20 November 2018

El 20 de noviembre Lectura Bíblica Diaria

Mensaje de la Cruz de Cristo Jesús-Capítulo-1
SonlifeTV.com/español
 
El 20 de noviembre Lectura Bíblica Diaria:

Ezequiel 38 - 40 (RV1960):


Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Hijo de hombre, pon tu rostro contra Gog en tierra de Magog, príncipe soberano de Mesec y Tubal, y profetiza contra él, y di: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, yo estoy contra ti, oh Gog, príncipe soberano de Mesec y Tubal. Y te quebrantaré, y pondré garfios en tus quijadas, y te sacaré a ti y a todo tu ejército, caballos y jinetes, de todo en todo equipados, gran multitud con paveses y escudos, teniendo todos ellos espadas; Persia, Cus y Fut con ellos; todos ellos con escudo y yelmo; Gomer, y todas sus tropas; la casa de Togarma, de los confines del norte, y todas sus tropas; muchos pueblos contigo. Prepárate y apercíbete, tú y toda tu multitud que se ha reunido a ti, y sé tú su guarda. De aquí a muchos días serás visitado; al cabo de años vendrás a la tierra salvada de la espada, recogida de muchos pueblos, a los montes de Israel, que siempre fueron una desolación; mas fue sacada de las naciones, y todos ellos morarán confiadamente. Subirás tú, y vendrás como tempestad; como nublado para cubrir la tierra serás tú y todas tus tropas, y muchos pueblos contigo. Así ha dicho Jehová el Señor: En aquel día subirán palabras en tu corazón, y concebirás mal pensamiento, y dirás: Subiré contra una tierra indefensa, iré contra gentes tranquilas que habitan confiadamente; todas ellas habitan sin muros, y no tienen cerrojos ni puertas; para arrebatar despojos y para tomar botín, para poner tus manos sobre las tierras desiertas ya pobladas, y sobre el pueblo recogido de entre las naciones, que se hace de ganado y posesiones, que mora en la parte central de la tierra. Sabá y Dedán, y los mercaderes de Tarsis y todos sus príncipes, te dirán: ¿Has venido a arrebatar despojos? ¿Has reunido tu multitud para tomar botín, para quitar plata y oro, para tomar ganados y posesiones, para tomar grandes despojos? Por tanto, profetiza, hijo de hombre, y dí a Gog: Así ha dicho Jehová el Señor: En aquel tiempo, cuando mi pueblo Israel habite con seguridad, ¿no lo sabrás tú? Vendrás de tu lugar, de las regiones del norte, tú y muchos pueblos contigo, todos ellos a caballo, gran multitud y poderoso ejército, y subirás contra mi pueblo Israel como nublado para cubrir la tierra; será al cabo de los días; y te traeré sobre mi tierra, para que las naciones me conozcan, cuando sea santificado en ti, oh Gog, delante de sus ojos. Así ha dicho Jehová el Señor: ¿No eres tú aquel de quien hablé yo en tiempos pasados por mis siervos los profetas de Israel, los cuales profetizaron en aquellos tiempos que yo te había de traer sobre ellos? En aquel tiempo, cuando venga Gog contra la tierra de Israel, dijo Jehová el Señor, subirá mi ira y mi enojo. Porque he hablado en mi celo, y en el fuego de mi ira: Que en aquel tiempo habrá gran temblor sobre la tierra de Israel; que los peces del mar, las aves del cielo, las bestias del campo y toda serpiente que se arrastra sobre la tierra, y todos los hombres que están sobre la faz de la tierra, temblarán ante mi presencia; y se desmoronarán los montes, y los vallados caerán, y todo muro caerá a tierra. Y en todos mis montes llamaré contra él la espada, dice Jehová el Señor; la espada de cada cual será contra su hermano. Y yo litigaré contra él con pestilencia y con sangre; y haré llover sobre él, sobre sus tropas y sobre los muchos pueblos que están con él, impetuosa lluvia, y piedras de granizo, fuego y azufre. Y seré engrandecido y santificado, y seré conocido ante los ojos de muchas naciones; y sabrán que yo soy Jehová. Tú pues, hijo de hombre, profetiza contra Gog, y di: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo estoy contra ti, oh Gog, príncipe soberano de Mesec y Tubal. Y te quebrantaré, y te conduciré y te haré subir de las partes del norte, y te traeré sobre los montes de Israel; y sacaré tu arco de tu mano izquierda, y derribaré tus saetas de tu mano derecha. Sobre los montes de Israel caerás tú y todas tus tropas, y los pueblos que fueron contigo; a aves de rapiña de toda especie, y a las fieras del campo, te he dado por comida. Sobre la faz del campo caerás; porque yo he hablado, dice Jehová el Señor. Y enviaré fuego sobre Magog, y sobre los que moran con seguridad en las costas; y sabrán que yo soy Jehová. Y haré notorio mi santo nombre en medio de mi pueblo Israel, y nunca más dejaré profanar mi santo nombre; y sabrán las naciones que yo soy Jehová, el Santo en Israel. He aquí viene, y se cumplirá, dice Jehová el Señor; este es el día del cual he hablado. Y los moradores de las ciudades de Israel saldrán, y encenderán y quemarán armas, escudos, paveses, arcos y saetas, dardos de mano y lanzas; y los quemarán en el fuego por siete años. No traerán leña del campo, ni cortarán de los bosques, sino