01 October 2026

El 1 de octubre Lectura Biblica Diaria

Sonidos del aire libre

Mensaje de la Cruz de Cristo Jesús-Capítulo-1



El 1 de octubre Lectura Biblica Diaria:

John 9: 
9 Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él. Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar. Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo. Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, y le dijo: Vé a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, Enviado). Fue entonces, y se lavó, y regresó viendo. Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego, decían: ¿No es éste el que se sentaba y mendigaba? Unos decían: El es; y otros: A él se parece. El decía: Yo soy. Y le dijeron: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos? Respondió él y dijo: Aquel hombre que se llama Jesús hizo lodo, me untó los ojos, y me dijo: Vé al Siloé, y lávate; y fui, y me lavé, y recibí la vista. Entonces le dijeron: ¿Dónde está él? El dijo: No sé. Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Y era día de reposo cuando Jesús había hecho el lodo, y le había abierto los ojos. Volvieron, pues, a preguntarle también los fariseos cómo había recibido la vista. El les dijo: Me puso lodo sobre los ojos, y me lavé, y veo. Entonces algunos de los fariseos decían: Ese hombre no procede de Dios, porque no guarda el día de reposo. Otros decían: ¿Cómo puede un hombre pecador hacer estas señales? Y había disensión entre ellos. Entonces volvieron a decirle al ciego: ¿Qué dices tú del que te abrió los ojos? Y él dijo: Que es profeta. Pero los judíos no creían que él había sido ciego, y que había recibido la vista, hasta que llamaron a los padres del que había recibido la vista, y les preguntaron, diciendo: ¿Es éste vuestro hijo, el que vosotros decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora? Sus padres respondieron y les dijeron: Sabemos que éste es nuestro hijo, y que nació ciego; pero cómo vea ahora, no lo sabemos; o quién le haya abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos; edad tiene, preguntadle a él; él hablará por sí mismo. Esto dijeron sus padres, porque tenían miedo de los judíos, por cuanto los judíos ya habían acordado que si alguno confesase que Jesús era el Mesías, fuera expulsado de la sinagoga. Por eso dijeron sus padres: Edad tiene, preguntadle a él. Entonces volvieron a llamar al hombre que había sido ciego, y le dijeron: Da gloria a Dios; nosotros sabemos que ese hombre es pecador. Entonces él respondió y dijo: Si es pecador, no lo sé; una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo. Le volvieron a decir: ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos? El les respondió: Ya os lo he dicho, y no habéis querido oír; ¿por qué lo queréis oír otra vez? ¿Queréis también vosotros haceros sus discípulos? Y le injuriaron, y dijeron: Tú eres su discípulo; pero nosotros, discípulos de Moisés somos. Nosotros sabemos que Dios ha hablado a Moisés; pero respecto a ése, no sabemos de dónde sea. Respondió el hombre, y les dijo: Pues esto es lo maravilloso, que vosotros no sepáis de dónde sea, y a mí me abrió los ojos. Y sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a ése oye. Desde el principio no se ha oído decir que alguno abriese los ojos a uno que nació ciego. Si éste no viniera de Dios, nada podría hacer. Respondieron y le dijeron: Tú naciste del todo en pecado, ¿y nos enseñas a nosotros? Y le expulsaron. Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios? Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él? Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que habla contigo, él es. Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró. Dijo Jesús: Para juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven, vean, y los que ven, sean cegados. Entonces algunos de los fariseos que estaban con él, al oír esto, le dijeron: ¿Acaso nosotros somos también ciegos? Jesús les respondió: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque decís: Vemos, vuestro pecado permanece.  

