba y, cumpliendo estas especificaciones, se ha ganado la aprobación del que lo ha sometido a prueba), como obrero que no tiene de qué avergonzarse (la Fe colocada exclusivamente en la Cruz nunca deshonra; la Fe colocada en otra parte, sin duda, deshonrará), que traza bien la Palabra de Verdad. (Si alguien no entiende correctamente la Cruz, no puede trazar con precisión la Palabra de Verdad.)
16 Mas evita profanas y vanas charlatanerías (significa que ninguna doctrina errónea abandona a sus víctimas como fueron encontrados, ¡sino más bien, las deja en condiciones peores!): porque más adelante tal gente caerá en la impiedad. (Si el Predicador está instruyendo alguna otra cosa que no es la Cruz de Cristo, el Espíritu Santo lo interpreta como "charloteos vanos," y se garantiza que aumenta la impiedad cada vez más. ¡De hecho, no puede ser de ningún otro modo!)
17 Y la palabra de ellos carcomerá como gangrena (la doctrina errónea, la cual constituye cualquiera cosa que no sea la Cruz, corromperá al final todo): de los cuales es Himeneo y Fileto (como es evidente, Pablo "los señala aquí, lo que provocó las divisiones y ofensas en contra de la Doctrina sana" [Rom. 16:17]; si como Predicadores hemos de ser fieles al Evangelio, hemos de hacer lo mismo);
18 Que se han desviado de la Verdad (hay sólo una "Verdad," y es "Jesucristo y Él Crucificado" [I Cor. 1:17-18, 23; 2:2]), diciendo que la Resurrección ya ha acontecido (es muy parecido a algunos Cristianos modernos que afirman que no habrá Arrebatamiento, sobre todo considerando que el Arrebatamiento y la Resurrección son lo mismo); y trastornan la Fe de algunos. (La Muerte y la Resurrección de Cristo han hecho todo posible, incluso la Resurrección venidera de todos los Santos. Estar confundido con respecto a la Obra Expiatoria de Cristo es estar confundido acerca de todo.)
19 Pero el Fundamento de Dios está firme (proclama la verdad de que este fundamento es seguro, a pesar de que algunos han hecho destrozo de su Fe), teniendo este sello, Conoce el Señor a los que son Suyos. (Este "sello" garantiza la "seguridad de la Iglesia" y la "pureza de la Iglesia." Los dos van juntos. La pureza de la Iglesia es indispensable a su seguridad.) Y, Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el Nombre de Cristo. (Puede "apartarse de la iniquidad," con tal que haga de la Cruz el Objeto de su Fe, que en seguida le proporciona el Poder del Espíritu Santo.)
20 Mas en una casa grande, no solamente hay vasos de oro y de plata, sino también de madera y de barro (el Apóstol usa metáforas en este discurso); y asimismo unos para honra, y otros para deshonra. (Se refiere al hecho de que no hay tal cosa como la perfección libre de pecado en este lado de la Resurrección. Hay problemas en la vida de todo Cristiano, lo que sólo la Cruz puede remediar.)
21 Así que, si alguno sepa mantenerse limpio de estas cosas (sólo así se puede hacer por medio de hacer siempre la Cruz el Objeto de su Fe, que proporcionará entonces el Poder al Espíritu Santo para llevar a cabo la tarea; no puede "mantenerse limpio" de ninguna otra manera), será vaso para honra, Santificado, y útil (capacitado) para los usos del Señor, y preparado para toda buena obra.
22 Huye también de los deseos juveniles (se refiere a la maldad que atrae a los jóvenes, lo cual es muy difícil de liberarse cuando ya son mayores): y sigue la Justicia, la Fe, la Caridad (Amor), la Paz, con los que invocan al Señor de puro corazón (los atributos del Espíritu, lo que Él Solo puede producir dentro de nuestros corazones y vidas, y que Él hace según nuestra Fe anclada firmemente en la Cruz).
23 Empero las cuestiones necias y sin sabiduría desecha (Si no es "Cristo y Él Crucificado," ¡olvídelo!), sabiendo que engendran contiendas. (Se trata de la agitación que resulta de las pendencias, es mucho ruido y pocas nueces.)