quemarán las armas en el fuego; y despojarán a sus despojadores, y robarán a los que les robaron, dice Jehová el Señor. En aquel tiempo yo daré a Gog lugar para sepultura allí en Israel, el valle de los que pasan al oriente del mar; y obstruirá el paso a los transeúntes, pues allí enterrarán a Gog y a toda su multitud; y lo llamarán el Valle de Hamón-gog. Y la casa de Israel los estará enterrando por siete meses, para limpiar la tierra. Los enterrará todo el pueblo de la tierra; y será para ellos célebre el día en que yo sea glorificado, dice Jehová el Señor. Y tomarán hombres a jornal que vayan por el país con los que viajen, para enterrar a los que queden sobre la faz de la tierra, a fin de limpiarla; al cabo de siete meses harán el reconocimiento. Y pasarán los que irán por el país, y el que vea los huesos de algún hombre pondrá junto a ellos una señal, hasta que los entierren los sepultureros en el valle de Hamón-gog. Y también el nombre de la ciudad será Hamona; y limpiarán la tierra. Y tú, hijo de hombre, así ha dicho Jehová el Señor: Dí a las aves de toda especie, y a toda fiera del campo: Juntaos, y venid; reuníos de todas partes a mi víctima que sacrifico para vosotros, un sacrificio grande sobre los montes de Israel; y comeréis carne y beberéis sangre. Comeréis carne de fuertes, y beberéis sangre de príncipes de la tierra; de carneros, de corderos, de machos cabríos, de bueyes y de toros, engordados todos en Basán. Comeréis grosura hasta saciaros, y beberéis hasta embriagaros de sangre de las víctimas que para vosotros sacrifiqué. Y os saciaréis sobre mi mesa, de caballos y de jinetes fuertes y de todos los hombres de guerra, dice Jehová el Señor. Y pondré mi gloria entre las naciones, y todas las naciones verán mi juicio que habré hecho, y mi mano que sobre ellos puse. Y de aquel día en adelante sabrá la casa de Israel que yo soy Jehová su Dios. Y sabrán las naciones que la casa de Israel fue llevada cautiva por su pecado, por cuanto se rebelaron contra mí, y yo escondí de ellos mi rostro, y los entregué en manos de sus enemigos, y cayeron todos a espada. Conforme a su inmundicia y conforme a sus rebeliones hice con ellos, y de ellos escondí mi rostro. Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: Ahora volveré la cautividad de Jacob, y tendré misericordia de toda la casa de Israel, y me mostraré celoso por mi santo nombre. Y ellos sentirán su vergüenza, y toda su rebelión con que prevaricaron contra mí, cuando habiten en su tierra con seguridad, y no haya quien los espante; cuando los saque de entre los pueblos, y los reúna de la tierra de sus enemigos, y sea santificado en ellos ante los ojos de muchas naciones. Y sabrán que yo soy Jehová su Dios, cuando después de haberlos llevado al cautiverio entre las naciones, los reúna sobre su tierra, sin dejar allí a ninguno de ellos. Ni esconderé más de ellos mi rostro; porque habré derramado de mi Espíritu sobre la casa de Israel, dice Jehová el Señor. En el año veinticinco de nuestro cautiverio, al principio del año, a los diez días del mes, a los catorce años después que la ciudad fue conquistada, en aquel mismo día vino sobre mí la mano de Jehová, y me llevó allá. En visiones de Dios me llevó a la tierra de Israel, y me puso sobre un monte muy alto, sobre el cual había un edificio parecido a una gran ciudad, hacia la parte sur. Me llevó allí, y he aquí un varón, cuyo aspecto era como aspecto de bronce; y tenía un cordel de lino en su mano, y una caña de medir; y él estaba a la puerta. Y me habló aquel varón, diciendo: Hijo de hombre, mira con tus ojos, y oye con tus oídos, y pon tu corazón a todas las cosas que te muestro; porque para que yo te las mostrase has sido traído aquí. Cuenta todo lo que ves a la casa de Israel. Y he aquí un muro fuera de la casa; y la caña de medir que aquel varón tenía en la mano era de seis codos de a codo y palmo menor; y midió el espesor del muro, de una caña, y la altura, de otra caña. Después vino a la puerta que mira hacia el oriente, y subió por sus gradas, y midió un poste de la puerta, de una caña de ancho, y el otro poste, de otra caña de ancho. Y cada cámara tenía una caña de largo, y una caña de ancho; y entre las cámaras había cinco codos de ancho; y cada poste de la puerta junto a la entrada de la puerta por dentro, una caña. Midió asimismo la entrada de la puerta por dentro, una caña. Midió luego la entrada del portal, de ocho codos, y sus postes de dos codos; y la puerta del portal estaba por el lado de adentro. Y la puerta oriental tenía tres cámaras a cada lado, las tres de una medida; también de una medida los portales a cada lado. Midió el ancho de la entrada de la puerta, de diez codos, y la longitud del portal, de trece codos. El espacio delante de las cámaras era de un codo a un lado, y de otro codo al otro lado; y cada cámara tenía seis codos por un lado, y seis codos por el otro. Midió la puerta desde el techo de una cámara hasta el techo de la otra, veinticinco codos de