23 September 2014

El 23 de setiembre Lectura Bíblica Diaria





El 23 de setiembre Lectura Bíblica Diaria:

Ecclesiastés 6 a 8:

Hay un mal que he visto en esta vida y que abunda entre los hombres: a algunos Dios les da abundancia, riquezas y honores, y no les falta nada que pudieran desear, pero es a otros a quienes les concede disfrutar de todo ello. ¡Esto es absurdo, y un mal terrible! Si un hombre tiene cien hijos y vive muchos años, no importa cuánto viva, si no se ha saciado de las cosas buenas ni llega a recibir sepultura, yo digo que un abortivo vale más que él. Porque el abortivo vino de la nada, y a las tinieblas va, y en las tinieblas permanecerá anónimo. Nunca llegará a ver el sol, ni sabrá nada; sin embargo, habrá tenido más tranquilidad que el que pudo haber vivido dos mil años sin disfrutar jamás de lo bueno. ¿Y acaso no van todos a un mismo lugar? Mucho trabaja el hombre para comer, pero nunca se sacia. ¿Qué ventaja tiene el sabio sobre el necio? ¿Y qué gana el pobre con saber enfrentarse a la vida? Vale más lo visible que lo imaginario. Y también esto es absurdo; ¡es correr tras el viento! Lo que ahora existe ya ha recibido su nombre, y se sabe lo que es: humanidad. contra alguien más fuerte. Aumentan las palabras, aumentan los absurdos. ¿Y qué se gana con eso? En realidad, ¿quién sabe qué le conviene al hombre en esta breve y absurda vida suya, por donde pasa como una sombra? ¿Y quién puede decirle lo que sucederá en esta vida después de su muerte? Vale más el buen nombre que el buen perfume. que el día en que se nace. Vale más ir a un funeral que a un festival. Pues la muerte es el fin de todo hombre, y los que viven debieran tenerlo presente. Vale más llorar que reír; pues entristece el rostro, pero le hace bien al corazón. El sabio tiene presente la muerte; el necio sólo piensa en la diversión. Vale más reprensión de sabios que lisonja de necios. Pues las carcajadas de los necios son como el crepitar de las espinas bajo la olla. ¡Y también esto es absurdo! La extorsión entorpece al sabio, y el soborno corrompe su corazón. Vale más el fin de algo que su principio. que la arrogancia. No te dejes llevar por el enojo que sólo abriga el corazón del necio. Nunca preguntes por qué todo tiempo pasado fue mejor. No es de sabios hacer tales preguntas. Buena es la sabiduría sumada a la heredad, y provechosa para los que viven. Puedes ponerte a la sombra de la sabiduría o a la sombra del dinero, pero la sabiduría tiene la ventaja de dar vida a quien la posee. Contempla las obras de Dios: ¿quién puede enderezar lo que él ha torcido? Cuando te vengan buenos tiempos, disfrútalos; pero cuando te lleguen los malos, piensa que unos y otros son obra de Dios, y que el hombre nunca sabe con qué habrá de encontrarse después. Todo esto he visto durante mi absurda vida: hombres justos a quienes su justicia los destruye, y hombres malvados a quienes su maldad les alarga la vida. No seas demasiado justo, ni tampoco demasiado sabio. ¿Para qué destruirte a ti mismo? No hay que pasarse de malo, ni portarse como un necio. ¿Para qué morir antes de tiempo? Conviene asirse bien de esto, sin soltar de la mano aquello. saldrá bien en todo. Más fortalece la sabiduría al sabio que diez gobernantes a una ciudad. No hay en la tierra nadie tan justo que haga el bien y nunca peque. No prestes atención a todo lo que se dice, y así no oirás cuando tu siervo hable mal de ti, aunque bien sabes que muchas veces también tú has hablado mal de otros. Todo esto lo examiné muy bien y con sabiduría, pues me dispuse a ser sabio, pero la sabiduría estaba fuera de mi alcance. Lejos y demasiado profundo está todo cuanto existe. ¿Quién puede dar con ello? Volví entonces mi atención hacia el conocimiento, para investigar e indagar acerca de la sabiduría y la razón de las cosas, y me di cuenta de la insensatez de la maldad y la locura de la necedad. Y encontré algo más amargo que la muerte: a la mujer que es una trampa, que por corazón tiene una red y por brazos tiene cadenas. Quien agrada a Dios se librará de ella, pero el pecador caerá en sus redes. Y dijo el Maestro: «Miren lo que he hallado al buscar la razón de las cosas, una por una: ¡que todavía estoy buscando lo que no he encontrado! Ya he dado con un hombre entre mil, pero entre todas las mujeres aún no he encontrado ninguna. Tan sólo he hallado lo siguiente: que Dios hizo perfecto