18 July 2018

El 18 de julio Lectura Bíblica Diaria

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Mensaje de la Cruz de Cristo Jesús-Capítulo-1

 
El 18 de julio Lectura Bíblica Diaria:

2 Samuel 17 a 19: 
Además, Ajitofel le propuso a Absalón lo siguiente: Yo escogería doce mil soldados, y esta misma noche saldría en busca de David. Como él debe de estar cansado y sin ánimo, lo atacaría, le haría sentir mucho miedo y pondría en fuga al resto de la gente que está con él. Pero mataría solamente al rey, y los demás se los traería a Su Majestad. La muerte del hombre que usted busca dará por resultado el regreso de los otros, y todo el pueblo quedará en paz. La propuesta le pareció acertada a Absalón, lo mismo que a todos los ancianos de Israel, pero Absalón dijo: Llamemos también a Husay el arquita, para ver cuál es su opinión. Cuando Husay llegó, Absalón le preguntó: ¿Debemos adoptar el plan que Ajitofel nos ha propuesto? Si no, ¿qué propones tú? Esta vez el plan de Ajitofel no es bueno respondió Husay. Usted conoce bien a su padre David y a sus soldados: son valientes, y deben estar furiosos como una osa salvaje a la que le han robado su cría. Además, su padre tiene mucha experiencia como hombre de guerra y no ha de pasar la noche con las tropas. Ya debe de estar escondido en alguna cueva o en otro lugar. Si él ataca primero, cualquiera que se entere dirá: Ha habido una matanza entre las tropas de Absalón. Entonces aun los soldados más valientes, que son tan bravos como un león, se van a acobardar, pues todos los israelitas saben que David, su padre, es un gran soldado y cuenta con hombres muy valientes. "El plan que yo propongo es el siguiente: Convoque Su Majestad a todos los israelitas que hay, desde Dan hasta Berseba. Son tan numerosos como la arena a la orilla del mar, y Su Majestad mismo debe dirigirlos en la batalla. Atacaremos a David, no importa dónde se encuentre; caeremos sobre él como el rocío que cae sobre la tierra. No quedarán vivos ni él ni ninguno de sus soldados. Y si llega a refugiarse en algún pueblo, todos los israelitas llevaremos sogas a ese lugar, y juntos arrastraremos a ese pueblo hasta el arroyo, de modo que no quede allí ni una piedra. Absalón y todos los israelitas dijeron: El plan de Husay el arquita es mejor que el de Ajitofel. Esto sucedió porque el Señor había determinado hacer fracasar el consejo de Ajitofel, aunque era el más acertado, y de ese modo llevar a Absalón a la ruina. Entonces Husay les dijo a los sacerdotes Sadoc y Abiatar: Ajitofel les propuso tal y tal plan a Absalón y a los ancianos de Israel, pero yo les propuse este otro. Dense prisa y mándenle este mensaje a David: No pase Su Majestad la noche en los llanos del desierto; más bien, cruce de inmediato al otro lado, no vaya a ser que Su Majestad y quienes lo acompañan sean aniquilados. Jonatán y Ajimaz se habían quedado en Enroguel. Como no se podían arriesgar a que los vieran entrar en la ciudad, una criada  estaba encargada de darles la información para que ellos se la pasaran al rey David. Sin embargo, un joven los vio y se lo hizo saber a Absalón, así que ellos se fueron de allí en seguida. Cuando llegaron a la casa de cierto hombre en Bajurín, se metieron en un pozo que él tenía en el patio. La esposa de aquel hombre cubrió el pozo y esparció trigo sobre la tapa. De esto nadie se enteró. Al pasar los soldados de Absalón por la casa, le preguntaron a la mujer: ¿Dónde están Jonatán y Ajimaz? Cruzaron el río respondió ella. Los soldados salieron en busca de ellos, pero como no pudieron encontrarlos, regresaron a Jerusalén. Después de que los soldados se fueron, Jonatán y Ajimaz salieron del pozo y se dirigieron adonde estaba David para ponerlo sobre aviso. Le dijeron: Crucen el río a toda prisa, pues Ajitofel ha aconsejado que los ataquen. Por tanto, David y quienes lo acompañaban se fueron y cruzaron el Jordán antes de que amaneciera. Todos sin excepción lo cruzaron. Ajitofel, por su parte, al ver que Absalón no había seguido su consejo, aparejó el asno y se fue a su pueblo. Cuando llegó a su casa, luego de arreglar sus asuntos, fue y se ahorcó. Así murió, y fue enterrado en la tumba de su padre. David se dirigió a Majanayin, y Absalón lo siguió, cruzando el Jordán con todos los israelitas. Ahora bien, en lugar de Joab, Absalón había nombrado general de su ejército a Amasá, que era hijo de un hombre llamado Itrá, el cual era ismaelita y se había casado con Abigaíl, hija de Najás y hermana de Sarvia, la madre de Joab. Los israelitas que estaban con Absalón acamparon en el territorio de Galaad. Cuando David llegó a Majanayin, allí estaban Sobí hijo de Najás, oriundo de Rabá, ciudad amonita; Maquir hijo de Amiel, que era de Lo Debar; y