El 14 de agosto Lectura Bíblica Diaria
Mensaje de la Cruz de Cristo Jesús-Capítulo-1

Marcos 1:
1 Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Como está escrito en Isaías el profeta: He aquí yo envío mi mensajero delante de tu faz, El cual preparará tu camino delante de ti. Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor; Enderezad sus sendas. Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados. Y salían a él toda la provincia de Judea, y todos los de Jerusalén; y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados. Y Juan estaba vestido de pelo de camello, y tenía un cinto de cuero alrededor de sus lomos; y comía langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo: Viene tras mí el que es más poderoso que yo, a quien no soy digno de desatar encorvado la correa de su calzado. Yo a la verdad os he bautizado con agua; pero él os bautizará con Espíritu Santo. Aconteció en aquellos días, que Jesús vino de Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. Y luego, cuando subía del agua, vio abrirse los cielos, y al Espíritu como paloma que descendía sobre él. Y vino una voz de los cielos que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia. Y luego el Espíritu le impulsó al desierto. Y estuvo allí en el desierto cuarenta días, y era tentado por Satanás, y estaba con las fieras; y los ángeles le servían. Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio. Andando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres. Y dejando luego sus redes, le siguieron. Pasando de allí un poco más adelante, vio a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan su hermano, también ellos en la barca, que remendaban las redes. Y luego los llamó; y dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, le siguieron. Y entraron en Capernaum; y los días de reposo, entrando en la sinagoga, enseñaba. Y se admiraban de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. Pero había en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu inmundo, que dio voces, diciendo: ¡Ah! ¿qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios. Pero Jesús le reprendió, diciendo: ¡Cállate, y sal de él! Y el espíritu inmundo, sacudiéndole con violencia, y clamando a gran voz, salió de él. Y todos se asombraron, de tal manera que discutían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es esta, que con autoridad manda aun a los espíritus inmundos, y le obedecen? Y muy pronto se difundió su fama por toda la provincia alrededor de Galilea. Al salir de la sinagoga, vinieron a casa de Simón y Andrés, con Jacobo y Juan. Y la suegra de Simón estaba acostada con fiebre; y en seguida le hablaron de ella. Entonces él se acercó, y la tomó de la mano y la levantó; e inmediatamente le dejó la fiebre, y ella les servía. Cuando llegó la noche, luego que el sol se puso, le trajeron todos los que tenían enfermedades, y a los endemoniados; y toda la ciudad se agolpó a la puerta. Y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y echó fuera muchos demonios; y no dejaba hablar a los demonios, porque le conocían. Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba. Y le buscó Simón, y los que con él estaban; y hallándole, le dijeron: Todos te buscan. El les dijo: Vamos a los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido. Y predicaba en las sinagogas de ellos en toda Galilea, y echaba fuera los demonios. Vino a él un leproso, rogándole; e hincada la rodilla, le dijo: Si quieres, puedes limpiarme. Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio. Y así que él hubo hablado, al instante la lepra se fue de aquél, y quedó limpio. Entonces le encargó rigurosamente, y le despidió luego, y le dijo: Mira, no digas a nadie nada, sino vé, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu purificación lo que Moisés mandó, para testimonio a ellos. Pero ido él, comenzó a publicarlo mucho y a divulgar el hecho, de manera que ya Jesús no podía entrar abiertamente en la ciudad, sino que se quedaba fuera en los lugares desiertos; y venían a él de todas partes.
Salmo 146:
Aleluya. Alaba, alma mía, al Señor. Mientras yo viva, alabaré al Señor; todos los días de mi vida le cantaré salmos. No pongan su confianza en los poderosos, ni en ningún mortal, porque no pueden salvar. El día que mueren, vuelven a la tierra, y ese mismo día todos sus planes se acaban. ¡Dichosos los que confían en el Dios de Jacob, los que cuentan con la ayuda de Dios, el Señor! El Señor creó los cielos y la tierra, y el mar y todos los seres que contiene. El Señor siempre cumple su palabra; hace justicia a los oprimidos, y da de comer a los que tienen hambre. El Señor da libertad a los cautivos, y les devuelve la vista a los ciegos; El Señor levanta a los caídos; y ama a los que practican la justicia. El Señor protege a los extranjeros y sostiene a las viudas y a los huérfanos, pero tuerce el camino de los malvados. El Señor reinará por siempre; ¡Sión, el Señor es tu Dios eterno! ¡Aleluya!
Proverbios 21:
El corazón del rey se bifurca como los ríos, pero en manos del Señor sigue los planes divinos. El hombre cree que todo camino es recto, pero el Señor pondera los corazones. Al Señor le agrada que se le hagan ofrendas, pero más le agrada que se haga justicia. Esto es pecado: Los ojos altivos, el corazón orgulloso y los planes malvados. Si piensas lo que haces, tendrás abundancia; si te apresuras, acabarás en la pobreza. Amontonar tesoros a base de mentiras es una ilusión que te conduce a la muerte. A los impíos los destruye su propia rapiña, porque se rehúsan a hacer justicia. El malvado va por caminos torcidos, pero el hombre honrado actúa con rectitud. Es mejor vivir en la azotea de la casa que compartir la casa con una esposa agresiva El impío tiene sed de maldad; no considera a nadie digno de compasión. Castiga al blasfemo, y el simple se hará sabio; aconseja al sabio, y éste aprenderá su lección. El justo observa la casa del impío, y lo ve cuando es trastornado por el mal. El que cierra su oído al clamor del pobre tampoco será escuchado cuando pida ayuda. La dádiva discreta calma el enojo; el don disimulado apacigua la furia. El justo se alegra cuando se hace justicia, pero los malvados se ponen a temblar. Quien se aparta del camino de la sabiduría acaba entre las legiones de muertos. Si amas los placeres, acabarás en la pobreza; el gusto por el vino y los perfumes no te hará rico. El malvado pagará el rescate del justo; el impío sufrirá en lugar del hombre recto. Es mejor vivir en el desierto que convivir con mujer peleonera y agresiva. Riquezas y perfumes hay en la casa del sabio; en la casa del necio sólo hay despilfarro. Ve en pos de la justicia y la misericordia, y hallarás vida, justicia y honra. El sabio conquista la ciudad más protegida, y derriba la fortaleza más confiable. El que cuida su boca y su lengua se libra de muchos problemas. Al que es burlón y soberbio también se le llama insolente. El perezoso se muere de deseos, pero no es capaz de ponerse a trabajar. Todo el tiempo se lo pasa codiciando. En cambio, el hombre justo da sin tacañerías. El sacrificio de los impíos es repugnante, ¡y más aún si se ofrece con maldad! El falso testimonio es desechado; el que sabe escuchar puede hablar siempre. El hombre impío finge firmeza; el hombre recto es firme en sus caminos. Ante el Señor nada vale el sabio, ni el inteligente ni el consejero. Presto está el caballo para entrar en combate, pero la victoria está en manos del Señor.
