25 November 2014

El 25 de noviembre Lectura Bíblica Diaria





El 25 de noviembre Lectura Bíblica Diaria:

Daniel 5 a 7:
El rey Belsasar ofreció un gran banquete a mil miembros de la nobleza, y bebió vino con ellos hasta emborracharse. Mientras brindaban, Belsasar mandó que le trajeran las copas de oro y de plata que Nabucodonosor, su padre, había tomado del templo de Jerusalén. Y así se hizo. Le llevaron las copas, y en ellas bebieron el rey y sus nobles, junto con sus esposas y concubinas. Ya borrachos, se deshacían en alabanzas a los dioses de oro, plata, bronce, hierro, madera y piedra. En ese momento, en la sala del palacio apareció una mano que, a la luz de las lámparas, escribía con el dedo sobre la parte blanca de la pared. Mientras el rey observaba la mano que escribía, el rostro le palideció del susto, las rodillas comenzaron a temblarle, y apenas podía sostenerse. Mandó entonces que vinieran los hechiceros, astrólogos y adivinos, y a estos sabios babilonios les dijo: Al que lea lo que allí está escrito, y me diga lo que significa, lo vestiré de púrpura, le pondré una cadena de oro en el cuello, y lo nombraré tercer gobernante del reino. Todos los sabios del reino se presentaron, pero no pudieron descifrar lo escrito ni decirle al rey lo que significaba. Esto hizo que el rey Belsasar se asustara y palideciera más todavía. Los nobles, por su parte, se hallaban confundidos. Al oír el alboroto que hacían el rey y sus nobles, la reina misma entró en la sala del banquete y exclamó: ¡Que viva Su Majestad por siempre! ¡Y no se alarme ni se ponga pálido! En el reino de Su Majestad hay un hombre en quien reposa el espíritu de los santos dioses. Cuando vivía el rey Nabucodonosor, padre de Su Majestad, se halló que ese hombre poseía sabiduría, inteligencia y gran percepción, semejantes a las de los dioses. El padre de Su Majestad llegó a nombrar a ese hombre jefe de los magos, hechiceros, astrólogos y adivinos. Y es que ese hombre tiene una mente aguda, amplios conocimientos, e inteligencia y capacidad para interpretar sueños, explicar misterios y resolver problemas difíciles. Llame usted a ese hombre, y él le dirá lo que significa ese escrito. Se llama Daniel, aunque el padre de Su Majestad le puso por nombre Beltsasar. Daniel fue llevado a la presencia del rey, y éste le preguntó:
¿Así que tú eres Daniel, uno de los exiliados que mi padre trajo de Judá? Me han contado que en ti reposa el espíritu de los dioses, y que posees gran agudeza e inteligencia, y una sabiduría sorprendente. Los sabios y hechiceros se presentaron ante mí para leer esta escritura y decirme lo que significa, pero no pudieron descifrarla. Según me han dicho, tú puedes dar interpretaciones y resolver problemas difíciles. Si logras descifrar e interpretar lo que allí está escrito, te vestiré de púrpura, te pondré una cadena de oro en el cuello, y te nombraré tercer gobernante del reino. Su Majestad puede quedarse con sus regalos, o dárselos a otro le respondió Daniel. Yo voy a leerle a Su Majestad lo que dice en la pared, y le explicaré lo que significa. "El Dios *Altísimo dio al rey Nabucodonosor, padre de usted, grandeza, gloria, majestad y esplendor. Gracias a la autoridad que Dios le dio, ante él temblaban de miedo todos los pueblos, naciones y gente de toda lengua. A quien él quería matar, lo mandaba matar; a quien quería perdonar, lo perdonaba; si quería promover a alguien, lo promovía; y si quería humillarlo, lo humillaba. Pero, cuando su corazón se volvió arrogante y orgulloso, se le arrebató el trono real y se le despojó de su gloria; fue apartado de la gente y recibió la mente de un animal; vivió entre los asnos salvajes y se alimentó con pasto como el ganado; ¡el rocío de la noche empapaba su cuerpo! Todo esto le sucedió hasta que reconoció que el Dios Altísimo es el soberano de todos los reinos del mundo, y que se los entrega a quien él quiere. "Sin embargo, y a pesar de saber todo esto, usted, hijo de Nabucodonosor, no se ha humillado. Por el contrario, se ha opuesto al Dios del cielo mandando traer de su templo las copas, para que beban en ellas usted y sus nobles, y sus esposas y concubinas. Usted se ha deshecho en alabanzas a los dioses de oro, plata, hierro, madera y piedra, dioses que no pueden ver ni oír ni entender; en cambio, no ha honrado al Dios en cuyas manos se hallan la vida y las acciones de Su Majestad. Por eso Dios ha enviado esa mano a escribir lo que allí aparece: Mene, Mene, Téquel, Parsin. "Pues bien, esto es lo que significan esas palabras:
"Mene: Dios ha contado los días del reino de Su Majestad, y les ha puesto un límite. "Téquel: Su Majestad ha sido puesto en la balanza, y no pesa lo que debería pesar. "Parsin: El reino de Su Majestad se ha dividido, y ha sido entregado a medos y persas. Entonces Belsasar ordenó que se vistiera a Daniel de púrpura, que se le pusiera una cadena de oro en el cuello, y que se le nombrara tercer gobernante del reino. Esa misma noche fue asesinado Belsasar, rey de los babilonios, y Darío el Persa se apoderó del reino. Para entonces, Darío tenía sesenta y dos años. Para el control eficaz de su reino, Darío consideró prudente nombrar a ciento veinte sátrapas y tres administradores, uno de los cuales era Daniel. Estos sátrapas eran responsables ante los administradores, a fin de que los intereses del rey no se vieran afectados. Y tanto se distinguió Daniel por sus extraordinarias cualidades administrativas, que el rey pensó en ponerlo al frente de todo el reino. Entonces los administradores y los sátrapas empezaron a buscar algún motivo para acusar a Daniel de malos manejos en los negocios del reino. Sin embargo, no encontraron de qué acusarlo porque, lejos de ser corrupto o negligente, Daniel era un hombre digno de confianza. Por eso concluyeron: "Nunca encontraremos nada de qué acusar a Daniel, a no ser algo relacionado con la ley de su Dios." Formaron entonces los administradores y sátrapas una comisión para ir a hablar con el rey, y estando en su presencia le dijeron:
¡Que viva para siempre Su Majestad, el rey Darío! Nosotros los administradores reales, junto con los prefectos, sátrapas, consejeros y gobernadores, convenimos en que Su Majestad debiera emitir y confirmar un decreto que exija que, durante los próximos treinta días, sea arrojado al foso de los leones todo el que adore a cualquier dios u hombre que no sea Su Majestad. Expida usted ahora ese decreto, y póngalo por escrito. Así, conforme a la ley de los medos y los persas, no podrá ser revocado. El rey Darío expidió el decreto y lo puso por escrito. Cuando Daniel se enteró de la publicación del decreto, se fue a su casa y subió a su dormitorio, cuyas ventanas se abrían en dirección a Jerusalén. Allí se arrodilló y se puso a orar y alabar a Dios, pues tenía por costumbre orar tres veces al día. Cuando aquellos hombres llegaron y encontraron a Daniel orando e implorando la ayuda de Dios, fueron a hablar con el rey respecto al decreto real: ¿No es verdad que Su Majestad publicó un decreto? Según entendemos, todo el que en los próximos treinta días adore a otro dios u hombre que no sea Su Majestad, será arrojado al foso de los leones. El decreto sigue en pie contestó el rey. Según la ley de los medos y los persas, no puede ser derogado. ¡Pues Daniel respondieron ellos, que es uno de los exiliados de Judá, no toma en cuenta a Su Majestad ni al decreto que ha promulgado! ¡Todavía sigue orando a su Dios tres veces al día! Cuando el rey escuchó esto, se deprimió mucho y se propuso salvar a Daniel, así que durante todo el día buscó la forma de salvarlo. Pero aquellos hombres fueron a ver al rey y lo presionaron: No olvide Su Majestad que, según la ley de los medos y los persas, ningún decreto ni edicto emitido por el rey puede ser derogado. El rey dio entonces la orden, y Daniel fue arrojado al foso de los leones. Allí el rey animaba a Daniel: ¡Que tu Dios, a quien siempre sirves, se digne salvarte! Trajeron entonces una piedra, y con ella taparon la boca del foso. El rey lo selló con su propio anillo y con el de sus nobles, para que la sentencia contra Daniel no pudiera ser cambiada. Luego volvió a su palacio y pasó la noche sin comer y sin divertirse, y hasta el sueño se le fue. Tan pronto como amaneció, se levantó y fue al foso de los leones. Ya cerca, lleno de ansiedad gritó: Daniel, siervo del Dios viviente, ¿pudo tu Dios, a quien siempre sirves, salvarte de los leones? ¡Que viva Su Majestad por siempre! contestó Daniel desde el foso. Mi Dios envió a su ángel y les cerró la boca a los leones. No me han hecho ningún daño, porque Dios bien sabe que soy inocente. ¡Tampoco he cometido nada malo contra Su Majestad! Sin ocultar su alegría, el rey ordenó que sacaran del foso a Daniel. Cuando lo sacaron, no se le halló un solo rasguño, pues Daniel confiaba en su Dios. Entonces el rey mandó traer a los que falsamente lo habían acusado, y ordenó que los arrojaran al foso de los leones, junto con sus esposas y sus hijos. ¡No habían tocado el suelo cuando ya los leones habían caído sobre ellos y les habían triturado los huesos! Más tarde el rey Darío firmó este decreto:
"A todos los pueblos, naciones y lenguas de este mundo:
"¡Paz y prosperidad para todos! "He decretado que en todo lugar de mi reino la gente adore y honre al Dios de Daniel.
"Porque él es el Dios vivo,
y permanece para siempre.
Su reino jamás será destruido,
y su dominio jamás tendrá fin. Él rescata y salva;
hace prodigios en el cielo y maravillas en la tierra.
