El 31 de diciembre Lectura Bíblica Diaria
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Mensaje de la Cruz de Cristo Jesús-Capítulo-1

El 31 de diciembre Lectura Bíblica Diaria:
Números 14 a 16:
14
Y se quejaron contra Moisés y contra Aarón todos los hijos de Israel; y
les dijo toda la multitud: ¡Ojalá muriéramos en la tierra de Egipto; o
en este desierto ojalá muriéramos! ¿Y por qué nos trae Jehová a esta
tierra para caer a espada, y que nuestras mujeres y nuestros niños sean
por presa? ¿No nos sería mejor volvernos a Egipto? Y decían el uno al
otro: Designemos un capitán, y volvámonos a Egipto. Entonces Moisés y
Aarón se postraron sobre sus rostros delante de toda la multitud de la
congregación de los hijos de Israel. Y Josué hijo de Nun y Caleb hijo de
Jefone, que eran de los que habían reconocido la tierra, rompieron sus
vestidos, y hablaron a toda la congregación de los hijos de Israel,
diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra en
gran manera buena. Si Jehová se agradare de nosotros, él nos llevará a
esta tierra, y nos la entregará; tierra que fluye leche y miel. Por
tanto, no seáis rebeldes contra Jehová, ni temáis al pueblo de esta
tierra; porque nosotros los comeremos como pan; su amparo se ha apartado
de ellos, y con nosotros está Jehová; no los temáis. Entonces toda la
multitud habló de apedrearlos. Pero la gloria de Jehová se mostró en el
tabernáculo de reunión a todos los hijos de Israel, y Jehová dijo a
Moisés: ¿Hasta cuándo me ha de irritar este pueblo? ¿Hasta cuándo no me
creerán, con todas las señales que he hecho en medio de ellos? Yo los
heriré de mortandad y los destruiré, y a ti te pondré sobre gente más
grande y más fuerte que ellos. Pero Moisés respondió a Jehová: Lo oirán
luego los egipcios, porque de en medio de ellos sacaste a este pueblo
con tu poder; y lo dirán a los habitantes de esta tierra, los cuales han
oído que tú, oh Jehová, estabas en medio de este pueblo, que cara a
cara aparecías tú, oh Jehová, y que tu nube estaba sobre ellos, y que de
día ibas delante de ellos en columna de nube, y de noche en columna de
fuego; y que has hecho morir a este pueblo como a un solo hombre; y las
gentes que hubieren oído tu fama hablarán, diciendo: Por cuanto no pudo
Jehová meter este pueblo en la tierra de la cual les había jurado, los
mató en el desierto. Ahora, pues, yo te ruego que sea magnificado el
poder del Señor, como lo hablaste, diciendo: Jehová, tardo para la ira y
grande en misericordia, que perdona la iniquidad y la rebelión, aunque
de ningún modo tendrá por inocente al culpable; que visita la maldad de
los padres sobre los hijos hasta los terceros y hasta los cuartos.
Perdona ahora la iniquidad de este pueblo según la grandeza de tu
misericordia, y como has perdonado a este pueblo desde Egipto hasta
aquí. Entonces Jehová dijo: Yo lo he perdonado conforme a tu dicho. Mas
tan ciertamente como vivo yo, y mi gloria llena toda la tierra, todos
los que vieron mi gloria y mis señales que he hecho en Egipto y en el
desierto, y me han tentado ya diez veces, y no han oído mi voz, no verán
la tierra de la cual juré a sus padres; no, ninguno de los que me han
irritado la verá. Pero a mi siervo Caleb, por cuanto hubo en él otro
espíritu, y decidió ir en pos de mí, yo le meteré en la tierra donde
entró, y su descendencia la tendrá en posesión. Ahora bien, el amalecita
y el cananeo habitan en el valle; volveos mañana y salid al desierto,
camino del Mar Rojo. Y Jehová habló a Moisés y a Aarón, diciendo: ¿Hasta
cuándo oiré esta depravada multitud que murmura contra mí, las
querellas de los hijos de Israel, que de mí se quejan? Diles: Vivo yo,
dice Jehová, que según habéis hablado a mis oídos, así haré yo con
vosotros. En este desierto caerán vuestros cuerpos; todo el número de
los que fueron contados de entre vosotros, de veinte años arriba, los
cuales han murmurado contra mí. Vosotros a la verdad no entraréis en la
tierra, por la cual alcé mi mano y juré que os haría habitar en ella;
exceptuando a Caleb hijo de Jefone, y a Josué hijo de Nun. Pero a
vuestros niños, de los cuales dijisteis que serían por presa, yo los
introduciré, y ellos conocerán la tierra que vosotros despreciasteis. En
cuanto a vosotros, vuestros cuerpos caerán en este desierto. Y vuestros
hijos andarán pastoreando en el desierto cuarenta años, y ellos
llevarán vuestras rebeldías, hasta que vuestros cuerpos sean consumidos
en el desierto. Conforme al número de los días, de los cuarenta días en
que reconocisteis la tierra, llevaréis vuestras iniquidades cuarenta
años, un año por cada día; y conoceréis mi castigo. Yo Jehová he
hablado; así haré a toda esta multitud perversa que se ha juntado contra
mí; en este desierto serán consumidos, y ahí morirán. Y los varones que
Moisés envió a reconocer la tierra, y que al volver habían hecho
murmurar contra él a toda la congregación, desacreditando aquel país,
aquellos varones que habían hablado mal de la tierra, murieron de plaga
delante de Jehová. Pero Josué hijo de Nun y Caleb hijo de Jefone
quedaron con vida, de entre aquellos hombres que habían ido a reconocer
la tierra. Y Moisés dijo estas cosas a todos los hijos de Israel, y el
pueblo se enlutó mucho. Y se levantaron por la mañana y subieron a la
cumbre del monte, diciendo: Henos aquí para subir al lugar del cual ha
hablado Jehová; porque hemos pecado. Y dijo Moisés: ¿Por qué quebrantáis
el mandamiento de Jehová? Esto tampoco os saldrá bien. No subáis,
porque Jehová no está en medio de vosotros, no seáis heridos delante de
vuestros enemigos. Porque el amalecita y el cananeo están allí delante
de vosotros, y caeréis a espada; pues por cuanto os habéis negado a
seguir a Jehová, por eso no estará Jehová con vosotros. Sin embargo, se
obstinaron en subir a la cima del monte; pero el arca del pacto de
Jehová, y Moisés, no se apartaron de en medio del campamento. Y
descendieron el amalecita y el cananeo que habitaban en aquel monte, y
los hirieron y los derrotaron, persiguiéndolos hasta Horma. 15 Jehová
habló a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel, y diles: Cuando
hayáis entrado en la tierra de vuestra habitación que yo os doy, y
hagáis ofrenda encendida a Jehová, holocausto, o sacrificio, por
especial voto, o de vuestra voluntad, o para ofrecer en vuestras fiestas
solemnes olor grato a Jehová, de vacas o de ovejas; entonces el que
presente su ofrenda a Jehová traerá como ofrenda la décima parte de un
efa de flor de harina, amasada con la cuarta parte de un hin de aceite.
De vino para la libación ofrecerás la cuarta parte de un hin, además del
holocausto o del sacrificio, por cada cordero. Por cada carnero harás
ofrenda de dos décimas de flor de harina, amasada con la tercera parte
de un hin de aceite; y de vino para la libación ofrecerás la tercera
parte de un hin, en olor grato a Jehová. Cuando ofrecieres novillo en
holocausto o sacrificio, por especial voto, o de paz a Jehová, ofrecerás
con el novillo una ofrenda de tres décimas de flor de harina, amasada
con la mitad de un hin de aceite; y de vino para la libación ofrecerás
la mitad de un hin, en ofrenda encendida de olor grato a Jehová. Así se
hará con cada buey, o carnero, o cordero de las ovejas, o cabrito.
Conforme al número así haréis con cada uno, según el número de ellos.
Todo natural hará estas cosas así, para ofrecer ofrenda encendida de
olor grato a Jehová. Y cuando habitare con vosotros extranjero, o
cualquiera que estuviere entre vosotros por vuestras generaciones, si
hiciere ofrenda encendida de olor grato a Jehová, como vosotros
hiciereis, así hará él. Un mismo estatuto tendréis vosotros de la
congregación y el extranjero que con vosotros mora; será estatuto
perpetuo por vuestras generaciones; como vosotros, así será el
extranjero delante de Jehová. Una misma ley y un mismo decreto tendréis,
vosotros y el extranjero que con vosotros mora. También habló Jehová a
Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel, y diles: Cuando hayáis
entrado en la tierra a la cual yo os llevo, cuando comencéis a comer del
pan de la tierra, ofreceréis ofrenda a Jehová. De lo primero que
amaséis, ofreceréis una torta en ofrenda; como la ofrenda de la era, así
la ofreceréis. De las primicias de vuestra masa daréis a Jehová ofrenda
por vuestras generaciones. Y cuando errareis, y no hiciereis todos
estos mandamientos que Jehová ha dicho a Moisés, todas las cosas que
Jehová os ha mandado por medio de Moisés, desde el día que Jehová lo
mandó, y en adelante por vuestras edades, si el pecado fue hecho por
yerro con ignorancia de la congregación, toda la congregación ofrecerá
un novillo por holocausto en olor grato a Jehová, con su ofrenda y su
libación conforme a la ley, y un macho cabrío en expiación. Y el
sacerdote hará expiación por toda la congregación de los hijos de
Israel; y les será perdonado, porque yerro es; y ellos traerán sus
ofrendas, ofrenda encendida a Jehová, y sus expiaciones delante de
Jehová por sus yerros. Y será perdonado a toda la congregación de los
hijos de Israel, y al extranjero que mora entre ellos, por cuanto es
yerro de todo el pueblo. Si una persona pecare por yerro, ofrecerá una
cabra de un año para expiación. Y el sacerdote hará expiación por la
persona que haya pecado por yerro; cuando pecare por yerro delante de
Jehová, la reconciliará, y le será perdonado. El nacido entre los hijos
de Israel, y el extranjero que habitare entre ellos, una misma ley
tendréis para el que hiciere algo por yerro. Mas la persona que hiciere
algo con soberbia, así el natural como el extranjero, ultraja a Jehová;
esa persona será cortada de en medio de su pueblo. Por cuanto tuvo en
poco la palabra de Jehová, y menospreció su mandamiento, enteramente
será cortada esa persona; su iniquidad caerá sobre ella. Estando los
hijos de Israel en el desierto, hallaron a un hombre que recogía leña en
día de reposo. Y los que le hallaron recogiendo leña, lo trajeron a
Moisés y a Aarón, y a toda la congregación; y lo pusieron en la cárcel,
porque no estaba declarado qué se le había de hacer. Y Jehová dijo a
Moisés: Irremisiblemente muera aquel hombre; apedréelo toda la
congregación fuera del campamento. Entonces lo sacó la congregación
fuera del campamento, y lo apedrearon, y murió, como Jehová mandó a
Moisés. Y Jehová habló a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel, y
diles que se hagan franjas en los bordes de sus vestidos, por sus
generaciones; y pongan en cada franja de los bordes un cordón de azul. Y
os servirá de franja, para que cuando lo veáis os acordéis de todos los
mandamientos de Jehová, para ponerlos por obra; y no miréis en pos de
vuestro corazón y de vuestros ojos, en pos de los cuales os
prostituyáis. Para que os acordéis, y hagáis todos mis mandamientos, y
seáis santos a vuestro Dios. Yo Jehová vuestro Dios, que os saqué de la
tierra de Egipto, para ser vuestro Dios. Yo Jehová vuestro Dios. 16 Coré
hijo de Izhar, hijo de Coat, hijo de Leví, y Datán y Abiram hijos de
Eliab, y On hijo de Pelet, de los hijos de Rubén, tomaron gente, y se
levantaron contra Moisés con doscientos cincuenta varones de los hijos
de Israel, príncipes de la congregación, de los del consejo, varones de
renombre. Y se juntaron contra Moisés y Aarón y les dijeron: ¡Basta ya
