05 August 2015

El 5 de Agosto Lectura Bíblica Diaria




El 5 de Agosto Lectura Bíblica Diaria:

2 Reyes 24, 25 a I Crónicas 1:


Durante el reinado de Joacim, lo atacó Nabucodonosor, rey de Babilonia, y lo sometió durante tres años, al cabo de los cuales Joacim decidió rebelarse. Entonces el Señor envió contra Joacim bandas de guerrilleros babilonios, Sirios, moabitas y amonitas. Las envió contra Judá para destruir el país, según la palabra que el Señor había dado a conocer por medio de sus siervos los profetas. De hecho, esto le sucedió a Judá por orden del Señor, para apartar al pueblo de su presencia por los pecados de Manasés y por todo lo que hizo, incluso por haber derramado sangre inocente, con la cual inundó a Jerusalén. Por lo tanto, el Señor no quiso perdonar. Los demás acontecimientos del reinado de Joacim, y todo lo que hizo, están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá. Joacim murió, y su hijo Joaquín lo sucedió en el trono. El rey de Egipto no volvió a hacer campañas militares fuera de su país, pues el rey de Babilonia se había adueñado de todas sus posesiones, desde el río de Egipto hasta el río Éufrates. Joaquín, rey de Judá Joaquín tenía dieciocho años cuando ascendió al trono, y reinó en Jerusalén tres meses. Su madre era Nejustá hija de Elnatán, oriunda de Jerusalén. Joaquín hizo lo que ofende al Señor, tal como lo había hecho su padre. En aquel tiempo, las tropas de Nabucodonosor, rey de Babilonia, marcharon contra Jerusalén y la sitiaron. Cuando ya la tenían cercada, Nabucodonosor llegó a la ciudad. Joaquín, rey de Judá, se rindió, junto con su madre y sus funcionarios, generales y oficiales. Así, en el año octavo de su reinado, el rey de Babilonia capturó a Joaquín. Tal como el Señor lo había anunciado, Nabucodonosor se llevó los tesoros del templo del Señor y del palacio real, partiendo en pedazos todos los utensilios de oro que Salomón, rey de Israel, había hecho para el templo. Además, deportó a todo Jerusalén: a los generales y a los mejores soldados, a los artesanos y a los herreros, un total de diez mil personas. No quedó en el país más que la gente pobre. Nabucodonosor deportó a Joaquín a Babilonia, y también se llevó de Jerusalén a la reina madre, a las mujeres del rey, a sus oficiales y a la flor y nata del país. Deportó además a todos los guerreros, que eran siete mil, y a mil artesanos y herreros, todos aptos para la guerra. El rey de Babilonia se los llevó cautivos a Babilonia. Luego puso como rey a Matanías, tío de Joaquín, y le dio el nombre de Sedequías. Sedequías, rey de Judá Sedequías tenía veintiún años cuando ascendió al trono, y reinó en Jerusalén once años. Su madre se llamaba Jamutal hija de Jeremías, oriunda de Libná. Al igual que Joacim, Sedequías hizo lo que ofende al Señor, a tal grado que el Señor, en su ira, los echó de su presencia. Todo esto sucedió en Jerusalén y en Judá. En el año noveno del reinado de Sedequías, a los diez días del mes décimo, Nabucodonosor, rey de Babilonia, marchó con todo su ejército y atacó a Jerusalén. Acampó frente a la ciudad y construyó una rampa de asalto a su alrededor. La ciudad estuvo sitiada hasta el año undécimo del reinado de Sedequías. A los nueve días del mes cuarto, cuando el hambre se agravó en la ciudad, y no había más alimento para el pueblo, se abrió una brecha en el muro de la ciudad, de modo que, aunque los babilonios la tenían cercada, todo el ejército se escapó de noche por la puerta que estaba entre los dos muros, junto al jardín real. Huyeron camino al Arabá, pero el ejército babilonio persiguió a Sedequías hasta alcanzarlo en la llanura de Jericó. Sus soldados se dispersaron, abandonándolo, y los babilonios lo capturaron. Entonces lo llevaron ante el rey de Babilonia, que estaba en