¡Ha salvado a Daniel de las garras de los leones!" Fue así como Daniel prosperó durante los reinados de Darío y de Ciro el Persa. En el primer año del reinado de Belsasar en Babilonia, Daniel tuvo un sueño y visiones mientras yacía en su lecho. Entonces puso por escrito lo más importante de su sueño, y esto es lo que escribió:
"Durante la noche tuve una visión, y en ella veía al gran mar, agitado por los cuatro vientos del cielo. Del mar salían cuatro bestias enormes, cada una diferente de la otra. "La primera de ellas se parecía a un león, pero sus alas eran las de un águila. Mientras yo la observaba, le arrancaron las alas, la levantaron del suelo, y la obligaron a pararse sobre sus patas traseras, como si fuera un hombre. Y se le dio un corazón humano. "La segunda bestia que vi se parecía a un oso. Se levantaba sobre uno de sus costados, y entre sus fauces tenía tres costillas. A esta bestia se le dijo: ¡Levántate y come carne hasta que te hartes! "Ante mis propios ojos vi aparecer otra bestia, la cual se parecía a un leopardo, aunque en el lomo tenía cuatro alas, como las de un ave. Esta bestia tenía cuatro cabezas, y recibió autoridad para gobernar. "Después de esto, en mis visiones nocturnas vi ante mí una cuarta bestia, la cual era extremadamente horrible y poseía una fuerza descomunal. Con sus grandes colmillos de hierro aplastaba y devoraba a sus víctimas, para luego pisotear los restos. Tenía diez cuernos, y no se parecía en nada a las otras bestias. "Mientras me fijaba en los cuernos, vi surgir entre ellos otro cuerno más pequeño. Por causa de éste fueron arrancados tres de los primeros. El cuerno pequeño parecía tener ojos humanos, y una boca que profería insolencias. "Mientras yo observaba esto, se colocaron unos tronos,
y tomó asiento un venerable Anciano. Su ropa era blanca como la nieve,
y su cabello, blanco como la lana. centelleaban como el fuego. De su presencia brotaba un torrente de fuego. Miles y millares le servían, centenares de miles lo atendían. Al iniciarse el juicio, los libros fueron abiertos. "Yo me quedé mirando por causa de las grandes insolencias que profería el cuerno. Seguí mirando hasta que a esta bestia la mataron, la descuartizaron y echaron los pedazos al fuego ardiente. A las otras bestias les quitaron el poder, aunque las dejaron vivir por algún tiempo. "En esa visión nocturna, vi que alguien con aspecto humano venía entre las nubes del cielo. Se acercó al venerable Anciano y fue llevado a su presencia, y se le dio autoridad, poder y majestad. ¡Todos los pueblos, naciones y lenguas lo adoraron! ¡Su dominio es un dominio eterno, que no pasará, y su reino jamás será destruido! "Yo, Daniel, me quedé aterrorizado, y muy preocupado por las visiones que pasaban por mi mente. Me acerqué entonces a uno de los que estaban allí, y le pregunté el verdadero significado de todo esto. Y ésta fue su interpretación: Las cuatro grandes bestias son cuatro reinos que se levantarán en la tierra, pero los santos del Altísimo recibirán el reino, y será suyo para siempre, ¡para siempre jamás! "Quise entonces saber el verdadero significado de la cuarta bestia, la cual desmenuzaba a sus víctimas y las devoraba, pisoteando luego sus restos. Era muy distinta a las otras tres, pues tenía colmillos de hierro y garras de bronce. ¡Tenía un aspecto espantoso! Quise saber también acerca de los diez cuernos que tenía en la cabeza, y del otro cuerno que le había salido y ante el cual habían caído tres de ellos. Este cuerno se veía más impresionante que los otros, pues tenía ojos y hablaba con insolencia. "Mientras observaba yo, este cuerno libró una guerra contra los santos y los venció. Entonces vino el Anciano y emitió juicio en favor de los santos del Altísimo. En ese momento los santos recibieron el reino. "Ésta fue la explicación que me dio el venerable Anciano:
La cuarta bestia es un cuarto reino que surgirá en este mundo. Será diferente a los otros reinos; devorará a toda la tierra; ¡la aplastará y la pisoteará! Los diez cuernos son diez reyes que saldrán de este reino.Otro rey les sucederá, distinto a los anteriores, el cual derrocará a tres reyes. Hablará en contra del Altísimo y oprimirá a sus santos; tratará de cambiar las festividades y también las leyes, y los santos quedarán bajo su poder durante tres años y medio. Los jueces tomarán asiento, y al cuerno se le quitará el poder y se le destruirá para siempre. Entonces se dará a los santos, que son el pueblo del Altísimo, la majestad y el poder y la grandeza de los reinos. Su reino será un reino eterno, y lo adorarán y obedecerán todos los gobernantes de la tierra. "Aquí termina la visión. Yo, Daniel, me quedé desconcertado por tantas ideas que me pasaban por la mente, a tal grado que palideció mi rostro. Pero preferí mantener todo esto en secreto."

