El 24 de octubre Lectura Bíblica Diaria
Mensaje de la Cruz de Cristo Jesús-Capítulo-1
Hecchos 11:
11 Oyeron los apóstoles y los hermanos que estaban en Judea, que también los gentiles habían recibido la palabra de Dios. Y cuando Pedro subió a Jerusalén, disputaban con él los que eran de la circuncisión, diciendo: ¿Por qué has entrado en casa de hombres incircuncisos, y has comido con ellos? Entonces comenzó Pedro a contarles por orden lo sucedido, diciendo: Estaba yo en la ciudad de Jope orando, y vi en éxtasis una visión; algo semejante a un gran lienzo que descendía, que por las cuatro puntas era bajado del cielo y venía hasta mí. Cuando fijé en él los ojos, consideré y vi cuadrúpedos terrestres, y fieras, y reptiles, y aves del cielo. Y oí una voz que me decía: Levántate, Pedro, mata y come. Y dije: Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda entró jamás en mi boca. Entonces la voz me respondió del cielo por segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común. Y esto se hizo tres veces, y volvió todo a ser llevado arriba al cielo. Y he aquí, luego llegaron tres hombres a la casa donde yo estaba, enviados a mí desde Cesarea. Y el Espíritu me dijo que fuese con ellos sin dudar. Fueron también conmigo estos seis hermanos, y entramos en casa de un varón, quien nos contó cómo había visto en su casa un ángel, que se puso en pie y le dijo: Envía hombres a Jope, y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro; él te hablará palabras por las cuales serás salvo tú, y toda tu casa. Y cuando comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos también, como sobre nosotros al principio. Entonces me acordé de lo dicho por el Señor, cuando dijo: Juan ciertamente bautizó en agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo. Si Dios, pues, les concedió también el mismo don que a nosotros que hemos creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo que pudiese estorbar a Dios? Entonces, oídas estas cosas, callaron, y glorificaron a Dios, diciendo: ¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida! Ahora bien, los que habían sido esparcidos a causa de la persecución que hubo con motivo de Esteban, pasaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, no hablando a nadie la palabra, sino sólo a los judíos. Pero había entre ellos unos varones de Chipre y de Cirene, los cuales, cuando entraron en Antioquía, hablaron también a los griegos, anunciando el evangelio del Señor Jesús. Y la mano del Señor estaba con ellos, y gran número creyó y se convirtió al Señor. Llegó la noticia de estas cosas a oídos de la iglesia que estaba en Jerusalén; y enviaron a Bernabé que fuese hasta Antioquía. Este, cuando llegó, y vio la gracia de Dios, se regocijó, y exhortó a todos a que con propósito de corazón permaneciesen fieles al Señor. Porque era varón bueno, y lleno del Espíritu Santo y de fe. Y una gran multitud fue agregada al Señor. Después fue Bernabé a Tarso para buscar a Saulo; y hallándole, le trajo a Antioquía. Y se congregaron allí todo un año con la iglesia, y enseñaron a mucha gente; y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía. En aquellos días unos profetas descendieron de Jerusalén a Antioquía. Y levantándose uno de ellos, llamado Agabo, daba a entender por el Espíritu, que vendría una gran hambre en toda la tierra habitada; la cual sucedió en tiempo de Claudio. Entonces los discípulos, cada uno conforme a lo que tenía, determinaron enviar socorro a los hermanos que habitaban en Judea; lo cual en efecto hicieron, enviándolo a los ancianos por mano de Bernabé y de Saulo.
Salmo 67:
1 Dios mío, ¡ten misericordia de nosotros, y bendícenos! ¡Haz resplandecer su rostro sobre nosotros! ¡Que sea reconocido en la tierra tu camino, y en todas las naciones tu salvación! ¡Que te alaben los pueblos, Dios mío! ¡Que todos los pueblos te alaben! ¡Que las naciones se llenen de gozo, porque tú juzgas a los pueblos con equidad y eres el Pastor de todas las naciones! ¡Que te alaben los pueblos, Dios mío! ¡Que todos los pueblos te alaben! ¡Que la tierra rinda sus frutos! ¡Que el Dios nuestro nos bendiga! ¡Que nuestro Dios nos bendiga, y que todos los confines de la tierra lo teman!