de vosotros! Porque toda la congregación, todos ellos son santos, y en
medio de ellos está Jehová; ¿por qué, pues, os levantáis vosotros sobre
la congregación de Jehová? Cuando oyó esto Moisés, se postró sobre su
rostro; y habló a Coré y a todo su séquito, diciendo: Mañana mostrará
Jehová quién es suyo, y quién es santo, y hará que se acerque a él; al
que él escogiere, él lo acercará a sí. Haced esto: tomaos incensarios,
Coré y todo su séquito, y poned fuego en ellos, y poned en ellos
incienso delante de Jehová mañana; y el varón a quien Jehová escogiere,
aquel será el santo; esto os baste, hijos de Leví. Dijo más Moisés a
Coré: Oíd ahora, hijos de Leví: ¿Os es poco que el Dios de Israel os
haya apartado de la congregación de Israel, acercándoos a él para que
ministréis en el servicio del tabernáculo de Jehová, y estéis delante de
la congregación para ministrarles, y que te hizo acercar a ti, y a
todos tus hermanos los hijos de Leví contigo? ¿Procuráis también el
sacerdocio? Por tanto, tú y todo tu séquito sois los que os juntáis
contra Jehová; pues Aarón, ¿qué es, para que contra él murmuréis? Y
envió Moisés a llamar a Datán y Abiram, hijos de Eliab; mas ellos
respondieron: No iremos allá. ¿Es poco que nos hayas hecho venir de una
tierra que destila leche y miel, para hacernos morir en el desierto,
sino que también te enseñorees de nosotros imperiosamente? Ni tampoco
nos has metido tú en tierra que fluya leche y miel, ni nos has dado
heredades de tierras y viñas. ¿Sacarás los ojos de estos hombres? No
subiremos. Entonces Moisés se enojó en gran manera, y dijo a Jehová: No
mires a su ofrenda; ni aun un asno he tomado de ellos, ni a ninguno de
ellos he hecho mal. Después dijo Moisés a Coré: Tú y todo tu séquito,
poneos mañana delante de Jehová; tú, y ellos, y Aarón; y tomad cada uno
su incensario y poned incienso en ellos, y acercaos delante de Jehová
cada uno con su incensario, doscientos cincuenta incensarios; tú
también, y Aarón, cada uno con su incensario. Y tomó cada uno su
incensario, y pusieron en ellos fuego, y echaron en ellos incienso, y se
pusieron a la puerta del tabernáculo de reunión con Moisés y Aarón. Ya
Coré había hecho juntar contra ellos toda la congregación a la puerta
del tabernáculo de reunión; entonces la gloria de Jehová apareció a toda
la congregación. Y Jehová habló a Moisés y a Aarón, diciendo: Apartaos
de entre esta congregación, y los consumiré en un momento. Y ellos se
postraron sobre sus rostros, y dijeron: Dios, Dios de los espíritus de
toda carne, ¿no es un solo hombre el que pecó? ¿Por qué airarte contra
toda la congregación? Entonces Jehová habló a Moisés, diciendo: Habla a
la congregación y diles: Apartaos de en derredor de la tienda de Coré,
Datán y Abiram. Entonces Moisés se levantó y fue a Datán y a Abiram, y
los ancianos de Israel fueron en pos de él. Y él habló a la
congregación, diciendo: Apartaos ahora de las tiendas de estos hombres
impíos, y no toquéis ninguna cosa suya, para que no perezcáis en todos
sus pecados. Y se apartaron de las tiendas de Coré, de Datán y de Abiram
en derredor; y Datán y Abiram salieron y se pusieron a las puertas de
sus tiendas, con sus mujeres, sus hijos y sus pequeñuelos. Y dijo
Moisés: En esto conoceréis que Jehová me ha enviado para que hiciese
todas estas cosas, y que no las hice de mi propia voluntad. Si como
mueren todos los hombres murieren éstos, o si ellos al ser visitados
siguen la suerte de todos los hombres, Jehová no me envió. Mas si Jehová
hiciere algo nuevo, y la tierra abriere su boca y los tragare con todas
sus cosas, y descendieren vivos al Seol, entonces conoceréis que estos
hombres irritaron a Jehová. Y aconteció que cuando cesó él de hablar
todas estas palabras, se abrió la tierra que estaba debajo de ellos.
Abrió la tierra su boca, y los tragó a ellos, a sus casas, a todos los
hombres de Coré, y a todos sus bienes. Y ellos, con todo lo que tenían,
descendieron vivos al Seol, y los cubrió la tierra, y perecieron de en
medio de la congregación. Y todo Israel, los que estaban en derredor de
ellos, huyeron al grito de ellos; porque decían: No nos trague también
la tierra. También salió fuego de delante de Jehová, y consumió a los
doscientos cincuenta hombres que ofrecían el incienso. Entonces Jehová
habló a Moisés, diciendo: Dí a Eleazar hijo del sacerdote Aarón, que
tome los incensarios de en medio del incendio, y derrame más allá el
fuego; porque son santificados los incensarios de estos que pecaron
contra sus almas; y harán de ellos planchas batidas para cubrir el
altar; por cuanto ofrecieron con ellos delante de Jehová, son
santificados, y serán como señal a los hijos de Israel. Y el sacerdote
Eleazar tomó los incensarios de bronce con que los quemados habían
ofrecido; y los batieron para cubrir el altar, en recuerdo para los
hijos de Israel, de que ningún extraño que no sea de la descendencia de
Aarón se acerque para ofrecer incienso delante de Jehová, para que no
sea como Coré y como su séquito; según se lo dijo Jehová por medio de
Moisés. El día siguiente, toda la congregación de los hijos de Israel
murmuró contra Moisés y Aarón, diciendo: Vosotros habéis dado muerte al
pueblo de Jehová. Y aconteció que cuando se juntó la congregación contra
Moisés y Aarón, miraron hacia el tabernáculo de reunión, y he aquí la
nube lo había cubierto, y apareció la gloria de Jehová. Y vinieron
Moisés y Aarón delante del tabernáculo de reunión. Y Jehová habló a
Moisés, diciendo: Apartaos de en medio de esta congregación, y los
consumiré en un momento. Y ellos se postraron sobre sus rostros. Y dijo
Moisés a Aarón: Toma el incensario, y pon en él fuego del altar, y sobre
él pon incienso, y vé pronto a la congregación, y haz expiación por
ellos, porque el furor ha salido de la presencia de Jehová; la mortandad
ha comenzado. Entonces tomó Aarón el incensario, como Moisés dijo, y
corrió en medio de la congregación; y he aquí que la mortandad había
comenzado en el pueblo; y él puso incienso, e hizo expiación por el
pueblo, y se puso entre los muertos y los vivos; y cesó la mortandad. Y
los que murieron en aquella mortandad fueron catorce mil setecientos,
sin los muertos por la rebelión de Coré. Después volvió Aarón a Moisés a
la puerta del tabernáculo de reunión, cuando la mortandad había cesado.
Salmo 15:
¿Quién, Señor,
puede habitar en tu santuario? ¿Quién puede vivir en tu santo monte?
Sólo el de conducta intachable, que practica la justicia y de corazón
dice la verdad; que no calumnia con la lengua, que no le hace mal a su
prójimo ni le acarrea desgracias a su vecino; que desprecia al que Dios
reprueba, pero honra al que teme al Señor; que cumple lo prometido
aunque salga perjudicado; que presta dinero sin ánimo de lucro, y no
acepta sobornos que afecten al inocente. El que así actúa no caerá
jamás.
Proverbios 9:
La sabiduría construyó su
casa y labró sus siete pilares. Preparó un banquete, mezcló su vino y
tendió la mesa. Envió a sus doncellas, y ahora clama desde lo más alto
de la ciudad. "¡Vengan conmigo los inexpertos! dice a los faltos de
juicio. Vengan, disfruten de mi pan y beban del vino que he mezclado.
Dejen su insensatez, y vivirán; andarán por el camino del
discernimiento. "El que corrige al burlón se gana que lo insulten; el
que reprende al malvado se gana su desprecio. No reprendas al insolente,
no sea que acabe por odiarte; reprende al sabio, y te amará. Instruye
al sabio, y se hará más sabio; enseña al justo, y aumentará su saber.
"El comienzo de la sabiduría es el temor del Señor; conocer al Santo es
tener discernimiento. Por mí aumentarán tus días; muchos años de vida te
serán añadidos. Si eres sabio, tu premio será tu sabiduría; si eres
insolente, sólo tú lo sufrirás." La mujer necia es escandalosa, frívola y
desvergonzada. Se sienta a las puertas de su casa, sienta sus reales en
lo más alto de la ciudad, y llama a los que van por el camino, a los
que no se apartan de su senda. "¡Vengan conmigo, inexpertos! dice a los
faltos de juicio. ¡Las aguas robadas saben a gloria! ¡El pan sabe a miel
si se come a escondidas!" Pero éstos ignoran que allí está la muerte,
que sus invitados caen al fondo de la fosa.
El Libro de II Tesalonicenses Capítulo 2 del Nuevo Testamento del Expositor por Jimmy Swaggart:
LA SEGUNDA EPÍSTOLA DEL APÓSTOL PABLO A LOS
TESALONISENSES
CAPÍTULO 2
(54 d.C.)
LA SEGUNDA VENIDA
EMPERO
os rogamos, Hermanos, en cuanto a la Venida de nuestro Señor Jesucristo
(se refiere tanto al Arrebatamiento como a la Segunda Venida), y
nuestro recogimiento a Él (esta frase se refiere estrictamente al
Arrebatamiento),
2 Que no os mováis fácilmente de vuestra manera de
pensar, ni os conturbéis (la doctrina errónea hace esto) ni por espíritu
(los mensajes en lenguas e interpretación, que pretendieran ser del
Señor, pero realmente no los son), ni por palabra (corresponde a
aquéllos que afirmaban tener la Palabra del Señor), ni por carta como
nuestra (alguien había escrito una carta que afirmaba ciertas cosas
proféticas, y claramente había firmado el nombre de Pablo, lo que
significa que fue una falsificación), como que el Día de Cristo
estuviera cerca (debiera traducirse, "el Día del Señor," porque en los
mejores manuscritos se leen así; "el Día del Señor" se refiere a todos
los acontecimientos después del Arrebatamiento; algunos afirmaban, hasta
en el día de Pablo, que la Segunda Venida estaba a punto de ocurrir, lo
que por supuesto no era correcto).
3 No os engañe nadie en ninguna
manera (en otras palabras, no escuche a lo que es Bíblicamente
incorrecto): porque no vendrá, sin que venga antes la apostasía (debiera
traducirse, "porque aquel día no vendrá, a menos que suceda primero una
deserción"; se refiere al Arrebatamiento, que, en esencia, dice que la
Segunda Venida no puede ocurrir hasta que acontezcan ciertas cosas), y
se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición (se refiere al
Anticristo, que tiene que aparecerse en el mundo antes de la Segunda
Venida);
4 Oponiéndose y levantándose contra todo lo que se llama
Dios (él mismo se declara Deidad), o que se adora (el Anticristo
aplastará todas las religiones, por lo menos en el área que él controla,
haciéndose el objeto solo de adoración); tanto que se asiente en el
Templo de Dios como Dios (se refiere al Templo Judío, que será
reconstruido en Jerusalén; el Anticristo ocupará el poder del Templo,
haciéndolo su sede religiosa), haciéndose parecer Dios. (Se anuncia como
Deidad con respecto a sí mismo.)
5 ¿No os acordáis que cuando estaba
todavía con vosotros, os decía esto? (Por eso, los Tesalonicenses no
tenían excusa alguna de apartarse por causa de la doctrina errónea.)
6
Y ahora vosotros sabéis lo que impide (se refiere a la Iglesia), para
que a su tiempo se manifieste. (Se refiere al Anticristo que será
revelado o hecho conocido después del Arrebatamiento de la Iglesia.)
7
Porque ya está obrando el misterio de iniquidad (tiene que ver con la
enseñanza errónea de los falsos maestros): solamente espera hasta que
(la Iglesia) sea quitado de en medio (quien ahora impide la maldad) el
que (la Iglesia) ahora impide (seguirá impidiendo). (Las palabras "el
que" confunde a algunas personas. En Versículo 6, el pronombre "lo que"
se refiere al Anticristo, mientras que en el Versículo 7 "el que" se
refiere a la Iglesia.)