LA EPÍSTOLA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS EFESIOS Capítulo 2 del Nuevo Testamento del Expositor de Jimmy Swaggart:
EFESIOS
CAPÍTULO 2
(64 d.C.)
VIVO EN CRISTO
Y DE ella recibisteis vosotros (cobraron vida), que estabais muertos en vuestros delitos y pecados (depravación total debido a la Caída y pecado original);
2 En los cuales en otro tiempo anduvisteis según el corriente de este mundo (se refiere al hecho de que las personas que no son redimidas ponen en órden su comportamiento y viven con arreglos dentro de esta esfera de transgresiones y pecados), conforme al príncipe de la potestad del aire (corresponde al hecho de que Satanás encabeza el sistema de este mundo), el espíritu que ahora obra en los hijos de desobediencia (el espíritu de Satanás, lo cual cubre a todos los incrédulos, por ello obrando la desobediencia):
3 Entre los cuales (los hijos de desobediencia) todos nosotros también vivimos (estilo de vida) en otro tiempo en los deseos de nuestra carne (ansias depravadas), haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos (la mente de las personas que no son redimidas son el laboratorio de pensamientos pervertidos, impresiones, imaginaciones, etc.); y éramos por naturaleza hijos de ira, también como los demás. (La ira de Dios está de modo inalterable en contra del pecado, y la única solución es la Cruz.)
4 Empero Dios, Que es rico en Misericordia (Su Misericordia nos llega por medio de la Cruz), por Su mucho Amor con que nos amó (el Amor demostrado en el Calvario),
5 Aun estando nosotros muertos en pecados (se refiere a una condición en la cual no podemos de ningún modo hacer nada para ayudarnos), nos dio vida juntamente con Cristo (se nos concede esta nueva vida por nuestra identificación con Cristo en Su Muerte y Resurrección), (por Gracia sois salvos;) (La Gracia es hecha posible únicamente por la Cruz, y fluye sin interrupción cuando siempre hagamos la Cruz el Objeto de nuestra Fe.)
6 Y juntamente nos resucitó (la Resurrección de Cristo desde la Tumba era incluso nuestra Resurrección, el significado espiritual es que nos dio "novedad de vida" [Rom. 6:3-5]), y asimismo nos hizo sentar en los Cielos (hecho posible por la Cruz) con Cristo Jesús (efectuado todo en Cristo, y se refiere a la manera cómo lo hizo, que es por la Cruz):
7 Para mostrar en los siglos venideros (en las edades próximas, una tras otra, interminable) las abundantes riquezas de Su Gracia (presenta la edad de oro del Creyente que es siempre futuro, nunca pasado) en Su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. (Dios puede mostrarnos bondad sólo a través de la Cruz. El Estudiante de la Biblia debe darse cuenta que la Cruz es la Doctrina más antigua en la Biblia [I Ped. 1:18-20], y de hecho, es el Fundamento en el cual debe edificarse toda Doctrina.)
LA REDENCIÓN
8 Porque por Gracia (la Bondad de Dios) sois salvos por la Fe (Fe en Cristo, y la Cruz siempre como su Objeto); y esto no de vosotros (nada de esto es de nosotros, pero todo es de Él): pues es Don de Dios (cada vez que se usa la palabra "Don," Dios está refiriéndose a Su Hijo y Su Obra Sustitutiva en la Cruz, que hace todo esto posible):
9 No por obras (el hombre no merece la Salvación; independientemente de lo que haga), para que nadie se gloríe (jactarse en su propia capacidad y fuerza; sólo se permite jactarse en la Cruz [Gál. 6:14]).
10 Porque somos hechura Suya (si somos hechura de Dios, nuestra Salvación no proviene de nosotros mismos), creados en Cristo Jesús para buenas obras (los resultados de la Salvación y no la causa), las cuales Dios preparó para que anduviésemos en ellas. (Las "buenas obras" a las que se refiere el Apóstol tienen que ver con la Fe en Cristo y la Cruz, lo que permite al Creyente vivir una vida Santa.)
LA UNIDAD
11 Por tanto, acordaos que en otro tiempo vosotros los Gentiles en la carne, que erais llamados Incircuncisión (se refería a los Gentiles que no estaban en Convenio con Dios; la Circuncisión física bajo la Antigua Economía era su prueba externa) por la que se llama Circuncisión, hecha con mano en la carne (dicho por Pablo de esta manera, con respecto a los Judíos, en contraposición de la Circuncisión del corazón);
12 Que en aquel tiempo estabais sin Cristo (describe la antigua condición de los Gentiles, ellos no tenían conexión alguna con Cristo antes de la Cruz), alejados de la ciudadanía de Israel, y ajenos a los Pactos de la Promesa, sin esperanza, y sin Dios en el mundo (todo esto revela un corazón oscurecido y pervertido; los Gentiles no tenían ningún conocimiento de Dios en aquel entonces):
13 Mas ahora en Cristo Jesús (la base de toda la Salvación), vosotros que en otro tiempo (tiempos pasados) estabais lejos (lejos de la Salvación), habéis sido hechos cercanos (cerca) por la Sangre de Cristo. (La Muerte Expiatoria del Sacrificio de Jesucristo transformó las relaciones de Dios con la humanidad. En Cristo, Dios no reconcilió a una nación, sino a "un mundo" a Él [II Cor. 5:19].)