Proverbios 1:
Para entender sabiduría y doctrina, y conocer razones prudentes. Para recibir prudentes consejos, y justicia, juicio y equidad. Para dar sagacidad a los incautos, e inteligencia y cordura a los jóvenes. Que lo oiga el sabio, y aumente su saber, y que el entendido reciba consejo para entender proverbios y enigmas, y palabras sabias y profundas. El principio de la sabiduría es el temor al Señor; Los necios desprecian la sabiduría y la enseñanza. Atiende, hijo mío, las correcciones de tu padre, y no menosprecies las enseñanzas de tu madre; Adorno de gracia serán sobre tu cabeza, y collares alrededor de tu cuello. Hijo mío, si los pecadores quisieran engañarte, no te dejes llevar por ellos. Tal vez te digan: «¡Ven con nosotros! Estemos al acecho para derramar sangre. Acechemos sin motivo a los incautos. Seamos como el sepulcro, como el abismo, y traguémonos viva y entera a la gente. Hallaremos toda clase de riquezas y llenaremos con despojos nuestras casas. Comparte tu destino con nosotros, y compartiremos todos una misma bolsa.» Pero, hijo mío, no vayas por su camino; ¡aleja tus pasos de sus veredas! Sus pies corren hacia el mal, ¡se apresuran a derramar sangre! No tiene caso tender una trampa a la vista de todas las aves; pero ellos atentan contra su propia vida; ¡ellos mismos se tienden la trampa! Así son las sendas de la gente ambiciosa: ¡su propia ambición les quita la vida! La sabiduría clama en las calles, y deja oír su voz por las plazas. Clama en los principales puntos de encuentro; a la entrada de la ciudad expone sus razones: «Ustedes, muchachos inexpertos y burlones, ¿hasta cuándo seguirán amando la simpleza? ¿Hasta cuándo seguirán burlándose de todo? ¿Hasta cuando aborrecerán el conocimiento? ¡Presten atención a mis reprensiones! Yo derramaré mi espíritu sobre ustedes, y les daré a conocer mis argumentos. »Pero yo los llamé, y nadie quiso oírme; les tendí la mano, y nadie me hizo caso; Al contrario, desecharon todos mis consejos y no quisieron recibir mi reprensión. Por eso, yo me burlaré de ustedes cuando les sobrevenga la temida calamidad, cuando la calamidad que tanto temen les sobrevenga como un torbellino; ¡cuando les sobrevengan tribulaciones y angustias. Entonces me llamarán, y no les responderé; me buscarán de mañana, y no me hallarán. Puesto que aborrecen la sabiduría, y no optaron por temer al Señor ni quisieron seguir mis consejos, sino que menospreciaron todas mis reprensiones, comerán los frutos de sus andanzas y se hartarán con sus propios consejos. Los incautos mueren por sus propios desvíos; a los necios los destruye su autosuficiencia. Pero los que me oyen vivirán tranquilos, sin sobresaltos ni temor de ningún mal.»
El Libro de Apocalipsis Capítulo 3 del Nuevo Testamento del Expositor por Jimmy Swaggart:
EL APOCALIPSIS DE
SAN JUAN
CAPÍTULO 3
(96 d.C.)
SARDIS
Y ESCRIBE al Ángel (Pastor) de la Iglesia en Sardis (la Iglesia de Sardis se refiere como la "Iglesia de la Reforma," que comenzó alrededor del año 1500 d.C. y más o menos continúa hasta hoy día); El Que tiene los Siete Espíritus de Dios (representa al Espíritu Santo en toda Su plenitud y capacidad), y las Siete Estrellas (se refiere a los Pastores de estas Siete Iglesias), dice estas cosas; Yo conozco tus obras que tienes nombre que vives, y estás muerto. (Nuestro Señor comienza con palabras de censura, es decir, "muerto espiritualmente.")
2 Sé vigilante (se le exhortó a esta Iglesia a examinar su condición verdadera) y confirma las otras cosas que están para morir (tienen que volver a la Cruz, o perderán su camino completamente): porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios. (Sus obras estaban basadas en una Fe muerta, lo cual produce siempre obras malas.)
3 Acuérdate pues de lo que has recibido y has oído, y guárdalo, y arrepiéntete (vuelva a la Cruz). Y si no velares, vendré a ti como ladrón, y no sabrás en qué hora vendré a ti. (Vendrá el Juicio, pero Sardis no verá ni oirá debido a la sordera espiritual y la ceguera espiritual.)
4 Mas tienes unas pocas personas en Sardis que no han ensuciado sus vestiduras (el Señor siempre tiene a unas cuantas); y andarán conmigo en vestiduras blancas: porque son dignos. (Somos hechos dignos sólo por nuestra Fe en Cristo y la Cruz.)
5 El que venciere, será vestido de vestiduras blancas (la Justicia de Cristo, obtenida sólo por la Fe en Cristo y la Cruz); y no borraré su nombre del Libro de la Vida (confirma que los nombres pueden borrarse), y confesaré su nombre delante de Mi Padre, y delante de Sus Ángeles. (La clave a esta gran "confesión" es la Fe en Cristo y Su gran Sacrificio.)
6 El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias. (El Espíritu dice que la Justicia no puede obtenerse sin Fe en un Sacrificio intachable.)
FILADELFIA
7 Y escribe al Ángel (Pastor) de la Iglesia en Filadelfia (se conoce como la Iglesia Misionera y tuvo su principio alrededor del año 1800, y continúa hasta hoy día); Estas cosas dice el Santo, el Verdadero, El Que tiene la llave de David, El Que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre (se refiere al hecho de que Cristo tiene autoridad total);
8 Yo conozco tus obras: he aquí, he dado una puerta abierta delante de ti, la cual ninguno puede cerrar (esta "puerta abierta" se refiere a la preparación del camino para enviar el Evangelio a todo el mundo): porque tienes un poco poder, y has guardado Mi Palabra, y no has negado Mi Nombre. ("Un poco poder" no es una indicación de enfermedad espiritual, sino ser pocos. Sin embargo, estos pocos [se refiere a aquellos que sinceramente conocen al Señor] han tocado el mundo con el Evangelio de Jesucristo.)