Salmo 44:

Oh Dios, con nuestros oídos hemos oído, nuestros padres nos han contado, La obra que hiciste en sus días, en los tiempos antiguos. Tú con tu mano echaste las naciones, y los plantaste a ellos; Afligiste a los pueblos, y los arrojaste. Porque no se apoderaron de la tierra por su espada, Ni su brazo los libró; Sino tu diestra, y tu brazo, y la luz de tu rostro, Porque te complaciste en ellos. Tú, oh Dios, eres mi rey; Manda salvación a Jacob. Por medio de ti sacudiremos a nuestros enemigos; En tu nombre hollaremos a nuestros adversarios. Porque no confiaré en mi arco, Ni mi espada me salvará; Pues tú nos has guardado de nuestros enemigos, Y has avergonzado a los que nos aborrecían. En Dios nos gloriaremos todo el tiempo, Y para siempre alabaremos tu nombre. Selah Pero nos has desechado, y nos has hecho avergonzar; Y no sales con nuestros ejércitos. Nos hiciste retroceder delante del enemigo, Y nos saquean para sí los que nos aborrecen. Nos entregas como ovejas al matadero, Y nos has esparcido entre las naciones. Has vendido a tu pueblo de balde; No exigiste ningún precio. Nos pones por afrenta de nuestros vecinos, Por escarnio y por burla de los que nos rodean. Nos pusiste por proverbio entre las naciones; Todos al vernos menean la cabeza. Cada día mi vergüenza está delante de mí, Y la confusión de mi rostro me cubre, Por la voz del que me vitupera y deshonra, Por razón del enemigo y del vengativo. Todo esto nos ha venido, y no nos hemos olvidado de ti, Y no hemos faltado a tu pacto. No se ha vuelto atrás nuestro corazón, Ni se han apartado de tus caminos nuestros pasos, Para que nos quebrantases en el lugar de chacales, Y nos cubrieses con sombra de muerte. Si nos hubiésemos olvidado del nombre de nuestro Dios, O alzado nuestras manos a dios ajeno, ¿No demandaría Dios esto? Porque él conoce los secretos del corazón. Pero por causa de ti nos matan cada día; Somos contados como ovejas para el matadero. Despierta; ¿por qué duermes, Señor? Despierta, no te alejes para siempre. ¿Por qué escondes tu rostro, Y te olvidas de nuestra aflicción, y de la opresión nuestra? Porque nuestra alma está agobiada hasta el polvo, Y nuestro cuerpo está postrado hasta la tierra. Levántate para ayudarnos, Y redímenos por causa de tu misericordia. 



Proverbios 7:

Hijo mío, guarda mis razones, Y atesora contigo mis mandamientos. Guarda mis mandamientos y vivirás, Y mi ley como las niñas de tus ojos. Lígalos a tus dedos; Escríbelos en la tabla de tu corazón. Di a la sabiduría: Tú eres mi hermana, Y a la inteligencia llama parienta; Para que te guarden de la mujer ajena, Y de la extraña que ablanda sus palabras. Porque mirando yo por la ventana de mi casa, Por mi celosía, Vi entre los simples, Consideré entre los jóvenes, A un joven falto de entendimiento, El cual pasaba por la calle, junto a la esquina, E iba camino a la casa de ella, A la tarde del día, cuando ya oscurecía, En la oscuridad y tinieblas de la noche. Cuando he aquí, una mujer le sale al encuentro, Con atavío de ramera y astuta de corazón. Alborotadora y rencillosa, Sus pies no pueden estar en casa; Unas veces está en la calle, otras veces en las plazas, Acechando por todas las esquinas. Se asió de él, y le besó. Con semblante descarado le dijo: Sacrificios de paz había prometido, Hoy he pagado mis votos; Por tanto, he salido a encontrarte, Buscando diligentemente tu rostro, y te he hallado. He adornado mi cama con colchas Recamadas con cordoncillo de Egipto; He perfumado mi cámara Con mirra, áloes y canela. Ven, embriaguémonos de amores hasta la mañana; Alegrémonos en amores. Porque el marido no está en casa; Se ha ido a un largo viaje. La bolsa de dinero llevó en su mano; El día señalado volverá a su casa. Lo rindió con la suavidad de sus muchas palabras, Le obligó con la zalamería de sus labios. Al punto se marchó tras ella, Como va el buey al degolladero, Y como el necio a las prisiones para ser castigado; Como el ave que se apresura a la red, Y no sabe que es contra su vida, Hasta que la saeta traspasa su corazón. Ahora pues, hijos, oídme, Y estad atentos a las razones de mi boca. No se aparte tu corazón a sus caminos; No yerres en sus veredas. Porque a muchos ha hecho caer heridos, Y aun los más fuertes han sido muertos por ella. Camino al Seol es su casa, Que conduce a las cámaras de la muerte. 



