19 October 2022

El 19 de octubre Lectura Bíblica Diaria

Mensaje de la Cruz de Cristo Jesús-Capítulo-1

Sonidos del aire libre



El 19 de octubre Lectura Bíblica Diaria:


Deuteronomio 8-10:

8 Cuidaréis de poner por obra todo mandamiento que yo os ordeno hoy, para que viváis, y seáis multiplicados, y entréis y poseáis la tierra que Jehová prometió con juramento a vuestros padres. Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos. Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre. Tu vestido nunca se envejeció sobre ti, ni el pie se te ha hinchado en estos cuarenta años. Reconoce asimismo en tu corazón, que como castiga el hombre a su hijo, así Jehová tu Dios te castiga. Guardarás, pues, los mandamientos de Jehová tu Dios, andando en sus caminos, y temiéndole. Porque Jehová tu Dios te introduce en la buena tierra, tierra de arroyos, de aguas, de fuentes y de manantiales, que brotan en vegas y montes; tierra de trigo y cebada, de vides, higueras y granados; tierra de olivos, de aceite y de miel; tierra en la cual no comerás el pan con escasez, ni te faltará nada en ella; tierra cuyas piedras son hierro, y de cuyos montes sacarás cobre. Y comerás y te saciarás, y bendecirás a Jehová tu Dios por la buena tierra que te habrá dado. Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios, para cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que yo te ordeno hoy; no suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas en que habites, y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te multipliquen, y todo lo que tuvieres se aumente; y se enorgullezca tu corazón, y te olvides de Jehová tu Dios, que te sacó de tierra de Egipto, de casa de servidumbre; que te hizo caminar por un desierto grande y espantoso, lleno de serpientes ardientes, y de escorpiones, y de sed, donde no había agua, y él te sacó agua de la roca del pedernal; que te sustentó con maná en el desierto, comida que tus padres no habían conocido, afligiéndote y probándote, para a la postre hacerte bien; y digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza. Sino acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como en este día. Mas si llegares a olvidarte de Jehová tu Dios y anduvieres en pos de dioses ajenos, y les sirvieres y a ellos te inclinares, yo lo afirmo hoy contra vosotros, que de cierto pereceréis. Como las naciones que Jehová destruirá delante de vosotros, así pereceréis, por cuanto no habréis atendido a la voz de Jehová vuestro Dios. 9 Oye, Israel: tú vas hoy a pasar el Jordán, para entrar a desposeer a naciones más numerosas y más poderosas que tú, ciudades grandes y amuralladas hasta el cielo; un pueblo grande y alto, hijos de los anaceos, de los cuales tienes tú conocimiento, y has oído decir: ¿Quién se sostendrá delante de los hijos de Anac? Entiende, pues, hoy, que es Jehová tu Dios el que pasa delante de ti como fuego consumidor, que los destruirá y humillará delante de ti; y tú los echarás, y los destruirás en seguida, como Jehová te ha dicho. No pienses en tu corazón cuando Jehová tu Dios los haya echado de delante de ti, diciendo: Por mi justicia me ha traído Jehová a poseer esta tierra; pues por la impiedad de estas naciones Jehová las arroja de delante de ti. No por tu justicia, ni por la rectitud de tu corazón entras a poseer la tierra de ellos, sino por la impiedad de estas naciones Jehová tu Dios las arroja de delante de ti, y para confirmar la palabra que Jehová juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob. Por tanto, sabe que no es por tu justicia que Jehová tu Dios te da esta buena tierra para tomarla; porque pueblo duro de cerviz eres tú. Acuérdate, no olvides que has provocado la ira de Jehová tu Dios en el desierto; desde el día que saliste de la tierra de Egipto, hasta que entrasteis en este lugar, habéis sido rebeldes a Jehová. En Horeb provocasteis a ira a Jehová, y se enojó Jehová contra vosotros para destruiros. Cuando yo subí al monte para recibir las tablas de piedra, las tablas del pacto que Jehová hizo con vosotros, estuve entonces en el monte cuarenta días y cuarenta noches, sin comer pan ni beber agua; y me dio Jehová las dos tablas de piedra escritas con el dedo de Dios; y en ellas estaba escrito según todas las palabras que os habló Jehová en el monte, de en medio del fuego, el día de la asamblea. Sucedió al fin de los cuarenta días y cuarenta noches, que Jehová me dio las dos tablas de piedra, las tablas del pacto. Y me dijo Jehová: Levántate, desciende pronto de aquí, porque tu pueblo que sacaste de Egipto se ha corrompido; pronto se han apartado del camino que yo les mandé; se han hecho una imagen de fundición. Y me habló Jehová, diciendo: He observado a ese pueblo, y he aquí que es pueblo duro de cerviz. Déjame que los destruya, y borre su nombre de debajo del cielo, y yo te pondré sobre una nación fuerte