15 April 2017

El 16 de abril Lectura Bíblica Diaria

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Mensaje de la Cruz de Cristo Jesús-Capítulo-1

El 16 de abril Lectura Bíblica Diaria:

Génesis 5 a 7:
Ésta es la lista de los descendientes de Adán. Cuando Dios creó al ser humano, lo hizo a semejanza de Dios mismo. Los creó hombre y mujer, y los bendijo. El día que fueron creados los llamó "seres humanos". Cuando Adán llegó a la edad de ciento treinta años, tuvo un hijo a su imagen y semejanza, y lo llamó Set. Después del nacimiento de Set, Adán vivió ochocientos años más, y tuvo otros hijos y otras hijas. De modo que Adán murió a los novecientos treinta años de edad. Set tenía ciento cinco años cuando fue padre de Enós. Después del nacimiento de Enós, Set vivió ochocientos siete años más, y tuvo otros hijos y otras hijas. De modo que Set murió a los novecientos doce años de edad. Enós tenía noventa años cuando fue padre de Cainán. Después del nacimiento de Cainán, Enós vivió ochocientos quince años más, y tuvo otros hijos y otras hijas. De modo que Enós murió a los novecientos cinco años de edad. Cainán tenía setenta años cuando fue padre de Malalel. Después del nacimiento de Malalel, Cainán vivió ochocientos cuarenta años más, y tuvo otros hijos y otras hijas. De modo que Cainán murió a los novecientos diez años de edad. Malalel tenía sesenta y cinco años cuando fue padre de Jared. Después del nacimiento de Jared, Malalel vivió ochocientos treinta años más, y tuvo otros hijos y otras hijas. De modo que Malalel murió a los ochocientos noventa y cinco años de edad. Jared tenía ciento sesenta y dos años cuando fue padre de Enoc. Después del nacimiento de Enoc, Jared vivió ochocientos años más, y tuvo otros hijos y otras hijas. De modo que Jared murió a los novecientos sesenta y dos años de edad. Enoc tenía sesenta y cinco años cuando fue padre de Matusalén. Después del nacimiento de Matusalén, Enoc anduvo fielmente con Dios trescientos años más, y tuvo otros hijos y otras hijas. En total, Enoc vivió trescientos sesenta y cinco años, y como anduvo fielmente con Dios, un día desapareció porque Dios se lo llevó. Matusalén tenía ciento ochenta y siete años cuando fue padre de Lamec. Después del nacimiento de Lamec, Matusalén vivió setecientos ochenta y dos años más, y tuvo otros hijos y otras hijas. De modo que Matusalén murió a los novecientos sesenta y nueve años de edad. Lamec tenía ciento ochenta y dos años cuando fue padre de Noé. Le dio ese nombre porque dijo: "Este niño nos dará descanso en nuestra tarea y penosos trabajos, en esta tierra que maldijo el Señor." Después del nacimiento de Noé, Lamec vivió quinientos noventa y cinco años más, y tuvo otros hijos y otras hijas. De modo que Lamec murió a los setecientos setenta y siete años de edad. Noé ya había cumplido quinientos años cuando fue padre de Sem, Cam y Jafet. Cuando los seres humanos comenzaron a multiplicarse sobre la tierra y tuvieron hijas, los hijos de Dios vieron que las hijas de los seres humanos eran hermosas. Entonces tomaron como mujeres a todas las que desearon. Pero el Señor dijo: "Mi espíritu no permanecerá en el ser humano para siempre, porque no es más que un simple mortal; por eso vivirá solamente ciento veinte años." Al unirse los hijos de Dios con las hijas de los seres humanos y tener hijos con ellas, nacieron gigantes, que fueron los famosos héroes de antaño. A partir de entonces hubo gigantes en la tierra. Al ver el Señor que la maldad del ser humano en la tierra era muy grande, y que todos sus pensamientos tendían siempre hacia el mal, se arrepintió de haber hecho al ser humano en la tierra, y le dolió en el corazón. Entonces dijo: "Voy a borrar de la tierra al ser humano que he creado. Y haré lo mismo con los animales, los reptiles y las aves del cielo. ¡Me arrepiento de haberlos creado!" Pero Noé contaba con el favor del Señor. Ésta es la historia de Noé. Noé era un hombre justo y honrado entre