ancho, puerta contra puerta. Y midió los postes, de sesenta codos, cada poste del atrio y del portal todo en derredor. Y desde el frente de la puerta de la entrada hasta el frente de la entrada de la puerta interior, cincuenta codos. Y había ventanas estrechas en las  cámaras, y en sus portales por dentro de la puerta alrededor, y asimismo en los corredores; y las ventanas estaban alrededor por dentro; y en cada poste había palmeras. Me llevó luego al atrio exterior, y he aquí había cámaras, y estaba enlosado todo en derredor; treinta cámaras había alrededor en aquel atrio. El enlosado a los lados de las puertas, en proporción a la longitud de los portales, era el enlosado más bajo. Y midió la anchura desde el frente de la puerta de abajo hasta el frente del atrio interior por fuera, de cien codos hacia el oriente y el norte. Y de la puerta que estaba hacia el norte en el atrio exterior, midió su longitud y su anchura. Sus cámaras eran tres de un lado, y tres del otro; y sus postes y sus arcos eran como la medida de la puerta primera: cincuenta codos de longitud, y veinticinco de ancho. Y sus ventanas y sus arcos y sus palmeras eran conforme a la medida de la puerta que estaba hacia el oriente; y se subía a ella por siete gradas, y delante de ellas estaban sus arcos. La puerta del atrio interior estaba enfrente de la puerta hacia el norte, y así al oriente; y midió de puerta a puerta, cien codos. Me llevó después hacia el sur, y he aquí una puerta hacia el sur; y midió sus portales y sus arcos conforme a estas medidas. Y tenía sus ventanas y sus arcos alrededor, como las otras ventanas; la longitud era de cincuenta codos, y el ancho de veinticinco codos. Sus gradas eran de siete peldaños, con sus arcos delante de ellas; y tenía palmeras, una de un lado, y otra del otro lado, en sus postes. Había también puerta hacia el sur del atrio interior; y midió de puerta a  puerta hacia el sur cien codos. Me llevó después en el atrio de adentro a la puerta del sur, y midió la puerta del sur conforme a estas medidas. Sus cámaras y sus postes y sus arcos eran conforme a estas medidas, y tenía sus ventanas y sus arcos alrededor; la longitud era de cincuenta codos, y de veinticinco codos el ancho. Los arcos alrededor eran de veinticinco codos de largo, y cinco codos de ancho. Y sus arcos caían afuera al atrio, con palmeras en sus postes; y sus gradas eran de ocho peldaños. Y me llevó al atrio interior hacia el oriente, y midió la puerta conforme a estas medidas. Eran sus cámaras y sus postes y sus arcos conforme a estas medidas, y tenía sus ventanas y sus arcos alrededor; la longitud era de cincuenta codos, y la anchura de veinticinco codos. Y sus arcos caían afuera al atrio, con palmeras en sus postes de un lado y de otro; y sus gradas eran de ocho peldaños. Me llevó luego a la puerta del norte, y midió conforme a estas medidas; sus cámaras, sus postes, sus arcos y sus ventanas alrededor; la longitud era de cincuenta codos, y de veinticinco codos el ancho. Sus postes caían afuera al atrio, con palmeras a cada uno de sus postes de un lado y de otro; y sus gradas eran de ocho peldaños. Y había allí una cámara, y su puerta con postes de portales; allí lavarán el holocausto. Y en la entrada de la puerta había dos mesas a un lado, y otras dos al otro, para degollar sobre ellas el holocausto y la expiación y el sacrificio por el pecado. A un lado, por fuera de las gradas, a la entrada de la puerta del norte, había dos mesas; y al otro lado que estaba a la entrada de la puerta, dos mesas. Cuatro mesas a un lado, y cuatro mesas al otro lado, junto a la puerta; ocho mesas, sobre las cuales degollarán las víctimas. Las cuatro mesas para el holocausto eran de piedra labrada, de un codo y medio de longitud, y codo y medio de ancho, y de un codo de altura; sobre éstas pondrán los utensilios con que degollarán el holocausto y el sacrificio. Y adentro, ganchos, de un palmo menor, dispuestos en derredor; y sobre las mesas la carne de las víctimas. Y fuera de la puerta interior, en el atrio de adentro que estaba al lado de la puerta del norte, estaban las cámaras de los cantores, las cuales miraban hacia el sur; una estaba al lado de la puerta del oriente que miraba hacia el norte. Y me dijo: Esta cámara que mira hacia el sur es de los sacerdotes que hacen la guardia del templo. Y la cámara que mira hacia el norte es de los sacerdotes que hacen la guardia del altar; estos son los hijos de Sadoc, los cuales son llamados de los hijos de Leví para ministrar a Jehová. Y midió el atrio, cien codos de longitud, y cien codos de anchura; era cuadrado; y el altar estaba delante de la casa. Y me llevó al pórtico del templo, y midió cada poste del pórtico, cinco codos de un lado, y cinco codos de otro; y la anchura de la puerta tres codos de un lado, y tres codos de otro. La longitud del pórtico, veinte codos, y el ancho once codos, al cual subían por gradas; y había columnas junto a los postes, una de un lado, y otra de otro. 