9 He aquí, Yo entregaré los de la Sinagoga de Satanás, los que se dicen ser Judíos, y no lo son, mas mienten (proclama el hecho de que Dios no reconoce los derechos espirituales de la Nación de Israel); he aquí, Yo los constreñiré a que vengan y adoren delante de tus pies, y sepan que Yo te he amado. (Se refiere a la Edad del Reino venidero, cuando Cristo gobernará Personalmente la Tierra, ya con Israel restaurado. Israel entonces se postrará a los Pies de Cristo, a Quien los Gentiles aceptaron.)
10 Porque has guardado la Palabra de Mi paciencia, Yo también te guardaré de la hora de la tentación que ha de venir en todo el mundo, para probar a los que moran en la Tierra. (La Iglesia será arrebatada antes de la Gran Tribulación.)
11 He aquí, Yo vengo pronto (nuevamente se refiere al Arrebatamiento): retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona. (El Diablo va a utilizar a hombres religiosos para tratar de apartarnos de nuestra Fe en Cristo y la Cruz.)
12 Al que venciere, Yo lo haré columna en el Templo de Mi Dios (el "vencedor" es el que confía explícitamente en Cristo y lo que Él hizo por nosotros en la Cruz), y nunca más saldrá fuera (se refiere a una posición permanente en la Presencia de Dios): y escribiré sobre él el Nombre de Mi Dios, y el Nombre de la ciudad de Mi Dios, la Nueva Jerusalén, la cual desciende del Cielo de Mi Dios, y Mi Nombre nuevo. (En la Cruz, Cristo se identificó con nuestro pecado al sufrir la penalidad de ello. Ahora Él se identifica con nuestra Bendición más excelente, como Él es la Fuente de Todo.)
13 El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias. (El Espíritu nos dice que debemos estar listos para el Arrebatamiento, que sólo se puede lograr por una Fe constante en Cristo y Su Obra Terminada.)
LAODICEA
14 Y escribe al Ángel (Pastor) de la Iglesia en Laodicea (esta es "la Iglesia Apóstata"; no sabemos cuándo comenzó esta Iglesia, pero sí sabemos que fue comenzado; ésta es la última Iglesia a la que Cristo se dirigió, por eso significa que el Arrebatamiento está pronto por acontecer); He aquí, dice el Amén, el Testigo Fiel y Verdadero (en contraste con Su Iglesia, que no es fiel y verdadera), el principio de la Creación de Dios (Jesús es el Creador de todas las cosas);
15 Yo conozco tus obras, que ni eres frío, ni caliente (caracteriza lo que impera en la actualidad): bien que fueses frío, o caliente (a medias, no equivale para nada).
16 Mas porque eres tibio, y no frío ni caliente (si la persona es tibia hacia Dios, quiere decir que él no lo ha rechazado, pero al mismo tiempo, tampoco quiere decir que lo ha aceptado; en la Mente de Dios, una reacción tibia es lo mismo que una reacción negativa), te vomitaré de Mi Boca. (No hay probabilidad de Arrepentimiento ni Restauración de parte de esta Iglesia. De hecho, existe un rechazo Divino.)
17 Porque tú dices, Yo soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo necesidad de ninguna cosa (igualaron el aumento de los bienes materiales con las Bendiciones espirituales, lo cual no es así); y no conoces que tú eres un desgraciado, y miserable, y pobre, y ciego, y desnudo (la tragedia está en el hecho de que la Iglesia aunque se recreaba con sus riquezas materiales, no estaba consciente de su pobreza espiritual; lo que de nuevo, ¡es indicativo de la Iglesia moderna!):
18 Yo te amonesto que de Mí compres oro refinado en fuego, para que seas hecho rico (lo que necesitaban "comprar" no se podía comprar con dinero, sino sólo con la Sangre preciosa de Cristo, cuyo precio ya fue pagado; ¡pero la Iglesia moderna no está interesada!); y seas vestido de vestiduras blancas, para que no se descubra la vergüenza de tu desnudez (se refiere a la Justicia que es exclusiva de Cristo y se obtiene sólo por Fe en Cristo y la Cruz; nos dice que la Iglesia de Laodicea era sumamente auto-justificada; no tenía la Justicia de Cristo, estaba "desnuda" ante el Juicio de Dios); y unge tus ojos con colirio, para que veas. (La Iglesia moderna también está ciega espiritualmente.)
19 Yo reprendo y castigo a todos los que amo (insinúa un remanente): sé pues celoso, y arrepiéntete. (La Iglesia moderna necesita desesperadamente arrepentirse de su rebelión contra el orden Divino de Dios [Cristo y la Cruz] y por haber seguido las fábulas inventadas ingeniosamente [II Ped. 1:16].)
20 He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo (presenta a Cristo fuera de la Iglesia): si alguno oyere Mi Voz (hay tanta bulla religiosa que se dificulta "oír Su Voz") y abriere la puerta (Cristo es la Puerta Verdadera, lo cual significa que la Iglesia ha erigido otra puerta), entraré a él, y cenaré con él, y él Conmigo. (Habiendo sido rechazado por la Iglesia, nuestro Señor recurre ahora a las personas y Él todavía está haciéndolo en la actualidad.)
21 Al que venciere, Yo le daré que se siente Conmigo en Mi Trono (el vencedor ganará el premio del Trono, lo que se logra sólo cuando la Cruz sea el Objeto de su Fe); así como Yo he vencido, y Me he sentado con Mi Padre en Su Trono. (Presenta a Cristo como nuestro Sustituto, que va delante de nosotros y haciendo por nosotros lo que no pudimos hacer por nosotros mismos.)