al género humano, pero éste se ha buscado demasiadas complicaciones.» ¿Quién como el sabio? ¿Quién conoce las respuestas? La sabiduría del hombre hace que resplandezca su rostro y se ablanden sus facciones. Yo digo: Obedece al rey, porque lo has jurado ante Dios. No te apresures a salir de su presencia. No defiendas una mala causa, porque lo que él quiere hacer, lo hace. Puesto que la palabra del rey tiene autoridad, ¿quién puede pedirle cuentas? El que acata sus órdenes no sufrirá daño alguno. El corazón sabio sabe cuándo y cómo acatarlas. En realidad, para todo lo que se hace hay un cuándo y un cómo, aunque el hombre tiene en su contra un gran problema: que no sabe lo que está por suceder, ni hay quien se lo pueda decir. No hay quien tenga poder sobre el aliento de vida, como para retenerlo, ni hay quien tenga poder sobre el día de su muerte. No hay licencias durante la batalla, ni la maldad deja libre al malvado. Todo esto vi al dedicarme de lleno a conocer todo lo que se hace en esta vida: hay veces que el hombre domina sobre el hombre, para su mal. Vi también a los malvados ser sepultados los que solían ir y venir del lugar santo; a ellos se les echó al olvido en la ciudad donde así se condujeron. ¡Y también esto es absurdo! Cuando no se ejecuta rápidamente la sentencia de un delito, el corazón del pueblo se llena de razones para hacer lo malo. El pecador puede hacer lo malo cien veces, y vivir muchos años; pero sé también que le irá mejor a quien teme a Dios y le guarda reverencia. En cambio, a los malvados no les irá bien ni vivirán mucho tiempo. Serán como una sombra, porque no temen a Dios. En la tierra suceden cosas absurdas, pues hay hombres justos a quienes les va como si fueran malvados, y hay malvados a quienes les va como si fueran justos. ¡Y yo digo que también esto es absurdo! Por tanto, celebro la alegría, pues no hay para el hombre nada mejor en esta vida que comer, beber y divertirse, pues sólo eso le queda de tanto afanarse en esta vida que Dios le ha dado. Al dedicarme al conocimiento de la sabiduría y a la observación de todo cuanto se hace en la tierra, sin que pudiera conciliar el sueño ni de día ni de noche, pude ver todo lo hecho por Dios. ¡El hombre no puede comprender todo lo que Dios ha hecho en esta vida! Por más que se esfuerce por hallarle sentido, no lo encontrará; aun cuando el sabio diga conocerlo, no lo puede comprender.


Salmo 133:
¡Cuán bueno y cuán agradable es que los hermanos convivan en armonía! Es como el buen aceite que, desde la cabeza, va descendiendo por la barba, por la barba de Aarón, hasta el borde de sus vestiduras. Es como el rocío de Hermón que va descendiendo sobre los montes de Sión. Donde se da esta armonía, el Señor concede bendición y vida eterna.


Proverbios 2:
Hijo mío, si haces tuyas mis palabras y atesoras mis mandamientos; si tu oído inclinas hacia la sabiduría y de corazón te entregas a la inteligencia; si llamas a la inteligencia y pides discernimiento; si la buscas como a la plata, como a un tesoro escondido, entonces comprenderás el temor del Señor y hallarás el conocimiento de Dios. Porque el Señor da la sabiduría; conocimiento y ciencia brotan de sus labios. Él reserva su ayuda para la gente íntegra y protege a los de conducta intachable. Él cuida el sendero de los justos y protege el camino de sus fieles. Entonces comprenderás la justicia y el derecho, la equidad y todo buen camino; la sabiduría vendrá a tu corazón, y el conocimiento te endulzará la vida. La discreción te cuidará, la inteligencia te protegerá. La sabiduría te librará del camino de los malvados, de los que profieren palabras perversas, de los que se apartan del camino recto para andar por sendas tenebrosas, de los que se complacen en hacer lo malo y festejan la perversidad, de los que andan por caminos torcidos y por sendas extraviadas; te librará de la mujer ajena, de la extraña de palabras seductoras que, olvidándose de su pacto con Dios, abandona al compañero de su juventud. Ciertamente su casa conduce a la muerte; sus sendas llevan al reino de las sombras. El que se enreda con ella no vuelve jamás, ni alcanza los senderos de la vida. Así andarás por el camino de los buenos y seguirás la senda de los justos. Pues los íntegros, los perfectos, habitarán la tierra y permanecerán en ella. Pero los malvados, los impíos, serán desarraigados y expulsados de la tierra.