Salmo 41 (RVC):
¡Dichoso aquél que piensa en los pobres! En los días malos el Señor lo ayudará. El Señor lo cuidará y le dará vida, lo hará vivir feliz en la tierra, y no lo dejará caer en manos de sus enemigos. Cuando esté enfermo, el Señor lo sustentará; suavizará sus males mientras recobra la salud. Yo le pido al Señor que me tenga compasión, que me sane, pues he pecado contra él. Mis enemigos hablan mal de mí, y dicen: «¿Cuándo morirá? ¿Cuándo será olvidado?» Si vienen a verme, sólo dicen sandeces; guardan en su mente las malas noticias, y en cuanto salen a la calle las divulgan. Todos los que me odian se unen contra mí y sólo piensan malas cosas. Hasta dicen: «Lo que tiene es cosa del demonio; cayó en cama, y no volverá a levantarse.» Aun mi mejor amigo, en quien yo confiaba, el que comía conmigo, me ha traicionado. Pero tú, Señor, ¡ten compasión de mí! ¡devuélveme la salud, y les daré su merecido! Con esto sabré que soy de tu agrado: si mi enemigo no llega a burlarse de mí. Y a mí, ¡sosténme por causa de mi integridad! ¡permíteme estar en tu presencia para siempre! ¡Bendito sea el Señor, el Dios de Israel, Por los siglos de los siglos! ¡Amén y Amén! 