su gente. Siempre anduvo fielmente con Dios. Tuvo tres hijos: Sem, Cam y Jafet. Pero Dios vio que la tierra estaba corrompida y llena de violencia. Al ver Dios tanta corrupción en la tierra, y tanta perversión en la gente, le dijo a Noé: "He decidido acabar con toda la gente, pues por causa de ella la tierra está llena de violencia. Así que voy a destruir a la gente junto con la tierra. Constrúyete un arca de madera resinosa, hazle compartimentos, y cúbrela con brea por dentro y por fuera. Dale las siguientes medidas: ciento cuarenta metros de largo, veintitrés de ancho y catorce de alto. Hazla de tres pisos, con una abertura a medio metro del techo y con una puerta en uno de sus costados. Porque voy a enviar un diluvio sobre la tierra, para destruir a todos los seres vivientes bajo el cielo. Todo lo que existe en la tierra morirá. Pero contigo estableceré mi pacto, y entrarán en el arca tú y tus hijos, tu esposa y tus nueras. Haz que entre en el arca una pareja de todos los seres vivientes, es decir, un macho y una hembra de cada especie, para que sobrevivan contigo. Contigo entrará también una pareja de cada especie de aves, de ganado y de reptiles, para que puedan sobrevivir. Recoge además toda clase de alimento, y almacénalo, para que a ti y a ellos les sirva de comida." Y Noé hizo todo según lo que Dios le había mandado. El Señor le dijo a Noé: "Entra en el arca con toda tu familia, porque tú eres el único hombre justo que he encontrado en esta generación. De todos los animales puros, lleva siete machos y siete hembras; pero de los impuros, sólo un macho y una hembra. Lleva también siete machos y siete hembras de las aves del cielo, para conservar su especie sobre la tierra. Porque dentro de siete días haré que llueva sobre la tierra durante cuarenta días y cuarenta noches, y así borraré de la faz de la tierra a todo ser viviente que hice." Noé hizo todo de acuerdo con lo que el Señor le había mandado. Tenía Noé seiscientos años de edad cuando las aguas del diluvio inundaron la tierra. Entonces entró en el arca junto con sus hijos, su esposa y sus nueras, para salvarse de las aguas del diluvio. De los animales puros e impuros, de las aves y de todos los seres que se arrastran por el suelo, entraron con Noé por parejas, el macho y su hembra, tal como Dios se lo había mandado. Al cabo de los siete días, las aguas del diluvio comenzaron a caer sobre la tierra. Cuando Noé tenía seiscientos años, precisamente en el día diecisiete del mes segundo, se reventaron las fuentes del mar profundo y se abrieron las compuertas del cielo. Cuarenta días y cuarenta noches llovió sobre la tierra. Ese mismo día entraron en el arca Noé, sus hijos Sem, Cam y Jafet, su esposa y sus tres nueras. Junto con ellos entró toda clase de animales salvajes y domésticos, de animales que se arrastran por el suelo, y de aves. Así entraron en el arca con Noé parejas de todos los seres vivientes; entraron un macho y una hembra de cada especie, tal como Dios se lo había mandado a Noé. Luego el Señor cerró la puerta del arca. El diluvio cayó sobre la tierra durante cuarenta días. Cuando crecieron las aguas, elevaron el arca por encima de la tierra. Las aguas crecían y aumentaban cada vez más, pero el arca se mantenía a flote sobre ellas. Tanto crecieron las aguas, que cubrieron las montañas más altas que hay debajo de los cielos. El nivel del agua subió más de siete metros por encima de las montañas. Así murió todo ser viviente que se movía sobre la tierra: las aves, los animales salvajes y domésticos, todo tipo de animal que se arrastraba por el suelo, y todo ser humano. Pereció todo ser que habitaba la tierra firme y tenía aliento de vida. Dios borró de la faz de la tierra a todo ser viviente, desde los seres humanos hasta los ganados, los reptiles y las aves del cielo. Todos fueron borrados de la faz de la tierra. Sólo quedaron Noé y los que estaban con él en el arca. Y la tierra quedó inundada ciento cincuenta días.