Salmo 46:Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza,
nuestra ayuda segura en momentos de angustia. Por eso, no temeremos
aunque se desmorone la tierra
y las montañas se hundan en el fondo del mar; aunque rujan y se encrespen sus aguas,
y ante su furia retiemblen los montes.
Selah.
Hay un río cuyas corrientes alegran la ciudad de Dios,
la santa habitación del Altísimo. Dios está en ella, la ciudad no caerá;
al rayar el alba Dios le brindará su ayuda. Se agitan las naciones, se tambalean los reinos;
Dios deja oír su voz, y la tierra se derrumba. El Señor Todopoderoso está con nosotros;
nuestro refugio es el Dios de Jacob.
Selah.
Vengan y vean los portentos del Señor;
él ha traído desolación sobre la tierra. Ha puesto fin a las guerras
en todos los confines de la tierra;
ha quebrado los arcos, ha destrozado las lanzas,
ha arrojado los carros al fuego. "Quédense quietos, reconozcan que yo soy Dios.
¡Yo seré exaltado entre las naciones!
¡Yo seré enaltecido en la tierra!" El Señor Todopoderoso está con nosotros;
nuestro refugio es el Dios de Jacob.
Selah.

Proverbios 3:Hijo mío, no te olvides de mis enseñanzas;
más bien, guarda en tu corazón mis mandamientos. Porque prolongarán tu vida muchos años y te traerán prosperidad. Que nunca te abandonen el amor y la verdad: llévalos siempre alrededor de tu cuello y escríbelos en el libro de tu corazón. Contarás con el favor de Dios y tendrás buena fama entre la gente. Confía en el Señor de todo corazón, y no en tu propia inteligencia.Reconócelo en todos tus caminos, y él allanará tus sendas. No seas sabio en tu propia opinión; más bien, teme al Señor y huye del mal. Esto infundirá salud a tu cuerpo y fortalecerá tu ser. Honra al Señor con tus riquezas y con los primeros frutos de tus cosechas. Así tus graneros se llenarán a reventar y tus bodegas rebosarán de vino nuevo. Hijo mío, no desprecies la disciplina del Señor, ni te


ofendas por sus reprensiones. Porque el Señor disciplina a los que ama, como corrige un padre a su hijo querido. Dichoso el que halla sabiduría, el que adquiere inteligencia. Porque ella es de más provecho que la plata y rinde más ganancias que el oro. Es más valiosa que las piedras preciosas:
¡ni lo más deseable se le puede comparar! Con la mano derecha ofrece larga vida; con la izquierda, honor y riquezas. Sus caminos son placenteros y en sus senderos hay paz. Ella es árbol de vida para quienes la abrazan;
¡dichosos los que la retienen! Con sabiduría afirmó el Señor la tierra, con inteligencia estableció los cielos. Por su conocimiento se separaron las aguas, y las nubes dejaron caer su rocío. Hijo mío, conserva el buen juicio; no pierdas de vista la discreción. Te serán fuente de vida, te adornarán como un collar. Podrás recorrer tranquilo tu camino, y tus pies no tropezarán. Al acostarte, no tendrás temor alguno;
te acostarás y dormirás tranquilo. No temerás ningún desastre repentino, ni la desgracia que sobreviene a los impíos. Porque el Señor estará siempre a tu lado y te librará de caer en la trampa. No niegues un favor a quien te lo pida,
si en tu mano está el otorgarlo. Nunca digas a tu prójimo:
"Vuelve más tarde; te ayudaré mañana", si hoy tienes con qué ayudarlo. No urdas el mal contra tu prójimo,
contra el que ha puesto en ti su confianza. No entres en pleito con nadie que no te haya hecho ningún daño. No envidies a los violentos, ni optes por andar en sus caminos. Porque el Señor aborrece al perverso, pero al íntegro le brinda su amistad. La maldición del Señor cae sobre la casa del malvado; su bendición, sobre el hogar de los justos. El Señor se burla de los burlones, pero muestra su favor a los humildes. Los sabios son dignos de honra, pero los necios sólo merecen deshonra.



El Libro de Los Hechos Capítulo 20 del Nuevo Testamento del Expositor por Jimmy Swaggart:


LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES




CAPÍTULO 20
(60 d.C.)
MACEDONIA Y GRECIA




Y DESPUÉS que cesó el alboroto (la turba se había dispersado), llamando Pablo a los Discípulos habiéndoles exhortado y abrazado (se refiere a unos Creyentes de la Iglesia en Éfeso), se despidió, y partió para ir a Macedonia (tiene que ver con su cuidado por las Iglesias en aquella región).
2 Y pasando por todos aquellos lugares (sin duda incluía a Filipos, Tesalónica y Berea), y exhortándoles con abundancia de palabra (se refiere a la enseñanza de la Palabra de Dios, como es obvio), vino a Grecia (probablemente tiene que ver con repetida visitas a Atenas, Corinto y Cencrea, así como a otros sitios).
