01 October 2016

El 1 de octubre Lectura Bíblica Diaria

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El 1 de octubre Lectura Bíblica Diaria:


Isaías 10 a 12:


¡Ay de los que emiten decretos inicuos y publican edictos opresivos! Privan de sus derechos a los pobres, y no les hacen justicia a los oprimidos de mi pueblo; hacen de las viudas su presa y saquean a los huérfanos. ¿Qué van a hacer cuando deban rendir cuentas, cuando llegue desde lejos la tormenta? ¿A quién acudirán en busca de ayuda? ¿En dónde dejarán sus riquezas? No les quedará más remedio que humillarse entre los cautivos o morir entre los masacrados. A pesar de todo esto, la ira de Dios no se ha aplacado; ¡su mano aún sigue extendida! "¡Ay de Asiria, vara de mi ira! ¡El garrote de mi enojo está en su mano! Lo envío contra una nación impía, lo mando contra un pueblo que me enfurece, para saquearlo y despojarlo, para pisotearlo como al barro de las calles. Pero esto Asiria no se lo propuso; ¡ni siquiera lo pensó! y aniquilar a muchas naciones. Pues dice: ¿Acaso no son reyes todos mis jefes? ¿No es Calnó como Carquemis? ¿No es Jamat como Arfad, y Samaria como Damasco? Así como alcanzó mi mano a los reinos de los ídolos, reinos cuyas imágenes superaban a las de Jerusalén y de Samaria, y así como hice con Samaria y sus dioses, también haré con Jerusalén y sus ídolos. " Cuando el Señor termine lo que va a hacer contra el monte Sión y contra Jerusalén, él dirá: "Castigaré el fruto del orgulloso corazón del rey de Asiria y la arrogancia de sus ojos." Porque afirma: "Esto lo hizo el poder de mi mano; lo hizo mi sabiduría, porque soy inteligente. He cambiado las fronteras de los pueblos, he saqueado sus tesoros; como un guerrero poderoso he derribado a sus reyes. Como quien mete la mano en un nido, me he adueñado de la riqueza de los pueblos; como quien recoge huevos abandonados, me he apoderado de toda la tierra; y no hubo nadie que aleteara ni abriera el pico y chillara." ¿Puede acaso gloriarse el hacha más que el que la maneja, o jactarse la sierra contra quien la usa? ¡Como si pudiera el bastón manejar a quien lo tiene en la mano, o la frágil vara pudiera levantar a quien pesa más que la madera! Por eso enviará el Señor, el Señor Todopoderoso, una enfermedad devastadora sobre sus robustos guerreros. En vez de honrarlos, les prenderá fuego, un fuego como de llama ardiente. La luz de Israel se convertirá en fuego; su Santo se volverá una llama. y consumirá sus zarzas. Destruirá de extremo a extremo el esplendor de sus bosques y de sus huertos, como enfermo carcomido por la plaga. Tan pocos árboles quedarán en su bosque que hasta un niño podrá contarlos. En aquel día ni el remanente de Israel ni los sobrevivientes del pueblo de Jacob volverán a apoyarse en quien los hirió de muerte, sino que su apoyo verdadero será el Señor, el Santo de Israel. Y un remanente volverá; un remanente de Jacob volverá al Dios Poderoso. Israel, aunque tu pueblo sea como la arena del mar, sólo un remanente volverá. Se ha decretado destrucción, abrumadora justicia. Porque el Señor, el Señor Todopoderoso, ejecutará la destrucción decretada en medio de todo el país. Por eso, así dice el Señor, el Señor Todopoderoso: "Pueblo mío, que vives en Sión, no tengas temor de Asiria. y contra ti levante una vara, como lo hizo Egipto. Dentro de muy poco tiempo mi indignación contra ti llegará a su fin, y mi ira destruirá a tus enemigos." Con un látigo los azotará el Señor Todopoderoso, como cuando abatió a Madián en la roca de Oreb; levantará sobre el mar su vara, como lo hizo en Egipto. En aquel día esa carga se te quitará de los hombros, y a causa de la gordura se romperá el yugo que llevas en el cuello. Llega el enemigo hasta Ayat, pasa por Migrón, y deja en Micmás su equipaje. Cruza el vado, y dice: "Acamparemos en Gueba." Ramá se pone a temblar, y huye Guibeá, ciudad de Saúl. ¡Clama a gritos, hija de Galín! ¡Escucha, Lais! ¡Pobre Anatot! Se ha puesto en fuga Madmena; los habitantes de Guebín buscan refugio. Hoy mismo se detendrá en Nob; agitará su puño contra el monte de la ciudad de Sión, el monte de Jerusalén. ¡Miren! El Señor, el Señor Todopoderoso, desgaja las ramas con fuerza increíble. Los árboles más altos son talados; los más elevados son abatidos. Derriba con un hacha la espesura del bosque, y el esplendor del Líbano se viene abajo. Del tronco de Isaí brotará un retoño; un vástago nacerá de sus raíces. El Espíritu del Señor reposará sobre él: espíritu de sabiduría y de entendimiento, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor del Señor. Él se deleitará en el temor del Señor; no juzgará según las apariencias, ni decidirá por lo que oiga decir, sino que juzgará con justicia a los desvalidos, y dará un fallo justo en favor de los pobres de la tierra. Destruirá la tierra con la vara de su boca; matará al malvado con el aliento de sus labios. La justicia será el cinto de sus lomos y la fidelidad el ceñidor de su cintura. El lobo vivirá con el cordero, el leopardo se echará con el cabrito, y juntos andarán el ternero y el cachorro de león, y un niño pequeño los guiará. La vaca pastará con la osa, sus crías se echarán juntas, y el león comerá paja como el buey. Jugará el niño de pecho junto a la cueva de la cobra, y el recién destetado meterá la mano en el nido de la víbora. No harán ningún daño ni estrago en todo mi monte santo, porque rebosará la tierra con el conocimiento del Señor como rebosa el mar con las aguas. En aquel día se alzará la raíz de Isaí como estandarte de los pueblos; hacia él correrán las naciones, y glorioso será el lugar donde repose. En aquel día el Señor volverá a extender su mano para recuperar al remanente de su pueblo, a los que hayan quedado en Asiria, en Egipto, Patros y Cus; en Elam, Sinar y Jamat, y en las regiones más remotas. Izará una bandera para las naciones, reunirá a los desterrados de Israel, y de los cuatro puntos cardinales juntará al pueblo esparcido de Judá. Desaparecerán los celos de Efraín; los opresores de Judá serán aniquilados. Efraín no tendrá más celos de Judá, ni oprimirá Judá a Efraín. Juntos se lanzarán hacia el oeste, contra las laderas de los filisteos; juntos saquearán a los pueblos del este, dejarán sentir su poder sobre Edom y Moab, y se les someterán los amonitas. Secará el Señor el golfo del mar de Egipto; pasará su mano sobre el río Éufrates y lanzará un viento ardiente; lo dividirá en siete arroyos para que lo puedan cruzar en sandalias. Para el remanente de su pueblo, para los que hayan quedado de Asiria, habrá un camino, como lo hubo para Israel cuando salió de Egipto. En aquel día tú dirás: "Señor, yo te alabaré aunque te hayas enojado conmigo. Tu ira se ha calmado, y me has dado consuelo. ¡Dios es mi salvación! Confiaré en él y no temeré. El Señor es mi fuerza, el Señor es mi canción; ¡él es mi salvación!" Con alegría sacarán ustedes agua de las fuentes de la salvación. En aquel día se dirá: "Alaben al Señor, invoquen su nombre; den a conocer entre los pueblos sus obras; proclamen la grandeza de su nombre. Canten salmos al Señor, porque ha hecho maravillas; que esto se dé a conocer en toda la tierra. ¡Canta y grita de alegría, habitante de Sión; realmente es grande, en medio de ti, el Santo de Israel!"



Salmo 141:




A ti clamo, Señor; ven pronto a mí. ¡Atiende a mi voz cuando a ti clamo! Que suba a tu presencia mi plegaria como una ofrenda de incienso; que hacia ti se eleven mis manos como un sacrificio vespertino. Señor, ponme en la boca un centinela; un guardia a la puerta de mis labios. No permitas que mi corazón se incline a la maldad, ni que sea yo cómplice de iniquidades; no me dejes participar de banquetes en compañía de malhechores. Que la justicia me golpee, que el amor me reprenda; pero que el ungüento de los malvados no perfume mi cabeza, pues mi oración está siempre en contra de sus malas obras. Cuando sus gobernantes sean lanzados desde los despeñaderos, sabrán que mis palabras eran bien intencionadas. Y dirán: "Así como se dispersa la tierra cuando en ella se abren surcos con el arado, así se han dispersado nuestros huesos a la orilla del sepulcro." En ti, Señor Soberano, tengo puestos los ojos; en ti busco refugio; no dejes que me maten. Protégeme de las trampas que me tienden, de las trampas que me tienden los malhechores. Que caigan los impíos en sus propias redes, mientras yo salgo bien librado.



Proverbios 10:




Proverbios de Salomón: El hijo sabio es la alegría de su padre; el hijo necio es el pesar de su madre. Las riquezas mal habidas no sirven de nada, pero la justicia libra de la muerte. El Señor no deja sin comer al justo, pero frustra la avidez de los malvados. Las manos ociosas conducen a la pobreza; las manos hábiles atraen riquezas. El hijo prevenido se abastece en el verano, pero el sinvergüenza duerme en tiempo de cosecha. El justo se ve coronado de bendiciones, pero la boca del malvado encubre violencia. La memoria de los justos es una bendición, pero la fama de los malvados será pasto de los gusanos. El de sabio corazón acata las órdenes, pero el necio y rezongón va camino al desastre. Quien se conduce con integridad, anda seguro; quien anda en malos pasos será descubierto. Quien guiña el ojo con malicia provoca pesar; el necio y rezongón va camino al desastre. Fuente de vida es la boca del justo, pero la boca del malvado encubre violencia. El odio es motivo de disensiones, pero el amor cubre todas las faltas. En los labios del prudente hay sabiduría; en la espalda del falto de juicio, sólo garrotazos. El que es sabio atesora el conocimiento, pero la boca del necio es un peligro inminente. La riqueza del rico es su baluarte; la pobreza del pobre es su ruina. El salario del justo es la vida; la ganancia del malvado es el pecado. El que atiende a la corrección va camino a la vida; el que la rechaza se pierde. El de labios mentirosos disimula su odio, y el que propaga calumnias es un necio. El que mucho habla, mucho yerra; el que es sabio refrena su lengua. Plata refinada es la lengua del justo; el corazón del malvado no vale nada. Los labios del justo orientan a muchos; los necios mueren por falta de juicio. La bendición del Señor trae riquezas, y nada se gana con preocuparse. El necio se divierte con su mala conducta, pero el sabio se recrea con la sabiduría. Lo que el malvado teme, eso le ocurre; lo que el justo desea, eso recibe. Pasa la tormenta y desaparece el malvado, pero el justo permanece firme para siempre. Como vinagre a los dientes y humo a los ojos es el perezoso para quienes lo emplean. El temor del Señor prolonga la vida, pero los años del malvado se acortan. El futuro de los justos es halagüeño; la esperanza de los malvados se desvanece. El camino del Señor es refugio de los justos y ruina de los malhechores. Los justos no tropezarán jamás; los malvados no habitarán la tierra. La boca del justo profiere sabiduría, pero la lengua perversa será cercenada. Los labios del justo destilan bondad; de la boca del malvado brota perversidad.