Salmo 124:
Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte que lo repita ahora Israel, si el Señor no hubiera estado de nuestra parte cuando todo el mundo se levantó contra nosotros, nos habrían tragado vivos al encenderse su furor contra nosotros; nos habrían inundado las aguas, el torrente nos habría arrastrado, ¡nos habrían arrastrado las aguas turbulentas! Bendito sea el Señor, que no dejó que nos despedazaran con sus dientes. Como las aves, hemos escapado de la trampa del cazador; ¡la trampa se rompió, y nosotros escapamos! Nuestra ayuda está en el nombre del Señor, creador del cielo y de la tierra.

Proverbios 28:
El malvado huye aunque nadie lo persiga; pero el justo vive confiado como un león. Cuando hay rebelión en el país, los caudillos se multiplican; cuando el gobernante es entendido, se mantiene el orden. El gobernante que oprime a los pobres es como violenta lluvia que arrasa la cosecha. Los que abandonan la ley alaban a los malvados; los que la obedecen luchan contra ellos. Los malvados nada entienden de la justicia; los que buscan al Señor lo entienden todo. Más vale pobre pero honrado, que rico pero perverso. El hijo entendido se sujeta a la ley; el derrochador deshonra a su padre. El que amasa riquezas mediante la usura las acumula para el que se compadece de los pobres. Dios aborrece hasta la oración del que se niega a obedecer la ley. El que lleva a los justos por el mal camino, caerá en su propia trampa; pero los íntegros heredarán el bien. El rico se las da de sabio; el pobre pero inteligente lo desenmascara. Cuando los justos triunfan, se hace gran fiesta; cuando los impíos se imponen, todo el mundo se esconde. Quien encubre su pecado jamás prospera; quien lo confiesa y lo deja, halla perdón. ¡Dichoso el que siempre teme al Señor! Pero el obstinado caerá en la desgracia. Un león rugiente, un oso hambriento, es el gobernante malvado que oprime a los pobres. El gobernante falto de juicio es terrible opresor; el que odia las riquezas prolonga su vida. El que es perseguido por homicidio será un fugitivo hasta la muerte. ¡Que nadie le brinde su apoyo! El que es honrado se mantendrá a salvo; el de caminos perversos caerá en la fosa. El que trabaja la tierra tendrá abundante comida; el que sueña despierto sólo abundará en pobreza. El hombre fiel recibirá muchas bendiciones; el que tiene prisa por enriquecerse no quedará impune. No es correcto mostrarse parcial con nadie. Hay quienes pecan hasta por un mendrugo de pan. El tacaño ansía enriquecerse, sin saber que la pobreza lo aguarda. A fin de cuentas, más se aprecia al que reprende que al que adula. El que roba a su padre o a su madre, e insiste en que no ha pecado, amigo es de gente perversa. El que es ambicioso provoca peleas, pero el que confía en el Señor prospera. Necio es el que confía en sí mismo; el que actúa con sabiduría se pone a salvo. El que ayuda al pobre no conocerá la pobreza; el que le niega su ayuda será maldecido. Cuando triunfan los impíos, la gente se esconde; cuando perecen, los justos prosperan.
El Libro de Primera de Corintios Capítulo 14 del Nuevo Testamento del Expositor por Jimmy Swaggart:

LA EPÍSTOLA DEL APÓSTOL PABLO A LOS
CORINTIOS
CAPÍTULO 14
(59 d.C.)
PROFECÍAS Y LENGUAS

SEGUID la Caridad (permita que el Amor sea el factor de motivación en todo), y procurad los Dones espirituales (quiere decir desear, pero del modo correcto), sino más bien que Profeticéis. (No significa que la "Profecía" es el mayor Don de todos, sino más bien que es el mayor de los dos Dones vocales de expresión en Lenguas y Profecía.)
2 Porque el que habla en Lenguas, no habla a los hombres, sino a Dios (se refiere a "Lenguas" como uno de los nueve Dones, y no la lengua de oración que todo Creyente recibe al ser Bautizado con el Espíritu; como es evidente aquí, cuando alguien habla en Lenguas, ya sea en su lengua devocional o como un Don, está hablando directamente a Dios): porque nadie le entiende (a menos que sea interpretado); aunque en el Espíritu hable misterios (pertenece a Dios y es un misterio a todos, a menos que sea revelado por el Espíritu Santo).