El Libro de Lucas Capítulo 2 del Nuevo Testamento del Expositor por Jimmy Swaggart:




EL SANTO EVANGELIO SEGÚN
SAN LUCAS




CAPÍTULO 2
(1 d.C.)
EL NACIMIENTO DE JESÚS




Y ACONTECIÓ en aquellos días, que salió edicto de parte de Augusto César (Cayo Octavio, el hijo adoptado y sucesor de Julio César; reinó desde el año 29 a.C. al 14 d.C.), que toda la Tierra fuese empadronada (una figura retórica; se coloca un todo para una parte; era sólo la parte del mundo del cual habló).
2 (Este empadronamiento primero fue hecho siendo Cirenio gobernador de la Siria.) (Este Versículo debiera traducirse, "este censo fue antes de que Cirenio fuera gobernador de la Siria.")
3 E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad.
4 Y subió José de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén; (por cuanto era de la casa y familia de David:) (Era una distancia de casi 129 kilómetros [aproximadamente 80 millas].)
5 Para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta (el viaje debió haber sido muy difícil para ella).
6 Y aconteció, que, estando ellos allí, se cumplieron los días en que ella había de dar a luz (se trata del parto más importante en la historia humana; Dios se haría carne, y se ofrecería a Sí Mismo en la Cruz como un Sacrificio Perfecto a fin de liberar a la humanidad).
7 Y dio a luz a su Hijo Primogénito (tiene la intención de enfatizar el hecho de que no había ningún otro niño hasta ese momento; también, esto refuta el error de la Iglesia Católica, que afirma que María, a partir de aquel entonces, no tuvo otros niños, y permaneció virgen por toda su vida; realmente, Jesús tenía cuatro hermanos, "Santiago, José, Simón y Judas," y también dos o tres hermanas [Mat. 13:55-56]), y Le envolvió en pañales, y Le acostó en un pesebre (habló de un lugar donde alimentaban a los animales); porque no había lugar para ellos en el mesón (la posada de Belén existía desde hace muchos años, mencionada en Jeremías 41:17; este tipo de "posada" era para los más pobres de los pobres, y sólo ofrecía refugio detrás de sus paredes y bajo azotea).
EL ANUNCIO ANGELICAL
8 Y había pastores (pertenecían a la casta más baja en la sociedad de aquella época) en la misma Tierra (se refiere al área alrededor de Belén), que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su ganado (indica que el 25 de Diciembre no era el día de nacimiento de Jesús; era la costumbre de sacar a los rebaños después de la Pascua, que era en Abril, para quedarse afuera hasta la primera lluvia en Octubre o Noviembre).
9 Y, he aquí, el Ángel del Señor vino sobre ellos (expresa que el Nacimiento de Jesús no fue anunciado a los notables de Israel, más bien a unos pastores no muy conocidos), y la Gloria de Dios los cercó de resplandor: y tuvieron gran temor (era la prueba visible de la Presencia del Eterno, que apareció primero en la zarza delante de Moisés y luego en la columna de fuego y nube, que los dirigió por el desierto, y luego en el Tabernáculo y en el Templo).
10 Más el Ángel les dijo, No temáis: porque, he aquí, os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo (incluye a todas las razas).
11 Que os ha nacido hoy en la ciudad de David un Salvador, que es Cristo el Señor (este Bebé no debía llegar a ser Rey y Salvador – Él nació como Rey y Salvador al mismo tiempo).
12 Y esto os será por señal; Hallaréis al Niño envuelto en pañales, echado en un pesebre.
13 Y repentinamente fue con el Ángel una multitud de los Ejércitos Celestiales que alababan a Dios, y decían (muchos otros Ángeles estuvieron con el Ángel que le habló a los pastores, pero ya los pastores pueden verlos también; esto presenta a los Ángeles que alababan a Dios por haber enviado al Redentor; si ellos Lo alababan, desde luego nosotros también hemos de alabarlo),
14 Gloria en las Alturas a Dios, y en la Tierra paz, buena voluntad para con los hombres (Jesús es la "paz"; durante Sus casi 33 años de vida en esta Tierra, el Imperio Romano relativamente disfrutaba de la paz; esto sucedió porque el Príncipe de Paz estaba aquí; la paz no volverá hasta que Jesús regrese).