24 Que el siervo del Señor no debe ser pendenciero (reunirse para entablar discusiones interminables que no sirven para nada, ¡y sólo terminan en "contienda!"); sino manso para con todos (el Fruto del Espíritu [Gál. 5:22-23]), apto para enseñar (enseña la Doctrina sana), sufrido (demuestra paciencia a aquéllos que no entienden fácil y rápidamente lo que se le está enseñado),
25 Que con mansedumbre corrija a los que se oponen (se refiere a aquéllos que están en contra del verdadero siervo del Señor y de la Doctrina Verdadera); si quizá Dios les dé que se Arrepientan para conocer la Verdad (esperando que aquéllos que están errados se arrepientan y reconozcan la Verdad, y podemos decirlo rápidamente, "La Verdad de la Cruz");
26 Y se recuperen en sí del lazo del Diablo (si alguien coloca su Fe y Esperanza en algo que no sea Cristo y la Cruz, entonces "ha caído en la trampa del Diablo," ¡lo cual es algo muy serio!), en que están cautivos a voluntad de él. (A menos que el Creyente haga la Cruz el Objeto de su Fe, lo cual el Espíritu Santo le proporciona ayuda, queda indefenso contra Satanás, quien lo mantendrá cautivo, es decir, "en la esclavitud de pecado" [Gál. 5:1].)
Primera Corintios Capítulo 13:
Si hablo en lenguas humanas y angelicales, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido. Si tengo el don de profecía y entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento, y si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no soy nada. Si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y si entrego mi cuerpo para que lo consuman las llamas, pero no tengo amor, nada gano con eso. El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor jamás se extingue, mientras que el don de profecía cesará, el de lenguas será silenciado y el de conocimiento desaparecerá. Porque conocemos y profetizamos de manera imperfecta; pero cuando llegue lo perfecto, lo imperfecto desaparecerá. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; cuando llegué a ser adulto, dejé atrás las cosas de niño. Ahora vemos de manera indirecta y velada, como en un espejo; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de manera imperfecta, pero entonces conoceré tal y como soy conocido. Ahora, pues, permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más excelente de ellas es el amor.
Hebreos 10:35-12:4
Así que no pierdan la confianza, porque ésta será grandemente recompensada. Ustedes necesitan perseverar para que, después de haber cumplido la voluntad de Dios, reciban lo que él ha prometido. Pues dentro de muy poco tiempo, "el que ha de venir vendrá, y no tardará. Pero mi justo vivirá por la fe. Y si se vuelve atrás, no será de mi agrado." Pero nosotros no somos de los que se vuelven atrás y acaban por perderse, sino de los que tienen fe y preservan su vida. Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve. Gracias a ella fueron aprobados los antiguos. Por la fe entendemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo visible no provino de lo que se ve. Por la fe Abel ofreció a Dios un sacrificio más aceptable que el de Caín, por lo cual recibió testimonio de ser justo, pues Dios aceptó su ofrenda. Y por la fe Abel, a pesar de estar muerto, habla todavía. Por la fe Enoc fue sacado de este mundo sin experimentar la muerte; no fue hallado porque Dios se lo llevó, pero antes de ser llevado recibió testimonio de haber agradado a Dios. En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan. Por la fe Noé, advertido sobre cosas que aún no se veían, con temor reverente construyó un arca para salvar a su familia. Por esa fe condenó al mundo y llegó a ser heredero de la justicia que viene por la fe. Por la fe Abraham, cuando fue llamado para ir a un lugar que más tarde recibiría como herencia, obedeció y salió sin saber a dónde iba. Por la fe se radicó como extranjero en la tierra prometida, y habitó en tiendas de campaña con Isaac y Jacob, herederos también de la misma promesa, porque esperaba la ciudad de cimientos sólidos, de la cual Dios es arquitecto y constructor. Por la fe Abraham, a pesar de su avanzada edad y de que Sara misma era estéril, recibió fuerza para tener hijos, porque consideró fiel al que le había hecho la promesa. Así que de este solo hombre, ya en decadencia, nacieron descendientes numerosos como las estrellas del cielo e incontables como la arena a la orilla del mar. Todos ellos vivieron por la fe, y murieron sin haber recibido las cosas prometidas; más bien, las reconocieron a lo lejos, y confesaron que eran extranjeros y peregrinos en la tierra. Al expresarse así, claramente dieron a entender que andaban en busca de una patria. Si hubieran estado pensando en aquella patria de donde habían emigrado, habrían tenido oportunidad de regresar a ella. Antes bien, anhelaban una patria mejor, es decir, la celestial. Por lo tanto, Dios no se avergonzó de ser llamado su Dios, y les preparó una ciudad. Por la fe Abraham, que había recibido las promesas, fue puesto a prueba y ofreció a Isaac, su hijo único, a pesar de que Dios le había dicho: "Tu descendencia se establecerá por medio de Isaac." Consideraba Abraham que Dios tiene poder hasta para resucitar a los muertos, y así, en sentido figurado, recobró a Isaac de entre los muertos. Por la fe Isaac bendijo a Jacob y a Esaú, previendo lo que les esperaba en el futuro. Por la fe Jacob, cuando estaba a punto de morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyándose en la punta de su bastón. Por