28 September 2016

El 28 de setiembre Lectura Bíblica Diaria

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Mensaje de la Cruz de Cristo Jesús-Capítulo-1
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El 28 de setiembre Lectura Bíblica Diaria:


Isaías 1 a 3:


Visión que recibió Isaías hijo de Amoz acerca de Judá y Jerusalén, durante los reinados de Uzías, Jotán, Acaz y Ezequías, reyes de Judá. Judá, nación rebelde ¡Oigan, cielos! ¡Escucha, tierra! Así dice el Señor: "Yo crié hijos hasta hacerlos hombres, pero ellos se rebelaron contra mí. El buey conoce a su dueño y el asno el pesebre de su amo; ¡pero Israel no conoce, mi pueblo no entiende!" ¡Ay, nación pecadora, pueblo cargado de culpa, generación de malhechores, hijos corruptos! ¡Han abandonado al Señor! ¡Han despreciado al Santo de Israel! ¡Se han vuelto atrás! ¿Para qué recibir más golpes? ¿Para qué insistir en la rebelión? Toda su cabeza está herida, todo su corazón está enfermo. Desde la planta del pie hasta la coronilla no les queda nada sano: todo en ellos es heridas, moretones, y llagas abiertas, que no les han sido curadas ni vendadas, ni aliviadas con aceite. Su país está desolado, sus ciudades son presa del fuego; ante sus propios ojos los extraños devoran sus campos; su país está desolado, como si hubiera sido destruido por extranjeros. La bella Sión ha quedado como cobertizo en un viñedo, como choza en un melonar, como ciudad sitiada. Si el Señor Todopoderoso no nos hubiera dejado algunos sobrevivientes, seríamos ya como Sodoma, nos pareceríamos a Gomorra. ¡Oigan la palabra del Señor, gobernantes de Sodoma! ¡Escuchen la enseñanza de nuestro Dios, pueblo de Gomorra! "¿De qué me sirven sus muchos sacrificios? dice el Señor. y de la grasa de animales engordados; la sangre de toros, corderos y cabras no me complace. ¿Por qué vienen a presentarse ante mí? ¿Quién les mandó traer animales para que pisotearan mis atrios? No me sigan trayendo vanas ofrendas; el incienso es para mí una abominación. Luna nueva, día de reposo, asambleas convocadas; ¡no soporto que con su adoración me ofendan! Yo aborrezco sus lunas nuevas y festividades; se me han vuelto una carga que estoy cansado de soportar. Cuando levantan sus manos, yo aparto de ustedes mis ojos; aunque multipliquen sus oraciones, no las escucharé, pues tienen las manos llenas de sangre. ¡Lávense, límpiense! ¡Aparten de mi vista sus obras malvadas! ¡Dejen de hacer el mal! ¡Aprendan a hacer el bien! ¡Busquen la justicia y reprendan al opresor! ¡Aboguen por el huérfano y defiendan a la viuda! "Vengan, pongamos las cosas en claro dice el Señor. ¿Son sus pecados como escarlata? ¡Quedarán blancos como la nieve! ¿Son rojos como la púrpura? ¡Quedarán como la lana! ¿Están ustedes dispuestos a obedecer? ¡Comerán lo mejor de la tierra! ¿Se niegan y se rebelan? ¡Serán devorados por la espada!" El Señor mismo lo ha dicho. ¡Cómo se ha prostituido la ciudad fiel! Antes estaba llena de justicia. La rectitud moraba en ella, pero ahora sólo quedan asesinos. Tu plata se ha convertido en escoria; tu buen vino, en agua. Tus gobernantes son rebeldes, cómplices de ladrones; todos aman el soborno y van detrás de las prebendas. No abogan por el huérfano, ni se ocupan de la causa de la viuda. Por eso afirma el Señor, el Señor Todopoderoso, el Fuerte de Israel: "Me desquitaré de mis adversarios, me vengaré de mis enemigos. Volveré mi mano contra ti, limpiaré tus escorias con lejía y quitaré todas tus *impurezas. Restauraré a tus jueces como al principio, y a tus consejeros como al comienzo. Entonces serás llamada Ciudad de justicia, Ciudad fiel." Sión será redimida con justicia, y con rectitud, los que se arrepientan. Pero los rebeldes y pecadores a una serán quebrantados, y perecerán los que abandonan al Señor. Se avergonzarán de las encinas que ustedes tanto aman; los jardines que eligieron serán para ellos una afrenta. Serán como una encina con hojas marchitas, como un jardín sin agua. El hombre fuerte se convertirá en estopa, y su trabajo en chispa; arderán los dos juntos, y no habrá quien los apague. Palabra que Isaías hijo de Amoz recibió en visión acerca de Judá y Jerusalén: En los últimos días, el monte de la casa del Señor será establecido como el más alto de los montes; se alzará por encima de las colinas, y hacia él confluirán todas las naciones. Muchos pueblos vendrán y dirán: "¡Vengan, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob!, para que nos enseñe sus caminos y andemos por sus sendas." Porque de Sión saldrá la enseñanza, de Jerusalén la palabra del Señor. Él juzgará entre las naciones y será árbitro de muchos pueblos. y sus