Barzilay el galaadita, habitante de Roguelín. Éstos habían llevado camas, vasijas y ollas de barro, y también trigo, cebada, harina, grano tostado, habas, lentejas, miel, cuajada, queso de vaca y ovejas. Les ofrecieron esos alimentos a David y a su comitiva para que se los comieran, pues pensaban que en el desierto esta gente habría pasado hambre y sed, y estaría muy cansada. David pasó revista a sus tropas y nombró jefes sobre grupos de mil y de cien soldados. Los dividió en tres unidades y los envió a la batalla. La primera unidad estaba bajo el mando de Joab, la segunda bajo el mando de Abisay, hijo de Sarvia y hermano de Joab, y la tercera bajo el mando de Itay el guitita. Yo los voy a acompañar dijo el rey. Pero los soldados respondieron: No, Su Majestad no debe acompañarnos. Si tenemos que huir, el enemigo no se va a ocupar de nosotros. Y aun si la mitad de nosotros muere, a ellos no les va a importar. ¡Pero Su Majestad vale por diez mil de nosotros! Así que es mejor que se quede y nos apoye desde la ciudad. Bien dijo el rey, haré lo que les parezca más conveniente. Dicho esto, se puso a un lado de la entrada de la ciudad, mientras todos los soldados marchaban en grupos de cien y de mil. Además, el rey dio esta orden a Joab, Abisay e Itay: No me traten duro al joven Absalón. Y todas las tropas oyeron las instrucciones que el rey le dio a cada uno de sus generales acerca de Absalón. El ejército marchó al campo para pelear contra Israel, y la batalla se libró en el bosque de Efraín. La lucha fue intensa aquel día: hubo veinte mil bajas. Sin embargo, los soldados de David derrotaron allí al ejército de Israel. La batalla se extendió por toda el área, de modo que el bosque causó más muertes que la espada misma. Absalón, que huía montado en una mula, se encontró con los soldados de David. La mula se metió por debajo de una gran encina, y a Absalón se le trabó la cabeza entre las ramas. Como la mula siguió de largo, Absalón quedó colgado en el aire. Un soldado que vio lo sucedido le dijo a Joab: Acabo de ver a Absalón colgado de una encina. ¡Cómo! exclamó Joab. ¿Lo viste y no lo mataste ahí mismo? Te habría dado diez monedas de plata y un cinturón. Pero el hombre respondió: Aun si recibiera mil monedas, yo no alzaría la mano contra el hijo del rey. Todos oímos cuando el rey les ordenó a usted, a Abisay y a Itay que no le hicieran daño al joven Absalón. Si yo me hubiera arriesgado, me habrían descubierto, pues nada se le escapa al rey; y usted, por su parte, me habría abandonado. No voy a malgastar mi tiempo contigo replicó Joab. Acto seguido, agarró tres lanzas y fue y se las clavó en el pecho a Absalón, que todavía estaba vivo en medio de la encina. Luego, diez de los escuderos de Joab rodearon a Absalón y lo remataron. Entonces Joab mandó tocar la trompeta para detener a las tropas, y dejaron de perseguir a los israelitas. Después tomaron el cuerpo de Absalón, lo tiraron en un hoyo grande que había en el bosque, y sobre su cadáver amontonaron muchísimas piedras. Mientras tanto, todos los israelitas huyeron a sus hogares. En vida, Absalón se había erigido una  estela en el valle del Rey, pues pensaba: "No tengo ningún hijo que conserve mi memoria." Así que a esa estela le puso su propio *nombre, y por eso hasta la fecha se conoce como la Estela de Absalón. Ajimaz hijo de Sadoc le propuso a Joab: Déjame ir corriendo para avisarle al rey que el Señor lo ha librado del poder de sus enemigos. No le llevarás esta noticia hoy le respondió Joab. Podrás hacerlo en otra ocasión, pero no hoy, pues ha muerto el hijo del rey. Entonces Joab se dirigió a un soldado cusita y le ordenó: Ve tú y dile al rey lo que has visto. El cusita se inclinó ante Joab y salió corriendo. Pero Ajimaz hijo de Sadoc insistió: Pase lo que pase, déjame correr con el cusita. Pero muchacho respondió Joab, ¿para qué quieres ir? ¡Ni pienses que te van a dar una recompensa por la noticia! Pase lo que pase, quiero ir. Anda, pues. Ajimaz salió corriendo por la llanura y se adelantó al cusita. Mientras tanto, David se hallaba sentado en el pasadizo que está entre las dos puertas de la ciudad. El centinela, que había subido al muro de la puerta, alzó la vista y vio a un hombre que corría solo. Cuando el centinela se lo anunció al rey, éste comentó: Si viene solo, debe de traer buenas noticias. Pero mientras el hombre seguía corriendo y se acercaba, el centinela se dio cuenta de que otro hombre corría detrás de él, así que le anunció al guarda de la puerta: ¡Por ahí viene otro hombre corriendo solo! Ése también debe de traer buenas noticias dijo el rey. El centinela añadió: Me parece que el primero corre como Ajimaz hijo de Sadoc. Es un buen hombre comentó el rey; seguro que trae