la fe José, al fin de su vida, se refirió a la salida de los israelitas de Egipto y dio instrucciones acerca de sus restos mortales. Por la fe Moisés, recién nacido, fue escondido por sus padres durante tres meses, porque vieron que era un niño precioso, y no tuvieron miedo del edicto del rey. Por la fe Moisés, ya adulto, renunció a ser llamado hijo de la hija del faraón. Prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar de los efímeros placeres del pecado. Consideró que el oprobio por causa del Mesías era una mayor riqueza que los tesoros de Egipto, porque tenía la mirada puesta en la recompensa. Por la fe salió de Egipto sin tenerle miedo a la ira del rey, pues se mantuvo firme como si estuviera viendo al Invisible. Por la fe celebró la Pascua y el rociamiento de la sangre, para que el exterminador de los primogénitos no tocara a los de Israel. Por la fe el pueblo cruzó el Mar Rojo como por tierra seca; pero cuando los egipcios intentaron cruzarlo, se ahogaron. Por la fe cayeron las murallas de Jericó, después de haber marchado el pueblo siete días a su alrededor. Por la fe la prostituta Rahab no murió junto con los desobedientes, pues había recibido en paz a los espías. ¿Qué más voy a decir? Me faltaría tiempo para hablar de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas, los cuales por la fe conquistaron reinos, hicieron justicia y alcanzaron lo prometido; cerraron bocas de leones, apagaron la furia de las llamas y escaparon del filo de la espada; sacaron fuerzas de flaqueza; se mostraron valientes en la guerra y pusieron en fuga a ejércitos extranjeros. Hubo mujeres que por la resurrección recobraron a sus muertos. Otros, en cambio, fueron muertos a golpes, pues para alcanzar una mejor resurrección no aceptaron que los pusieran en libertad. Otros sufrieron la prueba de burlas y azotes, e incluso de cadenas y cárceles. Fueron apedreados, aserrados por la mitad, asesinados a filo de espada. Anduvieron fugitivos de aquí para allá, cubiertos de pieles de oveja y de cabra, pasando necesidades, afligidos y maltratados. ¡El mundo no merecía gente así! Anduvieron sin rumbo por desiertos y montañas, por cuevas y cavernas. Aunque todos obtuvieron un testimonio favorable mediante la fe, ninguno de ellos vio el cumplimiento de la promesa. Esto sucedió para que ellos no llegaran a la meta sin nosotros, pues Dios nos había preparado algo mejor. Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo. En la lucha que ustedes libran contra el pecado, todavía no han tenido que resistir hasta derramar su sangre.
Romanos 8:
Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte. En efecto, la ley no pudo liberarnos porque la naturaleza pecaminosa anuló su poder; por eso Dios envió a su propio Hijo en condición semejante a nuestra condición de pecadores, para que se ofreciera en sacrificio por el pecado. Así condenó Dios al pecado en la naturaleza humana, a fin de que las justas demandas de la ley se cumplieran en nosotros, que no vivimos según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu. Los que viven conforme a la naturaleza pecaminosa fijan la mente en los deseos de tal naturaleza; en cambio, los que viven conforme al Espíritu fijan la mente en los deseos del Espíritu. La mentalidad pecaminosa es muerte, mientras que la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz. La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo. Los que viven según la naturaleza pecaminosa no pueden agradar a Dios. Sin embargo, ustedes no viven según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios vive en ustedes. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo. Pero si Cristo está en ustedes, el cuerpo está muerto a causa del pecado, pero el Espíritu que está en ustedes es vida a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en ustedes. Por tanto, hermanos, tenemos una obligación, pero no es la de vivir conforme a la naturaleza pecaminosa. Porque si ustedes viven conforme a ella, morirán; pero si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: "¡Abba! ¡Padre!" El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria. De hecho, considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros. La creación aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de Dios, porque fue sometida a la frustración. Esto no sucedió por su propia voluntad, sino por la del que así lo dispuso. Pero queda la firme esperanza de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera dolores de parto. Y no sólo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esa esperanza fuimos salvados. Pero la esperanza que se ve, ya no es esperanza. ¿Quién espera lo que ya tiene? Pero si esperamos lo que todavía no tenemos, en la espera mostramos nuestra constancia. Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios. Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito. Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. A los que predestinó, también los llamó; a los que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó. ¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas? ¿Quién acusará a los que Dios ha escogido? Dios es el que justifica. ¿Quién condenará? Cristo Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros. ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia? Así está escrito: "Por tu causa nos vemos amenazados de muerte todo el día; nos tratan como a ovejas destinadas al matadero." Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.