El Libro de Lucas Capítulo 10 del Nuevo Testamento del Expositor por Jimmy Swaggart:




EL SANTO EVANGELIO SEGÚNSAN LUCAS


CAPÍTULO 10
(32 d.C.)
LOS SETENTA




Y DESPUÉS de estas cosas (las cosas del Capítulo anterior), designó el Señor aun otros setenta (fuera de los Doce; ocurrió casi al final de Su Ministerio; además, era el Señor Quien designó, y tiene que ver con lo que el hombre no puede hacer; ¿por qué setenta? es el número de Dios que representa Su Ministerio Ungido por el Espíritu), los cuales envió de dos en dos delante de sí, a toda ciudad y lugar, adonde Él había de venir (cuando el Señor envía a Predicadores a ciertos lugares, es porque Él desea llegar ahí; nunca debe la gente olvidar esto).
2 Y les decía, La mies a la verdad es mucha, mas los obreros pocos (nos dice que la Salvación de las almas es prioridad para el Señor; de hecho, para todos aquéllos que no tienen el privilegio de oír, en lo que concierne a esa persona, Jesús murió en vano; hay muchos que están en la pesca, pero muy pocos son los que en realidad están pescando): por tanto, rogad al Señor de la Mies (la oración tiene que ser el fundamento sobre el cual se recoge la mies; también, debemos recordar que Jesucristo es el Señor de la Mies), que envíe obreros a Su mies (si no hay "obreros," no se puede recoger la mies).
3 Andad (tiene que ver con los que el Señor ha llamado, y concierne con el lugar adónde son enviados): he aquí, Yo os envío como corderos en medio de lobos (ningún pastor deliberadamente envía a sus ovejas entre lobos, pero este Pastor puede porque Él es omnipotente para Salvar [Sal., cap. 23]).
4 No llevéis bolsa, ni alforja, ni calzado (Dios suplirá): y a nadie saludéis en el camino (no se desvíe de la Misión que queda por cumplirse).
5 En cualquiera casa donde entrareis, primeramente decid, Paz sea a esta casa (una Bendición que el Señor promete a cualquiera que asista o promueva a aquéllos que Él ha llamado, con tal que estén llevando a cabo la Gran Comisión).
6 Y si hubiere allí algún hijo de paz (se refiere a alguien que desea las Bendiciones del Señor, que intenta servirle en cualquier capacidad posible), vuestra paz reposará sobre él (la Bendición será dada): y si no, se volverá a vosotros (cualquier obstáculo a esta importante tarea detiene las Bendiciones de Dios).
7 Y posad en aquella misma casa, comiendo y bebiendo lo que os dieren (corresponde no solamente a una sola casa, sino al campo de ministerio asignado por el Señor): porque el obrero  digno es de su salario (esta es la única cita de las Epístolas en el Evangelio [I Tim. 5:18]). No andéis de casa en casa (en la época moderna, se refiere a los predicadores que buscan las mejores Iglesias porque pagan más; el dinero nunca debe ser el objeto, sino más bien el Llamado de Dios y adondequiera que éste le guíe).
8 Y en cualquiera ciudad donde entrareis, y os recibieren (algunos no recibirán el Evangelio), comed lo que os pusieren delante (sin quejarse):
9 Y sanad a los enfermos que en ella hubiere (corresponde a lo físico y lo espiritual, Parte de la Bendición), y decidles, Se ha llegado a vosotros el Reino de Dios (lo mejor que jamás podría acontecer a una familia o lugar).
10 Mas en cualquier ciudad donde entrareis (adonde el Señor le ha enviado), y no os recibieren (indica que esto sería el caso a veces), saliendo por sus calles, decid (lo que no es deseado no se debe de dar),
11 Aun el polvo que se nos ha pegado de vuestra ciudad a nuestros pies, sacudimos en vosotros (la idea es que el Señor guarda con cuidado un registro): esto empero sabed, que el Reino de Dios se ha llegado a vosotros (es imperativo que todos tengan la oportunidad de oír, pero ay de aquéllos que rechazan a Cristo; el Juicio del Gran Trono Blanco tendrá registro del rechazo [Apoc. 20:11-15]).
12 Y os digo, que para los de Sodoma, será más tolerable en aquel día (el Juicio del Gran Trono Blanco), que para aquella ciudad (las ciudades de las que Jesús habla han oído el Evangelio; Sodoma no tuvo esa oportunidad).
13 ¡Ay de Ti, Corazín! ¡Ay de Ti, Betsaida! que si en Tiro y en Sidón, hubieran sido hechas las maravillas que se han hecho en vosotras, ya hace tiempo sentados en cilicio y ceniza, se habrían arrepentido (éstas son dos ciudades donde Jesús había realizado obras portentosas – las mayores obras en la historia de la humanidad; los hombres serán juzgados no sólo por lo que han hecho o han dejado de hacer, pero sus oportunidades, circunstancias, posibilidades en la vida, serán estrictamente consideradas antes de que sean juzgados).
14 Por tanto, para Tiro y Sidón será más tolerable que vosotras en el juicio (estas ciudades gemelas no vieron el Poder de Dios como aquéllas que Cristo se refirió; las ciudades y los sitios que han tenido poca oportunidad no serán exentos, pero no serán juzgados tan severamente).
15 Y tú, Capernaum, que hasta los Cielos estás levantada (elegida por el Espíritu Santo como la Sede central de Cristo durante Su Ministerio terrenal), hasta el Infierno serás hundida (constituye el castigo más severo pronunciado).
16 El que a vosotros oye, a Mí oye (declara Autoridad Espiritual para el Mensajero del Señor); y el que a vosotros desecha, a Mí desecha (¡de veras temible!); y el que a Mí desecha, desecha Al Que Me envió (Dios el Padre; éstas son declaraciones muy serias; de hecho, unas de las más serias que Cristo haya pronunciado).
LOS SETENTA REGRESAN
17 Y volvieron los setenta con gozo, diciendo, Señor, aun los demonios (espíritus demoníacos) se nos sujetan en Tu Nombre (los demonios se sujetan a nosotros sólo por Su Nombre).
18 Y les dijo, Yo veía a Satanás como un rayo que caía del Cielo (por el Poder del Espíritu Santo, Jesús miraba en el futuro, observando a Satanás cuando será echado del Cielo casi a mitad de la Gran Tribulación venidera [Apoc. 12:9]).
19 He aquí, os doy potestad de hollar sobre las serpientes y sobre los escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo: y nada os dañará (es la esfera de Autoridad Espiritual; es sólo sobre entidades espirituales, y no tiene nada que ver con Autoridad sobre los humanos).
20 Mas no os gocéis de esto, que los espíritus se os sujetan (no debiera ser ocasión de gozo); antes gozaos, de que vuestros nombres están escritos en los Cielos (la Salvación del alma siempre debe ser ocasión de regocijo; cuando la Iglesia se alegra más sobre otras cosas que la gente Salva, algo está mal).
21 En aquella misma hora Jesús se alegró en espíritu (realmente quiere decir en el Texto Griego que Jesús se regocijó enormemente en el Espíritu Santo, que se refiere a un gran gozo como una fuente que brota de las profundidades de Su Alma; como los Versículos anteriores declaran, Él vio la victoria total y completa que ocurriría como consecuencia de la Cruz), y dijo, Yo Te alabo, Oh Padre, Señor del Cielo y de la Tierra (Satanás no es el señor ni del uno ni del otro lugar, sino más bien Dios el Padre), que escondiste estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños (la jerarquía religiosa nunca vio esto del cual Jesús se refirió, pero estos pescadores elegidos por Cristo sí lo vieron): así, Padre; porque así Te agradó (lamentablemente, esto sucede mucho donde la Iglesia moderna llama "bien" lo que para Dios es todo lo contrario).
22 Todas las cosas Me son entregadas de Mi Padre (se refiere a Jesús cuando el Padre Le dio la responsabilidad para derrotar a Satanás y acabar su perversa revolución, lo cual se iba a realizar en la Cruz): y nadie sabe Quién sea el Hijo, sino el Padre (quiere decir que Jesús es del Padre, y no del hombre); ni Quién sea el Padre, sino el Hijo (ningún hombre puede llegarse al "Padre," ni aun conocer Quién es el "Padre," excepto por medio del "Hijo," es decir, el Señor Jesucristo; Jesús Solo es la Puerta [Jn. 10:9]), y a quien el Hijo Lo quisiere revelar (la Salvación no es un asunto de la educación, sino de la Revelación).
23 Y vuelto particularmente a los Discípulos, les dijo aparte (no solamente se refiere a los "Doce," sino a los "Setenta" también), Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis (él se refiere a ver "con ojos de Fe," y creer lo que ve):
24 Porque os digo, Que muchos Profetas y Reyes desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron (Él se refiere a todos los eminentes del Antiguo Testamento que señalaron Su Venida, pero por supuesto no estuvieron vivos para presenciarlo; pero a pesar de todo ¡lo creyeron, que viene a ser lo mismo! también, miles durante el Ministerio público de Jesús vieron y oyeron, pero aún así no creyeron; demuestra que la Fe no está en los sentidos, sino más bien en el corazón).
EL BUEN SAMARITANO
25 Y, he aquí, un Doctor de la Ley se levantó (alguien que supuestamente debiera ser experto en la Ley Mosaica), tentándole (quiere decir que pondrá en prueba el conocimiento del Señor en cuanto a la Ley; él no sabía que Jesús era la Ley) y diciendo, Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la Vida Eterna? (Era claro que este supuesto experto en la Ley no era del todo un experto, porque hubiera usado la palabra "merecer" y no la palabra "heredar"; la herencia es por nacimiento; la Vida Eterna es el interés más grande del hombre, y no hay otra pregunta más extraordinaria que podría hacerse como ésta en este Versículo.)
26 Y él dijo, ¿Qué está escrito de la Ley? (Presenta a Jesús que inmediatamente señalaba a la Biblia como la autoridad infalible.) ¿Cómo lees? (Jesús no solamente hablaba de conocer la Palabra, sino también de comprenderla bien.)
27 Y él respondiendo dijo, Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de todas tus fuerzas, y de todo tu entendimiento; y a tu prójimo como a ti mismo (la cita se encuentra en Deut. 6:5 y Lev. 19:18).
28 Y Él (Jesús) le dijo, Bien has respondido (declara a Cristo, en efecto, diciendo, "tú lo sabes, pero no lo cumples"): haz esto, y vivirás (quiere decir que él no hacía lo que sabía que debía hacer; de hecho, no era posible para él, ni para ningún otro individuo respecto a eso, cumplir completamente la Ley; por lo tanto, no había Salvación en esa dirección).
29 Mas él, queriéndose justificar a sí mismo, dijo a Jesús, ¿Y quién es mi prójimo? (Esta declaración descubre el carácter del abogado. Él era farisaico, o sea que se justificaba. Él se determinaba a ganar el Cielo por sus propios esfuerzos religiosos.)
30 Y respondiendo Jesús dijo, Un cierto hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron, e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto.
31 Y aconteció que descendió un cierto Sacerdote por aquel camino: y viéndole, se pasó de un lado (el egoísmo es la fuerza imponente en la naturaleza humana).
32 Y asimismo un Levita (aquéllos que eran de la Tribu de Leví), llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, se pasó de un lado (proclama que este hombre por lo menos le miró, mientras el Sacerdote ni siquiera se molestó con eso).
33 Mas un cierto Samaritano (los Samaritanos y los Judíos normalmente eran enemigos), que transitaba, viniendo cerca de él (donde estaba el Israelita herido): y viéndole, fue movido a misericordia,
34 Y llegándose, vendó sus heridas, echándolas aceite y vino (en esa época, se limpiaba una herida con jugo de uva y con aceite, luego la aplicación, que ayudaba en la curación), y poniéndole sobre su cabalgadura, le llevó al mesón, y cuidó de él (nos dice que este viajero herido no era rico y, por lo tanto, no le fue posible compensar la fineza que se le extendió).
35 Y otro día al partir, él (el buen Samaritano) sacó dos denarios, y los dio al anfitrión, y le dijo,  Cuídamelo; y todo lo que de más gastares, yo cuando vuelva, te lo pagaré.
36 ¿Quién, pues, de estos tres (los tres hombres tuvieron contacto con el viajero herido) te parece que fue el prójimo de aquél que cayó en manos de los ladrones?
37 Y él dijo, El que usó con él de misericordia. Entonces Jesús le dijo, Ve, y haz tú lo mismo (otra lección que se aprende en esta Parábola es que algunas personas necesitan estar en el lugar del viajero herido para poder estar dispuestas a recibir ayuda de cualquiera persona, hasta incluso de un Samaritano a quien se le odiaba).
MARÍA Y MARTA
38 Y aconteció, que yendo, entró Él en una cierta aldea (se refiere a Betania [Jn. 11:1; 12:1-3], un suburbio de Jerusalén): y una cierta mujer llamada Marta Le recibió en su casa.
39 Y ésta tenía una hermana que se llamaba María, la cual sentándose a los Pies de Jesús, oía Su Palabra (sentarse a los Pies de Jesús es un refugio seguro de asaltos sobre la autoridad y la inspiración de Las Escrituras).
40 Empero Marta se distraía en muchos servicios, y sobreviniendo, dice, Señor, ¿no tienes cuidado que mi hermana me deja servir sola? Dile, pues, que me ayude (si Marta se hubiera dado cuenta que Jesús era Jehová, ella nunca Le hubiera respondido tan malhumorada).
41 Más respondiendo Jesús le dijo: Marta, Marta (le habló con amor compasivo), cuidadosa estás y con las muchas cosas estás turbada (¡tiene que ver con las cosas que eran importantes, pero no las más importantes!):
42 Empero una cosa es necesaria (nos revela la Mente de Dios, y nos indica donde está toda la victoria): y María escogió la buena parte (quiere decir que esta es una "alternativa"), la cual no le será quitada (lo más importante es la comunión con Cristo).