3 Y después de haber estado allí tres meses (probablemente pasó la mayor parte de este tiempo en Corinto [I Cor. 16:6]), y habiendo de navegar a Siria, le fueron puestas asechanzas por los Judíos (es muy probable que eran los Judíos de la Sinagoga en Corinto, que planearon matarlo); y así tomó consejo de volverse por Macedonia (básicamente indica la dirección contraria, en realidad a Filipos, de donde él daría vuelta entonces hacia a Siria).
4 Y le acompañaron hasta Asia Sópater que era de Berea, y los Tesalonicenses, Aristarco y Segundo; y Gayo de Derbe, y Timoteo; y de Asia, Tíquico y Trófimo (algunos expositores creen que se escogieron a ciertos hombres de varias Iglesias para viajar con Pablo, y llevar sus ofrendas para los pobres en Jerusalén [Hch. 19:29; 27:2; Rom. 15:25-28; I Cor. 16:3; II Cor. 8:19-23]).
5 Estos yendo delante, nos esperaron en Troas (por el uso del pronombre "nos," Lucas indica que se volvió a reunir con Pablo y su equipo).
PABLO EN TROAS
6 Y nosotros, pasados los días de los panes sin levadura, navegamos de Filipos (se refiere a la Semana de la Pascua) y vinimos a ellos a Troas en cinco días (claramente demuestra la duración que se requería para echar el viaje en barco); donde estuvimos siete días.
7 Y el día primero de la semana (Domingo), juntos los Discípulos a partir el pan (el Domingo se convirtió en el día principal de la adoración), Pablo les enseñaba, tenía pensado partir al día siguiente; y alargó el discurso hasta la medianoche (expresa que posiblemente predicaba por varias horas).
8 Y había muchas lámparas en el aposento alto (claramente se refirió al tercer piso, que acomodaría a doscientas o trescientas personas sentadas) donde estaban juntos (era el lugar de reunión o Iglesia en Troas).
9 Y un joven llamado Eutico que estaba sentado en la ventana, tomado de un sueño profundo: como Pablo disputaba largamente, se quedó profundamente dormido y cayó del tercer piso abajo, y fue alzado muerto (el Texto Griego declara que era un cuerpo sin vida; la caída lo había matado).
10 Entonces descendió Pablo, y se tendió sobre él, y abrazándole, dijo (indica el ejemplo de Elías en esto, que es probablemente lo que Pablo quiso [I Rey. 17:17-21]), No os alborotéis, que su alma está en él (no significa, como algunos afirman, que el muchacho simplemente había recibido un golpe que lo dejó inconsciente, sino más bien que él estaba muerto, y que el Señor le infundió vida; ¡él fue resucitado de los muertos!).
11 Después subiendo (Pablo), y partiendo el pan, y gustando, habló largamente hasta el alba, y así partió (este Mensaje que duró toda la noche sólo fue interrumpido por la resurrección del muchacho de entre los muertos; él tenía mucho que decirles, y había mucho que ellos tenían que oír).
12 Y llevaron al joven vivo, y todos fueron animados mucho (¡qué noche!).
PABLO
13 Y nosotros subiendo en el barco (se refiere a Lucas y a los hombres de Versículo 4, pero no se refirió a Pablo, al menos en este entonces), navegamos a Asón (una distancia corta de aproximadamente sesenta kilómetros [cuarenta millas] alrededor del Cabo Electum), para recibir de allí a Pablo: pues así había determinado que debía él ir por tierra (por tierra era unos treinta kilómetros [veinte millas]; él caminaría esta distancia solo, sin duda con ganas de estar a solas con el Señor en oración).
14 Y como se juntó con nosotros en Asón, tomándole vinimos a Mitilene (presentaba otros sesenta kilómetros [cuarenta millas] aproximados en barco).
15 Y navegamos de allí, al día siguiente llegamos delante de Quío (se refiere a otra Isla casi del tamaño de Lesbos; está situada directamente al oeste tanto de Esmirna como de Éfeso, aproximadamente a ciento cincuenta kilómetros [cien millas] de distancia); y al otro día tomamos puerto en Samos: y habiendo reposado en Trogilio; al día siguiente llegamos a Mileto.
16 Porque Pablo se había propuesto pasar adelante de Éfeso (no se paró allí), por no detenerse en Asia (creo que nos dice, que no quiso demorarse, después de resolver este asunto con el Señor con respecto a este viaje memorable): porque se apresuraba por hacer el Día de Pentecostés, si le fuese posible, en Jerusalén (el Espíritu Santo le advirtió que le venía dificultades que tenía que afrontar en este viaje, y como si debía apresurarse, por temor a retrocer por causa de estas dificultades venideras).
LOS ANCIANOS DE ÉFESO
17 Y enviando desde Mileto a Éfeso, hizo llamar a los Ancianos de la Iglesia (era aproximadamente cuarenta y cinco kilómetros [treinta millas] a Éfeso; quiso que los Ancianos se encontraran con él en Mileto antes que se marchara).