Proverbios 17:
Mejor es un bocado seco, y en paz, Que casa de contiendas llena de provisiones. El siervo prudente se enseñoreará del hijo que deshonra,
Y con los hermanos compartirá la herencia. El crisol para la plata, y la hornaza para el oro; Pero Jehová prueba los corazones. El malo está atento al labio inicuo; Y el mentiroso escucha la lengua detractora. El que escarnece al pobre afrenta a su Hacedor; Y el que se alegra de la calamidad no quedará sin castigo. Corona de los viejos son los nietos, Y la honra de los hijos, sus padres. No conviene al necio la altilocuencia; ¡Cuánto menos al príncipe el labio mentiroso! Piedra preciosa es el soborno para el que lo practica; Adondequiera que se vuelve, halla prosperidad. El que cubre la falta busca amistad; Mas el que la divulga, aparta al amigo. La reprensión aprovecha al entendido, Más que cien azotes al necio. El rebelde no busca sino el mal, Y mensajero cruel será enviado contra él. Mejor es encontrarse con una osa a la cual han robado sus cachorros, Que con un fatuo en su necedad. El que da mal por bien, No se apartará el mal de su casa. El que comienza la discordia es como quien suelta las aguas; Deja, pues, la contienda, antes que se enrede. El que justifica al impío, y el que condena al justo, Ambos son igualmente abominación a Jehová. ¿De qué sirve el precio en la mano del necio para comprar sabiduría, No teniendo entendimiento? En todo tiempo ama el amigo, Y es como un hermano en tiempo de angustia. El hombre falto de entendimiento presta fianzas,
Y sale por fiador en presencia de su amigo. El que ama la disputa, ama la transgresión; Y el que abre demasiado la puerta busca su ruina. El perverso de corazón nunca hallará el bien, Y el que revuelve con su lengua caerá en el mal. El que engendra al insensato, para su tristeza lo engendra;
Y el padre del necio no se alegrará. El corazón alegre constituye buen remedio; Mas el espíritu triste seca los huesos. El impío toma soborno del seno Para pervertir las sendas de la justicia. En el rostro del entendido aparece la sabiduría; Mas los ojos del necio vagan hasta el extremo de la tierra. El hijo necio es pesadumbre de su padre, Y amargura a la que lo dio a luz. Ciertamente no es bueno condenar al justo, Ni herir a los nobles que hacen lo recto. El que ahorra sus palabras tiene sabiduría; De espíritu prudente es el hombre entendido. Aun el necio, cuando calla, es contado por sabio; El que cierra sus labios es entendido.
El Libro de II Timoteo Capítulo 2 del Nuevo Testamento del Expositor por Jimmy Swaggart:
LA SEGUNDA EPÍSTOLA DEL APÓSTOL PABLO A
TIMOTEO
CAPÍTULO 2
(66 d.C.)
UN FIEL SOLDADO
PUES tú, hijo mío, esfuérzate (se logra solamente cuando hacemos siempre la Cruz el Objeto de Fe) en la Gracia que es en Cristo Jesús. (La Fuente de Gracia es el Señor, pero el medio es la Cruz.)
2 Y lo que has oído de mí entre muchos testigos (la integridad de la enorme reserva de la Verdad), esto encarga a los hombres Fieles (se refiere a otros llamados de Dios, quienes Predicarán este gran Evangelio) que serán idóneos para enseñar también a otros. (Aunque muchos abandonaron a Pablo, la evidencia que se presenta aquí es que algunos no hicieron así; fueron Fieles.)
3 Tú pues, soporta durísimas privaciones (espere su turno en el sufrimiento si se le llamara a hacerlo), como fiel soldado de Jesucristo. (Los Legionarios Romanos pasaron muchas dificultades en el servicio al Emperador. ¿Por qué no ha de sufrir el Cristiano en el servicio al Rey de reyes?)