Primera Corintios Capítulo 13:




Si hablo en lenguas humanas y angelicales, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido. Si tengo el don de profecía y entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento, y si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no soy nada. Si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y si entrego mi cuerpo para que lo consuman las llamas, pero no tengo amor, nada gano con eso. El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor jamás se extingue, mientras que el don de profecía cesará, el de lenguas será silenciado y el de conocimiento desaparecerá. Porque conocemos y profetizamos de manera imperfecta; pero cuando llegue lo perfecto, lo imperfecto desaparecerá. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; cuando llegué a ser adulto, dejé atrás las cosas de niño. Ahora vemos de manera indirecta y velada, como en un espejo; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de manera imperfecta, pero entonces conoceré tal y como soy conocido. Ahora, pues, permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más excelente de ellas es el amor.


Hebreos 10:35-12:4




Así que no pierdan la confianza, porque ésta será grandemente recompensada. Ustedes necesitan perseverar para que, después de haber cumplido la voluntad de Dios, reciban lo que él ha prometido. Pues dentro de muy poco tiempo, "el que ha de venir vendrá, y no tardará. Pero mi justo vivirá por la fe. Y si se vuelve atrás, no será de mi agrado." Pero nosotros no somos de los que se vuelven atrás y acaban por perderse, sino de los que tienen fe y preservan su vida. Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve. Gracias a ella fueron aprobados los antiguos. Por la fe entendemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo visible no provino de lo que se ve. Por la fe Abel ofreció a Dios un sacrificio más aceptable que el de Caín, por lo cual recibió testimonio de ser justo, pues Dios aceptó su ofrenda. Y por la fe Abel, a pesar de estar muerto, habla todavía. Por la fe Enoc fue sacado de este mundo sin experimentar la muerte; no fue hallado porque Dios se lo llevó, pero antes de ser llevado recibió testimonio de haber agradado a Dios. En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan. Por la fe Noé, advertido sobre cosas que aún no se veían, con temor reverente construyó un arca para salvar a su familia. Por esa fe condenó al mundo y llegó a ser heredero de la justicia que viene por la fe. Por la fe Abraham, cuando fue llamado para ir a un lugar que más tarde recibiría como herencia, obedeció y salió sin saber a dónde iba. Por la fe se radicó como extranjero en la tierra prometida, y habitó en tiendas de campaña con Isaac y Jacob, herederos también de la misma promesa, porque esperaba la ciudad de cimientos sólidos, de la cual Dios es arquitecto y constructor. Por la fe Abraham, a pesar de su avanzada edad y de que Sara misma era estéril, recibió fuerza para tener hijos, porque consideró fiel al que le había hecho la promesa. Así que de este solo hombre, ya en decadencia, nacieron descendientes numerosos como las estrellas del cielo e incontables como la arena a la orilla del mar. Todos ellos vivieron por la fe, y murieron sin haber recibido las cosas prometidas; más bien, las reconocieron a lo lejos, y confesaron que eran extranjeros y peregrinos en la tierra. Al expresarse así, claramente dieron a entender que andaban en busca de una patria. Si hubieran estado pensando en aquella patria de donde habían emigrado, habrían tenido oportunidad de regresar a ella. Antes bien, anhelaban una patria mejor, es decir, la celestial. Por lo tanto, Dios no se avergonzó de ser llamado su Dios, y les preparó una ciudad. Por la fe Abraham, que había recibido las promesas, fue puesto a prueba y ofreció a Isaac, su hijo único, a pesar de que Dios le había dicho: "Tu descendencia se establecerá por medio de Isaac." Consideraba Abraham que Dios tiene poder hasta para resucitar a los muertos, y así, en sentido figurado, recobró a Isaac de entre los muertos. Por la fe Isaac bendijo a Jacob y a Esaú, previendo lo que les esperaba en el futuro. Por la fe Jacob, cuando estaba a punto de morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyándose en la punta de su bastón. Por la fe José, al fin de su vida, se refirió a la salida de los israelitas de Egipto y dio instrucciones acerca de sus restos mortales. Por la fe Moisés, recién nacido, fue escondido por sus padres durante tres meses, porque vieron que era un niño precioso, y no tuvieron miedo del edicto del rey. Por la fe Moisés, ya adulto, renunció a ser llamado hijo de la hija del faraón. Prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar de los efímeros placeres del pecado. Consideró que el oprobio por causa del Mesías era una mayor riqueza que los tesoros de Egipto, porque tenía la mirada puesta en la recompensa. Por la fe salió de Egipto sin tenerle miedo a la ira del rey, pues se mantuvo firme como si estuviera viendo al Invisible. Por la fe celebró la Pascua y el rociamiento de la sangre, para que el exterminador de los primogénitos no tocara a los de Israel. Por la fe el pueblo cruzó el Mar Rojo como por tierra seca; pero cuando los egipcios intentaron cruzarlo, se ahogaron. Por la fe cayeron las murallas de Jericó, después de haber marchado el pueblo siete días a su alrededor. Por la fe la prostituta Rahab no murió junto con los desobedientes, pues había recibido en paz a los espías. ¿Qué más voy a decir? Me faltaría tiempo para hablar de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas, los cuales por la fe conquistaron reinos, hicieron justicia y alcanzaron lo prometido; cerraron bocas de leones, apagaron la furia de las llamas y escaparon del filo de la espada; sacaron fuerzas de flaqueza; se mostraron valientes en la guerra y pusieron en fuga a ejércitos extranjeros. Hubo mujeres que por la resurrección recobraron a sus muertos. Otros, en cambio, fueron muertos a golpes, pues para alcanzar una mejor resurrección no aceptaron que los pusieran en libertad. Otros sufrieron la prueba de burlas y azotes, e incluso de cadenas y cárceles. Fueron apedreados, aserrados por la mitad, asesinados a filo de espada. Anduvieron fugitivos de aquí para allá, cubiertos de pieles de oveja y de cabra, pasando necesidades, afligidos y maltratados. ¡El mundo no merecía gente así! Anduvieron sin rumbo por desiertos y montañas, por cuevas y cavernas. Aunque todos obtuvieron un testimonio favorable mediante la fe, ninguno de ellos vio el cumplimiento de la promesa. Esto sucedió para que ellos no llegaran a la meta sin nosotros, pues Dios nos había preparado algo mejor. Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo. En la lucha que ustedes libran contra el pecado, todavía no han tenido que resistir hasta derramar su sangre.


Romanos 8:




Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte. En efecto, la ley no pudo liberarnos porque la naturaleza pecaminosa anuló su poder; por eso Dios envió a su propio Hijo en condición semejante a nuestra condición de pecadores, para que se ofreciera en sacrificio por el pecado. Así condenó Dios al pecado en la naturaleza humana, a fin de que las justas demandas de la ley se cumplieran en nosotros, que no vivimos según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu. Los que viven conforme a la naturaleza pecaminosa fijan la mente en los deseos de tal naturaleza; en cambio, los que viven conforme al Espíritu fijan la mente en los deseos del Espíritu. La mentalidad pecaminosa es muerte, mientras que la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz. La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo. Los que viven según la naturaleza pecaminosa no pueden agradar a Dios. Sin embargo, ustedes no viven según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios vive en ustedes. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo. Pero si Cristo está en ustedes, el cuerpo está muerto a causa del pecado, pero el Espíritu que está en ustedes es vida a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en ustedes. Por tanto, hermanos, tenemos una obligación, pero no es la de vivir conforme a la naturaleza pecaminosa. Porque si ustedes viven conforme a ella, morirán; pero si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: "¡Abba! ¡Padre!" El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria. De hecho, considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros. La creación aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de Dios, porque fue sometida a la frustración. Esto no sucedió por su propia voluntad, sino por la del que así lo dispuso. Pero queda la firme esperanza de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera dolores de parto. Y no sólo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esa esperanza fuimos salvados. Pero la esperanza que se ve, ya no es esperanza. ¿Quién espera lo que ya tiene? Pero si esperamos lo que todavía no tenemos, en la espera mostramos nuestra constancia. Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios. Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito. Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. A los que predestinó, también los llamó; a los que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó. ¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas? ¿Quién acusará a los que Dios ha escogido? Dios es el que justifica. ¿Quién condenará? Cristo Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros. ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia? Así está escrito: "Por tu causa nos vemos amenazados de muerte todo el día; nos tratan como a ovejas destinadas al matadero." Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.

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12 December 2015

El 12 de diciembre Lectura Bíblica Diaria


El Mensaje de la Cruz-capitulo-4
SonlifeTV.com/español

El 12 de diciembre Lectura Bíblica Diaria:

Habacuc 2 a 4:

Me mantendré alerta, me apostaré en los terraplenes; estaré pendiente de lo que me diga, de su respuesta a mi reclamo. Y el Señor me respondió: "Escribe la visión, y haz que resalte claramente en las tablillas, para que pueda leerse de corrido. Pues la visión se realizará en el tiempo señalado; marcha hacia su cumplimiento, y no dejará de cumplirse. Aunque parezca tardar, espérala; porque sin falta vendrá. "El insolente no tiene el alma recta, pero el justo vivirá por su fe. Además, la riqueza es traicionera; por eso el soberbio no permanecerá. Pues ensancha su garganta, como el sepulcro, y es insaciable como la muerte. y toma cautivos a todos los pueblos. Y éstos lo harán objeto de burla en sus sátiras y adivinanzas. "¡Ay del que se hace rico con lo ajeno y acumula prendas empeñadas! ¿Hasta cuándo seguirá con esta práctica? ¿No se levantarán de repente tus acreedores? ¿No se despertarán para sacudirte y despojarte con violencia? Son tantas las naciones que has saqueado, que los pueblos que se salven te saquearán a ti; porque es mucha la sangre que has derramado, y mucha tu violencia contra este país, contra esta ciudad y sus habitantes. "¡Ay del que llena su casa de ganancias injustas en un intento por salvar su nido y escapar de las garras del infortunio! "Son tus maquinaciones la vergüenza de tu casa: exterminaste a muchas naciones, pero causaste tu propia desgracia. Por eso hasta las piedras del muro claman, y resuenan las vigas del enmaderado. "¡Ay del que construye una ciudad con asesinatos y establece un poblado mediante el crimen! ¿No ha determinado el Señor Todopoderoso que los pueblos trabajen para el fuego y las naciones se fatiguen por nada? Porque así como las aguas cubren los mares, así también se llenará la tierra del conocimiento de la gloria del Señor. "¡Ay de ti, que emborrachas a tu prójimo! ¡Ay de ti, que lo embriagas con vino para contemplar su cuerpo desnudo! Con esto te has cubierto de ignominia y no de gloria. ¡Pues bebe también tú, y muestra lo pagano que eres! ¡Que se vuelque sobre ti la copa de la diestra del Señor, y sobre tu gloria, la ignominia! ¡Que te aplaste la violencia que cometiste contra el Líbano! ¡Que te abata la destrucción que hiciste de los animales! ¡Porque es mucha la sangre que has derramado, y mucha tu violencia contra este país, contra esta ciudad y sus habitantes! "¿De qué sirve una imagen, si quien la esculpe es un artesano? ¿De qué sirve un ídolo fundido, si tan sólo enseña mentiras? sólo está confiando en su propio artificio. ¡Ay del que le dice al madero: Despierta, y a la piedra muda: Levántate! Aunque están recubiertos de oro y plata, nada pueden enseñarle, pues carecen de aliento de vida. En cambio, el Señor está en su santo templo; ¡guarde toda la tierra silencio en su presencia!" Oración del profeta Habacuc. Según sigionot. Señor, he sabido de tu fama; tus obras, Señor, me dejan pasmado. Realízalas de nuevo en nuestros días, dalas a conocer en nuestro tiempo; en tu ira, ten presente tu misericordia. De Temán viene Dios, del monte de Parán viene el Santo. Selah y su alabanza llena la tierra. Su brillantez es la del relámpago; rayos brotan de sus manos; ¡tras ellos se esconde su poder! Una plaga mortal lo precede, un fuego abrasador le sigue los pasos. Se detiene, y la tierra se estremece; lanza una mirada, y las naciones tiemblan. y se desploman las viejas colinas, pero los caminos de Dios son eternos. He visto afligidos los campamentos de Cusán, y angustiadas las moradas de Madián. ¿Te enojaste, oh Señor, con los ríos? ¿Estuviste airado contra las corrientes? ¿Tan enfurecido estabas contra el mar que cabalgaste en tus caballos y montaste en tus carros victoriosos? Descubriste tu arco, llenaste de flechas tu aljaba. Tus ríos surcan la tierra; las montañas te ven y se retuercen. Pasan los torrentes de agua, y ruge el abismo, levantando sus manos. El sol y la luna se detienen en el cielo por el fulgor de tus veloces flechas, por el deslumbrante brillo de tu lanza. Indignado, marchas sobre la tierra; lleno de ira, trillas a las naciones. Saliste a liberar a tu pueblo, saliste a salvar a tu ungido. Aplastaste al rey de la perversa dinastía, ¡lo desnudaste de pies a cabeza! Con tu lanza les partiste la cabeza a sus guerreros, que enfurecidos querían dispersarme, que con placer arrogante se lanzaron contra mí, como quien se lanza contra un pobre indefenso. Pisoteaste el mar con tus corceles, agitando las inmensas aguas. Al oírlo, se estremecieron mis entrañas; a su voz, me temblaron los labios; la carcoma me caló en los huesos, y se me aflojaron las piernas. el día en que la calamidad vendrá sobre la nación que nos invade. Aunque la higuera no dé renuevos, ni haya frutos en las vides; aunque falle la cosecha del olivo, y los campos no produzcan alimentos; aunque en el aprisco no haya ovejas, ni ganado alguno en los establos; aun así, yo me regocijaré en el Señor, ¡me alegraré en Dios, mi libertador! El Señor omnipotente es mi fuerza; da a mis pies la ligereza de una gacela y me hace caminar por las alturas. Al director musical. Sobre instrumentos de cuerda.
Sofonías 1:
Ésta es la palabra del Señor, que vino a Sofonías hijo de Cusí, hijo de Guedalías, hijo de Amarías, hijo de Ezequías, durante el reinado de Josías hijo de Amón, rey de Judá: "Arrasaré por completo cuanto hay sobre la faz de la tierra afirma el Señor. Arrasaré con hombres y animales, con las aves del cielo, con los peces del mar, con ídolos e impíos por igual. "Exterminaré al hombre de sobre la faz de la tierra afirma el Señor. "Extenderé mi mano contra Judá y contra todos los habitantes de Jerusalén. Exterminaré de este lugar todo rastro de *Baal, y hasta el nombre de sus sacerdotes; a los que en las azoteas se postran en adoración ante las estrellas del cielo, a los que, postrados en adoración, juran lealtad al Señor, y al mismo tiempo a Moloc, a los que se apartan del Señor, y no lo buscan ni lo consultan. ¡Silencio ante el Señor omnipotente, porque cercano está el día del Señor; ha preparado el Señor un sacrificio y ha purificado a sus invitados! En el día del sacrificio del Señor castigaré a los funcionarios y oficiales del rey, y a cuantos se visten según modas extrañas. En aquel día castigaré a cuantos evitan pisar el umbral, a los que llenan de violencia y engaño la casa de sus dioses. "Aquel día se oirán gritos de auxilio, desde la puerta del Pescado, gemidos desde el Barrio Nuevo, y gran quebranto desde las colinas afirma el Señor. "¡Giman, habitantes del Barrio del Mercado! Aniquilados serán todos sus mercaderes, exterminados cuantos comercian con plata. En aquel tiempo registraré Jerusalén con lámparas para castigar a los que reposan tranquilos como vino en su sedimento, a los que piensan: El Señor no va a hacer nada, ni para bien ni para mal. En botín se convertirán sus riquezas, sus casas en desolación: Edificarán casas, pero no las habitarán; plantarán viñas, pero del vino no beberán. "Ya se acerca el gran día del Señor; a toda prisa se acerca. El estruendo del día del Señor será amargo, y aun el más valiente gritará. Día de ira será aquel día, día de acoso y angustia, día de devastación y ruina, día de tinieblas y penumbra, día de niebla y densos nubarrones, día de trompeta y grito de batalla contra las ciudades fortificadas, contra los altos bastiones. De tal manera acosaré a los *hombres, que andarán como ciegos, porque pecaron contra el Señor. y sus entrañas como estiércol. No los podrán librar ni su plata ni su oro en el día de la ira del Señor. será toda la tierra consumida; en un instante reducirá a la nada a todos los habitantes de la tierra."


Salmo 63:
Oh Dios, tú eres mi Dios; yo te busco intensamente. Mi alma tiene sed de ti; todo mi ser te anhela, cual tierra seca, extenuada y sedienta. Te he visto en el santuario y he contemplado tu poder y tu gloria. Tu amor es mejor que la vida; por eso mis labios te alabarán. Te bendeciré mientras viva, y alzando mis manos te invocaré. Mi alma quedará satisfecha como de un suculento banquete, y con labios jubilosos te alabará mi boca. En mi lecho me acuerdo de ti; pienso en ti toda la noche. A la sombra de tus alas cantaré, porque tú eres mi ayuda. Mi alma se aferra a ti; tu mano derecha me sostiene. Los que buscan mi muerte serán destruidos; bajarán a las profundidades de la tierra. Serán entregados a la espada y acabarán devorados por los chacales. El rey se regocijará en Dios; todos los que invocan a Dios lo alabarán, pero los mentirosos serán silenciados.




Proverbios 20:
El vino lleva a la insolencia, y la bebida embriagante al escándalo; ¡nadie bajo sus efectos se comporta sabiamente! Rugido de león es la furia del rey; quien provoca su enojo se juega la vida. Honroso es al hombre evitar la contienda, pero no hay necio que no inicie un pleito. El perezoso no labra la tierra en otoño; en tiempo de cosecha buscará y no hallará. Los pensamientos humanos son aguas profundas; el que es inteligente los capta fácilmente. Son muchos los que proclaman su lealtad, ¿pero quién puede hallar a alguien digno de confianza? Justo es quien lleva una vida sin tacha; ¡dichosos los hijos que sigan su ejemplo! Cuando el rey se sienta en el tribunal, con su sola mirada barre toda maldad. ¿Quién puede afirmar: "Tengo puro el corazón; estoy limpio de pecado"? Pesas falsas y medidas engañosas: ¡vaya pareja que el Señor detesta! Por sus hechos el niño deja entrever si su conducta será pura y recta. Los oídos para oír y los ojos para ver: ¡hermosa pareja que el Señor ha creado! No te des al sueño, o te quedarás pobre; manténte despierto y tendrás pan de sobra. "¡No sirve, no sirve!", dice el comprador, pero luego va y se jacta de su compra. Oro hay, y abundan las piedras preciosas, pero aún más valiosos son los labios del saber. Toma la prenda del que salga fiador de un extraño; reténla en garantía si la da en favor de desconocidos. Tal vez sea agradable ganarse el pan con engaños, pero uno acaba con la boca llena de arena. Afirma tus planes con buenos consejos; entabla el combate con buena estrategia. El chismoso traiciona la confianza; no te juntes con la gente que habla de más. Al que maldiga a su padre y a su madre, su lámpara se le apagará en la más densa oscuridad. La herencia de fácil comienzo no tendrá un final feliz. Nunca digas: "¡Me vengaré de ese daño!" Confía en el Señor, y él actuará por ti. El Señor aborrece las pesas falsas y reprueba el uso de medidas engañosas. Los pasos del hombre los dirige el Señor. ¿Cómo puede el hombre entender su propio camino? Trampa es consagrar algo sin pensarlo y más tarde reconsiderar lo prometido. El rey sabio avienta como trigo a los malvados, y los desmenuza con rueda de molino. El espíritu humano es la lámpara del Señor, pues escudriña lo más recóndito del ser. La misericordia y la verdad sostienen al rey; su trono se afirma en la misericordia. La gloria de los jóvenes radica en su fuerza; la honra de los ancianos, en sus canas. Los golpes y las heridas curan la maldad; los azotes purgan lo más íntimo del ser.

El Libro de Los Romanos Capítulo 9 del Nuevo Testamento del Expositor por Jimmy Swaggart:
LA EPÍSTOLA DEL APÓSTOL PABLO A LOS ROMANOS
CAPÍTULO 9
(60 d.C.)
EL RECHAZO
VERDAD digo en Cristo, no miento (Pablo refuta la acusación en la predicación a los Gentiles; él no está animado por la hostilidad contra los Judíos), dándome testimonio mi conciencia en el Espíritu Santo (su propio espíritu está en completa armonía con el Espíritu Santo),
2 Que tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón (se apenaba sobre la grave situación del Israel en esos días; estaban en este estado porque rechazaron a Cristo y la Cruz; desgraciadamente, la Iglesia, con algunas excepciones, hace lo mismo).
3 Porque deseara yo mismo ser apartado de Cristo por mis Hermanos (expresado en un sentido académico que carece de cumplimiento, ya que tal es imposible), los que son mis parientes según la carne (los Judíos):
4 Que son Israelitas (el Pueblo escogido de Dios, sin embargo, rechazaron al Señor); de los cuales es la Adopción (se refiere a la selección de Israel para ser el Pueblo peculiar de Dios [Éx. 19:5]), y la Gloria (se refiere a la Presencia Divina que estaba siempre con ellos, al menos hasta que ellos rechazaron a Dios [Éx. 16:7, 10; 24:16-17; Lev. 9:6; Núm. 14:10, 21; Deut. 5:24]), y los Pactos (Dios había hecho varios Pactos o sea, Convenios con Israel, como el Abrámico, primero que todo prometiendo la Salvación por Fe [Gén. 15:6]), y la divulgación de la Ley (la Ley Mosaica), y el culto (el Tabernáculo, las ofrendas, el Sacerdocio, etc.), y las Promesas (las Promesas Mesiánicas);
5 Cuyos son los padres (se refiere básicamente a Abraham, a Isaac y a Jacob), y de los cuales es Cristo según la carne (por medio de los Judíos), El Cual es Dios sobre todas las cosas (el mismo propósito de Israel era traer al Redentor en el mundo), bendito por los siglos (Jesús es el Redentor, Quien es Dios). Amén (Verdad).
6 No que la Palabra de Dios haya fallado (aunque Israel fallara, la Palabra de Dios no falló; el Redentor vino). Porque no todos los que son de Israel, son Israelitas (tiene la intención de denunciar la Salvación nacional; en otras palabras, no es salvo sólo porque es un Israelita):
7 Ni, por ser simiente de Abraham, son todos hijos (también desacredita la teoría de la Salvación nacionalista): mas, En Isaac te será llamada simiente (Ismael no fue incluido, aunque era hijo de Abraham; significa que todas las obras de la carne son rechazadas).


LA DISTINCIÓN

8 Quiere decir, No los que son hijos de la carne, éstos son los Hijos de Dios (no son Hijos de Dios simplemente porque son Judíos): mas los que son Hijos de la Promesa son contados en los descendientes (aquellos que creen en la Promesa, Quien es Cristo).
9 Porque la Palabra de la Promesa es esta (corresponde a la Fe, no a las obras), Como en este tiempo vendré, y tendrá Sara un hijo (Abraham no es la figura principal, en realidad tampoco lo es Sara o Isaac; sólo la Promesa, que al final se cumplirá en Cristo).
10 Y no sólo esto (él dará ahora otro ejemplo); mas también Rebeca concibiendo de uno, de Isaac nuestro padre (Pablo además derriba la idea de la Salvación nacionalista, como veremos);
11 (Porque no siendo aún nacidos, ni habiendo hecho ni bien ni mal (se refiere a Esaú y Jacob, quienes eran gemelos), para que el propósito de Dios conforme a la elección (habla del conocimiento previo de Dios), no por las obras, sino por El Que llama, permaneciese;) (Declara la base entera del trato de Dios con los hombres y Su manera de operación.)
12 Le fue dicho a ella (se refiere al Señor que le habla a Rebeca, se encuentra en Génesis 25:23), El Mayor serviría al menor (en el análisis espiritual, la Naturaleza Pecaminosa, que es la más vieja en el Creyente porque el Creyente nace con tal, servirá a la Naturaleza Divina, que es la más joven; es decir, si el Creyente sigue correctamente a Cristo).
13 Como está escrito (Mal. 1:2-3), A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí (no fue hecho de forma caprichosa; Dios no amó indiscriminadamente a Jacob, tampoco Él odió indiscriminadamente a Esaú; las dos pasiones, el amor y el odio, estaban basadas en las actitudes de los dos hombres hacia Dios).
14 ¿Pues qué diremos? (Es la intención de responder a la afirmación que Dios era injusto en Su Disposición hacia Jacob y Esaú.) ¿Que hay injusticia en Dios? ¡Dios no lo quiera! (Allí no hay injusticia para con Dios, Quien, por el conocimiento previo, ve la actitud de los dos jóvenes y juzga como corresponde).
15 Mas a Moisés dice, Tendré Misericordia del que tendré Misericordia, y me Compadeceré del que me Compadeceré ([Éx. 33:19] Dios tiene Misericordia y Compasión de aquellos que cumplen Sus Condiciones).
16 Así que no es del que quiere, ni del que corre (la Misericordia y la Compasión no pueden ser ganadas o merecidas por el pecador; en consecuencia, esto completamente excluye una Salvación de obras), sino de Dios Quien tiene Misericordia (Dios manifiesta su Misericordia a base de la aceptación de Cristo y la Cruz por el hombre; de otro modo, no hay Misericordia alguna).
17 Porque La Escritura dice de Faraón (Éx. 9:16), Que para esto mismo te he levantado (presenta el Señor que utiliza lo que está disponible, pero no obligaba al Faraón mismo a hacerlo; en otras palabras, Dios no predestinó al Faraón para que adoptara una actitud de rebelión, ni lo dejaba para que no tuviera alternativa en el asunto), para mostrar en ti Mi Potencia, y que Mi Nombre sea anunciado por toda la Tierra (como dicho, Dios usó la terquedad de Faraón, que era la propia decisión que eligió Faraón, para glorificar Su Nombre \ el Nombre de Dios).
18 De manera que del que quiere tiene Misericordia (Dios siempre tendrá misericordia de aquellos que llenan Sus Requisitos), y al que quiere, Él endurece (la terquedad hacia Dios será respondida por Dios que obliga que se establezca un escenario que hará que el corazón se ponga aun más duro; en otras palabras, si alguien quiere la dureza, entonces la recibirá).