8 Y entonces (después del Arrebatamiento de la
Iglesia) será manifestado (la prueba innegable que el Arrebatamiento va
a ocurrir antes de la Gran Tribulación [Mat. 24:21]) aquel Inicuo (el
Anticristo), al cual el Señor matará con el espíritu de Su Boca (debiera
traducirse, "el Aliento de Su Boca" [Isa. 11:4]), y destruirá con el
resplandor de Su Venida (las dos frases se refieren a la Segunda
Venida):
9 A aquel Inicuo (el Anticristo), cuyo advenimiento es según
la operación de Satanás (quiere decir que Satanás es el patrocinador
del Anticristo), con grande potencia y señales y milagros mentirosos
(declara el hecho de que la ascensión del Anticristo al poder, por lo
menos al principio, será con aspecto religioso),
10 Y con todo engaño
de iniquidad en los que perecen (se refiere al hecho de que "todos los
poderes falsos y las señales falsas y las maravillas falsas" serán
usados para engañar al mundo); por cuanto no recibieron el amor de la
Verdad, para ser salvos (rechazaron a Cristo y la Cruz).
11 Por
tanto, pues (el rechazo de Cristo y la Cruz), les envía Dios un poder
engañoso (si alguien no quiere "la Verdad," Dios procurará que éste
reciba un "engaño"), para que crean a la mentira (debiera traducirse,
"para que creyeran la mentira"; el Texto Griego tiene el artículo
definido "la mentira," lo que se refiere a una mentira específica;
aquella "mentira" corresponde a algo que hace desviar a la persona de la
Cruz):
12 Para que sean condenados todos los que no creyeron a la
Verdad (quienes no aceptaron la Cruz), antes consintieron a la
injusticia. (En el Griego tiene el artículo definido, que realmente
dice, "la injusticia," especificando una injusticia concreta; está
refiriéndose realmente a los resultados del rechazo de la Cruz de
Cristo.)
ACCIÓN DE GRACIAS
13 Mas nosotros debemos dar siempre
gracias a Dios por vosotros (se refiere a aquéllos que no sucumbieron a
las mentiras de los falsos maestros), Hermanos amados del Señor, de que
Dios os haya escogido desde el principio para Salvación por la
Santificación del Espíritu (el Espíritu Santo) y creencia de la Verdad
(no corresponde con el "quién" de la Salvación [en otras palabras, quién
será salvo], sino más bien la "manera" de Salvación y Santificación; la
gente es salva al confiar en Cristo y la Cruz; los Creyentes son
Santificados al seguir confiando en Cristo y la Cruz; la "Cruz" es el
medio de todas las cosas que pertenecen a Dios, con respecto a la
humanidad):
14 A lo cual Él (Dios) os llamó por nuestro Evangelio
(Jesucristo y Él Crucificado [I Cor. 1:17-18, 21; 2:2]), para alcanzar
la Gloria de nuestro Señor Jesucristo. (Corresponde al milagro que viene
con la Salvación, y todo a causa de lo que Cristo hizo en la Cruz.)
15
Así que, Hermanos, estad firmes (se refiere a permanecer firme en el
Evangelio que Pablo les había Predicado), y retened la doctrina que
habéis aprendido (lo que Pablo les había enseñado, lo cual era la
Verdad), sea por palabra, o por Carta nuestra. (Es lo que él les había
predicado cuando estaba con ellos, y, además, por la Epístola que él ya
les había enviado, y la segunda que está escribiendo ahora.)
16 Y El
Mismo Señor nuestro Jesucristo (declara que el Apóstol da el Nombre de
Resurrección de nuestro Señor), y Dios el Padre nuestro (se refiere a la
relación), El Cual nos amó, y nos dio consolación eterna, y buena
esperanza por Gracia (todo hecho posible por la Cruz),
17 Consuele
vuestros corazones (el Espíritu Santo nos consuela), y os confirme en
toda buena palabra y obra. (El principio fundamental para este logro es
un entendimiento correcto de la Cruz de Cristo.)
Primera Corintios Capítulo 13:
Si
hablo en lenguas humanas y angelicales, pero no tengo amor, no soy más
que un metal que resuena o un platillo que hace ruido. Si tengo el don
de profecía y entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento, y
si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no
soy nada. Si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y si entrego mi
cuerpo para que lo consuman las llamas, pero no tengo amor, nada gano
con eso. El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni
jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no
se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la
maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo
cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor jamás se extingue,
mientras que el don de profecía cesará, el de lenguas será silenciado y
el de conocimiento desaparecerá. Porque conocemos y profetizamos de
manera imperfecta; pero cuando llegue lo perfecto, lo imperfecto
desaparecerá. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño,
razonaba como niño; cuando llegué a ser adulto, dejé atrás las cosas de
niño. Ahora vemos de manera indirecta y velada, como en un espejo; pero
entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de manera imperfecta, pero
entonces conoceré tal y como soy conocido. Ahora, pues, permanecen estas
tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más excelente de
ellas es el amor.
Hebreos 10:35-12:4
Así que no pierdan la
confianza, porque ésta será grandemente recompensada. Ustedes necesitan
perseverar para que, después de haber cumplido la voluntad de Dios,
reciban lo que él ha prometido. Pues dentro de muy poco tiempo, "el que
ha de venir vendrá, y no tardará. Pero mi justo vivirá por la fe. Y si
se vuelve atrás, no será de mi agrado." Pero nosotros no somos de los
que se vuelven atrás y acaban por perderse, sino de los que tienen fe y
preservan su vida. Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera,
la certeza de lo que no se ve. Gracias a ella fueron aprobados los
antiguos. Por la fe entendemos que el universo fue formado por la
palabra de Dios, de modo que lo visible no provino de lo que se ve. Por
la fe Abel ofreció a Dios un sacrificio más aceptable que el de Caín,
por lo cual recibió testimonio de ser justo, pues Dios aceptó su
ofrenda. Y por la fe Abel, a pesar de estar muerto, habla todavía. Por
la fe Enoc fue sacado de este mundo sin experimentar la muerte; no fue
hallado porque Dios se lo llevó, pero antes de ser llevado recibió
testimonio de haber agradado a Dios. En realidad, sin fe es imposible
agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer
que él existe y que recompensa a quienes lo buscan. Por la fe Noé,
advertido sobre cosas que aún no se veían, con temor reverente construyó
un arca para salvar a su familia. Por esa fe condenó al mundo y llegó a
ser heredero de la justicia que viene por la fe. Por la fe Abraham,
cuando fue llamado para ir a un lugar que más tarde recibiría como
herencia, obedeció y salió sin saber a dónde iba. Por la fe se radicó
como extranjero en la tierra prometida, y habitó en tiendas de campaña
con Isaac y Jacob, herederos también de la misma promesa, porque
esperaba la ciudad de cimientos sólidos, de la cual Dios es arquitecto y
constructor. Por la fe Abraham, a pesar de su avanzada edad y de que
Sara misma era estéril, recibió fuerza para tener hijos, porque
consideró fiel al que le había hecho la promesa. Así que de este solo
hombre, ya en decadencia, nacieron descendientes numerosos como las
estrellas del cielo e incontables como la arena a la orilla del mar.
Todos ellos vivieron por la fe, y murieron sin haber recibido las cosas
prometidas; más bien, las reconocieron a lo lejos, y confesaron que eran
extranjeros y peregrinos en la tierra. Al expresarse así, claramente
dieron a entender que andaban en busca de una patria. Si hubieran estado
pensando en aquella patria de donde habían emigrado, habrían tenido
oportunidad de regresar a ella. Antes bien, anhelaban una patria mejor,
es decir, la celestial. Por lo tanto, Dios no se avergonzó de ser
llamado su Dios, y les preparó una ciudad. Por la fe Abraham, que había
recibido las promesas, fue puesto a prueba y ofreció a Isaac, su hijo
único, a pesar de que Dios le había dicho: "Tu descendencia se
establecerá por medio de Isaac." Consideraba Abraham que Dios tiene
poder hasta para resucitar a los muertos, y así, en sentido figurado,
recobró a Isaac de entre los muertos. Por la fe Isaac bendijo a Jacob y a
Esaú, previendo lo que les esperaba en el futuro. Por la fe Jacob,
cuando estaba a punto de morir, bendijo a cada uno de los hijos de José,
y adoró apoyándose en la punta de su bastón. Por la fe José, al fin de
su vida, se refirió a la salida de los israelitas de Egipto y dio
instrucciones acerca de sus restos mortales. Por la fe Moisés, recién
nacido, fue escondido por sus padres durante tres meses, porque vieron
que era un niño precioso, y no tuvieron miedo del edicto del rey. Por la
fe Moisés, ya adulto, renunció a ser llamado hijo de la hija del
faraón. Prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar de los
efímeros placeres del pecado. Consideró que el oprobio por causa del
Mesías era una mayor riqueza que los tesoros de Egipto, porque tenía la
mirada puesta en la recompensa. Por la fe salió de Egipto sin tenerle
miedo a la ira del rey, pues se mantuvo firme como si estuviera viendo
al Invisible. Por la fe celebró la Pascua y el rociamiento de la sangre,
para que el exterminador de los primogénitos no tocara a los de Israel.
Por la fe el pueblo cruzó el Mar Rojo como por tierra seca; pero cuando
los egipcios intentaron cruzarlo, se ahogaron. Por la fe cayeron las
murallas de Jericó, después de haber marchado el pueblo siete días a su
alrededor. Por la fe la prostituta Rahab no murió junto con los
desobedientes, pues había recibido en paz a los espías. ¿Qué más voy a
decir? Me faltaría tiempo para hablar de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté,
David, Samuel y los profetas, los cuales por la fe conquistaron reinos,
hicieron justicia y alcanzaron lo prometido; cerraron bocas de leones,
apagaron la furia de las llamas y escaparon del filo de la espada;
sacaron fuerzas de flaqueza; se mostraron valientes en la guerra y
pusieron en fuga a ejércitos extranjeros. Hubo mujeres que por la
resurrección recobraron a sus muertos. Otros, en cambio, fueron muertos a
golpes, pues para alcanzar una mejor resurrección no aceptaron que los
pusieran en libertad. Otros sufrieron la prueba de burlas y azotes, e
incluso de cadenas y cárceles. Fueron apedreados, aserrados por la
mitad, asesinados a filo de espada. Anduvieron fugitivos de aquí para
allá, cubiertos de pieles de oveja y de cabra, pasando necesidades,
afligidos y maltratados. ¡El mundo no merecía gente así! Anduvieron sin
rumbo por desiertos y montañas, por cuevas y cavernas. Aunque todos
obtuvieron un testimonio favorable mediante la fe, ninguno de ellos vio
el cumplimiento de la promesa. Esto sucedió para que ellos no llegaran a
la meta sin nosotros, pues Dios nos había preparado algo mejor. Por
tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande
de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del
pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que
tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y
perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó
la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está
sentado a la derecha del trono de Dios. Así, pues, consideren a aquel
que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para
que no se cansen ni pierdan el ánimo. En la lucha que ustedes libran
contra el pecado, todavía no han tenido que resistir hasta derramar su
sangre.
Romanos 8:
Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación
para los que están unidos a Cristo Jesús, pues por medio de él la ley
del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte.
En efecto, la ley no pudo liberarnos porque la naturaleza pecaminosa
anuló su poder; por eso Dios envió a su propio Hijo en condición
semejante a nuestra condición de pecadores, para que se ofreciera en
sacrificio por el pecado. Así condenó Dios al pecado en la naturaleza
humana, a fin de que las justas demandas de la ley se cumplieran en
nosotros, que no vivimos según la naturaleza pecaminosa sino según el
Espíritu. Los que viven conforme a la naturaleza pecaminosa fijan la
mente en los deseos de tal naturaleza; en cambio, los que viven conforme
al Espíritu fijan la mente en los deseos del Espíritu. La mentalidad
pecaminosa es muerte, mientras que la mentalidad que proviene del
Espíritu es vida y paz. La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios,
pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo. Los que
viven según la naturaleza pecaminosa no pueden agradar a Dios. Sin
embargo, ustedes no viven según la naturaleza pecaminosa sino según el
Espíritu, si es que el Espíritu de Dios vive en ustedes. Y si alguno no
tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo. Pero si Cristo está en
ustedes, el cuerpo está muerto a causa del pecado, pero el Espíritu que
está en ustedes es vida a causa de la justicia. Y si el Espíritu de
aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, el mismo
que levantó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus
cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en ustedes. Por
tanto, hermanos, tenemos una obligación, pero no es la de vivir conforme
a la naturaleza pecaminosa. Porque si ustedes viven conforme a ella,
morirán; pero si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos
del cuerpo, vivirán. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de
Dios son hijos de Dios. Y ustedes no recibieron un espíritu que de
nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos
y les permite clamar: "¡Abba! ¡Padre!" El Espíritu mismo le asegura a
nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos
herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora
sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria. De hecho,
considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la
gloria que habrá de revelarse en nosotros. La creación aguarda con
ansiedad la revelación de los hijos de Dios, porque fue sometida a la
frustración. Esto no sucedió por su propia voluntad, sino por la del que
así lo dispuso. Pero queda la firme esperanza de que la creación misma
ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para así alcanzar
la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Sabemos que toda la creación
todavía gime a una, como si tuviera dolores de parto. Y no sólo ella,
sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu,
gemimos interiormente, mientras aguardamos nuestra adopción como hijos,
es decir, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esa esperanza fuimos
salvados. Pero la esperanza que se ve, ya no es esperanza. ¿Quién
espera lo que ya tiene? Pero si esperamos lo que todavía no tenemos, en
la espera mostramos nuestra constancia. Así mismo, en nuestra debilidad
el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu
mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con
palabras. Y Dios, que examina los corazones, sabe cuál es la intención
del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a
la voluntad de Dios. Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las
cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de
acuerdo con su propósito. Porque a los que Dios conoció de antemano,
también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo,
para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. A los que
predestinó, también los llamó; a los que llamó, también los justificó; y
a los que justificó, también los glorificó. ¿Qué diremos frente a esto?
Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra? El
que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos
nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas
las cosas? ¿Quién acusará a los que Dios ha escogido? Dios es el que
justifica. ¿Quién condenará? Cristo Jesús es el que murió, e incluso
resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros. ¿Quién
nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la
persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia? Así
está escrito: "Por tu causa nos vemos amenazados de muerte todo el día;
nos tratan como a ovejas destinadas al matadero." Sin embargo, en todo
esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Pues estoy
convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los
demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni
lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del
amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.
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El 30 de diciembre Lectura Bíblica Diaria
Sonidos del aire libre
Mensaje de la Cruz de Cristo Jesús-Capítulo-1

El 30 de diciembre Lectura Bíblica Diaria:
Números 11 a 13:
11
Aconteció que el pueblo se quejó a oídos de Jehová; y lo oyó Jehová, y
ardió su ira, y se encendió en ellos fuego de Jehová, y consumió uno de
los extremos del campamento. Entonces el pueblo clamó a Moisés, y Moisés
oró a Jehová, y el fuego se extinguió. Y llamó a aquel lugar Tabera,
porque el fuego de Jehová se encendió en ellos. Y la gente extranjera
que se mezcló con ellos tuvo un vivo deseo, y los hijos de Israel
también volvieron a llorar y dijeron: ¡Quién nos diera a comer carne!
Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto de balde, de los
pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos; y ahora
nuestra alma se seca; pues nada sino este maná ven nuestros ojos. Y era
el maná como semilla de culantro, y su color como color de bedelio. El
pueblo se esparcía y lo recogía, y lo molía en molinos o lo majaba en
morteros, y lo cocía en caldera o hacía de él tortas; su sabor era como
sabor de aceite nuevo. Y cuando descendía el rocío sobre el campamento
de noche, el maná descendía sobre él. Y oyó Moisés al pueblo, que
lloraba por sus familias, cada uno a la puerta de su tienda; y la ira de
Jehová se encendió en gran manera; también le pareció mal a Moisés. Y
dijo Moisés a Jehová: ¿Por qué has hecho mal a tu siervo? ¿y por qué no
he hallado gracia en tus ojos, que has puesto la carga de todo este
pueblo sobre mí? ¿Concebí yo a todo este pueblo? ¿Lo engendré yo, para
que me digas: Llévalo en tu seno, como lleva la que cría al que mama, a
la tierra de la cual juraste a sus padres? ¿De dónde conseguiré yo carne
para dar a todo este pueblo? Porque lloran a mí, diciendo: Danos carne
que comamos. No puedo yo solo soportar a todo este pueblo, que me es
pesado en demasía. Y si así lo haces tú conmigo, yo te ruego que me des
muerte, si he hallado gracia en tus ojos; y que yo no vea mi mal.
Entonces Jehová dijo a Moisés: Reúneme setenta varones de los ancianos
de Israel, que tú sabes que son ancianos del pueblo y sus principales; y
tráelos a la puerta del tabernáculo de reunión, y esperen allí contigo.
Y yo descenderé y hablaré allí contigo, y tomaré del espíritu que está
en ti, y pondré en ellos; y llevarán contigo la carga del pueblo, y no
la llevarás tú solo. Pero al pueblo dirás: Santificaos para mañana, y
comeréis carne; porque habéis llorado en oídos de Jehová, diciendo:
¡Quién nos diera a comer carne! ¡Ciertamente mejor nos iba en Egipto!
Jehová, pues, os dará carne, y comeréis. No comeréis un día, ni dos
días, ni cinco días, ni diez días, ni veinte días, sino hasta un mes
entero, hasta que os salga por las narices, y la aborrezcáis, por cuanto
menospreciasteis a Jehová que está en medio de vosotros, y llorasteis
delante de él, diciendo: ¿Para qué salimos acá de Egipto? Entonces dijo
Moisés: Seiscientos mil de a pie es el pueblo en medio del cual yo
estoy; ¡y tú dices: Les daré carne, y comerán un mes entero! ¿Se
degollarán para ellos ovejas y bueyes que les basten? ¿o se juntarán
para ellos todos los peces del mar para que tengan abasto? Entonces
Jehová respondió a Moisés: ¿Acaso se ha acortado la mano de Jehová?
Ahora verás si se cumple mi palabra, o no. Y salió Moisés y dijo al
pueblo las palabras de Jehová; y reunió a los setenta varones de los
ancianos del pueblo, y los hizo estar alrededor del tabernáculo.
Entonces Jehová descendió en la nube, y le habló; y tomó del espíritu
que estaba en él, y lo puso en los setenta varones ancianos; y cuando
posó sobre ellos el espíritu, profetizaron, y no cesaron. Y habían
quedado en el campamento dos varones, llamados el uno Eldad y el otro
Medad, sobre los cuales también reposó el espíritu; estaban éstos entre
los inscritos, pero no habían venido al tabernáculo; y profetizaron en
el campamento. Y corrió un joven y dio aviso a Moisés, y dijo: Eldad y
Medad profetizan en el campamento. Entonces respondió Josué hijo de Nun,
ayudante de Moisés, uno de sus jóvenes, y dijo: Señor mío Moisés,
impídelos. Y Moisés le respondió: ¿Tienes tú celos por mí? Ojalá todo el
pueblo de Jehová fuese profeta, y que Jehová pusiera su espíritu sobre
ellos. Y Moisés volvió al campamento, él y los ancianos de Israel. Y
vino un viento de Jehová, y trajo codornices del mar, y las dejó sobre
el campamento, un día de camino a un lado, y un día de camino al otro,
alrededor del campamento, y casi dos codos sobre la faz de la tierra.
Entonces el pueblo estuvo levantado todo aquel día y toda la noche, y
todo el día siguiente, y recogieron codornices; el que menos, recogió
diez montones; y las tendieron para sí a lo largo alrededor del
campamento. Aún estaba la carne entre los dientes de ellos, antes que
fuese masticada, cuando la ira de Jehová se encendió en el pueblo, e
hirió Jehová al pueblo con una plaga muy grande. Y llamó el nombre de
aquel lugar Kibrot-hataava, por cuanto allí sepultaron al pueblo
codicioso. De Kibrot-hataava partió el pueblo a Hazerot, y se quedó en
Hazerot. 12 María y Aarón hablaron contra Moisés a causa de la mujer
cusita que había tomado; porque él había tomado mujer cusita. Y dijeron:
¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová? ¿No ha hablado también por
nosotros? Y lo oyó Jehová. Y aquel varón Moisés era muy manso, más que
todos los hombres que había sobre la tierra. Luego dijo Jehová a Moisés,
a Aarón y a María: Salid vosotros tres al tabernáculo de reunión. Y
salieron ellos tres. Entonces Jehová descendió en la columna de la nube,
y se puso a la puerta del tabernáculo, y llamó a Aarón y a María; y
salieron ambos. Y él les dijo: Oíd ahora mis palabras. Cuando haya entre
vosotros profeta de Jehová, le apareceré en visión, en sueños hablaré
con él. No así a mi siervo Moisés, que es fiel en toda mi casa. Cara a
cara hablaré con él, y claramente, y no por figuras; y verá la
apariencia de Jehová. ¿Por qué, pues, no tuvisteis temor de hablar
contra mi siervo Moisés? Entonces la ira de Jehová se encendió contra
ellos; y se fue. Y la nube se apartó del tabernáculo, y he aquí que
María estaba leprosa como la nieve; y miró Aarón a María, y he aquí que
estaba leprosa. Y dijo Aarón a Moisés: ¡Ah! señor mío, no pongas ahora
sobre nosotros este pecado; porque locamente hemos actuado, y hemos
pecado. No quede ella ahora como el que nace muerto, que al salir del
vientre de su madre, tiene ya medio consumida su carne. Entonces Moisés
clamó a Jehová, diciendo: Te ruego, oh Dios, que la sanes ahora.
Respondió Jehová a Moisés: Pues si su padre hubiera escupido en su
rostro, ¿no se avergonzaría por siete días? Sea echada fuera del
campamento por siete días, y después volverá a la congregación. Así
María fue echada del campamento siete días; y el pueblo no pasó adelante
hasta que se reunió María con ellos. Después el pueblo partió de
Hazerot, y acamparon en el desierto de Parán. 13 Y Jehová habló a
Moisés, diciendo: Envía tú hombres que reconozcan la tierra de Canaán,
la cual yo doy a los hijos de Israel; de cada tribu de sus padres
enviaréis un varón, cada uno príncipe entre ellos. Y Moisés los envió
desde el desierto de Parán, conforme a la palabra de Jehová; y todos
aquellos varones eran príncipes de los hijos de Israel. Estos son sus
nombres: De la tribu de Rubén, Samúa hijo de Zacur. De la tribu de
Simeón, Safat hijo de Horí. De la tribu de Judá, Caleb hijo de Jefone.
De la tribu de Isacar, Igal hijo de José. De la tribu de Efraín, Oseas
hijo de Nun. De la tribu de Benjamín, Palti hijo de Rafú. De la tribu de
Zabulón, Gadiel hijo de Sodi. De la tribu de José: de la tribu de
Manasés, Gadi hijo de Susi. De la tribu de Dan, Amiel hijo de Gemali. De
la tribu de Aser, Setur hijo de Micael. De la tribu de Neftalí, Nahbi
hijo de Vapsi. De la tribu de Gad, Geuel hijo de Maqui. Estos son los
nombres de los varones que Moisés envió a reconocer la tierra; y a Oseas
hijo de Nun le puso Moisés el nombre de Josué. Los envió, pues, Moisés a
reconocer la tierra de Canaán, diciéndoles: Subid de aquí al Neguev, y
subid al monte, y observad la tierra cómo es, y el pueblo que la habita,
si es fuerte o débil, si poco o numeroso; cómo es la tierra habitada,
si es buena o mala; y cómo son las ciudades habitadas, si son
campamentos o plazas fortificadas; y cómo es el terreno, si es fértil o
estéril, si en él hay árboles o no; y esforzaos, y tomad del fruto del
país. Y era el tiempo de las primeras uvas. Y ellos subieron, y
reconocieron la tierra desde el desierto de Zin hasta Rehob, entrando en
Hamat. Y subieron al Neguev y vinieron hasta Hebrón; y allí estaban
Ahimán, Sesai y Talmai, hijos de Anac. Hebrón fue edificada siete años
antes de Zoán en Egipto. Y llegaron hasta el arroyo de Escol, y de allí
cortaron un sarmiento con un racimo de uvas, el cual trajeron dos en un
palo, y de las granadas y de los higos. Y se llamó aquel lugar el Valle
de Escol, por el racimo que cortaron de allí los hijos de Israel. Y
volvieron de reconocer la tierra al fin de cuarenta días. Y anduvieron y
vinieron a Moisés y a Aarón, y a toda la congregación de los hijos de
Israel, en el desierto de Parán, en Cades, y dieron la información a
ellos y a toda la congregación, y les mostraron el fruto de la tierra. Y
les contaron, diciendo: Nosotros llegamos a la tierra a la cual nos
enviaste, la que ciertamente fluye leche y miel; y este es el fruto de
ella. Mas el pueblo que habita aquella tierra es fuerte, y las ciudades
muy grandes y fortificadas; y también vimos allí a los hijos de Anac.
