El 25 de julio Lectura Bíblica Diaria
Mensaje de la Cruz de Cristo Jesús-Capítulo-1
Mateo 7 a 9:
7 No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano. No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen. Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan? Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas. Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan. Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis. No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad. Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina. Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. 8Cuando descendió Jesús del monte, le seguía mucha gente. Y he aquí vino un leproso y se postró ante él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció. Entonces Jesús le dijo: Mira, no lo digas a nadie; sino vé, muéstrate al sacerdote, y presenta la ofrenda que ordenó Moisés, para testimonio a ellos. Entrando Jesús en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole, y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado. Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré. Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente dí la palabra, y mi criado sanará. Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Vé, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe. Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos; mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes. Entonces Jesús dijo al centurión: Vé, y como creíste, te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella misma hora. Vino Jesús a casa de Pedro, y vio a la suegra de éste postrada en cama, con fiebre. Y tocó su mano, y la fiebre la dejó; y ella se levantó, y les servía. Y cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos; para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias. Viéndose Jesús rodeado de mucha gente, mandó pasar al otro lado. Y vino un escriba y le dijo: Maestro, te seguiré adondequiera que vayas. Jesús le dijo: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza. Otro de sus discípulos le dijo: Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre. Jesús le dijo: Sígueme; deja que los muertos entierren a sus muertos. Y entrando él en la barca, sus discípulos le siguieron. Y he aquí que se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca; pero él dormía. Y vinieron sus discípulos y le despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos! El les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza. Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen? Cuando llegó a la otra orilla, a la tierra de los gadarenos, vinieron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, feroces en gran manera, tanto que nadie podía pasar por aquel camino. Y clamaron diciendo: ¿Qué tienes con nosotros, Jesús, Hijo de Dios? ¿Has venido acá para atormentarnos antes de tiempo? Estaba paciendo lejos de ellos un hato de muchos cerdos. Y los demonios le rogaron diciendo: Si nos echas fuera, permítenos ir a aquel hato de cerdos. El les dijo: Id. Y ellos salieron, y se fueron a aquel hato de cerdos; y he aquí, todo el hato de cerdos se precipitó en el mar por un despeñadero, y perecieron en las aguas. Y los que los apacentaban huyeron, y viniendo a la ciudad, contaron todas las cosas, y lo que había pasado con los endemoniados. Y toda la ciudad salió al encuentro de Jesús; y cuando le vieron, le rogaron que se fuera de sus contornos. 9 Entonces, entrando Jesús en la barca, pasó al otro lado y vino a su ciudad. Y sucedió que le trajeron un paralítico, tendido sobre una cama; y al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados. Entonces algunos de los escribas decían dentro de sí: Este blasfema. Y conociendo Jesús los pensamientos de ellos, dijo: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? Porque, ¿qué es más fácil, decir: Los pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dice entonces al paralítico): Levántate, toma tu cama, y vete a tu casa. Entonces él se levantó y se fue a su casa. Y la gente, al verlo, se maravilló y glorificó a Dios, que había dado tal potestad a los hombres. Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y se levantó y le siguió. Y aconteció que estando él sentado a la mesa en la casa, he aquí que muchos publicanos y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y sus discípulos. Cuando vieron esto los fariseos, dijeron a los discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores? Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento. Entonces vinieron a él los discípulos de Juan, diciendo: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos muchas veces, y tus discípulos no ayunan? Jesús les dijo: ¿Acaso pueden los que están de bodas tener luto entre tanto que el esposo está con ellos? Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado, y entonces ayunarán. Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; porque tal remiendo tira del vestido, y se hace peor la rotura. Ni echan vino nuevo en odres viejos; de otra manera los odres se rompen, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero echan el vino nuevo en odres nuevos, y lo uno y lo otro se conservan juntamente. Mientras él les decía estas cosas, vino un hombre principal y se postró ante él, diciendo: Mi hija acaba de morir; mas ven y pon tu mano sobre ella, y vivirá. Y se levantó Jesús, y le siguió con sus discípulos. Y he aquí una mujer enferma de flujo de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto; porque decía dentro de sí: Si tocare solamente su manto, seré salva. Pero Jesús, volviéndose y mirándola, dijo: Ten ánimo, hija; tu fe te ha salvado. Y la mujer fue salva desde aquella hora. Al entrar Jesús en la casa del principal, viendo a los que tocaban flautas, y la gente que hacía alboroto, les dijo: Apartaos, porque la niña no está muerta, sino duerme. Y se burlaban de él. Pero cuando la gente había sido echada fuera, entró, y tomó de la mano a la niña, y ella se levantó. Y se difundió la fama de esto por toda aquella tierra. Pasando Jesús de allí, le siguieron dos ciegos, dando voces y diciendo: ¡Ten misericordia de nosotros, Hijo de David! Y llegado a la casa, vinieron a él los ciegos; y Jesús les dijo: ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos dijeron: Sí, Señor. Entonces les tocó los ojos, diciendo: Conforme a vuestra fe os sea hecho. Y los ojos de ellos fueron abiertos. Y Jesús les encargó rigurosamente, diciendo: Mirad que nadie lo sepa. Pero salidos ellos, divulgaron la fama de él por toda aquella tierra. Mientras salían ellos, he aquí, le trajeron un mudo, endemoniado. Y echado fuera el demonio, el mudo habló; y la gente se maravillaba, y decía: Nunca se ha visto cosa semejante en Israel. Pero los fariseos decían: Por el príncipe de los demonios echa fuera los demonios. Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.
Salmo 125:
Los que confían en el Señor son como el monte Sión, que jamás será conmovido, que permanecerá para siempre. Como rodean las colinas a Jerusalén, así rodea el Señor a su pueblo, desde ahora y para siempre. No prevalecerá el cetro de los impíos sobre la heredad asignada a los justos, para que nunca los justos extiendan sus manos hacia la maldad. Haz bien, Señor, a los que son buenos, a los de recto corazón. Pero a los que van por caminos torcidos deséchalos, Señor, junto con los malhechores. ¡Que haya paz en Israel!
Proverbios 29:
El que es reacio a las reprensiones será destruido de repente y sin remedio. Cuando los justos prosperan, el pueblo se alegra; cuando los impíos gobiernan, el pueblo gime. El que ama la sabiduría alegra a su padre; el que frecuenta rameras derrocha su fortuna. Con justicia el rey da estabilidad al país; cuando lo abruma con tributos, lo destruye. El que adula a su prójimo le tiende una trampa. Al malvado lo atrapa su propia maldad, pero el justo puede cantar de alegría. El justo se ocupa de la causa del desvalido; el malvado ni sabe de qué se trata. Los insolentes conmocionan a la ciudad, pero los sabios apaciguan los ánimos. Cuando el sabio entabla pleito contra un necio, aunque se enoje o se ría, nada arreglará. Los asesinos aborrecen a los íntegros, y tratan de matar a los justos. El necio da rienda suelta a su ira, pero el sabio sabe dominarla. Cuando un gobernante se deja llevar por mentiras, todos sus oficiales se corrompen. Algo en común tienen el pobre y el opresor: a los dos el Señor les ha dado la vista. El rey que juzga al pobre según la verdad afirma su trono para siempre. La vara de la disciplina imparte sabiduría, pero el hijo malcriado avergüenza a su madre. Cuando prospera el impío, prospera el pecado, pero los justos presenciarán su caída. Disciplina a tu hijo, y te traerá tranquilidad; te dará muchas satisfacciones. Donde no hay visión, el pueblo se extravía; ¡dichosos los que son obedientes a la ley! No sólo con palabras se corrige al siervo; aunque entienda, no obedecerá. ¿Te has fijado en los que hablan sin pensar? ¡Más se puede esperar de un necio que de gente así! Quien consiente a su criado cuando éste es niño, al final habrá de lamentarlo. El hombre iracundo provoca peleas; el hombre violento multiplica sus crímenes. El altivo será humillado, pero el humilde será enaltecido. El cómplice del ladrón atenta contra sí mismo; aunque esté bajo juramento, no testificará. Temer a los hombres resulta una trampa, pero el que confía en el Señor sale bien librado. Muchos buscan el favor del gobernante, pero la sentencia del hombre la dicta el Señor. Los justos aborrecen a los malvados, y los malvados aborrecen a los justos.
El Libro de Primera de Corintios Capítulo 15 del Nuevo Testamento del Expositor por Jimmy Swaggart:
LA EPÍSTOLA DEL APÓSTOL PABLO A LOS
CORINTIOS
CAPÍTULO 15
(59 d.C.)
LA RESURRECCIÓN
ADEMÁS os declaro, Hermanos, el Evangelio que os he Predicado (fue a Pablo a quien se le dio el significado del Nuevo Convenio, que, en efecto, es el significado de la Cruz y la Resurrección), el cual también recibisteis (Salvación), en el cual también perseveráis (vivir una vida victoriosa);
2 Por el cual asimismo, si retenéis la Palabra que os he Predicado (Heb. 2:1), sois salvos (creer en la Resurrección es absolutamente indispensable a la Salvación), si no creísteis en vano. (Se refiere a creer en un principio y luego retroceder, lo cual hará que se pierda el alma. Desmiente la doctrina no Bíblica de la Seguridad Eterna Incondicional.)