Proverbios 29 (RVC):
El que se empecina ante la reprensión acabará en la ruina pronto y sin remedio. Cuando los justos triunfan, el pueblo se alegra; cuando gobierna el impío, el pueblo gime. El que ama la sabiduría alegra a su padre; el que frecuenta rameras dilapida sus bienes. Con justicia, el rey afirma la tierra; la destruye el que impone tributos. El que prodiga lisonjas a su prójimo sólo está tendiéndole una trampa. El pecado del malvado es su propia trampa, pero el justo canta y vive feliz. El justo hace suya la causa de los pobres; de esto, el impío no entiende nada. Los burlones pueden azuzar a toda una ciudad, pero los sabios saben calmar los ánimos. Cuando el sabio entra en pleito con el necio, el necio no deja de reírse ni de burlarse. Los homicidas odian al hombre cabal, pero los hombres honrados buscan su bien. El necio da rienda suelta a su enojo, pero el sabio sabe cómo calmarlo. Cuando un gobernante hace caso de mentiras, todos sus servidores se vuelven corruptos. El pobre y el usurero coinciden en algo: el Señor da luz a los ojos de ambos. El trono del rey se afirma para siempre, si éste juzga a los pobres con la verdad. La vara y la corrección imparten sabiduría, pero el hijo consentido avergüenza a su madre. Si aumentan los impíos, aumenta el pecado, pero los justos los verán fracasar. Corrige a tu hijo, y vivirás tranquilo, y a ti mismo te dará grandes alegrías. Cuando no hay visión, el pueblo se desvía; ¡dichoso aquél que obedece la ley! Al siervo no se le corrige con palabras, porque entiende pero no hace caso. Fíjate en la gente que habla a la ligera: ¡más se espera del necio que de esa gente! Si desde niño el amo consiente al siervo, al final el siervo será su amo. El hombre irascible suscita contiendas, y el hombre violento comete muchos pecados. La soberbia humilla al hombre; al humilde de espíritu lo sostiene la honra. El cómplice del ladrón se odia a sí mismo, pues oye la imprecación y guarda silencio. El miedo a los hombres es una trampa, pero el que confía en el Señor es exaltado. Muchos buscan el favor del gobernante, pero la sentencia de cada uno viene del Señor. Para los justos, los malvados son repugnantes; para los malvados, los repugnantes son los justos.