3 Mas el que Profetiza (habla del sexto Don del Espíritu [I Cor. 12:8-10]), habla a los hombres (lo opuesto de las Lenguas, que le habla a Dios) para Edificación (fortalecer), y Exhortación (implorar), y Consolación (consolar).
4 El que habla lengua extraña, a sí mismo se edifica (ya sea el Don de Lenguas o lengua devocional); mas el que Profetisa, edifica a la Iglesia (para la Edificación de la totalidad del Cuerpo, no sólo para el orador).
5 Así que, quisiera que todos vosotros hablaseis Lenguas (se refiere en este caso a la lengua devocional), empero más bien que Profetizaseis (ahora vuelve a este Don del Espíritu): porque mayor es el que Profetiza que el que habla con Lenguas, a menos que alguien interprete, para que la Iglesia tome Edificación. (Es evidente porque la Profecía se da en la lengua de la gente, y es, por lo tanto, entendida por todos. No se puede entender las lenguas a menos que se interpreten. De nuevo, se refiere a los Cultos de Iglesia, y no la propia devoción privada de la persona.)
6 Ahora pues, Hermanos, si yo fuere a vosotros hablando Lenguas, ¿qué os aprovecharé (no se refiere al "Don de Lenguas" como uno de los nueve Dones del Espíritu, que tiene la intención de ser interpretado, sino más bien a la alabanza y adoración de los Creyentes al Señor en Lenguas en voz alta durante el Culto), si no os hablare, o con Revelación, o con Ciencia, o con Profecía, o con Doctrina? (Estas cosas revelan la Verdad a la gente, en tanto que alguien que adora al Señor en voz alta en Lenguas, sin la intención de ser interpretado, no edifica a nadie, sino sólo al orador. Pablo no está degradando las Lenguas, sino que sólo insistiendo que sean usados en la forma correcta.)
7 Ciertamente las cosas inanimadas que hacen sonidos, como la flauta o el arpa, si no dieren distinción de sonidos, ¿como se sabrá lo que se tañe con la flauta, o con el arpa? (¡A menos que se pueda seguir el compás en una melodía, si no, entonces es solamente ruido!)
8 Y si la trompeta diere sonido incierto, ¿quién se alistará para la batalla? (Pablo no está denigrando la trompeta, sino sólo declarando que sea usado correctamente.)
9 Así también vosotros, si por la lengua no diereis palabra bien significante, ¿cómo se entenderá lo que se dice? (Se refiere a los Creyentes en la Iglesia que se sueltan en Lenguas en voz alta y que muy a menudo resulta sólo en crear confusión. Nadie sabe lo que se dice. De este modo, aunque sólo el que está hablando es bendecido, pero nadie más es bendecido.) porque hablaréis al aire (no tiene importancia, al menos en ese momento).
10 Tantos géneros de voces, por ejemplo, hay en el mundo (habla de muchos variados lenguajes que componen la totalidad del género humano), y nada hay mudo. (El lenguaje, independientemente de cuál podría ser, es importante para la persona que lo habla y lo entienda.)
11 Mas si yo no entiendo lo que alguien me dice, seré como un extranjero al que habla, y el que habla será como extranjero para mí (nada se lleva a cabo).
12 Así también vosotros, pues que anheláis Dones Espirituales (Pablo no critica su deseo de tal, en vista de que ya él les ha dicho "anheláis Dones Espirituales"), procurad ser excelentes para la Edificación de la Iglesia (el verdadero fundamento de todo lo que está siendo dicho).
13 Por lo cual, el que habla Lengua extraña (el octavo Don del Espíritu), pida que la Interprete (también tiene ese Don en particular, que es el noveno Don).
14 Porque si yo orare en Lengua desconocida, mi espíritu ora (la lengua devocional, no el Don del Espíritu, y declara que viene del espíritu de la persona y no de la mente), mas mi entendimiento es sin fruto (significa que no viene de la mente).