3 Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí (el significado del Nuevo Convenio), que Cristo fue muerto por nuestros pecados conforme a Las Escrituras ([Sal. 22:15], se refiere a la Cruz de Cristo);
4 Y que Él fue sepultado (porque Él en realidad murió, no solamente se desmayó como algunos afirman), y que resucitó al tercer día, conforme a Las Escrituras ([Isa. 53:10; Os. 6:2], la Resurrección de Cristo fue la demostración de la perfección y la eficacia de Su Expiación):
5 Y que Él apareció (después de Su Resurrección) a Cefas (Pedro), y después a los Doce (comprueba que Pablo no fue destinado para ser el Duodécimo Apóstol, como algunos afirman):
6 Después (después de aquellas apariciones) apareció a más de quinientos Hermanos juntos (muchos creen que esta aparición ocurrió en Galilea); de los cuales muchos viven aun (todavía viven), y otros son muertos (han muerto).
7 Después apareció a Santiago (el Hermano del Señor, que no creyó en Él durante Su Ministerio terrenal [Jn. 7:5]); después a todos los Apóstoles (Luc. 24:50).
8 Y el postrero de todos, como a un abortivo (ocurrió después de la Ascensión de Cristo), me apareció a mí (él no quiso decir que fue un momento inoportuno, sino que no era digno de lo que el Señor hizo por él).
9 Porque yo soy el más pequeño de los Apóstoles (no es la modestia fingida, sino más bien la humildad más profunda), que no soy digno (merecedor) de ser llamado Apóstol, porque perseguí la Iglesia de Dios (antes de su conversión).
10 Empero por la Gracia de Dios soy lo que soy (concierne el Favor o la Misericordia de Dios): y Su Gracia no ha sido en vano para conmigo (no estaba sin efecto, diciéndonos que está sin efecto con muchos); antes he trabajado más que todos ellos (la Gracia le permitió a Pablo lograr mucho porque él tenía una mayor comprensión de la Gracia que los demás, que se refiere a la Cruz, el medio de la Gracia): pero no yo, sino la Gracia de Dios que fue conmigo (la tiene todos los Creyentes que miran hacia la Cruz [I Cor. 1:17]).
11 Porque, o sea yo o sean ellos (en este caso, los otros Apóstoles), así Predicamos (lo que ellos Predicaron), y así habéis creído. (Los falsos profesores habían estado intentando desviar su Fe de la Resurrección venidera. ¡Permítale al lector entender que la Resurrección y el Arrebatamiento son lo mismo!)
LA IMPORTANCIA DE LA
RESURRECCIÓN
12 Y si Cristo es predicado que resucitó de los muertos ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay Resurrección de muertos? (Algunos en realidad negaban reconocer la Doctrina de la Resurrección.)
13 Porque si no hay Resurrección de muertos, Cristo tampoco resucitó (la Expiación y la Resurrección son las dos primeras piedras del Evangelio, y si niega una de ellas, entonces el Evangelio deja de existir; nuevamente, permítenos aclarar la Verdad, si usted no cree en el Arrebatamiento, entonces no cree en la Resurrección porque es lo mismo):
14 Y si Cristo no resucitó (si incluso se dejara un pecado sin expiar, entonces Cristo no podía haber resucitado, "porque la paga del pecado es la muerte" [Rom. 6:23]; el hecho de Su Resurrección comprueba la Expiación de todo el pecado, pasado, presente y futuro, al menos a aquéllos que creerán [Jn. 3:16]), vana es entonces nuestra Predicación, vana es también vuestra Fe (naderías vacías).
15 Y aun somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que Él haya levantado a Cristo: Al Cual no levantó, si en verdad los muertos no resucitan. (La Resurrección de los Santos depende completamente de la Resurrección de Cristo. La anterior garantiza lo posterior, y sin la anterior no hay posterior.)
16 Porque si los muertos no resucitan (si no hay Resurrección de los Santos), tampoco Cristo resucitó (una repetición del Versículo 13 para recalcar el argumento de que la Fe Cristiana en la Resurrección no radica en teoría filosófica, sino en hecho histórico):
17 Y si Cristo no resucitó, vuestra Fe es vana (los que no creen en la Expiación y la Resurrección tienen una fe nula); aún estáis en vuestros pecados. (Los pecados son perdonados y limpiados sólo por medio y a través de lo que Cristo hizo en la Cruz y en la Resurrección, y nuestra Fe en aquella Obra Terminada. De lo contrario, los pecados permanecen, lo que presenta una situación de proporciones calamitosas.)
18 Entonces también los que durmieron en Cristo son perdidos (perdidos para siempre).
19 Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, los más miserables somos de todos los hombres. (Lo que va a venir en la Resurrección está tan adelantado de lo que actualmente es, que no hay comparación.)
LA RESURRECCIÓN DE
LOS CREYENTES
20 Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos (así dice el Espíritu Santo), Primicias de los que durmieron es hecho. (La Resurrección de Cristo garantiza la Resurrección de todos los Santos.)
21 Porque por cuanto la muerte (se refiere a Adán y la Caída en el Huerto de Edén, y se trata de la muerte espiritual, la separación de Dios) entró por un hombre, también por un Hombre la Resurrección de los muertos. (El Señor Jesucristo Quien Expió todo el pecado, por ello, haciéndolo posible para el hombre de unirse nuevamente con Dios, que garantiza la Resurrección.)
22 Porque así como en Adán todos mueren (la muerte espiritual, la separación de Dios), así también en Cristo todos serán vivificados. (En el primer hombre, todos murieron. En el Segundo Hombre, todos serán vivificados, al menos a aquéllos que creen [Jn. 3:16].)
23 Mas cada uno en su orden (Cristo primero, y luego todos los Creyentes más tarde): Cristo las Primicias (Él fue el Primero en resucitar de entre los muertos, para nunca más morir); luego los que son de Cristo, en Su Venida. (El Arrebatamiento de la Iglesia no tiene nada que ver con la Segunda Venida [I Tes. 4:13-18].)
24 Luego el fin (no se refiere al momento inmediato después del Arrebatamiento ni de la Segunda Venida, sino más bien cuando todo el señorío Satánico y las autoridades han sido eliminados, que ocurrirá en la conclusión del Reinado Milenario [Apoc., cap. 20]), cuando Él (Jesús) entregará el Reino a Dios y al Padre; cuando habrá quitado todo imperio, y toda potencia y potestad. (Él acabará el señorío de Satanás, etc.; el medio por el cual fue hecho posible por la Cruz y la Resurrección.)
25 Porque es menester que Él (Jesús) reine (se refiere al reinado de 1.000 años de Cristo en la Tierra después de Su regreso), hasta poner a todos sus enemigos debajo de Sus Pies (la subyugación de todos los poderes malignos, que ocurrirá en la conclusión del Reinado Milenario [Apoc., cap. 20]).
26 Y el postrer enemigo que será deshecho (abolido), será la muerte. (La muerte es el resultado del pecado [Rom. 6:23], y la Cruz se dirigió a todo pecado. Después de la Resurrección, cuando se le dé a los Santos cuerpos glorificados, será imposible pecar. Incluso durante el Reinado Milenario, el pecado todavía estará en el mundo, pero no en los Santos Glorificados. Será erradicado cuando Satanás y todos sus ángeles caídos y los espíritus demoníacos, más toda la gente que lo siguió, son echados en el Lago de Fuego, donde permanecerán para siempre [Apoc., cap. 20]. Entonces la muerte ya no existirá más.)
27 Porque todas las cosas sujetó debajo de Sus Pies (Dios el Padre ha puesto todas las cosas bajo los Pies de Jesús). Y cuando dice, Todas las cosas son sujetadas a Él, claro está exceptuado aquel que sujetó a Él todas las cosas. (Tiene referencia al hecho de que "todas las cosas" no incluyen a Dios el Padre hecho sujeto a Jesús. Dios es excluido, como debiera ser evidente.)
28 Mas luego que todas las cosas le fueren sujetas (implica que en la época de Pablo, este dominio total todavía no se había ejercido y, de hecho, hasta el momento tampoco se ha ejercido; pero el tiempo vendrá cuando sin duda alguna acontecerá, lo cual será al final del Reinado Milenario), entonces también el Mismo Hijo se sujetará al que le sujetó a Él todas las cosas, para que Dios sea todas las cosas en todos. (No quedará ningún rastro de maldad en ninguna parte del Universo.)
29 De otro modo, ¿qué harán los que se bautizan por los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué pues se bautizan por los muertos? (Pablo realmente está diciendo, "Es un punto infructuoso Bautizar por los muertos, lo cual de todos modos no es Bíblico, si no hay Resurrección como algunos lo enseñan.")
IMPLICACIONES
30 ¿Y por qué nosotros peligramos a toda hora? (La idea es que él no viviría una vida de riesgo constante si no hubiera Resurrección.)