4 Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida (el soldado tiene sólo una cosa en mente, y es llevar a cabo su deber; el Cristiano ha de tener el mismo motivo, el mismo espíritu y la misma consagración; de ahí, el Apóstol usa la palabra "soldado"); a fin de agradar a Aquél Quien lo tomó por soldado. (Debemos agradar a Cristo, no a los hombres.)
5 Y aun también el que compite como atleta (ahora describe la manera cómo se esfuerza el Creyente), no es coronado si no compite legítimamente. (Es la preparación para la competición que está en juego, no la competición misma. ¿Qué está diciendo el Apóstol?)
6 El labrador, para recibir los frutos (la siembra de las semillas para que al final se pueda recoger la cosecha), es necesario que trabaje primero. (Si él no "compite legítimamente," lo que quiere decir andar conforme al Espíritu lo cual lo guía a la Cruz, no va a haber "fruto.")
7 Considera lo que digo (lo que Pablo está diciendo es efectivamente "la Palabra del Señor"); y el Señor te dé entendimiento en todo. (El Espíritu Santo siempre ayudará al buscador sincero a entender lo que significa la Palabra de Dios.)
8 Acuérdate que Jesucristo, el cual fue de la simiente de David (la Encarnación), resucitó de los muertos (de entre los muertos) conforme a mi Evangelio (que le fue dado por el Señor [Gál. 1:11-12]):
SUFRIMIENTO
9 En el cual padezco, hasta las prisiones a modo de malhechor (manifiesta el hecho de que esto sucedió debido a su Predicación del Evangelio por el cual Pablo había sufrido problemas severos); mas la Palabra de Dios no está presa. (Demuestra el hecho de que el Evangelio, como se le había dado a Pablo, se había conservado por aquel Apóstol de manera que él podía entregarlo sin ser diluido ni comprometido.)
10 Por tanto, todo lo sufro por amor de los escogidos (se refiere a todos quienes han aceptado a Cristo, ya sean Judíos o Gentiles), para que ellos también consigan la Salvación que es en Cristo Jesús con Gloria Eterna. (Si el Mensaje de la Cruz fuera diluido de algún modo, no hubiera Gloria Eterna. Debemos recordar esto vívidamente.)
11 Es palabra Fiel: Que si somos muertos con Él (se refiere a Cristo como nuestro Sustituto muriendo en la Cruz, con nuestra Fe colocándonos en la posición de morir "juntamente con Él" [Rom. 6:3-8]), también viviremos con Él (el Griego dice, "viviremos por medio de Él"; nuestro "vivir con Él," lo cual se refiere a la Vida de Resurrección y por eso se trata de la victoria perpetua, se alcanza sólo al entender que hemos sido "plantados juntamente con [Cristo y el Creyente] en la semejanza de Su Muerte"; en otras palabras, ¡todo fue hecho en la Cruz!):
12 Si sufrimos, también reinaremos con Él (el "sufrimiento" tiene que ver con "pelear la buena batalla de la Fe"; "¡reinar" quiere decir "reinar como rey," por lo tanto, los riesgos son muy altos!): si Le negáremos, Él también nos negará (se refiere a negar lo que Él hizo por nosotros en la Cruz):
13 Si fuéremos infieles (crea en lo que Él hizo en la Cruz), Él permanece Fiel (a pesar de la incredulidad de muchos, Él será Fiel para Redimir a todos quienes se allegan a Él en Fe): no se puede negar a Sí Mismo. (El Cielo nunca cambiará el Plan de Redención y Victoria, que es la Cruz.)
INSTRUCCIONES
14 Recuérdales esto (tiene referencia especial a las cuestiones de vida y muerte expuestas en los tres Versículos anteriores), exhórtalos delante del Señor que no contiendan en palabras, lo cual para nada aprovecha (si abandona la Cruz, "Cristo de nada les aprovechará" [Gál. 5:2]), antes trastorna a los oyentes (se refiere a echar abajo la Fe suya).
15 Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado (se refiere a un trabajador que ha sido puesto a prueba y, cumpliendo estas especificaciones, se ha ganado la aprobación del que lo ha sometido a prueba), como obrero que no tiene de qué avergonzarse (la Fe colocada exclusivamente en la Cruz nunca deshonra; la Fe colocada en otra parte, sin duda, deshonrará), que traza bien la Palabra de Verdad. (Si alguien no entiende correctamente la Cruz, no puede trazar con precisión la Palabra de Verdad.)