Riblá. Allí Sedequías recibió su sentencia. Ante sus propios ojos degollaron a sus hijos, y después le sacaron los ojos, lo ataron con cadenas de bronce y lo llevaron a Babilonia. A los siete días del mes quinto del año diecinueve del reinado de Nabucodonosor, rey de Babilonia, su ministro Nabuzaradán, que era el comandante de la guardia, fue a Jerusalén y le prendió fuego al templo del Señor, al palacio real y a todas las casas de Jerusalén, incluso a todos los edificios importantes. Entonces el ejército babilonio bajo su mando derribó las murallas que rodeaban la ciudad. Nabuzaradán además deportó a la gente que quedaba en la ciudad, es decir, al resto de la muchedumbre y a los que se habían aliado con el rey de Babilonia. Sin embargo, dejó a algunos de los más pobres para que se encargaran de los viñedos y de los campos. Los babilonios quebraron las columnas de bronce, las bases y la fuente de bronce que estaban en el templo del Señor, y se llevaron todo el bronce a Babilonia. También se llevaron las ollas, las tenazas, las despabiladeras, la vajilla y todos los utensilios de bronce que se usaban para el culto. Además, el comandante de la guardia se apoderó de los incensarios y de los aspersorios, todo lo cual era de oro y de plata. El bronce de las dos columnas, de la fuente y de las bases, que Salomón había hecho para el templo del Señor, era tanto que no se podía pesar. Cada columna medía ocho metros de altura. El capitel de bronce que estaba encima de cada columna medía metro y medio de altura y estaba decorado alrededor con una red y con granadas de bronce. Las dos columnas tenían el mismo adorno. El comandante de la guardia tomó presos a Seraías, sacerdote principal, a Sofonías, sacerdote de segundo rango, y a los tres porteros. De los que quedaban en la ciudad, apresó al oficial encargado de las tropas, a cinco de los servidores personales del rey, al cronista principal del ejército, encargado de reclutar soldados de entre el pueblo, y a sesenta ciudadanos que todavía estaban en la ciudad. Después de apresarlos, Nabuzaradán, comandante de la guardia, se los llevó al rey de Babilonia, que estaba en Riblá. Allí, en el territorio de Jamat, el rey los hizo ejecutar. Así Judá fue desterrado y llevado cautivo. Nabucodonosor, rey de Babilonia, nombró a Guedalías, hijo de Ajicán y nieto de Safán, para que gobernara a la gente que había dejado en Judá. Cuando los oficiales del ejército de Judá y sus tropas se enteraron de que el rey de Babilonia había nombrado gobernador a Guedalías, fueron a ver a éste en Mizpa. Los oficiales eran Ismael hijo de Netanías, Johanán hijo de Carea, Seraías hijo de Tanjumet, oriundo de Netofa, y Jazanías, hijo de un hombre de Macá. Guedalías les hizo este juramento a ellos y a sus tropas: "No teman a los oficiales babilonios. Si ustedes se quedan en el país y sirven al rey de Babilonia, les aseguro que les irá bien." Pero a los siete meses Ismael, hijo de Netanías y nieto de Elisama, que era de la estirpe real, y diez hombres que lo acompañaban, fueron y asesinaron a Guedalías; también mataron a los hombres de Judá y a los babilonios que formaban parte de su séquito en Mizpa. Acto seguido, todos huyeron a Egipto, grandes y pequeños, junto con los oficiales, pues temían a los babilonios. En el día veintisiete del mes duodécimo del año treinta y siete del exilio de Joaquín, rey de Judá, Evil Merodac, rey de Babilonia, en el año primero de su reinado, sacó a Joaquín de la cárcel. Lo trató amablemente y le dio una posición más alta que la de los otros reyes que estaban con él en Babilonia. Joaquín dejó su ropa de prisionero, y por el resto de su vida comió a la mesa del rey. Además, durante toda su vida Joaquín gozó de una pensión diaria que le proveía el rey de Babilonia.