lanzas en hoces. No levantará espada nación contra nación, y nunca más se adiestrarán para la guerra. ¡Ven, pueblo de Jacob, y caminemos a la luz del Señor! Has abandonado a tu pueblo, a los descendientes de Jacob, porque están llenos de astrólogos de Oriente, de adivinos como entre los filisteos, y hacen tratos con extranjeros. Su tierra está llena de oro y plata, y sus tesoros son incalculables. En su tierra abundan los caballos, y sus carros de guerra son incontables. Su país está lleno de ídolos; el pueblo adora la obra de sus manos, lo que han hecho con sus propios dedos. Al hombre se le humilla, a la humanidad se le degrada. ¡Imposible que los perdones! ¡Métete en la roca, y escóndete en el polvo ante el terror del Señor y el esplendor de su majestad! Los ojos del altivo serán humillados y la arrogancia humana será doblegada. ¡En aquel día sólo el Señor será exaltado! Un día vendrá el Señor Todopoderoso contra todos los orgullosos y arrogantes, contra todos los altaneros, para humillarlos; contra todos los cedros del Líbano, arrogantes y erguidos, contra todas las encinas de Basán, contra todas las montañas altivas, contra todas las colinas erguidas, contra todas las torres altas, contra todo muro fortificado, contra todas las naves de Tarsis, contra todos los barcos lujosos. La altivez del hombre será abatida, y la arrogancia humana será humillada. En aquel día sólo el Señor será exaltado, y los ídolos desaparecerán por completo. Los hombres se meterán en las cuevas de las rocas, y en las grietas del suelo, ante el terror del Señor y el esplendor de su majestad, cuando él se levante para hacer temblar la tierra. En aquel día arrojará el hombre a los topos y murciélagos, a sus ídolos de oro y plata que él fabricó para adorarlos. Se meterá en las grutas de las rocas y en las hendiduras de los peñascos, ante el terror del Señor y el esplendor de su majestad, cuando él se levante para hacer temblar la tierra. ¡Dejen de confiar en el hombre, que es muy poco lo que vale! ¡Su vida es un soplo nada más! ¡Presten atención! El Señor, el Señor Todopoderoso, retira de Jerusalén y de Judá todo apoyo y sustento: toda provisión de pan, toda provisión de agua. Él retira al valiente y al guerrero, al juez y al profeta, al adivino y al anciano, al capitán y al dignatario, al consejero, al artesano experto y al hábil encantador. Les pondré como jefes a muchachos, y los gobernarán niños caprichosos. Unos a otros se maltratarán: hombre contra hombre, vecino contra vecino, joven contra anciano, plebeyo contra noble. Entonces un hombre agarrará a su hermano en la casa de su padre, y le dirá: "Sé nuestro líder, pues tienes un manto; ¡hazte cargo de este montón de ruinas!" Pero entonces el otro protestará: "Yo no soy médico, y en mi casa no hay pan ni manto; ¡no me hagas líder del pueblo!" Jerusalén se tambalea, Judá se derrumba, porque su hablar y su actuar son contrarios al Señor: ¡desafían su gloriosa presencia! Su propio descaro los acusa y, como Sodoma, se jactan de su pecado; ¡ni siquiera lo disimulan! ¡Ay de ellos, porque causan su propia desgracia! Díganle al justo que le irá bien, pues gozará del fruto de sus acciones. ¡Ay del malvado, pues le irá mal! ¡Según la obra de sus manos se le pagará! ¡Pobre pueblo mío, oprimido por niños y gobernado por mujeres! ¡Pobre pueblo mío, extraviado por tus guías, que tuercen el curso de tu senda! El Señor se dispone a denunciar; se levanta para enjuiciar al pueblo. El Señor entra en juicio contra los ancianos y jefes de su pueblo: "¡Ustedes han devorado la viña, y el despojo del pobre está en sus casas! ¿Con qué derecho aplastan a mi pueblo y pasan por encima de los pobres?", afirma el Señor, el Señor Todopoderoso. El Señor dice: "Las hijas de Sión son tan orgullosas que caminan con el cuello estirado, con ojos seductores y pasitos cortos, haciendo sonar los adornos de sus pies. Por eso el Señor cubrirá de sarna la cabeza de las hijas de Sión; el Señor las dejará completamente calvas." En aquel día, el Señor arrancará todo adorno: hebillas, diademas, broches, pendientes, pulseras, velos, pañuelos, cadenillas de los pies, cinturones, frasquitos de perfume, amuletos, anillos, argollas para la nariz, ropas de gala, mantos, chales, bolsos, espejos, telas finas, turbantes y mantillas. Habrá pestilencia en vez de perfume, soga en vez de cinturón, calvicie en vez de peinado elegante, ropa de luto en vez de trajes lujosos, vergüenza en vez de belleza. Tus hombres caerán a filo de espada, y tus valientes, en el campo de batalla. Las puertas de la ciudad gemirán y se vestirán de luto; desolada, la ciudad se sentará en el suelo.