El Libro de Los Hechos Capítulo 15 del Nuevo Testamento del Expositor por Jimmy Swaggart:




LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES





CAPÍTULO 15
(51 d.C.)
EL CONCILIO


ENTONCES algunos que venían de Judea enseñaban a los Hermanos (presenta la crisis más grande de la Iglesia Primitiva), Que si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos (intentaban refutar el Mensaje de Pablo acerca de la Gracia por la Fe; en otras palabras, intentaban eludir la Cruz, tratando de agregar la Ley de Moisés al Evangelio de la Gracia).
2 Así que, suscitada una disensión y contienda no pequeña a Pablo y a Bernabé contra ellos (parece indicar que estos hombres vinieron a Antioquía no mucho después de que Pablo y Bernabé habían regresado de su primer viaje Misionero), ellos (los Ancianos de la Iglesia en Antioquía) determinaron que subiesen Pablo y Bernabé a Jerusalén, y algunos otros de ellos, a los Apóstoles y a los Ancianos, sobre esta cuestión (sin duda se refiere al viaje mencionado por Pablo en Gál. 2:1-10).
3 Ellos, pues, habiendo sido acompañados de la Iglesia (quiere decir que la Iglesia en Antioquía pagó los gastos de los Hermanos con respecto a este viaje), pasaron por la Fenicia y Samaria, contando la conversión de los Gentiles (indica que se detuvieron para visitar las Iglesias en toda su trayectoria): y daban gran gozo a todos los Hermanos (parece indicar que los Judaizantes no habían traído su doctrina falsa a estas Iglesias).
4 Y llegados a Jerusalén, fueron recibidos de la Iglesia (indica que fueron recibidos con los brazos abiertos) y de los Apóstoles (se refiere a los Doce, menos Santiago el hermano de Juan que había sido martirizado) y de los Ancianos (otros Predicadores), y  refirieron todas las cosas que Dios había hecho con ellos (dio un informe de su reciente viaje de Misiones).
5 Mas algunos de la secta de los Fariseos, que habían creído (se refiere a ellos como haber aceptado a Cristo como su Salvador; estaban en la Iglesia en Jerusalén), se levantaron, diciendo, Que es necesario circuncidarlos, y mandarles que guarden la Ley de Moisés (se refiere a los nuevos convertidos; ésta era la gran controversia; aunque éste era un grupo diferente, era el mismo mensaje erróneo).
6 Y se juntaron los Apóstoles y los Ancianos para conocer de este asunto (no era una reunión cerrada, sino más bien llevada a cabo delante de muchos Creyentes).
PEDRO
7 Y habiendo habido grande contienda (mucha interrogativa y discusión), levantándose Pedro, les dijo (describe al Apóstol, por lo menos ahora y en esta reunión en particular, en la posición de Líder), Varones Hermanos, vosotros sabéis cómo ya hace algún tiempo que Dios escogió que los Gentiles oyesen por mi boca la Palabra del Evangelio, y creyesen (se remonta a unos diez a doce años antes a la experiencia de Pedro con Cornelio [Hch., cap. 10]).
8 Y Dios, que conoce los corazones (habla de esta acción concerniente a Cornelio que es del Señor y no de Pedro), les dio testimonio (atestiguado a la validez de su conversión), dándoles el Espíritu Santo también como a nosotros (todo esto sin Circuncisión ni por guardar la Ley);
9 Y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos (en otras palabras, estos Gentiles fueron tan salvos como los Judíos, y sin todas las Leyes de los Judíos), purificando con la Fe sus corazones (la Fe en Cristo y la Fe en Cristo solamente, no por guardar la Ley).
10 Ahora pues, ¿por qué tentáis a Dios (pone en duda lo que Dios ha hecho), poniendo sobre la cerviz de los Discípulos (los seguidores de Cristo) yugo, que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar? (Pedro no hablaba despectivamente de la Ley de Moisés, pero declaraba que sus demandas para cumplirla estaban más allá de la capacidad de los seres humanos debido a la condición caída del hombre.)
11 Antes (los Apóstoles) por la Gracia del Señor Jesús creemos que seremos Salvos (sin guardar la Ley), como también ellos (así como los Gentiles).
LOS GENTILES
12 Entonces toda la multitud calló (se refiere a la introducción de Bernabé y Pablo al auditorio), y oyeron a Bernabé y a Pablo (Bernabé es puesto en la lista primero porque era conocido en la Iglesia de Jerusalén; es probable que habló primero), que contaban cuán grandes maravillas y señales Dios había hecho por ellos entre los Gentiles (simplemente dieron un relato, lo cual se refiere a que Pablo y Bernabé predicaron acerca de la Gracia y la Fe a los Gentiles, y no predicaban la Ley del todo; Dios lo honró concediéndoles señales y maravillas, que no sería el caso si Él estuviera desagradado).
13 Y después que hubieron callado (al concluir sus comentarios), Santiago respondió, diciendo, Varones Hermanos, oídme (presenta al Hermano del Señor como el Anciano que presidía en la Iglesia de Jerusalén):
14 Simón (Pedro) ha contado cómo Dios primero visitó a los Gentiles (se refiere a la conversión de Cornelio y toda su casa), para tomar de ellos pueblo para Su Nombre (lo presenta como el plan de Dios, ¡lo cual seguramente lo era!).
15 Y con esto concuerdan las palabras de los Profetas (Santiago apela directamente a la Palabra de Dios, la cual verifica todo lo que habían dicho); como está escrito (Amós 9:11),
16 Después de esto volveré (habla de la Edad de la Iglesia y de la Segunda Venida del Señor) y restauraré la Habitación de David, que estaba caída; y repararé sus ruinas, y la volveré a levantar (habla de la restauración de Israel y de la Edad del Reino venidero, al cual todos sus Profetas declaran [Isa. 9:6-7; Dan. 7:13-14; Hos. 3:4-5; Luc. 1:32-33; Rom., caps. 9-11; Apoc. 11:15; 20:1-10; 22:4-5]):
17 Para que el resto de los hombres busque al Señor, y todos los Gentiles (una cosecha mundial de almas durante la Edad del Reino), sobre los cuales es llamado Mi Nombre, Dice el Señor (se refiere al mundo Gentil que ha sido favorable hacia al Señor hasta cierto grado), que hace todas estas cosas (se refiere al Poder de Dios para hacer todo esto).
18 Conocidas son a Dios desde el siglo todas Sus obras (el Plan de Dios con respecto a la familia humana fue conocido desde el comienzo del mundo [Gén., cap. 4]).