I Crónicas 1:
Adán, Set, Enós, Cainán, Malalel, Jared, Enoc, Matusalén, Lamec, Noé. Hijos de Noé: Sem, Cam y Jafet. Hijos de Jafet: Gómer, Magog, Maday, Javán, Tubal, Mésec y Tirás. Hijos de Gómer: Asquenaz, Rifat y Togarma. Hijos de Javán: Elisá, Tarsis, Chipre y Rodanín. Hijos de Cam: Cus, Misrayin, Fut y Canaán. Hijos de Cus: Seba, Javilá, Sabtá, Ragama y Sabteca. Hijos de Ragama: Sabá y Dedán. Cus fue el padre de Nimrod, quien llegó a ser un notable guerrero en la tierra. Misrayin fue el antepasado de los ludeos, los anameos, los leabitas, los naftuitas, los patruseos, los caslujitas y los caftoritas, de quienes descienden los filisteos. Canaán fue el padre de Sidón, su primogénito, y de Het, y el antepasado de los jebuseos, los amorreos, los gergeseos, los heveos, los araceos, los sineos, los arvadeos, los zemareos y los jamatitas. Hijos de Sem: Elam, Asur, Arfaxad, Lud y Aram. Hijos de Aram: Uz, Hul, Guéter y Mésec. Arfaxad fue el padre de Selá, y éste lo fue de Éber. Éber tuvo dos hijos; el primero se llamó Péleg, porque en su tiempo se dividió la tierra. El hermano de Péleg se llamó Joctán. Joctán fue el padre de Almodad, Sélef, Jazar Mávet, Yeraj, Hadorán, Uzal, Diclá, Obal, Abimael, Sabá, Ofir, Javilá y Jobab. Todos éstos Sem, Arfaxad, Selá, Éber, Péleg, Reú, Serug, Najor, Téraj y Abram, que es también Abraham. Hijos de Abraham: Isaac e Ismael. Sus descendientes fueron Nebayot, primogénito de Ismael, Cedar, Adbel, Mibsán, Mismá, Dumá, Masá, Hadad, Temá, Jetur, Nafis y Cedema. Éstos fueron los hijos de Ismael. Los hijos de Cetura, la concubina de Abraham, fueron Zimrán, Jocsán, Medán, Madián, Isbac y Súah. Hijos de Jocsán: Sabá y Dedán. Hijos de Madián: Efá, Éfer, Janoc, Abidá y Eldá. Todos éstos fueron hijos de Cetura. Abraham también fue el padre de Isaac. Los hijos de Isaac fueron Esaú e Israel. Hijos de Esaú: Elifaz, Reuel, Jeús, Jalán y Coré. Hijos de Elifaz: Temán, Omar, Zefo, Gatán y Quenaz, Timná y Amalec. Hijos de Reuel: Najat, Zera, Sama y Mizá. Hijos de Seír: Lotán, Sobal, Zibeón, Aná, Disón, Ezer y Disán. Hijos de Lotán: Horí y Homán. Timná fue hermana de Lotán. Hijos de Sobal: Alván, Manajat, Ebal, Sefó y Onam. Hijos de Zibeón: Ayá y Aná. El hijo de Aná fue Disón. Hijos de Disón: Amirán, Esbán, Itrán y Querán. Hijos de Ezer: Bilán, Zaván y Yacán. Hijos de Disán: Uz y Arán. Los reyes que a continuación se mencionan reinaron en la tierra de Edom antes de que los israelitas tuvieran rey: Bela hijo de Beor; su ciudad se llamaba Dinaba. Cuando Bela murió, lo sucedió en el trono Jobab hijo de Zera, que era de Bosra. Cuando Jobab murió, lo sucedió en el trono Jusán, que era de la tierra de Temán. Cuando Jusán murió, lo sucedió en el trono Hadad hijo de Bedad, quien derrotó a Madián en el campo de Moab. Su ciudad se llamaba Avit. Cuando Hadad murió, lo sucedió en el trono Samla, que era de Masreca. Cuando Samla murió, lo sucedió en el trono Saúl, que era de Rejobot a orillas del río Éufrates. Cuando Saúl murió, lo sucedió en el trono Baal Janán hijo de Acbor. Cuando Baal Janán murió, lo sucedió en el trono Hadad. Su ciudad se llamaba Pau, y su esposa fue Mehitabel, hija de Matred y nieta de Mezab. Después de que murió Hadad, gobernaron en Edom los siguientes caudillos: Timná, Alvá, Jetet, Aholibama, Elá, Pinón, Quenaz, Temán, Mibzar, Magdiel e Iram. Éstos fueron los caudillos de Edom.






Salmo 85:
Señor, tú has sido bondadoso con esta tierra tuya al restaurar a Jacob; perdonaste la iniquidad de tu pueblo y cubriste todos sus pecados; Selah. depusiste por completo tu enojo, y contuviste el ardor de tu ira. Restáuranos una vez más, Dios y salvador nuestro; pon fin a tu disgusto con nosotros. ¿Vas a estar enojado con nosotros para siempre? ¿Vas a seguir eternamente airado? ¿No volverás a darnos nueva vida, para que tu pueblo se alegre en ti? Muéstranos, Señor, tu amor inagotable, y concédenos tu salvación. Voy a escuchar lo que Dios el Señor dice: él promete paz a su pueblo y a sus fieles, siempre y cuando no se vuelvan a la necedad. Muy cercano está para salvar a los que le temen, para establecer su gloria en nuestra tierra. El amor y la verdad se encontrarán; se besarán la paz y la justicia. De la tierra brotará la verdad, y desde el cielo se asomará la justicia. El Señor mismo nos dará bienestar, y nuestra tierra rendirá su fruto. La justicia será su heraldo y le preparará el camino.