16 Mas evita profanas y vanas charlatanerías (significa que ninguna doctrina errónea abandona a sus víctimas como fueron encontrados, ¡sino más bien, las deja en condiciones peores!): porque más adelante tal gente caerá en la impiedad. (Si el Predicador está instruyendo alguna otra cosa que no es la Cruz de Cristo, el Espíritu Santo lo interpreta como "charloteos vanos," y se garantiza que aumenta la impiedad cada vez más. ¡De hecho, no puede ser de ningún otro modo!)
17 Y la palabra de ellos carcomerá como gangrena (la doctrina errónea, la cual constituye cualquiera cosa que no sea la Cruz, corromperá al final todo): de los cuales es Himeneo y Fileto (como es evidente, Pablo "los señala aquí, lo que provocó las divisiones y ofensas en contra de la Doctrina sana" [Rom. 16:17]; si como Predicadores hemos de ser fieles al Evangelio, hemos de hacer lo mismo);
18 Que se han desviado de la Verdad (hay sólo una "Verdad," y es "Jesucristo y Él Crucificado" [I Cor. 1:17-18, 23; 2:2]), diciendo que la Resurrección ya ha acontecido (es muy parecido a algunos Cristianos modernos que afirman que no habrá Arrebatamiento, sobre todo considerando que el Arrebatamiento y la Resurrección son lo mismo); y trastornan la Fe de algunos. (La Muerte y la Resurrección de Cristo han hecho todo posible, incluso la Resurrección venidera de todos los Santos. Estar confundido con respecto a la Obra Expiatoria de Cristo es estar confundido acerca de todo.)
19 Pero el Fundamento de Dios está firme (proclama la verdad de que este fundamento es seguro, a pesar de que algunos han hecho destrozo de su Fe), teniendo este sello, Conoce el Señor a los que son Suyos. (Este "sello" garantiza la "seguridad de la Iglesia" y la "pureza de la Iglesia." Los dos van juntos. La pureza de la Iglesia es indispensable a su seguridad.) Y, Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el Nombre de Cristo. (Puede "apartarse de la iniquidad," con tal que haga de la Cruz el Objeto de su Fe, que en seguida le proporciona el Poder del Espíritu Santo.)
20 Mas en una casa grande, no solamente hay vasos de oro y de plata, sino también de madera y de barro (el Apóstol usa metáforas en este discurso); y asimismo unos para honra, y otros para deshonra. (Se refiere al hecho de que no hay tal cosa como la perfección libre de pecado en este lado de la Resurrección. Hay problemas en la vida de todo Cristiano, lo que sólo la Cruz puede remediar.)
21 Así que, si alguno sepa mantenerse limpio de estas cosas (sólo así se puede hacer por medio de hacer siempre la Cruz el Objeto de su Fe, que proporcionará entonces el Poder al Espíritu Santo para llevar a cabo la tarea; no puede "mantenerse limpio" de ninguna otra manera), será vaso para honra, Santificado, y útil (capacitado) para los usos del Señor, y preparado para toda buena obra.
22 Huye también de los deseos juveniles (se refiere a la maldad que atrae a los jóvenes, lo cual es muy difícil de liberarse cuando ya son mayores): y sigue la Justicia, la Fe, la Caridad (Amor), la Paz, con los que invocan al Señor de puro corazón (los atributos del Espíritu, lo que Él Solo puede producir dentro de nuestros corazones y vidas, y que Él hace según nuestra Fe anclada firmemente en la Cruz).
23 Empero las cuestiones necias y sin sabiduría desecha (Si no es "Cristo y Él Crucificado," ¡olvídelo!), sabiendo que engendran contiendas. (Se trata de la agitación que resulta de las pendencias, es mucho ruido y pocas nueces.)
24 Que el siervo del Señor no debe ser pendenciero (reunirse para entablar discusiones interminables que no sirven para nada, ¡y sólo terminan en "contienda!"); sino manso para con todos (el Fruto del Espíritu [Gál. 5:22-23]), apto para enseñar (enseña la Doctrina sana), sufrido (demuestra paciencia a aquéllos que no entienden fácil y rápidamente lo que se le está enseñado),
25 Que con mansedumbre corrija a los que se oponen (se refiere a aquéllos que están en contra del verdadero siervo del Señor y de la Doctrina Verdadera); si quizá Dios les dé que se Arrepientan para conocer la Verdad (esperando que aquéllos que están errados se arrepientan y reconozcan la Verdad, y podemos decirlo rápidamente, "La Verdad de la Cruz");
26 Y se recuperen en sí del lazo del Diablo (si alguien coloca su Fe y Esperanza en algo que no sea Cristo y la Cruz, entonces "ha caído en la trampa del Diablo," ¡lo cual es algo muy serio!), en que están cautivos a voluntad de él. (A menos que el Creyente haga la Cruz el Objeto de su Fe, lo cual el Espíritu Santo le proporciona ayuda, queda indefenso contra Satanás, quien lo mantendrá cautivo, es decir, "en la esclavitud de pecado" [Gál. 5:1].)