31 Sí hermanos, como que sois mi gloria en Cristo Jesús Señor nuestro (los Corintos podían alegrarse en el Señor porque Pablo les había traído el Mensaje de Redención), cada día muero. (El Apóstol está refiriéndose a su vida que está en peligro constante cada día. Él no está refiriéndose a desaparecerse al pecado diariamente. Él sostenía que deberíamos de una vez morir al pecado, y luego estar muerto al pecado para siempre [Rom. 6:6-11; Gál. 2:20].)
32 Si como hombre batallé en Éfeso contra las bestias, ¿qué me aprovecha si los muertos no resucitan? (No hay que tomarlo literalmente. Él en realidad dice, "arriesgo mi vida diariamente, tan cierto como aquéllos que luchan contra las bestias salvajes en los estadios; además, tan cierto como estos gladiadores morirán tarde o temprano, yo también.") Comamos y bebamos; que mañana moriremos. (Estas palabras presentan el fatalismo de aquéllos que no creen en una Resurrección venidera. Por eso el Apóstol dice, si no hay Resurrección tampoco hay Esperanza.)
33 No erréis (la declaración en realidad dice, "¡no sigan siendo engañados!" significa que muchos Corintos ya habían sido engañados en creer que no había ninguna Resurrección): las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres (debiera traducirse, "las malas ocasiones corrompen morales excelentes").
34 Velad debidamente, y no pequéis (en efecto, dice, "recobren su juicio"); porque algunos no conocen a Dios (en efecto, dice, "algunos son ignorantes de Dios y de Sus Caminos"): para vergüenza vuestra hablo. (Hablo para avergonzarles.)
EL CUERPO RESUCITADO
35 Mas dirá alguno (escéptico), ¿Cómo resucitarán los muertos? (Los escépticos usan el sarcasmo.) ¿Con qué cuerpo vendrán? (Se refiere a la forma, configuración, tamaño, etc. Los falsos profesores se burlaban de la Doctrina de la Resurrección del cuerpo humano.)
36 Necio (la contestación del Espíritu Santo a aquéllos que enseñaban esta doctrina falsa), lo que tú siembras no se vivifica, si no muriere antes (Pablo lo toma de las Palabras de Cristo, cuando Él habló de la semilla que cae en la tierra y muere, y luego produce mucho fruto, lo cual es la naturaleza de la cosecha [Jn. 12:24]):
37 Y lo que siembras, no siembras el cuerpo que ha de salir, sino el grano desnudo (cuando se siembra una semillita, producirá una planta hermosa), acaso de trigo, o de otro grano (no se sabe qué planta crecerá de la semilla):
38 Mas Dios le da el cuerpo como quiso (el proceso de Resurrección está en las Manos de Dios, El Que puede hacer todas las cosas), y a cada simiente su propio cuerpo. (Esto frustra toda especulación evolutiva. Cada persona tendrá su propio cuerpo, no el de la otra. Tendrá su propio color, apariencia, etc., menos las imperfecciones.)
39 Toda carne no es la misma carne (de nuevo, un punto que claramente contradice la teoría de la evolución): mas una carne ciertamente es la de los hombres, y otra carne la de los animales, y otra la de los peces, y otra la de las aves (se refiere a que todos somos de "carne," pero de diferentes tipos).
40 Y cuerpos hay celestiales (cuerpos celestes, como el Sol, la Luna, etc.), y cuerpos terrestres (los cuerpos terrenales, lo que se refiere a seres humanos, animales, árboles, etc.): mas ciertamente una es la gloria de los celestiales, y otra la de los terrenales (la gloria es distinta).
41 Otra es la gloria del Sol, y otra la gloria de la Luna, y otra la gloria de las Estrellas: porque una Estrella es diferente de otra en gloria (Pablo tiene un caso, lo que veremos en el siguiente Versículo).
42 Así también es la Resurrección de los muertos. (Algunos Santos, por su mayor fidelidad, tendrán mayor gloria que otros, que es el caso del Versículo anterior.) Se siembra en corrupción (se refiere a la tumba); se levantará en incorrupción (se refiere a la Forma Glorificada y el tipo de Cuerpo que Dios proporcionará):
43 Se siembra en vergüenza (se refiere a la horrible indignidad de "polvo al polvo"); se levantará con gloria (el mismo cuerpo, pero glorificado): se siembra en flaqueza (muerte); se levantará con potencia (vida):
44 Se siembra cuerpo natural (activado por "sangre," antes de la muerte); resucitará Cuerpo Espiritual (activado por el Espíritu Santo, no por sangre, y será de sustancia inmortal). Hay cuerpo natural (que ahora tenemos), y hay Cuerpo Espiritual. (El Cuerpo Glorificado de nuestro Señor es el ejemplo, y nuestro Cuerpo Glorificado será como el Suyo [I Jn. 3:2].)
NECESIDAD
45 Así también está escrito (Gén. 2:7), Fue hecho el primer hombre Adán en ánima viviente (el cuerpo natural); el postrer Adán (Cristo) en Espíritu vivificante. (La palabra "postrer" es usada. No hará falta otra jamás. "Vivificante" se refiere a la resurección de aquéllos que confían en Él.)
46 Mas lo espiritual no es primero, sino lo natural (Adán vino primero); luego lo espiritual. (Cristo, como el Último Adán, vino segundo para deshacer lo que ocurrió en la Caída.)
47 El primer hombre (Adán), es de la Tierra, terrenal (materialista): el Segundo Hombre (Cristo) que es el Señor, es del Cielo (una diferencia enorme entre el "primer hombre" y el "Segundo Hombre").
48 Cual el terrenal, tales también los terrenales (es el cuerpo y su condición presente a la cual Pablo señala con el término "terrenal"): y cual el Celestial, tales también los Celestiales. (Cristo es "El Ser Celeste," y todos quienes son "los Seres Celestes" se parecen a Él. Pablo sigue hablando de la Resurrección, y cómo es que será.)
49 Y como trajimos la imagen del terrenal (se refiere al hecho de que así como nuestro primer padre, somos frágiles, putrefactos y moribundos), traeremos también la imagen del Celestial. (Lo que nos pareceremos en la Resurrección, es decir, "como Él.")
50 Esto empero digo, Hermanos, que la carne y la sangre no pueden heredar el Reino de Dios (nuestro cuerpo físico actual como es ahora); ni la corrupción hereda la incorrupción. ("La carne y la sangre" están bajo "la corrupción," mientras que "el Reino de Dios" está bajo "la incorrupción.")
LA VICTORIA FINAL
51 He aquí, os digo un misterio (una Revelación nueva dada por el Espíritu Santo a Pablo acerca de la Resurrección, es decir, el Arrebatamiento); todos ciertamente no dormiremos (en el momento de la Resurrección [el Arrebatamiento], muchos Cristianos estarán vivos), mas todos seremos transformados (tanto aquéllos que están muertos como aquéllos que están vivos),
52 En un momento, en un abrir y cerrar de ojos (cuánto tiempo se tomará para que ocurra este cambio), a la final trompeta (no denota por el empleo de la palabra "final" que habrá toques de trompeta sucesivos, sino más bien denota que es la clausura, refiriéndose a la Edad de la Iglesia): porque será tocada la trompeta (es la "Trompeta de Dios" [I Tes. 4:16]), y los muertos serán levantados sin corrupción (los Santos Muertos, sin la naturaleza pecaminosa), y nosotros seremos transformados (ponerse el Cuerpo Glorificado).
53 Porque es necesario que esto corruptible (la naturaleza pecaminosa) sea vestido de incorrupción (un Cuerpo Glorificado sin la naturaleza pecaminosa), y esto mortal (sujeto a la muerte) sea vestido de inmortalidad (nunca morirá).
54 Y cuando esto corruptible (la naturaleza pecaminosa) fuere vestido de incorrupción (la Naturaleza Divina en control total por el Espíritu Santo), y esto mortal (sujeto a la muerte) fuere vestido de inmortalidad (nunca morirá), entonces se efectuará la palabra que está escrita, Sorbida es la muerte en victoria ([Isa. 25:8], las ventajas al máximo de la Cruz serán entonces nuestras, de las cuales ya tenemos sólo las Primicias [Rom. 8:23]).
55 ¿Dónde está, Oh muerte, tu aguijón? (El Apóstol mirando el futuro, y regocijándose en esta gran victoria próxima. El pecado fue para siempre Expiado en la Cruz, que se llevó el aguijón de la muerte.) ¿Dónde está, Oh sepulcro, tu victoria? (Debido a la muerte que fue conquistada, la "tumba" no es más y, nuevamente, todo debido a lo que Cristo hizo en la Cruz [Col. 2:14-15].)
56 Ya que el aguijón de la muerte es pecado (en realidad dice, "el aguijón de la muerte es el pecado"; las palabras "el pecado" se refieren a la naturaleza pecaminosa, que ocurrió en la Caída, y tiene como resultado la muerte [Rom. 6:23]); y la potencia del pecado, la Ley. (Es la Ley de Moisés. Definió el pecado y dio énfasis en su penalidad, lo que es la muerte [Col. 2:14-15].)