15 ¿Qué pues? (Tiene la intención de poner el concepto apropiado en lo que Pablo ha estado diciendo.) Oraré con el espíritu (orar de mi espíritu en Lenguas, que se refiere a la lengua devocional), mas oraré también con entendimiento (orar en mi lenguaje normal, o sea en el idioma materno, que para mí es el Inglés): cantaré con el espíritu (cantar de mi espíritu en otras Lenguas), mas cantaré también con entendimiento (cantar al Señor en Inglés; Pablo se refiere a sus propios devocionales privados, y no a los Cultos ordinarios de Iglesia).
16 Porque si bendijeres con el espíritu, el que ocupa lugar de un mero particular, ¿cómo dirá Amén a tu acción de gracias? pues no sabe lo que has dicho. (Se refiere a la bendición de alguien o la oración de gracias en las comidas. Si se hace en Lenguas, los demás presentes, no sabiendo lo que se está diciendo, difícilmente serían bendecidos.)
17 Porque tú, a la verdad, bien das gracias, mas el otro no es edificado.
18 Doy gracias a Dios que hablo lenguas más que todos vosotros (como es evidente, el Apóstol no está denigrando las Lenguas, sino más bien regulando las Lenguas, y por el Espíritu de Dios):
19 Pero en la Iglesia (cuando sea el momento para dar la instrucción) más bien quiero hablar cinco palabras con mi sentido, para que enseñe también a los otros (que es el propósito de la asamblea), que diez mil palabras en Lengua desconocida (lo que la gente no puede entender, y por lo tanto, no será edificada).
20 Hermanos, no seáis niños en la manera de pensar (significa que lo que él ha dicho es fácil de entender): sino sed niños en la malicia (normalmente los niños no desean causarle dolor a otros), empero perfectos en la manera de pensar (sea adulto, maduro).
21 En la Ley está escrito (Isa. 28:11), En otras lenguas y en otros labios hablaré a este pueblo (concierne una Profecía dada por Isaías hacía casi 800 años antes de Cristo, que concierne el Bautismo con el Espíritu Santo con pruebas del hablar con otras Lenguas); y ni aún así me oirán, dice el Señor (predice que muchos, si no la mayoría, rehusarán hacer caso a esto que es del Señor).
22 Así que, las Lenguas son por señal, no a los fieles, sino a los incrédulos (una señal al mundo que vivimos en los últimos días): mas la Profecía, no a los incrédulos, sino a los fieles (se refiere a la Edificación, Exhortación y Consolación a la Iglesia).
ORDEN
23 De manera que, si toda la Iglesia se juntare en uno, y todos hablan Lenguas, y entran indoctos o incrédulos, ¿no dirán que estáis locos? (¡Pienso que eso sería obvio!)
24 Mas si todos Profetizan (pronunciando palabras que todos pueden entender), y entra algún incrédulo o indocto, de todos es convencido, de todos es juzgado (él puede entender lo que se dice, ya sea lo crea o no):
25 Lo oculto de su corazón se hace manifiesto (él puede entender lo que se dice, y esto le habla personalmente); y así, postrándose sobre el rostro, adorará a Dios, declarando que verdaderamente Dios está en vosotros (es decir, si hace caso al Mensaje).
26 ¿Qué hay pues, Hermanos? Cuando os reunáis (un Culto de la Iglesia), cada uno de vosotros tiene Salmo, tiene Doctrina, tiene Lengua, tiene Revelación, tiene Interpretación (se refiere a las cosas muy buenas que son usadas en forma incorrecta, diciéndonos que no solamente son las Lenguas que pueden ser usadas incorrectamente). Hágase todo para edificación. (Todo lo que se hace en la Iglesia tiene la intención de edificar la totalidad del Cuerpo, sin tener en cuenta cual es.)
27 Si hablare alguno en Lengua extraña (se refiere al Don del Espíritu y cómo se debe usar en reuniones públicas), sea esto por dos, o a lo más tres (no se refiere a las expresiones, sino más bien las personas que emiten las expresiones), y por turno (simplemente quiere decir que estos dos o tres no deberían interrumpir el uno al otro); mas uno interprete. (Las Lenguas tienen la intención de ser interpretadas. No necesariamente significa que habría que interpretar todos los Mensajes, aunque ellos pueden. Sino más bien solamente "uno" debiera interpretar a la vez, lo que ha de ser evidente.)