18 Y cuando vinieron a él (probablemente representa dos o tres días a partir del momento que enviaron primeramente al Mensajero), les dijo, Vosotros sabéis cómo, desde el primer día que entré en Asia (los lleva al pasado desde el principio mismo de la Iglesia en Éfeso), he estado con vosotros por todo el tiempo (indica que los educaba con el Evangelio de Jesucristo),
19 Sirviendo al Señor con toda humildad (manifiesta lo que era contrario de los Judaizantes y otros falsos maestros, quienes intentaban atraer a discípulos tras ellos), y con muchas lágrimas (las emociones de Pablo emanaban de lo profundo de su ser), y tentaciones (una provocación para resolver una situación fuera del Camino del Señor) que me han venido por las asechanzas de los Judíos (los complots de los Judíos contra Pablo nunca cesaron):
20 Como nada que fuese útil he rehuido (no permitió que nada lo callara con respecto a la gran Doctrina de Jesucristo y Él Crucificado) de anunciaros (dio explicación de Las Escrituras) y enseñaros, públicamente y por las casas (la mayoría de las Iglesias se reunían en casas),
21 Testificando a los Judíos y a los Gentiles (el Evangelio es el mismo para todos) arrepentimiento para con Dios, y la Fe en nuestro Señor Jesucristo (expone el Evangelio en pocas palabras; la Fe en Cristo pertenece a la Fe en lo que Él hizo en la Cruz).
22 Y ahora, he aquí, ligado yo en espíritu, voy a Jerusalén (se refiere al Espíritu Santo, y el deseo del Espíritu para que Pablo echara este viaje, sin importar las dificultades que se aproximaban), sin saber lo que allá me ha de acontecer (el Espíritu Santo le dice que fuera a Jerusalén y que allá se encontraría con grandes problemas, pero no le dice exactamente lo que serían):
23 Mas que el Espíritu Santo por todas las ciudades me da testimonio (nos dice lo que precisamente ocurrió, pero no nos da información alguna de los eventos actuales), diciendo que prisiones y tribulaciones me esperan (el Espíritu Santo no le dijo a Pablo exactamente cómo ocurrirían).
24 Mas de ninguna cosa hago caso (indica que Pablo se colocaba totalmente en las Manos del Señor), ni estimo mi vida preciosa para mí mismo (su vida le pertenecía al Señor, y el Señor podía hacer con ella lo que Él deseaba); solamente que acabe mi carrera con gozo (y esto finalmente hizo), y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del Evangelio de la Gracia de Dios (expresa básicamente lo que esta "carrera" es en realidad; su Mensaje era Jesucristo y Él Crucificado).
25 Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, por quien he pasado predicando el Reino de Dios (fielmente predicaba el Mensaje a los Efesios), verá más mi rostro (sabía que ésta sería la última oportunidad en que él los vería, y por lo tanto, el motivo por el cual él les pidió que vinieran).
26 Por tanto, yo os protesto el día de hoy (el registro Celestial lo revelará), que yo soy limpio de la sangre de todos (quiere decir que había predicado el Evangelio a todos los que lo escucharon predicar, exactamente como el Señor se lo dio).
27 Porque no he rehuido de anunciaros (se refiere al hecho de que la tentación siempre estaba presente para reducir el Mensaje) todo el Consejo de Dios (toda la Palabra de Dios, sin retener nada).
28 Por tanto mirad por vosotros y por todo el rebaño (esta palabra se dirige a los Pastores que habían venido de Éfeso para reunirse con él) en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos (Ancianos, Obispos, Superintendentes, Pastores y Presbíteros; todos estos términos tienen el mismo significado, Pastor), para apacentar la Iglesia del Señor (para cuidar como un Pastor), la cual ganó por Su Sangre (Cristo nos compró por un gran precio).
29 Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al ganado (aclara una descripción perfecta de los que negocian el cuerpo de Cristo, y en cualquier otra manera).
30 Y de vosotros mismos se levantarán hombres (no vendrán de afuera, sino surgirán de adentro) que hablen cosas perversas, para llevar Discípulos tras sí (no a Cristo, sino a ellos mismos).
31 Por tanto, velad (sean vigilantes en cuanto a lo espiritual), acordándoos que por tres años de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno (Pablo no sólo predicaba la Verdad de la Palabra, sino que dio advertencias acerca de la falsa doctrina y señaló a los falsos apóstoles).
32 Y ahora, Hermanos, os encomiendo a Dios (había compartido bastante del Evangelio con ellos para que no se apartaran del Señor), y a la Palabra de Su Gracia (esa "Palabra" es "la Cruz"), el cual es poderoso para sobreedificar (el Evangelio de la Gracia por sí sola puede edificar a la persona), y daros heredad con todos los Santificados (el Creyente está Santificado sólo al hacer la Cruz el Objeto de su Fe, lo cual da al Espíritu Santo la libertad de acción para llevar a cabo Su Obra dentro de nuestros corazones y vidas; el Creyente no puede Santificarse por sí solo).
33 La plata, o el oro, o el vestido de nadie he codiciado (no tenía ganas de apoderarse de su dinero como los lobos rapaces del Versículo 29).