LOS PASTORES
15 Y aconteció, que como los Ángeles se fueron de ellos al Cielo, los pastores dijeron los unos a los otros, Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, que el Señor nos ha manifestado (demuestra uno de los mayores honores en toda la historia humana; el Señor enviaría a Ángeles sólo a estos pastores humildes en exclusión de todos los demás).
16 Y vinieron aprisa, y hallaron a María, y a José (quiere decir que tenían que emprender un poco la búsqueda para encontrarlos), y al Niño acostado en el pesebre.
17 Y viéndolo (debiera traducirse, "y cuando ellos Lo vieron a Él"; los ojos de ellos fueron los primeros que vieron a Jesús después de Su Nacimiento, además de los de Su padrastro y Su madre), hicieron notorio lo que les había sido dicho del Niño (ellos iban a ser los primeros Predicadores en proclamar Su Nacimiento, como María Magdalena fue la primera en proclamar Su Resurrección).
18 Y todos los que oyeron se maravillaron de lo que los pastores les decían.
19 Mas María guardaba todas estas cosas, reflexionando sobre ellas en su corazón (quiere decir que pensaba en ellas casi siempre, ¡y no es de extrañarse!).
20 Y se volvieron los pastores (a sus rebaños) glorificando y alabando a Dios de todas las cosas que habían oído y visto, como les había sido dicho (declara que estos hombres verdaderamente conocían al Señor, por lo tanto, es una de las razones por las cuales los Ángeles se le aparecieron a ellos).
ELECCIÓN DEL NOMBRE
21 Y pasados los ocho días para circuncidar al Niño (sucedió conforme a la Ley de Moisés; se decía que la sangre no podía coagularse bien en un niñito hasta que tuviera los ocho días), llamaron Su Nombre JESÚS (quiere decir, Salvador), el cual Le fue puesto por el Ángel antes de que Él fuese concebido en el vientre.
LA PRESENTACIÓN
22 Y cuando se cumplieron los días de la purificación de ella conforme a la Ley de Moisés (habló de los 40 días después del Nacimiento de Jesús; eran los 80 días en el caso de una hija [Lev. 12:1-6]), Le trajeron a Jerusalén, para presentarle al Señor (todos los primogénitos de los niños varones Le pertenecían al Señor, y Le fueron presentados como señal de Su reclamo legítimo sobre ellos [Núm. 3:42-44; 18:15]);
23 (Como está escrito en la Ley del Señor, Todo varón que abriere la matriz, será llamado Santo al Señor;) (Se refiere sólo al primogénito.)
24 Y para dar la ofrenda conforme a lo que está dicho en la Ley del Señor (Lev. 12:8), un par de tórtolas, o dos palominos (expresa lo que se pudiese ofrecer en lugar de un "cordero," en caso que no pudiese disponer del cordero por falta de dinero para comprarlo; esto nos dice que María y José eran pobres, al menos en cuanto a lo que tiene que ver con los bienes de este mundo; esto también nos dice que María no era libre de pecado, como lo afirma la Iglesia Católica; de ser así, ella no hubiera tenido que ofrecer estos Sacrificios por su impureza).
LA PROFECÍA DE SIMEÓN
25 Y, he aquí, había un hombre en Jerusalén, llamado Simeón; y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel (es un término que describe la Venida y el Ministerio del Mesías): y el Espíritu Santo estaba sobre él (él fue guiado por el Espíritu).
26 Y había recibido respuesta del Espíritu Santo, que no vería la muerte, sin antes ver al Cristo del Señor (en consecuencia, cada día estaba anticipando este gran evento).