y mucho más numerosa que ellos. Y volví y descendí del monte, el cual ardía en fuego, con las tablas del pacto en mis dos manos. Y miré, y he aquí habíais pecado contra Jehová vuestro Dios; os habíais hecho un becerro de fundición, apartándoos pronto del camino que Jehová os había mandado. Entonces tomé las dos tablas y las arrojé de mis dos manos, y las quebré delante de vuestros ojos. Y me postré delante de Jehová como antes, cuarenta días y cuarenta noches; no comí pan ni bebí agua, a causa de todo vuestro pecado que habíais cometido haciendo el mal ante los ojos de Jehová para enojarlo. Porque temí a causa del furor y de la ira con que Jehová estaba enojado contra vosotros para destruiros. Pero Jehová me escuchó aun esta vez. Contra Aarón también se enojó Jehová en gran manera para destruirlo; y también oré por Aarón en aquel entonces. Y tomé el objeto de vuestro pecado, el becerro que habíais hecho, y lo quemé en el fuego, y lo desmenucé moliéndolo muy bien, hasta que fue reducido a polvo; y eché el polvo de él en el arroyo que descendía del monte. También en Tabera, en Masah y en Kibrot-hataava provocasteis a ira a Jehová. Y cuando Jehová os envió desde Cades-barnea, diciendo: Subid y poseed la tierra que yo os he dado, también fuisteis rebeldes al mandato de Jehová vuestro Dios, y no le creísteis, ni obedecisteis a su voz. Rebeldes habéis sido a Jehová desde el día que yo os conozco. Me postré, pues, delante de Jehová; cuarenta días y cuarenta noches estuve postrado, porque Jehová dijo que os había de destruir. Y oré a Jehová, diciendo: Oh Señor Jehová, no destruyas a tu pueblo y a tu heredad que has redimido con tu grandeza, que sacaste de Egipto con mano poderosa. Acuérdate de tus siervos Abraham, Isaac y Jacob; no mires a la dureza de este pueblo, ni a su impiedad ni a su pecado, no sea que digan los de la tierra de donde nos sacaste: Por cuanto no pudo Jehová introducirlos en la tierra que les había prometido, o porque los aborrecía, los sacó para matarlos en el desierto. Y ellos son tu pueblo y tu heredad, que sacaste con tu gran poder y con tu brazo extendido. 10 En aquel tiempo Jehová me dijo: Lábrate dos tablas de piedra como las primeras, y sube a mí al monte, y hazte un arca de madera; y escribiré en aquellas tablas las palabras que estaban en las primeras tablas que quebraste; y las pondrás en el arca. E hice un arca de madera de acacia, y labré dos tablas de piedra como las primeras, y subí al monte con las dos tablas en mi mano. Y escribió en las tablas conforme a la primera escritura, los diez mandamientos que Jehová os había hablado en el monte de en medio del fuego, el día de la asamblea; y me las dio Jehová. Y volví y descendí del monte, y puse las tablas en el arca que había hecho; y allí están, como Jehová me mandó. (Después salieron los hijos de Israel de Beerot-bene-jaacán a Mosera; allí murió Aarón, y allí fue sepultado, y en lugar suyo tuvo el sacerdocio su hijo Eleazar. De allí partieron a Gudgoda, y de Gudgoda a Jotbata, tierra de arroyos de aguas. En aquel tiempo apartó Jehová la tribu de Leví para que llevase el arca del pacto de Jehová, para que estuviese delante de Jehová para servirle, y para bendecir en su nombre, hasta hoy, por lo cual Leví no tuvo parte ni heredad con sus hermanos; Jehová es su heredad, como Jehová tu Dios le dijo.) Y yo estuve en el monte como los primeros días, cuarenta días y cuarenta noches; y Jehová también me escuchó esta vez, y no quiso Jehová destruirte. Y me dijo Jehová: Levántate, anda, para que marches delante del pueblo, para que entren y posean la tierra que juré a sus padres que les había de dar. Ahora, pues, Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma; que guardes los mandamientos de Jehová y sus estatutos, que yo te prescribo hoy, para que tengas prosperidad? He aquí, de Jehová tu Dios son los cielos, y los cielos de los cielos, la tierra, y todas las cosas que hay en ella. Solamente de tus padres se agradó Jehová para amarlos, y escogió su descendencia después de ellos, a vosotros, de entre todos los pueblos, como en este día. Circuncidad, pues, el prepucio de vuestro corazón, y no endurezcáis más vuestra cerviz. Porque Jehová vuestro Dios es Dios de dioses y Señor de señores, Dios grande, poderoso y temible, que no hace acepción de personas, ni toma cohecho; que hace justicia al huérfano y a la viuda; que ama también al extranjero dándole pan y vestido. Amaréis, pues, al extranjero; porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto. A Jehová tu Dios temerás, a él solo servirás, a él seguirás, y por su nombre jurarás. El es el objeto de tu alabanza, y él es tu Dios, que ha hecho contigo estas cosas grandes y terribles que tus ojos han visto. Con setenta personas descendieron tus padres a Egipto, y ahora Jehová te ha hecho como las estrellas del cielo en multitud.