Proverbios 16:
El hombre propone y Dios dispone. A cada uno le parece correcto su proceder, pero el Señor juzga los motivos. Pon en manos del Señor todas tus obras, y tus proyectos se cumplirán. Toda obra del Señor tiene un propósito; ¡hasta el malvado fue hecho para el día del desastre! El Señor aborrece a los arrogantes. Una cosa es segura: no quedarán impunes. Con amor y verdad se perdona el pecado, y con temor del Señor se evita el mal. Cuando el Señor aprueba la conducta de un hombre, hasta con sus enemigos lo reconcilia. Más vale tener poco con justicia que ganar mucho con injusticia. El corazón del hombre traza su rumbo, pero sus pasos los dirige el Señor. La sentencia está en labios del rey; en el veredicto que emite no hay error. Las pesas y las balanzas justas son del Señor; todas las medidas son hechura suya. El rey detesta las malas acciones, porque el trono se afirma en la justicia. El rey se complace en los labios honestos; aprecia a quien habla con la verdad. La ira del rey es presagio de muerte, pero el sabio sabe apaciguarla. El rostro radiante del rey es signo de vida; su favor es como lluvia en primavera. Más vale adquirir sabiduría que oro; más vale adquirir inteligencia que plata. El camino del hombre recto evita el mal; el que quiere salvar su vida, se fija por dónde va. Al orgullo le sigue la destrucción; a la altanería, el fracaso. Vale más humillarse con los oprimidos que compartir el botín con los orgullosos. El que atiende a la palabra, prospera. ¡Dichoso el que confía en el Señor! Al sabio de corazón se le llama inteligente; los labios convincentes promueven el saber. Fuente de vida es la prudencia para quien la posee; el castigo de los necios es su propia necedad. El sabio de corazón controla su boca; con sus labios promueve el saber. Panal de miel son las palabras amables: endulzan la vida y dan salud al cuerpo. Hay caminos que al hombre le parecen rectos, pero que acaban por ser caminos de muerte. Al que trabaja, el hambre lo obliga a trabajar, pues su propio apetito lo estimula. El perverso hace planes malvados; en sus labios hay un fuego devorador. El perverso provoca contiendas, y el chismoso divide a los buenos amigos. El violento engaña a su prójimo y lo lleva por mal camino. El que guiña el ojo trama algo perverso; el que aprieta los labios ya lo ha cometido. Las canas son una honrosa corona que se obtiene en el camino de la justicia. Más vale ser paciente que valiente; más vale dominarse a sí mismo que conquistar ciudades. Las suertes se echan sobre la mesa, pero el veredicto proviene del Señor.




El Libro de Apocalipsis Capítulo 19 del Nuevo Testamento del Expositor por Jimmy Swaggart:

EL APOCALIPSISDE SAN JUAN

CAPÍTULO 19
(96 d.C.)
LA ALABANZA

DESPUÉS de estas cosas (pertenece específicamente al Capítulo 18, pero también al Libro entero de Apocalipsis en un sentido más amplio) oí una gran voz de gran compañía en el Cielo (proclama "alabanza," que es todo lo contrario de lo que ocurre en la Tierra), que decía, Aleluya; Salvación, y Honra, y Gloria, y Poder, al Señor Dios nuestro (el cántico aquí y es un cántico, no comienza atribuyendo "Salvación" a Dios, como la versión Inglesa lo sugiere; sino más bien afirma el hecho; "la Salvación es Dios; es el eco de la declaración antigua — ‘la Salvación le pertenece a Dios’"):
2 Porque Sus juicios son verdaderos y justos (ni el hombre ni los seres espirituales, en toda honestidad, pueden criticar a Dios con respecto a lo que Él ha hecho en cuanto al sistema de este mundo): porque Él ha Juzgado a la gran ramera (corresponde a todo camino falso de Salvación, independientemente de lo que pudiera ser; no importa cuán hermoso aparezca por fuera, el Señor se refiere a ello como "la gran ramera"), que ha corrompido la Tierra con su fornicación (se refiere a todas las religiones del mundo y para siempre; sin embargo, también se refiere al hecho de que si el Predicador no predica a "Jesucristo y Él Crucificado" como la respuesta al dilema del hombre, entonces en alguna manera él está predicando y proyectando un tipo de "fornicación espiritual" [Rom. 7:1-4]), y ha vengado la sangre de Sus siervos de la mano de ella. (Casi toda la persecución contra los Verdaderos Santos de Dios en este mundo y para siempre, ha venido de la religión falsa. Comenzó con Caín [Gén., cap. 4].)