buenas noticias. Ajimaz llegó y saludó al rey postrándose rostro en tierra, y le dijo: ¡Bendito sea el Señor, Dios de Su Majestad, pues nos ha entregado a los que se habían rebelado en contra suya! ¿Y está bien el joven Absalón? preguntó el rey. Ajimaz respondió: En el momento en que tu siervo Joab me enviaba, vi que se armó un gran alboroto, pero no pude saber lo que pasaba. Pasa y quédate ahí le dijo el rey. Ajimaz se hizo a un lado. Entonces llegó el cusita y anunció: Le traigo buenas noticias a Su Majestad. El Señor lo ha librado hoy de todos los que se habían rebelado en contra suya. ¿Y está bien el joven Absalón? preguntó el rey. El cusita contestó: ¡Que sufran como ese joven los enemigos de Su Majestad, y todos los que intentan hacerle mal! Al oír esto, el rey se estremeció; y mientras subía al cuarto que está encima de la puerta, lloraba y decía: "¡Ay, Absalón, hijo mío! ¡Hijo mío, Absalón, hijo mío! ¡Ojalá hubiera muerto yo en tu lugar! ¡Ay, Absalón, hijo mío, hijo mío!" Avisaron a Joab que el rey estaba llorando amargamente por Absalón. Cuando las tropas se enteraron de que el rey estaba afligido por causa de su hijo, la victoria de aquel día se convirtió en duelo para todo el ejército. Por eso las tropas entraron en la ciudad furtivamente, como lo hace un ejército abochornado por haber huido del combate. Pero el rey, cubriéndose la cara, seguía gritando a voz en cuello: "¡Ay, Absalón, hijo mío! ¡Ay, Absalón, hijo mío, hijo mío!" Entonces Joab fue adonde estaba el rey y le dijo: "Hoy Su Majestad ha llenado de vergüenza a todos sus siervos que le salvaron la vida, y la de sus hijos e hijas y esposas y concubinas. ¡Usted ama a quienes lo odian, y odia a quienes lo aman! Hoy ha dejado muy en claro que nada le importan sus generales ni sus soldados. Ahora me doy cuenta de que usted preferiría que todos nosotros estuviéramos muertos, con tal de que Absalón siguiera con vida. ¡Vamos! ¡Salga usted y anime a sus tropas! Si no lo hace, juro por el Señor que para esta noche ni un solo soldado se quedará con usted. ¡Y eso sería peor que todas las calamidades que Su Majestad ha sufrido desde su juventud hasta ahora!" Ante esto, el rey se levantó y fue a sentarse junto a la puerta de la ciudad. Cuando los soldados lo supieron, fueron todos a presentarse ante él. Los israelitas, mientras tanto, habían huido a sus hogares, y por todas las tribus de Israel se hablaba de la situación. Decían: "El rey nos rescató del poder de nuestros enemigos; él nos libró del dominio de los filisteos. Por causa de Absalón tuvo que huir del país. Pero ahora Absalón, al que habíamos ungido como rey, ha muerto en la batalla. ¿Qué nos impide pedirle al rey que vuelva?" Entonces el rey David mandó este mensaje a los sacerdotes Sadoc y Abiatar: "Hablen con los ancianos de Judá y díganles: El rey se ha enterado de lo que se habla por todo Israel. ¿Serán ustedes los últimos en pedirme a mí, el rey, que regrese a mi palacio? Ustedes son mis hermanos, ¡son de mi propia sangre! ¿Por qué han de ser los últimos en llamarme? Díganle también a Amasá: ¿Acaso no eres de mi propia sangre? Tú serás de por vida el general de mi ejército, en lugar de Joab. ¡Que Dios me castigue sin piedad si no lo cumplo! " Así el rey se ganó el aprecio de todos los de Judá, quienes a una voz le pidieron que regresara con todas sus tropas, de modo que el rey emprendió el viaje y llegó hasta el Jordán. Los de Judá se dirigieron entonces a Guilgal para encontrarse con el rey y acompañarlo a cruzar el río. Pero el benjaminita Simí hijo de Guerá, oriundo de Bajurín, se apresuró a bajar con los de Judá para recibir al rey David. Con él iban mil benjaminitas, e incluso Siba, que había sido administrador de la familia de Saúl, con sus quince hijos y veinte criados. Éstos llegaron al Jordán antes que el rey y vadearon el río para ponerse a las órdenes del rey y ayudar a la familia real a cruzar el Jordán. Cuando el rey estaba por cruzarlo, Simí hijo de Guerá se inclinó ante él y le dijo: Ruego a mi señor el rey que no tome en cuenta mi delito ni recuerde el mal que hizo este servidor suyo el día en que Su Majestad salió de Jerusalén. Le ruego a Su Majestad que olvide eso. Reconozco que he pecado, y por eso hoy, de toda la tribu de José, he sido el primero en salir a recibir a mi señor el rey. Pero Abisay hijo de Sarvia exclamó: ¡Simí maldijo al *ungido del Señor, y merece la muerte! David respondió: Hijos de Sarvia, esto no es asunto de ustedes, sino mío. Están actuando como si fueran mis adversarios. ¿Cómo va a morir hoy alguien del pueblo, cuando precisamente en este día vuelvo a ser rey de Israel? Y dirigiéndose a Simí, el rey le juró: ¡No morirás! También Mefiboset, el nieto de Saúl, salió a recibir al