Salmo 9:


Álef - Quiero alabarte, Señor, con todo el corazón, y contar todas tus maravillas. Quiero alegrarme y regocijarme en ti, y cantar salmos a tu nombre, oh Altísimo. Bet - Mis enemigos retroceden; tropiezan y perecen ante ti. Porque tú me has hecho justicia, me has vindicado; tú, juez justo, ocupas tu trono. Guímel - Reprendiste a los paganos, destruiste a los malvados; ¡para siempre borraste su memoria! Desgracia sin fin cayó sobre el enemigo; arrancaste de raíz sus ciudades, y hasta su recuerdo se ha desvanecido. He - Pero el Señor reina por siempre; para emitir juicio ha establecido su trono. Juzgará al mundo con justicia; gobernará a los pueblos con equidad. Vav - El Señor es refugio de los oprimidos; es su baluarte en momentos de angustia. En ti confían los que conocen tu nombre, porque tú, Señor, jamás abandonas a los que te buscan. Zayin - Canten salmos al Señor, el rey de Sión; proclamen sus proezas entre las naciones. El vengador de los inocentes se acuerda de ellos; no pasa por alto el clamor de los afligidos. Jet - Ten compasión de mí, Señor; mira cómo me afligen los que me odian. Sácame de las puertas de la muerte, para que en las puertas de Jerusalén proclame tus alabanzas y me regocije en tu salvación. Tet - Han caído los paganos en la fosa que han cavado; sus pies quedaron atrapados en la red que ellos mismos escondieron. Al Señor se le conoce porque imparte justicia; el malvado cae en la trampa que él mismo tendió. Higaión. Selah. Yod - Bajan al sepulcro los malvados, todos los paganos que de Dios se olvidan. Caf - Pero no se olvidará para siempre al necesitado, ni para siempre se perderá la esperanza del pobre. ¡Levántate, Señor! No dejes que el hombre prevalezca; ¡haz que las naciones comparezcan ante ti! Infúndeles terror, Señor; ¡que los pueblos sepan que son simples mortales! Selah.



Proverbs 28:



El malvado huye aunque nadie lo persiga; pero el justo vive confiado como un león. Cuando hay rebelión en el país, los caudillos se multiplican; cuando el gobernante es entendido, se mantiene el orden. El gobernante que oprime a los pobres es como violenta lluvia que arrasa la cosecha. Los que abandonan la ley alaban a los malvados; los que la obedecen luchan contra ellos. Los malvados nada entienden de la justicia; los que buscan al Señor lo entienden todo. Más vale pobre pero honrado, que rico pero perverso. El hijo entendido se sujeta a la ley; el derrochador deshonra a su padre. El que amasa riquezas mediante la usura las acumula para el que se compadece de los pobres. Dios aborrece hasta la oración del que se niega a obedecer la ley. El que lleva a los justos por el mal camino, caerá en su propia trampa; pero los íntegros heredarán el bien. El rico se las da de sabio; el pobre pero inteligente lo desenmascara. Cuando los justos triunfan, se hace gran fiesta; cuando los impíos se imponen, todo el mundo se esconde. Quien encubre su pecado jamás prospera; quien lo confiesa y lo deja, halla perdón. ¡Dichoso el que siempre teme al Señor! Pero el obstinado caerá en la desgracia. Un león rugiente, un oso hambriento, es el gobernante malvado que oprime a los pobres. El gobernante falto de juicio es terrible opresor; el que odia las riquezas prolonga su vida. El que es perseguido por homicidio será un fugitivo hasta la muerte. ¡Que nadie le brinde su apoyo! El que es honrado se mantendrá a salvo; el de caminos perversos caerá en la fosa. El que trabaja la tierra tendrá abundante comida; el que sueña despierto sólo abundará en pobreza. El hombre fiel recibirá muchas bendiciones; el que tiene prisa por enriquecerse no quedará impune. No es correcto mostrarse parcial con nadie. Hay quienes pecan hasta por un mendrugo de pan. El tacaño ansía enriquecerse, sin saber que la pobreza lo aguarda. A fin de cuentas, más se aprecia al que reprende que al que adula. El que roba a su padre o a su madre, e insiste en que no ha pecado, amigo es de gente perversa. El que es ambicioso provoca peleas, pero el que confía en el Señor prospera. Necio es el que confía en sí mismo; el que actúa con sabiduría se pone a salvo. El que ayuda al pobre no conocerá la pobreza; el que le niega su ayuda será maldecido. Cuando triunfan los impíos, la gente se esconde; cuando perecen, los justos prosperan.




El Libro de Juan Capítulo 4 del Nuevo Testamento del Expositor por Jimmy Swaggart:




EL SANTO EVANGELIO SEGÚNSAN JUAN


CAPÍTULO 4
(30 d.C.)
SICAR




DE manera que cuando Jesús entendió que los Fariseos habían oído que Jesús hacía y bautizaba más discípulos que Juan (Él, al escuchar la información, demuestra Su Humanidad; aunque Él era Dios, y nunca cesó de ser Dios, Él no usó Su Poder de Deidad Personal, sino más bien fue guiado y conducido por el Espíritu Santo tal como lo hace con nosotros, o como debemos ser),
2 (Aunque Jesús no bautizaba, sino Sus Discípulos,) (Su Bautismo era igual que el de Juan, el "Bautismo de Arrepentimiento," que Sus Discípulos realizaban).
3 Dejó a Judea, y fuese otra vez a Galilea (Él obedeció la petición del Espíritu Santo).
4 Y era necesario que pasase por Samaria (también esta dirección fue instigada por el Espíritu Santo; normalmente, los Judíos que iban de Judea en camino a Galilea pasaban alrededor de Samaria, porque a ellos no les caían muy bien los Samaritanos).
5 Vino, pues, a una ciudad de Samaria, que se llamaba Sicar (algunos la refieren a la ciudad antigua de Siquem), junto a la heredad que Jacob dio a José su hijo (este lugar tiene una larga historia Bíblica).
6 Y estaba allí el pozo de Jacob (este pozo se encuentra allí todavía, casi cuatro mil años después de Jacob). Pues Jesús, cansado del camino, así se sentó al pozo (declara Su Humanidad; de aquí, Juan nos convence de la humanidad plena, la existencia humana definitiva de Jesús; tal como Él era "el Unigénito Hijo del Padre," Él era "la Palabra hecha carne"). Era como la hora sexta (usando la hora Judía, hubiera sido a las 12:00 del mediodía).
7 Vino una mujer de Samaria a sacar agua (resultaría ser el mejor momento de su vida): y Jesús le dice, Dame de beber (debió haber asustado a la mujer, ella se dio cuenta que Jesús era Judío, porque la mayoría de los Judíos, ni le hablarían a un Samaritano, mucho menos pedirle un favor).
8 (Porque Sus Discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer.) (Algunos creen que Juan era el único Discípulo que se quedó; era costumbre suya de no mencionarse a sí mismo cuando relataba estas experiencias, aunque él estuviera presente.)
9 Y la mujer Samaritana Le dice (dos corazones aislados se encuentran — el Suyo aislado por la Santidad, porque Él estaba separado de los pecadores, el de ella por el pecado, porque ella estaba separada de la sociedad), ¿Cómo Tú, siendo Judío, me pides a mí de beber, que soy mujer Samaritana? (Ella se quedó perpleja porque Él se dirigió a ella, ¡y mucho más cuando le pidió un favor!) porque los Judíos no se tratan con los Samaritanos (se refiere a la hospitalidad, porque las compras y ventas acostumbradas se llevaban siempre a cabo; sin embargo, ¡Jesús no tenía esta animosidad!).
10 Respondió Jesús y le dijo, Si conocieses el Don de Dios (Jesús es ese Don y únicamente Él proporciona la Salvación), y Quien es Él que te dice, Dame de beber (ella está tan cerca a la Vida Eterna, sin embargo, en ese momento, ¡está tan lejos!); tú pedirías de Él, y Él te daría Agua Viva (Él le pide agua para satisfacer Su sed física, en cambio Él le dará "Agua Viva," que se refiere a la Salvación que satisfaría para siempre su sed espiritual).
11 La mujer le dice, Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo (ella tenía razón, el pozo era muy profundo, ¡pero Él se refería al pozo espiritual!): ¿de dónde, pues, tienes el Agua Viva? (A ella le parece ¡fascinante! la frase, "Agua Viva,")
12 ¿Eres Tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual él bebió, y sus hijos, y sus ganados? (Su énfasis siempre era en Jacob, como lo era en la mayoría de los Samaritanos; Jesús tendría que apartarla de eso, sin denigrar a Jacob.)
13 Respondió Jesús y le dijo, Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed (presenta una de las declaraciones más simples, comunes y a la misma vez, profundas que jamás se haya pronunciado; las cosas del mundo nunca pueden satisfacer el corazón y la vida humana, no importa cuánto adquiere):
14 Pero quienquiera que bebiere del Agua que Yo le daré, para siempre no tendrá sed ("¡quienquiera" quiere decir exactamente lo que dice! ¡Cristo aceptado aplaca para siempre la sed espiritual!): mas el Agua que Yo le daré, será en él una fuente de agua que salte para Vida Eterna (todo lo que el mundo o la religión ofrece pertenece a lo externo; pero lo que Jesús da tiene que ver con el centro mismo de su ser, y es una fuente perenne).
15 La mujer Le dice, Señor, dame esta Agua (ella ya tiene un poco de entendimiento aunque no mucho, de lo que Jesús está diciendo; ella percibe que el agua del cual Él habla no es literal, sino más bien algo que es totalmente distinto), para que no tenga sed, ni venga acá a sacarla (ella ya sabe que el agua del cual Él habla no se puede sacar del pozo de Jacob).
16 Jesús le dice, Ve, llama a tu marido, y ven acá (una profesión de Fe en Cristo que ignora la cuestión del pecado, la Santidad de Dios, la espiritualidad de la adoración como algo distinto de las ceremonias sacerdotales, de la necesidad del perdón y de la condición de confiar en un Salvador Expiatorio y Revelado — tal profesión no tiene valor alguno).
17 Respondió la mujer y dijo, No tengo marido (presenta una verdad, ¡pero solamente en parte!). Le dice Jesús, Bien has dicho, No tengo marido (llega al fondo de su problema; que se trata de su vida doméstica y espiritual, y hace notar su problema y la solución);
18 Porque cinco maridos has tenido (tuvo que haberle dado un susto, especialmente considerando que ella sabía que Él no la conocía; además, los Samaritanos adoraban a cinco dioses, entonces Él le iba a mostrar que su adoración de cinco dioses paganos tenía mucho que ver con sus problemas domésticos de haber tenido cinco maridos); y el que ahora tienes no es tu marido: esto has dicho con verdad (el hombre con quien ella estaba viviendo no era su marido, es decir, "ni era uno de los cinco").