Primera Corintios Capítulo 13:
Si hablo en lenguas humanas y angelicales, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido. Si tengo el don de profecía y entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento, y si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no soy nada. Si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y si entrego mi cuerpo para que lo consuman las llamas, pero no tengo amor, nada gano con eso. El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor jamás se extingue, mientras que el don de profecía cesará, el de lenguas será silenciado y el de conocimiento desaparecerá. Porque conocemos y profetizamos de manera imperfecta; pero cuando llegue lo perfecto, lo imperfecto desaparecerá. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; cuando llegué a ser adulto, dejé atrás las cosas de niño. Ahora vemos de manera indirecta y velada, como en un espejo; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de manera imperfecta, pero entonces conoceré tal y como soy conocido. Ahora, pues, permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más excelente de ellas es el amor.
Hebreos 10:35-12:4
Así que no pierdan la confianza, porque ésta será grandemente recompensada. Ustedes necesitan perseverar para que, después de haber cumplido la voluntad de Dios, reciban lo que él ha prometido. Pues dentro de muy poco tiempo, "el que ha de venir vendrá, y no tardará. Pero mi justo vivirá por la fe. Y si se vuelve atrás, no será de mi agrado." Pero nosotros no somos de los que se vuelven atrás y acaban por perderse, sino de los que tienen fe y preservan su vida. Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve. Gracias a ella fueron aprobados los antiguos. Por la fe entendemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo visible no provino de lo que se ve. Por la fe Abel ofreció a Dios un sacrificio más aceptable que el de Caín, por lo cual recibió testimonio de ser justo, pues Dios aceptó su ofrenda. Y por la fe Abel, a pesar de estar muerto, habla todavía. Por la fe Enoc fue sacado de este mundo sin experimentar la muerte; no fue hallado porque Dios se lo llevó, pero antes de ser llevado recibió testimonio de haber agradado a Dios. En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan. Por la fe Noé, advertido sobre cosas que aún no se veían, con temor reverente construyó un arca para salvar a su familia. Por esa fe condenó al mundo y llegó a ser heredero de la justicia que viene por la fe. Por la fe Abraham, cuando fue llamado para ir a un lugar que más tarde recibiría como herencia, obedeció y salió sin saber a dónde iba. Por la fe se radicó como extranjero en la tierra prometida, y habitó en tiendas de campaña con Isaac y Jacob, herederos también de la misma promesa, porque esperaba la ciudad de cimientos sólidos, de la cual Dios es arquitecto y constructor. Por la fe Abraham, a pesar de su avanzada edad y de que Sara misma era estéril, recibió fuerza para tener hijos, porque consideró fiel al que le había hecho la promesa. Así que de este solo hombre, ya en decadencia, nacieron descendientes numerosos como las estrellas del cielo e incontables como la arena a la orilla del mar. Todos ellos vivieron por la fe, y murieron sin haber recibido las cosas prometidas; más bien, las reconocieron a lo lejos, y confesaron que eran extranjeros y peregrinos en la tierra. Al expresarse así, claramente dieron a entender que andaban en busca de una patria. Si hubieran estado pensando en aquella patria de donde habían emigrado, habrían tenido oportunidad de regresar a ella. Antes bien, anhelaban una patria mejor, es decir, la celestial. Por lo tanto, Dios no se avergonzó de ser llamado su Dios, y les preparó una ciudad. Por la fe Abraham, que había recibido las promesas, fue puesto a prueba y ofreció a Isaac, su hijo único, a pesar de que Dios le había dicho: "Tu descendencia se establecerá por medio de Isaac." Consideraba Abraham que Dios tiene poder hasta para resucitar a los muertos, y así, en sentido figurado, recobró a Isaac de entre los muertos. Por la fe Isaac bendijo a Jacob y a Esaú, previendo lo que les esperaba en el futuro. Por la fe Jacob, cuando estaba a punto de morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyándose en la punta de su bastón. Por la fe José, al fin de su vida, se refirió a la salida de los israelitas de Egipto y dio instrucciones acerca de sus restos mortales. Por la fe Moisés, recién nacido, fue escondido por sus padres durante tres meses, porque vieron que era un niño precioso, y no tuvieron miedo del edicto del rey. Por la fe Moisés, ya adulto, renunció a ser llamado hijo de la hija del faraón. Prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar de los efímeros placeres del pecado. Consideró que el oprobio por causa del Mesías era una mayor riqueza que los tesoros de Egipto, porque tenía la mirada puesta en la recompensa. Por