22 El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias. (En lenguaje claro, el Espíritu Santo está diciendo, "vuélvase a Cristo y a la Cruz.")
Primera Corintios Capítulo 13:
Si
hablo en lenguas humanas y angelicales, pero no tengo amor, no soy más
que un metal que resuena o un platillo que hace ruido. Si tengo el don
de profecía y entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento, y
si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no
soy nada. Si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y si entrego mi
cuerpo para que lo consuman las llamas, pero no tengo amor, nada gano
con eso. El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni
jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no
se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la
maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo
cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor jamás se extingue,
mientras que el don de profecía cesará, el de lenguas será silenciado y
el de conocimiento desaparecerá. Porque conocemos y profetizamos de
manera imperfecta; pero cuando llegue lo perfecto, lo imperfecto
desaparecerá. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño,
razonaba como niño; cuando llegué a ser adulto, dejé atrás las cosas de
niño. Ahora vemos de manera indirecta y velada, como en un espejo; pero
entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de manera imperfecta, pero
entonces conoceré tal y como soy conocido. Ahora, pues, permanecen estas
tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más excelente de
ellas es el amor.
Hebreos 10:35-12:4
Así
que no pierdan la confianza, porque ésta será grandemente recompensada.
Ustedes necesitan perseverar para que, después de haber cumplido la
voluntad de Dios, reciban lo que él ha prometido. Pues dentro de muy
poco tiempo, "el que ha de venir vendrá, y no tardará. Pero mi justo
vivirá por la fe. Y si se vuelve atrás, no será de mi agrado." Pero
nosotros no somos de los que se vuelven atrás y acaban por perderse,
sino de los que tienen fe y preservan su vida. Ahora bien, la fe es la
garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve. Gracias a
ella fueron aprobados los antiguos. Por la fe entendemos que el universo
fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo visible no provino
de lo que se ve. Por la fe Abel ofreció a Dios un sacrificio más
aceptable que el de Caín, por lo cual recibió testimonio de ser justo,
pues Dios aceptó su ofrenda. Y por la fe Abel, a pesar de estar muerto,
habla todavía. Por la fe Enoc fue sacado de este mundo sin experimentar
la muerte; no fue hallado porque Dios se lo llevó, pero antes de ser
llevado recibió testimonio de haber agradado a Dios. En realidad, sin fe
es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios
tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan. Por
la fe Noé, advertido sobre cosas que aún no se veían, con temor
reverente construyó un arca para salvar a su familia. Por esa fe condenó
al mundo y llegó a ser heredero de la justicia que viene por la fe. Por
la fe Abraham, cuando fue llamado para ir a un lugar que más tarde
recibiría como herencia, obedeció y salió sin saber a dónde iba. Por la
fe se radicó como extranjero en la tierra prometida, y habitó en tiendas
de campaña con Isaac y Jacob, herederos también de la misma promesa,
porque esperaba la ciudad de cimientos sólidos, de la cual Dios es
arquitecto y constructor. Por la fe Abraham, a pesar de su avanzada edad
y de que Sara misma era estéril, recibió fuerza para tener hijos,
porque consideró fiel al que le había hecho la promesa. Así que de este
solo hombre, ya en decadencia, nacieron descendientes numerosos como las
estrellas del cielo e incontables como la arena a la orilla del mar.
Todos ellos vivieron por la fe, y murieron sin haber recibido las cosas
prometidas; más bien, las reconocieron a lo lejos, y confesaron que eran
extranjeros y peregrinos en la tierra. Al expresarse así, claramente
dieron a entender que andaban en busca de una patria. Si hubieran estado
pensando en aquella patria de donde habían emigrado, habrían tenido
oportunidad de regresar a ella. Antes bien, anhelaban una patria mejor,
es decir, la celestial. Por lo tanto, Dios no se avergonzó de ser
llamado su Dios, y les preparó una ciudad. Por la fe Abraham, que había
recibido las promesas, fue puesto a prueba y ofreció a Isaac, su hijo
único, a pesar de que Dios le había dicho: "Tu descendencia se
establecerá por medio de Isaac." Consideraba Abraham que Dios tiene
poder hasta para resucitar a los muertos, y así, en sentido figurado,
recobró a Isaac de entre los muertos. Por la fe Isaac bendijo a Jacob y a
Esaú, previendo lo que les esperaba en el futuro. Por la fe Jacob,
cuando estaba a punto de morir, bendijo a cada uno de los hijos de José,
y adoró apoyándose en la punta de su bastón. Por la fe José, al fin de
su vida, se refirió a la salida de los israelitas de Egipto y dio
instrucciones acerca de sus restos mortales. Por la fe Moisés, recién
nacido, fue escondido por sus padres durante tres meses, porque vieron
que era un niño precioso, y no tuvieron miedo del edicto del rey. Por la
fe Moisés, ya adulto, renunció a ser llamado hijo de la hija del
faraón. Prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar de los
efímeros placeres del pecado. Consideró que el oprobio por causa del
Mesías era una mayor riqueza que los tesoros de Egipto, porque tenía la
mirada puesta en la recompensa. Por la fe salió de Egipto sin tenerle
miedo a la ira del rey, pues se mantuvo firme como si estuviera viendo
al Invisible. Por la fe celebró la Pascua y el rociamiento de la sangre,
para que el exterminador de los primogénitos no tocara a los de
Israel. Por la fe el pueblo cruzó el Mar Rojo como por tierra seca; pero
cuando los egipcios intentaron cruzarlo, se ahogaron. Por la fe cayeron
las murallas de Jericó, después de haber marchado el pueblo siete días a
su alrededor. Por la fe la prostituta Rahab no murió junto con los
desobedientes, pues había recibido en paz a los espías. ¿Qué más voy a
decir? Me faltaría tiempo para hablar de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté,
David, Samuel y los profetas, los cuales por la fe conquistaron reinos,
hicieron justicia y alcanzaron lo prometido; cerraron bocas de leones,
apagaron la furia de las llamas y escaparon del filo de la espada;