28 Y si no hubiere intérprete, calle en la Iglesia (de qué sirve si no hay nadie que interprete); y hable a sí mismo y a Dios (que hable en Lenguas a sí mismo, lo que todos los Creyentes debieran hacer a menudo).
29 Asimismo, los Profetas hablen dos o tres (se refiere no sólo de aquéllos que tienen el Don de la Profecía, sino también de aquéllos que ocupan la Oficina del Profeta), y los demás juzguen. (Se refiere al hecho de que todo debe ser juzgado según la validez Bíblica.)
30 Y si a otro que estuviere sentado, fuere revelado (se refiere a alguien que siente que el Señor le da una Revelación lo que debería darse a la Iglesia), calle el primero. (Aquéllos que dan Profecías no deberían estar interrumpiendo el uno al otro.)
31 Porque podéis todos Profetizar uno por uno (en su debido orden), para que todos aprendan, y todos sean exhortados. (El Espíritu Santo siempre tiene en mente la totalidad del Cuerpo.)
32 Y los espíritus de los que Profetizaren, sujétense a los Profetas. (Significa que si las personas afirman que son obligados a lanzar palabras en voz alta en cualquier momento, tal está fuera de orden. El Espíritu Santo obra con el espíritu de la persona, y ambos deciden el momento apropiado.)
33 Porque Dios no es Dios de disensión, sino de paz (el Espíritu Santo nunca se contradecirá), como en todas las Iglesias de los Santos. (Estas instrucciones dadas por Pablo conciernen a todas las Iglesias, y no solamente a la Iglesia en Corinto.)
34 Vuestras mujeres callen en las Congregaciones: porque no les es permitido hablar (no se refiere a mujeres usadas por el Señor en los Dones [Hch. 2:17; I Cor. 11:5]; en las Iglesias en ese momento, normalmente los hombres y las mujeres no se sentaban juntos, sino en lados opuestos del salón; las mujeres llamaban a sus maridos pidiendo una explicación acerca de ciertas cosas, que interrumpía los Cultos); sino que estén sujetas, como también la Ley dice (se refiere a Génesis 3:16 y el modelo de la Creación).
35 Y si quieren aprender alguna cosa, pregunten en casa a sus maridos (confirmando lo que hemos dicho en el Versículo anterior): porque es cosa vergonzosa el hablar una mujer en la Congregación (para hablar más fuerte en la manera que Pablo acaba de mencionar; no se refiere a las mujeres Maestras o Predicadores, etc.; de ser así, no estaría bien que las mujeres cantaran o dijeran algo en la Iglesia, sabemos que este concepto es erróneo).
36 ¿Qué? (Pablo está por concluir esta discusión con respecto al orden en la Iglesia.) ¿Ha salido de vosotros la Palabra de Dios? ¿O a vosotros solos ha llegado? (El Apóstol le dice a los Corintios que su falta de orden no es del Señor.)
37 Si alguno a su parecer es Profeta, o Espiritual, reconozca lo que os escribo, porque son Mandamientos del Señor. (Si ellos realmente son Profetas, y si verdaderamente son Espirituales, sabrán que lo que el Apóstol está diciendo es del Señor.)
38 Mas el que ignora, ignore. (En otras palabras, si no van a aceptar lo que Pablo está diciendo, no hay manera alguna en que van a aprender la Verdad en absoluto. Ellos permanecerán ignorantes, y hasta podrían perder sus almas.)
39 Así que, Hermanos, procurad Profetizar (desead el Don de Profecía), y no impidáis el hablar lenguas. (Todas las instrucciones que él ha dado no tienen la intención de prohibir las Lenguas, sino ponerlas en su orden legítimo. ¿Entonces dónde quedan los que proclaman ser líderes religiosos que no hacen caso a esta declaración concreta, lo cual es en realidad un "Mandamiento del Señor"?)
40 Empero hágase todo decentemente y con orden. (Es el motivo por la cual todas las instrucciones son incluidas en este Capítulo.)