14 Porque Él (Cristo) es nuestra paz (por Cristo y lo que Él hizo en la Cruz, tenemos la paz con Dios), Que de ambos hizo uno (los Judíos y los Gentiles), derribando la pared intermedia de separación (entre los Judíos y los Gentiles);
15 Aboliendo en Su carne (corresponde a Su Muerte en la Cruz, por la cual Él Redimió a la humanidad, lo que también significa que Él no murió espiritualmente, como algunos afirman) las enemistades (el odio entre Dios y el hombre, causado por el pecado), la Ley de los Mandamientos en Ordenanzas (la Ley de Moisés, y más en particular a los Diez Mandamientos); para edificar en Sí Mismo los dos (los Judíos y los Gentiles) en un nuevo hombre, haciendo la paz (lo cual nuevamente fue efectuado por la Cruz);
16 Y Él (Cristo) podía reconciliar por la Cruz (es sólo por la Expiación en que los hombres se hayan reconciliados a Dios) con Dios a ambos (los Judíos y los Gentiles) en un mismo cuerpo (la Iglesia), matando en ella las enemistades (quitada la barrera entre Dios y el hombre pecador):
17 Y vino y anunció la paz a vosotros que estabais lejos (proclama el Evangelio que va a los Gentiles), y a los que estaban cerca. (Se refiere a los Judíos. Es el mismo Mensaje para ambos.)
18 Que por Él (por Cristo) los unos y los otros (los Judíos y los Gentiles) tenemos entrada por Un mismo Espíritu al Padre. (Si el pecador pasa por la Cruz, el Espíritu Santo abre la puerta, de lo contrario pone una tranca [Jn. 10:1].)
19 Así que (se refiere a la condición actual de los Creyentes) ya no sois extranjeros ni advenedizos (lo que una vez fueron los Gentiles), sino ciudadanos junto con los Santos (los Gentiles ya tienen el mismo acceso que los Judíos, todo debido a la Cruz), y forma parte de la familia de Dios (una relación progresiva con Dios en Cristo);
20 Edificados sobre el Fundamento (la Cruz) de los Apóstoles y Profetas (los Apóstoles sirven de liderazgo bajo el Nuevo Convenio, y los Profetas habiendo servido en aquella capacidad bajo el Antiguo Pacto), siendo la Principal Piedra del Ángulo Jesucristo Mismo (demuestra la parte del Fundamento que mantiene todo unido; Jesucristo es "la Principal Piedra del Ángulo" en virtud de lo que Él hizo en la Cruz);
21 En El Cual (Cristo) bien ajustado todo el edificio va creciendo para ser un Templo Santo en el Señor:
22 En El Cual vosotros también sois juntamente edificados (los Judíos y los Gentiles), para morada de Dios en el Espíritu. (Todo fue hecho posible por lo que Jesús hizo en la Cruz.)
Primera Corintios Capítulo 13:
Si hablo en lenguas humanas y angelicales, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido. Si tengo el don de profecía y entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento, y si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no soy nada. Si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y si entrego mi cuerpo para que lo consuman las llamas, pero no tengo amor, nada gano con eso. El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor jamás se extingue, mientras que el don de profecía cesará, el de lenguas será silenciado y el de conocimiento desaparecerá. Porque conocemos y profetizamos de manera imperfecta; pero cuando llegue lo perfecto, lo imperfecto desaparecerá. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; cuando llegué a ser adulto, dejé atrás las cosas de niño. Ahora vemos de manera indirecta y velada, como en un espejo; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de manera imperfecta, pero entonces conoceré tal y como soy conocido. Ahora, pues, permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más excelente de ellas es el amor.