sacaron fuerzas de flaqueza; se mostraron valientes en la guerra y
pusieron en fuga a ejércitos extranjeros. Hubo mujeres que por la
resurrección recobraron a sus muertos. Otros, en cambio, fueron muertos a
golpes, pues para alcanzar una mejor resurrección no aceptaron que los
pusieran en libertad. Otros sufrieron la prueba de burlas y azotes, e
incluso de cadenas y cárceles. Fueron apedreados, aserrados por la
mitad, asesinados a filo de espada. Anduvieron fugitivos de aquí para
allá, cubiertos de pieles de oveja y de cabra, pasando necesidades,
afligidos y maltratados. ¡El mundo no merecía gente así! Anduvieron sin
rumbo por desiertos y montañas, por cuevas y cavernas. Aunque todos
obtuvieron un testimonio favorable mediante la fe, ninguno de ellos vio
el cumplimiento de la promesa. Esto sucedió para que ellos no llegaran a
la meta sin nosotros, pues Dios nos había preparado algo mejor. Por
tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande
de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del
pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que
tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y
perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó
la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está
sentado a la derecha del trono de Dios. Así, pues, consideren a aquel
que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para
que no se cansen ni pierdan el ánimo. En la lucha que ustedes libran
contra el pecado, todavía no han tenido que resistir hasta derramar su
sangre.
Romanos 8:
Por
lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a
Cristo Jesús, pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me ha
liberado de la ley del pecado y de la muerte. En efecto, la ley no pudo
liberarnos porque la naturaleza pecaminosa anuló su poder; por eso Dios
envió a su propio Hijo en condición semejante a nuestra condición de
pecadores, para que se ofreciera en sacrificio por el pecado. Así
condenó Dios al pecado en la naturaleza humana, a fin de que las justas
demandas de la ley se cumplieran en nosotros, que no vivimos según la
naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu. Los que viven conforme a
la naturaleza pecaminosa fijan la mente en los deseos de tal naturaleza;
en cambio, los que viven conforme al Espíritu fijan la mente en los
deseos del Espíritu. La mentalidad pecaminosa es muerte, mientras que la
mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz. La mentalidad
pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es
capaz de hacerlo. Los que viven según la naturaleza pecaminosa no
pueden agradar a Dios. Sin embargo, ustedes no viven según la naturaleza
pecaminosa sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios vive
en ustedes. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo.
Pero si Cristo está en ustedes, el cuerpo está muerto a causa del
pecado, pero el Espíritu que está en ustedes es vida a causa de la
justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los
muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los
muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su
Espíritu, que vive en ustedes. Por tanto, hermanos, tenemos una
obligación, pero no es la de vivir conforme a la naturaleza pecaminosa.
Porque si ustedes viven conforme a ella, morirán; pero si por medio del
Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán. Porque
todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y
ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo,
sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: "¡Abba!
¡Padre!" El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos
hijos de Dios. Y si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y
coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos
parte con él en su gloria. De hecho, considero que en nada se comparan
los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en
nosotros. La creación aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de
Dios, porque fue sometida a la frustración. Esto no sucedió por su
propia voluntad, sino por la del que así lo dispuso. Pero queda la firme
esperanza de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción
que la esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de
Dios. Sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera
dolores de parto. Y no sólo ella, sino también nosotros mismos, que
tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras
aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de
nuestro cuerpo. Porque en esa esperanza fuimos salvados. Pero la
esperanza que se ve, ya no es esperanza. ¿Quién espera lo que ya tiene?
Pero si esperamos lo que todavía no tenemos, en la espera mostramos
nuestra constancia. Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a
ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por
nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que
examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el
Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios.
Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de
quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito.
Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser
transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito
entre muchos hermanos. A los que predestinó, también los llamó; a los
que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los
glorificó. ¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte,
¿quién puede estar en contra nuestra? El que no escatimó ni a su propio
Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos
generosamente, junto con él, todas las cosas? ¿Quién acusará a los que
Dios ha escogido? Dios es el que justifica. ¿Quién condenará? Cristo
Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y está a la derecha de Dios e
intercede por nosotros. ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La
tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el
peligro, o la violencia? Así está escrito: "Por tu causa nos vemos
amenazados de muerte todo el día; nos tratan como a ovejas destinadas al
matadero." Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio
de aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la
vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni
los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la
creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en
Cristo Jesús nuestro Señor.