57 Mas a Dios gracias, que nos da la victoria por el Señor nuestro Jesucristo. (Esta victoria fue ganada exclusivamente en la Cruz, y la Resurrección que ratificó lo que fue hecho).
58 Así que, Hermanos míos amados, estad firmes (establecidos, con su Fe firmemente aferrada a la Cruz de Cristo) y constantes (no permitiendo que su Fe sea movida de la Cruz de Cristo), creciendo en la Obra del Señor siempre (compartiendo con los demás acerca de lo que Jesús ha hecho, en cuanto a Su gran victoria de la Cruz), sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es vano. (Está proclamando que la Palabra de Dios siempre traerá resultados gloriosos [I Cor. 1:18].)
Primera Corintios Capítulo 13:
Si hablo en lenguas humanas y angelicales, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido. Si tengo el don de profecía y entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento, y si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no soy nada. Si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y si entrego mi cuerpo para que lo consuman las llamas, pero no tengo amor, nada gano con eso. El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor jamás se extingue, mientras que el don de profecía cesará, el de lenguas será silenciado y el de conocimiento desaparecerá. Porque conocemos y profetizamos de manera imperfecta; pero cuando llegue lo perfecto, lo imperfecto desaparecerá. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; cuando llegué a ser adulto, dejé atrás las cosas de niño. Ahora vemos de manera indirecta y velada, como en un espejo; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de manera imperfecta, pero entonces conoceré tal y como soy conocido. Ahora, pues, permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más excelente de ellas es el amor.
Hebreos 10:35-12:4
Así que no pierdan la confianza, porque ésta será grandemente recompensada. Ustedes necesitan perseverar para que, después de haber cumplido la voluntad de Dios, reciban lo que él ha prometido. Pues dentro de muy poco tiempo, "el que ha de venir vendrá, y no tardará. Pero mi justo vivirá por la fe. Y si se vuelve atrás, no será de mi agrado." Pero nosotros no somos de los que se vuelven atrás y acaban por perderse, sino de los que tienen fe y preservan su vida. Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve. Gracias a ella fueron aprobados los antiguos. Por la fe entendemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo visible no provino de lo que se ve. Por la fe Abel ofreció a Dios un sacrificio más aceptable que el de Caín, por lo cual recibió testimonio de ser justo, pues Dios aceptó su ofrenda. Y por la fe Abel, a pesar de estar muerto, habla todavía. Por la fe Enoc fue sacado de este mundo sin experimentar la muerte; no fue hallado porque Dios se lo llevó, pero antes de ser llevado recibió testimonio de haber agradado a Dios. En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan. Por la fe Noé, advertido sobre cosas que aún no se veían, con temor reverente construyó un arca para salvar a su familia. Por esa fe condenó al mundo y llegó a ser heredero de la justicia que viene por la fe. Por la fe Abraham, cuando fue llamado para ir a un lugar que más tarde recibiría como herencia, obedeció y salió sin saber a dónde iba. Por la fe se radicó como extranjero en la tierra prometida, y habitó en tiendas de campaña con Isaac y Jacob, herederos también de la misma promesa, porque esperaba la ciudad de cimientos sólidos, de la cual Dios es arquitecto y constructor. Por la fe Abraham, a pesar de su avanzada edad y de que Sara misma era estéril, recibió fuerza para tener hijos, porque consideró fiel al que le había hecho la promesa. Así que de este solo hombre, ya en decadencia, nacieron descendientes numerosos como las estrellas del cielo e incontables como la arena a la orilla del mar. Todos ellos vivieron por la fe, y murieron sin haber recibido las cosas prometidas; más bien, las reconocieron a lo lejos, y confesaron que eran extranjeros y peregrinos en la tierra. Al expresarse así, claramente dieron a entender que andaban en busca de una patria. Si hubieran estado pensando en aquella patria de donde habían emigrado, habrían tenido oportunidad de regresar a ella. Antes bien, anhelaban una patria mejor, es decir, la celestial. Por lo tanto, Dios no se avergonzó de ser llamado su Dios, y les preparó una ciudad. Por la fe Abraham, que había recibido las promesas, fue puesto a prueba y ofreció a Isaac, su hijo único, a pesar de que Dios le había dicho: "Tu descendencia se establecerá por medio de Isaac." Consideraba Abraham que Dios tiene poder hasta para resucitar a los muertos, y así, en sentido figurado, recobró a Isaac de entre los muertos. Por la fe Isaac bendijo a Jacob y a Esaú, previendo lo que les esperaba en el futuro. Por la fe Jacob, cuando estaba a punto de morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyándose en la punta de su bastón. Por la fe José, al fin de su vida, se refirió a la salida de los israelitas de Egipto y dio instrucciones acerca de sus restos mortales. Por la fe Moisés, recién nacido, fue escondido por sus padres durante tres meses, porque vieron que era un niño precioso, y no tuvieron miedo del edicto del rey. Por la fe Moisés, ya adulto, renunció a ser llamado hijo de la hija del faraón. Prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar de los efímeros placeres del pecado. Consideró que el oprobio por causa del Mesías era una mayor riqueza que los tesoros de Egipto, porque tenía la mirada puesta en la recompensa. Por la fe salió de Egipto sin tenerle miedo a la ira del rey, pues se mantuvo firme como si estuviera viendo al Invisible. Por la fe celebró la Pascua y el rociamiento de la sangre, para que el exterminador de los primogénitos no tocara a los de Israel. Por la fe el pueblo cruzó el Mar Rojo como por tierra seca; pero cuando los egipcios intentaron cruzarlo, se ahogaron. Por la fe cayeron las murallas de Jericó, después de haber marchado el pueblo siete días a su alrededor. Por la fe la prostituta Rahab no murió junto con los desobedientes, pues había recibido en paz a los espías. ¿Qué más voy a decir? Me faltaría tiempo para hablar de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas, los cuales por la fe conquistaron reinos, hicieron justicia y alcanzaron lo prometido; cerraron bocas de leones, apagaron la furia de las llamas y escaparon del filo de la espada; sacaron fuerzas de flaqueza; se mostraron valientes en la guerra y pusieron en fuga a ejércitos extranjeros. Hubo mujeres que por la resurrección recobraron a sus muertos. Otros, en cambio, fueron muertos a golpes, pues para alcanzar una mejor resurrección no aceptaron que los pusieran en libertad. Otros sufrieron la prueba de burlas y azotes, e incluso de cadenas y cárceles. Fueron apedreados, aserrados por la mitad, asesinados a filo de espada. Anduvieron fugitivos de aquí para allá, cubiertos de pieles de oveja y de cabra, pasando necesidades, afligidos y maltratados. ¡El mundo no merecía gente así! Anduvieron sin rumbo por desiertos y montañas, por cuevas y cavernas. Aunque todos obtuvieron un testimonio favorable mediante la fe, ninguno de ellos vio el cumplimiento de la promesa. Esto sucedió para que ellos no llegaran a la meta sin nosotros, pues Dios nos había preparado algo mejor. Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo. En la lucha que ustedes libran contra el pecado, todavía no han tenido que resistir hasta derramar su sangre.
Romanos 8:
Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte. En efecto, la ley no pudo liberarnos porque la naturaleza pecaminosa anuló su poder; por eso Dios envió a su propio Hijo en condición semejante a nuestra condición de pecadores, para que se ofreciera en sacrificio por el pecado. Así condenó Dios al pecado en la naturaleza humana, a fin de que las justas demandas de la ley se cumplieran en nosotros, que no vivimos según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu. Los que viven conforme a la naturaleza pecaminosa fijan la mente en los deseos de tal naturaleza; en cambio, los que viven conforme al Espíritu fijan la mente en los deseos del Espíritu. La mentalidad pecaminosa es muerte, mientras que la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz. La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo. Los que viven según la naturaleza pecaminosa no pueden agradar a Dios. Sin embargo, ustedes no viven según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios vive en ustedes. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo. Pero si Cristo está en ustedes, el cuerpo está muerto a causa del pecado, pero el Espíritu que está en ustedes es vida a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en ustedes. Por tanto, hermanos, tenemos una obligación, pero no es la de vivir conforme a la naturaleza pecaminosa. Porque si ustedes viven conforme a ella, morirán; pero si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: "¡Abba! ¡Padre!" El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria. De hecho, considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros. La creación aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de Dios, porque fue sometida a la frustración. Esto no sucedió por su propia voluntad, sino por la del que así lo dispuso. Pero queda la firme esperanza de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera dolores de parto. Y no sólo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esa esperanza fuimos salvados. Pero la esperanza que se ve, ya no es esperanza. ¿Quién espera lo que ya tiene? Pero si esperamos lo que todavía no tenemos, en la espera mostramos nuestra constancia. Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios. Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito. Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. A los que predestinó, también los llamó; a los que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó. ¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas? ¿Quién acusará a los que Dios ha escogido? Dios es el que justifica. ¿Quién condenará? Cristo Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros. ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia? Así está escrito: "Por tu causa nos vemos amenazados de muerte todo el día; nos tratan como a ovejas destinadas al matadero." Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.