19 Por lo cual yo juzgo (hubiera sido mejor traducido, Yo creo que es bueno), que los que de los Gentiles se convierten a Dios, no han de ser molestados (conlleva la idea de que no tiene sentido alguno demandar ciertas otras cosas de ellos, afirmando que ciertas cosas son necesarias para ser salvos, ¡cuando en realidad la gente ya son salvas!):
20 Sino escribirles que se aparten de las contaminaciones de los ídolos (era muy común en el mundo pagano de aquel entonces), y de fornicación (todas formas de inmoralidad), y de ahogado (que se refiere a la sangre que no está apropiadamente drenada de la carne), y de sangre (no comer la sangre, una práctica común entre los paganos de ese tiempo; en todo caso, no se debía embeber la sangre, mas no se refiere a la transfusión; el hombre es salvo por la Sangre derramada de Cristo, en consecuencia la sangre debe tratarse como corresponde).
21 Porque Moisés desde los tiempos antiguos tiene en cada ciudad quien le predique en las Sinagogas, donde es leído cada Sábado (los Gentiles que deseaban conocer más sobre la Ley de Moisés sólo necesitaban ir a una de las Sinagogas en el Día de Reposo, lo cual era cada Sábado de la semana).
LA DECISIÓN
22 Entonces pareció bien a los Apóstoles y a los Ancianos, con toda la Iglesia, elegir varones de ellos, y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé (expone que toda la Iglesia en Jerusalén, o por lo menos la gran mayoría, estaban de acuerdo totalmente con lo que Santiago había dicho con respecto a los Gentiles y la Ley de Moisés); a Judas que tenía por sobrenombre Barsabas, y a Silas, varones Principales entre los Hermanos (Silas había de jugar un papel muy importante concerniente a su ayuda a Pablo con respecto al futuro del Evangelismo):
23 Y escribir por mano de ellos; Los Apóstoles y los Ancianos y los Hermanos, a los Hermanos de los Gentiles que están en Antioquía, y en Siria, y en Cilicia, salud:
24 Por cuanto hemos oído que algunos que han salido de nosotros, os han molestado con palabras, trastornando vuestras almas (claramente habla de aquellos mencionados en el Versículo 1), mandando circuncidaros y guardar la Ley, a los cuales no Mandamos:
25 Nos ha parecido, congregados en uno (indica la unidad de los Hermanos en Jerusalén), elegir varones, y enviarlos a vosotros con nuestros amados Bernabé y Pablo (hay un afecto y cariño hacia Pablo y Bernabé que lo dice todo),
26 Hombres que han expuesto sus vidas por el Nombre de nuestro Señor Jesucristo (¡nos dice para Quien fue hecho!).
27 Así que, enviamos a Judas y a Silas, los cuales también por palabra os harán saber lo mismo (dos hombres acompañaban esta carta y verificaban su contenido, por lo tanto, ningún falso profeta podía reclamar que la carta fue falsificada, etc.).
28 Que ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros (revela sin lugar a dudas que el  Espíritu Santo había guiado y dirigido este proceso), no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias (cuando los hombres abandonan la Palabra de Dios, entonces se meten en muchos asuntos innecesarios);
29 Que os abstengáis de cosas sacrificadas a ídolos, y de sangre, y de ahogado, y de fornicación: de las cuales cosas si os guardareis, bien haréis. Pasadlo bien.
30 Ellos (posiblemente seis o siete Hermanos) entonces enviados (mandados con un gran amor), descendieron a Antioquía: y juntando la multitud, dieron la Carta (no nos dice cuán grande era la Iglesia en Antioquía; sin embargo, es muy probable que sumaba unos cuantos centenares, siendo así el caso, ellos tendrían que reunirse al aire libre para que se les leyera esta Epístola).
31 La cual, cuando leyeron, fueron gozosos de la consolación (nos dice que la cuestión de la Ley y la Gracia había sido muy seria; ya esto resuelve la disputa, al menos por el momento).
32 Judas también y Silas, como ellos también eran Profetas (quiere decir que ocupaban la Oficina de Profeta [Ef. 4:11]), consolaron y confirmaron a los Hermanos con abundancia de palabra (hablaron a la multitud con palabras de gran ánimo).
33 Y (Judas y Silas) pasando allí algún tiempo, fueron enviados de los Hermanos a los Apóstoles en paz (se refiere a Judas volviendo a Jerusalén, pero no a Silas).
34 Mas a Silas pareció bien el quedarse allí (fue el Espíritu Santo Quien lo conmovió para quedarse en Antioquía).
EL SEGUNDO VIAJE MISIONERO
35 Y Pablo y Bernabé se estaban en Antioquía, enseñando la Palabra del Señor y anunciando el Evangelio con otros muchos (¡esta Iglesia fue muy bendecida!).
36 Y después de algunos días (pudo haber sido tanto como un año), Pablo dijo a Bernabé, Volvamos a visitar a los Hermanos por todas las ciudades en las cuales hemos anunciado la Palabra del Señor, cómo están (se refiere a las Iglesias que habían establecido durante su primer Viaje Misionero).
37 Y Bernabé determinaba que tomasen consigo a Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos (la palabra determinaba implica una acción deliberada, que significa que Bernabé era firme en cuanto a este tema);
38 Mas a Pablo no le parecía bien llevar consigo al que se había apartado de ellos desde Panfilia (sugiere una ruptura), y no había ido con ellos a la obra (no fue con ellos a la obra a la cual Dios les había llamado, como debía).
39 Y hubo tal contención entre ellos (quiere decir disputar al punto de estar airado), que se apartaron el uno del otro (se produjo una ruptura abrupta y severa; y a mí me parece que Bernabé debía consentirle a Pablo; el Espíritu Santo dijo, sepárame a Bernabé y a Pablo para la obra a la cual Yo les he llamado; el Espíritu Santo no mencionó a Marcos): y Bernabé tomando a Marcos, navegó a Chipre (no se volvió a mencionar a Bernabé en el gran Libro de los Hechos, sin embargo hay que reconocer la Piedad y Devoción de este hombre);
PABLO Y SILAS
40 Y Pablo escogiendo a Silas, partió (expresa el comienzo del segundo Viaje Misionero; ésta es la razón por la cual el Espíritu Santo quiso que Silas se quedara en Antioquía) encomendado de los Hermanos a la Gracia del Señor (de todo corazón aprobó el gran Convenio de la Gracia, lo que era absolutamente imprescindible si él había de ayudar a Pablo).
41 Y (Pablo) anduvo por la Siria y la Cilicia, confirmando a las Iglesias (enseñando en cada Iglesia, lo cual obviamente era muy necesario).