El 24 de octubre Lectura Bíblica Diaria:
Hecchos 11:
11 Oyeron los apóstoles y los hermanos que estaban en Judea, que también los gentiles habían recibido la palabra de Dios. Y cuando Pedro subió a Jerusalén, disputaban con él los que eran de la circuncisión, diciendo: ¿Por qué has entrado en casa de hombres incircuncisos, y has comido con ellos? Entonces comenzó Pedro a contarles por orden lo sucedido, diciendo: Estaba yo en la ciudad de Jope orando, y vi en éxtasis una visión; algo semejante a un gran lienzo que descendía, que por las cuatro puntas era bajado del cielo y venía hasta mí. Cuando fijé en él los ojos, consideré y vi cuadrúpedos terrestres, y fieras, y reptiles, y aves del cielo. Y oí una voz que me decía: Levántate, Pedro, mata y come. Y dije: Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda entró jamás en mi boca. Entonces la voz me respondió del cielo por segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común. Y esto se hizo tres veces, y volvió todo a ser llevado arriba al cielo. Y he aquí, luego llegaron tres hombres a la casa donde yo estaba, enviados a mí desde Cesarea. Y el Espíritu me dijo que fuese con ellos sin dudar. Fueron también conmigo estos seis hermanos, y entramos en casa de un varón, quien nos contó cómo había visto en su casa un ángel, que se puso en pie y le dijo: Envía hombres a Jope, y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro; él te hablará palabras por las cuales serás salvo tú, y toda tu casa. Y cuando comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos también, como sobre nosotros al principio. Entonces me acordé de lo dicho por el Señor, cuando dijo: Juan ciertamente bautizó en agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo. Si Dios, pues, les concedió también el mismo don que a nosotros que hemos creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo que pudiese estorbar a Dios? Entonces, oídas estas cosas, callaron, y glorificaron a Dios, diciendo: ¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida! Ahora bien, los que habían sido esparcidos a causa de la persecución que hubo con motivo de Esteban, pasaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, no hablando a nadie la palabra, sino sólo a los judíos. Pero había entre ellos unos varones de Chipre y de Cirene, los cuales, cuando entraron en Antioquía, hablaron también a los griegos, anunciando el evangelio del Señor Jesús. Y la mano del Señor estaba con ellos, y gran número creyó y se convirtió al Señor. Llegó la noticia de estas cosas a oídos de la iglesia que estaba en Jerusalén; y enviaron a Bernabé que fuese hasta Antioquía. Este, cuando llegó, y vio la gracia de Dios, se regocijó, y exhortó a todos a que con propósito de corazón permaneciesen fieles al Señor. Porque era varón bueno, y lleno del Espíritu Santo y de fe. Y una gran multitud fue agregada al Señor. Después fue Bernabé a Tarso para buscar a Saulo; y hallándole, le trajo a Antioquía. Y se congregaron allí todo un año con la iglesia, y enseñaron a mucha gente; y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía. En aquellos días unos profetas descendieron de Jerusalén a Antioquía. Y levantándose uno de ellos, llamado Agabo, daba a entender por el Espíritu, que vendría una gran hambre en toda la tierra habitada; la cual sucedió en tiempo de Claudio. Entonces los discípulos, cada uno conforme a lo que tenía, determinaron enviar socorro a los hermanos que habitaban en Judea; lo cual en efecto hicieron, enviándolo a los ancianos por mano de Bernabé y de Saulo.
Salmo 67:
1 Dios mío, ¡ten misericordia de nosotros, y bendícenos! ¡Haz resplandecer su rostro sobre nosotros! ¡Que sea reconocido en la tierra tu camino, y en todas las naciones tu salvación! ¡Que te alaben los pueblos, Dios mío! ¡Que todos los pueblos te alaben! ¡Que las naciones se llenen de gozo, porque tú juzgas a los pueblos con equidad y eres el Pastor de todas las naciones! ¡Que te alaben los pueblos, Dios mío! ¡Que todos los pueblos te alaben! ¡Que la tierra rinda sus frutos! ¡Que el Dios nuestro nos bendiga! ¡Que nuestro Dios nos bendiga, y que todos los confines de la tierra lo teman!