El 25 de julio Lectura Bíblica Diaria:
Mateo 7 a 9:
7 No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano. No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen. Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan? Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas. Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan. Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis. No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad. Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina. Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. 8Cuando descendió Jesús del monte, le seguía mucha gente. Y he aquí vino un leproso y se postró ante él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció. Entonces Jesús le dijo: Mira, no lo digas a nadie; sino vé, muéstrate al sacerdote, y presenta la ofrenda que ordenó Moisés, para testimonio a ellos. Entrando Jesús en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole, y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado. Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré. Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente dí la palabra, y mi criado sanará. Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Vé, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe. Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos; mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes. Entonces Jesús dijo al centurión: Vé, y como creíste, te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella misma hora. Vino Jesús a casa de Pedro, y vio a la suegra de éste postrada en cama, con fiebre. Y tocó su mano, y la fiebre la dejó; y ella se levantó, y les servía. Y cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos; para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias. Viéndose Jesús rodeado de mucha gente, mandó pasar al otro lado. Y vino un escriba y le dijo: Maestro, te seguiré adondequiera que vayas. Jesús le dijo: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza. Otro de sus discípulos le dijo: Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre. Jesús le dijo: Sígueme; deja que los muertos entierren a sus muertos. Y entrando él en la barca, sus discípulos le siguieron. Y he aquí que se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca; pero él dormía. Y vinieron sus discípulos y le despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos! El les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza. Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen? Cuando llegó a la otra orilla, a la tierra de los gadarenos, vinieron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, feroces en gran manera, tanto que nadie podía pasar por aquel camino. Y clamaron diciendo: ¿Qué tienes con nosotros, Jesús, Hijo de Dios? ¿Has venido acá para atormentarnos antes de tiempo? Estaba paciendo lejos de ellos un hato de muchos cerdos. Y los demonios le rogaron diciendo: Si nos echas fuera, permítenos ir a aquel hato de cerdos. El les dijo: Id. Y ellos salieron, y se fueron a aquel hato de cerdos; y he aquí, todo el hato de cerdos se precipitó en el mar por un despeñadero, y perecieron en las aguas. Y los que los apacentaban huyeron, y viniendo a la ciudad, contaron todas las cosas, y lo que había pasado con los endemoniados. Y toda la ciudad salió al encuentro de Jesús; y cuando le vieron, le rogaron que se fuera de sus contornos. 9 Entonces, entrando Jesús en la barca, pasó al otro lado y vino a su ciudad. Y sucedió que le trajeron un paralítico, tendido sobre una cama; y al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados. Entonces algunos de los escribas decían dentro de sí: Este blasfema. Y conociendo Jesús los pensamientos de ellos, dijo: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? Porque, ¿qué es más fácil, decir: Los pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dice entonces al paralítico): Levántate, toma tu cama, y vete a tu casa. Entonces él se levantó y se fue a su casa. Y la gente, al verlo, se maravilló y glorificó a Dios, que había dado tal potestad a los hombres. Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y se levantó y le siguió. Y aconteció que estando él sentado a la mesa en la casa, he aquí que muchos publicanos y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y sus discípulos. Cuando vieron esto los fariseos, dijeron a los discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores? Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento. Entonces vinieron a él los discípulos de Juan, diciendo: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos muchas veces, y tus discípulos no ayunan? Jesús les dijo: ¿Acaso pueden los que están de bodas tener luto entre tanto que el esposo está con ellos? Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado, y entonces ayunarán. Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; porque tal remiendo tira del vestido, y se hace peor la rotura. Ni echan vino nuevo en odres viejos; de otra manera los odres se rompen, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero echan el vino nuevo en odres nuevos, y lo uno y lo otro se conservan juntamente. Mientras él les decía estas cosas, vino un hombre principal y se postró ante él, diciendo: Mi hija acaba de morir; mas ven y pon tu mano sobre ella, y vivirá. Y se levantó Jesús, y le siguió con sus discípulos. Y he aquí una mujer enferma de flujo de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto; porque decía dentro de sí: Si tocare solamente su manto, seré salva. Pero Jesús, volviéndose y mirándola, dijo: Ten ánimo, hija; tu fe te ha salvado. Y la mujer fue salva desde aquella hora. Al entrar Jesús en la casa del principal, viendo a los que tocaban flautas, y la gente que hacía alboroto, les dijo: Apartaos, porque la niña no está muerta, sino duerme. Y se burlaban de él. Pero cuando la gente había sido echada fuera, entró, y tomó de la mano a la niña, y ella se levantó. Y se difundió la fama de esto por toda aquella tierra. Pasando Jesús de allí, le siguieron dos ciegos, dando voces y diciendo: ¡Ten misericordia de nosotros, Hijo de David! Y llegado a la casa, vinieron a él los ciegos; y Jesús les dijo: ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos dijeron: Sí, Señor. Entonces les tocó los ojos, diciendo: Conforme a vuestra fe os sea hecho. Y los ojos de ellos fueron abiertos. Y Jesús les encargó rigurosamente, diciendo: Mirad que nadie lo sepa. Pero salidos ellos, divulgaron la fama de él por toda aquella tierra. Mientras salían ellos, he aquí, le trajeron un mudo, endemoniado. Y echado fuera el demonio, el mudo habló; y la gente se maravillaba, y decía: Nunca se ha visto cosa semejante en Israel. Pero los fariseos decían: Por el príncipe de los demonios echa fuera los demonios. Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.
Salmo 125:
Los que confían en el Señor son como el monte Sión, que jamás será conmovido, que permanecerá para siempre. Como rodean las colinas a Jerusalén, así rodea el Señor a su pueblo, desde ahora y para siempre. No prevalecerá el cetro de los impíos sobre la heredad asignada a los justos, para que nunca los justos extiendan sus manos hacia la maldad. Haz bien, Señor, a los que son buenos, a los de recto corazón. Pero a los que van por caminos torcidos deséchalos, Señor, junto con los malhechores. ¡Que haya paz en Israel!
Proverbios 29:
El que es reacio a las reprensiones será destruido de repente y sin remedio. Cuando los justos prosperan, el pueblo se alegra; cuando los impíos gobiernan, el pueblo gime. El que ama la sabiduría alegra a su padre; el que frecuenta rameras derrocha su fortuna. Con justicia el rey da estabilidad al país; cuando lo abruma con tributos, lo destruye. El que adula a su prójimo le tiende una trampa. Al malvado lo atrapa su propia maldad, pero el justo puede cantar de alegría. El justo se ocupa de la causa del desvalido; el malvado ni sabe de qué se trata. Los insolentes conmocionan a la ciudad, pero los sabios apaciguan los ánimos. Cuando el sabio entabla pleito contra un necio, aunque se enoje o se ría, nada arreglará. Los asesinos aborrecen a los íntegros, y tratan de matar a los justos. El necio da rienda suelta a su ira, pero el sabio sabe dominarla. Cuando un gobernante se deja llevar por mentiras, todos sus oficiales se corrompen. Algo en común tienen el pobre y el opresor: a los dos el Señor les ha dado la vista. El rey que juzga al pobre según la verdad afirma su trono para siempre. La vara de la disciplina imparte sabiduría, pero el hijo malcriado avergüenza a su madre. Cuando prospera el impío, prospera el pecado, pero los justos presenciarán su caída. Disciplina a tu hijo, y te traerá tranquilidad; te dará muchas satisfacciones. Donde no hay visión, el pueblo se extravía; ¡dichosos los que son obedientes a la ley! No sólo con palabras se corrige al siervo; aunque entienda, no obedecerá. ¿Te has fijado en los que hablan sin pensar? ¡Más se puede esperar de un necio que de gente así! Quien consiente a su criado cuando éste es niño, al final habrá de lamentarlo. El hombre iracundo provoca peleas; el hombre violento multiplica sus crímenes. El altivo será humillado, pero el humilde será enaltecido. El cómplice del ladrón atenta contra sí mismo; aunque esté bajo juramento, no testificará. Temer a los hombres resulta una trampa, pero el que confía en el Señor sale bien librado. Muchos buscan el favor del gobernante, pero la sentencia del hombre la dicta el Señor. Los justos aborrecen a los malvados, y los malvados aborrecen a los justos.
El Libro de Primera de Corintios Capítulo 15 del Nuevo Testamento del Expositor por Jimmy Swaggart:
LA EPÍSTOLA DEL APÓSTOL PABLO A LOS
CORINTIOS
CAPÍTULO 15
(59 d.C.)
LA RESURRECCIÓN
ADEMÁS os declaro, Hermanos, el Evangelio que os he Predicado (fue a Pablo a quien se le dio el significado del Nuevo Convenio, que, en efecto, es el significado de la Cruz y la Resurrección), el cual también recibisteis (Salvación), en el cual también perseveráis (vivir una vida victoriosa);
2 Por el cual asimismo, si retenéis la Palabra que os he Predicado (Heb. 2:1), sois salvos (creer en la Resurrección es absolutamente indispensable a la Salvación), si no creísteis en vano. (Se refiere a creer en un principio y luego retroceder, lo cual hará que se pierda el alma. Desmiente la doctrina no Bíblica de la Seguridad Eterna Incondicional.)