27 Y vino por Espíritu al Templo (el Espíritu del Señor le impresionó fuertemente en ese momento en particular para que se fuese al Templo). Y cuando metieron al Niño Jesús, sus padres (José y María) en el Templo, para hacer por Él conforme a la costumbre de la Ley (Jesús nacido de una mujer bajo la Ley [Gál. 4:4]; se mencionó la Ley unas cinco veces en este Capítulo, y así confirma la declaración en Gálatas; para salvar al hombre con razón condenado a la muerte por la Ley, fue necesario que Cristo naciera bajo la Ley),
28 Entonces él Le tomó en sus brazos, y bendijo a Dios, y dijo (manifiesta a Simeón como el primero en la historia para "tratar la Palabra de Vida," además de María y José),
29 Ahora despides, Señor, a Tu siervo en paz, conforme a Tu Palabra (indica que habían pasado varios años desde que el Señor le reveló a Simeón que incluso vería "a Cristo el Señor"):
30 Porque han visto mis ojos Tu Salvación (Simeón no tenía que preguntarle a María Quién era el Niño; él Lo reconoció al instante por inspiración como el Ungido de Jehová; Jesús es la Salvación, y la Salvación es Jesús),
31 La cual has preparado en presencia de todos los pueblos (abre la puerta de la Salvación para todo ser humano sobre la faz de la Tierra, sin importar el color, la nacionalidad, ni la nación);
32 Luz para ser revelada a los Gentiles (de nuevo, el Espíritu Santo incluye a todo el mundo), y la Gloria de Tu pueblo Israel (desgraciadamente, Israel no aceptaría a Cristo).
33 Y José y Su Madre estaban maravillados de las cosas que se decían de Él (es de notarse, el Espíritu Santo por medio de Lucas escribió "José y Su Madre," y no escribió "Su padre y Su madre"; ¡la razón es obvia! José era sólo Su padrastro, por así decirlo).
34 Y los bendijo Simeón (se refiere sólo a José y María, y no a Jesús; aunque Cristo bendice a todos, nadie tiene el derecho para bendecir a Cristo; a veces la palabra "bendijo," se usa en sentido de "alabanza," lo cual llega a ser no sólo aceptable, sino deseable), y dijo a Su Madre María, He aquí, Éste está puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel (conforme a la aceptación o el rechazo de Cristo); y para señal a la que será contradicha (los hombres que no pueden ponerse de acuerdo en ninguna otra cosa sí se ponen de acuerdo en odiar a Cristo);
35 (Y una espada traspasará tu alma misma,) (pertenece al rechazo del Ministerio de Jesús por los líderes religiosos de Israel, y en el fondo, Su Crucifixión en la Cruz) para que sean manifestados los pensamientos de muchos corazones (expresa el propósito del Evangelio de Cristo; el corazón de María, como todos los demás, tuvo que estar bajo los rayos de esta gran luz, y su alma tuvo que sentir la aguda Espada Divina de la Palabra de Dios; es cierto que ella fue bendecida como el Vaso escogido de la Encarnación, pero todas las mujeres que sirven a Cristo son también bendecidas [Luc. 11:27]).
LA ADORACIÓN DE ANA
36 Estaba también allí Ana, Profetisa, hija de Fanuel (presenta a esta preciosa mujer como Predicadora del Evangelio; en la Biblia la primera mujer que profetizó fue Raquel, aunque ella no fue considerada una Profetisa [Gén. 30:24]), de la Tribu de Aser (se refiere a la misma Tribu de Aser del Antiguo Testamento): la cual había venido de una edad muy avanzada, y había vivido con su marido siete años desde su virginidad (quiere decir que su marido murió siete años después de que ellos se casaron, y ella nunca se volvió a casar);
37 Y era viuda de hasta ochenta y cuatro años (ya hacía 84 años desde la muerte de su marido; en consecuencia, ella tenía un poco más de 100 años), que no se apartaba del Templo (literalmente ella vivía en el Templo, probable que le dieron un pequeño cuarto o recámara, y le asignaban unas cuantas tareas), sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones (toma en cuenta su maravillosa consagración al Señor).
38 Y ésta, sobreviniendo en la misma hora, juntamente confesaba al Señor (manifiesta que el Espíritu Santo le reveló que el Niño efectivamente era el Mesías), y hablaba de Él a todos los que esperaban la redención en Jerusalén (le contó a todos su experiencia al ver al Niño, y que el Señor le había revelado que Él era el Mesías; Simeón y Ana, les encantaban ir a los Atrios de la Casa de Jehová, y Él se encontraba con ellos ahí).
39 Más cuando cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor (se refiere a la Ley de Moisés), se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret (Lucas no menciona la visita de los Magos del Oriente, ni la huida a Egipto como Mateo tampoco menciona a los pastores).