El Nuevo Testamento del Expositor por Jimmy Swaggart:


LA EPÍSTOLA UNIVERSAL DE
SANTIAGO


CAPÍTULO 1
(60 d.C.)
INTRODUCCIÓN


SANTIAGO (el Hermano de nuestro Señor), siervo de Dios y del Señor Jesucristo (nunca se refirió como Apóstol, aunque lo era definitivamente [Gál. 1:19]), a las Doce Tribus que están esparcidas, salud. (Declara el hecho de que las Doce Tribus de Israel todavía existían, por lo tanto, diez de ellas no se perdieron como algunos lo afirman.)

LA VICTORIA

2 Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando cayereis en diversas tentaciones (no se refiere tanto a la atracción del pecado, como a las pruebas y dificultades);
3 Sabiendo que la prueba de vuestra Fe obra paciencia. (Si es la Fe genuina, las pruebas sirvan para desarrollar su persistencia.)
4 Mas tenga la paciencia perfecta su obra (no debemos desalentarnos en cuanto a la prueba o la dificultad por la cual estamos pasando), para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte nada. (El objetivo en mente es que los Creyentes “sean maduros y completos.”)

LA FE

5 Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría (corresponde al conocimiento adecuado de la Palabra de Dios), pídesela a Dios, el cual da a todos abundantemente (el Señor le concede a aquellos que piden, con tal que pidan por cosas correctas; un mejor conocimiento de la Palabra de Dios es siempre la cosa correcta), y sin ningún tipo de reproches; y le será dada. (Cuando Le pedimos sabiduría, Él no nos reprochará ni reprenderá nuestra conducta pasada. Él permite que nos acerquemos con toda confianza y nos recibe con un espíritu de bondad total, y con presteza en otorgarnos nuestras peticiones.)
6 Pero pida en Fe (algunos acusan a Santiago de denigrar la Fe; sin embargo, hace realmente todo lo contrario, califica la Fe como uno de los criterios para todas las cosas), no dudando nada (sin titubear). Porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es movida del viento y echada de una parte a otra. (El que continuamente cambia de un rumbo a otro sólo manifiesta su propia inestabilidad y falta de sentido de estar bajo el control Divino.)
7 No piense pues el tal hombre que recibirá ninguna cosa del Señor. (Señala a un tipo particular de individuo, a alguien que tiene “un corazón incrédulo.”)
8 El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos. (No puede poner su Fe en la Cruz y algo más al mismo tiempo. Semejante Fe produce inestabilidad, lo cual  el Señor nunca honrará.)

LA HUMILDAD

9 El Hermano que es de condición humilde (se refiere a alguien que es “humilde, insignificante, débil y pobre”), gloríese en su alta posición (el mejor lugar y posición es la posición que tiene en Cristo):
10 Mas el que es rico, en su humillación (tiene la intención de señalar respecto a la confianza en la riqueza, lo cual lo rebaja a los ojos de Dios): porque él se pasará como la flor de la hierba. (Las riquezas mundanas son temporales. Las perdemos rápidamente, o de otra manera nos morimos y las dejamos.)
11 Porque salido el sol hace calor, la hierba se seca, y su flor se cae, y pereció su hermosa apariencia (demuestra una ilustración apropiada para todo lo que es de este mundo): así también se marchitará el rico en todos sus caminos. (El hombre perece, no importa si la riqueza dure o no.)