Hebreos 10:35-12:4
Así que no pierdan la confianza, porque ésta será grandemente recompensada. Ustedes necesitan perseverar para que, después de haber cumplido la voluntad de Dios, reciban lo que él ha prometido. Pues dentro de muy poco tiempo, "el que ha de venir vendrá, y no tardará. Pero mi justo vivirá por la fe. Y si se vuelve atrás, no será de mi agrado." Pero nosotros no somos de los que se vuelven atrás y acaban por perderse, sino de los que tienen fe y preservan su vida. Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve. Gracias a ella fueron aprobados los antiguos. Por la fe entendemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo visible no provino de lo que se ve. Por la fe Abel ofreció a Dios un sacrificio más aceptable que el de Caín, por lo cual recibió testimonio de ser justo, pues Dios aceptó su ofrenda. Y por la fe Abel, a pesar de estar muerto, habla todavía. Por la fe Enoc fue sacado de este mundo sin experimentar la muerte; no fue hallado porque Dios se lo llevó, pero antes de ser llevado recibió testimonio de haber agradado a Dios. En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan. Por la fe Noé, advertido sobre cosas que aún no se veían, con temor reverente construyó un arca para salvar a su familia. Por esa fe condenó al mundo y llegó a ser heredero de la justicia que viene por la fe. Por la fe Abraham, cuando fue llamado para ir a un lugar que más tarde recibiría como herencia, obedeció y salió sin saber a dónde iba. Por la fe se radicó como extranjero en la tierra prometida, y habitó en tiendas de campaña con Isaac y Jacob, herederos también de la misma promesa, porque esperaba la ciudad de cimientos sólidos, de la cual Dios es arquitecto y constructor. Por la fe Abraham, a pesar de su avanzada edad y de que Sara misma era estéril, recibió fuerza para tener hijos, porque consideró fiel al que le había hecho la promesa. Así que de este solo hombre, ya en decadencia, nacieron descendientes numerosos como las estrellas del cielo e incontables como la arena a la orilla del mar. Todos ellos vivieron por la fe, y murieron sin haber recibido las cosas prometidas; más bien, las reconocieron a lo lejos, y confesaron que eran extranjeros y peregrinos en la tierra. Al expresarse así, claramente dieron a entender que andaban en busca de una patria. Si hubieran estado pensando en aquella patria de donde habían emigrado, habrían tenido oportunidad de regresar a ella. Antes bien, anhelaban una patria mejor, es decir, la celestial. Por lo tanto, Dios no se avergonzó de ser llamado su Dios, y les preparó una ciudad. Por la fe Abraham, que había recibido las promesas, fue puesto a prueba y ofreció a Isaac, su hijo único, a pesar de que Dios le había dicho: "Tu descendencia se establecerá por medio de Isaac." Consideraba Abraham que Dios tiene poder hasta para resucitar a los muertos, y así, en sentido figurado, recobró a Isaac de entre los muertos. Por la fe Isaac bendijo a Jacob y a Esaú, previendo lo que les esperaba en el futuro. Por la fe Jacob, cuando estaba a punto de morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyándose en la punta de su bastón. Por la fe José, al fin de su vida, se refirió a la salida de los israelitas de Egipto y dio instrucciones acerca de sus restos mortales. Por la fe Moisés, recién nacido, fue escondido por sus padres durante tres meses, porque vieron que era un niño precioso, y no tuvieron miedo del edicto del rey. Por la fe Moisés, ya adulto, renunció a ser llamado hijo de la hija del faraón. Prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar de los efímeros placeres del pecado. Consideró que el oprobio por causa del Mesías era una mayor riqueza que los tesoros de Egipto, porque tenía la mirada puesta en la recompensa. Por la fe salió de Egipto sin tenerle miedo a la ira del rey, pues se mantuvo firme como si estuviera viendo al Invisible. Por la fe celebró la Pascua y el rociamiento de la sangre, para que el exterminador de los primogénitos no tocara a los de Israel. Por la fe el pueblo cruzó el Mar Rojo como por tierra seca; pero cuando los egipcios intentaron cruzarlo, se ahogaron. Por la fe cayeron las murallas de Jericó, después de haber marchado el pueblo siete días a su alrededor. Por la fe la prostituta Rahab no murió junto con los desobedientes, pues había recibido en paz a los espías. ¿Qué más voy a decir? Me faltaría tiempo para hablar de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas, los cuales por la fe conquistaron reinos, hicieron justicia y alcanzaron lo prometido; cerraron bocas de leones, apagaron la furia de las llamas y escaparon del filo de la espada; sacaron fuerzas de flaqueza; se mostraron valientes en la guerra y pusieron en fuga a ejércitos extranjeros. Hubo mujeres que por la resurrección recobraron a sus muertos. Otros, en cambio, fueron muertos a golpes, pues para alcanzar una mejor resurrección no aceptaron que los pusieran en libertad. Otros sufrieron la prueba de burlas y azotes, e incluso de cadenas y cárceles. Fueron apedreados, aserrados por la mitad, asesinados a filo de espada. Anduvieron fugitivos de aquí para allá, cubiertos de pieles de oveja y de cabra, pasando necesidades, afligidos y maltratados. ¡El mundo no merecía gente así! Anduvieron sin rumbo por desiertos y montañas, por cuevas y cavernas. Aunque todos obtuvieron un testimonio favorable mediante la fe, ninguno de ellos vio el cumplimiento de la promesa. Esto sucedió para que ellos no llegaran a la meta sin nosotros, pues Dios nos había preparado algo mejor. Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo. En la lucha que ustedes libran contra el pecado, todavía no han tenido que resistir hasta derramar su sangre.
Romanos 8:
Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte. En efecto, la ley no pudo liberarnos porque la naturaleza pecaminosa anuló su poder; por eso Dios envió a su propio Hijo en condición semejante a nuestra condición de pecadores, para que se ofreciera en sacrificio por el pecado. Así condenó Dios al pecado en la naturaleza humana, a fin de que las justas demandas de la ley se cumplieran en nosotros, que no vivimos según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu. Los que viven conforme a la naturaleza pecaminosa fijan la mente en los deseos de tal naturaleza; en cambio, los que viven conforme al Espíritu fijan la mente en los deseos del Espíritu. La mentalidad pecaminosa es muerte, mientras que la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz. La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo. Los que viven según la naturaleza pecaminosa no pueden agradar a Dios. Sin embargo, ustedes no viven según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios vive en ustedes. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo. Pero si Cristo está en ustedes, el cuerpo está muerto a causa del pecado, pero el Espíritu que está en ustedes es vida a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en ustedes. Por tanto, hermanos, tenemos una obligación, pero no es la de vivir conforme a la naturaleza pecaminosa. Porque si ustedes viven conforme a ella, morirán; pero si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: "¡Abba! ¡Padre!" El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria. De hecho, considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros. La creación aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de Dios, porque fue sometida a la frustración. Esto no sucedió por su propia voluntad, sino por la del que así lo dispuso. Pero queda la firme esperanza de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera dolores de parto. Y no sólo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esa esperanza fuimos salvados. Pero la esperanza que se ve, ya no es esperanza. ¿Quién espera lo que ya tiene? Pero si esperamos lo que todavía no tenemos, en la espera mostramos nuestra constancia. Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios. Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito. Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. A los que predestinó, también los llamó; a los que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó. ¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas? ¿Quién acusará a los que Dios ha escogido? Dios es el que justifica. ¿Quién condenará? Cristo Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros. ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia? Así está escrito: "Por tu causa nos vemos amenazados de muerte todo el día; nos tratan como a ovejas destinadas al matadero." Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.