19 Le dice la mujer, Señor, me parece que Tú eres Profeta (tenía que ver con la creencia de los Samaritanos y su interpretación de Quién ha de ser el Mesías).
20 Nuestros padres adoraron en este monte (se refiere al monte Gerizim, situado a unos 80 kilómetros [50 millas] al norte de Jerusalén; en cierto sentido, ellos adoraban "este monte"), y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde es necesario adorar (ella admitió que Jesús llenaba el requisito del perfil del Gran Profeta Quien vendría como Moisés había predicho, pero ella estaba confusa ya que Él era Judío y adoraba en Jerusalén, lo que los Samaritanos creían que no era cierto).
21 Le dice Jesús, Mujer, créeme (Él le dice a ella que debe escuchar con mucho cuidado lo que Él le está diciendo, y luego debe creerle), que la hora viene, cuando ni en este monte, ni en Jerusalén adoraréis al Padre (el Calvario, que abolió todo el sistema Judaico, introduciría una nueva manera de Adoración).
22 Vosotros adoráis lo que no sabéis (Él no andaba con rodeos en cuanto a Sus Palabras, con claridad diciéndole que la manera de adorar de los Samaritanos no tenía validez con Dios; desgraciadamente lo mismo se puede decir de la mayoría de personas en la actualidad): nosotros adoramos lo que sabemos: porque la Salvación viene de los Judíos (quiere decir que por medio del pueblo Judío, les vino la Palabra de Dios y el Hijo de Dios también, Quien Solo trajo la Salvación, y lo hizo yendo a la Cruz).
23 Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad (Dios no busca Adoración Santa; Él está buscando Adoradores Santos; y como se ha declarado, el Calvario haría posible un diferente tipo de adoración, lo cual no requiere ceremonias ni rituales, etc.): porque también el Padre tales adoradores busca que adoren (mediante la palabra "busca" quiere decir que los tales no se hallan fácilmente).
24 Dios es Espíritu (simplemente quiere decir que "Dios es un Ser Espiritual"): y los que Le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren (el hombre adora a Dios a través y por medio de su espíritu personal, lo cual se manifiesta por el Espíritu Santo; de otra manera no es la adoración que Dios aceptará).
25 Le dice la mujer, Sé que el Mesías ha de venir, El que es llamado el Cristo (los Samaritanos habían adoptado la palabra Hebrea "Mesías," y ellos estaban buscando Su venida; "Cristo" quiere decir "El Ungido"): cuando Él viniere, nos declarará todas las cosas (constituyó la Verdad, pero no en la manera en que esta mujer sospechaba).
26 Le dice Jesús, Yo soy, Que hablo contigo (no es nada menos que maravilloso lo poco que Jesús se reveló a Nicodemo, con la excepción de que fue una manera velada, pero franca y claramente se revela a Sí Mismo a esta mujer – ¡y ésta siendo una Samaritana! y un alma buscadora . . .).
27 Y en esto vinieron Sus Discípulos, y se maravillaron de que hablaba con una mujer (como se expresó, por lo general no habían tratos entre los Judíos y los Samaritanos, y aun más que esto, los Rabinos no conversaban en público con las mujeres ni las instruían en la Ley): mas ninguno dijo, ¿Qué preguntas? o, ¿Qué hablas con ella? (Quiere decir que ellos reprimieron su asombro por las acciones de Jesús.)
28 Entonces la mujer dejó su cántaro, y fue a la ciudad (por lo tanto, una mujer llegó a ser la primera Predicadora del Evangelio a las naciones Gentiles, y su prédica era tan eficaz que se produjo un Avivamiento), y dijo a aquellos hombres (se refiere al hecho de que ella fue directamente a los líderes de la religión Samaritana en particular),
29 Venid, ved a un Hombre que me ha dicho todo lo que he hecho (el Cristianismo no es una filosofía, ni una religión; es realmente, como se mencionó, "un Hombre," el Hombre Cristo Jesús): ¿podría ser Éste el Cristo? (Su pregunta presupone que, como se mencionó, sus propios conciudadanos Samaritanos buscaban a un Mesías.)
30 Entonces salieron de la ciudad, y vinieron a Él (el Espíritu Santo sabía que habían corazones sedientos en este lugar y, por eso, le indicó a Cristo que pasara por Samaria).
31 Entre tanto los Discípulos Le rogaban, diciendo, Rabí, come (ellos Le animaban que comiera, ya que estaban preocupados por Su Salud).
32 Y Él les dijo, Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis (la insensibilidad de los Discípulos a las realidades espirituales se hace evidente nuevamente en los Versículos 31 al 38; y Su "comida" y "cosecha" eran los Samaritanos, que en ese momento salían de la ciudad e iban donde Él, y creían en Él).
33 Entonces los Discípulos decían el uno al otro, ¿Si Le habrá traído alguien de comer? (A esta etapa, los Discípulos sólo podían pensar en términos carnales, mientras que Jesús hablaba casi exclusivamente en términos espirituales.)
34 Les dice Jesús, Mi comida es que haga la Voluntad Del Que Me envió (esta declaración, aunque breve, constituye totalmente la misión del hombre [Ecle. 12:13-14]), y que acabe Su Obra (¡la obra es Suya, y no la nuestra!).
35 ¿No decís vosotros, Aún hay cuatro meses hasta que llegue la cosecha? (¡La cosecha es hoy!) He aquí, os digo, Alzad vuestros ojos, y ved los campos (simplemente quiere decir que no tenemos que ir muy lejos para ver la necesidad); porque ya están blancos para la cosecha.
36 Y el que cosecha, recibe salario (los pagos son almas), y recoge fruto para vida eterna (la Salvación de un alma traerá fruto para siempre, y será agregado al mérito de los Sembradores y Cosechadores; ¡qué inversión!): para que el que siembra también goce, y el que cosecha (se refiere a todos que representan bien su papel, y sin fracasar al desempeñarlo).