Salmo 138:



Señor, quiero alabarte de todo corazón, y cantarte salmos delante de los dioses. Quiero inclinarme hacia tu santo templo y alabar tu nombre por tu gran amor y fidelidad. por sobre todas las cosas. Cuando te llamé, me respondiste; me infundiste ánimo y renovaste mis fuerzas. Oh Señor, todos los reyes de la tierra te alabarán al escuchar tus palabras. Celebrarán con cánticos tus caminos, porque tu gloria, Señor, es grande. El Señor es excelso, pero toma en cuenta a los humildes y mira de lejos a los orgullosos. Aunque pase yo por grandes angustias, tú me darás vida; contra el furor de mis enemigos extenderás la mano: ¡tu mano derecha me pondrá a salvo! El Señor cumplirá en mí su propósito. Tu gran amor, Señor, perdura para siempre; ¡no abandones la obra de tus manos!



Proverbios 7:




Hijo mío, pon en práctica mis palabras y atesora mis mandamientos. Cumple con mis mandatos, y vivirás; cuida mis enseñanzas como a la niña de tus ojos. Llévalos atados en los dedos; anótalos en la tablilla de tu corazón. Di a la sabiduría: "Tú eres mi hermana", y a la inteligencia: "Eres de mi sangre." Ellas te librarán de la mujer ajena, de la adúltera y de sus palabras seductoras. Desde la ventana de mi casa miré a través de la celosía. Me puse a ver a los inexpertos, y entre los jóvenes observé a uno de ellos falto de juicio. Cruzó la calle, llegó a la esquina, y se encaminó hacia la casa de esa mujer. Caía la tarde. Llegaba el día a su fin. Avanzaban las sombras de la noche. De pronto la mujer salió a su encuentro, con toda la apariencia de una prostituta y con solapadas intenciones. (Como es escandalosa y descarada, nunca hallan sus pies reposo en su casa. Unas veces por las calles, otras veces por las plazas, siempre está al acecho en cada esquina.) Se prendió de su cuello, lo besó, y con todo descaro le dijo: "Tengo en mi casa sacrificios de comunión, pues hoy he cumplido mis votos. Por eso he venido a tu encuentro; te buscaba, ¡y ya te he encontrado! Sobre la cama he tendido multicolores linos egipcios. He perfumado mi lecho con aroma de mirra, áloe y canela. Ven, bebamos hasta el fondo la copa del amor; ¡disfrutemos del amor hasta el amanecer! Mi esposo no está en casa, pues ha emprendido un largo viaje. Se ha llevado consigo la bolsa del dinero, y no regresará hasta el día de luna llena." Con palabras persuasivas lo convenció; con lisonjas de sus labios lo sedujo. Y él en seguida fue tras ella, como el buey que va camino al matadero; como el ciervo que cae en la trampa, hasta que una flecha le abre las entrañas; como el ave que se lanza contra la red, sin saber que en ello le va la vida. Así que, hijo mío, escúchame; presta atención a mis palabras. No desvíes tu corazón hacia sus sendas, ni te extravíes por sus caminos, pues muchos han muerto por su causa; sus víctimas han sido innumerables. Su casa lleva derecho al *sepulcro; ¡conduce al reino de la muerte!


El Libro de Lucas Capítulo 7 del Nuevo Testamento del Expositor por Jimmy Swaggart:




EL SANTO EVANGELIO SEGÚN
SAN LUCAS




CAPÍTULO 7
(31 d.C.)
LA PALABRA HABLADA




Y CUANDO acabó todas Sus Palabras oyéndole el pueblo, entró Él en Capernaum.
2 Y el siervo de un Centurión (un Oficial del ejército Romano, un Gentil), al cual tenía él en estima, estaba enfermo, y a punto de morir.
3 Y cuando él oyó hablar de Jesús (mejor traducido, "y cuando él oyó acerca de Jesús"), envió a Él los Ancianos de los Judíos (evidentemente pensó que ellos tendrían más influencia sobre Cristo que él como Gentil), rogándole que viniese y librase a su siervo.
4 Y viniendo ellos (los Ancianos de los Judíos) a Jesús, Le rogaron con diligencia, diciéndole, Porque él (el Centurión) es digno de concederle esto (demuestra la base en la cual la mayoría de la gente espera una respuesta; pero la oración nunca será contestada sobre esta base):
5 Que ama nuestra nación, y él nos edificó una Sinagoga (evidentemente este Gentil estaba harto de las prácticas paganas de Roma, y estaba muy interesado en el Dios de Abraham, Isaac y Jacob).
6 Y Jesús fue con ellos. Más cuando ya no estuviesen lejos de su casa, envió el Centurión unos amigos a Él (Mateo relata que el Centurión vino personalmente; Lucas declara que él vino por delegación; las dos declaraciones son verdaderas; ya que sus mensajeros lo representaron, y también la palabra "él" como se da en el Versículo 9 apoya la creencia que el Centurión siguió a sus mensajeros y, en su ansiedad por su siervo, repitió el mensaje con que él les encargaba), diciéndole, Señor, no Te incomodes: que no soy digno que entres debajo de mi tejado (sin saber lo que los Judíos le dijeron al Señor, él quiso que Cristo supiera quien era él, un Gentil, lo que conllevó muchas connotaciones):
7 Por lo cual ni aun me tuve por digno de venir a Ti (al parecer era la plataforma en que el Centurión ahora se acerca a Cristo personalmente): mas di la Palabra, y mi siervo será sano (expresa el nivel de Fe que rara vez, ni siquiera, se iguala a alguien en toda la Biblia, al menos de esta naturaleza).
8 Porque también yo soy hombre puesto en potestad, que tengo debajo de mí soldados (declara el significado de la autoridad espiritual, ¡y esto de parte de un Gentil!), y digo a éste, Ve, y va; y al otro, Ven, y viene; y a mi siervo, Haz esto, y lo hace (la autoridad de este Centurión vino de César; de la misma manera, toda la autoridad poseída por los Creyentes viene del Señor; también, no como el Centurión, la autoridad poseída por los Creyentes nunca se ejercita sobre otras personas, sino más bien sobre los espíritus de las tinieblas [Luc. 10:19]).
9 Lo cual oyendo Jesús, se maravilló de él (registra una de las dos instancias cuando Jesús se maravilló, en la otra se maravillaba de la incredulidad [Marc. 6:6]), y vuelto (lo usará como un ejemplo), dijo a las gentes que Le seguían (los que siguieron a Jesús), Os digo, Que ni aun en Israel he hallado tanta Fe (nos dice que sólo "la incredulidad" o "la Fe," con todos sus resultados correspondientes tanto negativo como positivo, son la ocasión en los Ojos de Dios para asombrarse).
10 Y vueltos a casa los que habían sido enviados (son los amigos del Versículo 6), hallaron sano al siervo que había estado enfermo.
LA RESURRECCIÓN
DEL MUERTO
11 Y aconteció después (después de la sanidad del siervo del Centurión), que Él iba a la ciudad que se llama Naín; e iban con Él muchos de Sus Discípulos, y gran compañía (fue registrado sólo por Lucas).
12 Y cuando llegó cerca de la puerta de la ciudad (estaba por entrar en la ciudad), he aquí, que sacaban fuera a un difunto, unigénito de su madre, la cual también era viuda: y había con ella grande compañía de la ciudad.
13 Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella, y le dice: No llores.
14 Y acercándose, tocó el féretro (se refiere a un marco de madera donde acostaban al difunto, envuelto en pliegues de lino, con el equipo entero cargado sobre los hombros de cuatro hombres; era contra la Ley Mosaica tocar algo relacionado con la muerte; sin embargo, esto no se aplicó a Jesús, porque Su toque del féretro demostró Su toque y derrota de la muerte misma, lo que Él haría en la Cruz del Calvario): y los que lo llevaban, pararon (en Su Presencia, todo tiene que detenerse, incluyendo la muerte). Y dice, Joven, a ti digo (presenta Su Deidad), levántate (se refiere a Su Poder de Resurrección, lo cual usaría dentro de poco para levantar a todos los Santos muertos [I Cor. 15:51-55]).
15 Entonces se incorporó el que había muerto, y comenzó a hablar (¡qué escena tan impresionante!). Y le dio a su madre (ya podía secar sus lágrimas; además, representa la gran reunión en aquel día futuro que se llevará a cabo en el Cielo entre nuestros seres queridos).
16 Y todos tuvieron miedo (tal poder era incomprensible): y Glorificaban a Dios (todo lo que Jesús hizo trajo Gloria a Dios), diciendo, Que un gran Profeta se ha levantado entre nosotros (en esta parte, estaban en lo correcto, pero sólo a medias; Él era Dios y, por lo tanto, su Mesías, pero no podían comprenderlo); y, Que Dios ha visitado a su pueblo (proclama una Verdad, pero que va más allá de lo que podían imaginarse).
17 Y salió esta fama de Él por toda Judea, y por toda la tierra de alrededor (corresponde al debate sobre Quién era Él realmente; en otras palabras, ¿era Él el Mesías?).
18 Y sus discípulos dieron a Juan las nuevas de todas estas cosas (le contaron a Juan todo en cuanto a Cristo).