3 Y otra vez dijeron, Aleluya. (Esta "alabanza del Señor" es debido a la destrucción de la ciudad literal de Babilonia. El "Aleluya" en el Versículo 1 fue proclamado acerca de la destrucción del Misterio de Babilonia.) Y su humo subió para siempre jamás (proclama el hecho de que su Juicio es Eterno).
4 Y los veinticuatro Ancianos y las cuatro Criaturas (Seres Vivientes) se postraron en Tierra, y adoraron a Dios que estaba sentado sobre el Trono (los 24 Ancianos representan a todos los Redimidos de todas las edades; es más, son 24 hombres; "los cuatro Seres Vivientes" representan la Creación de Dios, y cómo aquella Creación ya puede servir su pleno propósito como fue la intención al principio), diciendo, Amén; Aleluya. (Este "Aleluya" señala el fin de todo el mal y el principio de toda la Justicia.)
5 Y salió una voz del Trono (es silencioso en cuanto a la identidad), que decía, Load a nuestro Dios todos Sus siervos, y los que Le teméis, así pequeños como grandes. (Todo Verdadero Creyente alabará al Señor y debiera hacerlo continuamente.)
6 Y oí como la voz de una gran compañía (esta "gran compañía" consiste en todo Creyente que jamás haya vivido, desde Abel hasta el último que es salvo en la Gran Tribulación), y como el ruido de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos (es la alabanza que se expresa y no simplemente los pensamientos de un corazón silencioso), que decía, Aleluya: porque reinó el Señor nuestro Dios Todopoderoso. (Este "Aleluya" pertenece al Señor que reina como Rey y hay que alabarle para siempre. Satanás no reina. El Señor Dios Omnipotente Reina y Él es "Todopoderoso.")
7 Gocémonos y alegrémonos (todos los Redimidos están a punto de unirse en Santo Matrimonio al Cordero Quien los ha salvado) y démosle gloria (Dios lo hizo posible para que la humanidad fuese Redimida y así lo hizo por el Sacrificio de Su Hijo, el Señor Jesucristo): porque son venidas las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. (Presenta la escena que acontecerá en el Cielo inmediatamente antes de la Segunda Venida. La "esposa" es los Redimidos por todas las edades.)
8 Y le fue dado que se vista de lino fino, limpio y brillante: porque el lino fino es la Justicia de los Santos. (El "lino fino" es simbólico de la "Justicia," que fue proporcionado por lo que Cristo hizo en la Cruz.)
9 Y él me dice, Escribe, Bienaventurados los que son llamados a la Cena del Cordero. (El hombre que le habla a Juan dice esto. Se emplea la palabra "Cordero," que significa que todo es hecho posible debido a lo que Jesús hizo en la Cruz.) Y me dijo, Estas palabras de Dios son verdaderas. (Se refiere nuevamente al hecho de que todo esto es hecho posible por lo que Jesús hizo en cuanto a Su Obra Terminada.)
10 Y yo me eché a sus pies para adorarle. Y él me dijo, Mira que no lo hagas: yo soy siervo contigo, y con tus Hermanos (como es obvio aquí, éste es un hombre; él se parece tanto a Jesús debido a su forma glorificada, que Juan pensó que era Jesús; en cierto modo, nos indica cómo es que se parecerán los Santos en la Resurrección venidera) que tienen el Testimonio de Jesús (indica el hecho de que el Ministerio del Espíritu Santo debe declarar a Cristo y de Cristo): adora a Dios (nos dice en estas tres palabras que no debemos adorar a los Ángeles, los Santos o la Virgen María): porque el Testimonio de Jesús es el Espíritu de la Profecía. (Este "Testimonio" es Su Obra Expiatoria, es decir, lo que Él hizo en la Cruz. Toda "Profecía" del Antiguo Testamento señala de algún modo a Cristo y lo que Él hizo en la Cruz. Además, toda proclamación pronunciada en la actualidad debe de algún modo apuntar a la Cruz de Cristo.)