PERSEVERANCIA

12 Bienaventurado el varón que persevera la tentación (se refiere a la prueba de la Fe): porque cuando fuere probado, recibirá la Corona de Vida (una recompensa mucho mayor que el precio pagado), que Dios ha prometido a los que Le aman. (Si realmente Lo amamos, en efecto guardaremos Sus Mandamientos [Jn. 14:15], lo cual podemos lograr con la ayuda del Espíritu Santo, Quien requiere que nuestra Fe repose siempre en la Cruz [Rom. 6:3-5, 11, 14].)

LA TENTACIÓN

13 Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de Dios (no debemos suponer que la tentación a pecar proviene de Dios; ¡esto nunca sucede!): porque Dios no puede ser tentado del mal, ni Él tienta a nadie (la Voluntad Santa del Dios omnipotente resiste totalmente cualquier dirección hacia el pecado):
14 Sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído, y seducido. (La tentación a pecar recurre a un defecto moral en nosotros, aun en el mejor, porque nadie es perfecto.)
15 Y la concupiscencia, después que ha concebido (se refiere a la lujuria pecaminosa), da a luz el pecado (como dicho, estas tentaciones no provienen de Dios, sino de los apetitos de la naturaleza pecaminosa del hombre, lo cual es resultado de la Caída; la naturaleza pecaminosa puede ser mantenida a raya, y tiene la intención de ser mantenida a raya por el Creyente que afianza su Fe en la Cruz de Cristo, lo que entonces le dará libertad de acción al Espíritu Santo para ayudar): y el pecado, siendo cumplido, engendra la muerte. (Se refiere a la muerte espiritual, porque el pecado separa al hombre de Dios.)
16 Amados Hermanos míos, no erréis. (Santiago le dice a los Creyentes, “no sean engañados; el pecado es la ruina de todo lo que es bueno.”)

LA BONDAD DE DIOS

17 Toda buena dádiva y todo don perfecto es de lo alto (presenta la Dádiva de Su Hijo, el Señor Jesucristo, por Quien cada “Don Perfecto” es dado), que desciende del Padre de las Luces (la maldad es la oscuridad; la luz es la bondad), en El Cual no hay mudanza, ni sombra de variación. (Describe lo que Dios es y Él es inmutable.)
18 Él, de Su Propia Voluntad, nos ha engendrado por la Palabra de Verdad (presenta la impartición de la Vida Divina por medio de la Palabra, y es muy significativo), para que seamos Primicias de Sus criaturas. (Las "Primicias" representan no sólo lo que hemos recibido, lo que, en efecto, es una promesa de lo que hemos de recibir en el futuro, sino también reconoce el principio de la Propiedad Divina y todo lo que poseemos.)