34 Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario, y a los que están conmigo, estas manos me han servido (se refiere a Pablo que reparaba carpas, o sea, tiendas de campaña, para sostenerse [Hch. 18:3]).
35 En todo os he enseñado (quiere decir que este aspecto de desinterés sirve como un ejemplo) que, trabajando así, es necesario sobrellevar a los débiles (todo lo que el Creyente hace es para servir de ejemplo espiritual), y tener presente las Palabras del Señor Jesús, el cual dijo, Más bienaventurada cosa es dar que recibir (esas palabras no se hacen mención en los Evangelios; sin embargo, sabemos que sólo se hace mención una pequeña porción de lo que Él dijo e hizo; Pedro, o uno de los otros Apóstoles que estaban con el Señor Jesús, indudablemente le relató esto a Pablo).
36 Y cuando hubo dicho estas cosas (representaba la última oportunidad en que ya ellos iban a escucharlo), se puso de rodillas, y oró con todos ellos (también, tiene que ver con la última oportunidad que él iba a orar con ellos, aunque él iba a seguir orando por ellos).
37 Entonces hubo un gran lloro de todos (concierne el gran amor que le tenían para el Apóstol), y echándose en el cuello de Pablo, le besaban (su Mensaje los llevaba de la muerte a la vida),
38 Doliéndose en gran manera por la palabra que dijo, que no habían de ver más su rostro (en cuanto sea posible saber, estos Efesios nunca volvieron a ver al Apóstol más hasta que lo volverían a ver en la Gloria). Y le acompañaron al navío (era el puerto de Mileto).
Primera Corintios Capítulo 13:
Si hablo en lenguas humanas y angelicales, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido. Si tengo el don de profecía y entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento, y si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no soy nada. Si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y si entrego mi cuerpo para que lo consuman las llamas, pero no tengo amor, nada gano con eso. El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor jamás se extingue, mientras que el don de profecía cesará, el de lenguas será silenciado y el de conocimiento desaparecerá. Porque conocemos y profetizamos de manera imperfecta; pero cuando llegue lo perfecto, lo imperfecto desaparecerá. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; cuando llegué a ser adulto, dejé atrás las cosas de niño. Ahora vemos de manera indirecta y velada, como en un espejo; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de manera imperfecta, pero entonces conoceré tal y como soy conocido. Ahora, pues, permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más excelente de ellas es el amor.


Hebreos 10:35-12:4
Así que no pierdan la confianza, porque ésta será grandemente recompensada. Ustedes necesitan perseverar para que, después de haber cumplido la voluntad de Dios, reciban lo que él ha prometido. Pues dentro de muy poco tiempo, "el que ha de venir vendrá, y no tardará. Pero mi justo vivirá por la fe. Y si se vuelve atrás, no será de mi agrado." Pero nosotros no somos de los que se vuelven atrás y acaban por perderse, sino de los que tienen fe y preservan su vida. Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve. Gracias a ella fueron aprobados los antiguos. Por la fe entendemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo visible no provino de lo que se ve. Por la fe Abel ofreció a Dios un sacrificio más aceptable que el de Caín, por lo cual recibió testimonio de ser justo, pues Dios aceptó su ofrenda. Y por la fe Abel, a pesar de estar muerto, habla todavía. Por la fe Enoc fue sacado de este mundo sin experimentar la muerte; no fue hallado porque Dios se lo llevó, pero antes de ser llevado recibió testimonio de haber agradado a Dios. En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan. Por la fe Noé, advertido sobre cosas que aún no se veían, con temor reverente construyó un arca para salvar a su familia. Por esa fe condenó al mundo y llegó a ser heredero de la justicia que viene por la fe. Por la fe Abraham, cuando fue llamado para ir a un lugar que más tarde recibiría como herencia, obedeció y salió sin saber a dónde iba. Por la fe se radicó como extranjero en la tierra prometida, y habitó en tiendas de campaña con Isaac y Jacob, herederos también de la misma promesa, porque esperaba la ciudad de cimientos sólidos, de la cual Dios es arquitecto y constructor. Por la fe Abraham, a pesar de su avanzada edad y de que Sara misma era estéril, recibió fuerza para tener hijos, porque consideró fiel al que le había hecho la promesa. Así que de este solo hombre, ya en decadencia, nacieron descendientes numerosos como las estrellas del cielo e incontables como la arena a la orilla del mar. Todos ellos vivieron por la fe, y murieron sin haber recibido las cosas prometidas; más bien, las reconocieron a lo lejos, y confesaron que eran extranjeros y peregrinos en la tierra. Al expresarse así, claramente dieron a entender que andaban en busca de una patria. Si hubieran estado pensando en aquella patria de donde habían emigrado, habrían tenido oportunidad de regresar a ella. Antes bien, anhelaban una patria mejor, es decir, la celestial. Por lo tanto, Dios no se avergonzó de ser llamado su Dios, y les preparó una ciudad. Por la fe Abraham, que había recibido las promesas, fue puesto a prueba y ofreció a Isaac, su hijo único, a pesar de que Dios le había dicho: "Tu descendencia se establecerá por medio de Isaac." Consideraba Abraham que Dios tiene poder hasta para resucitar a los muertos, y así, en sentido figurado, recobró a Isaac de entre los muertos. Por la fe Isaac bendijo a Jacob y a Esaú, previendo lo que les esperaba en el