LA SEGUNDA VENIDA
11 Y vi el Cielo abierto (registra la hora Profética final en cuanto a la Segunda Venida, sin duda, el mayor momento en la historia humana); y he aquí, un caballo blanco (en efecto, declara un caballo de guerra [Zac. 14:3]); y El Que estaba sentado sobre él, era llamado Fiel y Verdadero (fiel a Sus Promesas y Verdadero a Sus Juicios; Él contrasta con el falso Mesías de Apoc. 6:2, quien no fue fiel ni verdadero), el cual con Justicia juzga y pelea (se refiere a la manera de Su Segunda Venida).
12 Y Sus Ojos eran como llama de fuego (representa el Juicio), y había en Su Cabeza muchas diademas (representa el hecho de que Él no será el Señor de solamente un reino; Él será el Señor de todos los reinos); y tenía un Nombre escrito que ninguno entendía sino Él Mismo (no significa que es desconocido, sino más bien es definitivamente incomprensible; permanecerá inalcanzable al hombre, lo que significa que nunca podrán conocer los límites de su profundidad).
13 Y estaba vestido de una Ropa teñida en Sangre (habla de la Cruz donde Él derramó la Sangre de Su Vida, que Le da el derecho de Juzgar el mundo): y Su Nombre es llamado El Verbo De Dios. (Su Nombre revelado es la Palabra de Dios, ya que Él reveló a Dios en Su Gracia y Poder para ser conocido, por eso, el Creyente puede decir, "Lo conozco.")
14 Y los ejércitos que están en el Cielo Le seguían en caballos blancos (estos "ejércitos" son los Santos de Dios, de hecho, todos los Santos quienes hayan vivido, quiere decir que estaremos con Él en la Segunda Venida), vestidos de lino finísimo, blanco y limpio. (Se remonta al Versículo 8. Es la Justicia de los Santos; todo hecho posible por la Cruz.)
ARMAGEDÓN
15 Y de Su Boca sale una espada aguda (representa a Cristo que obra total y completamente en la esfera de la Palabra de Dios), para herir con ella las naciones (todas las naciones se unirán al Anticristo en sus esfuerzos para destruir Israel; es la Batalla de Armagedón): y Él los regirá con vara de hierro (se refiere al hecho de que el Señor de la Gloria no permitirá ni tolerará de ninguna forma, ni de ningún modo lo que "roba, mata y destruye"); y Él pisa el lagar del vino del furor, y de la ira del Dios Todopoderoso (la Batalla de Armagedón).
16 Y en Su Vestidura y en Su Muslo tiene escrito este nombre, REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES (declara el hecho de que no habrá ninguna duda en cuanto a Quién es Él realmente).
17 Y vi un Ángel que estaba en el sol (indica el hecho de que la Fe cree en lo que está escrito, aunque la mente no pueda comprender lo que está escrito); y clamó con gran voz, diciendo a todas las aves que volaban por medio del Cielo (denota, como es evidente, supremacía sobre la Creación), Venid, y congregaos a la cena del Gran Dios (es simbólico, pero es dicho de esta manera para proclamar la magnitud de aquel tiempo venidero [Ezeq. 39:2, 11-12]);
18 Para que comáis carnes de reyes, y de capitanes, y carnes de fuertes, y carnes de caballos, y de los que están sentados sobre ellos; y carnes de todos, libres y siervos, de pequeños y de grandes. (Indica el hecho de que el Poder del Dios Omnipotente no pasa por alto a aquéllos en esta Tierra que piensan que son "grandes." El Juicio será idéntico para todos [Ezeq. 39:18-20].)
19 Y vi la bestia (Juan vio al Anticristo dirigiendo este ejército poderoso; es "el hombre del pecado" que Pablo mencionó en II Tes., cap. 2), y los reyes de la Tierra y sus ejércitos (se refiere a todos los que el Anticristo pueda conseguir a que se unan a él; incluye a los "reyes del Oriente" de Apoc. 16:12), congregados para hacer guerra contra El Que estaba sentado sobre el caballo, y contra Su ejército (se refiere a Cristo y al gran ejército del Cielo que está con Él; como se expresó, esta es la Batalla de Armagedón [Ezeq., caps. 38-39]).
20 Y la bestia fue detenida, y con ella el Falso Profeta que había hecho las señales delante de ella (se refiere a ambos que caerán en la Batalla de Armagedón), con las cuales había engañado a los que tomaron la señal de la bestia, y habían adorado su imagen (el arma principal de Satanás es el engaño). Estos dos fueron lanzados vivos dentro de un lago de fuego ardiendo en azufre (así es el destino del Anticristo y del Falso Profeta y de todos quienes están en pos de ellos).