la fe salió de Egipto sin tenerle miedo a la ira del rey, pues se mantuvo firme como si estuviera viendo al Invisible. Por la fe celebró la Pascua y el rociamiento de la sangre, para que el exterminador de los primogénitos no tocara a los de Israel. Por la fe el pueblo cruzó el Mar Rojo como por tierra seca; pero cuando los egipcios intentaron cruzarlo, se ahogaron. Por la fe cayeron las murallas de Jericó, después de haber marchado el pueblo siete días a su alrededor. Por la fe la prostituta Rahab no murió junto con los desobedientes, pues había recibido en paz a los espías. ¿Qué más voy a decir? Me faltaría tiempo para hablar de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas, los cuales por la fe conquistaron reinos, hicieron justicia y alcanzaron lo prometido; cerraron bocas de leones, apagaron la furia de las llamas y escaparon del filo de la espada; sacaron fuerzas de flaqueza; se mostraron valientes en la guerra y pusieron en fuga a ejércitos extranjeros. Hubo mujeres que por la resurrección recobraron a sus muertos. Otros, en cambio, fueron muertos a golpes, pues para alcanzar una mejor resurrección no aceptaron que los pusieran en libertad. Otros sufrieron la prueba de burlas y azotes, e incluso de cadenas y cárceles. Fueron apedreados, aserrados por la mitad, asesinados a filo de espada. Anduvieron fugitivos de aquí para allá, cubiertos de pieles de oveja y de cabra, pasando necesidades, afligidos y maltratados. ¡El mundo no merecía gente así! Anduvieron sin rumbo por desiertos y montañas, por cuevas y cavernas. Aunque todos obtuvieron un testimonio favorable mediante la fe, ninguno de ellos vio el cumplimiento de la promesa. Esto sucedió para que ellos no llegaran a la meta sin nosotros, pues Dios nos había preparado algo mejor. Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo. En la lucha que ustedes libran contra el pecado, todavía no han tenido que resistir hasta derramar su sangre.
Romanos 8:
Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte. En efecto, la ley no pudo liberarnos porque la naturaleza pecaminosa anuló su poder; por eso Dios envió a su propio Hijo en condición semejante a nuestra condición de pecadores, para que se ofreciera en sacrificio por el pecado. Así condenó Dios al pecado en la naturaleza humana, a fin de que las justas demandas de la ley se cumplieran en nosotros, que no vivimos según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu. Los que viven conforme a la naturaleza pecaminosa fijan la mente en los deseos de tal naturaleza; en cambio, los que viven conforme al Espíritu fijan la mente en los deseos del Espíritu. La mentalidad pecaminosa es muerte, mientras que la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz. La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo. Los que viven según la naturaleza pecaminosa no pueden agradar a Dios. Sin embargo, ustedes no viven según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios vive en ustedes. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo. Pero si Cristo está en ustedes, el cuerpo está muerto a causa del pecado, pero el Espíritu que está en ustedes es vida a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en ustedes. Por tanto, hermanos, tenemos una obligación, pero no es la de vivir conforme a la naturaleza pecaminosa. Porque si ustedes viven conforme a ella, morirán; pero si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: "¡Abba! ¡Padre!" El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria. De hecho, considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros. La creación aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de Dios, porque fue sometida a la frustración. Esto no sucedió por su propia voluntad, sino por la del que así lo dispuso. Pero queda la firme esperanza de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera dolores de parto. Y no sólo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esa esperanza fuimos salvados. Pero la esperanza que se ve, ya no es esperanza. ¿Quién espera lo que ya tiene? Pero si esperamos lo que todavía no tenemos, en la espera mostramos nuestra constancia. Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios. Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito. Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. A los que predestinó, también los llamó; a los que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó. ¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas? ¿Quién acusará a los que Dios ha escogido? Dios es el que justifica. ¿Quién condenará? Cristo Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros. ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia? Así está escrito: "Por tu causa nos vemos amenazados de muerte todo el día; nos tratan como a ovejas destinadas al matadero." Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.
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