3 Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí (el significado del Nuevo Convenio), que Cristo fue muerto por nuestros pecados conforme a Las Escrituras ([Sal. 22:15], se refiere a la Cruz de Cristo);
4 Y que Él fue sepultado (porque Él en realidad murió, no solamente se desmayó como algunos afirman), y que resucitó al tercer día, conforme a Las Escrituras ([Isa. 53:10; Os. 6:2], la Resurrección de Cristo fue la demostración de la perfección y la eficacia de Su Expiación):
5 Y que Él apareció (después de Su Resurrección) a Cefas (Pedro), y después a los Doce (comprueba que Pablo no fue destinado para ser el Duodécimo Apóstol, como algunos afirman):
6 Después (después de aquellas apariciones) apareció a más de quinientos Hermanos juntos (muchos creen que esta aparición ocurrió en Galilea); de los cuales muchos viven aun (todavía viven), y otros son muertos (han muerto).
7 Después apareció a Santiago (el Hermano del Señor, que no creyó en Él durante Su Ministerio terrenal [Jn. 7:5]); después a todos los Apóstoles (Luc. 24:50).
8 Y el postrero de todos, como a un abortivo (ocurrió después de la Ascensión de Cristo), me apareció a mí (él no quiso decir que fue un momento inoportuno, sino que no era digno de lo que el Señor hizo por él).
9 Porque yo soy el más pequeño de los Apóstoles (no es la modestia fingida, sino más bien la humildad más profunda), que no soy digno (merecedor) de ser llamado Apóstol, porque perseguí la Iglesia de Dios (antes de su conversión).
10 Empero por la Gracia de Dios soy lo que soy (concierne el Favor o la Misericordia de Dios): y Su Gracia no ha sido en vano para conmigo (no estaba sin efecto, diciéndonos que está sin efecto con muchos); antes he trabajado más que todos ellos (la Gracia le permitió a Pablo lograr mucho porque él tenía una mayor comprensión de la Gracia que los demás, que se refiere a la Cruz, el medio de la Gracia): pero no yo, sino la Gracia de Dios que fue conmigo (la tiene todos los Creyentes que miran hacia la Cruz [I Cor. 1:17]).
11 Porque, o sea yo o sean ellos (en este caso, los otros Apóstoles), así Predicamos (lo que ellos Predicaron), y así habéis creído. (Los falsos profesores habían estado intentando desviar su Fe de la Resurrección venidera. ¡Permítale al lector entender que la Resurrección y el Arrebatamiento son lo mismo!)
LA IMPORTANCIA DE LA
RESURRECCIÓN
12 Y si Cristo es predicado que resucitó de los muertos ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay Resurrección de muertos? (Algunos en realidad negaban reconocer la Doctrina de la Resurrección.)
13 Porque si no hay Resurrección de muertos, Cristo tampoco resucitó (la Expiación y la Resurrección son las dos primeras piedras del Evangelio, y si niega una de ellas, entonces el Evangelio deja de existir; nuevamente, permítenos aclarar la Verdad, si usted no cree en el Arrebatamiento, entonces no cree en la Resurrección porque es lo mismo):
14 Y si Cristo no resucitó (si incluso se dejara un pecado sin expiar, entonces Cristo no podía haber resucitado, "porque la paga del pecado es la muerte" [Rom. 6:23]; el hecho de Su Resurrección comprueba la Expiación de todo el pecado, pasado, presente y futuro, al menos a aquéllos que creerán [Jn. 3:16]), vana es entonces nuestra Predicación, vana es también vuestra Fe (naderías vacías).
15 Y aun somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que Él haya levantado a Cristo: Al Cual no levantó, si en verdad los muertos no resucitan. (La Resurrección de los Santos depende completamente de la Resurrección de Cristo. La anterior garantiza lo posterior, y sin la anterior no hay posterior.)
16 Porque si los muertos no resucitan (si no hay Resurrección de los Santos), tampoco Cristo resucitó (una repetición del Versículo 13 para recalcar el argumento de que la Fe Cristiana en la Resurrección no radica en teoría filosófica, sino en hecho histórico):
17 Y si Cristo no resucitó, vuestra Fe es vana (los que no creen en la Expiación y la Resurrección tienen una fe nula); aún estáis en vuestros pecados. (Los pecados son perdonados y limpiados sólo por medio y a través de lo que Cristo hizo en la Cruz y en la Resurrección, y nuestra Fe en aquella Obra Terminada. De lo contrario, los pecados permanecen, lo que presenta una situación de proporciones calamitosas.)
18 Entonces también los que durmieron en Cristo son perdidos (perdidos para siempre).
19 Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, los más miserables somos de todos los hombres. (Lo que va a venir en la Resurrección está tan adelantado de lo que actualmente es, que no hay comparación.)
LA RESURRECCIÓN DE
LOS CREYENTES
20 Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos (así dice el Espíritu Santo), Primicias de los que durmieron es hecho. (La Resurrección de Cristo garantiza la Resurrección de todos los Santos.)
21 Porque por cuanto la muerte (se refiere a Adán y la Caída en el Huerto de Edén, y se trata de la muerte espiritual, la separación de Dios) entró por un hombre, también por un Hombre la Resurrección de los muertos. (El Señor Jesucristo Quien Expió todo el pecado, por ello, haciéndolo posible para el hombre de unirse nuevamente con Dios, que garantiza la Resurrección.)
22 Porque así como en Adán todos mueren (la muerte espiritual, la separación de Dios), así también en Cristo todos serán vivificados. (En el primer hombre, todos murieron. En el Segundo Hombre, todos serán vivificados, al menos a aquéllos que creen [Jn. 3:16].)
23 Mas cada uno en su orden (Cristo primero, y luego todos los Creyentes más tarde): Cristo las Primicias (Él fue el Primero en resucitar de entre los muertos, para nunca más morir); luego los que son de Cristo, en Su Venida. (El Arrebatamiento de la Iglesia no tiene nada que ver con la Segunda Venida [I Tes. 4:13-18].)
24 Luego el fin (no se refiere al momento inmediato después del Arrebatamiento ni de la Segunda Venida, sino más bien cuando todo el señorío Satánico y las autoridades han sido eliminados, que ocurrirá en la conclusión del Reinado Milenario [Apoc., cap. 20]), cuando Él (Jesús) entregará el Reino a Dios y al Padre; cuando habrá quitado todo imperio, y toda potencia y potestad. (Él acabará el señorío de Satanás, etc.; el medio por el cual fue hecho posible por la Cruz y la Resurrección.)
25 Porque es menester que Él (Jesús) reine (se refiere al reinado de 1.000 años de Cristo en la Tierra después de Su regreso), hasta poner a todos sus enemigos debajo de Sus Pies (la subyugación de todos los poderes malignos, que ocurrirá en la conclusión del Reinado Milenario [Apoc., cap. 20]).
26 Y el postrer enemigo que será deshecho (abolido), será la muerte. (La muerte es el resultado del pecado [Rom. 6:23], y la Cruz se dirigió a todo pecado. Después de la Resurrección, cuando se le dé a los Santos cuerpos glorificados, será imposible pecar. Incluso durante el Reinado Milenario, el pecado todavía estará en el mundo, pero no en los Santos Glorificados. Será erradicado cuando Satanás y todos sus ángeles caídos y los espíritus demoníacos, más toda la gente que lo siguió, son echados en el Lago de Fuego, donde permanecerán para siempre [Apoc., cap. 20]. Entonces la muerte ya no existirá más.)
27 Porque todas las cosas sujetó debajo de Sus Pies (Dios el Padre ha puesto todas las cosas bajo los Pies de Jesús). Y cuando dice, Todas las cosas son sujetadas a Él, claro está exceptuado aquel que sujetó a Él todas las cosas. (Tiene referencia al hecho de que "todas las cosas" no incluyen a Dios el Padre hecho sujeto a Jesús. Dios es excluido, como debiera ser evidente.)
28 Mas luego que todas las cosas le fueren sujetas (implica que en la época de Pablo, este dominio total todavía no se había ejercido y, de hecho, hasta el momento tampoco se ha ejercido; pero el tiempo vendrá cuando sin duda alguna acontecerá, lo cual será al final del Reinado Milenario), entonces también el Mismo Hijo se sujetará al que le sujetó a Él todas las cosas, para que Dios sea todas las cosas en todos. (No quedará ningún rastro de maldad en ninguna parte del Universo.)
29 De otro modo, ¿qué harán los que se bautizan por los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué pues se bautizan por los muertos? (Pablo realmente está diciendo, "Es un punto infructuoso Bautizar por los muertos, lo cual de todos modos no es Bíblico, si no hay Resurrección como algunos lo enseñan.")
IMPLICACIONES
30 ¿Y por qué nosotros peligramos a toda hora? (La idea es que él no viviría una vida de riesgo constante si no hubiera Resurrección.)