21 Y los otros fueron muertos con la espada que salía de la Boca Del Que estaba sentado sobre el caballo (el Señor Jesús dará la palabra en la Batalla de Armagedón y acontecerá todo lo que Él diga): y todas las aves se hartaron de sus carnes. (Declara el fin de este conflicto. El Anticristo y sus ejércitos anunciarán al mundo lo que van a hacer en cuanto a Israel, pero el resultado final es que los buitres atiborrarán su carne.)




Primera Corintios Capítulo 13:
Si hablo en lenguas humanas y angelicales, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido. Si tengo el don de profecía y entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento, y si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no soy nada. Si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y si entrego mi cuerpo para que lo consuman las llamas, pero no tengo amor, nada gano con eso. El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor jamás se extingue, mientras que el don de profecía cesará, el de lenguas será silenciado y el de conocimiento desaparecerá. Porque conocemos y profetizamos de manera imperfecta; pero cuando llegue lo perfecto, lo imperfecto desaparecerá. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; cuando llegué a ser adulto, dejé atrás las cosas de niño. Ahora vemos de manera indirecta y velada, como en un espejo; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de manera imperfecta, pero entonces conoceré tal y como soy conocido. Ahora, pues, permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más excelente de ellas es el amor.


Hebreos 10:35-12:4
Así que no pierdan la confianza, porque ésta será grandemente recompensada. Ustedes necesitan perseverar para que, después de haber cumplido la voluntad de Dios, reciban lo que él ha prometido. Pues dentro de muy poco tiempo, "el que ha de venir vendrá, y no tardará. Pero mi justo vivirá por la fe. Y si se vuelve atrás, no será de mi agrado." Pero nosotros no somos de los que se vuelven atrás y acaban por perderse, sino de los que tienen fe y preservan su vida. Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve. Gracias a ella fueron aprobados los antiguos. Por la fe entendemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo visible no provino de lo que se ve. Por la fe Abel ofreció a Dios un sacrificio más aceptable que el de Caín, por lo cual recibió testimonio de ser justo, pues Dios aceptó su ofrenda. Y por la fe Abel, a pesar de estar muerto, habla todavía. Por la fe Enoc fue sacado de este mundo sin experimentar la muerte; no fue hallado porque Dios se lo llevó, pero antes de ser llevado recibió testimonio de haber agradado a Dios. En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan. Por la fe Noé, advertido sobre cosas que aún no se veían, con temor reverente construyó un arca para salvar a su familia. Por esa fe condenó al mundo y llegó a ser heredero de la justicia que viene por la fe. Por la fe Abraham, cuando fue llamado para ir a un lugar que más tarde recibiría como herencia, obedeció y salió sin saber a dónde iba. Por la fe se radicó como extranjero en la tierra prometida, y habitó en tiendas de campaña con Isaac y Jacob, herederos también de la misma promesa, porque esperaba la ciudad de cimientos sólidos, de la cual Dios es arquitecto y constructor. Por la fe Abraham, a pesar de su avanzada edad y de que Sara misma era estéril, recibió fuerza para tener hijos, porque consideró fiel al que le había hecho la promesa. Así que de este solo hombre, ya en decadencia, nacieron descendientes numerosos como las estrellas del cielo e incontables como la arena a la orilla del mar. Todos ellos vivieron por la fe, y murieron sin haber recibido las cosas prometidas; más bien, las reconocieron a lo lejos, y confesaron que eran extranjeros y peregrinos en la tierra. Al expresarse así, claramente dieron a entender que andaban en busca de una patria. Si hubieran estado pensando en aquella patria de donde habían emigrado, habrían tenido oportunidad de regresar a ella. Antes bien, anhelaban una patria mejor, es decir, la celestial. Por lo tanto, Dios no se avergonzó de ser llamado su Dios, y les preparó una ciudad. Por la fe Abraham, que había recibido las promesas, fue puesto a prueba y ofreció a Isaac, su hijo único, a pesar de que Dios le había dicho: "Tu descendencia se establecerá por medio de Isaac." Consideraba Abraham que Dios tiene poder hasta para resucitar a los muertos, y así, en sentido figurado, recobró a Isaac de entre los muertos. Por la fe Isaac bendijo a Jacob y a Esaú, previendo lo que les esperaba en el futuro. Por la fe Jacob, cuando estaba a punto de morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyándose en la punta de su bastón. Por la fe José, al fin de su vida, se refirió a la salida de los israelitas de Egipto y dio instrucciones acerca de sus restos mortales. Por la fe Moisés, recién nacido, fue escondido por sus padres durante tres meses, porque vieron que era un niño precioso, y no tuvieron miedo del edicto del rey. Por la fe Moisés, ya adulto, renunció a ser llamado hijo de la hija del