rey. No se había lavado los pies ni la ropa, ni se había recortado el bigote, desde el día en que el rey tuvo que irse hasta que regresó sano y salvo. Cuando llegó de Jerusalén para recibir al rey, éste le preguntó: Mefiboset, ¿por qué no viniste conmigo? Mi señor y rey, como este servidor suyo es cojo, yo quería que me aparejaran un asno para montar y así poder acompañarlo. Pero mi criado Siba me traicionó, y ahora me ha calumniado ante Su Majestad. Sin embargo, Su Majestad es como un ángel de Dios y puede hacer conmigo lo que mejor le parezca. No hay nadie en mi familia paterna que no merezca la muerte en presencia de mi señor el rey. A pesar de eso, Su Majestad le concedió a este servidor suyo comer en la mesa real. ¿Qué derecho tengo de pedirle algo más a Su Majestad? El rey le dijo: No tienes que dar más explicaciones. Ya he decidido que tú y Siba se repartan las tierras. Él puede quedarse con todo le respondió Mefiboset; a mí me basta con que mi señor el rey haya regresado a su palacio sano y salvo. También Barzilay el galaadita bajó al Jordán. Había viajado desde Roguelín para escoltar al rey cuando cruzara el río. Barzilay, que ya era un anciano de ochenta años, le había proporcionado al rey todo lo necesario durante su estadía en Majanayin, pues era muy rico. El rey le dijo: Acompáñame. Quédate conmigo en Jerusalén, y yo me encargaré de todo lo que necesites. Pero ¿cuántos años de vida me quedan? respondió Barzilay. ¿Para qué subir con el rey a Jerusalén? Ya tengo ochenta años, y apenas puedo distinguir lo bueno de lo malo, o saborear lo que como y bebo, o aun apreciar las voces de los cantores y las cantoras. ¿Por qué ha de ser este servidor una carga más para mi señor el rey? ¿Y por qué quiere Su Majestad recompensarme de este modo, cuando tan sólo voy a acompañarlo a cruzar el Jordán? Déjeme usted regresar a mi propio pueblo, para que pueda morir allí y ser enterrado en la tumba de mis padres. Pero aquí le dejo a Quimán para que sirva a Su Majestad y lo acompañe a cruzar el río. Haga usted por él lo que haría por mí. Está bien respondió el rey, Quimán irá conmigo, y haré por él lo que me pides. Y a ti te daré todo lo que quieras. La gente y el rey cruzaron el Jordán. Luego el rey le dio un beso a Barzilay y lo bendijo, y Barzilay volvió a su pueblo. El rey, acompañado de Quimán y escoltado por las tropas de Judá y la mitad de las tropas de Israel, siguió hasta Guilgal. Por eso los israelitas fueron a ver al rey y le reclamaron: ¿Cómo es que nuestros hermanos de Judá se han adueñado del rey al cruzar el Jordán, y lo han escoltado a él, a su familia y a todas sus tropas? Los de Judá respondieron: ¿Y a qué viene ese enojo? ¡El rey es nuestro pariente cercano! ¿Acaso hemos vivido a costillas del rey? ¿Acaso nos hemos aprovechado de algo? Pero los israelitas insistieron: ¿Por qué nos tratan con tanto desprecio? ¡Nosotros tenemos diez veces más derecho que ustedes sobre el rey David! Además, ¿no fuimos nosotros los primeros en pedirle que volviera? Entonces los de Judá les contestaron aun con más severidad.


Salmo 66:
¡Aclamen alegres a Dios, habitantes de toda la tierra! Canten salmos a su glorioso *nombre; ¡ríndanle gloriosas alabanzas! Díganle a Dios: "¡Cuán imponentes son tus obras! que tus enemigos mismos se rinden ante ti. Toda la tierra se postra en tu presencia, y te cantan salmos; cantan salmos a tu nombre." Selah. ¡Vengan y vean las proezas de Dios, sus obras portentosas en nuestro favor! Convirtió el mar en tierra seca, y el pueblo cruzó el río a pie. ¡Regocijémonos en él! Con su poder gobierna eternamente; sus ojos vigilan a las naciones. ¡Que no se levanten contra él los rebeldes! Selah. Pueblos todos, bendigan a nuestro Dios, hagan oír la voz de su alabanza. Él ha protegido nuestra vida, ha evitado que resbalen nuestros pies. Tú, oh Dios, nos has puesto a prueba; nos has purificado como a la plata. Nos has hecho caer en una red; ¡pesada carga nos has echado a cuestas! Las caballerías nos han aplastado la cabeza; hemos pasado por el fuego y por el agua, pero al fin nos has dado un respiro. Me presentaré en tu templo con *holocaustos y cumpliré los votos que te hice, los votos de mis labios y mi boca que pronuncié en medio de mi angustia. Te ofreceré holocaustos de animales engordados, junto con el humo de ofrendas de carneros; te ofreceré toros y machos cabríos. Selah. Vengan ustedes, temerosos de Dios, escuchen, que voy a contarles todo lo que él ha hecho por mí. Clamé a él con mi boca; lo alabé con mi lengua. Si en mi corazón hubiera yo abrigado maldad, el Señor no me habría escuchado; pero Dios sí me ha escuchado, ha atendido a la voz de mi plegaria. ¡Bendito sea Dios, que no rechazó mi plegaria ni me negó su amor!