JUAN EL BAUTISTA
19 Y llamó Juan a dos de sus discípulos y envió a Jesús, diciendo: ¿Eres Tú Aquél que había de venir, o esperaremos a otro? (A veces, la Fe vacila, aun en los más fuertes, como es evidente en Juan. Es sólo el Maestro que nunca se sale del Camino correcto. Es muy posible, que Juan el Bautista estaba perplejo. Si Jesús era realmente el Mesías, ¿por qué no lo salvó de la prisión?)
20 Y cuando los hombres vinieron a Él (a Jesús), dijeron, Juan el Bautista nos ha enviado a Ti, diciendo, ¿Eres Tú Aquél que había de venir, o esperaremos a otro? (Aunque Juan quizá dudó momentáneamente, ninguna crítica es pertinente, ¡como lo destaca la respuesta de Cristo!)
LA RESPUESTA DE JESÚS
21 Y en la misma hora (cuando los discípulos de Juan el Bautista llegaron donde Él estaba) sanó a muchos de enfermedades y plagas, y de espíritus malos; y a muchos ciegos dio la vista (milagros, como milagros, no le acreditaban a Jesús como el Mesías Prometido; lo que sí le acreditó a Él es que obraba los milagros que se predijo en Las Escrituras [Isa. 29:18; 35:4-6; 61:1-3]; el falso profeta también puede hacer milagros asombrosos [Apoc. 13:13]).
22 Y respondiendo Jesús, les dijo (declara que Él no contestó a su pregunta hasta que todos en su derredor habían recibido ya su sanidad y liberación), Id, dad las nuevas a Juan de lo que habéis visto y oído (fueron cosas que jamás se habían "visto ni oído" por generaciones anteriores); que los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos resucitan, a los pobres es anunciado el Evangelio:
23 Y bienaventurado es él (comienza a amonestarle levemente por las preguntas de Juan y, en efecto, fue en forma de Bienaventuranza), que no fuere escandalizado en Mí (que no hallara una sola ocasión de tropiezo en la manera como vino Cristo).
JESÚS HABLA DE JUAN
EL BAUTISTA
24 Y cuando se fueron los mensajeros de Juan, comenzó a hablar de Juan a las gentes (Jesús no quería que la gente tuviera una baja opinión de Juan por haber hecho estas preguntas), ¿Qué salisteis a ver al desierto? ¿Una caña que es agitada por el viento? (Cristo ahora ensalza a Juan como a ningún otro hombre, a pesar de haber dudado momentáneamente.)
25 Mas ¿qué salisteis a ver? ¿Un hombre cubierto de vestidos delicados? (Juan estaba vestido de pelos de camello, una vestidura ordinaria.) He aquí, los que están en vestido precioso, y viven en delicias, en los palacios de los reyes están (si Juan hubiera comprometido su Mensaje, él hubiera sido el predicador de Herodes; en cambio, fue el prisionero de Herodes).
26 Mas ¿qué salisteis a ver? ¿Un Profeta? También os digo, y aun más que Profeta (esta declaración coloca Juan en una categoría única; en ese momento, la gente quizá tenía una baja opinión de él, ¡pero no era así con Dios!).
27 Este es de quien está escrito (Jesús siempre llevaba la gente a la Palabra), He aquí, envío Mi mensajero delante de Tu Faz (ante la Faz de Cristo), el cual preparará Tu camino delante de Ti (Juan el Bautista preparó el Camino para presentar al Señor).
28 Porque os digo, Que entre los nacidos de mujeres no hay mayor Profeta que Juan el Bautista (todos los Profetas de antes dijeron que Jesús estaba por venir; Juan dijo, "He aquí, Él ya está acá" [Jn. 1:29]; presentó a Cristo, lo que le hizo mayor): mas el más pequeño en el Reino de Dios es mayor que él (desde la Cruz, el Nuevo Convenio nos da privilegios mucho más mayores que los que estaban bajo el Antiguo Convenio, del cual Juan formaba parte [Heb. 8:6]).
29 Y todo el pueblo oyéndole, y los Publicanos (recaudadores de impuestos), justificaron a Dios (declara que Dios hizo algo glorioso de enviar a Juan antes de Cristo, para preparar el Camino a Cristo), bautizándose con el bautismo de Juan (el Bautismo del Arrepentimiento; proclama el hecho de que Jesús le dio validez a la Salvación de aquéllos que fueron bautizados por Juan porque se arrepintieron sinceramente).
30 Mas los Fariseos y los Doctores de la Ley (aquéllos que discutían la Ley de Moisés), desecharon el consejo de Dios contra sí mismos, no siendo bautizados de él (rehusaron admitir que tenían necesidad de arrepentirse).
31 Y dice el Señor, ¿A quién, pues, compararé los hombres de esta generación? (Esta fue la generación de Jesús, la que había rechazado tanto el Ministerio de Juan como el Ministerio de Cristo.) ¿y a qué son semejantes? (El Señor contestará a Su Propia Pregunta en los Versículos siguientes.)
32 Semejantes son (los líderes religiosos de Israel) a los muchachos sentados en la plaza, y que dan voces los unos a los otros, y dicen, Os tañimos con flautas, y no bailasteis; os endechamos, y no llorasteis (manifiesta los dos métodos que utilizó el Señor para alcanzar a Israel, Su Ministerio y el Ministerio de Juan el Bautista, los dos no dieron resultado alguno).
33 Porque vino Juan el Bautista, que ni comía pan, ni bebía vino (se refiere al estilo de vida austero de Juan cuando vivía en el desierto); y decís, Demonio tiene (manifiesta la reacción de los líderes religiosos de Israel al Mensaje de Juan que demandaba el Arrepentimiento).
34 Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe (se refiere al estilo de vida de Jesús que era totalmente opuesto al de Juan); y decís, He aquí, un hombre comilón, y bebedor de vino (no era así Jesús, sino lo que se decía que Él era; también afirmaron que Él hizo Sus Milagros por el poder de Satanás), amigo de Publicanos y de pecadores. (En cambio, declararon algo cierto acerca de Jesús. Él era amigo de estos grupos; sin embargo, al ser su "amigo" no quería decir que Él participó en el estilo de vida que llevaban, ni tampoco aprobó de ellos.)