faraón. Prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar de los efímeros placeres del pecado. Consideró que el oprobio por causa del Mesías era una mayor riqueza que los tesoros de Egipto, porque tenía la mirada puesta en la recompensa. Por la fe salió de Egipto sin tenerle miedo a la ira del rey, pues se mantuvo firme como si estuviera viendo al Invisible. Por la fe celebró la Pascua y el rociamiento de la sangre, para que el exterminador de los primogénitos no tocara a los de Israel. Por la fe el pueblo cruzó el Mar Rojo como por tierra seca; pero cuando los egipcios intentaron cruzarlo, se ahogaron. Por la fe cayeron las murallas de Jericó, después de haber marchado el pueblo siete días a su alrededor. Por la fe la prostituta Rahab no murió junto con los desobedientes, pues había recibido en paz a los espías. ¿Qué más voy a decir? Me faltaría tiempo para hablar de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas, los cuales por la fe conquistaron reinos, hicieron justicia y alcanzaron lo prometido; cerraron bocas de leones, apagaron la furia de las llamas y escaparon del filo de la espada; sacaron fuerzas de flaqueza; se mostraron valientes en la guerra y pusieron en fuga a ejércitos extranjeros. Hubo mujeres que por la resurrección recobraron a sus muertos. Otros, en cambio, fueron muertos a golpes, pues para alcanzar una mejor resurrección no aceptaron que los pusieran en libertad. Otros sufrieron la prueba de burlas y azotes, e incluso de cadenas y cárceles. Fueron apedreados, aserrados por la mitad, asesinados a filo de espada. Anduvieron fugitivos de aquí para allá, cubiertos de pieles de oveja y de cabra, pasando necesidades, afligidos y maltratados. ¡El mundo no merecía gente así! Anduvieron sin rumbo por desiertos y montañas, por cuevas y cavernas. Aunque todos obtuvieron un testimonio favorable mediante la fe, ninguno de ellos vio el cumplimiento de la promesa. Esto sucedió para que ellos no llegaran a la meta sin nosotros, pues Dios nos había preparado algo mejor. Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo. En la lucha que ustedes libran contra el pecado, todavía no han tenido que resistir hasta derramar su sangre.


Romanos 8:
Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte. En efecto, la ley no pudo liberarnos porque la naturaleza pecaminosa anuló su poder; por eso Dios envió a su propio Hijo en condición semejante a nuestra condición de pecadores, para que se ofreciera en sacrificio por el pecado. Así condenó Dios al pecado en la naturaleza humana, a fin de que las justas demandas de la ley se cumplieran en nosotros, que no vivimos según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu. Los que viven conforme a la naturaleza pecaminosa fijan la mente en los deseos de tal naturaleza; en cambio, los que viven conforme al Espíritu fijan la mente en los deseos del Espíritu. La mentalidad pecaminosa es muerte, mientras que la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz. La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo. Los que viven según la naturaleza pecaminosa no pueden agradar a Dios. Sin embargo, ustedes no viven según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios vive en ustedes. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo. Pero si Cristo está en ustedes, el cuerpo está muerto a causa del pecado, pero el Espíritu que está en ustedes es vida a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en ustedes. Por tanto, hermanos, tenemos una obligación, pero no es la de vivir conforme a la naturaleza pecaminosa. Porque si ustedes viven conforme a ella, morirán; pero si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: "¡Abba! ¡Padre!" El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria. De hecho, considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros. La creación aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de Dios, porque fue sometida a la frustración. Esto no sucedió por su propia voluntad, sino por la del que así lo dispuso. Pero queda la firme esperanza de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera dolores de parto. Y no sólo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esa esperanza fuimos salvados. Pero la esperanza que se ve, ya no es esperanza. ¿Quién espera lo que ya tiene? Pero si esperamos lo que todavía no tenemos, en la espera mostramos nuestra constancia. Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios. Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito. Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. A los que predestinó, también los llamó; a los que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó. ¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas? ¿Quién acusará a los que Dios ha escogido? Dios es el que justifica. ¿Quién condenará? Cristo Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros. ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia? Así está escrito: "Por tu causa nos vemos amenazados de muerte todo el día; nos tratan como a ovejas destinadas al matadero." Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.

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