Proverbios 29:
El que es reacio a las reprensiones será destruido de repente y sin remedio. Cuando los justos prosperan, el pueblo se alegra; cuando los impíos gobiernan, el pueblo gime. El que ama la sabiduría alegra a su padre; el que frecuenta rameras derrocha su fortuna. Con justicia el rey da estabilidad al país; cuando lo abruma con tributos, lo destruye. El que adula a su prójimo le tiende una trampa. Al malvado lo atrapa su propia maldad, pero el justo puede cantar de alegría. El justo se ocupa de la causa del desvalido; el malvado ni sabe de qué se trata. Los insolentes conmocionan a la ciudad,  pero los sabios apaciguan los ánimos. Cuando el sabio entabla pleito contra un necio, aunque se enoje o se ría, nada arreglará. Los asesinos aborrecen a los íntegros, y tratan de matar a los justos. El necio da rienda suelta a su ira, pero el sabio sabe dominarla. Cuando un gobernante se deja llevar por mentiras, todos sus oficiales se corrompen. Algo en común tienen el pobre y el opresor: a los dos el Señor les ha dado la vista. El rey que juzga al pobre según la verdad afirma su trono para siempre. La vara de la disciplina imparte sabiduría, pero el hijo malcriado avergüenza a su madre. Cuando prospera el impío, prospera el pecado, pero los justos presenciarán su caída. Disciplina a tu hijo, y te traerá tranquilidad; te dará muchas satisfacciones. Donde no hay visión, el pueblo se extravía; ¡dichosos los que son obedientes a la ley! No sólo con palabras se corrige al siervo; aunque entienda, no obedecerá. ¿Te has fijado en los que hablan sin pensar? ¡Más se puede esperar de un necio que de gente así! Quien consiente a su criado cuando éste es niño, al final habrá de lamentarlo. El hombre iracundo provoca peleas; el hombre violento multiplica sus crímenes. El altivo será humillado, pero el humilde será enaltecido. El cómplice del ladrón atenta contra sí mismo; aunque esté bajo juramento, no testificará. Temer a los hombres resulta una trampa, pero el que confía en el Señor sale bien librado. Muchos buscan el favor del gobernante, pero la sentencia del hombre la dicta el Señor. Los justos aborrecen a los malvados, y los malvados aborrecen a los justos.





El Libro de Apocalipsis Capítulo 2 del Nuevo Testamento del Expositor por Jimmy Swaggart:
 

EL APOCALIPSIS DE SAN JUAN



CAPÍTULO 2
(96 d.C.)
ÉFESO



ESCRIBE al Ángel (Pastor) de la Iglesia en Éfeso (la Iglesia de Éfeso representa el período del tiempo Apostólico, que se concluyó alrededor del año 100 d.C.); El Que tiene las Siete Estrellas en Su Diestra (todos los Pastores pertenecen al Señor, si son ellos realmente del Señor), El Cual anda en medio de los Siete Candeleros de Oro, dice   estas cosas (Cristo es la Cabeza de la Iglesia [Col. 1:18]);
2 Yo sé tus obras (fue repetido a todas las Siete Iglesias; insinúa conocimiento Divino), y tu trabajo y paciencia, y que tú no puedes soportar a los malos (que se han desviado de la Verdadera Doctrina): y has probado a los que se dicen ser Apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos (presenta la validez de la Doctrina de los Creyentes de Éfeso):
3 Y has sufrido (trazaron una dirección y no se desviaron de esa dirección), y has tenido paciencia (siguieron creyendo aunque la situación no marchaba bien), y has trabajado por Mi Nombre, y no has desfallecido. (Fueron diligentes en sus esfuerzos y no se dieron por vencidos.)
4 Pero tengo contra ti (algo anduvo mal, a pesar de su celo) que has dejado tu primer amor (no "has perdido" su primer amor, sino que "has dejado" su primer amor; se refiere a un desvío de la Cruz y es tan serio que conducirá la Iglesia a la ruina a menos que estuvieran próximos al Arrepentimiento).
5 Recuerda por tanto de dónde has caído (significa que cayeron de la Gracia, lo que significa que habían dejado de confiar en Cristo y en la Cruz [Gál. 5:4]), y arrepiéntete, y haz las primeras obras (volver a la Cruz); pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido. (Cristo es la Fuente de la Luz, pero la Cruz es el medio. Deben volver a la Cruz, si no será quitada la Luz.)
6 Mas tienes esto, que aborreces los hechos de los Nicolaítas, los cuales Yo también aborrezco. (La palabra "Nicolaítas" significa "conquistadores laicos." Son Predicadores que explotan a la gente en vez de desarrollarlos espiritualmente, tal es la doctrina errónea. ¡El Señor odia esto y también nosotros debemos odiarlo!)
7 El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias (el Espíritu Santo dice que la Iglesia debe volver a la Cruz); al que venciere, daré a comer del Árbol de la Vida, el cual está en medio del Paraíso de Dios. (El Cristiano es un vencedor sólo cuando pone su Fe exclusivamente en Cristo y en la Cruz, que le da libertad de acción al Espíritu Santo para obrar.)
ESMIRNA
8 Y escribe al Ángel de la Iglesia en Esmirna (se refiere a la Iglesia de los Mártires, el período que abarca es alrededor del año 100 d.C. hasta aproximadamente 300 d.C.); El Primero y Último (Cristo es el Principio de lo que se refiere al Creador, y el Fin de todo lo que se refiere a Su control total y completo), que fue muerto, y vivió (se refiere a la Cruz y la Resurrección), dice estas cosas:
9 Yo sé tus obras, y tu tribulación, y tu pobreza (pero tú eres rico) (Esmirna era aparentemente pobre en lo externo, pero el Señor los proclamó ricos espiritualmente; la Iglesia en Laodicea afirmó ser rica, pero el Señor declaró que eran pobres) y la blasfemia de los que se dicen ser Judíos, y no lo son (de este Versículo aprendemos que Dios no considera Judíos Verdaderos a aquéllos que rechazan a Cristo), mas son Sinagoga de Satanás. (El Señor considera Satánica la adoración de los Judíos que rechazan a Cristo.)