El 14 de agosto Lectura Bíblica Diaria:
Marcos 1:
1 Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Como está escrito en Isaías el profeta: He aquí yo envío mi mensajero delante de tu faz, El cual preparará tu camino delante de ti. Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor; Enderezad sus sendas. Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados. Y salían a él toda la provincia de Judea, y todos los de Jerusalén; y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados. Y Juan estaba vestido de pelo de camello, y tenía un cinto de cuero alrededor de sus lomos; y comía langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo: Viene tras mí el que es más poderoso que yo, a quien no soy digno de desatar encorvado la correa de su calzado. Yo a la verdad os he bautizado con agua; pero él os bautizará con Espíritu Santo. Aconteció en aquellos días, que Jesús vino de Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. Y luego, cuando subía del agua, vio abrirse los cielos, y al Espíritu como paloma que descendía sobre él. Y vino una voz de los cielos que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia. Y luego el Espíritu le impulsó al desierto. Y estuvo allí en el desierto cuarenta días, y era tentado por Satanás, y estaba con las fieras; y los ángeles le servían. Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio. Andando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres. Y dejando luego sus redes, le siguieron. Pasando de allí un poco más adelante, vio a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan su hermano, también ellos en la barca, que remendaban las redes. Y luego los llamó; y dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, le siguieron. Y entraron en Capernaum; y los días de reposo, entrando en la sinagoga, enseñaba. Y se admiraban de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. Pero había en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu inmundo, que dio voces, diciendo: ¡Ah! ¿qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios. Pero Jesús le reprendió, diciendo: ¡Cállate, y sal de él! Y el espíritu inmundo, sacudiéndole con violencia, y clamando a gran voz, salió de él. Y todos se asombraron, de tal manera que discutían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es esta, que con autoridad manda aun a los espíritus inmundos, y le obedecen? Y muy pronto se difundió su fama por toda la provincia alrededor de Galilea. Al salir de la sinagoga, vinieron a casa de Simón y Andrés, con Jacobo y Juan. Y la suegra de Simón estaba acostada con fiebre; y en seguida le hablaron de ella. Entonces él se acercó, y la tomó de la mano y la levantó; e inmediatamente le dejó la fiebre, y ella les servía. Cuando llegó la noche, luego que el sol se puso, le trajeron todos los que tenían enfermedades, y a los endemoniados; y toda la ciudad se agolpó a la puerta. Y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y echó fuera muchos demonios; y no dejaba hablar a los demonios, porque le conocían. Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba. Y le buscó Simón, y los que con él estaban; y hallándole, le dijeron: Todos te buscan. El les dijo: Vamos a los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido. Y predicaba en las sinagogas de ellos en toda Galilea, y echaba fuera los demonios. Vino a él un leproso, rogándole; e hincada la rodilla, le dijo: Si quieres, puedes limpiarme. Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio. Y así que él hubo hablado, al instante la lepra se fue de aquél, y quedó limpio. Entonces le encargó rigurosamente, y le despidió luego, y le dijo: Mira, no digas a nadie nada, sino vé, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu purificación lo que Moisés mandó, para testimonio a ellos. Pero ido él, comenzó a publicarlo mucho y a divulgar el hecho, de manera que ya Jesús no podía entrar abiertamente en la ciudad, sino que se quedaba fuera en los lugares desiertos; y venían a él de todas partes.
Salmo 146:
Aleluya. Alaba, alma mía, al Señor. Mientras yo viva, alabaré al Señor; todos los días de mi vida le cantaré salmos. No pongan su confianza en los poderosos, ni en ningún mortal, porque no pueden salvar. El día que mueren, vuelven a la tierra, y ese mismo día todos sus planes se acaban. ¡Dichosos los que confían en el Dios de Jacob, los que cuentan con la ayuda de Dios, el Señor! El Señor creó los cielos y la tierra, y el mar y todos los seres que contiene. El Señor siempre cumple su palabra; hace justicia a los oprimidos, y da de comer a los que tienen hambre. El Señor da libertad a los cautivos, y les devuelve la vista a los ciegos; El Señor levanta a los caídos; y ama a los que practican la justicia. El Señor protege a los extranjeros y sostiene a las viudas y a los huérfanos, pero tuerce el camino de los malvados. El Señor reinará por siempre; ¡Sión, el Señor es tu Dios eterno! ¡Aleluya!
Proverbios 21:
El corazón del rey se bifurca como los ríos, pero en manos del Señor sigue los planes divinos. El hombre cree que todo camino es recto, pero el Señor pondera los corazones. Al Señor le agrada que se le hagan ofrendas, pero más le agrada que se haga justicia. Esto es pecado: Los ojos altivos, el corazón orgulloso y los planes malvados. Si piensas lo que haces, tendrás abundancia; si te apresuras, acabarás en la pobreza. Amontonar tesoros a base de mentiras es una ilusión que te conduce a la muerte. A los impíos los destruye su propia rapiña, porque se rehúsan a hacer justicia. El malvado va por caminos torcidos, pero el hombre honrado actúa con rectitud. Es mejor vivir en la azotea de la casa que compartir la casa con una esposa agresiva El impío tiene sed de maldad; no considera a nadie digno de compasión. Castiga al blasfemo, y el simple se hará sabio; aconseja al sabio, y éste aprenderá su lección. El justo observa la casa del impío, y lo ve cuando es trastornado por el mal. El que cierra su oído al clamor del pobre tampoco será escuchado cuando pida ayuda. La dádiva discreta calma el enojo; el don disimulado apacigua la furia. El justo se alegra cuando se hace justicia, pero los malvados se ponen a temblar. Quien se aparta del camino de la sabiduría acaba entre las legiones de muertos. Si amas los placeres, acabarás en la pobreza; el gusto por el vino y los perfumes no te hará rico. El malvado pagará el rescate del justo; el impío sufrirá en lugar del hombre recto. Es mejor vivir en el desierto que convivir con mujer peleonera y agresiva. Riquezas y perfumes hay en la casa del sabio; en la casa del necio sólo hay despilfarro. Ve en pos de la justicia y la misericordia, y hallarás vida, justicia y honra. El sabio conquista la ciudad más protegida, y derriba la fortaleza más confiable. El que cuida su boca y su lengua se libra de muchos problemas. Al que es burlón y soberbio también se le llama insolente. El perezoso se muere de deseos, pero no es capaz de ponerse a trabajar. Todo el tiempo se lo pasa codiciando. En cambio, el hombre justo da sin tacañerías. El sacrificio de los impíos es repugnante, ¡y más aún si se ofrece con maldad! El falso testimonio es desechado; el que sabe escuchar puede hablar siempre. El hombre impío finge firmeza; el hombre recto es firme en sus caminos. Ante el Señor nada vale el sabio, ni el inteligente ni el consejero. Presto está el caballo para entrar en combate, pero la victoria está en manos del Señor.