35 Mas la sabiduría es justificada de todos sus hijos (los hijos de la sabiduría en este caso son los dos métodos usados por el Espíritu Santo, es decir, "sabiduría," para alcanzar a Israel; hablamos del Ministerio de Juan el Bautista y de Cristo; Israel rechazó los dos, e Israel se fue a su perdición).
JESÚS Y LA MUJER
36 Y Le rogó uno de los Fariseos, que comiese con él (constituye el enemigo de la "sabiduría" mencionado en el Versículo 35; este incidente es peculiar a Lucas). Y entrado en casa del Fariseo, se sentó a la mesa (indica que no se Le proporcionó a Jesús un lugar prominente en la mesa y, como se dijo, ¡tenía que encontrar su asiento propio, que era un insulto!).
37 Y, he aquí, una mujer que había sido pecadora (no nos da más detalles), en la ciudad (probablemente la ciudad era Naín), cuando entendió que estaba a la mesa en casa de aquel Fariseo (evidentemente ella se había determinado a verle), trajo un alabastro de ungüento (muy costoso, es evidente que era una mujer adinerada; sin embargo, sus riquezas no satisficieron el hambre y la sed en su corazón),
38 Y estando detrás a Sus Pies, comenzó llorando (significaba Arrepentimiento; probablemente había presenciado el Milagro de resucitar al joven de entre los muertos, y quizá había escuchado Su Mensaje a los Fariseos y Doctores de la Ley; Sus Palabras habían encontrado un lugar en su corazón) a regar con lágrimas Sus Pies (fueron lágrimas de dolor y de gozo – dolor por sus pecados, y gozo porque precisamente Éste era Quien podía perdonar sus pecados y, ¡de hecho, Él lo hizo!), y los limpiaba con los cabellos de su cabeza; y besaba Sus Pies (era la costumbre de esa época entre los Judíos, Griegos y Romanos; era una señal de afecto y reverencia), y los ungía con el ungüento (se refiere a Sus Pies; como una pecadora lavó y ungió Sus Pies, de la misma manera los pecadores Le entregaron la única corona que Él usó – una corona de espinas).
39 Y cuando vio esto el Fariseo que le había convidado, habló entre sí (no en voz alta), diciendo, Este Hombre, si fuera Profeta, conocería quién y cuál es la mujer que Le toca, que es pecadora ("Este hombre" juzgaba a Jesús como a la mujer; estaba equivocado en cuanto a ellos dos; ella era una pecadora, el Fariseo, en realidad, era un peor pecador).
40 Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte (el Espíritu Santo Le reveló al Salvador lo que este hombre estaba pensando). Y él dice, Di, Maestro (está entretejido con sarcasmo; por lo tanto, no esperaba las palabras de sabiduría que estaba a punto de recibir; ya había revelado la incredulidad de su corazón al usar las palabras, "Este Hombre, si fuera Profeta . . .").
LA PARÁBOLA
41 Había un cierto acreedor (un prestamista) que tenía dos deudores (personas a quienes se les prestaba dinero): el uno le debía quinientos denarios (unos $20.000 equivalencia de hoy día), y el otro cincuenta (unos $2.000);
42 Y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos (se refiere al prestamista que canceló las deudas). Di, pues, ¿cuál de éstos le amará más? (Aparece el punto principal ilustrado en esta Parábola.)
43 Y respondiendo Simón, dijo, Pienso que aquél al cual perdonó más. Y Él le dijo: Rectamente has juzgado (Jesús le suplicaba a este hombre llegando al mismo nivel suyo).
44 Y vuelto a la mujer (registra la primera instancia que Jesús reconoció a una mujer de modo alguno), dijo a Simón, ¿Ves esta mujer? (¡El Señor se refiere a ella como un trofeo de la Gracia!) Entré en tu casa, no Me diste agua para Mis Pies (revela el insulto estudiado ya observado): mas ésta ha regado Mis Pies con lágrimas, y los ha limpiado con los cabellos.
45 No me diste beso (era una costumbre de aquella época): mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar Mis Pies (Simón no besaba la Faz de Jesús, que denotaba Su Realeza; sin embargo, el Espíritu Santo hizo que la mujer besara los "Pies" de Jesús, que indica Su Autoridad, Poder y Gobierno).
46 No ungiste Mi Cabeza con óleo (expresa otra costumbre de esa época): mas ésta ha ungido con ungüento Mis Pies (este acto, llevado a cabo por el Espíritu Santo, significaba que Jesús era el Mesías [Luc. 4:18]).
47 Por lo cual te digo, Que sus muchos pecados, son perdonados (Jesús hacía lo que sólo el Mesías en efecto podía hacer, y lo que Simón negaba hacer, y Jesús ya declaró); porque amó mucho (lo que hace falta para amar mucho no depende de la cantidad de pecados, sino el reconocimiento de que todos los pecados fueron perdonados): mas al que se perdona poco, poco ama (todo Creyente tiene que darse cuenta que fue perdonado mucho; en consecuencia, él amará mucho).
48 Y a ella dijo, Tus pecados te son perdonados (los más culpables quienes creen en Cristo disfrutarán la seguridad de la Salvación y de la conciencia del perdón del pecado).
49 Y los que estaban juntamente sentados a la mesa, comenzaron a decir entre sí, ¿Quién es Éste que también perdona pecados? (Su acto de perdonar a esta mujer, debe haberle dicho a todos ellos y, de hecho, sí les dijo a ellos que Él era el Mesías.)
50 Y dijo a la mujer, Tu Fe te ha Salvado (Jesús no le dijo a la mujer, "tu amor te ha salvado" o "tus lágrimas te han salvado," sino, "tu Fe te ha Salvado"), ve en paz (debiera traducirse, "vaya en paz"; esta es la paz que resulta de la justificación, que significa que esta mujer fue justificada delante de Dios por su Fe en Cristo).