10 No tengas ningún temor de las cosas que has de padecer: he aquí, el Diablo ha de enviar algunos de vosotros a la cárcel, para que seáis probados; y tendréis tribulación de diez días (se cree que representa las diez persecuciones principales que Roma lanzó contra la Iglesia de esa época, abarcó unos 200 años): sé fiel hasta la muerte, y Yo te daré la corona de la vida (muchos pagaron con sus vidas).
11 El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias (el Espíritu dice que, a veces, puede haber sufrimiento); el que venciere, no recibirá daño de la muerte segunda (se refiere al Lago de Fuego [Apoc. 21:8]).
PÉRGAMO
12 Y escribe al Ángel (Pastor) de la Iglesia en Pérgamo (se conoce como la Iglesia Estatal, que colocó las bases preliminares al sistema Católico; su período abarcó aproximadamente del año 300 d.C. al 500 d.C.); El que tiene la espada aguda de dos filos (símbolo de la Palabra de Dios), dice estas cosas:
13 Yo sé tus obras, y dónde moras (espiritualmente), donde está el trono de Satanás (Satanás formaba parte de esta Iglesia): y retienes Mi Nombre, y no has negado Mi Fe (a pesar de la condición terrible de esta Iglesia, algunos se sujetaban firmes a Cristo y seguían mirando a la Cruz), aun en los días en que fue Antipas Mi testigo fiel, el cual ha sido muerto entre vosotros, donde Satanás mora. (Esta persecución se originó de adentro de la Iglesia.)
14 Pero tengo unas pocas cosas contra ti, porque tú tienes ahí los que tienen la doctrina de Balaam, el cual enseñaba a Balac a poner escándalo delante de los Hijos de Israel, a comer de cosas Sacrificadas a los ídolos, y a cometer fornicación. (Esta Iglesia cometía adulterio espiritual, lo cual significa que ellos habían cambiado su Fe en la Cruz a otras cosas, y el dinero era la causa principal, lo que se refiere a la Iglesia Estatal.)
15 Así también tú tienes a los que tienen la doctrina de los Nicolaítas, lo cual Yo aborrezco. (En Éfeso, fueron los "hechos de los Nicolaítas," y ahora es la "doctrina." Se refiere al Gobierno Eclesiástico y no bíblico, que explotaba mucho a la gente.)
16 Arrepiéntete (regresa a la Cruz); porque de otra manera vendré a ti pronto, y pelearé contra ellos con la espada de Mi Boca. (Corresponde a la Palabra de Dios, la parte que habla acerca del Juicio.)
17 El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias (el Espíritu dice que todo  Gobierno Eclesiástico debe ser, sin falta, Bíblico); al que venciere, daré a comer del Maná escondido, y le daré una piedrecilla blanca, y en la piedrecilla un nombre nuevo escrito, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe. (Se refiere al hecho de que los Creyentes recibirán un nuevo nombre que armoniza con la renovación perfecta de nuestro ser.)
TIATIRA
18 Y escribe al Ángel de la Iglesia en Tiatira (llamada la "Iglesia Papal," que significa el principio del Catolicismo; comenzó alrededor del año 500 d.C. y continúa hasta el presente); Dice estas cosas el Hijo de Dios, que tiene Sus Ojos como llama de fuego, y Sus Pies semejantes al bronce fino (presenta a Cristo en función de Juicio, ya que Él se preocupa que la Iglesia se dedique en la adoración idólatra);
19 Yo he conocido tus obras, y amor, y servicio, y fe, y tu paciencia (algunos en esta Iglesia, por muy incorrecto que fuera, seguían amando al Señor; el Señor conocía quiénes eran), y que tus obras postreras son más que las primeras. (Se mencionan dos veces las "obras," la última en sentido negativo, lo cual significa que confiaban en ella en vez de Cristo y la Cruz.)
20 Mas tengo unas pocas cosas contra ti, porque permites aquella mujer Jezabel, que se dice ser Profetisa, enseñar, y engañar a Mis siervos, a fornicar, y a comer cosas Ofrecidas a los ídolos. (El Señor se refiere aquí a la fornicación y el adulterio espiritual, lo que significa que habían abandonado a Cristo y la Cruz por otras cosas [Rom. 7:1-4].)
21 Y le he dado tiempo para que se arrepienta de la fornicación; y no se ha arrepentido. (La Iglesia no prestaba atención al Mensaje, y, de hecho, continúa considerando hasta hoy día la "Salvación por obras," lo cual, por supuesto, es erróneo.)
22 He aquí, Yo la echo en cama, y a los que adulteran con ella, en muy grande tribulación, si no se arrepintieren de sus obras. (La "cama" se refiere a los falsos maestros que enseñaban la Salvación por obras, lo cual resulta en adulterio espiritual. Nuevamente, se les advirtió a que se arrepintieran.)