LA JUSTICIA Y LA
MISERICORDIA

19 Me dirás pues (Pablo conoce el argumento de los Judíos), ¿Por qué, pues, se culpa Dios? (¿Por qué critica Dios al hombre?) Porque ¿quién resistirá a Su Voluntad? (¡Un número ilimitable de personas han resistido a Su Voluntad, pero nunca con éxito!)
20 Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú para que alterques con Dios? (¡El hombre critica a Dios!) Dirá el vaso de barro Al Que le labró, ¿por qué me has hecho tal? (¡El hombre quiere culpar a Dios cuando se encuentra en un aprieto!)
21 ¿O no tiene potestad el alfarero (Dios es comparado con un Alfarero) para hacer de la misma masa un vaso para honra, y otro para vergüenza? (Él tiene el poder de hacerlo posible para que el hombre elija el honor o la deshonra. La falta nunca proviene de Dios, sino siempre del hombre. ¡Dios no es culpable simplemente porque Él le da al hombre libre albedrío, y el hombre elige el camino de la deshonra!)
22 ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar la ira y hacer notoria Su potencia (en efecto, dice, en vista de que hay vasos de deshonra; hay una necesidad Divina que Dios debiera demostrar el Poder de Su Ira, así como las riquezas de Su Misericordia), soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para muerte (aquellos que eligen la deshonra serán finalmente destruidos, pero Dios en Su paciencia los soportará por mucho tiempo, aunque Él sepa de antemano su destino):
23 Y para hacer notorias las riquezas de Su Gloria, las mostró para con los Vasos de Misericordia (corresponde a aquellos Judíos o Gentiles que aceptan las riquezas de Su Gloria para la Salvación), que Él ha preparado para Gloria (no significa que Dios predestinó a éstos para Salvación, sino que realmente quiere decir que aquellos que aceptaron Su Misericordia y Gracia estarían listos para la Gloria),
24 Los cuales también ha llamado (Dios inicia el Llamado, pero desgraciadamente muchos, si no la mayoría, niegan a responder), es a saber, a nosotros, no sólo de los Judíos, mas también de los Gentiles? (El Señor siempre quiso que los Gentiles fueran incluidos también.)
25 Como también en Oseas dice (Os. 2:23), Llamaré al que no era Mi pueblo, pueblo Mío; y a la no amada, amada (usado por Pablo en el contexto de los Gentiles, aunque al principio fuera destinado para los Judíos).
26 Y será, que en el lugar donde les fue dicho (Os. 1:9-10), Vosotros no sois pueblo Mío: allí serán llamados Hijos del Dios Viviente (otra vez, el Apóstol toma un Pasaje que le fue dado exclusivamente a Israel, y lo ensancha para que cubriera a los Gentiles).
27 También Isaías clama tocante a Israel (Isa. 10:22), Si fuere el número de los Hijos de Israel como la arena del mar, el remanente será salva (a pesar del gran número de Israelitas a través de muchos siglos, en realidad sólo un pequeño número fue salvo; es lo mismo en la Iglesia moderna):
28 Porque Él cumplirá la obra (Palabra) (lo que Él hizo en la Cruz) con brevedad y ejecutada en Justicia (¡La Justicia de Dios lo exige! sin embargo, lo que es breve para Él no es necesariamente breve para la humanidad): porque una obra (Palabra terminante) hará dentro de poco el Señor sobre la Tierra (en comparación con la Eternidad, los seis mil años que ya hemos visto constituyen un tiempo corto).
29 Y como antes dijo Isaías (Isa. 1:9), Si el Señor de los Ejércitos (en el Hebreo la palabra es el Señor de Sabaot que lleva un significado de las Huestes de Ejércitos en Campaña; Dios es el Señor de todas las Huestes de Ejércitos del Cielo) no nos hubiera dejado simiente (el Remanente), como Sodoma habríamos venido a ser, y a Gomorra fuéramos semejantes (completamente destruidos).
30 ¿Pues qué diremos? (Pablo quiere decir algo bueno sobre la condición espiritual de los Judíos, pero no encuentra nada digno de bueno para decir.) Que los Gentiles, que no seguían Justicia (tiene referencia al hecho de que estos Paganos no buscaron a Dios ni la Justicia, de la cual su historia está repleta; eran idólatras), han alcanzado la Justicia (porque aceptaron a Cristo), es a saber, la Justicia que es por la Fe (la Fe en Cristo y lo que Él hizo en la Cruz, que Israel rechazó).
31 Mas Israel, que seguía después de la Ley de Justicia (demuestra a Israel que seguía el camino equivocado, por las obras), no ha llegado a la Ley de Justicia (no podía alcanzar la Justicia por las obras; sólo puede ser alcanzado por medio de confiar en Cristo y la Cruz).
32 ¿Por qué? (¿Por cuál razón?) Porque la seguían no por fe (sólo se puede ejercer la Fe al aceptar a Cristo y la Cruz, que Israel rechazó), mas como fue por las obras de la Ley (nunca puede lograrla por su propio desempeño). Por lo cual tropezaron en la piedra de tropiezo (indica la necesidad de Fe en el Señor Jesucristo, El Único Quien todos los Sacrificios habían simbolizado);
33 Como está escrito (Isa. 8:14), He aquí, pongo en Sión (Israel) piedra de tropiezo, y piedra de caída (se refiere a Jesucristo; Él no era el tipo de Salvador que querían; necesitaron la Salvación del pecado, pero quisieron otra cosa): y aquel que creyere en ella no será avergonzado (demuestra que la Salvación está abierta a todos, no son a unos cuántos escogidos que están predestinados para ella, como muchos enseñan).





Primera Corintios Capítulo 13:
Si hablo en lenguas humanas y angelicales, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido. Si tengo el don de profecía y entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento, y si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no soy nada. Si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y si entrego mi cuerpo para que lo consuman las llamas, pero no tengo amor, nada gano con eso. El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor jamás se extingue, mientras que el don de profecía cesará, el de lenguas será silenciado y el de conocimiento desaparecerá. Porque conocemos y profetizamos de manera imperfecta; pero cuando llegue lo perfecto, lo imperfecto desaparecerá. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; cuando llegué a ser adulto, dejé atrás las cosas de niño. Ahora vemos de manera indirecta y velada, como en un espejo; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de manera imperfecta, pero entonces conoceré tal y como soy conocido. Ahora, pues, permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más excelente de ellas es el amor.


Hebreos 10:35-12:4
Así que no pierdan la confianza, porque ésta será grandemente recompensada. Ustedes necesitan perseverar para que, después de haber cumplido la voluntad de Dios, reciban lo que él ha prometido. Pues dentro de muy poco tiempo, "el que ha de venir vendrá, y no tardará. Pero mi justo vivirá por la fe. Y si se vuelve atrás, no será de mi agrado." Pero nosotros no somos de los que se vuelven atrás y acaban por perderse, sino de los que tienen fe y preservan su vida. Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve. Gracias a ella fueron aprobados los antiguos. Por la fe entendemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo visible no provino de lo que se ve. Por la fe Abel ofreció a Dios un sacrificio más aceptable que el de Caín, por lo cual recibió testimonio de ser justo, pues Dios aceptó su ofrenda. Y por la fe Abel, a pesar de estar muerto, habla todavía. Por la fe Enoc fue sacado de este mundo sin experimentar la muerte; no fue hallado porque Dios se lo llevó, pero antes de ser llevado recibió testimonio de haber agradado a Dios. En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan. Por la fe Noé, advertido sobre cosas que aún no se veían, con temor reverente construyó un arca para salvar a su familia. Por esa fe condenó al mundo y llegó a ser heredero de la justicia que viene por la fe. Por la fe Abraham, cuando fue llamado para ir a un lugar que más tarde recibiría como herencia, obedeció y salió sin saber a dónde iba. Por la fe se radicó como extranjero en la tierra prometida, y habitó en tiendas de campaña con Isaac y Jacob, herederos también de la misma promesa, porque esperaba la ciudad de cimientos sólidos, de la cual Dios es arquitecto y constructor. Por la fe Abraham, a pesar de su avanzada edad y de que Sara misma era estéril, recibió fuerza para tener hijos, porque consideró fiel al que le había hecho la promesa. Así que de este solo hombre, ya en decadencia, nacieron descendientes numerosos como las estrellas del cielo e incontables como la arena a la orilla del mar. Todos ellos vivieron por la fe, y murieron sin haber recibido las cosas prometidas; más bien, las reconocieron a lo lejos, y confesaron que eran extranjeros y peregrinos en la tierra. Al expresarse así, claramente dieron a entender que andaban en busca de una patria. Si hubieran estado pensando en aquella patria de donde habían emigrado, habrían tenido oportunidad de regresar a ella. Antes bien, anhelaban una patria mejor, es decir, la celestial. Por lo tanto, Dios no se avergonzó de ser llamado su Dios, y les preparó una ciudad. Por la fe Abraham, que había recibido las promesas, fue puesto a prueba y ofreció a Isaac, su hijo único, a pesar de que Dios le había dicho: "Tu descendencia se establecerá por medio de Isaac." Consideraba Abraham que Dios tiene poder hasta para resucitar a los muertos, y así, en sentido figurado, recobró a Isaac de entre los muertos. Por la fe Isaac bendijo a Jacob y a Esaú, previendo lo que les esperaba en el futuro. Por la fe Jacob, cuando estaba a punto de morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyándose en la punta de su bastón. Por la fe José, al fin de su vida, se refirió a la salida de los israelitas de Egipto y dio instrucciones acerca de sus restos mortales. Por la fe Moisés, recién nacido, fue escondido por sus padres durante tres meses, porque vieron que era un niño precioso, y no tuvieron miedo del edicto del rey. Por la fe Moisés, ya adulto, renunció a ser llamado hijo de la hija del faraón. Prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar de los efímeros placeres del pecado. Consideró que el oprobio por causa del Mesías era una mayor riqueza que los tesoros de Egipto, porque tenía la mirada puesta en la recompensa. Por la fe salió de Egipto sin tenerle miedo a la ira del rey, pues se mantuvo firme como si estuviera viendo al Invisible. Por la fe celebró la Pascua y el rociamiento de la sangre, para que el exterminador de los primogénitos no tocara a los de Israel. Por la fe el pueblo cruzó el Mar Rojo como por tierra seca; pero cuando los egipcios intentaron cruzarlo, se ahogaron. Por la fe cayeron las murallas de Jericó, después de haber marchado el pueblo siete días a su alrededor. Por la fe la prostituta Rahab no murió junto con los desobedientes, pues había recibido en paz a los espías. ¿Qué más voy a decir? Me faltaría tiempo para hablar de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas, los cuales por la fe conquistaron reinos, hicieron justicia y alcanzaron lo prometido; cerraron bocas de leones, apagaron la furia de las llamas y escaparon del filo de la espada; sacaron fuerzas de flaqueza; se mostraron valientes en la guerra y pusieron en fuga a ejércitos extranjeros. Hubo mujeres que por la resurrección recobraron a sus muertos. Otros, en cambio, fueron muertos a golpes, pues para alcanzar una mejor resurrección no aceptaron que los pusieran en libertad. Otros sufrieron la prueba de burlas y azotes, e incluso de cadenas y cárceles. Fueron apedreados, aserrados por la mitad, asesinados a filo de espada. Anduvieron fugitivos de aquí para allá, cubiertos de pieles de oveja y de cabra, pasando necesidades, afligidos y maltratados. ¡El mundo no merecía gente así! Anduvieron sin rumbo por desiertos y montañas, por cuevas y cavernas. Aunque todos obtuvieron un testimonio favorable mediante la fe, ninguno de ellos vio el cumplimiento de la promesa. Esto sucedió para que ellos no llegaran a la meta sin nosotros, pues Dios nos había preparado algo mejor. Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo. En la lucha que ustedes libran contra el pecado, todavía no han tenido que resistir hasta derramar su sangre.