Amalec habita el Neguev, y el heteo, el jebuseo y el amorreo habitan en
el monte, y el cananeo habita junto al mar, y a la ribera del Jordán.
Entonces Caleb hizo callar al pueblo delante de Moisés, y dijo: Subamos
luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que
ellos. Mas los varones que subieron con él, dijeron: No podremos subir
contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros. Y hablaron mal
entre los hijos de Israel, de la tierra que habían reconocido, diciendo:
La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga a sus
moradores; y todo el pueblo que vimos en medio de ella son hombres de
grande estatura. También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los
gigantes, y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así
les parecíamos a ellos.
Salmo 14:
Dice
el necio en su corazón: "No hay Dios." Están corrompidos, sus obras son
detestables; ¡no hay uno solo que haga lo bueno! Desde el cielo el
Señor contempla a los mortales, para ver si hay alguien que sea sensato y
busque a Dios. Pero todos se han descarriado, a una se han corrompido.
No hay nadie que haga lo bueno; ¡no hay uno solo! ¿Acaso no entienden
todos los que hacen lo malo, los que devoran a mi pueblo como si fuera
pan? ¡Jamás invocan al Señor! Allí los tienen, sobrecogidos de miedo,
pero Dios está con los que son justos. Ustedes frustran los planes de
los pobres, pero el Señor los protege. ¡Quiera Dios que de Sión venga la
salvación de Israel! Cuando el Señor restaure a su pueblo, ¡Jacob se
regocijará, Israel se alegrará!
Proverbios 8:
¿Acaso
no está llamando la sabiduría? ¿No está elevando su voz la
inteligencia? Toma su puesto en las alturas, a la vera del camino y en
las encrucijadas. Junto a las puertas que dan a la ciudad, a la entrada
misma, grita a voz en cuello: "A ustedes los hombres, los estoy
llamando; dirijo mi voz a toda la humanidad. Ustedes los inexpertos,
¡adquieran prudencia! Ustedes los necios, ¡obtengan discernimiento!
Escúchenme, que diré cosas importantes; mis labios hablarán con
justicia. Mi boca expresará la verdad, pues mis labios detestan la
mentira. Las palabras de mi boca son todas justas; no hay en ellas
maldad ni doblez. Son claras para los entendidos, e irreprochables para
los sabios. Opten por mi instrucción, no por la plata; por el
conocimiento, no por el oro refinado. Vale más la sabiduría que las
piedras preciosas, y ni lo más deseable se le compara. "Yo, la
sabiduría, convivo con la prudencia y poseo conocimiento y discreción.
Quien teme al Señor aborrece lo malo; yo aborrezco el orgullo y la
arrogancia, la mala conducta y el lenguaje perverso. Míos son el consejo
y el buen juicio; míos son el entendimiento y el poder. Por mí reinan
los reyes y promulgan leyes justas los gobernantes. Por mí gobiernan los
príncipes y todos los nobles que rigen la tierra. A los que me aman,
les correspondo; a los que me buscan, me doy a conocer. Conmigo están
las riquezas y la honra, la prosperidad y los bienes duraderos. Mi fruto
es mejor que el oro fino; mi cosecha sobrepasa a la plata refinada. Voy
por el camino de la rectitud, por los senderos de la justicia,
enriqueciendo a los que me aman y acrecentando sus tesoros. "El Señor me
dio la vida como primicia de sus obras, mucho antes de sus obras de
antaño. Fui establecida desde la eternidad, desde antes que existiera el
mundo. No existían los grandes mares cuando yo nací; no había entonces
manantiales de abundantes aguas. Nací antes que fueran formadas las
colinas, antes que se cimentaran las montañas, antes que él creara la
tierra y sus paisajes y el polvo primordial con que hizo el mundo.
Cuando Dios cimentó la bóveda celeste y trazó el horizonte sobre las
aguas, allí estaba yo presente. Cuando estableció las nubes en los
cielos y reforzó las fuentes del mar profundo; cuando señaló los límites
del mar, para que las aguas obedecieran su mandato; cuando plantó los
fundamentos de la tierra, allí estaba yo, afirmando su obra. Día tras
día me llenaba yo de alegría, siempre disfrutaba de estar en su
presencia; me regocijaba en el mundo que él creó; ¡en el género humano
me deleitaba! "Y ahora, hijos míos, escúchenme: *dichosos los que van
por mis caminos. Atiendan a mi instrucción, y sean sabios; no la
descuiden. Dichosos los que me escuchan y a mis puertas están atentos
cada día, esperando a la entrada de mi casa. En verdad, quien me
encuentra, halla la vida y recibe el favor del Señor. Quien me rechaza,
se perjudica a sí mismo; quien me aborrece, ama la muerte."
El Libro de II Tesalonicenses Capítulo 1 del Nuevo Testamento del Expositor por Jimmy Swaggart:
LA SEGUNDA EPÍSTOLA DEL APÓSTOL PABLO A LOS TESALONISENSES
CAPÍTULO 1 (54 d.C.) INTRODUCCIÓN PABLO,
y Silas, y Timoteo, a la Iglesia de los Tesalonicenses (es
probablemente la segunda Epístola escrita por el gran Apóstol) que es en
Dios nuestro Padre y en el Señor Jesucristo (Dios es nuestro Padre, en
Virtud de Cristo y lo que Él hizo por nosotros en la Cruz): 2
Gracia y Paz (la Paz que resulta de la Santificación) a vosotros de
Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo (todo hecho posible por la
Cruz).CRECIMIENTO ESPIRITUAL 3
Debemos siempre dar gracias a Dios de vosotros, Hermanos, como es
digno, por cuanto vuestra Fe va creciendo (la Fe crece a medida que la
Palabra se aplica correctamente, y la Cruz sigue siendo siempre el
Objeto de la Fe), y la caridad (el amor) de cada uno de todos vosotros
abunda entre vosotros (presenta el primer distintivo del Cristianismo,
que amemos a los Hermanos); 4
Tanto, que nosotros mismos nos gloriamos de vosotros en las Iglesias de
Dios (habían tomado la poca enseñanza que Pablo había podido
impartirles, que era, sin duda, la Cruz, y la usaban al máximo), de
vuestra paciencia y fe en todas vuestras persecuciones y tribulaciones
que sufrís (los sufrimientos continuos y repetidos que todavía seguían): 5
Una demostración del Justo Juicio de Dios (el sentido de esta frase
consiste en que la resistencia de aflicción por causa de la Justicia, en
una manera apropiada, es prueba de que habrá Justicia de Dios en el día
final), para que seáis tenidos por dignos del Reino de Dios, por el
cual asimismo padecéis (pudiera traducirse, "los propósitos de Dios al
considerar a Sus Hijos dignos del Reino de Dios, por los cuales también
sufren" [Hch. 5:41; I Ped. 4:12-16]): 6
Porque es Justo para con Dios pagar con tribulación a los que os
atribulan (hay que defendernos con respecto a la retribución, sino que
debemos dejarlo en las Manos del Señor); LA SEGUNDA VENIDA 7
Y a vosotros, que sois atribulados, daros descanso con nosotros
(lamentablemente, el problema seguirá hasta cuando Jesús regrese;
"descansaremos" en ese entonces), cuando se manifestará el Señor Jesús
del Cielo con los Ángeles de Su potencia (se refiere a la Segunda
Venida, que es diferente del Arrebatamiento), 8
En llama de fuego, para dar el pago a los que no conocieron a Dios (el
modo de la Segunda Venida), ni obedecen al Evangelio de nuestro Señor
Jesucristo (quienes han rechazado a Cristo y la Cruz): 9
Los cuales serán castigados de eterna perdición por la Presencia del
Señor (corresponde al Lago de Fuego, que será eterno), y por la Gloria
de Su Poder (poder para salvar, pero rechazado y, por lo tanto, el fin
es la "destrucción eterna"); 10
Cuando viniere para ser Glorificado en Sus Santos (todos los Santos Lo
alabarán y lo harán continuamente), y a hacerse admirable en aquel día
en todos los que creyeron (Cristo será el Centro y Punto Central de
todas las Cosas) (por cuanto nuestro testimonio ha sido creído entre
vosotros) en aquel día. (Creyeron el Testimonio de Pablo en cuanto a
Cristo y la Cruz y, por lo tanto, estarán con Cristo para siempre.) LA ORACIÓN 11
Por lo cual, asimismo oramos siempre por vosotros (expresa la idea de
que la esperanza de los Creyentes no puede ser realizada excepto por
ayuda sobrenatural), que nuestro Dios os tenga por dignos de Su vocación
(indica el hecho de que es el Carácter Santo como evidencia de la Fe
Salvadora que aceptará a los hombres en "aquel día"), y llene de bondad a
cada voluntad (se refiere a todas las cosas maravillosas que el
Espíritu Santo desea hacer para nosotros y, de hecho, hará para nosotros
si sólo cooperemos con Él), y toda obra de Fe con poder (Fe en la Cruz,
que da al Espíritu Santo libertad de acción para obrar, en Quien es el
Poder): 12
Para que el Nombre de nuestro Señor Jesucristo sea glorificado en
vosotros (el propósito del Espíritu Santo), y vosotros en Él (en
Cristo), por la Gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo. (Todo
hecho posible por la Cruz, que luego nos es dado libremente por medio de
la Gracia.)
Primera Corintios Capítulo 13:
Si
hablo en lenguas humanas y angelicales, pero no tengo amor, no soy más
que un metal que resuena o un platillo que hace ruido. Si tengo el don
de profecía y entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento, y
si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no
soy nada. Si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y si entrego mi
cuerpo para que lo consuman las llamas, pero no tengo amor, nada gano
con eso. El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni
jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no
se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la
maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo
cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor jamás se extingue,
mientras que el don de profecía cesará, el de lenguas será silenciado y
el de conocimiento desaparecerá. Porque conocemos y profetizamos de
manera imperfecta; pero cuando llegue lo perfecto, lo imperfecto
desaparecerá. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño,
razonaba como niño; cuando llegué a ser adulto, dejé atrás las cosas de
niño. Ahora vemos de manera indirecta y velada, como en un espejo; pero
entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de manera imperfecta, pero
entonces conoceré tal y como soy conocido. Ahora, pues, permanecen estas
tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más excelente de
ellas es el amor.
Hebreos 10:35-12:4
Así
que no pierdan la confianza, porque ésta será grandemente recompensada.
Ustedes necesitan perseverar para que, después de haber cumplido la
voluntad de Dios, reciban lo que él ha prometido. Pues dentro de muy
poco tiempo, "el que ha de venir vendrá, y no tardará. Pero mi justo
vivirá por la fe. Y si se vuelve atrás, no será de mi agrado." Pero
nosotros no somos de los que se vuelven atrás y acaban por perderse,
sino de los que tienen fe y preservan su vida. Ahora bien, la fe es la
garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve. Gracias a
ella fueron aprobados los antiguos. Por la fe entendemos que el universo
fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo visible no provino
de lo que se ve. Por la fe Abel ofreció a Dios un sacrificio más
aceptable que el de Caín, por lo cual recibió testimonio de ser justo,
pues Dios aceptó su ofrenda. Y por la fe Abel, a pesar de estar muerto,
habla todavía. Por la fe Enoc fue sacado de este mundo sin experimentar
la muerte; no fue hallado porque Dios se lo llevó, pero antes de ser
llevado recibió testimonio de haber agradado a Dios. En realidad, sin fe
es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios
tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan. Por
la fe Noé, advertido sobre cosas que aún no se veían, con temor
reverente construyó un arca para salvar a su familia. Por esa fe condenó
al mundo y llegó a ser heredero de la justicia que viene por la fe. Por
la fe Abraham, cuando fue llamado para ir a un lugar que más tarde
recibiría como herencia, obedeció y salió sin saber a dónde iba. Por la
fe se radicó como extranjero en la tierra prometida, y habitó en tiendas
de campaña con Isaac y Jacob, herederos también de la misma promesa,
porque esperaba la ciudad de cimientos sólidos, de la cual Dios es
arquitecto y constructor. Por la fe Abraham, a pesar de su avanzada edad
y de que Sara misma era estéril, recibió fuerza para tener hijos,
porque consideró fiel al que le había hecho la promesa. Así que de este
solo hombre, ya en decadencia, nacieron descendientes numerosos como las
estrellas del cielo e incontables como la arena a la orilla del mar.