23 Y mataré a sus hijos con muerte (se refiere a la muerte espiritual); y todas las Iglesias sabrán que Yo Soy El Que escudriño las mentes y los corazones (una búsqueda incesante y progresiva): y daré a cada uno de vosotros según sus obras. (Se puede saber concretamente donde está la Fe de una persona al mirar sus obras. Las obras verdaderas proclaman el Fruto del Espíritu.)
24 Pero Yo digo a vosotros, y a los demás que estáis en Tiatira, cualesquiera que no tienen esta doctrina (no se han sucumbido a la enseñanza de Jezebel), y que no han conocido las profundidades de Satanás, como dicen (la enseñanza de "Jezebel" es "adulterio espiritual," lo cual es un desvío de la Cruz y es designado "profundidades de Satanás"); Yo no enviaré sobre vosotros otra carga (significa que su carga total era lo contrario de "la enseñanza de Jezebel," lo que era una gran responsabilidad en sí).
25 Empero la que tenéis, mantenedla (asido a la Cruz y no permita poner su Fe en otras cosas) hasta que Yo venga (el Arrebatamiento de la Iglesia).
26 Y al que hubiere vencido, y hubiere guardado Mis Obras hasta el fin (es "Sus Obras," y no "nuestras obras"; puro y simple, es lo que Jesús hizo en la Cruz por nosotros), Yo le daré potestad sobre las naciones (se refiere a la Edad del Reino venidero):
27 Y las regirá con vara de hierro; y serán quebrantados como vaso de alfarero (se refiere al hecho de que los Santos de Dios en la Edad del Reino venidero bajo Cristo gobernarán las naciones, no permitirán que el mal prevalezca ni tenga la oportunidad de arraigarse): como también Yo he recibido de Mi Padre. (En el día de Su Venida participaremos en la Victoria de Su Poder y Gloria.)
28 Y le daré la Estrella de la Mañana. (La "Estrella Matutina" es el planeta resplandeciente [Venus], que es el más hermoso y apunta la mañana — el presagio del día. Indica que la Edad del Reino venidero será gloriosa sin comparación.)
29 El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias. (El Espíritu está diciendo que si deja a Cristo y la Cruz es cometer adulterio espiritual, lo que va a resultar en muerte espiritual.)



Primera Corintios Capítulo 13:
Si hablo en lenguas humanas y angelicales, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido. Si tengo el don de profecía y entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento, y si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no soy nada. Si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y si entrego mi cuerpo para que lo consuman las llamas, pero no tengo amor, nada gano con eso. El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor jamás se extingue, mientras que el don de profecía cesará, el de lenguas será silenciado y el de conocimiento desaparecerá. Porque conocemos y profetizamos de manera imperfecta; pero cuando llegue lo perfecto, lo imperfecto desaparecerá. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; cuando llegué a ser adulto, dejé atrás las cosas de niño. Ahora vemos de manera indirecta y velada, como en un espejo; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de manera imperfecta, pero entonces conoceré tal y como soy conocido. Ahora, pues, permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más excelente de ellas es el amor.


Hebreos 10:35-12:4
Así que no pierdan la confianza, porque ésta será grandemente recompensada. Ustedes necesitan perseverar para que, después de haber cumplido la voluntad de Dios, reciban lo que él ha prometido. Pues dentro de muy poco tiempo, "el que ha de venir vendrá, y no tardará. Pero mi justo vivirá por la fe. Y si se vuelve atrás, no será de mi agrado." Pero nosotros no somos de los que se vuelven atrás y acaban por perderse, sino de los que tienen fe y preservan su vida. Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve. Gracias a ella fueron aprobados los antiguos. Por la fe entendemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo visible no provino de lo que se ve. Por la fe Abel ofreció a Dios un sacrificio más aceptable que el de Caín, por lo cual recibió testimonio de ser justo, pues Dios aceptó su ofrenda. Y por la fe Abel, a pesar de estar muerto, habla todavía. Por la fe Enoc fue sacado de este mundo sin experimentar la muerte; no fue hallado porque Dios se lo llevó, pero antes de ser llevado recibió testimonio de haber agradado a Dios. En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan. Por la fe Noé, advertido sobre cosas que aún no se veían, con temor reverente construyó un arca para salvar a su familia. Por esa fe condenó al mundo y llegó a ser heredero de la justicia que viene por la fe. Por la fe Abraham, cuando fue llamado para ir a un lugar que más tarde recibiría como herencia, obedeció y salió sin saber a dónde iba. Por la fe se radicó como extranjero en la tierra prometida, y habitó en tiendas de campaña con Isaac y Jacob, herederos también de la misma promesa, porque esperaba la ciudad de cimientos sólidos, de la cual Dios es arquitecto y constructor. Por la fe Abraham, a pesar de su avanzada edad y de que Sara misma era estéril, recibió fuerza para tener hijos, porque consideró fiel al que le había hecho la promesa. Así que de este solo hombre, ya en decadencia, nacieron descendientes numerosos como las estrellas del cielo e incontables como la arena a la orilla del mar. Todos ellos vivieron por la fe, y murieron sin haber recibido las cosas prometidas; más bien, las reconocieron a lo lejos, y confesaron que eran extranjeros y peregrinos en la tierra. Al expresarse así, claramente dieron a entender que andaban en busca de una patria. Si hubieran estado pensando en aquella patria de donde habían emigrado, habrían tenido oportunidad de regresar a ella. Antes bien, anhelaban una patria mejor, es decir, la celestial. Por lo tanto, Dios no se avergonzó de ser llamado su Dios, y les preparó una ciudad. Por la fe Abraham, que había recibido las promesas, fue puesto a prueba y ofreció a Isaac, su hijo único, a pesar de que Dios le había dicho: "Tu descendencia se establecerá