Primera Corintios Capítulo 13:



Si hablo en lenguas humanas y angelicales, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido. Si tengo el don de profecía y entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento, y si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no soy nada. Si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y si entrego mi cuerpo para que lo consuman las llamas, pero no tengo amor, nada gano con eso. El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor jamás se extingue, mientras que el don de profecía cesará, el de lenguas será silenciado y el de conocimiento desaparecerá. Porque conocemos y profetizamos de manera imperfecta; pero cuando llegue lo perfecto, lo imperfecto desaparecerá. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; cuando llegué a ser adulto, dejé atrás las cosas de niño. Ahora vemos de manera indirecta y velada, como en un espejo; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de manera imperfecta, pero entonces conoceré tal y como soy conocido. Ahora, pues, permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más excelente de ellas es el amor.


Hebreos 10:35-12:4



Así que no pierdan la confianza, porque ésta será grandemente recompensada. Ustedes necesitan perseverar para que, después de haber cumplido la voluntad de Dios, reciban lo que él ha prometido. Pues dentro de muy poco tiempo, "el que ha de venir vendrá, y no tardará. Pero mi justo vivirá por la fe. Y si se vuelve atrás, no será de mi agrado." Pero nosotros no somos de los que se vuelven atrás y acaban por perderse, sino de los que tienen fe y preservan su vida. Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve. Gracias a ella fueron aprobados los antiguos. Por la fe entendemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo visible no provino de lo que se ve. Por la fe Abel ofreció a Dios un sacrificio más aceptable que el de Caín, por lo cual recibió testimonio de ser justo, pues Dios aceptó su ofrenda. Y por la fe Abel, a pesar de estar muerto, habla todavía. Por la fe Enoc fue sacado de este mundo sin experimentar la muerte; no fue hallado porque Dios se lo llevó, pero antes de ser llevado recibió testimonio de haber agradado a Dios. En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan. Por la fe Noé, advertido sobre cosas que aún no se veían, con temor reverente construyó un arca para salvar a su familia. Por esa fe condenó al mundo y llegó a ser heredero de la justicia que viene por la fe. Por la fe Abraham, cuando fue llamado para ir a un lugar que más tarde recibiría como herencia, obedeció y salió sin saber a dónde iba. Por la fe se radicó como extranjero en la tierra prometida, y habitó en tiendas de campaña con Isaac y Jacob, herederos también de la misma promesa, porque esperaba la ciudad de cimientos sólidos, de la cual Dios es arquitecto y constructor. Por la fe Abraham, a pesar de su avanzada edad y de que Sara misma era estéril, recibió fuerza para tener hijos, porque consideró fiel al que le había hecho la promesa. Así que de este solo hombre, ya en decadencia, nacieron descendientes numerosos como las estrellas del cielo e incontables como la arena a la orilla del mar. Todos ellos vivieron por la fe, y murieron sin haber recibido las cosas prometidas; más bien, las reconocieron a lo lejos, y confesaron que eran extranjeros y peregrinos en la tierra. Al expresarse así, claramente dieron a entender que andaban en busca de una patria. Si hubieran estado pensando en aquella patria de donde habían emigrado, habrían tenido oportunidad de regresar a ella. Antes bien, anhelaban una patria mejor, es decir, la celestial. Por lo tanto, Dios no se avergonzó de ser llamado su Dios, y les preparó una ciudad. Por la fe Abraham, que había recibido las promesas, fue puesto a prueba y ofreció a Isaac, su hijo único, a pesar de que Dios le había dicho: "Tu descendencia se establecerá por medio de Isaac." Consideraba Abraham que Dios tiene poder hasta para resucitar a los muertos, y así, en sentido figurado, recobró a Isaac de entre los muertos. Por la fe Isaac bendijo a Jacob y a Esaú, previendo lo que les esperaba en el futuro. Por la fe Jacob, cuando estaba a punto de morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyándose en la punta de su bastón. Por la fe José, al fin de su vida, se refirió a la salida de los israelitas de Egipto y dio instrucciones acerca de sus restos mortales. Por la fe Moisés, recién nacido, fue escondido por sus padres durante tres meses, porque vieron que era un niño precioso, y no tuvieron miedo del edicto del rey. Por la fe Moisés, ya adulto, renunció a ser llamado hijo de la hija del faraón. Prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar de los efímeros placeres del pecado. Consideró que el oprobio por causa del Mesías era una mayor riqueza que los tesoros de Egipto, porque tenía la mirada puesta en la recompensa. Por