Primera Corintios Capítulo 13:
Si hablo en lenguas humanas y angelicales, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido. Si tengo el don de profecía y entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento, y si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no soy nada. Si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y si entrego mi cuerpo para que lo consuman las llamas, pero no tengo amor, nada gano con eso. El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor jamás se extingue, mientras que el don de profecía cesará, el de lenguas será silenciado y el de conocimiento desaparecerá. Porque conocemos y profetizamos de manera imperfecta; pero cuando llegue lo perfecto, lo imperfecto desaparecerá. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; cuando llegué a ser adulto, dejé atrás las cosas de niño. Ahora vemos de manera indirecta y velada, como en un espejo; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de manera imperfecta, pero entonces conoceré tal y como soy conocido. Ahora, pues, permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más excelente de ellas es el amor.
Hebreos 10:35-12:4
Así que no pierdan la confianza, porque ésta será grandemente recompensada. Ustedes necesitan perseverar para que, después de haber cumplido la voluntad de Dios, reciban lo que él ha prometido. Pues dentro de muy poco tiempo, "el que ha de venir vendrá, y no tardará. Pero mi justo vivirá por la fe. Y si se vuelve atrás, no será de mi agrado." Pero nosotros no somos de los que se vuelven atrás y acaban por perderse, sino de los que tienen fe y preservan su vida. Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve. Gracias a ella fueron aprobados los antiguos. Por la fe entendemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo visible no provino de lo que se ve. Por la fe Abel ofreció a Dios un sacrificio más aceptable que el de Caín, por lo cual recibió testimonio de ser justo, pues Dios aceptó su ofrenda. Y por la fe Abel, a pesar de estar muerto, habla todavía. Por la fe Enoc fue sacado de este mundo sin experimentar la muerte; no fue hallado porque Dios se lo llevó, pero antes de ser llevado recibió testimonio de haber agradado a Dios. En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan. Por la fe Noé, advertido sobre cosas que aún no se veían, con temor reverente construyó un arca para salvar a su familia. Por esa fe condenó al mundo y llegó a ser heredero de la justicia que viene por la fe. Por la fe Abraham, cuando fue llamado para ir a un lugar que más tarde recibiría como herencia, obedeció y salió sin saber a dónde iba. Por la fe se radicó como extranjero en la tierra prometida, y habitó en tiendas de campaña con Isaac y Jacob, herederos también de la misma promesa, porque esperaba la ciudad de cimientos sólidos, de la cual Dios es arquitecto y constructor. Por la fe Abraham, a pesar de su avanzada edad y de que Sara misma era estéril, recibió fuerza para tener hijos, porque consideró fiel al que le había hecho la promesa. Así que de este solo hombre, ya en decadencia, nacieron descendientes numerosos como las estrellas del cielo e incontables como la arena a la orilla del mar. Todos ellos vivieron por la fe, y murieron sin haber recibido las cosas prometidas; más bien, las reconocieron a lo lejos, y confesaron que eran extranjeros y peregrinos en la tierra. Al expresarse así, claramente dieron a entender que andaban en busca de una patria. Si hubieran estado pensando en aquella patria de donde habían emigrado, habrían tenido oportunidad de regresar a ella. Antes bien, anhelaban una patria mejor, es decir, la celestial. Por lo tanto, Dios no se avergonzó de ser llamado su Dios, y les preparó una ciudad. Por la fe Abraham, que había recibido las promesas, fue puesto a prueba y ofreció a Isaac, su hijo único, a pesar de que Dios le había dicho: "Tu descendencia se establecerá por medio de Isaac." Consideraba Abraham que Dios tiene poder hasta para resucitar a los muertos, y así, en sentido figurado, recobró a Isaac de entre los muertos. Por la fe Isaac bendijo a Jacob y a Esaú, previendo lo que les esperaba en el futuro. Por la fe Jacob, cuando estaba a punto de morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyándose en la punta de su bastón. Por la fe José, al fin de su vida, se refirió a la salida de los israelitas de Egipto y dio instrucciones acerca de sus restos mortales. Por la fe Moisés, recién nacido, fue escondido por sus padres durante tres meses, porque vieron que era un niño precioso, y no tuvieron miedo del edicto del rey. Por la fe Moisés, ya adulto, renunció a ser llamado hijo de la hija del faraón. Prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar de los efímeros placeres del pecado. Consideró que el oprobio por causa del Mesías era una mayor riqueza que los tesoros de Egipto, porque tenía la mirada puesta en la recompensa. Por