Primera Corintios Capítulo 13 (RV1960):
Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve. El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará. Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño. Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido. Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.



Hebreos 10:35-12:4 (RV1960):
No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa. Porque aún un poquito, Y el que ha de venir vendrá, y no tardará. Mas el justo vivirá por fe; Y si retrocediere, no agradará a mi alma. Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma. Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos. Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía. Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella. Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios. Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan. Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe. Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido. Por lo cual también, de uno, y ése ya casi muerto, salieron como las estrellas del cielo en multitud, y como la arena innumerable que está a la orilla del mar. Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad. Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir. Por la fe bendijo Isaac a Jacob y a Esaú respecto a cosas venideras. Por la fe Jacob, al morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyado sobre el extremo de su bordón. Por la fe José, al morir, mencionó la salida de los hijos de Israel, y dio mandamiento acerca de sus huesos. Por la fe Moisés, cuando nació, fue escondido por sus padres por tres meses, porque le vieron niño hermoso, y no temieron el decreto del rey. Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón. Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible. Por la fe celebró la pascua y la aspersión de la sangre, para que el que destruía a los primogénitos no los tocase a ellos. Por la fe pasaron el Mar Rojo como por tierra seca; e intentando los egipcios hacer lo mismo, fueron ahogados. Por la fe cayeron los muros de Jericó después de rodearlos siete días. Por la fe Rahab la ramera no pereció juntamente con los desobedientes, habiendo recibido a los espías en paz. ¿Y qué más digo? Porque el tiempo me faltaría contando de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, así como de Samuel y de los profetas; que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros. Las mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección; mas otros fueron atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección. Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra. Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros. Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar. Porque aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado;




Romanos 8 (RV1960):
Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros. Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo? Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos. Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos. Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó. ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; Somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro. 

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