40 Y el Niño crecía, y se fortalecía (Jesús no tuvo una naturaleza pecaminosa, por lo tanto, quiere decir que Él nunca se enfermó, tampoco cometió pecado), y llenándose de sabiduría (toda la evidencia comprueba que Jesús comenzó a estudiar la Biblia desde el mismo momento que Él aprendió a leer): y la Gracia de Dios era sobre Él (la Bondad de Dios).
JESÚS COMO NIÑO
41 E iban Sus padres todos los años a Jerusalén en la Fiesta de la Pascua (la palabra, "iban" quiere decir que se acostumbraba asistir, porque eran gente temerosa de Dios).
42 Y cuando Él fue (Jesús) de doce años (se refiere a la edad en que todo niño Judío llegaba a ser "un hijo de la Ley"), subieron ellos a Jerusalén conforme a la costumbre del Día de la Fiesta (Jerusalén era el lugar donde se celebraba la Fiesta y, de hecho, debía celebrarse).
43 Y acabados los días (abarca siete días, en que, en efecto, se incorporaban tres Fiestas: la Fiesta de la Pascua, la Fiesta de los Panes Sin Levadura y la Fiesta de los Primeros Frutos), volviendo ellos (acaban de irse de Jerusalén en camino a Nazaret), se quedó el Niño Jesús en Jerusalén (todo niño Judío a partir de los 12 años, se les trataba como adulto, lo que quería decir que había menos supervisión que antes), sin saberlo José y Su Madre (José y María no eran negligentes en su supervisión; consideraban a Jesús como un adulto, la costumbre de aquel entonces lo exigía, y creían que Él se reuniría con ellos a cierta altura del viaje).
44 Y pensando que estaba en la compañía (con otro grupo en camino a Nazaret), anduvieron camino de un día (de nuevo, era una costumbre de esa época, con todos los grupos que se dirigían a cierta destinación, que luego se reunían en un lugar determinado, y después seguían juntos en el camino); y Le buscaban entre los parientes y entre los conocidos.
45 Más cuando no Le hallasen, volvieron a Jerusalén buscándole (se refiere a una búsqueda diligente; y además su preocupación y ansiedad).
46 Y aconteció, que tres días después Le hallaron en el Templo (es muy probable que esto se refiere al tercer día después de que originalmente salieron de Jerusalén; pasaron el primer día viajando de Jerusalén al lugar designado para reunirse; pero al no encontrar a Jesús, ellos se regresaron a Jerusalén al día siguiente; al tercer día, Lo hallaron en el Templo), sentado en medio de los Doctores (incluía a los más famosos Eruditos Bíblicos de esa época), oyéndoles y preguntándoles (qué encuentro debe haber sido, los más famosos Doctores de la Ley Mosaica con un Niño de 12 años sentados entre ellos, y casi toda la atención se dirigía hacia Él; también se cree que Nicodemo estaba en este grupo).
47 Y todos los que Le oían estaban asombrados de Su entendimiento y de Sus respuestas (la palabra, "asombrados" en el Texto Griego se refiere a que estaban atónitos a tal grado que estaban fuera de sí; en verdad, Su "entendimiento y respuestas" eran mucho mejor que los de los sabios Doctores).
48 Y cuando Le vieron, se maravillaron (se refiere a Sus padres); y Le dijo Su Madre: Hijo, ¿por qué nos has hecho así? (La posibilidad existe de que el Espíritu Santo quiso que Jesús hiciera esto a propósito, para despertar a María y a José en cuanto a Su verdadera Misión y Propósito, aunque realmente no comenzaría hasta a los 30 años de edad.) He aquí, Tu padre y yo Te hemos buscado con dolor (María usó la frase, "Tu padre," y Jesús le hacía recordar con ternura en el Versículo siguiente Quién era en realidad Su Padre; legalmente, José era Su padre, pero verdaderamente era Su padre adoptivo).
49 Entonces Él les dice, ¿Qué hay? ¿Por qué Me buscabais? (Con ternura Él les recordaba que ellos debían de saber Quién era Él, y Su Misión.) ¿No sabíais que en los negocios de Mi Padre Me conviene estar? (Era Su primera declaración registrada; con las palabras "Consumado es," Su última declaración registrada antes de Su Crucifixión [Jn. 19:30], quiere decir que Él terminó los Negocios de Su Padre.)
50 Más ellos no entendieron las palabras que les habló (¡debieron haber entendido esto!).
51 Y descendió con ellos, y vino a Nazaret, y estaba sujeto a ellos (se trata de los 18 años siguientes): mas Su Madre guardaba todas estas cosas en su corazón (se refiere a todo lo relacionado a Jesús).