la fe salió de Egipto sin tenerle miedo a la ira del rey, pues se mantuvo firme como si estuviera viendo al Invisible. Por la fe celebró la Pascua y el rociamiento de la sangre, para que el exterminador de los primogénitos no tocara a los de Israel. Por la fe el pueblo cruzó el Mar Rojo como por tierra seca; pero cuando los egipcios intentaron cruzarlo, se ahogaron. Por la fe cayeron las murallas de Jericó, después de haber marchado el pueblo siete días a su alrededor. Por la fe la prostituta Rahab no murió junto con los desobedientes, pues había recibido en paz a los espías. ¿Qué más voy a decir? Me faltaría tiempo para hablar de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas, los cuales por la fe conquistaron reinos, hicieron justicia y alcanzaron lo prometido; cerraron bocas de leones, apagaron la furia de las llamas y escaparon del filo de la espada; sacaron fuerzas de flaqueza; se mostraron valientes en la guerra y pusieron en fuga a ejércitos extranjeros. Hubo mujeres que por la resurrección recobraron a sus muertos. Otros, en cambio, fueron muertos a golpes, pues para alcanzar una mejor resurrección no aceptaron que los pusieran en libertad. Otros sufrieron la prueba de burlas y azotes, e incluso de cadenas y cárceles. Fueron apedreados, aserrados por la mitad, asesinados a filo de espada. Anduvieron fugitivos de aquí para allá, cubiertos de pieles de oveja y de cabra, pasando necesidades, afligidos y maltratados. ¡El mundo no merecía gente así! Anduvieron sin rumbo por desiertos y montañas, por cuevas y cavernas. Aunque todos obtuvieron un testimonio favorable mediante la fe, ninguno de ellos vio el cumplimiento de la promesa. Esto sucedió para que ellos no llegaran a la meta sin nosotros, pues Dios nos había preparado algo mejor. Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo. En la lucha que ustedes libran contra el pecado, todavía no han tenido que resistir hasta derramar su sangre.
Romanos 8:
Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte. En efecto, la ley no pudo liberarnos porque la naturaleza pecaminosa anuló su poder; por eso Dios envió a su propio Hijo en condición semejante a nuestra condición de pecadores, para que se ofreciera en sacrificio por el pecado. Así condenó Dios al pecado en la naturaleza humana, a fin de que las justas demandas de la ley se cumplieran en nosotros, que no vivimos según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu. Los que viven conforme a la naturaleza pecaminosa fijan la mente en los deseos de tal naturaleza; en cambio, los que viven conforme al Espíritu fijan la mente en los deseos del Espíritu. La mentalidad pecaminosa es muerte, mientras que la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz. La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo. Los que viven según la naturaleza pecaminosa no pueden agradar a Dios. Sin embargo, ustedes no viven según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios vive en ustedes. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo. Pero si Cristo está en ustedes, el cuerpo está muerto a causa del pecado, pero el Espíritu que está en ustedes es vida a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en ustedes. Por tanto, hermanos, tenemos una obligación, pero no es la de vivir conforme a la naturaleza pecaminosa. Porque si ustedes viven conforme a ella, morirán; pero si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: "¡Abba! ¡Padre!" El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria. De hecho, considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros. La creación aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de Dios, porque fue sometida a la frustración. Esto no sucedió por su propia voluntad, sino por la del que así lo dispuso. Pero queda la firme esperanza de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera dolores de parto. Y no sólo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esa esperanza fuimos salvados. Pero la esperanza que se ve, ya no es esperanza. ¿Quién espera lo que ya tiene? Pero si esperamos lo que todavía no tenemos, en la espera mostramos nuestra constancia. Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios. Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito. Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. A los que predestinó, también los llamó; a los que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó. ¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas? ¿Quién acusará a los que Dios ha escogido? Dios es el que justifica. ¿Quién condenará? Cristo Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros. ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia? Así está escrito: "Por tu causa nos vemos amenazados de muerte todo el día; nos tratan como a ovejas destinadas al matadero." Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.

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