Romanos 8:
Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, los que no vivan según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu, pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte. En efecto, la ley no pudo liberarnos porque la naturaleza pecaminosa anuló su poder; por eso Dios envió a su propio Hijo en condición semejante a nuestra condición de pecadores, para que se ofreciera en sacrificio por el pecado. Así condenó Dios al pecado en la naturaleza humana, a fin de que las justas demandas de la ley se cumplieran en nosotros, que no vivimos según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu. Los que viven conforme a la naturaleza pecaminosa fijan la mente en los deseos de tal naturaleza; en cambio, los que viven conforme al Espíritu fijan la mente en los deseos del Espíritu. La mentalidad pecaminosa es muerte, mientras que la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz. La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo. Los que viven según la naturaleza pecaminosa no pueden agradar a Dios. Sin embargo, ustedes no viven según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios vive en ustedes. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo. Pero si Cristo está en ustedes, el cuerpo está muerto a causa del pecado, pero el Espíritu que está en ustedes es vida a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en ustedes. Por tanto, hermanos, tenemos una obligación, pero no es la de vivir conforme a la naturaleza pecaminosa. Porque si ustedes viven conforme a ella, morirán; pero si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: "¡Abba! ¡Padre!" El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria. De hecho, considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros. La creación aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de Dios, porque fue sometida a la frustración. Esto no sucedió por su propia voluntad, sino por la del que así lo dispuso. Pero queda la firme esperanza de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera dolores de parto. Y no sólo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esa esperanza fuimos salvados. Pero la esperanza que se ve, ya no es esperanza. ¿Quién espera lo que ya tiene? Pero si esperamos lo que todavía no tenemos, en la espera mostramos nuestra constancia. Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios. Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito. Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. A los que predestinó, también los llamó; a los que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó. ¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas? ¿Quién acusará a los que Dios ha escogido? Dios es el que justifica. ¿Quién condenará? Cristo Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros. ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia? Así está escrito: "Por tu causa nos vemos amenazados de muerte todo el día; nos tratan como a ovejas destinadas al matadero." Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.

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17 August 2015

El 17 agosto Lectura Bíblica Diaria

 

El 17 agosto Lectura Bíblica Diaria:
 
2 Crónicas 6 a 8:

Entonces Salomón declaró: "Señor, tú has dicho que habitarías en la oscuridad de una nube, y yo te he construido un excelso templo, un lugar donde habites para siempre." Luego se puso de frente para bendecir a toda la asamblea de Israel que estaba allí de pie, y dijo: "Bendito sea el Señor, Dios de Israel, que con su mano ha cumplido ahora lo que con su boca le había prometido a mi padre David cuando le dijo: Desde el día en que saqué de la tierra de Egipto a mi pueblo, no elegí a ninguna ciudad de las tribus de Israel para que en ella se me construyera un templo donde yo habitara, ni elegí a nadie para que gobernara a mi pueblo Israel. Más bien, elegí a Jerusalén para habitar en ella, y a David para que gobernara a mi pueblo Israel. "Pues bien, mi padre David tuvo mucho interés en construir un templo en honor del Señor, Dios de Israel, pero el Señor le dijo: Me agrada que te hayas interesado en construir un templo en mi honor. Sin embargo, no serás tú quien me lo construya, sino un hijo de tus entrañas; él será quien construya el templo en mi honor. "Ahora el Señor ha cumplido su promesa: Tal como lo prometió, he sucedido a mi padre David en el trono de Israel, y he construido el templo en honor del Señor, Dios de Israel. Allí he colocado el arca, en la cual está el pacto que el Señor hizo con los israelitas." A continuación, Salomón se puso ante el altar del Señor y, en presencia de toda la asamblea de Israel, extendió las manos. Había mandado construir y colocar en medio del atrio una plataforma de bronce cuadrada, que medía dos metros con veinticinco centímetros por lado, y un metro con treinta y cinco centímetros de alto. Allí, sobre la plataforma, se arrodilló y, extendiendo las manos al cielo, oró así: "Señor, Dios de Israel, no hay Dios como tú en el cielo ni en la tierra, pues tú cumples tu pacto de amor con quienes te sirven y te siguen de todo corazón. Has llevado a cabo lo que le dijiste a tu siervo David, mi padre; y este día has cumplido con tu mano lo que con tu boca prometiste. "Y ahora, Señor, Dios de Israel, cumple también la promesa que le hiciste a tu siervo, mi padre David, cuando le dijiste: Si tus hijos observan una buena conducta, viviendo de acuerdo con mi ley como tú lo has hecho, nunca te faltará un descendiente que ocupe el trono de Israel en mi presencia. Señor, Dios de Israel, ¡confirma ahora esta promesa que le hiciste a tu siervo David! "Pero ¿será posible que tú, Dios mío, habites en la tierra con la humanidad? Si los cielos, por altos que sean, no pueden contenerte, ¡mucho menos este templo que he construido! Sin embargo, Señor mi Dios, atiende a la oración y a la súplica de este siervo tuyo. Oye el clamor y la oración que elevo en tu presencia. ¡Que tus ojos estén abiertos día y noche sobre este templo, el lugar donde decidiste habitar, para que oigas la oración que tu siervo te eleva aquí! Oye las súplicas de tu siervo y de tu pueblo Israel cuando oren en este lugar. Oye desde el cielo, donde habitas; ¡escucha y perdona! "Si alguien peca contra su prójimo y se le exige venir a este templo para jurar delante de tu altar, óyelo tú desde el cielo y juzga a tus siervos. Condena al culpable, y haz que reciba su merecido; absuelve al inocente, y vindícalo por su rectitud. "Si tu pueblo Israel es derrotado por el enemigo por haber pecado contra ti, y luego se vuelve a ti para honrar tu nombre, y ora y te suplica en este templo, óyelo tú desde el cielo, y perdona su pecado y hazlo regresar a la tierra que les diste a ellos y a sus antepasados. "Cuando tu pueblo peque contra ti y tú lo aflijas cerrando el cielo para que no llueva, si luego ellos oran en este lugar y honran tu nombre y se arrepienten de su pecado, óyelos tú desde el cielo y perdona el pecado de tus siervos, de tu pueblo Israel. Guíalos para que sigan el buen camino, y envía la lluvia sobre esta tierra, que es tuya, pues tú se la diste a tu pueblo por herencia. "Cuando en el país haya hambre, peste, sequía, o plagas de langostas o saltamontes en los sembrados, o cuando el enemigo sitie alguna de nuestras ciudades; en fin, cuando venga cualquier calamidad o enfermedad, si luego en su dolor cada israelita, consciente de su culpa extiende sus manos hacia este templo, y ora y te suplica, óyelo tú desde el cielo, donde habitas, y perdónalo. Págale a cada uno según su conducta, la cual tú conoces, puesto que sólo tú escudriñas el corazón humano. Así todos tendrán temor de ti y andarán en tus caminos mientras vivan en la tierra que les diste a nuestros antepasados. "Trata de igual manera al extranjero que no pertenece a tu pueblo Israel, pero que atraído por tu gran fama y por tus despliegues de fuerza y poder ha venido de lejanas tierras. Cuando ese extranjero venga y ore en este templo, óyelo tú desde el cielo, donde habitas, y concédele cualquier petición que te haga. Así todos los pueblos de la tierra conocerán tu nombre y, al igual que tu pueblo Israel, tendrán temor de ti y comprenderán que en este templo que he construido se invoca tu nombre. "Cuando saques a tu pueblo para combatir a sus enemigos, sea donde sea, si el pueblo ora a ti y dirige la mirada hacia esta ciudad que has escogido, hacia el templo que he construido en tu honor, oye tú desde el cielo su oración y su súplica, y defiende su causa. "Ya que no hay ser humano que no peque, si tu pueblo peca contra ti y tú te enojas con ellos y los entregas al enemigo para que se los lleven cautivos a otro país, lejano o cercano, si en el destierro, en el país de los vencedores, se arrepienten y se vuelven a ti, y oran a ti diciendo: Somos culpables, hemos pecado, hemos hecho lo malo; y en la tierra de sus captores se vuelven a ti de todo corazón y con toda el alma, y oran y dirigen la mirada hacia la tierra que les diste a sus antepasados, hacia la ciudad que has escogido y hacia el templo que he construido en tu honor, oye tú sus oraciones y súplicas desde el cielo, donde habitas, y defiende su causa. ¡Perdona a tu pueblo que ha pecado contra ti! "Ahora, Dios mío, te ruego que tus ojos se mantengan abiertos, y atentos tus oídos a las oraciones que se eleven en este lugar. "Levántate, Señor y Dios; ven a descansar, tú y tu arca poderosa. Señor y Dios, ¡que tus sacerdotes se revistan de salvación! ¡Que tus fieles se regocijen en tu bondad! Señor y Dios, no le des la espalda a tu ungido. ¡Recuerda tu fiel amor hacia David, tu siervo!" Cuando Salomón terminó de orar, descendió fuego del cielo y consumió el holocausto y los sacrificios, y la gloria del Señor llenó el templo. Tan lleno de su gloria estaba el templo, que los sacerdotes no podían entrar en él. Al ver los israelitas que el fuego descendía y que la gloria del Señor se posaba sobre el templo, cayeron de rodillas y, postrándose rostro en tierra, alabaron al Señor diciendo: "El Señor es bueno; su gran amor perdura para siempre." Entonces el rey y todo el pueblo ofrecieron sacrificios en presencia del Señor. El rey Salomón ofreció veintidós mil bueyes y ciento veinte mil ovejas. Así fue como el rey y todo el pueblo dedicaron el templo de Dios. Los sacerdotes estaban de pie en sus puestos. Los levitas tocaban los instrumentos musicales que el rey David había hecho para alabar al Señor, y con los cuales cantaba: "Su gran amor perdura para siempre." Los sacerdotes tocaban las trompetas frente a los levitas, y todo Israel permanecía de pie. Salomón también consagró la parte central del atrio, que está frente al templo del Señor, y allí presentó los holocaustos y la grasa de los sacrificios de *comunión, ya que en el altar de bronce que hizo Salomón no había espacio para los holocaustos, la grasa y las ofrendas de cereales. En aquella ocasión Salomón y todo Israel celebraron la fiesta durante siete días. Era una inmensa asamblea que había acudido de todo lugar, desde Lebó Jamat hasta el río de Egipto. Al octavo día tuvieron una asamblea solemne, porque habían celebrado la consagración del altar durante siete días, y la fiesta durante siete días más. El día veintitrés del mes séptimo, Salomón envió al pueblo a sus casas, y ellos regresaron contentos y llenos de alegría por el bien que el Señor había hecho en favor de David, de Salomón y de su pueblo Israel. Cuando Salomón terminó el templo del Señor y el palacio real, llevando a feliz término todo lo que se había propuesto hacer en ellos, el Señor se le apareció una noche y le dijo: "He escuchado tu oración, y he escogido este templo para que en él se me ofrezcan sacrificios. Cuando yo cierre los cielos para que no llueva, o le ordene a la langosta que devore la tierra, o envíe pestes sobre mi pueblo, si mi pueblo, que lleva mi nombre, se humilla y ora, y me busca y abandona su mala conducta, yo lo escucharé desde el cielo, perdonaré su pecado y restauraré su tierra. Mantendré abiertos mis ojos, y atentos mis oídos a las oraciones que se eleven en este lugar. Desde ahora y para siempre escojo y consagro este templo para habitar en él. Mis ojos y mi *corazón siempre estarán allí. "En cuanto a ti, si me sigues como lo hizo tu padre David, y me obedeces en todo lo que yo te ordene y cumples mis decretos y *leyes, yo afirmaré tu trono real, como pacté con tu padre David cuando le dije: Nunca te faltará un descendiente en el trono de Israel. "Pero si ustedes me abandonan, y desobedecen los decretos y mandamientos que les he dado, y se apartan de mí para servir y adorar a otros dioses, los desarraigaré de la tierra que les he dado y repudiaré este templo que he consagrado en mi honor. Entonces los convertiré en el hazmerreír de todos los pueblos. Y aunque ahora este templo es imponente, llegará el día en que todo el que pase frente a él quedará asombrado y preguntará: ¿Por qué el Señor ha tratado así a este país y a este templo? Y le responderán: Porque abandonaron al Señor, Dios de sus antepasados, que los sacó de Egipto, y se echaron en los brazos de otros dioses, a los cuales adoraron y sirvieron. Por eso el Señor ha dejado que les sobrevenga tanto desastre. " Veinte años tardó el rey Salomón en construir el templo del Señor y su propio palacio. Después de esto, reconstruyó las ciudades que le había entregado Hiram y las pobló con israelitas. Luego marchó contra la ciudad de Jamat de Sobá y la conquistó. Reconstruyó Tadmor, en el desierto, y todos los lugares de almacenamiento que había construido en Jamat. Reconstruyó como ciudades fortificadas Bet Jorón la de arriba y Bet Jorón la de abajo, y les puso murallas, puertas y cerrojos. Lo mismo hizo con Balat y con todos los lugares de almacenamiento que tenía, con los cuarteles para sus carros de combate y para su caballería, y con todo cuanto quiso construir en Jerusalén, en el Líbano y en todo el territorio bajo su dominio. A los descendientes de los pueblos no israelitas (es decir, a los hititas, amorreos, ferezeos, heveos y jebuseos, pueblos que quedaron en el país porque los israelitas no pudieron destruirlos), Salomón los sometió a trabajos forzados, y así continúan hasta el día de hoy. Pero a los israelitas Salomón no los hizo trabajar como esclavos, sino que le servían como soldados, comandantes, oficiales de carros de combate y jefes de caballería. El rey Salomón tenía además doscientos cincuenta capataces que supervisaban a los obreros. A la hija del faraón, Salomón la trasladó de la Ciudad de David al palacio que le había construido, pues dijo: "Mi esposa no debe vivir en el palacio de David, rey de Israel, porque los lugares donde ha estado el arca del Señor son sagrados." En el altar del Señor que había construido frente al atrio, Salomón ofrecía holocaustos al Señor los días correspondientes, según lo ordenado por Moisés: los sábados, las fiestas de luna nueva, y las tres fiestas anuales, es decir, la de los Panes sin levadura, la de las Semanas y la de las Enramadas. Conforme a lo dispuesto por su padre David, Salomón asignó turnos a los sacerdotes para prestar su servicio. A los levitas los estableció en sus cargos para entonar las alabanzas y para ayudar a los sacerdotes en los ritos diarios. También fijó turnos a los porteros en cada puerta, porque así lo había ordenado David, hombre de Dios. Y se obedecieron todas las órdenes del rey en cuanto a los sacerdotes y levitas, y aun en lo referente a los tesoros. Toda la obra de Salomón se llevó a cabo, desde el día en que se echaron los cimientos del templo hasta que se terminó de construirlo. Así el templo del Señor quedó perfectamente terminado. Luego Salomón se dirigió a Ezión Guéber y a Elat, en la costa de Edom. Hiram, por medio de sus oficiales, le envió a Salomón barcos y marineros expertos. Éstos y los oficiales de Salomón navegaron a Ofir y volvieron con unos quince mil kilos de oro, que le entregaron al rey Salomón.