52 Y Jesús crecía en sabiduría, y en edad, y en gracia para con Dios y los hombres (quiere decir que Él cumplía perfectamente la Ley de Dios, y además efectuaba perfectamente la Voluntad de Dios).


Primera Corintios Capítulo 13:
Si hablo en lenguas humanas y angelicales, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido. Si tengo el don de profecía y entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento, y si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no soy nada. Si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y si entrego mi cuerpo para que lo consuman las llamas, pero no tengo amor, nada gano con eso. El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor jamás se extingue, mientras que el don de profecía cesará, el de lenguas será silenciado y el de conocimiento desaparecerá. Porque conocemos y profetizamos de manera imperfecta; pero cuando llegue lo perfecto, lo imperfecto desaparecerá. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; cuando llegué a ser adulto, dejé atrás las cosas de niño. Ahora vemos de manera indirecta y velada, como en un espejo; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de manera imperfecta, pero entonces conoceré tal y como soy conocido. Ahora, pues, permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más excelente de ellas es el amor.


Hebreos 10:35-12:4
Así que no pierdan la confianza, porque ésta será grandemente recompensada. Ustedes necesitan perseverar para que, después de haber cumplido la voluntad de Dios, reciban lo que él ha prometido. Pues dentro de muy poco tiempo, "el que ha de venir vendrá, y no tardará. Pero mi justo vivirá por la fe. Y si se vuelve atrás, no será de mi agrado." Pero nosotros no somos de los que se vuelven atrás y acaban por perderse, sino de los que tienen fe y preservan su vida. Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve. Gracias a ella fueron aprobados los antiguos. Por la fe entendemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo visible no provino de lo que se ve. Por la fe Abel ofreció a Dios un sacrificio más aceptable que el de Caín, por lo cual recibió testimonio de ser justo, pues Dios aceptó su ofrenda. Y por la fe Abel, a pesar de estar muerto, habla todavía. Por la fe Enoc fue sacado de este mundo sin experimentar la muerte; no fue hallado porque Dios se lo llevó, pero antes de ser llevado recibió testimonio de haber agradado a Dios. En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan. Por la fe Noé, advertido sobre cosas que aún no se veían, con temor reverente construyó un arca para salvar a su familia. Por esa fe condenó al mundo y llegó a ser heredero de la justicia que viene por la fe. Por la fe Abraham, cuando fue llamado para ir a un lugar que más tarde recibiría como herencia, obedeció y salió sin saber a dónde iba. Por la fe se radicó como extranjero en la tierra prometida, y habitó en tiendas de campaña con Isaac y Jacob, herederos también de la misma promesa, porque esperaba la ciudad de cimientos sólidos, de la cual Dios es arquitecto y constructor. Por la fe Abraham, a pesar de su avanzada edad y de que Sara misma era estéril, recibió fuerza para tener hijos, porque consideró fiel al que le había hecho la promesa. Así que de este solo hombre, ya en decadencia, nacieron descendientes numerosos como las estrellas del cielo e incontables como la arena a la orilla del mar. Todos ellos vivieron por la fe, y murieron sin haber recibido las cosas prometidas; más bien, las reconocieron a lo lejos, y confesaron que eran extranjeros y peregrinos en la tierra. Al expresarse así, claramente dieron a entender que andaban en busca de una patria. Si hubieran estado pensando en aquella patria de donde habían emigrado, habrían tenido oportunidad de regresar a ella. Antes bien, anhelaban una patria mejor, es decir, la celestial. Por lo tanto, Dios no se avergonzó de ser llamado su Dios, y les preparó una ciudad. Por la fe Abraham, que había recibido las promesas, fue puesto a prueba y ofreció a Isaac, su hijo único, a pesar de que Dios le había dicho: "Tu descendencia se establecerá por medio de Isaac." Consideraba Abraham que Dios tiene poder hasta para resucitar a los muertos, y así, en sentido figurado, recobró a Isaac de entre los muertos. Por la fe Isaac bendijo a Jacob y a Esaú, previendo lo que les esperaba en el futuro. Por la fe Jacob, cuando estaba a punto de morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyándose en la punta de su bastón. Por la fe José, al fin de su vida, se refirió a la salida de los israelitas de Egipto y dio instrucciones acerca de sus restos mortales. Por la fe Moisés, recién nacido, fue escondido por sus padres durante tres meses, porque vieron que era un niño precioso, y no tuvieron miedo del edicto del rey. Por la fe Moisés, ya adulto, renunció a ser llamado hijo de la hija del faraón. Prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar de los efímeros placeres del pecado. Consideró que el oprobio por causa del Mesías