31 Sí hermanos, como que sois mi gloria en Cristo Jesús Señor nuestro (los Corintos podían alegrarse en el Señor porque Pablo les había traído el Mensaje de Redención), cada día muero. (El Apóstol está refiriéndose a su vida que está en peligro constante cada día. Él no está refiriéndose a desaparecerse al pecado diariamente. Él sostenía que deberíamos de una vez morir al pecado, y luego estar muerto al pecado para siempre [Rom. 6:6-11; Gál. 2:20].)
32 Si como hombre batallé en Éfeso contra las bestias, ¿qué me aprovecha si los muertos no resucitan? (No hay que tomarlo literalmente. Él en realidad dice, "arriesgo mi vida diariamente, tan cierto como aquéllos que luchan contra las bestias salvajes en los estadios; además, tan cierto como estos gladiadores morirán tarde o temprano, yo también.") Comamos y bebamos; que mañana moriremos. (Estas palabras presentan el fatalismo de aquéllos que no creen en una Resurrección venidera. Por eso el Apóstol dice, si no hay Resurrección tampoco hay Esperanza.)
33 No erréis (la declaración en realidad dice, "¡no sigan siendo engañados!" significa que muchos Corintos ya habían sido engañados en creer que no había ninguna Resurrección): las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres (debiera traducirse, "las malas ocasiones corrompen morales excelentes").
34 Velad debidamente, y no pequéis (en efecto, dice, "recobren su juicio"); porque algunos no conocen a Dios (en efecto, dice, "algunos son ignorantes de Dios y de Sus Caminos"): para vergüenza vuestra hablo. (Hablo para avergonzarles.)
EL CUERPO RESUCITADO
35 Mas dirá alguno (escéptico), ¿Cómo resucitarán los muertos? (Los escépticos usan el sarcasmo.) ¿Con qué cuerpo vendrán? (Se refiere a la forma, configuración, tamaño, etc. Los falsos profesores se burlaban de la Doctrina de la Resurrección del cuerpo humano.)
36 Necio (la contestación del Espíritu Santo a aquéllos que enseñaban esta doctrina falsa), lo que tú siembras no se vivifica, si no muriere antes (Pablo lo toma de las Palabras de Cristo, cuando Él habló de la semilla que cae en la tierra y muere, y luego produce mucho fruto, lo cual es la naturaleza de la cosecha [Jn. 12:24]):
37 Y lo que siembras, no siembras el cuerpo que ha de salir, sino el grano desnudo (cuando se siembra una semillita, producirá una planta hermosa), acaso de trigo, o de otro grano (no se sabe qué planta crecerá de la semilla):
38 Mas Dios le da el cuerpo como quiso (el proceso de Resurrección está en las Manos de Dios, El Que puede hacer todas las cosas), y a cada simiente su propio cuerpo. (Esto frustra toda especulación evolutiva. Cada persona tendrá su propio cuerpo, no el de la otra. Tendrá su propio color, apariencia, etc., menos las imperfecciones.)
39 Toda carne no es la misma carne (de nuevo, un punto que claramente contradice la teoría de la evolución): mas una carne ciertamente es la de los hombres, y otra carne la de los animales, y otra la de los peces, y otra la de las aves (se refiere a que todos somos de "carne," pero de diferentes tipos).
40 Y cuerpos hay celestiales (cuerpos celestes, como el Sol, la Luna, etc.), y cuerpos terrestres (los cuerpos terrenales, lo que se refiere a seres humanos, animales, árboles, etc.): mas ciertamente una es la gloria de los celestiales, y otra la de los terrenales (la gloria es distinta).
41 Otra es la gloria del Sol, y otra la gloria de la Luna, y otra la gloria de las Estrellas: porque una Estrella es diferente de otra en gloria (Pablo tiene un caso, lo que veremos en el siguiente Versículo).
42 Así también es la Resurrección de los muertos. (Algunos Santos, por su mayor fidelidad, tendrán mayor gloria que otros, que es el caso del Versículo anterior.) Se siembra en corrupción (se refiere a la tumba); se levantará en incorrupción (se refiere a la Forma Glorificada y el tipo de Cuerpo que Dios proporcionará):
43 Se siembra en vergüenza (se refiere a la horrible indignidad de "polvo al polvo"); se levantará con gloria (el mismo cuerpo, pero glorificado): se siembra en flaqueza (muerte); se levantará con potencia (vida):
44 Se siembra cuerpo natural (activado por "sangre," antes de la muerte); resucitará Cuerpo Espiritual (activado por el Espíritu Santo, no por sangre, y será de sustancia inmortal). Hay cuerpo natural (que ahora tenemos), y hay Cuerpo Espiritual. (El Cuerpo Glorificado de nuestro Señor es el ejemplo, y nuestro Cuerpo Glorificado será como el Suyo [I Jn. 3:2].)
NECESIDAD
45 Así también está escrito (Gén. 2:7), Fue hecho el primer hombre Adán en ánima viviente (el cuerpo natural); el postrer Adán (Cristo) en Espíritu vivificante. (La palabra "postrer" es usada. No hará falta otra jamás. "Vivificante" se refiere a la resurección de aquéllos que confían en Él.)
46 Mas lo espiritual no es primero, sino lo natural (Adán vino primero); luego lo espiritual. (Cristo, como el Último Adán, vino segundo para deshacer lo que ocurrió en la Caída.)
47 El primer hombre (Adán), es de la Tierra, terrenal (materialista): el Segundo Hombre (Cristo) que es el Señor, es del Cielo (una diferencia enorme entre el "primer hombre" y el "Segundo Hombre").
48 Cual el terrenal, tales también los terrenales (es el cuerpo y su condición presente a la cual Pablo señala con el término "terrenal"): y cual el Celestial, tales también los Celestiales. (Cristo es "El Ser Celeste," y todos quienes son "los Seres Celestes" se parecen a Él. Pablo sigue hablando de la Resurrección, y cómo es que será.)
49 Y como trajimos la imagen del terrenal (se refiere al hecho de que así como nuestro primer padre, somos frágiles, putrefactos y moribundos), traeremos también la imagen del Celestial. (Lo que nos pareceremos en la Resurrección, es decir, "como Él.")
50 Esto empero digo, Hermanos, que la carne y la sangre no pueden heredar el Reino de Dios (nuestro cuerpo físico actual como es ahora); ni la corrupción hereda la incorrupción. ("La carne y la sangre" están bajo "la corrupción," mientras que "el Reino de Dios" está bajo "la incorrupción.")
LA VICTORIA FINAL
51 He aquí, os digo un misterio (una Revelación nueva dada por el Espíritu Santo a Pablo acerca de la Resurrección, es decir, el Arrebatamiento); todos ciertamente no dormiremos (en el momento de la Resurrección [el Arrebatamiento], muchos Cristianos estarán vivos), mas todos seremos transformados (tanto aquéllos que están muertos como aquéllos que están vivos),
52 En un momento, en un abrir y cerrar de ojos (cuánto tiempo se tomará para que ocurra este cambio), a la final trompeta (no denota por el empleo de la palabra "final" que habrá toques de trompeta sucesivos, sino más bien denota que es la clausura, refiriéndose a la Edad de la Iglesia): porque será tocada la trompeta (es la "Trompeta de Dios" [I Tes. 4:16]), y los muertos serán levantados sin corrupción (los Santos Muertos, sin la naturaleza pecaminosa), y nosotros seremos transformados (ponerse el Cuerpo Glorificado).
53 Porque es necesario que esto corruptible (la naturaleza pecaminosa) sea vestido de incorrupción (un Cuerpo Glorificado sin la naturaleza pecaminosa), y esto mortal (sujeto a la muerte) sea vestido de inmortalidad (nunca morirá).
54 Y cuando esto corruptible (la naturaleza pecaminosa) fuere vestido de incorrupción (la Naturaleza Divina en control total por el Espíritu Santo), y esto mortal (sujeto a la muerte) fuere vestido de inmortalidad (nunca morirá), entonces se efectuará la palabra que está escrita, Sorbida es la muerte en victoria ([Isa. 25:8], las ventajas al máximo de la Cruz serán entonces nuestras, de las cuales ya tenemos sólo las Primicias [Rom. 8:23]).
55 ¿Dónde está, Oh muerte, tu aguijón? (El Apóstol mirando el futuro, y regocijándose en esta gran victoria próxima. El pecado fue para siempre Expiado en la Cruz, que se llevó el aguijón de la muerte.) ¿Dónde está, Oh sepulcro, tu victoria? (Debido a la muerte que fue conquistada, la "tumba" no es más y, nuevamente, todo debido a lo que Cristo hizo en la Cruz [Col. 2:14-15].)
56 Ya que el aguijón de la muerte es pecado (en realidad dice, "el aguijón de la muerte es el pecado"; las palabras "el pecado" se refieren a la naturaleza pecaminosa, que ocurrió en la Caída, y tiene como resultado la muerte [Rom. 6:23]); y la potencia del pecado, la Ley. (Es la Ley de Moisés. Definió el pecado y dio énfasis en su penalidad, lo que es la muerte [Col. 2:14-15].)