37 Porque en esto es el dicho verdadero, Que uno es el que siembra, y otro es el que cosecha (Dios tiene un Ministerio especial para cada individuo; los "Sembradores" son aquéllos que lo hacen posible para que los "Cosechadores" cosechen; ¡el Predicador sólo puede cosechar lo que se ha sembrado!).
38 Yo os he enviado a segar lo que vosotros no labrasteis (todo lo que se hace para Cristo producirá debido a la cantidad de trabajo de muchas personas diferentes): otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores (Él realmente habla de los Profetas de la Antigüedad; en Cristo, sus Profecías ahora vienen a cumplirse, y los Apóstoles cosecharán lo que ellos sembraron a través de muchos siglos; es lo mismo con nosotros en la actualidad, como se refiere tanto a los Profetas como a los Apóstoles, etc.).
LA SALVACIÓN
39 Y muchos de los Samaritanos de aquella ciudad creyeron en Él por la palabra de la mujer, que daba testimonio (es un ejemplo perfecto del Verdadero Cristianismo en acción), diciendo, Que me dijo todo lo que he hecho (mientras que Jesús le reveló su pecado, como lo hace siempre el Evangelio, no fue en forma negativa, ni condenatoria, sino más bien para librarla del pecado; Él entonces le dio la Vida Eterna).
40 Viniendo pues los Samaritanos a Él (dirigía la palabra a los corazones dispuestos a recibir de Dios), Le rogaron que se quedase allí (una petición que no fue negada, y de hecho, una petición que nunca será negada): y se quedó allí dos días (los mejores dos días que ellos jamás verían y conocerían).
41 Y creyeron muchos más por la Palabra de Él (es lo que ocurrió durante los dos días);
42 Y decían a la mujer, Ya no creemos por tu dicho (debiera traducirse, "no sólo debido a tu dicho," porque su dicho era el testimonio que en un principio los trajo a Cristo): sino porque nosotros mismos Le hemos oído, y sabemos que verdaderamente Éste es el Salvador del mundo, el Cristo (una de las declaraciones más profundas que jamás se haya hecho, que acontece sólo una otra vez en la Biblia [I Jn. 4:14]; esto salió de los labios de los Samaritanos; desgraciadamente, hacia el final de Su Ministerio, habían algunos Samaritanos que no Le recibirían para su perdición [Luc. 9:51-56]).
GALILEA
43 Y dos días después, salió de allí, y fuese a Galilea.
44 Porque el Mismo Jesús dio testimonio de que el Profeta en Su Propia Tierra no tiene honra (Él ampliaría más tarde esta declaración para decir, "y entre Sus parientes, y en Su casa" [Mat. 13:57; Marc. 6:4]).
45 Y cuando vino a Galilea, los Galileos Le recibieron (la Fe basada en las observancias externas es muy débil; aunque por muy débil que sea su Fe, Él, obediente a la Voluntad de Su Padre, actuaba en Gracia y Poder cada vez que Él veía que había Fe, sin importar que fuese poca), vistas todas las cosas que había hecho en Jerusalén en el Día de la Fiesta: porque también ellos habían ido a la Fiesta (necesitaban los milagros para poder creer, la evidencia quedaba en claro que los Samaritanos necesitaban sólo Su Palabra, porque ellos tenían la mayor Fe).
EL HIJO DEL OFICIAL
46 Vino pues Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había hecho el vino del agua (Su Primer Milagro). Y había en Capernaum un cierto oficial del rey, cuyo hijo estaba enfermo (pertenece al que era el oficial de Herodes Antipas, tetrarca de Galilea).
47 Éste, cuando oyó que Jesús venía de Judea a Galilea, fue a Él (las nuevas se difundían a Capernaum de que Jesús había vuelto a Galilea, aun en Caná, solamente a unos 32 kilómetros [20 millas]), y Le rogaba que descendiese, y sanase a su hijo: porque se comenzaba a morir (contiene, escondido en el texto, la vaga idea de que debido a su lugar y posición en la estructura política de Galilea Jesús se impresionaría de quién era él, un oficial de la Corte de Herodes; de todos modos, ¡él estaba desesperado!).
48 Entonces Jesús le dijo, Si no viereis señales y milagros no creeréis (Jesús conocía el corazón del hombre y su incredulidad, por eso Él le iba a hacer hablar; Él lo llevaría a un nivel de Fe más alto, ¡para que creyera en la Palabra de Cristo!).
49 El oficial del rey Le dijo, Señor, desciende antes que mi hijo muera (se puede sentir el patetismo en la súplica de este hombre, con una reprensión leve previendo lo que Jesús estaba por decir).
50 Le dice Jesús, Ve; tu hijo vive (una declaración asombrosa, la que sorprendió a este hombre; su Fe está ya en prueba, y él aceptaría el reto). Y el hombre creyó a la Palabra que Jesús le dijo, y se fue (regresó a Capernaum).
51 Y cuando ya él descendía, los siervos le salieron a recibir, y le dieron nuevas, diciendo, Tu hijo vive (las mismas palabras que Jesús había usado).
52 Entonces él les preguntó a qué hora comenzó a estar mejor (él comparaba la hora cuando Jesús había pronunciado la Palabra y cuando su hijo fue sanado). Y le dijeron, Ayer a las siete le dejó la fiebre (si es la hora Romana, a las 7:00 de la noche del día anterior).
53 El padre entonces entendió que aquella hora, era cuando Jesús le dijo, Tu hijo vive (su Fe, por muy débil que fuera antes, fue recompensada grandemente); y creyó él, y toda su casa (todos se convertieron a Cristo).
54 Esta segunda Señal volvió Jesús a hacer (se refiere solamente a Galilea; en efecto, Él había realizado unos cuantos Milagros en los últimos días en Jerusalén [Jn. 2:23]), cuando vino de Judea a Galilea (por dondequiera que Él iba, los Milagros Le seguían, además las vidas cambiadas; ¡así era Jesús en esa época, y así es Jesús ahora!).