LA EPÍSTOLA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS EFESIOS Capítulo 2 del Nuevo Testamento del Expositor de Jimmy Swaggart:
EFESIOS
CAPÍTULO 2
(64 d.C.)
VIVO EN CRISTO
Y DE ella recibisteis vosotros (cobraron vida), que estabais muertos en vuestros delitos y pecados (depravación total debido a la Caída y pecado original);
2 En los cuales en otro tiempo anduvisteis según el corriente de este mundo (se refiere al hecho de que las personas que no son redimidas ponen en órden su comportamiento y viven con arreglos dentro de esta esfera de transgresiones y pecados), conforme al príncipe de la potestad del aire (corresponde al hecho de que Satanás encabeza el sistema de este mundo), el espíritu que ahora obra en los hijos de desobediencia (el espíritu de Satanás, lo cual cubre a todos los incrédulos, por ello obrando la desobediencia):
3 Entre los cuales (los hijos de desobediencia) todos nosotros también vivimos (estilo de vida) en otro tiempo en los deseos de nuestra carne (ansias depravadas), haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos (la mente de las personas que no son redimidas son el laboratorio de pensamientos pervertidos, impresiones, imaginaciones, etc.); y éramos por naturaleza hijos de ira, también como los demás. (La ira de Dios está de modo inalterable en contra del pecado, y la única solución es la Cruz.)
4 Empero Dios, Que es rico en Misericordia (Su Misericordia nos llega por medio de la Cruz), por Su mucho Amor con que nos amó (el Amor demostrado en el Calvario),
5 Aun estando nosotros muertos en pecados (se refiere a una condición en la cual no podemos de ningún modo hacer nada para ayudarnos), nos dio vida juntamente con Cristo (se nos concede esta nueva vida por nuestra identificación con Cristo en Su Muerte y Resurrección), (por Gracia sois salvos;) (La Gracia es hecha posible únicamente por la Cruz, y fluye sin interrupción cuando siempre hagamos la Cruz el Objeto de nuestra Fe.)
6 Y juntamente nos resucitó (la Resurrección de Cristo desde la Tumba era incluso nuestra Resurrección, el significado espiritual es que nos dio "novedad de vida" [Rom. 6:3-5]), y asimismo nos hizo sentar en los Cielos (hecho posible por la Cruz) con Cristo Jesús (efectuado todo en Cristo, y se refiere a la manera cómo lo hizo, que es por la Cruz):
7 Para mostrar en los siglos venideros (en las edades próximas, una tras otra, interminable) las abundantes riquezas de Su Gracia (presenta la edad de oro del Creyente que es siempre futuro, nunca pasado) en Su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. (Dios puede mostrarnos bondad sólo a través de la Cruz. El Estudiante de la Biblia debe darse cuenta que la Cruz es la Doctrina más antigua en la Biblia [I Ped. 1:18-20], y de hecho, es el Fundamento en el cual debe edificarse toda Doctrina.)
LA REDENCIÓN
8 Porque por Gracia (la Bondad de Dios) sois salvos por la Fe (Fe en Cristo, y la Cruz siempre como su Objeto); y esto no de vosotros (nada de esto es de nosotros, pero todo es de Él): pues es Don de Dios (cada vez que se usa la palabra "Don," Dios está refiriéndose a Su Hijo y Su Obra Sustitutiva en la Cruz, que hace todo esto posible):
9 No por obras (el hombre no merece la Salvación; independientemente de lo que haga), para que nadie se gloríe (jactarse en su propia capacidad y fuerza; sólo se permite jactarse en la Cruz [Gál. 6:14]).
10 Porque somos hechura Suya (si somos hechura de Dios, nuestra Salvación no proviene de nosotros mismos), creados en Cristo Jesús para buenas obras (los resultados de la Salvación y no la causa), las cuales Dios preparó para que anduviésemos en ellas. (Las "buenas obras" a las que se refiere el Apóstol tienen que ver con la Fe en Cristo y la Cruz, lo que permite al Creyente vivir una vida Santa.)
LA UNIDAD
11 Por tanto, acordaos que en otro tiempo vosotros los Gentiles en la carne, que erais llamados Incircuncisión (se refería a los Gentiles que no estaban en Convenio con Dios; la Circuncisión física bajo la Antigua Economía era su prueba externa) por la que se llama Circuncisión, hecha con mano en la carne (dicho por Pablo de esta manera, con respecto a los Judíos, en contraposición de la Circuncisión del corazón);
12 Que en aquel tiempo estabais sin Cristo (describe la antigua condición de los Gentiles, ellos no tenían conexión alguna con Cristo antes de la Cruz), alejados de la ciudadanía de Israel, y ajenos a los Pactos de la Promesa, sin esperanza, y sin Dios en el mundo (todo esto revela un corazón oscurecido y pervertido; los Gentiles no tenían ningún conocimiento de Dios en aquel entonces):
13 Mas ahora en Cristo Jesús (la base de toda la Salvación), vosotros que en otro tiempo (tiempos pasados) estabais lejos (lejos de la Salvación), habéis sido hechos cercanos (cerca) por la Sangre de Cristo. (La Muerte Expiatoria del Sacrificio de Jesucristo transformó las relaciones de Dios con la humanidad. En Cristo, Dios no reconcilió a una nación, sino a "un mundo" a Él [II Cor. 5:19].)