por medio de Isaac." Consideraba Abraham que Dios tiene poder hasta para resucitar a los muertos, y así, en sentido figurado, recobró a Isaac de entre los muertos. Por la fe Isaac bendijo a Jacob y a Esaú, previendo lo que les esperaba en el futuro. Por la fe Jacob, cuando estaba a punto de morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyándose en la punta de su bastón. Por la fe José, al fin de su vida, se refirió a la salida de los israelitas de Egipto y dio instrucciones acerca de sus restos mortales. Por la fe Moisés, recién nacido, fue escondido por sus padres durante tres meses, porque vieron que era un niño precioso, y no tuvieron miedo del edicto del rey. Por la fe Moisés, ya adulto, renunció a ser llamado hijo de la hija del faraón. Prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar de los efímeros placeres del pecado. Consideró que el oprobio por causa del Mesías era una mayor riqueza que los tesoros de Egipto, porque tenía la mirada puesta  en la recompensa. Por la fe salió de Egipto sin tenerle miedo a la ira del rey, pues se mantuvo firme como si estuviera viendo al Invisible. Por la fe celebró la Pascua y el rociamiento de la sangre, para que el exterminador de los primogénitos no tocara a los de Israel. Por la fe el pueblo cruzó el Mar Rojo como por tierra seca; pero cuando los egipcios intentaron cruzarlo, se ahogaron. Por la fe cayeron las murallas de Jericó, después de haber marchado el pueblo siete días a su alrededor. Por la fe la prostituta Rahab no murió junto con los desobedientes, pues había recibido en paz a los espías. ¿Qué más voy a decir? Me faltaría tiempo para hablar de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté,  David, Samuel y los profetas, los cuales por la fe conquistaron reinos, hicieron justicia y alcanzaron lo prometido; cerraron bocas de leones, apagaron la furia de las llamas y escaparon del filo de la espada; sacaron fuerzas de flaqueza; se mostraron valientes en la guerra y pusieron en fuga a ejércitos extranjeros. Hubo mujeres que por la resurrección recobraron a sus muertos. Otros, en cambio, fueron muertos a golpes, pues para alcanzar una mejor resurrección no aceptaron que los pusieran en libertad. Otros sufrieron la prueba de burlas y azotes, e incluso de cadenas y cárceles. Fueron apedreados, aserrados por la mitad, asesinados a filo de espada. Anduvieron fugitivos de aquí para allá, cubiertos de pieles de oveja y de cabra, pasando necesidades, afligidos y maltratados. ¡El mundo no merecía gente así! Anduvieron sin rumbo por desiertos y montañas, por cuevas y cavernas. Aunque todos obtuvieron un testimonio favorable mediante la fe, ninguno de ellos vio el cumplimiento de la promesa. Esto sucedió para que ellos no llegaran a la meta sin nosotros, pues Dios nos había preparado algo mejor. Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo. En la lucha que ustedes libran contra el pecado, todavía no han tenido que resistir hasta derramar su sangre.


Romanos 8:
Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte. En efecto, la ley no pudo liberarnos porque la naturaleza pecaminosa anuló su poder; por eso Dios envió a su propio Hijo en condición semejante a nuestra condición de pecadores, para que se ofreciera en sacrificio por el pecado. Así condenó Dios al pecado en la naturaleza humana, a fin de que las justas demandas de la ley se cumplieran en nosotros, que no vivimos según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu. Los que viven conforme a la naturaleza pecaminosa fijan la mente en los deseos de tal naturaleza; en cambio, los que viven conforme al Espíritu fijan la mente en los deseos del Espíritu. La mentalidad pecaminosa es muerte, mientras que la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz. La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo. Los que viven según la naturaleza pecaminosa no pueden agradar a Dios. Sin embargo, ustedes no viven según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios vive en ustedes. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo. Pero si Cristo está en ustedes, el cuerpo está muerto a causa del pecado, pero el Espíritu que está en ustedes es vida a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en ustedes. Por tanto, hermanos, tenemos una obligación, pero no es la de vivir conforme a la naturaleza pecaminosa. Porque si ustedes viven conforme a ella, morirán; pero si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: "¡Abba! ¡Padre!" El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos herederos;   herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria. De hecho, considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros. La creación aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de Dios, porque fue sometida a la frustración. Esto no sucedió por su propia voluntad, sino por la del que así lo dispuso. Pero queda la firme esperanza de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera dolores de parto. Y no sólo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esa esperanza fuimos salvados. Pero la esperanza que se ve, ya no es esperanza. ¿Quién espera lo que ya tiene? Pero si esperamos lo que todavía no tenemos, en la espera mostramos nuestra constancia. Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios. Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito. Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. A los que predestinó, también los llamó; a los que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó. ¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas? ¿Quién acusará a los que Dios ha escogido? Dios es el que justifica. ¿Quién condenará? Cristo Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros. ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia? Así está escrito: "Por tu causa nos vemos amenazados de muerte todo el día; nos tratan como a ovejas destinadas al matadero." Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.

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