Todos ellos vivieron por la fe, y murieron sin haber recibido las cosas
prometidas; más bien, las reconocieron a lo lejos, y confesaron que eran
extranjeros y peregrinos en la tierra. Al expresarse así, claramente
dieron a entender que andaban en busca de una patria. Si hubieran estado
pensando en aquella patria de donde habían emigrado, habrían tenido
oportunidad de regresar a ella. Antes bien, anhelaban una patria mejor,
es decir, la celestial. Por lo tanto, Dios no se avergonzó de ser
llamado su Dios, y les preparó una ciudad. Por la fe Abraham, que había
recibido las promesas, fue puesto a prueba y ofreció a Isaac, su hijo
único, a pesar de que Dios le había dicho: "Tu descendencia se
establecerá por medio de Isaac." Consideraba Abraham que Dios tiene
poder hasta para resucitar a los muertos, y así, en sentido figurado,
recobró a Isaac de entre los muertos. Por la fe Isaac bendijo a Jacob y a
Esaú, previendo lo que les esperaba en el futuro. Por la fe Jacob,
cuando estaba a punto de morir, bendijo a cada uno de los hijos de José,
y adoró apoyándose en la punta de su bastón. Por la fe José, al fin de
su vida, se refirió a la salida de los israelitas de Egipto y dio
instrucciones acerca de sus restos mortales. Por la fe Moisés, recién
nacido, fue escondido por sus padres durante tres meses, porque vieron
que era un niño precioso, y no tuvieron miedo del edicto del rey. Por la
fe Moisés, ya adulto, renunció a ser llamado hijo de la hija del
faraón. Prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar de los
efímeros placeres del pecado. Consideró que el oprobio por causa del
Mesías era una mayor riqueza que los tesoros de Egipto, porque tenía la
mirada puesta en la recompensa. Por la fe salió de Egipto sin tenerle
miedo a la ira del rey, pues se mantuvo firme como si estuviera viendo
al Invisible. Por la fe celebró la Pascua y el rociamiento de la sangre,
para que el exterminador de los primogénitos no tocara a los de Israel.
Por la fe el pueblo cruzó el Mar Rojo como por tierra seca; pero cuando
los egipcios intentaron cruzarlo, se ahogaron. Por la fe cayeron las
murallas de Jericó, después de haber marchado el pueblo siete días a su
alrededor. Por la fe la prostituta Rahab no murió junto con los
desobedientes, pues había recibido en paz a los espías. ¿Qué más voy a
decir? Me faltaría tiempo para hablar de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté,
David, Samuel y los profetas, los cuales por la fe conquistaron reinos,
hicieron justicia y alcanzaron lo prometido; cerraron bocas de leones,
apagaron la furia de las llamas y escaparon del filo de la espada;
sacaron fuerzas de flaqueza; se mostraron valientes en la guerra y
pusieron en fuga a ejércitos extranjeros. Hubo mujeres que por la
resurrección recobraron a sus muertos. Otros, en cambio, fueron muertos a
golpes, pues para alcanzar una mejor resurrección no aceptaron que los
pusieran en libertad. Otros sufrieron la prueba de burlas y azotes, e
incluso de cadenas y cárceles. Fueron apedreados, aserrados por la
mitad, asesinados a filo de espada. Anduvieron fugitivos de aquí para
allá, cubiertos de pieles de oveja y de cabra, pasando necesidades,
afligidos y maltratados. ¡El mundo no merecía gente así! Anduvieron sin
rumbo por desiertos y montañas, por cuevas y cavernas. Aunque todos
obtuvieron un testimonio favorable mediante la fe, ninguno de ellos vio
el cumplimiento de la promesa. Esto sucedió para que ellos no llegaran a
la meta sin nosotros, pues Dios nos había preparado algo mejor. Por
tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande
de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del
pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que
tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y
perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó
la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está
sentado a la derecha del trono de Dios. Así, pues, consideren a aquel
que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para
que no se cansen ni pierdan el ánimo. En la lucha que ustedes libran
contra el pecado, todavía no han tenido que resistir hasta derramar su
sangre.
Romanos 8:
Por
lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a
Cristo Jesús, pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me ha
liberado de la ley del pecado y de la muerte. En efecto, la ley no pudo
liberarnos porque la naturaleza pecaminosa anuló su poder; por eso Dios
envió a su propio Hijo en condición semejante a nuestra condición de
pecadores, para que se ofreciera en sacrificio por el pecado. Así
condenó Dios al pecado en la naturaleza humana, a fin de que las justas
demandas de la ley se cumplieran en nosotros, que no vivimos según la
naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu. Los que viven conforme a
la naturaleza pecaminosa fijan la mente en los deseos de tal naturaleza;
en cambio, los que viven conforme al Espíritu fijan la mente en los
deseos del Espíritu. La mentalidad pecaminosa es muerte, mientras que la
mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz. La mentalidad
pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es
capaz de hacerlo. Los que viven según la naturaleza pecaminosa no
pueden agradar a Dios. Sin embargo, ustedes no viven según la naturaleza
pecaminosa sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios vive
en ustedes. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo.
Pero si Cristo está en ustedes, el cuerpo está muerto a causa del
pecado, pero el Espíritu que está en ustedes es vida a causa de la
justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los
muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los
muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su
Espíritu, que vive en ustedes. Por tanto, hermanos, tenemos una
obligación, pero no es la de vivir conforme a la naturaleza pecaminosa.
Porque si ustedes viven conforme a ella, morirán; pero si por medio del
Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán. Porque
todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y
ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo,
sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: "¡Abba!
¡Padre!" El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos
hijos de Dios. Y si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y
coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos
parte con él en su gloria. De hecho, considero que en nada se comparan
los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en
nosotros. La creación aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de
Dios, porque fue sometida a la frustración. Esto no sucedió por su
propia voluntad, sino por la del que así lo dispuso. Pero queda la firme
esperanza de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción
que la esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de
Dios. Sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera
dolores de parto. Y no sólo ella, sino también nosotros mismos, que
tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras
aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de
nuestro cuerpo. Porque en esa esperanza fuimos salvados. Pero la
esperanza que se ve, ya no es esperanza. ¿Quién espera lo que ya tiene?
Pero si esperamos lo que todavía no tenemos, en la espera mostramos
nuestra constancia. Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a
ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por
nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que
examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el
Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios.
Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de
quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito.
Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser
transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito
entre muchos hermanos. A los que predestinó, también los llamó; a los
que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los
glorificó. ¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte,
¿quién puede estar en contra nuestra? El que no escatimó ni a su propio
Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos
generosamente, junto con él, todas las cosas? ¿Quién acusará a los que
Dios ha escogido? Dios es el que justifica. ¿Quién condenará? Cristo
Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y está a la derecha de Dios e
intercede por nosotros. ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La
tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el
peligro, o la violencia? Así está escrito: "Por tu causa nos vemos
amenazados de muerte todo el día; nos tratan como a ovejas destinadas al
matadero." Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio
de aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la
vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni
los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la
creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en
Cristo Jesús nuestro Señor.
:
Números 11 a 13:
11
Aconteció que el pueblo se quejó a oídos de Jehová; y lo oyó Jehová, y
ardió su ira, y se encendió en ellos fuego de Jehová, y consumió uno de
los extremos del campamento. Entonces el pueblo clamó a Moisés, y Moisés
oró a Jehová, y el fuego se extinguió. Y llamó a aquel lugar Tabera,
porque el fuego de Jehová se encendió en ellos. Y la gente extranjera
que se mezcló con ellos tuvo un vivo deseo, y los hijos de Israel
también volvieron a llorar y dijeron: ¡Quién nos diera a comer carne!
Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto de balde, de los
pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos; y ahora
nuestra alma se seca; pues nada sino este maná ven nuestros ojos. Y era
el maná como semilla de culantro, y su color como color de bedelio. El
pueblo se esparcía y lo recogía, y lo molía en molinos o lo majaba en
morteros, y lo cocía en caldera o hacía de él tortas; su sabor era como
sabor de aceite nuevo. Y cuando descendía el rocío sobre el campamento
de noche, el maná descendía sobre él. Y oyó Moisés al pueblo, que
lloraba por sus familias, cada uno a la puerta de su tienda; y la ira de
Jehová se encendió en gran manera; también le pareció mal a Moisés. Y
dijo Moisés a Jehová: ¿Por qué has hecho mal a tu siervo? ¿y por qué no
he hallado gracia en tus ojos, que has puesto la carga de todo este
pueblo sobre mí? ¿Concebí yo a todo este pueblo? ¿Lo engendré yo, para
que me digas: Llévalo en tu seno, como lleva la que cría al que mama, a
la tierra de la cual juraste a sus padres? ¿De dónde conseguiré yo carne
para dar a todo este pueblo? Porque lloran a mí, diciendo: Danos carne
que comamos. No puedo yo solo soportar a todo este pueblo, que me es
pesado en demasía. Y si así lo haces tú conmigo, yo te ruego que me des
muerte, si he hallado gracia en tus ojos; y que yo no vea mi mal.
Entonces Jehová dijo a Moisés: Reúneme setenta varones de los ancianos
de Israel, que tú sabes que son ancianos del pueblo y sus principales; y
tráelos a la puerta del tabernáculo de reunión, y esperen allí contigo.
Y yo descenderé y hablaré allí contigo, y tomaré del espíritu que está
en ti, y pondré en ellos; y llevarán contigo la carga del pueblo, y no
la llevarás tú solo. Pero al pueblo dirás: Santificaos para mañana, y
comeréis carne; porque habéis llorado en oídos de Jehová, diciendo:
¡Quién nos diera a comer carne! ¡Ciertamente mejor nos iba en Egipto!
Jehová, pues, os dará carne, y comeréis. No comeréis un día, ni dos
días, ni cinco días, ni diez días, ni veinte días, sino hasta un mes
entero, hasta que os salga por las narices, y la aborrezcáis, por cuanto
menospreciasteis a Jehová que está en medio de vosotros, y llorasteis
delante de él, diciendo: ¿Para qué salimos acá de Egipto? Entonces dijo
Moisés: Seiscientos mil de a pie es el pueblo en medio del cual yo
estoy; ¡y tú dices: Les daré carne, y comerán un mes entero! ¿Se
degollarán para ellos ovejas y bueyes que les basten? ¿o se juntarán
para ellos todos los peces del mar para que tengan abasto? Entonces
Jehová respondió a Moisés: ¿Acaso se ha acortado la mano de Jehová?
Ahora verás si se cumple mi palabra, o no. Y salió Moisés y dijo al
pueblo las palabras de Jehová; y reunió a los setenta varones de los
ancianos del pueblo, y los hizo estar alrededor del tabernáculo.
Entonces Jehová descendió en la nube, y le habló; y tomó del espíritu
que estaba en él, y lo puso en los setenta varones ancianos; y cuando
posó sobre ellos el espíritu, profetizaron, y no cesaron. Y habían
quedado en el campamento dos varones, llamados el uno Eldad y el otro
Medad, sobre los cuales también reposó el espíritu; estaban éstos entre
los inscritos, pero no habían venido al tabernáculo; y profetizaron en
el campamento. Y corrió un joven y dio aviso a Moisés, y dijo: Eldad y
Medad profetizan en el campamento. Entonces respondió Josué hijo de Nun,
ayudante de Moisés, uno de sus jóvenes, y dijo: Señor mío Moisés,
impídelos. Y Moisés le respondió: ¿Tienes tú celos por mí? Ojalá todo el
pueblo de Jehová fuese profeta, y que Jehová pusiera su espíritu sobre
ellos. Y Moisés volvió al campamento, él y los ancianos de Israel. Y
vino un viento de Jehová, y trajo codornices del mar, y las dejó sobre
el campamento, un día de camino a un lado, y un día de camino al otro,
alrededor del campamento, y casi dos codos sobre la faz de la tierra.