14 Porque Él (Cristo) es nuestra paz (por Cristo y lo que Él hizo en la Cruz, tenemos la paz con Dios), Que de ambos hizo uno (los Judíos y los Gentiles), derribando la pared intermedia de separación (entre los Judíos y los Gentiles);
15 Aboliendo en Su carne (corresponde a Su Muerte en la Cruz, por la cual Él Redimió a la humanidad, lo que también significa que Él no murió espiritualmente, como algunos afirman) las enemistades (el odio entre Dios y el hombre, causado por el pecado), la Ley de los Mandamientos en Ordenanzas (la Ley de Moisés, y más en particular a los Diez Mandamientos); para edificar en Sí Mismo los dos (los Judíos y los Gentiles) en un nuevo hombre, haciendo la paz (lo cual nuevamente fue efectuado por la Cruz);
16 Y Él (Cristo) podía reconciliar por la Cruz (es sólo por la Expiación en que los hombres se hayan reconciliados a Dios) con Dios a ambos (los Judíos y los Gentiles) en un mismo cuerpo (la Iglesia), matando en ella las enemistades (quitada la barrera entre Dios y el hombre pecador):
17 Y vino y anunció la paz a vosotros que estabais lejos (proclama el Evangelio que va a los Gentiles), y a los que estaban cerca. (Se refiere a los Judíos. Es el mismo Mensaje para ambos.)
18 Que por Él (por Cristo) los unos y los otros (los Judíos y los Gentiles) tenemos entrada por Un mismo Espíritu al Padre. (Si el pecador pasa por la Cruz, el Espíritu Santo abre la puerta, de lo contrario pone una tranca [Jn. 10:1].)
19 Así que (se refiere a la condición actual de los Creyentes) ya no sois extranjeros ni advenedizos (lo que una vez fueron los Gentiles), sino ciudadanos junto con los Santos (los Gentiles ya tienen el mismo acceso que los Judíos, todo debido a la Cruz), y forma parte de la familia de Dios (una relación progresiva con Dios en Cristo);
20 Edificados sobre el Fundamento (la Cruz) de los Apóstoles y Profetas (los Apóstoles sirven de liderazgo bajo el Nuevo Convenio, y los Profetas habiendo servido en aquella capacidad bajo el Antiguo Pacto), siendo la Principal Piedra del Ángulo Jesucristo Mismo (demuestra la parte del Fundamento que mantiene todo unido; Jesucristo es "la Principal Piedra del Ángulo" en virtud de lo que Él hizo en la Cruz);
21 En El Cual (Cristo) bien ajustado todo el edificio va creciendo para ser un Templo Santo en el Señor:
22 En El Cual vosotros también sois juntamente edificados (los Judíos y los Gentiles), para morada de Dios en el Espíritu. (Todo fue hecho posible por lo que Jesús hizo en la Cruz.)
Primera Corintios Capítulo 13:
Si hablo en lenguas humanas y angelicales, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido. Si tengo el don de profecía y entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento, y si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no soy nada. Si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y si entrego mi cuerpo para que lo consuman las llamas, pero no tengo amor, nada gano con eso. El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor jamás se extingue, mientras que el don de profecía cesará, el de lenguas será silenciado y el de conocimiento desaparecerá. Porque conocemos y profetizamos de manera imperfecta; pero cuando llegue lo perfecto, lo imperfecto desaparecerá. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; cuando llegué a ser adulto, dejé atrás las cosas de niño. Ahora vemos de manera indirecta y velada, como en un espejo; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de manera imperfecta, pero entonces conoceré tal y como soy conocido. Ahora, pues, permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más excelente de ellas es el amor.
Hebreos 10:35-12:4
Así que no pierdan la confianza, porque ésta será grandemente recompensada. Ustedes necesitan perseverar para que, después de haber cumplido la voluntad de Dios, reciban lo que él ha prometido. Pues dentro de muy poco tiempo, "el que ha de venir vendrá, y no tardará. Pero mi justo vivirá por la fe. Y si se vuelve atrás, no será de mi agrado." Pero nosotros no somos de los que se vuelven atrás y acaban por perderse, sino de los que tienen fe y preservan su vida. Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve. Gracias a ella fueron aprobados los antiguos. Por la fe entendemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo visible no provino de lo que se ve. Por la fe Abel ofreció a Dios un sacrificio más aceptable que el de Caín, por lo cual recibió testimonio de ser justo, pues Dios aceptó su ofrenda. Y por la fe Abel, a pesar de estar muerto, habla todavía. Por la fe Enoc fue sacado de este mundo sin experimentar la muerte; no fue hallado porque Dios se lo llevó, pero antes de ser llevado recibió testimonio de haber agradado a Dios. En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan. Por la fe Noé, advertido sobre cosas que aún no se veían, con temor reverente construyó un arca para salvar a su familia. Por esa fe condenó al mundo y llegó a ser heredero de la justicia que viene por la fe. Por la fe Abraham, cuando fue llamado para ir a un lugar que más tarde recibiría como herencia, obedeció y salió sin saber a dónde iba. Por la fe se radicó como extranjero en la tierra prometida, y habitó en tiendas de campaña con Isaac y Jacob, herederos también de la misma promesa, porque esperaba la ciudad de cimientos sólidos, de la cual Dios es arquitecto y constructor. Por la fe Abraham, a pesar de su avanzada edad y de que Sara misma era estéril, recibió fuerza para tener hijos, porque consideró fiel al que le había hecho la promesa. Así que de este solo hombre, ya en decadencia, nacieron descendientes numerosos como las estrellas del cielo e incontables como la arena a la orilla del mar. Todos ellos vivieron por la fe, y murieron sin haber recibido las cosas prometidas; más bien, las reconocieron a lo lejos, y confesaron que eran extranjeros y peregrinos en la tierra. Al expresarse así, claramente dieron a entender que andaban en busca de una patria. Si hubieran estado pensando en aquella patria de donde habían emigrado, habrían tenido oportunidad de regresar a ella. Antes bien, anhelaban una patria mejor, es decir, la celestial. Por lo tanto, Dios