Salmo 97:

¡El Señor es rey! ¡Regocíjese la tierra! ¡Alégrense las costas más remotas! Oscuros nubarrones lo rodean; la rectitud y la justicia son la base de su trono. El fuego va delante de él y consume a los adversarios que lo rodean. Sus relámpagos iluminan el mundo; al verlos, la tierra se estremece. Ante el Señor, dueño de toda la tierra, las montañas se derriten como cera. Los cielos proclaman su justicia, y todos los pueblos contemplan su gloria. Sean avergonzados todos los idólatras, los que se jactan de sus ídolos inútiles. ¡Póstrense ante él todos los dioses! Señor, por causa de tus juicios Sión escucha esto y se alegra, y las ciudades de Judá se regocijan. Porque tú eres el Señor Altísimo, por encima de toda la tierra. ¡Tú estás muy por encima de todos los dioses! El Señor ama a los que odian el mal; él protege la vida de sus fieles, y los libra de manos de los impíos. La luz se esparce sobre los justos, y la alegría sobre los rectos de corazón. Alégrense en el Señor, ustedes los justos, y alaben su santo nombre.

Proverbios 28: El que es reacio a las reprensiones será destruido de repente y sin remedio. Cuando los justos prosperan, el pueblo se alegra; cuando los impíos gobiernan, el pueblo gime. El que ama la sabiduría alegra a su padre; el que frecuenta rameras derrocha su fortuna. Con justicia el rey da estabilidad al país; cuando lo abruma con tributos, lo destruye. El que adula a su prójimo le tiende una trampa. Al malvado lo atrapa su propia maldad, pero el justo puede cantar de alegría. El justo se ocupa de la causa del desvalido; el malvado ni sabe de qué se trata. Los insolentes conmocionan a la ciudad, pero los sabios apaciguan los ánimos. Cuando el sabio entabla pleito contra un necio, aunque se enoje o se ría, nada arreglará. Los asesinos aborrecen a los íntegros, y tratan de matar a los justos. El necio da rienda suelta a su ira, pero el sabio sabe dominarla. Cuando un gobernante se deja llevar por mentiras, todos sus oficiales se corrompen. Algo en común tienen el pobre y el opresor: a los dos el Señor les ha dado la vista. El rey que juzga al pobre según la verdad afirma su trono para siempre. La vara de la disciplina imparte sabiduría, pero el hijo malcriado avergüenza a su madre. Cuando prospera el impío, prospera el pecado, pero los justos presenciarán su caída. Disciplina a tu hijo, y te traerá tranquilidad; te dará muchas satisfacciones. Donde no hay visión, el pueblo se extravía; ¡dichosos los que son obedientes a la ley! No sólo con palabras se corrige al siervo; aunque entienda, no obedecerá. ¿Te has fijado en los que hablan sin pensar? ¡Más se puede esperar de un necio que de gente así! Quien consiente a su criado cuando éste es niño, al final habrá de lamentarlo. El hombre iracundo provoca peleas; el hombre violento multiplica sus crímenes. El altivo será humillado, pero el humilde será enaltecido. El cómplice del ladrón atenta contra sí mismo; aunque esté bajo juramento, no testificará. Temer a los hombres resulta una trampa, pero el que confía en el Señor sale bien librado. Muchos buscan el favor del gobernante, pero la sentencia del hombre la dicta el Señor. Los justos aborrecen a los malvados, y los malvados aborrecen a los justos.



El Libro de Mateo Capítulo 9 del Nuevo Testamento del Expositor por Jimmy Swaggart:

EL SANTO EVANGELIO SEGÚN
SAN MATEO

CAPÍTULO 9
(31 d.C.)
JESÚS SANA A UN HOMBRE
PARALÍTICO

ENTONCES entrando en el barco, pasó a la otra parte y vino a Su Propia ciudad (Capernaum).
2 Y, he aquí, Le trajeron un paralítico (paralizado), echado en una cama: y viendo Jesús la Fe de ellos (la acción de la Fe) dijo al paralítico, Confía, hijo; tus pecados te son perdonados (la enfermedad fue causada por el pecado).
3 Y, he aquí, algunos de los Escribas (expertos en la Ley de Moisés) decían dentro de sí (murmuraban entre ellos mismos), Éste blasfema (no Lo reconocieron como Señor).
4 Y viendo Jesús sus pensamientos dijo (revelado a Él por el Espíritu), ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? (¡Incredulidad!)
5 Porque, ¿qué es más fácil, decir, Tus pecados te son perdonados; o decir, Levántate, y anda? (El pecado original y el resultado correspondiente, la enfermedad.)
6 Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la Tierra de perdonar pecados (proclama Su Deidad), (dice entonces al paralítico,) Levántate, toma tu cama, y vete a tu casa (poder para perdonar pecados y sanar).
7 Entonces él se levantó (la acción física de un resultado espiritual) y se fue a su casa.
8 Y las gentes viéndolo (la sanidad del hombre), se maravillaron, y glorificaron a Dios, que había dado tal potestad a los hombres (las multitudes todavía no entendían que Él era El Mesías).
EL LLAMADO DE MATEO
9 Y pasando Jesús de allí, vio a un hombre, que estaba sentado al banco de los tributos públicos (Mateo era recaudador de impuestos — un Publicano), el cual se llamaba Mateo (el Espíritu lo dirigió); y le (Jesús) dijo (Mateo), Sígueme (el llamado a ser uno de los Doce). Y se levantó (inmediatamente), y Le siguió.
10 Y aconteció (después de algunos días) que estando Él sentado a la mesa (una cena) en casa (en la casa de Mateo), he aquí, que muchos Publicanos (recaudadores de impuestos) y pecadores que habían venido, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y Sus Discípulos (en Sus términos, y no en los términos de aquéllos).
11 Y viendo esto los Fariseos (escuchaban de esto un poco más tarde), dijeron a Sus Discípulos, ¿Por qué come vuestro Maestro con los Publicanos y pecadores (auto-justicia)?
12 Y oyéndolo Jesús (un rato más tarde), les dijo (a Sus Discípulos), Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos (Él vino para los pecadores, lo cual incluye a todos).
13 Andad pues, y aprended qué cosa es, Misericordia quiero, y no sacrificio (el guardar los rituales, por ejemplo, los sacrificios, no salvará; el pedir la misericordia sí lo hará): porque no he venido a llamar a Justos (los que confían en sí mismos con una auto-justicia, los auto-justificados) sino pecadores al Arrepentimiento.
EL AYUNO
14 Entonces los Discípulos de Juan (Juan ahora estaba en la prisión) vienen a Él, diciendo, ¿Por qué nosotros y los Fariseos ayunamos muchas veces, y Tus Discípulos no ayunan? (Ayunaban dos veces a la semana.)
15 Y Jesús les dijo (introducción del Nuevo Convenio), ¿Pueden los que están de bodas tener luto entre tanto que el Esposo está con ellos? (Jesús es el Novio, no era tiempo de ayunar.) mas vendrán días cuando el Esposo será quitado de ellos (Muerte, Resurrección y Ascensión de Cristo), y entonces ayunarán (el ayuno representa algo malo que se necesita remediar, lo cual la Venida de Cristo resolverá).
16 Y nadie echa remiendo de paño nuevo (el Convenio Nuevo) en vestido viejo (el Convenio Antiguo), porque tal remiendo tira del vestido (un parche), y se hace peor la rotura (al revertir a la Ley empeorará la situación; la Cruz es el Nuevo Convenio).
17 Ni echan vino nuevo (el Nuevo Convenio) en cueros viejos (los odres): de otra manera los cueros se rompen (el vino nuevo agrieta el odre), y el vino se derrama (al revertir a la Ley frustra la Gracia [Gál. 2:21]), y se pierden (la Ley destruye la Gracia) los cueros (los odres): mas echan el vino nuevo en cueros nuevos (odres nuevos), y lo uno y lo otro se conservan juntamente (el Convenio Nuevo puede funcionar solamente por la Fe [odres nuevos] y no por la Ley).
LOS MILAGROS
18 Hablando Él estas cosas a ellos (del tema del Versículo anterior), he aquí, vino un Principal (Jairo), y Le adoraba (como Señor y Mesías), diciendo, Mi hija acaba de morir (está moribunda): mas ven y pon Tu Mano sobre ella, y vivirá.
19 Y se levantó Jesús, y le siguió (inmediatamente), y Sus Discípulos.
20 Y, he aquí, (una interrupción) una mujer, enferma de flujo de sangre (física y ceremonialmente [Lev. 15:25] probablemente de un trastorno femenino) hacía doce años, llegándose por detrás, tocó la franja (el borde) de Su Vestido (una borla azul y blanca usada en las cuatro esquinas de la ropa superior [Núm. 15:37-41]):
21 Porque decía entre sí (ya que ella no podía conseguir una audiencia privada), Si tocare solamente Su Vestido, seré salva (su Fe).
22 Mas Jesús volviéndose (respondió a su toque), y mirándola (requirió un momento para encontrarla), dijo, Confía (no te asustes), Hija (un cambio de la relación de una "mujer" a la de una "hija"), ten ánimo tu Fe te ha salvado (si Él no le toca, usted puede tocarlo a Él). Y la mujer fue salva desde aquella hora (la tradición dice que se llamaba Verónica).
23 Y llegado Jesús a la casa del Principal (Jairo, jefe de la Sinagoga), viendo los tañedores de flautas (personas que fueron contratadas para endechar, lo cual durante aquel entonces era la costumbre; ya la niña había muerto), y la gente que hacía bullicio (que hacía lamentación por la muerte de la niña),
24 Les dijo, Apartaos (salgan del cuarto donde está la niña): que la muchacha no ha muerto, sino duerme (no seguirá muerta). Y se burlaban de Él (sabían que la niña murió y concluían que Él no podría hacer nada).
25 Y como la gente fue echada fuera (no se fueron silenciosamente), entró (Él no entraría hasta que los escépticos salieran), y la tomó de la mano, y se levantó la muchacha (Él la resucitó de entre los muertos; la Vida tocó la Muerte; nadie moría ni permanecía muerto en Su Presencia).
26 Y salió esta fama por toda aquella tierra (por todas partes de Israel y aun más allá).
LOS CIEGOS SANADOS
27 Y pasando Jesús de allí (dejó la casa de Jairo), Le siguieron dos ciegos, dando voces, y diciendo, Ten misericordia de nosotros (un gemido del cual Él siempre responde), Hijo de David (el título Mesiánico).
28 Y llegado a la casa (probablemente la casa de Pedro), vinieron a Él los ciegos (sin lugar a dudas ellos oyeron que Él había resucitado a los muertos); y Jesús les dice, ¿Creéis que puedo hacer esto? (Él requirió solamente la Fe.) Ellos dicen, Sí, Señor.
29 Entonces tocó los ojos de ellos (la Luz tocó las Tinieblas), diciendo, Conforme a vuestra Fe os sea hecho (la Ley de la Fe).
30 Y los ojos de ellos fueron abiertos (instantáneamente). Y Jesús les encargó rigurosamente (fuertemente), diciendo, Mirad que nadie lo sepa (su fama había crecido hasta tal punto que Israel pronto pediría a voces para hacerle Rey, pero por todas las razones malintencionadas).
31 Mas ellos salidos, divulgaron Su fama por toda aquella tierra (por lo menos extendían Su fama y no la de ellos).
EL HOMBRE MUDO SANADO
32 Y saliendo ellos (muy probable de la casa de Pedro), he aquí, Le trajeron un hombre mudo, endemoniado (un espíritu demoníaco había causado que él fuera mudo).
33 Y echado fuera el demonio (espíritu demoníaco), el mudo habló; y las gentes se maravillaron, diciendo, Nunca ha sido vista cosa semejante en Israel (los espíritus demoníacos son la causa de muchas cosas).
34 Mas los Fariseos decían (el grupo religioso más fuerte en Israel, y se pusieron amargamente en contra de Cristo), Por el príncipe de los demonios (por el poder de Satanás) echa fuera los demonios (espíritus demoníacos).
35 Y rodeaba Jesús por todas las ciudades y aldeas, enseñando (que explica la Verdad) en las Sinagogas de ellos, y predicando (que proclama la Verdad) el Evangelio del Reino (las Buenas Nuevas), y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo ("predicar, enseñar y sanar" es el programa del Evangelio).
LA NECESIDAD DE
LOS OBREROS
36 Y viendo las multitudes, tuvo compasión de ellas (tenía gran compasión y simpatía), porque estaban derramadas, y esparcidas, como ovejas que no tienen pastor (no había liderazgo espiritual).
37 Entonces dice a Sus Discípulos, A la verdad la Mies (almas que salvar) es mucha, mas los obreros pocos (no hay muchos Predicadores de la Justicia).
38 Rogad (intercede) pues al Señor de la Mies (Cristo es el Señor), que envíe obreros a Su Mies (la cosecha de almas es la Suya, y tiene que ser cosechada a Su manera).