la fe salió de Egipto sin tenerle miedo a la ira del rey, pues se mantuvo firme como si estuviera viendo al Invisible. Por la fe celebró la Pascua y el rociamiento de la sangre, para que el exterminador de los primogénitos no tocara a los de Israel. Por la fe el pueblo cruzó el Mar Rojo como por tierra seca; pero cuando los egipcios intentaron cruzarlo, se ahogaron. Por la fe cayeron las murallas de Jericó, después de haber marchado el pueblo siete días a su alrededor. Por la fe la prostituta Rahab no murió junto con los desobedientes, pues había recibido en paz a los espías. ¿Qué más voy a decir? Me faltaría tiempo para hablar de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas, los cuales por la fe conquistaron reinos, hicieron justicia y alcanzaron lo prometido; cerraron bocas de leones, apagaron la furia de las llamas y escaparon del filo de la espada; sacaron fuerzas de flaqueza; se mostraron valientes en la guerra y pusieron en fuga a ejércitos extranjeros. Hubo mujeres que por la resurrección recobraron a sus muertos. Otros, en cambio, fueron muertos a golpes, pues para alcanzar una mejor resurrección no aceptaron que los pusieran en libertad. Otros sufrieron la prueba de burlas y azotes, e incluso de cadenas y cárceles. Fueron apedreados, aserrados por la mitad, asesinados a filo de espada. Anduvieron fugitivos de aquí para allá, cubiertos de pieles de oveja y de cabra, pasando necesidades, afligidos y maltratados. ¡El mundo no merecía gente así! Anduvieron sin rumbo por desiertos y montañas, por cuevas y cavernas. Aunque todos obtuvieron un testimonio favorable mediante la fe, ninguno de ellos vio el cumplimiento de la promesa. Esto sucedió para que ellos no llegaran a la meta sin nosotros, pues Dios nos había preparado algo mejor. Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo. En la lucha que ustedes libran contra el pecado, todavía no han tenido que resistir hasta derramar su sangre.

Romanos 8:



Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte. En efecto, la ley no pudo liberarnos porque la naturaleza pecaminosa anuló su poder; por eso Dios envió a su propio Hijo en condición semejante a nuestra condición de pecadores, para que se ofreciera en sacrificio por el pecado. Así condenó Dios al pecado en la naturaleza humana, a fin de que las justas demandas de la ley se cumplieran en nosotros, que no vivimos según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu. Los que viven conforme a la naturaleza pecaminosa fijan la mente en los deseos de tal naturaleza; en cambio, los que viven conforme al Espíritu fijan la mente en los deseos del Espíritu. La mentalidad pecaminosa es muerte, mientras que la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz. La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo. Los que viven según la naturaleza pecaminosa no pueden agradar a Dios. Sin embargo, ustedes no viven según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios vive en ustedes. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo. Pero si Cristo está en ustedes, el cuerpo está muerto a causa del pecado, pero el Espíritu que está en ustedes es vida a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en ustedes. Por tanto, hermanos, tenemos una obligación, pero no es la de vivir conforme a la naturaleza pecaminosa. Porque si ustedes viven conforme a ella, morirán; pero si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: "¡Abba! ¡Padre!" El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria. De hecho, considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros. La creación aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de Dios, porque fue sometida a la frustración. Esto no sucedió por su propia voluntad, sino por la del que así lo dispuso. Pero queda la firme esperanza de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera dolores de parto. Y no sólo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esa esperanza fuimos salvados. Pero la esperanza que se ve, ya no es esperanza. ¿Quién espera lo que ya tiene? Pero si esperamos lo que todavía no tenemos, en la espera mostramos nuestra constancia. Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios. Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito. Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. A los que predestinó, también los llamó; a los que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó. ¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas? ¿Quién acusará a los que Dios ha escogido? Dios es el que justifica. ¿Quién condenará? Cristo Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros. ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia? Así está escrito: "Por tu causa nos vemos amenazados de muerte todo el día; nos tratan como a ovejas destinadas al matadero." Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.

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