Proverbios 1:
Para entender sabiduría y doctrina, y conocer razones prudentes. Para recibir prudentes consejos, y justicia, juicio y equidad. Para dar sagacidad a los incautos, e inteligencia y cordura a los jóvenes. Que lo oiga el sabio, y aumente su saber, y que el entendido reciba consejo para entender proverbios y enigmas, y palabras sabias y profundas. El principio de la sabiduría es el temor al Señor; Los necios desprecian la sabiduría y la enseñanza. Atiende, hijo mío, las correcciones de tu padre, y no menosprecies las enseñanzas de tu madre; Adorno de gracia serán sobre tu cabeza, y collares alrededor de tu cuello. Hijo mío, si los pecadores quisieran engañarte, no te dejes llevar por ellos. Tal vez te digan: «¡Ven con nosotros! Estemos al acecho para derramar sangre. Acechemos sin motivo a los incautos. Seamos como el sepulcro, como el abismo, y traguémonos viva y entera a la gente. Hallaremos toda clase de riquezas y llenaremos con despojos nuestras casas. Comparte tu destino con nosotros, y compartiremos todos una misma bolsa.» Pero, hijo mío, no vayas por su camino; ¡aleja tus pasos de sus veredas! Sus pies corren hacia el mal, ¡se apresuran a derramar sangre! No tiene caso tender una trampa a la vista de todas las aves; pero ellos atentan contra su propia vida; ¡ellos mismos se tienden la trampa! Así son las sendas de la gente ambiciosa: ¡su propia ambición les quita la vida! La sabiduría clama en las calles, y deja oír su voz por las plazas. Clama en los principales puntos de encuentro; a la entrada de la ciudad expone sus razones: «Ustedes, muchachos inexpertos y burlones, ¿hasta cuándo seguirán amando la simpleza? ¿Hasta cuándo seguirán burlándose de todo? ¿Hasta cuando aborrecerán el conocimiento? ¡Presten atención a mis reprensiones! Yo derramaré mi espíritu sobre ustedes, y les daré a conocer mis argumentos. »Pero yo los llamé, y nadie quiso oírme; les tendí la mano, y nadie me hizo caso; Al contrario, desecharon todos mis consejos y no quisieron recibir mi reprensión. Por eso, yo me burlaré de ustedes cuando les sobrevenga la temida calamidad, cuando la calamidad que tanto temen les sobrevenga como un torbellino; ¡cuando les sobrevengan tribulaciones y angustias. Entonces me llamarán, y no les responderé; me buscarán de mañana, y no me hallarán. Puesto que aborrecen la sabiduría, y no optaron por temer al Señor ni quisieron seguir mis consejos, sino que menospreciaron todas mis reprensiones, comerán los frutos de sus andanzas y se hartarán con sus propios consejos. Los incautos mueren por sus propios desvíos; a los necios los destruye su autosuficiencia. Pero los que me oyen vivirán tranquilos, sin sobresaltos ni temor de ningún mal.»
El Libro de Apocalipsis Capítulo 3 del Nuevo Testamento del Expositor por Jimmy Swaggart:
CAPÍTULO 3
(96 d.C.)
SARDIS
Y ESCRIBE al Ángel (Pastor) de la Iglesia en Sardis (la Iglesia de Sardis se refiere como la "Iglesia de la Reforma," que comenzó alrededor del año 1500 d.C. y más o menos continúa hasta hoy día); El Que tiene los Siete Espíritus de Dios (representa al Espíritu Santo en toda Su plenitud y capacidad), y las Siete Estrellas (se refiere a los Pastores de estas Siete Iglesias), dice estas cosas; Yo conozco tus obras que tienes nombre que vives, y estás muerto. (Nuestro Señor comienza con palabras de censura, es decir, "muerto espiritualmente.")
2 Sé vigilante (se le exhortó a esta Iglesia a examinar su condición verdadera) y confirma las otras cosas que están para morir (tienen que volver a la Cruz, o perderán su camino completamente): porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios. (Sus obras estaban basadas en una Fe muerta, lo cual produce siempre obras malas.)
3 Acuérdate pues de lo que has recibido y has oído, y guárdalo, y arrepiéntete (vuelva a la Cruz). Y si no velares, vendré a ti como ladrón, y no sabrás en qué hora vendré a ti. (Vendrá el Juicio, pero Sardis no verá ni oirá debido a la sordera espiritual y la ceguera espiritual.)
4 Mas tienes unas pocas personas en Sardis que no han ensuciado sus vestiduras (el Señor siempre tiene a unas cuantas); y andarán conmigo en vestiduras blancas: porque son dignos. (Somos hechos dignos sólo por nuestra Fe en Cristo y la Cruz.)
5 El que venciere, será vestido de vestiduras blancas (la Justicia de Cristo, obtenida sólo por la Fe en Cristo y la Cruz); y no borraré su nombre del Libro de la Vida (confirma que los nombres pueden borrarse), y confesaré su nombre delante de Mi Padre, y delante de Sus Ángeles. (La clave a esta gran "confesión" es la Fe en Cristo y Su gran Sacrificio.)
6 El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias. (El Espíritu dice que la Justicia no puede obtenerse sin Fe en un Sacrificio intachable.)
FILADELFIA
7 Y escribe al Ángel (Pastor) de la Iglesia en Filadelfia (se conoce como la Iglesia Misionera y tuvo su principio alrededor del año 1800, y continúa hasta hoy día); Estas cosas dice el Santo, el Verdadero, El Que tiene la llave de David, El Que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre (se refiere al hecho de que Cristo tiene autoridad total);
8 Yo conozco tus obras: he aquí, he dado una puerta abierta delante de ti, la cual ninguno puede cerrar (esta "puerta abierta" se refiere a la preparación del camino para enviar el Evangelio a todo el mundo): porque tienes un poco poder, y has guardado Mi Palabra, y no has negado Mi Nombre. ("Un poco poder" no es una indicación de enfermedad espiritual, sino ser pocos. Sin embargo, estos pocos [se refiere a aquellos que sinceramente conocen al Señor] han tocado el mundo con el Evangelio de Jesucristo.)
9 He aquí, Yo entregaré los de la Sinagoga de Satanás, los que se dicen ser Judíos, y no lo son, mas mienten (proclama el hecho de que Dios no reconoce los derechos espirituales de la Nación de Israel); he aquí, Yo los constreñiré a que vengan y adoren delante de tus pies, y sepan que Yo te he amado. (Se refiere a la Edad del Reino venidero, cuando Cristo gobernará Personalmente la Tierra, ya con Israel restaurado. Israel entonces se postrará a los Pies de Cristo, a Quien los Gentiles aceptaron.)