era una mayor riqueza que los tesoros de Egipto, porque tenía la mirada puesta en la recompensa. Por la fe salió de Egipto sin tenerle miedo a la ira del rey, pues se mantuvo firme como si estuviera viendo al Invisible. Por la fe celebró la Pascua y el rociamiento de la sangre, para que el exterminador de los primogénitos no tocara a los de Israel. Por la fe el pueblo cruzó el Mar Rojo como por tierra seca; pero cuando los egipcios intentaron cruzarlo, se ahogaron. Por la fe cayeron las murallas de Jericó, después de haber marchado el pueblo siete días a su alrededor. Por la fe la prostituta Rahab no murió junto con los desobedientes, pues había recibido en paz a los espías. ¿Qué más voy a decir? Me faltaría tiempo para hablar de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas, los cuales por la fe conquistaron reinos, hicieron justicia y alcanzaron lo prometido; cerraron bocas de leones, apagaron la furia de las llamas y escaparon del filo de la espada; sacaron fuerzas de flaqueza; se mostraron valientes en la guerra y pusieron en fuga a ejércitos extranjeros. Hubo mujeres que por la resurrección recobraron a sus muertos. Otros, en cambio, fueron muertos a golpes, pues para alcanzar una mejor resurrección no aceptaron que los pusieran en libertad. Otros sufrieron la prueba de burlas y azotes, e incluso de cadenas y cárceles. Fueron apedreados, aserrados por la mitad, asesinados a filo de espada. Anduvieron fugitivos de aquí para allá, cubiertos de pieles de oveja y de cabra, pasando necesidades, afligidos y maltratados. ¡El mundo no merecía gente así! Anduvieron sin rumbo por desiertos y montañas, por cuevas y cavernas. Aunque todos obtuvieron un testimonio favorable mediante la fe, ninguno de ellos vio el cumplimiento de la promesa. Esto sucedió para que ellos no llegaran a la meta sin nosotros, pues Dios nos había preparado algo mejor. Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo. En la lucha que ustedes libran contra el pecado, todavía no han tenido que resistir hasta derramar su sangre.

Romanos 8:
Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte. En efecto, la ley no pudo liberarnos porque la naturaleza pecaminosa anuló su poder; por eso Dios envió a su propio Hijo en condición semejante a nuestra condición de pecadores, para que se ofreciera en sacrificio por el pecado. Así condenó Dios al pecado en la naturaleza humana, a fin de que las justas demandas de la ley se cumplieran en nosotros, que no vivimos según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu. Los que viven conforme a la naturaleza pecaminosa fijan la mente en los deseos de tal naturaleza; en cambio, los que viven conforme al Espíritu fijan la mente en los deseos del Espíritu. La mentalidad pecaminosa es muerte, mientras que la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz. La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo. Los que viven según la naturaleza pecaminosa no pueden agradar a Dios. Sin embargo, ustedes no viven según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios vive en ustedes. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo. Pero si Cristo está en ustedes, el cuerpo está muerto a causa del pecado, pero el Espíritu que está en ustedes es vida a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en ustedes. Por tanto, hermanos, tenemos una obligación, pero no es la de vivir conforme a la naturaleza pecaminosa. Porque si ustedes viven conforme a ella, morirán; pero si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: "¡Abba! ¡Padre!" El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria. De hecho, considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros. La creación aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de Dios, porque fue sometida a la frustración. Esto no sucedió por su propia voluntad, sino por la del que así lo dispuso. Pero queda la firme esperanza de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera dolores de parto. Y no sólo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esa esperanza fuimos salvados. Pero la esperanza que se ve, ya no es esperanza. ¿Quién espera lo que ya tiene? Pero si esperamos lo que todavía no tenemos, en la espera mostramos nuestra constancia. Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios. Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito. Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. A los que predestinó, también los llamó; a los que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó. ¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas? ¿Quién acusará a los que Dios ha escogido? Dios es el que justifica. ¿Quién condenará? Cristo Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros. ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia? Así está escrito: "Por tu causa nos vemos amenazados de muerte todo el día; nos tratan como a ovejas destinadas al matadero." Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.

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