Primera Corintios Capítulo 13:



Si hablo en lenguas humanas y angelicales, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido. Si tengo el don de profecía y entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento, y si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no soy nada. Si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y si entrego mi cuerpo para que lo consuman las llamas, pero no tengo amor, nada gano con eso. El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor jamás se extingue, mientras que el don de profecía cesará, el de lenguas será silenciado y el de conocimiento desaparecerá. Porque conocemos y profetizamos de manera imperfecta; pero cuando llegue lo perfecto, lo imperfecto desaparecerá. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; cuando llegué a ser adulto, dejé atrás las cosas de niño. Ahora vemos de manera indirecta y velada, como en un espejo; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de manera imperfecta, pero entonces conoceré tal y como soy conocido. Ahora, pues, permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más excelente de ellas es el amor.


Hebreos 10:35-12:4



Así que no pierdan la confianza, porque ésta será grandemente recompensada. Ustedes necesitan perseverar para que, después de haber cumplido la voluntad de Dios, reciban lo que él ha prometido. Pues dentro de muy poco tiempo, "el que ha de venir vendrá, y no tardará. Pero mi justo vivirá por la fe. Y si se vuelve atrás, no será de mi agrado." Pero nosotros no somos de los que se vuelven atrás y acaban por perderse, sino de los que tienen fe y preservan su vida. Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve. Gracias a ella fueron aprobados los antiguos. Por la fe entendemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo visible no provino de lo que se ve. Por la fe Abel ofreció a Dios un sacrificio más aceptable que el de Caín, por lo cual recibió testimonio de ser justo, pues Dios aceptó su ofrenda. Y por la fe Abel, a pesar de estar muerto, habla todavía. Por la fe Enoc fue sacado de este mundo sin experimentar la muerte; no fue hallado porque Dios se lo llevó, pero antes de ser llevado recibió testimonio de haber agradado a Dios. En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan. Por la fe Noé, advertido sobre cosas que aún no se veían, con temor reverente construyó un arca para salvar a su familia. Por esa fe condenó al mundo y llegó a ser heredero de la justicia que viene por la fe. Por la fe Abraham, cuando fue llamado para ir a un lugar que más tarde recibiría como herencia, obedeció y salió sin saber a dónde iba. Por la fe se radicó como extranjero en la tierra prometida, y habitó en tiendas de campaña con Isaac y Jacob, herederos también de la misma promesa, porque esperaba la ciudad de cimientos sólidos, de la cual Dios es arquitecto y constructor. Por la fe Abraham, a pesar de su avanzada edad y de que Sara misma era estéril, recibió fuerza para tener hijos, porque consideró fiel al que le había hecho la promesa. Así que de este solo hombre, ya en decadencia, nacieron descendientes numerosos como las estrellas del cielo e incontables como la arena a la orilla del mar. Todos ellos vivieron por la fe, y murieron sin haber recibido las cosas prometidas; más bien, las reconocieron a lo lejos, y confesaron que eran extranjeros y peregrinos en la tierra. Al expresarse así, claramente dieron a entender que andaban en busca de una patria. Si hubieran estado pensando en aquella patria de donde habían emigrado, habrían tenido oportunidad de regresar a ella. Antes bien, anhelaban una patria mejor, es decir, la celestial. Por lo tanto, Dios no se avergonzó de ser llamado su Dios, y les preparó una ciudad. Por la fe Abraham, que había recibido las promesas, fue puesto a prueba y ofreció a Isaac, su hijo único, a pesar de que Dios le había dicho: "Tu descendencia se establecerá por medio de Isaac." Consideraba Abraham que Dios tiene poder hasta para resucitar a los muertos, y así, en sentido figurado, recobró a Isaac de entre los muertos. Por la fe Isaac bendijo a Jacob y a Esaú, previendo lo que les esperaba en el futuro. Por la fe Jacob, cuando estaba a punto de morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyándose en la punta de su bastón. Por la fe José, al fin de su vida, se refirió a la salida de los israelitas de Egipto y dio instrucciones acerca de sus restos mortales. Por la fe Moisés, recién nacido, fue escondido por sus padres durante tres meses, porque vieron que era un niño precioso, y no tuvieron miedo del edicto del rey. Por la fe Moisés, ya adulto, renunció a ser llamado hijo de la hija del faraón. Prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar de los efímeros placeres del pecado. Consideró que el oprobio por causa del Mesías era una mayor riqueza que los tesoros de Egipto, porque tenía la mirada puesta en la recompensa. Por la fe salió de Egipto sin tenerle miedo a la