Primera Corintios Capítulo 13:
Si hablo en lenguas humanas y angelicales, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido. Si tengo el don de profecía y entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento, y si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no soy nada. Si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y si entrego mi cuerpo para que lo consuman las llamas, pero no tengo amor, nada gano con eso. El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor jamás se extingue, mientras que el don de profecía cesará, el de lenguas será silenciado y el de conocimiento desaparecerá. Porque conocemos y profetizamos de manera imperfecta; pero cuando llegue lo perfecto, lo imperfecto desaparecerá. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; cuando llegué a ser adulto, dejé atrás las cosas de niño. Ahora vemos de manera indirecta y velada, como en un espejo; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de manera imperfecta, pero entonces conoceré tal y como soy conocido. Ahora, pues, permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más excelente de ellas es el amor.


Hebreos 10:35-12:4
Así que no pierdan la confianza, porque ésta será grandemente recompensada. Ustedes necesitan perseverar para que, después de haber cumplido la voluntad de Dios, reciban lo que él ha prometido. Pues dentro de muy poco tiempo, "el que ha de venir vendrá, y no tardará. Pero mi justo vivirá por la fe. Y si se vuelve atrás, no será de mi agrado." Pero nosotros no somos de los que se vuelven atrás y acaban por perderse, sino de los que tienen fe y preservan su vida. Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve. Gracias a ella fueron aprobados los antiguos. Por la fe entendemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo visible no provino de lo que se ve. Por la fe Abel ofreció a Dios un sacrificio más aceptable que el de Caín, por lo cual recibió testimonio de ser justo, pues Dios aceptó su ofrenda. Y por la fe Abel, a pesar de estar muerto, habla todavía. Por la fe Enoc fue sacado de este mundo sin experimentar la muerte; no fue hallado porque Dios se lo llevó, pero antes de ser llevado recibió testimonio de haber agradado a Dios. En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan. Por la fe Noé, advertido sobre cosas que aún no se veían, con temor reverente construyó un arca para salvar a su familia. Por esa fe condenó al mundo y llegó a ser heredero de la justicia que viene por la fe. Por la fe Abraham, cuando fue llamado para ir a un lugar que más tarde recibiría como herencia, obedeció y salió sin saber a dónde iba. Por la fe se radicó como extranjero en la tierra prometida, y habitó en tiendas de campaña con Isaac y Jacob, herederos también de la misma promesa, porque esperaba la ciudad de cimientos sólidos, de la cual Dios es arquitecto y constructor. Por la fe Abraham, a pesar de su avanzada edad y de que Sara misma era estéril, recibió fuerza para tener hijos, porque consideró fiel al que le había hecho la promesa. Así que de este solo hombre, ya en decadencia, nacieron descendientes numerosos como las estrellas del cielo e incontables como la arena a la orilla del mar. Todos ellos vivieron por la fe, y murieron sin haber recibido las cosas prometidas; más bien, las reconocieron a lo lejos, y confesaron que eran extranjeros y peregrinos en la tierra. Al expresarse así, claramente dieron a entender que andaban en busca de una patria. Si hubieran estado pensando en aquella patria de donde habían emigrado, habrían tenido oportunidad de regresar a ella. Antes bien, anhelaban una patria mejor, es decir, la celestial. Por lo tanto, Dios no se avergonzó de ser llamado su Dios, y les preparó una ciudad. Por la fe Abraham, que había recibido las promesas, fue puesto a prueba y ofreció a Isaac, su hijo único, a pesar de que Dios le había dicho: "Tu descendencia se establecerá por medio de Isaac." Consideraba Abraham que Dios tiene poder hasta para resucitar a los muertos, y así, en sentido figurado, recobró a Isaac de entre los muertos. Por la fe Isaac bendijo a Jacob y a Esaú, previendo lo que les esperaba en el futuro. Por la fe Jacob, cuando estaba a punto de morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyándose en la punta de su bastón. Por la fe José, al fin de su vida, se refirió a la salida de los israelitas de Egipto y dio instrucciones acerca de sus restos mortales. Por la fe Moisés, recién nacido, fue escondido por sus padres durante tres meses, porque vieron que era un niño precioso, y no tuvieron miedo del edicto del rey. Por la fe Moisés, ya adulto, renunció a ser llamado hijo de la hija del faraón. Prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar de los efímeros placeres del pecado. Consideró que el oprobio por causa del Mesías era una mayor riqueza que los tesoros de Egipto, porque tenía la mirada puesta en la recompensa. Por la fe salió de Egipto sin tenerle miedo a la ira del rey, pues se mantuvo firme como si estuviera viendo al Invisible. Por la fe celebró la Pascua y el rociamiento de la sangre, para que el exterminador de los primogénitos no tocara a los de Israel. Por la fe el pueblo cruzó el Mar Rojo como por tierra seca; pero cuando los egipcios intentaron cruzarlo, se ahogaron. Por la fe cayeron las murallas de Jericó, después de haber marchado el pueblo siete días a su alrededor. Por la fe la prostituta Rahab no murió junto con los desobedientes, pues había recibido en paz a los espías. ¿Qué más voy a decir? Me faltaría tiempo para hablar de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas, los cuales por la fe conquistaron reinos, hicieron justicia y alcanzaron lo prometido; cerraron bocas de leones, apagaron la furia de las llamas y escaparon del filo de la espada; sacaron fuerzas de flaqueza; se mostraron valientes en la guerra y pusieron en fuga a ejércitos extranjeros. Hubo mujeres que por la resurrección recobraron a sus muertos. Otros, en cambio, fueron muertos a golpes, pues para alcanzar una mejor resurrección no aceptaron que los pusieran en libertad. Otros sufrieron la prueba de burlas y azotes, e incluso de cadenas y cárceles. Fueron apedreados, aserrados por la mitad, asesinados a filo de espada. Anduvieron fugitivos de aquí para allá, cubiertos de pieles de oveja y de cabra, pasando necesidades, afligidos y maltratados. ¡El mundo no merecía gente así! Anduvieron sin rumbo por desiertos y montañas, por cuevas y cavernas. Aunque todos obtuvieron un testimonio favorable mediante la fe, ninguno de ellos vio el cumplimiento de la promesa. Esto sucedió para que ellos no llegaran a la meta sin nosotros, pues Dios nos había preparado algo mejor. Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo. En la lucha que ustedes libran contra el pecado, todavía no han tenido que resistir hasta derramar su sangre.


Romanos 8:
Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte. En efecto, la ley no pudo liberarnos porque la naturaleza pecaminosa anuló su poder; por eso Dios envió a su propio Hijo en condición semejante a nuestra condición de pecadores, para que se ofreciera en sacrificio por el pecado. Así condenó Dios al pecado en la naturaleza humana, a fin de que las justas demandas de la ley se cumplieran en nosotros, que no vivimos según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu. Los que viven conforme a la naturaleza pecaminosa fijan la mente en los deseos de tal naturaleza; en cambio, los que viven conforme al Espíritu fijan la mente en los deseos del Espíritu. La mentalidad pecaminosa es muerte, mientras que la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz. La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo. Los que viven según la naturaleza pecaminosa no pueden agradar a Dios. Sin embargo, ustedes no viven según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios vive en ustedes. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo. Pero si Cristo está en ustedes, el cuerpo está muerto a causa del pecado, pero el Espíritu que está en ustedes es vida a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en ustedes. Por tanto, hermanos, tenemos una obligación, pero no es la de vivir conforme a la naturaleza pecaminosa. Porque si ustedes viven conforme a ella, morirán; pero si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: "¡Abba! ¡Padre!" El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria. De hecho, considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros. La creación aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de Dios, porque fue sometida a la frustración. Esto no sucedió por su propia voluntad, sino por la del que así lo dispuso. Pero queda la firme esperanza de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera dolores de parto. Y no sólo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esa esperanza fuimos salvados. Pero la esperanza que se ve, ya no es esperanza. ¿Quién espera lo que ya tiene? Pero si esperamos lo que todavía no tenemos, en la espera mostramos nuestra constancia. Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios. Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito. Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. A los que predestinó, también los llamó; a los que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó. ¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas? ¿Quién acusará a los que Dios ha escogido? Dios es el que justifica. ¿Quién condenará? Cristo Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros. ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia? Así está escrito: "Por tu causa nos vemos amenazados de muerte todo el día; nos tratan como a ovejas destinadas al matadero." Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.

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