futuro. Por la fe Jacob, cuando estaba a punto de morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyándose en la punta de su bastón. Por la fe José, al fin de su vida, se refirió a la salida de los israelitas de Egipto y dio instrucciones acerca de sus restos mortales. Por la fe Moisés, recién nacido, fue escondido por sus padres durante tres meses, porque vieron que era un niño precioso, y no tuvieron miedo del edicto del rey. Por la fe Moisés, ya adulto, renunció a ser llamado hijo de la hija del faraón. Prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar de los efímeros placeres del pecado. Consideró que el oprobio por causa del Mesías era una mayor riqueza que los tesoros de Egipto, porque tenía la mirada puesta en la recompensa. Por la fe salió de Egipto sin tenerle miedo a la ira del rey, pues se mantuvo firme como si estuviera viendo al Invisible. Por la fe celebró la Pascua y el rociamiento de la sangre, para que el exterminador de los primogénitos no tocara a los de Israel. Por la fe el pueblo cruzó el Mar Rojo como por tierra seca; pero cuando los egipcios intentaron cruzarlo, se ahogaron. Por la fe cayeron las murallas de Jericó, después de haber marchado el pueblo siete días a su alrededor. Por la fe la prostituta Rahab no murió junto con los desobedientes, pues había recibido en paz a los espías. ¿Qué más voy a decir? Me faltaría tiempo para hablar de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas, los cuales por la fe conquistaron reinos, hicieron justicia y alcanzaron lo prometido; cerraron bocas de leones, apagaron la furia de las llamas y escaparon del filo de la espada; sacaron fuerzas de flaqueza; se mostraron valientes en la guerra y pusieron en fuga a ejércitos extranjeros. Hubo mujeres que por la resurrección recobraron a sus muertos. Otros, en cambio, fueron muertos a golpes, pues para alcanzar una mejor resurrección no aceptaron que los pusieran en libertad. Otros sufrieron la prueba de burlas y azotes, e incluso de cadenas y cárceles. Fueron apedreados, aserrados por la mitad, asesinados a filo de espada. Anduvieron fugitivos de aquí para allá, cubiertos de pieles de oveja y de cabra, pasando necesidades, afligidos y maltratados. ¡El mundo no merecía gente así! Anduvieron sin rumbo por desiertos y montañas, por cuevas y cavernas. Aunque todos obtuvieron un testimonio favorable mediante la fe, ninguno de ellos vio el cumplimiento de la promesa. Esto sucedió para que ellos no llegaran a la meta sin nosotros, pues Dios nos había preparado algo mejor. Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo. En la lucha que ustedes libran contra el pecado, todavía no han tenido que resistir hasta derramar su sangre.


Romanos 8:
Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte. En efecto, la ley no pudo liberarnos porque la naturaleza pecaminosa anuló su poder; por eso Dios envió a su propio Hijo en condición semejante a nuestra condición de pecadores, para que se ofreciera en sacrificio por el pecado. Así condenó Dios al pecado en la naturaleza humana, a fin de que las justas demandas de la ley se cumplieran en nosotros, que no vivimos según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu. Los que viven conforme a la naturaleza pecaminosa fijan la mente en los deseos de tal naturaleza; en cambio, los que viven conforme al Espíritu fijan la mente en los deseos del Espíritu. La mentalidad pecaminosa es muerte, mientras que la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz. La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo. Los que viven según la naturaleza pecaminosa no pueden agradar a Dios. Sin embargo, ustedes no viven según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios vive en ustedes. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo. Pero si Cristo está en ustedes, el cuerpo está muerto a causa del pecado, pero el Espíritu que está en ustedes es vida a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en ustedes. Por tanto, hermanos, tenemos una obligación, pero no es la de vivir conforme a la naturaleza pecaminosa. Porque si ustedes viven conforme a ella, morirán; pero si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: "¡Abba! ¡Padre!" El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria. De hecho, considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros. La creación aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de Dios, porque fue sometida a la frustración. Esto no sucedió por su propia voluntad, sino por la del que así lo dispuso. Pero queda la firme esperanza de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera dolores de parto. Y no sólo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esa esperanza fuimos salvados. Pero la esperanza que se ve, ya no es esperanza. ¿Quién espera lo que ya tiene? Pero si esperamos lo que todavía no tenemos, en la espera mostramos nuestra constancia. Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios. Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito. Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. A los que predestinó, también los llamó; a los que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó. ¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas? ¿Quién acusará a los que Dios ha escogido? Dios es el que justifica. ¿Quién condenará? Cristo Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros. ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia? Así está escrito: "Por tu causa nos vemos amenazados de muerte todo el día; nos tratan como a ovejas destinadas al matadero." Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.

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