ira del rey, pues se mantuvo firme como si estuviera viendo al Invisible. Por la fe celebró la Pascua y el rociamiento de la sangre, para que el exterminador de los primogénitos no tocara a los de Israel. Por la fe el pueblo cruzó el Mar Rojo como por tierra seca; pero cuando los egipcios intentaron cruzarlo, se ahogaron. Por la fe cayeron las murallas de Jericó, después de haber marchado el pueblo siete días a su alrededor. Por la fe la prostituta Rahab no murió junto con los desobedientes, pues había recibido en paz a los espías. ¿Qué más voy a decir? Me faltaría tiempo para hablar de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté,  David, Samuel y los profetas, los cuales por la fe conquistaron reinos, hicieron justicia y alcanzaron lo prometido; cerraron bocas de leones, apagaron la furia de las llamas y escaparon del filo de la espada; sacaron fuerzas de flaqueza; se mostraron valientes en la guerra y pusieron en fuga a ejércitos extranjeros. Hubo mujeres que por la resurrección recobraron a sus muertos. Otros, en cambio, fueron muertos a golpes, pues para alcanzar una mejor resurrección no aceptaron que los pusieran en libertad. Otros sufrieron la prueba de burlas y azotes, e incluso de cadenas y cárceles. Fueron apedreados, aserrados por la mitad, asesinados a filo de espada. Anduvieron fugitivos de aquí para allá, cubiertos de pieles de oveja y de cabra, pasando necesidades, afligidos y maltratados. ¡El mundo no merecía gente así! Anduvieron sin rumbo por desiertos y montañas, por cuevas y cavernas. Aunque todos obtuvieron un testimonio favorable mediante la fe, ninguno de ellos vio el cumplimiento de la promesa. Esto sucedió para que ellos no llegaran a la meta sin nosotros, pues Dios nos había preparado algo mejor. Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo. En la lucha que ustedes libran contra el pecado, todavía no han tenido que resistir hasta derramar su sangre.

Romanos 8:



Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte. En efecto, la ley no pudo liberarnos porque la naturaleza pecaminosa anuló su poder; por eso Dios envió a su propio Hijo en condición semejante a nuestra condición de pecadores, para que se ofreciera en sacrificio por el pecado. Así condenó Dios al pecado en la naturaleza humana, a fin de que las justas demandas de la ley se cumplieran en nosotros, que no vivimos según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu. Los que viven conforme a la naturaleza pecaminosa fijan la mente en los deseos de tal naturaleza; en cambio, los que viven conforme al Espíritu fijan la mente en los deseos del Espíritu. La mentalidad pecaminosa es muerte, mientras que la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz. La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo. Los que viven según la naturaleza pecaminosa no pueden agradar a Dios. Sin embargo, ustedes no viven según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios vive en ustedes. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo. Pero si Cristo está en ustedes, el cuerpo está muerto a causa del pecado, pero el Espíritu que está en ustedes es vida a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los   muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en ustedes. Por tanto, hermanos, tenemos una obligación, pero no es la de vivir conforme a la naturaleza pecaminosa. Porque si ustedes viven conforme a ella, morirán; pero si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: "¡Abba! ¡Padre!" El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria. De hecho, considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros. La creación aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de Dios, porque fue sometida a la frustración. Esto no sucedió por su propia voluntad, sino por la del que así lo dispuso. Pero queda la firme esperanza de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera dolores de parto. Y no sólo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esa esperanza fuimos salvados. Pero la esperanza que se ve, ya no es esperanza. ¿Quién espera lo que ya tiene? Pero si esperamos lo que todavía no tenemos, en la espera mostramos nuestra constancia. Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios. Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito. Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. A los que predestinó, también los llamó; a los que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó. ¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas? ¿Quién acusará a los que Dios ha escogido? Dios es el que justifica. ¿Quién condenará? Cristo Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros. ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia? Así está escrito: "Por tu causa nos vemos amenazados de muerte todo el día; nos tratan como a ovejas destinadas al matadero." Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.

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