Entonces el pueblo estuvo levantado todo aquel día y toda la noche, y
todo el día siguiente, y recogieron codornices; el que menos, recogió
diez montones; y las tendieron para sí a lo largo alrededor del
campamento. Aún estaba la carne entre los dientes de ellos, antes que
fuese masticada, cuando la ira de Jehová se encendió en el pueblo, e
hirió Jehová al pueblo con una plaga muy grande. Y llamó el nombre de
aquel lugar Kibrot-hataava, por cuanto allí sepultaron al pueblo
codicioso. De Kibrot-hataava partió el pueblo a Hazerot, y se quedó en
Hazerot. 12 María y Aarón hablaron contra Moisés a causa de la mujer
cusita que había tomado; porque él había tomado mujer cusita. Y dijeron:
¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová? ¿No ha hablado también por
nosotros? Y lo oyó Jehová. Y aquel varón Moisés era muy manso, más que
todos los hombres que había sobre la tierra. Luego dijo Jehová a Moisés,
a Aarón y a María: Salid vosotros tres al tabernáculo de reunión. Y
salieron ellos tres. Entonces Jehová descendió en la columna de la nube,
y se puso a la puerta del tabernáculo, y llamó a Aarón y a María; y
salieron ambos. Y él les dijo: Oíd ahora mis palabras. Cuando haya entre
vosotros profeta de Jehová, le apareceré en visión, en sueños hablaré
con él. No así a mi siervo Moisés, que es fiel en toda mi casa. Cara a
cara hablaré con él, y claramente, y no por figuras; y verá la
apariencia de Jehová. ¿Por qué, pues, no tuvisteis temor de hablar
contra mi siervo Moisés? Entonces la ira de Jehová se encendió contra
ellos; y se fue. Y la nube se apartó del tabernáculo, y he aquí que
María estaba leprosa como la nieve; y miró Aarón a María, y he aquí que
estaba leprosa. Y dijo Aarón a Moisés: ¡Ah! señor mío, no pongas ahora
sobre nosotros este pecado; porque locamente hemos actuado, y hemos
pecado. No quede ella ahora como el que nace muerto, que al salir del
vientre de su madre, tiene ya medio consumida su carne. Entonces Moisés
clamó a Jehová, diciendo: Te ruego, oh Dios, que la sanes ahora.
Respondió Jehová a Moisés: Pues si su padre hubiera escupido en su
rostro, ¿no se avergonzaría por siete días? Sea echada fuera del
campamento por siete días, y después volverá a la congregación. Así
María fue echada del campamento siete días; y el pueblo no pasó adelante
hasta que se reunió María con ellos. Después el pueblo partió de
Hazerot, y acamparon en el desierto de Parán. 13 Y Jehová habló a
Moisés, diciendo: Envía tú hombres que reconozcan la tierra de Canaán,
la cual yo doy a los hijos de Israel; de cada tribu de sus padres
enviaréis un varón, cada uno príncipe entre ellos. Y Moisés los envió
desde el desierto de Parán, conforme a la palabra de Jehová; y todos
aquellos varones eran príncipes de los hijos de Israel. Estos son sus
nombres: De la tribu de Rubén, Samúa hijo de Zacur. De la tribu de
Simeón, Safat hijo de Horí. De la tribu de Judá, Caleb hijo de Jefone.
De la tribu de Isacar, Igal hijo de José. De la tribu de Efraín, Oseas
hijo de Nun. De la tribu de Benjamín, Palti hijo de Rafú. De la tribu de
Zabulón, Gadiel hijo de Sodi. De la tribu de José: de la tribu de
Manasés, Gadi hijo de Susi. De la tribu de Dan, Amiel hijo de Gemali. De
la tribu de Aser, Setur hijo de Micael. De la tribu de Neftalí, Nahbi
hijo de Vapsi. De la tribu de Gad, Geuel hijo de Maqui. Estos son los
nombres de los varones que Moisés envió a reconocer la tierra; y a Oseas
hijo de Nun le puso Moisés el nombre de Josué. Los envió, pues, Moisés a
reconocer la tierra de Canaán, diciéndoles: Subid de aquí al Neguev, y
subid al monte, y observad la tierra cómo es, y el pueblo que la habita,
si es fuerte o débil, si poco o numeroso; cómo es la tierra habitada,
si es buena o mala; y cómo son las ciudades habitadas, si son
campamentos o plazas fortificadas; y cómo es el terreno, si es fértil o
estéril, si en él hay árboles o no; y esforzaos, y tomad del fruto del
país. Y era el tiempo de las primeras uvas. Y ellos subieron, y
reconocieron la tierra desde el desierto de Zin hasta Rehob, entrando en
Hamat. Y subieron al Neguev y vinieron hasta Hebrón; y allí estaban
Ahimán, Sesai y Talmai, hijos de Anac. Hebrón fue edificada siete años
antes de Zoán en Egipto. Y llegaron hasta el arroyo de Escol, y de allí
cortaron un sarmiento con un racimo de uvas, el cual trajeron dos en un
palo, y de las granadas y de los higos. Y se llamó aquel lugar el Valle
de Escol, por el racimo que cortaron de allí los hijos de Israel. Y
volvieron de reconocer la tierra al fin de cuarenta días. Y anduvieron y
vinieron a Moisés y a Aarón, y a toda la congregación de los hijos de
Israel, en el desierto de Parán, en Cades, y dieron la información a
ellos y a toda la congregación, y les mostraron el fruto de la tierra. Y
les contaron, diciendo: Nosotros llegamos a la tierra a la cual nos
enviaste, la que ciertamente fluye leche y miel; y este es el fruto de
ella. Mas el pueblo que habita aquella tierra es fuerte, y las ciudades
muy grandes y fortificadas; y también vimos allí a los hijos de Anac.
Amalec habita el Neguev, y el heteo, el jebuseo y el amorreo habitan en
el monte, y el cananeo habita junto al mar, y a la ribera del Jordán.
Entonces Caleb hizo callar al pueblo delante de Moisés, y dijo: Subamos
luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que
ellos. Mas los varones que subieron con él, dijeron: No podremos subir
contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros. Y hablaron mal
entre los hijos de Israel, de la tierra que habían reconocido, diciendo:
La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga a sus
moradores; y todo el pueblo que vimos en medio de ella son hombres de
grande estatura. También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los
gigantes, y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así
les parecíamos a ellos.
Salmo 14:
Dice
el necio en su corazón: "No hay Dios." Están corrompidos, sus obras son
detestables; ¡no hay uno solo que haga lo bueno! Desde el cielo el
Señor contempla a los mortales, para ver si hay alguien que sea sensato y
busque a Dios. Pero todos se han descarriado, a una se han corrompido.
No hay nadie que haga lo bueno; ¡no hay uno solo! ¿Acaso no entienden
todos los que hacen lo malo, los que devoran a mi pueblo como si fuera
pan? ¡Jamás invocan al Señor! Allí los tienen, sobrecogidos de miedo,
pero Dios está con los que son justos. Ustedes frustran los planes de
los pobres, pero el Señor los protege. ¡Quiera Dios que de Sión venga la
salvación de Israel! Cuando el Señor restaure a su pueblo, ¡Jacob se
regocijará, Israel se alegrará!
Proverbios 8:
¿Acaso
no está llamando la sabiduría? ¿No está elevando su voz la
inteligencia? Toma su puesto en las alturas, a la vera del camino y en
las encrucijadas. Junto a las puertas que dan a la ciudad, a la entrada
misma, grita a voz en cuello: "A ustedes los hombres, los estoy
llamando; dirijo mi voz a toda la humanidad. Ustedes los inexpertos,
¡adquieran prudencia! Ustedes los necios, ¡obtengan discernimiento!
Escúchenme, que diré cosas importantes; mis labios hablarán con
justicia. Mi boca expresará la verdad, pues mis labios detestan la
mentira. Las palabras de mi boca son todas justas; no hay en ellas
maldad ni doblez. Son claras para los entendidos, e irreprochables para
los sabios. Opten por mi instrucción, no por la plata; por el
conocimiento, no por el oro refinado. Vale más la sabiduría que las
piedras preciosas, y ni lo más deseable se le compara. "Yo, la
sabiduría, convivo con la prudencia y poseo conocimiento y discreción.
Quien teme al Señor aborrece lo malo; yo aborrezco el orgullo y la
arrogancia, la mala conducta y el lenguaje perverso. Míos son el consejo
y el buen juicio; míos son el entendimiento y el poder. Por mí reinan
los reyes y promulgan leyes justas los gobernantes. Por mí gobiernan los
príncipes y todos los nobles que rigen la tierra. A los que me aman,
les correspondo; a los que me buscan, me doy a conocer. Conmigo están
las riquezas y la honra, la prosperidad y los bienes duraderos. Mi fruto
es mejor que el oro fino; mi cosecha sobrepasa a la plata refinada. Voy
por el camino de la rectitud, por los senderos de la justicia,
enriqueciendo a los que me aman y acrecentando sus tesoros. "El Señor me
dio la vida como primicia de sus obras, mucho antes de sus obras de
antaño. Fui establecida desde la eternidad, desde antes que existiera el
mundo. No existían los grandes mares cuando yo nací; no había entonces
manantiales de abundantes aguas. Nací antes que fueran formadas las
colinas, antes que se cimentaran las montañas, antes que él creara la
tierra y sus paisajes y el polvo primordial con que hizo el mundo.
Cuando Dios cimentó la bóveda celeste y trazó el horizonte sobre las
aguas, allí estaba yo presente. Cuando estableció las nubes en los
cielos y reforzó las fuentes del mar profundo; cuando señaló los límites
del mar, para que las aguas obedecieran su mandato; cuando plantó los
fundamentos de la tierra, allí estaba yo, afirmando su obra. Día tras
día me llenaba yo de alegría, siempre disfrutaba de estar en su
presencia; me regocijaba en el mundo que él creó; ¡en el género humano
me deleitaba! "Y ahora, hijos míos, escúchenme: *dichosos los que van
por mis caminos. Atiendan a mi instrucción, y sean sabios; no la
descuiden. Dichosos los que me escuchan y a mis puertas están atentos
cada día, esperando a la entrada de mi casa. En verdad, quien me
encuentra, halla la vida y recibe el favor del Señor. Quien me rechaza,
se perjudica a sí mismo; quien me aborrece, ama la muerte."
El Libro de II Tesalonicenses Capítulo 1 del Nuevo Testamento del Expositor por Jimmy Swaggart:
LA SEGUNDA EPÍSTOLA DEL APÓSTOL PABLO A LOS TESALONISENSES
CAPÍTULO 1 (54 d.C.) INTRODUCCIÓN PABLO,
y Silas, y Timoteo, a la Iglesia de los Tesalonicenses (es
probablemente la segunda Epístola escrita por el gran Apóstol) que es en
Dios nuestro Padre y en el Señor Jesucristo (Dios es nuestro Padre, en
Virtud de Cristo y lo que Él hizo por nosotros en la Cruz): 2
Gracia y Paz (la Paz que resulta de la Santificación) a vosotros de
Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo (todo hecho posible por la
Cruz).CRECIMIENTO ESPIRITUAL 3
Debemos siempre dar gracias a Dios de vosotros, Hermanos, como es
digno, por cuanto vuestra Fe va creciendo (la Fe crece a medida que la
Palabra se aplica correctamente, y la Cruz sigue siendo siempre el
Objeto de la Fe), y la caridad (el amor) de cada uno de todos vosotros
abunda entre vosotros (presenta el primer distintivo del Cristianismo,
que amemos a los Hermanos); 4
Tanto, que nosotros mismos nos gloriamos de vosotros en las Iglesias de
Dios (habían tomado la poca enseñanza que Pablo había podido
impartirles, que era, sin duda, la Cruz, y la usaban al máximo), de
vuestra paciencia y fe en todas vuestras persecuciones y tribulaciones
que sufrís (los sufrimientos continuos y repetidos que todavía seguían): 5
Una demostración del Justo Juicio de Dios (el sentido de esta frase
consiste en que la resistencia de aflicción por causa de la Justicia, en
una manera apropiada, es prueba de que habrá Justicia de Dios en el día
final), para que seáis tenidos por dignos del Reino de Dios, por el
cual asimismo padecéis (pudiera traducirse, "los propósitos de Dios al
considerar a Sus Hijos dignos del Reino de Dios, por los cuales también
sufren" [Hch. 5:41; I Ped. 4:12-16]): 6
Porque es Justo para con Dios pagar con tribulación a los que os
atribulan (hay que defendernos con respecto a la retribución, sino que
debemos dejarlo en las Manos del Señor); LA SEGUNDA VENIDA 7
Y a vosotros, que sois atribulados, daros descanso con nosotros
(lamentablemente, el problema seguirá hasta cuando Jesús regrese;
"descansaremos" en ese entonces), cuando se manifestará el Señor Jesús
del Cielo con los Ángeles de Su potencia (se refiere a la Segunda
Venida, que es diferente del Arrebatamiento), 8
En llama de fuego, para dar el pago a los que no conocieron a Dios (el
modo de la Segunda Venida), ni obedecen al Evangelio de nuestro Señor
Jesucristo (quienes han rechazado a Cristo y la Cruz): 9
Los cuales serán castigados de eterna perdición por la Presencia del
Señor (corresponde al Lago de Fuego, que será eterno), y por la Gloria
de Su Poder (poder para salvar, pero rechazado y, por lo tanto, el fin
es la "destrucción eterna"); 10
Cuando viniere para ser Glorificado en Sus Santos (todos los Santos Lo
alabarán y lo harán continuamente), y a hacerse admirable en aquel día
en todos los que creyeron (Cristo será el Centro y Punto Central de
todas las Cosas) (por cuanto nuestro testimonio ha sido creído entre
vosotros) en aquel día. (Creyeron el Testimonio de Pablo en cuanto a
Cristo y la Cruz y, por lo tanto, estarán con Cristo para siempre.) LA ORACIÓN 11
Por lo cual, asimismo oramos siempre por vosotros (expresa la idea de
que la esperanza de los Creyentes no puede ser realizada excepto por
ayuda sobrenatural), que nuestro Dios os tenga por dignos de Su vocación
(indica el hecho de que es el Carácter Santo como evidencia de la Fe
Salvadora que aceptará a los hombres en "aquel día"), y llene de bondad a
cada voluntad (se refiere a todas las cosas maravillosas que el
Espíritu Santo desea hacer para nosotros y, de hecho, hará para nosotros
si sólo cooperemos con Él), y toda obra de Fe con poder (Fe en la Cruz,
que da al Espíritu Santo libertad de acción para obrar, en Quien es el
Poder): 12
Para que el Nombre de nuestro Señor Jesucristo sea glorificado en
vosotros (el propósito del Espíritu Santo), y vosotros en Él (en
Cristo), por la Gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo. (Todo
hecho posible por la Cruz, que luego nos es dado libremente por medio de
la Gracia.)