no se avergonzó de ser llamado su Dios, y les preparó una ciudad. Por la fe Abraham, que había recibido las promesas, fue puesto a prueba y ofreció a Isaac, su hijo único, a pesar de que Dios le había dicho: "Tu descendencia se establecerá por medio de Isaac." Consideraba Abraham que Dios tiene poder hasta para resucitar a los muertos, y así, en sentido figurado, recobró a Isaac de entre los muertos. Por la fe Isaac bendijo a Jacob y a Esaú, previendo lo que les esperaba en el futuro. Por la fe Jacob, cuando estaba a punto de morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyándose en la punta de su bastón. Por la fe José, al fin de su vida, se refirió a la salida de los israelitas de Egipto y dio instrucciones acerca de sus restos mortales. Por la fe Moisés, recién nacido, fue escondido por sus padres durante tres meses, porque vieron que era un niño precioso, y no tuvieron miedo del edicto del rey. Por la fe Moisés, ya adulto, renunció a ser llamado hijo de la hija del faraón. Prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar de los efímeros placeres del pecado. Consideró que el oprobio por causa del Mesías era una mayor riqueza que los tesoros de Egipto, porque tenía la mirada puesta en la recompensa. Por la fe salió de Egipto sin tenerle miedo a la ira del rey, pues se mantuvo firme como si estuviera viendo al Invisible. Por la fe celebró la Pascua y el rociamiento de la sangre, para que el exterminador de los primogénitos no tocara a los de Israel. Por la fe el pueblo cruzó el Mar Rojo como por tierra seca; pero cuando los egipcios intentaron cruzarlo, se ahogaron. Por la fe cayeron las murallas de Jericó, después de haber marchado el pueblo siete días a su alrededor. Por la fe la prostituta Rahab no murió junto con los desobedientes, pues había recibido en paz a los espías. ¿Qué más voy a decir? Me faltaría tiempo para hablar de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas, los cuales por la fe conquistaron reinos, hicieron justicia y alcanzaron lo prometido; cerraron bocas de leones, apagaron la furia de las llamas y escaparon del filo de la espada; sacaron fuerzas de flaqueza; se mostraron valientes en la guerra y pusieron en fuga a ejércitos extranjeros. Hubo mujeres que por la resurrección recobraron a sus muertos. Otros, en cambio, fueron muertos a golpes, pues para alcanzar una mejor resurrección no aceptaron que los pusieran en libertad. Otros sufrieron la prueba de burlas y azotes, e incluso de cadenas y cárceles. Fueron apedreados, aserrados por la mitad, asesinados a filo de espada. Anduvieron fugitivos de aquí para allá, cubiertos de pieles de oveja y de cabra, pasando necesidades, afligidos y maltratados. ¡El mundo no merecía gente así! Anduvieron sin rumbo por desiertos y montañas, por cuevas y cavernas. Aunque todos obtuvieron un testimonio favorable mediante la fe, ninguno de ellos vio el cumplimiento de la promesa. Esto sucedió para que ellos no llegaran a la meta sin nosotros, pues Dios nos había preparado algo mejor. Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo. En la lucha que ustedes libran contra el pecado, todavía no han tenido que resistir hasta derramar su sangre.
Romanos 8:
Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte. En efecto, la ley no pudo liberarnos porque la naturaleza pecaminosa anuló su poder; por eso Dios envió a su propio Hijo en condición semejante a nuestra condición de pecadores, para que se ofreciera en sacrificio por el pecado. Así condenó Dios al pecado en la naturaleza humana, a fin de que las justas demandas de la ley se cumplieran en nosotros, que no vivimos según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu. Los que viven conforme a la naturaleza pecaminosa fijan la mente en los deseos de tal naturaleza; en cambio, los que viven conforme al Espíritu fijan la mente en los deseos del Espíritu. La mentalidad pecaminosa es muerte, mientras que la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz. La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo. Los que viven según la naturaleza pecaminosa no pueden agradar a Dios. Sin embargo, ustedes no viven según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios vive en ustedes. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo. Pero si Cristo está en ustedes, el cuerpo está muerto a causa del pecado, pero el Espíritu que está en ustedes es vida a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en ustedes. Por tanto, hermanos, tenemos una obligación, pero no es la de vivir conforme a la naturaleza pecaminosa. Porque si ustedes viven conforme a ella, morirán; pero si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: "¡Abba! ¡Padre!" El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria. De hecho, considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros. La creación aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de Dios, porque fue sometida a la frustración. Esto no sucedió por su propia voluntad, sino por la del que así lo dispuso. Pero queda la firme esperanza de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera dolores de parto. Y no sólo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esa esperanza fuimos salvados. Pero la esperanza que se ve, ya no es esperanza. ¿Quién espera lo que ya tiene? Pero si esperamos lo que todavía no tenemos, en la espera mostramos nuestra constancia. Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios. Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito. Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. A los que predestinó, también los llamó; a los que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó. ¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas? ¿Quién acusará a los que Dios ha escogido? Dios es el que justifica. ¿Quién condenará? Cristo Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros. ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia? Así está escrito: "Por tu causa nos vemos amenazados de muerte todo el día; nos tratan como a ovejas destinadas al matadero." Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.
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