10 Porque has guardado la Palabra de Mi paciencia, Yo también te guardaré de la hora de la tentación que ha de venir en todo el mundo, para probar a los que moran en la Tierra. (La Iglesia será arrebatada antes de la Gran Tribulación.)
11 He aquí, Yo vengo pronto (nuevamente se refiere al Arrebatamiento): retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona. (El Diablo va a utilizar a hombres religiosos para tratar de apartarnos de nuestra Fe en Cristo y la Cruz.)
12 Al que venciere, Yo lo haré columna en el Templo de Mi Dios (el "vencedor" es el que confía explícitamente en Cristo y lo que Él hizo por nosotros en la Cruz), y nunca más saldrá fuera (se refiere a una posición permanente en la Presencia de Dios): y escribiré sobre él el Nombre de Mi Dios, y el Nombre de la ciudad de Mi Dios, la Nueva Jerusalén, la cual desciende del Cielo de Mi Dios, y Mi Nombre nuevo. (En la Cruz, Cristo se identificó con nuestro pecado al sufrir la penalidad de ello. Ahora Él se identifica con nuestra Bendición más excelente, como Él es la Fuente de Todo.)
13 El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias. (El Espíritu nos dice que debemos estar listos para el Arrebatamiento, que sólo se puede lograr por una Fe constante en Cristo y Su Obra Terminada.)
LAODICEA
14 Y escribe al Ángel (Pastor) de la Iglesia en Laodicea (esta es "la Iglesia Apóstata"; no sabemos cuándo comenzó esta Iglesia, pero sí sabemos que fue comenzado; ésta es la última Iglesia a la que Cristo se dirigió, por eso significa que el Arrebatamiento está pronto por acontecer); He aquí, dice el Amén, el Testigo Fiel y Verdadero (en contraste con Su Iglesia, que no es fiel y verdadera), el principio de la Creación de Dios (Jesús es el Creador de todas las cosas);
15 Yo conozco tus obras, que ni eres frío, ni caliente (caracteriza lo que impera en la actualidad): bien que fueses frío, o caliente (a medias, no equivale para nada).
16 Mas porque eres tibio, y no frío ni caliente (si la persona es tibia hacia Dios, quiere decir que él no lo ha rechazado, pero al mismo tiempo, tampoco quiere decir que lo ha aceptado; en la Mente de Dios, una reacción tibia es lo mismo que una reacción negativa), te vomitaré de Mi Boca. (No hay probabilidad de Arrepentimiento ni Restauración de parte de esta Iglesia. De hecho, existe un rechazo Divino.)
17 Porque tú dices, Yo soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo necesidad de ninguna cosa (igualaron el aumento de los bienes materiales con las Bendiciones espirituales, lo cual no es así); y no conoces que tú eres un desgraciado, y miserable, y pobre, y ciego, y desnudo (la tragedia está en el hecho de que la Iglesia aunque se recreaba con sus riquezas materiales, no estaba consciente de su pobreza espiritual; lo que de nuevo, ¡es indicativo de la Iglesia moderna!):
18 Yo te amonesto que de Mí compres oro refinado en fuego, para que seas hecho rico (lo que necesitaban "comprar" no se podía comprar con dinero, sino sólo con la Sangre preciosa de Cristo, cuyo precio ya fue pagado; ¡pero la Iglesia moderna no está interesada!); y seas vestido de vestiduras blancas, para que no se descubra la vergüenza de tu desnudez (se refiere a la Justicia que es exclusiva de Cristo y se obtiene sólo por Fe en Cristo y la Cruz; nos dice que la Iglesia de Laodicea era sumamente auto-justificada; no tenía la Justicia de Cristo, estaba "desnuda" ante el Juicio de Dios); y unge tus ojos con colirio, para que veas. (La Iglesia moderna también está ciega espiritualmente.)
19 Yo reprendo y castigo a todos los que amo (insinúa un remanente): sé pues celoso, y arrepiéntete. (La Iglesia moderna necesita desesperadamente arrepentirse de su rebelión contra el orden Divino de Dios [Cristo y la Cruz] y por haber seguido las fábulas inventadas ingeniosamente [II Ped. 1:16].)
20 He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo (presenta a Cristo fuera de la Iglesia): si alguno oyere Mi Voz (hay tanta bulla religiosa que se dificulta "oír Su Voz") y abriere la puerta (Cristo es la Puerta Verdadera, lo cual significa que la Iglesia ha erigido otra puerta), entraré a él, y cenaré con él, y él Conmigo. (Habiendo sido rechazado por la Iglesia, nuestro Señor recurre ahora a las personas y Él todavía está haciéndolo en la actualidad.)
21 Al que venciere, Yo le daré que se siente Conmigo en Mi Trono (el vencedor ganará el premio del Trono, lo que se logra sólo cuando la Cruz sea el Objeto de su Fe); así como Yo he vencido, y Me he sentado con Mi Padre en Su Trono. (Presenta a Cristo como nuestro Sustituto, que va delante de nosotros y haciendo por nosotros lo que no pudimos hacer por nosotros mismos.)
22 El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias. (En lenguaje claro, el Espíritu Santo está diciendo, "vuélvase a Cristo y a la Cruz.")
Primera Corintios Capítulo 13:
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