57 Mas a Dios gracias, que nos da la victoria por el Señor nuestro Jesucristo. (Esta victoria fue ganada exclusivamente en la Cruz, y la Resurrección que ratificó lo que fue hecho).
58 Así que, Hermanos míos amados, estad firmes (establecidos, con su Fe firmemente aferrada a la Cruz de Cristo) y constantes (no permitiendo que su Fe sea movida de la Cruz de Cristo), creciendo en la Obra del Señor siempre (compartiendo con los demás acerca de lo que Jesús ha hecho, en cuanto a Su gran victoria de la Cruz), sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es vano. (Está proclamando que la Palabra de Dios siempre traerá resultados gloriosos [I Cor. 1:18].)
Primera Corintios Capítulo 13:
Si hablo en lenguas humanas y angelicales, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido. Si tengo el don de profecía y entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento, y si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no soy nada. Si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y si entrego mi cuerpo para que lo consuman las llamas, pero no tengo amor, nada gano con eso. El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor jamás se extingue, mientras que el don de profecía cesará, el de lenguas será silenciado y el de conocimiento desaparecerá. Porque conocemos y profetizamos de manera imperfecta; pero cuando llegue lo perfecto, lo imperfecto desaparecerá. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; cuando llegué a ser adulto, dejé atrás las cosas de niño. Ahora vemos de manera indirecta y velada, como en un espejo; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de manera imperfecta, pero entonces conoceré tal y como soy conocido. Ahora, pues, permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más excelente de ellas es el amor.
Hebreos 10:35-12:4
Así que no pierdan la confianza, porque ésta será grandemente recompensada. Ustedes necesitan perseverar para que, después de haber cumplido la voluntad de Dios, reciban lo que él ha prometido. Pues dentro de muy poco tiempo, "el que ha de venir vendrá, y no tardará. Pero mi justo vivirá por la fe. Y si se vuelve atrás, no será de mi agrado." Pero nosotros no somos de los que se vuelven atrás y acaban por perderse, sino de los que tienen fe y preservan su vida. Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve. Gracias a ella fueron aprobados los antiguos. Por la fe entendemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo visible no provino de lo que se ve. Por la fe Abel ofreció a Dios un sacrificio más aceptable que el de Caín, por lo cual recibió testimonio de ser justo, pues Dios aceptó su ofrenda. Y por la fe Abel, a pesar de estar muerto, habla todavía. Por la fe Enoc fue sacado de este mundo sin experimentar la muerte; no fue hallado porque Dios se lo llevó, pero antes de ser llevado recibió testimonio de haber agradado a Dios. En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan. Por la fe Noé, advertido sobre cosas que aún no se veían, con temor reverente construyó un arca para salvar a su familia. Por esa fe condenó al mundo y llegó a ser heredero de la justicia que viene por la fe. Por la fe Abraham, cuando fue llamado para ir a un lugar que más tarde recibiría como herencia, obedeció y salió sin saber a dónde iba. Por la fe se radicó como extranjero en la tierra prometida, y habitó en tiendas de campaña con Isaac y Jacob, herederos también de la misma promesa, porque esperaba la ciudad de cimientos sólidos, de la cual Dios es arquitecto y constructor. Por la fe Abraham, a pesar de su avanzada edad y de que Sara misma era estéril, recibió fuerza para tener hijos, porque consideró fiel al que le había hecho la promesa. Así que de este solo hombre, ya en decadencia, nacieron descendientes numerosos como las estrellas del cielo e incontables como la arena a la orilla del mar. Todos ellos vivieron por la fe, y murieron sin haber recibido las cosas prometidas; más bien, las reconocieron a lo lejos, y confesaron que eran extranjeros y peregrinos en la tierra. Al expresarse así, claramente dieron a entender que andaban en busca de una patria. Si hubieran estado pensando en aquella patria de donde habían emigrado, habrían tenido oportunidad de regresar a ella. Antes bien, anhelaban una patria mejor, es decir, la celestial. Por lo tanto, Dios no se avergonzó de ser llamado su Dios, y les preparó una ciudad. Por la fe Abraham, que había recibido las promesas, fue puesto a prueba y ofreció a Isaac, su hijo único, a pesar de que Dios le había dicho: "Tu descendencia se establecerá por medio de Isaac." Consideraba Abraham que Dios tiene poder hasta para resucitar a los muertos, y así, en sentido figurado, recobró a Isaac de entre los muertos. Por la fe Isaac bendijo a Jacob y a Esaú, previendo lo que les esperaba en el futuro. Por la fe Jacob, cuando estaba a punto de morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyándose en la punta de su bastón. Por la fe José, al fin de su vida, se refirió a la salida de los israelitas de Egipto y dio instrucciones acerca de sus restos mortales. Por la fe Moisés, recién nacido, fue escondido por sus padres durante tres meses, porque vieron que era un niño precioso, y no tuvieron miedo del edicto del rey. Por la fe Moisés, ya adulto, renunció a ser llamado hijo de la hija del faraón. Prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar de los efímeros placeres del pecado. Consideró que el oprobio por causa del Mesías era una mayor riqueza que los tesoros de Egipto, porque tenía la mirada puesta en la recompensa. Por la fe salió de Egipto sin tenerle miedo a la ira del rey, pues se mantuvo firme como si estuviera viendo al Invisible. Por la fe celebró la Pascua y el rociamiento de la sangre, para que el exterminador de los primogénitos no tocara a los de Israel. Por la fe el pueblo cruzó el Mar Rojo como por tierra seca; pero cuando los egipcios intentaron cruzarlo, se ahogaron. Por la fe cayeron las murallas de Jericó, después de haber marchado el pueblo siete días a su alrededor. Por la fe la prostituta Rahab no murió junto con los desobedientes, pues había recibido en paz a los espías. ¿Qué más voy a decir? Me faltaría tiempo para hablar de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas, los cuales por la fe conquistaron reinos, hicieron justicia y alcanzaron lo prometido; cerraron bocas de leones, apagaron la furia de las llamas y escaparon del filo de la espada; sacaron fuerzas de flaqueza; se mostraron valientes en la guerra y pusieron en fuga a ejércitos extranjeros. Hubo mujeres que por la resurrección recobraron a sus muertos. Otros, en cambio, fueron muertos a golpes, pues para alcanzar una mejor resurrección no aceptaron que los pusieran en libertad. Otros sufrieron la prueba de burlas y azotes, e incluso de cadenas y cárceles. Fueron apedreados, aserrados por la mitad, asesinados a filo de espada. Anduvieron fugitivos de aquí para allá, cubiertos de pieles de oveja y de cabra, pasando necesidades, afligidos y maltratados. ¡El mundo no merecía gente así! Anduvieron sin rumbo por desiertos y montañas, por cuevas y cavernas. Aunque todos obtuvieron un testimonio favorable mediante la fe, ninguno de ellos vio el cumplimiento de la promesa. Esto sucedió para que ellos no llegaran a la meta sin nosotros, pues Dios nos había preparado algo mejor. Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo. En la lucha que ustedes libran contra el pecado, todavía no han tenido que resistir hasta derramar su sangre.
Romanos 8:
Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte. En efecto, la ley no pudo liberarnos porque la naturaleza pecaminosa anuló su poder; por eso Dios envió a su propio Hijo en condición semejante a nuestra condición de pecadores, para que se ofreciera en sacrificio por el pecado. Así condenó Dios al pecado en la naturaleza humana, a fin de que las justas demandas de la ley se cumplieran en nosotros, que no vivimos según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu. Los que viven conforme a la naturaleza pecaminosa fijan la mente en los deseos de tal naturaleza; en cambio, los que viven conforme al Espíritu fijan la mente en los deseos del Espíritu. La mentalidad pecaminosa es muerte, mientras que la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz. La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo. Los que viven según la naturaleza pecaminosa no pueden agradar a Dios. Sin embargo, ustedes no viven según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios vive en ustedes. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo. Pero si Cristo está en ustedes, el cuerpo está muerto a causa del pecado, pero el Espíritu que está en ustedes es vida a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en ustedes. Por tanto, hermanos, tenemos una obligación, pero no es la de vivir conforme a la naturaleza pecaminosa. Porque si ustedes viven conforme a ella, morirán; pero si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: "¡Abba! ¡Padre!" El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria. De hecho, considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros. La creación aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de Dios, porque fue sometida a la frustración. Esto no sucedió por su propia voluntad, sino por la del que así lo dispuso. Pero queda la firme esperanza de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera dolores de parto. Y no sólo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esa esperanza fuimos salvados. Pero la esperanza que se ve, ya no es esperanza. ¿Quién espera lo que ya tiene? Pero si esperamos lo que todavía no tenemos, en la espera mostramos nuestra constancia. Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios. Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito. Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. A los que predestinó, también los llamó; a los que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó. ¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas? ¿Quién acusará a los que Dios ha escogido? Dios es el que justifica. ¿Quién condenará? Cristo Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros. ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia? Así está escrito: "Por tu causa nos vemos amenazados de muerte todo el día; nos tratan como a ovejas destinadas al matadero." Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.
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