Primera Corintios Capítulo 13:
Si
hablo en lenguas humanas y angelicales, pero no tengo amor, no soy más
que un metal que resuena o un platillo que hace ruido. Si tengo el don
de profecía y entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento, y
si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no
soy nada. Si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y si entrego mi
cuerpo para que lo consuman las llamas, pero no tengo amor, nada gano
con eso. El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni
jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no
se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la
maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo
cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor jamás se extingue,
mientras que el don de profecía cesará, el de lenguas será silenciado y
el de conocimiento desaparecerá. Porque conocemos y profetizamos de
manera imperfecta; pero cuando llegue lo perfecto, lo imperfecto
desaparecerá. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño,
razonaba como niño; cuando llegué a ser adulto, dejé atrás las cosas de
niño. Ahora vemos de manera indirecta y velada, como en un espejo; pero
entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de manera imperfecta, pero
entonces conoceré tal y como soy conocido. Ahora, pues, permanecen estas
tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más excelente de
ellas es el amor.
Hebreos 10:35-12:4
Así
que no pierdan la confianza, porque ésta será grandemente recompensada.
Ustedes necesitan perseverar para que, después de haber cumplido la
voluntad de Dios, reciban lo que él ha prometido. Pues dentro de muy
poco tiempo, "el que ha de venir vendrá, y no tardará. Pero mi justo
vivirá por la fe. Y si se vuelve atrás, no será de mi agrado." Pero
nosotros no somos de los que se vuelven atrás y acaban por perderse,
sino de los que tienen fe y preservan su vida. Ahora bien, la fe es la
garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve. Gracias a
ella fueron aprobados los antiguos. Por la fe entendemos que el universo
fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo visible no provino
de lo que se ve. Por la fe Abel ofreció a Dios un sacrificio más
aceptable que el de Caín, por lo cual recibió testimonio de ser justo,
pues Dios aceptó su ofrenda. Y por la fe Abel, a pesar de estar muerto,
habla todavía. Por la fe Enoc fue sacado de este mundo sin experimentar
la muerte; no fue hallado porque Dios se lo llevó, pero antes de ser
llevado recibió testimonio de haber agradado a Dios. En realidad, sin fe
es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios
tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan. Por
la fe Noé, advertido sobre cosas que aún no se veían, con temor
reverente construyó un arca para salvar a su familia. Por esa fe condenó
al mundo y llegó a ser heredero de la justicia que viene por la fe. Por
la fe Abraham, cuando fue llamado para ir a un lugar que más tarde
recibiría como herencia, obedeció y salió sin saber a dónde iba. Por la
fe se radicó como extranjero en la tierra prometida, y habitó en tiendas
de campaña con Isaac y Jacob, herederos también de la misma promesa,
porque esperaba la ciudad de cimientos sólidos, de la cual Dios es
arquitecto y constructor. Por la fe Abraham, a pesar de su avanzada edad
y de que Sara misma era estéril, recibió fuerza para tener hijos,
porque consideró fiel al que le había hecho la promesa. Así que de este
solo hombre, ya en decadencia, nacieron descendientes numerosos como las
estrellas del cielo e incontables como la arena a la orilla del mar.
Todos ellos vivieron por la fe, y murieron sin haber recibido las cosas
prometidas; más bien, las reconocieron a lo lejos, y confesaron que eran
extranjeros y peregrinos en la tierra. Al expresarse así, claramente
dieron a entender que andaban en busca de una patria. Si hubieran estado
pensando en aquella patria de donde habían emigrado, habrían tenido
oportunidad de regresar a ella. Antes bien, anhelaban una patria mejor,
es decir, la celestial. Por lo tanto, Dios no se avergonzó de ser
llamado su Dios, y les preparó una ciudad. Por la fe Abraham, que había
recibido las promesas, fue puesto a prueba y ofreció a Isaac, su hijo
único, a pesar de que Dios le había dicho: "Tu descendencia se
establecerá por medio de Isaac." Consideraba Abraham que Dios tiene
poder hasta para resucitar a los muertos, y así, en sentido figurado,
recobró a Isaac de entre los muertos. Por la fe Isaac bendijo a Jacob y a
Esaú, previendo lo que les esperaba en el futuro. Por la fe Jacob,
cuando estaba a punto de morir, bendijo a cada uno de los hijos de José,
y adoró apoyándose en la punta de su bastón. Por la fe José, al fin de
su vida, se refirió a la salida de los israelitas de Egipto y dio
instrucciones acerca de sus restos mortales. Por la fe Moisés, recién
nacido, fue escondido por sus padres durante tres meses, porque vieron
que era un niño precioso, y no tuvieron miedo del edicto del rey. Por la
fe Moisés, ya adulto, renunció a ser llamado hijo de la hija del
faraón. Prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar de los
efímeros placeres del pecado. Consideró que el oprobio por causa del
Mesías era una mayor riqueza que los tesoros de Egipto, porque tenía la
mirada puesta en la recompensa. Por la fe salió de Egipto sin tenerle
miedo a la ira del rey, pues se mantuvo firme como si estuviera viendo
al Invisible. Por la fe celebró la Pascua y el rociamiento de la sangre,
para que el exterminador de los primogénitos no tocara a los de Israel.
Por la fe el pueblo cruzó el Mar Rojo como por tierra seca; pero cuando
los egipcios intentaron cruzarlo, se ahogaron. Por la fe cayeron las
murallas de Jericó, después de haber marchado el pueblo siete días a su
alrededor. Por la fe la prostituta Rahab no murió junto con los
desobedientes, pues había recibido en paz a los espías. ¿Qué más voy a
decir? Me faltaría tiempo para hablar de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté,
David, Samuel y los profetas, los cuales por la fe conquistaron reinos,
hicieron justicia y alcanzaron lo prometido; cerraron bocas de leones,
apagaron la furia de las llamas y escaparon del filo de la espada;
sacaron fuerzas de flaqueza; se mostraron valientes en la guerra y
pusieron en fuga a ejércitos extranjeros. Hubo mujeres que por la
resurrección recobraron a sus muertos. Otros, en cambio, fueron muertos a
golpes, pues para alcanzar una mejor resurrección no aceptaron que los
pusieran en libertad. Otros sufrieron la prueba de burlas y azotes, e
incluso de cadenas y cárceles. Fueron apedreados, aserrados por la
mitad, asesinados a filo de espada. Anduvieron fugitivos de aquí para
allá, cubiertos de pieles de oveja y de cabra, pasando necesidades,
afligidos y maltratados. ¡El mundo no merecía gente así! Anduvieron sin
rumbo por desiertos y montañas, por cuevas y cavernas. Aunque todos
obtuvieron un testimonio favorable mediante la fe, ninguno de ellos vio
el cumplimiento de la promesa. Esto sucedió para que ellos no llegaran a
la meta sin nosotros, pues Dios nos había preparado algo mejor. Por
tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande
de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del
pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que
tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y
perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó
la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está
sentado a la derecha del trono de Dios. Así, pues, consideren a aquel
que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para
que no se cansen ni pierdan el ánimo. En la lucha que ustedes libran
contra el pecado, todavía no han tenido que resistir hasta derramar su
sangre.
Romanos 8:
Por
lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a
Cristo Jesús, pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me ha
liberado de la ley del pecado y de la muerte. En efecto, la ley no pudo
liberarnos porque la naturaleza pecaminosa anuló su poder; por eso Dios
envió a su propio Hijo en condición semejante a nuestra condición de
pecadores, para que se ofreciera en sacrificio por el pecado. Así
condenó Dios al pecado en la naturaleza humana, a fin de que las justas
demandas de la ley se cumplieran en nosotros, que no vivimos según la
naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu. Los que viven conforme a
la naturaleza pecaminosa fijan la mente en los deseos de tal naturaleza;
en cambio, los que viven conforme al Espíritu fijan la mente en los
deseos del Espíritu. La mentalidad pecaminosa es muerte, mientras que la
mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz. La mentalidad
pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es
capaz de hacerlo. Los que viven según la naturaleza pecaminosa no
pueden agradar a Dios. Sin embargo, ustedes no viven según la naturaleza
pecaminosa sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios vive
en ustedes. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo.
Pero si Cristo está en ustedes, el cuerpo está muerto a causa del
pecado, pero el Espíritu que está en ustedes es vida a causa de la
justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los
muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los
muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su
Espíritu, que vive en ustedes. Por tanto, hermanos, tenemos una
obligación, pero no es la de vivir conforme a la naturaleza pecaminosa.
Porque si ustedes viven conforme a ella, morirán; pero si por medio del
Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán. Porque
todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y
ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo,
sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: "¡Abba!
¡Padre!" El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos
hijos de Dios. Y si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y
coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos
parte con él en su gloria. De hecho, considero que en nada se comparan
los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en
nosotros. La creación aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de
Dios, porque fue sometida a la frustración. Esto no sucedió por su
propia voluntad, sino por la del que así lo dispuso. Pero queda la firme
esperanza de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción
que la esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de
Dios. Sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera
dolores de parto. Y no sólo ella, sino también nosotros mismos, que
tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras
aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de
nuestro cuerpo. Porque en esa esperanza fuimos salvados. Pero la
esperanza que se ve, ya no es esperanza. ¿Quién espera lo que ya tiene?
Pero si esperamos lo que todavía no tenemos, en la espera mostramos
nuestra constancia. Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a
ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por
nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que
examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el
Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios.
Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de
quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito.
Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser
transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito
entre muchos hermanos. A los que predestinó, también los llamó; a los
que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los
glorificó. ¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte,
¿quién puede estar en contra nuestra? El que no escatimó ni a su propio
Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos
generosamente, junto con él, todas las cosas? ¿Quién acusará a los que
Dios ha escogido? Dios es el que justifica. ¿Quién condenará? Cristo
Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y está a la derecha de Dios e
intercede por nosotros. ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La
tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el
peligro, o la violencia? Así está escrito: "Por tu causa nos vemos
amenazados de muerte todo el día; nos tratan como a ovejas destinadas al
matadero." Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio
de aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la
vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni
los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la
creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en
Cristo Jesús nuestro Señor.
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