LA VIDA CRISTIANA

19 Por esto, mis amados Hermanos, todo hombre sea pronto para oír (se refiere a la Palabra de Dios), tardo para hablar (pudiera traducirse, “lento para murmurar”; no debiéramos en absoluto murmurar, pero conociendo el corazón humano, “lento para murmurar” está más a nuestro alcance), tardo para airarse (todas estas cosas pueden ser controladas en la Cruz y sólo en la Cruz):
20 Porque la ira del hombre no obra la Justicia de Dios. (Explica el hecho de que la ira y la irritación del corazón natural no producen nada de lo que Dios acepta como Justicia.)
21 Por lo cual, dejando toda inmundicia (impureza moral) y exceso de malicia (al incrementar la maldad conducirá a la impureza moral; se pueden apartar estas cosas sólo cuando el Creyente tenga un entendimiento de que todas las cosas le llegan por Cristo y lo que Él hizo en la Cruz, lo cual exige que la Cruz sea siempre el Objeto de nuestra Fe; en esta capacidad, el Espíritu Santo, sin Él no podemos obrar, usará Su Poder a favor nuestro para darnos la victoria), y recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede hacer salvas vuestras almas. (La historia de la Biblia, es decir, “la Palabra,” es la historia de la Cruz.)
22 Mas sed hacedores de la Palabra (la "Palabra" tiene el potencial para hacer cosas grandes y poderosas en nuestras vidas), y no tan solamente oidores (oyendo la Palabra es definitivamente necesario, al mismo tiempo debe oírla correctamente, y se refiere a un corazón que quiere recibirla), engañándoos a vosotros mismos. (Es terrible ser engañado por otros, pero es peor aún engañarnos a nosotros mismos deliberadamente. Si pensamos que podemos vivir esta vida sin la Fe total en Cristo y la Cruz, hacemos exactamente lo que Santiago dijo que no hagamos, “engañándoos a vosotros mismos.”)
23 Porque si alguno oye la palabra, y no la pone por obra, este tal es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural (él ve sólo lo que es externo y, por lo tanto, no puede hacer una evaluación exacta):
24 Porque él se considera a sí mismo (no es la manera de Dios), y se fue, y luego se olvida de su propio aspecto. (Es necesaria una evaluación de nosotros mismos. Sin embargo, es Dios Solo Quien conoce el corazón, lo cual la Palabra de Dios, presentada correctamente, revela.)
25 Mas el que hubiere mirado atentamente en la perfecta Ley, que es la de la Libertad (define el cuerpo entero de la verdad revelada en cuanto a la Palabra de Dios), y perseverado en ella (debe haber una perseverancia continua en la Palabra), no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, este tal será bienaventurado en lo que hace. (Al obedecer la Palabra de Dios trae gran Bendición. Sin embargo, la única manera en que ella puede ser obedecida es cuando el Creyente pone innegablemente su Fe en Cristo y la Cruz.)
26 Si alguno piensa ser religioso entre vosotros (una traducción mejor sería, “si alguien entre ustedes parece ser espiritual”), y no refrena su lengua (otra vez, sólo el Espíritu Santo en nuestras vidas puede hacer esto), sino engañando su corazón, la religión del tal es vana. (Una traducción mejor, “la profesión de tal es vana.”)
27 La religión pura (debiera traducirse, “espiritualidad pura”) y no contaminada delante de Dios y Padre es ésta (se refiere a lo que agrada a Dios), Visitar a los huérfanos y las viudas en sus aflicciones (la Fe correcta siempre producirá obras correctas), y guardarse sin mancha de este mundo. (La Victoria en la vida diaria debe tener la ayuda y el Poder del Espíritu Santo.)



1 Corintios 13:

Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve. El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará. Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño. Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido. Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.



Hebreos 10:35-12:4:

No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa. Porque aún un poquito, Y el que ha de venir vendrá, y no tardará. Mas el justo vivirá por fe; Y si retrocediere, no agradará a mi alma. Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma. Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos. Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía. Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella. Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios. Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan. Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe. Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido. Por lo cual también, de uno, y ése ya casi muerto, salieron como las estrellas del cielo en multitud, y como la arena innumerable que está a la orilla del mar. Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad. Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir. Por la fe bendijo Isaac a Jacob y a Esaú respecto a cosas venideras. Por la fe Jacob, al morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyado sobre el extremo de su bordón. Por la fe José, al morir, mencionó la salida de los hijos de Israel, y dio mandamiento acerca de sus huesos. Por la fe Moisés, cuando nació, fue escondido por sus padres por tres meses, porque le vieron niño hermoso, y no temieron el decreto del rey. Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón. Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible. Por la fe celebró la pascua y la aspersión de la sangre, para que el que destruía a los primogénitos no los tocase a ellos. Por la fe pasaron el Mar Rojo como por tierra seca; e intentando los egipcios hacer lo mismo, fueron ahogados. Por la fe cayeron los muros de Jericó después de rodearlos siete días. Por la fe Rahab la ramera no pereció juntamente con los desobedientes, habiendo recibido a los espías en paz. ¿Y qué más digo? Porque el tiempo me faltaría contando de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, así como de Samuel y de los profetas; que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros. Las mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección; mas otros fueron atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección. Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra. Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros. Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar. Porque aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado;



Romanos 8:

Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros. Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo? Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos. Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos. Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó. ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; Somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

Labels: , , , , , , , , , , , , , ,

0 Comments:

Post a Comment

Subscribe to Post Comments [Atom]

<< Home